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Majestad, váyase usted con viento fresco, que se acerca el verano

             Bitácora "Nubes hinchadas de viento"   Por Feriva Cármor

 

El autor de esta bitácora es editor de la web "Sitio Espacio"

 

 

Manual informativo para antiamericanos

Por Feriva Cármor

Miércoles, 1 de julio de 2009

Estados Unidos ganó a España en la semifinal de la Copa Confederaciones y muchos han intentado hacer pasar esto por una especie de casualidad pasajera, pero lo cierto es que EE.UU. llegó a la final y, al término de la primera parte del partido contra Brasil, nadie daba un duro por la selección más célebre del mundo, que iba perdiendo dos a cero: todo indicaba que Estados unidos se llevaría la Copa. En la segunda parte Brasil legró remontar y la victoria le supo como si la hubiera conseguido ante la Argentina de Maradona o algo así.

Hace unas décadas no había prácticamente ninguna afición al fútbol en Norteamérica, pero el tiempo ha pasado y empieza a haber bastante. Este subcampeonato ante la canariña aumentará aún más esa afición: y la afición, por si nadie se había dado cuenta, implica aficionados que pagan y potencian el negocio del espectáculo implicado.

En baloncesto y en atletismo, ya se sabe, el año que la mayoría de los triunfos no caen del lado americano es toda una novedad histórica. Y es que Estados Unidos es casi un continente geográficamente hablando; quitando Canadá de Norteamérica... Y América del sur el otro, el cual está unido al primero por el istmo de Panamá.

Muchos jóvenes norteamericanos de entre los cuales pueden salir grandes futbolistas, mucho donde elegir; a más de más dinero que cualquier otro país del mundo.

Recordemos aquel Madrid de baloncesto de las copas de Europa de Emiliano y compañía, aquél que no tenía rival en el viejo continente, aquél que era el único del cuál se televisaban los partidos; que siempre eran contra el Juventud de Badalona, equipo al que jamás se le veía ganar al gigante blanco, así fue durante años y años.

Ese Madrid tenía dos o tres estrellas norteamericanas ¿eran las mejores? No, el Madrid no tenía dinero para traer a las mejores, en eso no se puede ganar a los americanos, al revés, las mejores se las llevan ellos de Europa o de cualquier otro sitio.

Y sí, ya hay mucha más afición al soccer por allí; y los campos de fútbol son enormes y más enormes que los harán, al igual que, pronto, la publicidad buscará esos campos y todo lo relacionado con el fútbol.

También África ha evolucionado muchísimo en esto, pero África es pobre, tiene que vender a sus mejores deportistas; Estados unidos no, Estados Unidos, mañana —y mañana está muy cerca— se puede reír de los supermillonarios fichajes que tanto ruido hacen aquí.

Con todo ha ido pasando igual, con todo. Por ejemplo, y ya que hablo siempre de música, tampoco había grandes violinistas americanos en el siglo XVII ó XVIII. Pero luego los mejores violinistas, de origen ruso o húngaro, etc., se nacionalizaron americanos, que allí se vivía mejor y pagaban más. Y hoy en día, desde hace ya veinte años, que fue cuando empezó a dar conciertos, una niña virginiana llamada Hilary Hahn deja con la boca abierta a los maestros del mundo; e incluso dejaría sin dar crédito a sus oídos, pasmado y envidioso, al mismísimo Paganini.

Es patético ver como los europeos, poco a poco, hemos ido cayendo, retrocediendo entre envidias, entre distintas monedas y entre distintos idiomas, entre guerras y desunión, ante un país que no ha hecho más que avanzar. Sólo nos ha quedado la envidia, el reivindicar antigüedad, una antigüedad relativa, porque sus antepasados eran ingleses, holandeses, también españoles, franceses... no salieron de la nada, simplemente formaron un nuevo país en el nuevo mundo que conquistaron sus antepasados.

