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                    Bitácora "Puntos de Vista"  Por  Javier Ventas

Mi última novela

No importa cuantos sean los que ven el arco iris como una serie de franjas en diferentes tonos grises, basta con que algunos vean sus verdaderos colores y sean capaces de comunicarlos a otros para que en una sociedad surja la rebelión frente a la verdad oficial.

Enlace para pedidos a la editorial: http://www.editorialcelya.com/fichalibro.asp?ID=94

 Saludos, Javier.

 

Tiempo y humanidad

Por Javier Ventas, escritor

Domingo, 29 de noviembre de 2009

La Tierra, aunque haya a quienes pueda parecerles enorme, es sólo un punto en el universo, apenas un grano de arena. Bueno, si lo prefieren, una pequeña playa, una playa pequeña y antigua en medio de la inmensidad del océano. Un sistema que lleva funcionando mucho tiempo.

El universo comenzó a existir hace veinte mil millones de años, decían los astrónomos en los años ochenta. Quince mil millones, según las últimas teorías. Los poseedores oficiales de esta verdad se han cargado de un plumazo nada menos que cinco mil millones de años. En todo caso, el universo existe desde hace una enormidad de tiempo. Algo que empezó con una gran explosión luminosa donde la materia estaba totalmente disuelta, a una temperatura de millones de grados. Un foco de luz como aquel, hace pensar en las primeras palabras de la Biblia: “Y dijo Dios: Hágase la luz”, escritas por personas que no podían imaginar, ni de lejos, la teoría del big-bang.

El Sol lleva ardiendo cinco mil millones de años, y dicen que le quedan otros cinco mil. Eso si no explota antes, porque es una estrella media y este tipo de estrellas pueden arder hasta consumirse o explotar en un momento dado. Ambos casos significarían el final de la vida en la Tierra.

La vida existe en este planeta desde hace tres mil millones de años. Aunque hay que decir que los científicos también han modificado recientemente sus teorías y ahora son tres mil seiscientos millones, millón más millón menos. Según ellos, la vida surgió sin más, se daban las condiciones de temperatura, gases en la atmósfera, etc., y la materia se combinó de tal modo que saltó la chispa. Y es posible, no hay contradicción entre evolucionismo y creacionismo, Dios no actúa como un prestidigitador, no empezaron a salir de pronto conejos de un agujero. Dios, creador del Cielo y de la Tierra, se sirve de las leyes que El le ha impuesto a la materia, leyes que suspende cuando quiere, y ordena los sucesos para un fin, y así vemos desfilar en los días de la ceración primero los vegetales, después los animales y, finalmente, el ser humano. Y de nuevo surge la pregunta, si el libro del Génesis fue escrito, además de la transmisión oral de generación en generación, hace al menos tres mil años, ¿cómo es posible que aquellos hombres del Neolítico tuvieran una idea, por mínima que fuera, de un proceso evolutivo en la aparición de los seres vivos sobre la Tierra que desemboca en el ser humano?

El Ser Humano, ¿sabemos de cuándo es?, ¿cuánto lleva sobre la Tierra? Aquí los científicos no se ponen de acuerdo. Hay quienes dicen que un millón de años, otros lo reducen a cien mil y, finalmente, otros a unos treinta mil años. Y es que lo que está en cuestión es el concepto mismo de Ser Humano. ¿Qué nos hace humanos?

Para acercarnos a una respuesta, empecemos por preguntarnos si eran humanos los llamados Hombres de Neandertal (230.000 años a. C. – 30.000 a. C.). Al parecer, según las últimas investigaciones, aquellos seres tenían memoria colectiva, de especie; sus emociones eran muy elementales: no se reían ni lloraban; y disponían de un lenguaje así mismo rudimentario, con pocas palabras y muchos gestos, y sin embargo eran inteligentes: fabricaban herramientas, hacían fuego, conocían las propiedades de ciertas hierbas medicinales, etc. ¿Ser inteligentes nos hace humanos? También muchos animales tienen cierta inteligencia. Aunque no lloraran ni rieran, emociones también tenían, como muchos animales en cierto grado. Hablamos, pues, de grados, no de categorías, luego eso no es el distintivo.