Qué nos creíamos al haber ganado la copa de Europa, qué nos habíamos llegado a creer; Europa no es el único continente del mundo, ni el más avanzado tampoco.

Nos barren en premios Nobel, en inventores, en medallas olímpicas... y en especial nos barren a los españoles más que a otros europeos, y con diferencia.

¿Le preocupa esto a los presidentes europeos, les gustaría recortar distancias? No hace falta jurarlo, se les nota a la legua: que si UE, que si el euro...

¿Qué tienen los americanos que no tenemos nosotros?

Los americanos acordaron una moneda común, un idioma común —cediendo unos ante otros por el interés común, porque no todos hablaban inglés al principio— un mercado común y muchas cosas comunes más, desde hace siglos; los que llevamos plumas de salvajes y de involución somos nosotros, no ellos. Ellos supieron entenderse, ellos supieron crear una comunidad grande; nosotros, los europeos, no lo hemos sabido hacer, y en esto, en lo malo, sí que nos llevamos todas las medallas de oro los españoles, porque aportamos uno de los lastres más grandes y más contagiosos a la hora de lograr algo parecido a un gran país: el histórico separatismo catalán. Éste es más influyente y dañino en tal sentido que el separatismo vasco (de hecho el segundo nació en gran parte por vibraciones simpáticas que emitió el primero desde antes de las guerras carlistas).

La opinión ha de ser libre y se debe expresar con libertad —ambos conceptos son distintos y necesarios— pero eso, nunca, nunca jamás, debe presuponer el no reconocimiento de que hay hechos que dan la razón a unas opiniones y a otras no.  Tales hechos se traducen en descubrimientos, en  premios científicos, intelectuales, en que los genios y los hombres más preclaros eligen ciertos países para vivir... Esto no es subjetivo, son hechos.

Es un hecho que Einstein se fue a Estados Unidos, y que Severo Ochoa igual.. y así hasta decir basta. Hechos que avalan unas opiniones y otras no.

Si no se ve porque uno es ciego, nada se puede hacer, pero si no se quiere ver pudiendo hacerlo, no vale echarle la culpa a nadie.

Libertad, sí, cada uno tiene derecho a quedarse con su opinión; pero también cada uno es responsable de ella y de su mala o buena influencia social.

Los éxitos de nuestra selección y de todo lo demás tiene mucho que ver con la mentalidad española, con la opinión media, y, por desgracia, esa opinión va ganando puntos de afinidad respecto de la falta de unidad de todo tipo.

La unidad requiere sacrificio, y Europa, con España a la cabeza, a perdido capacidad de sacrificio. Un sacrificio que no debe quedar solamente referido a cuestiones de esfuerzo en el trabajo o el estudio, que se dice siempre, sino también a cuestiones como dar el brazo a torcer por parte de algunos para así beneficiar la unidad y la cohesión.

Desde este punto de vista esta opinión no es una más, sino que se constituye en un análisis basado en hechos relacionados, hechos considerados mayoritariamente beneficiosos: como son todos esos logros americanos a los que he aludido, logros que se dan en una nación que sin fisuras, o con muy pocas, en temas como la unicidad de la Lengua, planes políticos comunes, etc.

Mientras, al competidor de Estados Unidos, Europa, que se debilita cada vez más, no se le ve capacidad de remontar nada; porque es impotente o porque no está luchando contra esos focos dañinos como son los separatismos; y para los norteamericanos, mejor que mejor, que ven así que seguirán siendo los reyes mucho tiempo. Mientras llámame yanki, dame pan y llámeme tonto; o sea, el consuelo que han tenido siempre los inferiores: el que suspende se desahoga llamando empollón al que saca sobresalientes, el que está apunto de morir de anorexia se ríe del gordo, el que es feo como un dolor y no folla llama poco inteligente al guapo...

A Europa parece que le gusta ser cola de ratón y encima, la idiota, se quiere rascar sus pulgas riéndose de la cabeza del león (habría que decirle lo que a la hiena, si comes mierda, de qué te ríes). Y a España en concreto, que es la que más mierda come y menos galardones se lleva, parece que le encanta ser la picha del ratón, porque ni a cola quiere llegar. Qué triste y eterno espectáculo éste (qué compatriotas más idotas tienes, amigo, qué pecados más grandes cometerías en la otra vida para merecer un castigo así —me digo a veces).

Respeto y admiro a los humildes como nada en este mundo, pero a los humildes en cuanto a riqueza y en cuanto a alma y modestia, porque los que, encima de muertos de hambre, son soberbios y se ríen mientras están debajo del zapato, me parecen los mayores idiotas del mundo y sólo me pueden producir lástima.

                         

 

  

 

 

Cómo que no ha cambiado nada

Por Feriva Cármor

Jueves, 4 de junio de 2009

Parece ser que, incluso entre periodistas no afines al Gobierno, hay quien cree que no se ha descubierto nada nuevo respecto del 11-M; respecto del informe del perito Iglesias. Pues sí que hay algo que no sabía nadie hasta ahora, o que no sabíamos muchos; y entre esos muchos se encuentra el propio juez Bermúdez. Este juez basó su sentencia en una sustancia llamada dibutilftalato, de la cual creía que sólo se encontraba presente en los explosivos tipo goma; sin embargo, tal cosa no es cierta.

En la entrevista realizada por Federico Jiménez Losantos al perito Antonio Iglesias, deja bien claro lo dicho: el juez no conocía ese dato, por lo que juzgó a partir de una información errónea. El juez no tenía por qué saber esto…

Si lo hubiera sabido no hubiera sentenciado como lo hizo, puesto que se basó en este dato equivocado, es más, fue la piedra clave argumental del veredicto.

Al día de hoy, noticia reciente, aparece otro dato más, otra cosa que se desconocía: el juez tampoco sabía que, por ende, el Colegio de Químicos de Madrid iba a avalar la investigación de Iglesias.

Y ahora, ¿qué? Quienes metan la cabeza en el agujero como el avestruz o intenten echar tierra sobre el asunto, no sólo estarán evitando el que algún día se pueda encontrar a los culpables, sino que serán culpables de que haya personas acusadas de haber matado a 200 personas, o de ser cómplices en ello, sin haberlo hecho. Y esto es especialmente grave, esto es lo que nos levantaba de nuestras sillas cuando veíamos de pequeños una película de malos y buenos: el hecho de que hubiera un malvado que lograba cargar la culpa a otro. La injusticia rebela los sentimientos de los hombres bien nacidos.

Aquel atentado y todo lo que pasó después elevó al poder a un hombre y de rebote al partido en el que militaba; guste o no el oír esto. La versión de los hechos que ha presentado el Gobierno y sus medios afines recuerda notablemente aquella película: JFK. Sí, aquel filme en el que un fiscal se reía de las justificaciones oficiales. Menuda bala caprichosa, que regateaba guardaespaldas y rebotaba antojadizamente hasta encontrar la cabeza del mandatario de los Estados Unidos. Más o menos igual que la suposición de que la goma explosiva se contaminara con DNT.

Y al cabo del tiempo, de décadas —yo era un niño cuando mataron a Kennedy y recuerdo que fue de las primeras noticias que se me quedaron grabadas después de verlas en la televisión— apareció esa película dejando por malos a los que, entonces, la gente consideraba buenos o inocentes.

Quizá dentro de muchos años, cuando el atentado esté tan lejos que a las personas de ese momento les parezca una novela, alguien haga un largometraje similar al de JFK; y nadie dudará de quiénes fueron los malos.