Llegamos así al Homo Sapiens (150.000 a C. - ¿?). Antes el nombre de nuestra especie era Sapiens-sapiens, que significa “sabe que sabe”, es decir, es consciente de sí mismo y de lo que hace, tiene conciencia, y por tanto es responsable de sus actos. Sin embargo ahora la cultura oficial (=cultura de la bestia), con el pretexto de que se ha desechado el nexo filogenético con los neandertales, designa a nuestra especie sólo con el primer término, Sapiens (sabe), eliminando de este modo la referencia conceptual a la conciencia y situando al ser humano sólo –insisto en el reduccionismo- sólo en el plano de la inteligencia, como cualquier animal.

Y volvemos así a la pregunta: ¿qué nos hace humanos? Hemos visto que si no damos un paso más, nos quedamos en la animalidad, pero según la Iglesia Católica, Dios infundió un alma espiritual en nosotros que nos asemeja a Él, y eso no es fruto de la evolución, sino obra directa de Dios Creador, un alma inmortal y responsable ante El de sus actos. El momento de esa verdadera hominización no lo conocemos, pero sí sabemos que la Biblia sitúa al hombre desde el principio ya en el Neolítico: los hijos de Adán y Eva, Caín y Abel, son ganaderos y agricultores. Eso situaría el origen de la Humanidad, así entendida, aproximadamente en el año seis mil antes de Cristo.

 

 

 

Ética y estética

Por Javier Ventas, escritor

Martes, 3 de noviembre de 2009

Además de la semántica, la lógica más elemental nos dice que la ética y la estética están íntimamente unidas. Que cierta estética conlleva cierta ética y viceversa. Y que, por tanto, el bien y la belleza por una parte, y el mal y la fealdad por otra, forman parte el uno del otro.

Cualquiera que paseando eche un vistazo a las gárgolas de Notre Dame, como cualquiera que contemple los seres bestiales y demoníacos de la religión hindú, o a los asuras de la religión indoirania, o al Emma-O y sus demonios de la iconografía japonesa, sabrá muy bien que representan al mal, aunque no tenga ningún conocimiento de todas esas mitologías. La hibridación bestial con caras terroríficas que aparece en esos personajes supone un lenguaje universal.

La representación de un hombre bestial con rostro que infunde terror, es un signo que la inteligencia interpreta de inmediato como algo malo. La estética habla por sí misma. La estética es, en sí, un discurso.

Ahora bien, vivimos en un tiempo donde el relativismo campa a sus anchas en todo lo que se refiere a las ciencias humanas, no así, por supuesto, en el estudio de las ciencias físicas o de la materia. Una vez admitido el relativismo, se hace imposible llegar a alguna conclusión. Si la belleza es algo relativo y el mal algo simplemente cultural, entonces todo vale. De este modo se han llegado a presentar como "obras de arte" marranadas y asquerosidades que todos conocemos y que mejor no mencionar.

El bien y el mal objetivos, la belleza y la fealdad existen objetivamente, como existe la electricidad por más que alguien lo niegue y cometa la imprudencia de tocar un cable de alta tensión: las consecuencias serán la prueba de que estaba equivocado. Algunos ateos, en una línea nietzscheana, son conscientes de que sin Dios no hay ni bien ni mal. Otros ateos, los más numerosos, reconocen la existencia de un bien y un mal objetivos, por encima de todo condicionamiento cultural. Hay que hacer notar que la única razón por la que pueden existir el bien y el mal, es la existencia del Bien absoluto. Sin Bien absoluto no hay ni bien ni mal. De esto se dio muy bien cuenta Nietzsche. Sin Dios no hay ni arriba ni abajo. Sin El, hacer el bien desinteresado o heroico sería una suprema necedad, sería romper las leyes de la selva.

Admitida, pues, la existencia del bien-belleza y del mal-fealdad, surge la pregunta: ¿por qué a veces puede resultarnos atractivo lo deforme, lo malo? La respuesta nos la da J. A. Fortea[1]: “El mal –nos dice-, grande o pequeño, tiene que sustentarse en una naturaleza que por esencia ha de tener una participación en el bien y en la belleza. El mal absoluto es tan imposible como un círculo cuadrado –continúa-. Ningún ente puede sustentar en su ser una deformación infinita.” Y pasando de la estética a la ética, añade: “Cualquier acto, por depravado que sea, puede ser superado por otro acto peor.”