Hay quien dice que hay que vivir el momento, que es su vida, y aplastan sin importarles la felicidad de otros, sin arrepentirse de nada… sin caer en que no sólo somos presente, sin percatarse de que el tiempo pasa y de que en cinco minutos ya es mañana; y de que en cinco minutos no solamente hemos hecho daño a los demás sino también a nuestro "yo" del futuro. Todo por un amor efímero, por un puesto de poder circunstancial. Eso es lo que le va a pasar al "yo" futuro de muchos que ahora se hacen los sordos.

                         

 

  

 

 

Se nos han metido en la cocina

Por Feriva Cármor

Sábado, 9 de mayo de 2009

Señores políticos, se han metido ustedes en nuestra cocina, en la cocina de la gente de la calle. Su misión siempre había sido ocuparse de la economía, de la reforma agraria, de los planes de Educación… Ahora, ya, inventan asignaturas, deciden qué idiomas se hablan, deciden cómo debemos vestir, deciden qué debemos comer, deciden con quién debemos joder (con perdón, pero el que se asuste que se vaya al colegio de las Ursulinas, que me decían a mí los seglares marianistas en aquel colegio de los años cincuenta, en uno de esos colegios de la España viril en que nací). Se quejan del nacionalcatolicismo de Franco porque llevaba la religión a la política y dicen que la primera debe quedar en el ámbito privado. Sin embargo, sus hobbies o entretenimientos separatistas y de todo tipo no quedan en el ámbito privado, cometen el delito de intrusismo en todos los campos, invaden el terreno de los académicos, de los sexólogos, de los historiadores… En verdad que hay que poner puntos suspensivos porque la cantidad de ocurrencias que a uno le vienen a la cabeza son infinitas. Hoy en día, un niño oye la palabra “familia” y la relaciona con ministros que salen en la televisión, y de igual manera ocurre con la palabra “lengua” y ya, casi, con todas las palabras del diccionario. El deporte es política, la ciencia es política… hasta cuando uno va al cuarto de baño a hacer cualquier cosa —pecaminosa o no— se siente vigilado por los gobernantes y sus medios de comunicación. No somos libres.

Han confundido todo; ustedes, los de que hay cosas que deben quedar para el ámbito privado, ¿qué ámbito privado nos han dejado? Ni siquiera el de nuestro cerebro. Se meten en las escuelas a quitar símbolos religiosos, en las ciudades a quitar estatuas, cuando en los colegios, sean estatales o privados, hay alumnos y profesores, no políticos, cuando por las ciudades transitan personas que en su inmensa mayoría no son políticos. Parece que ustedes no alcanzan a comprender que el que un instituto de enseñanza sea público no significa que sea la finca del Gobierno; también es privado respecto de la gente que lo utiliza, es eso, público, del pueblo, no de los gobernantes. Y lo mismo se puede decir para otro tipo de centros sociales y demás.

No tienen que mandar en las escuelas los directores de éstas igual que en las calles no tienen que mandar el guardia urbano, el vigilante o el barrendero; tienen que mandar ustedes en todo.

Que sepan los pocos jóvenes que puedan recalar en mi bitácora que esto antes no era así, doy mi palabra.

Sí, sí, aunque no os lo creáis, niños —niños y mayores incluso más viejos que yo que habéis olvidado vuestro pasado y sois como adolescentes por muchas canas que peinéis—, antes las universidades, los colegios, etc., no eran ámbitos políticos, por lo menos lo eran mucho menos que ahora. No se metían los ministros a ver lo que había en las aulas o, si lo hacían, al menos no se notaba y no causaba el insoportable agobio que hoy lleva a tantas personas a ingerir antidepresivos y otras clases de psicofármacos; no se planteaban esas situaciones, todo el mundo sabía que tenía que haber un mapa de España, una pizarra, pupitres… Hubiera causado risa una situación como la de hoy porque no existía obsesión política; ni en la gente ni en los políticos.

Si un ministro había sido antes clarinetista, vamos a poner por caso, no imponía clases de clarinete en la universidad, aunque esta fuera estatal, no imponía sus pasatiempos al llegar al poder, distinguía; no prevaricaba.

Hoy todo es pura prevaricación política. Un separatista, por ejemplo, tiene derecho a ser separatista en una democracia, pero no a incluir la afición separatista en su programa político a partir de la convivencia con el Gobierno y las leyes de la nación que sea: es una aberración, una broma surrealista, un sindiós y también una intrusión en la vida privada de las personas; si realmente se lo toma alguien en serio y quiere imponer su fin secesionista, el cauce reglamentario es reunir un ejército y declarar la guerra al Estado, no marear metiéndose en la cocina de la gente con sus propagandas y sus dictámenes pueblerinos o matando personas por la espalda; y el que se asuste al oír esto, ya sabe, al colegio de las Ursulinas.

Y es que llegó un día en que a la gente ya no se la podía movilizar con las consignas de siempre para captar su voto, había que hacer eso, meterse en la vida de las familias, en sus barrios, en sus escuelas, meterse para ver cómo hablaban o para ver cómo cagaban; pero nunca fue porque les preocupara el sufrimiento de los demás, sino porque querían sus votos. Empezaron a sembrar cizaña y a imponer sus hobbies particulares; sí, eso es lo que han hecho. Han modulado a nuestros hijos y hasta nuestros viejos, y a los profesionales de la información, y al portero de la esquina, y al sindicalista… Y han logrado que a casi todos les parezca lo más normal ese intrusismo.

Antes se hablaba con las lenguas, de forma natural e inconsciente, como quien cambia de marcha cuando lleva un coche; ahora no se habla con las lenguas, ahora se habla de lenguas, se legisla sobre ellas, se multa por hablar lo único que sabemos hablar y se hace lo que nunca hicieron nuestros padres. Antes los ateos no iban a misa y no se planteaban siquiera que les pudiera molestar ver una iglesia, antes era antes.

España, la de que inventen ellos, ni un premio Nobel de física ni de química, poquísimos de literatura, lo mismo que en otros campos en comparación con otras naciones, y ni una medalla Fields de matemáticas… vamos, ni un mundial de fútbol ni casi nada de nada. España, que tuvo el imperio más grande del mundo, presenta la peor relación “calidad-precio” —importancia histórica-aportación cultural y científica"— de todo el planeta; pero sin ninguna duda y con diferencia. Una España que, en este sentido, está en deuda con el mundo, se dedica a dar importancia a hobbies idiotas como el separatismo, las lenguas y todas esas tonterías que en otros lugares se cuidan ellas solas, sin que los políticos metan las narices; una España que nunca nos hará importantes ni nos ayudará a salir de nuestra mediocridad. A ninguno de nosotros, porque los catalanes y los vascos tampoco tienen premios Nobel de física ni de química ni medallas Fields ni tantas otras cosas, en eso son tan mierdas como el resto de los españoles, por si no se lo había dicho nadie todavía.

Una España cateta, cobarde, con miedo a decir que no, con miedo a alzar su bandera y sus ideas, acomplejada, una España que es la vergüenza de todos nosotros y del mundo entero. Una España que se recrea en su provincialismo sin sentir rubor, una España que lo más brillante que tiene es su crítica —en el extranjero se suele decir que tenemos los mejores periodistas que hay—; por algo será. En definitiva, un país que sólo destaca con el adefesio, con leyes como la adopción de niños por parte de homosexuales, con la prohibición de su propia lengua, con la incorporación de terroristas a la cúpula del Estado… España, tierra con merecida fama de albergar bandoleros, ladrones, asesinos y traidores. Pero qué podíamos esperar, siempre se ha dicho, y se ha dicho en sentido peyorativo, eso de Spain is diferent

Lo único que nos faltaba era la guinda, estos políticos, los más invasores de la intimidad de un pueblo que ha habido, verdaderos lavadores de cerebros, seres que son capaces de alcanzar el orgasmo a base de manipular hasta nuestras necesidades fisiológicas. Son nuestros médicos, nuestros contables, los padres de nuestros hijos, los abuelos de nuestros nietos; nos han anulado.