Si volvemos sobre la frase “el mal (y lo feo) tienen que sustentarse (…) en el bien y la belleza”, podemos deducir que el atractivo que pueda suscitar en nosotros el mal-fealdad procede de la participación que ese ente tiene aún en el bien-belleza. Así, por ejemplo, un bien objetivo (bienes materiales) se contamina o deforma si subvertimos el orden establecido por el Creador (robarlos), o si los utilizamos para satisfacer pasiones desordenadas desoyendo la conciencia.

Llegamos de este modo a comprender cual es el camino que recorre el mal y lo feo en nosotros para ser admitido y después querido. “Tres son los grandes estadios del camino hacia el mal –nos dice Fortea-. En cada fase podríamos distinguir distintos pasos intermedios, pero se puede sintetizar así:

1.   El primer grado es considerar que ciertos pecados no son pecados.

2.   El segundo grado es considerar que no hay bien ni mal.

3.   Y el tercer grado es buscar expresamente hacer el mal, disfrutar con el mal.

En la primera fase existe una conciencia de pecado, se percibe el mal como mal moral. En la segunda fase el sujeto tiene que ser ateo, se reprime el remordimiento de la conciencia como una reliquia de la educación recibida. En la última fase se persigue realizar el mal, se busca el placer de la destrucción, de la satisfacción sádica. Habrá sádicos cuya maldad sea fruto de su enfermedad, pero hay otros casos en que el sadismo es el fruto de un largo camino moral de depravación en una persona cuerda.

Para terminar, tres ejemplos de ética y estética depravadas, positivamente queridas:

1. Cine gore: el mal sangriento es el objeto de delectación durante toda la película. La representación del mal cuanto más brutal, cuanto más salvaje, cuanto más sádico mejor. Es la plasmación de aquello que no es bello en sí, sino absolutamente rechazable e inhumano. En cierto modo el cine gore es la filmación de la tortura y el sufrimiento para el goce del espectador. Dado que hay gente que paga la entrada para ver eso, es indudable que disfruta con ese tipo de escenas. Lo mismo cabría decir en alguna medida de muchos juegos de ordenador.

2. Pornografía: La palabra "pornografía" viene del vocablo griego "pornographos", que significa "escrito acerca de las putas o prostitutas" (puta y pútrido, podrido, tienen la misma raíz etimológica). El diccionario define la pornografía como "escritos, fotografías, etc., con la intención de despertar el deseo sexual". La pornografía prostituye el precioso don de la sexualidad humana. A pesar de la evidente degradación que supone mirar pornografía, y más aún producir, es tal la avalancha de imágenes de este tipo en la sociedad actual que se podría decir que hay una mayoría de personas en el mundo que no sólo la toleran, sino que la buscan y la quieren positivamente. Lo mismo cabría decir en alguna medida de la pornomoda.

3. Moda y filosofía góticas (ética y estética góticas): La foto de las hijas "góticas" del presidente más nefasto que jamás ha padecido España, el actual inquilino del palacio de la Moncloa, han hecho furor en internet. Buscando en la red algún texto que definiera la "filosofía" gótica, escrito por ellos mismos, encontré este, que es muy similar a otros: "El gótico es en pocas palabras dolor, miedo, angustia, sátira y soledad. Es en realidad una forma de vivir marginalmente en este mundo. Es hacer de la vida lo que se desea, sin tener que involucrar a otros que no nos entiendan, es tolerar la existencia y libre pensamiento, es crear libremente lo que se crea conveniente, es eyacular mentalmente con el orgullo de saber lo que se está haciendo, es en realidad una forma de vida, una manera de pensar. El gótico es muerte."

(http://foros.latinol.com/cgi-bin/ultimatebb.cgi?ubb=get_topic& f=105& t=002492)

Zapatero no sólo ha hecho el ridículo en el mundo con sus acompañantes, ha puesto de manifiesto la ética y la estética familiar: la de la muerte que defiende y propaga con la defensa del aborto, la eutanasia, etc. Lo gótico no es sólo una manera de vestir, es un modo perverso y visible de entender el mudo, la sociedad, la vida, un modo que está en plena sintonía con lo que el Papa Juan Pablo definió como cultura de la muerte.

Y las preguntas obligadas son: ¿este es el modelo de ciudadano que tiene en mente para nuestros hijos el padre de esas criaturas cuando legisla que los jóvenes cursen una asignatura (EpC) para formar sus conciencias? ¿Y hasta cuándo esta sociedad inerte va a permitir que dirija los destinos de esta comunidad un monstruo? Con razón han escrito en la red al lado de la citada foto: "Debe haber orcos por aquí"

 

 

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