Malditos sean sobre la Tierra, así no quede piedra sobre piedra de esta Babilonia.

                         

  

 

 

"Palabra" en singular

Por Feriva Cármor

Martes, 5 de mayo de 2009

Desde antiguo se habla con palabras sobre las propias palabras; "desde antiguo", qué antigua es esta expresión. Es antigua pero no cambia lo principal: desde la antigüedad. Cambia el género, es algo así como una muy leve metáfora. Si cambiara el número en vez del género, la cosa podría dar lugar a más confusión; "antigüedades" se podría referir a distintos periodos, unos más antiguos y otros menos.

Las metáforas deben de tener su origen en la necesidad que tenemos de explicar a otros nuestras propias experiencias:

—Doctor, es como si una mano me apretara la tráquea.

El paciente intenta con sus palabras que el médico sienta lo mismo que él para que éste pueda darle un buen diagnóstico; pero eso es imposible, el médico no puede comprender realmente lo que le ocurre al enfermo a no ser que éste haya padecido el mismo mal alguna vez. Digamos que se puede hacer cargo, intentar comparar recordando otros dolores que haya podido sufrir él, pero no se le revela el significado de lo que el paciente le comunica.

Aquí tenemos otra palabra: "revelar". No es lo mismo que comunicar, se dice que se nos revela algo, por ejemplo, cuando vemos una cosa que no veíamos pese a que teníamos la vista puesta en ella.

Es como… como un hombre que se halla en una habitación revelando una fotografía: ve el papel en blanco metido en la cubeta y, de repente, empieza a verse una imagen donde no se veía.

Si fuera de la habitación hay otras personas, éstas pueden tener cierta información sobre lo que ese hombre está viendo; se lo puede comunicar, puede decirles que ve un grupo de jóvenes posando ante una montaña. Quizá alguno de ellos, con cierto poder poco habitual, logre visualizar casi lo mismo, pero la mayoría no acertará. Unos imaginarán cuatro jóvenes, otros veinte o cien, unos verán más mujeres… para otros la foto tendrá luz de tarde, para otros de mañana o de noche, etc.

Pueden pedir información: ¿cómo van vestidos?, ¿llevan sombrero?, en fin.

El que está dentro sabe que, por mucho que intente dar detalles, si no se ve…

Él sabe también que los demás tienen ojos, que no es especial, sabe que, simplemente, le ha tocado ver eso. Quizá tema igualmente que los otros no le crean; o que le nieguen porque se sienten en cierta inferioridad al no ver lo que dice él que ve.

Qué puede hacer esta persona. Una de las cosas que puede hacer es utilizar la metáfora: es… cómo diría yo… es como si fuera…

A buen seguro que los símiles y las metáforas no nacieron como ornamento del lenguaje, sino como un medio para intentar lo imposible, lo que no está en nuestra mano: revelar algunas cosas que se nos han revelado a nosotros particularmente.

Los hombres del laboratorio fotográfico —unos importantes miembros y otros simples ayudantes o ni siquiera eso, hombres insignificantes que casualmente andaban por ahí— salen de la habitación y se pierden entre los demás, porque como los demás son. Y toda la muchedumbre grita; "¡Nos ha sido revelado!"

No. A la mayoría sólo les ha sido comunicado.

Seguirán intentando que vean lo que vieron; quizá lo mejor, hoy en día, sería no utilizar mucha metáfora, ya que parece que no ha funcionado mucho. Tal vez si hablaran de la forma más escueta y directa posible…

1.ª Las metáforas no nacieron como ornamento.

2.ª Algunas metáforas y símiles, y especialmente algún plural, nacieron a partir de la confusión de los que no veían.

3.ª "Palabra" es singular.

Y ante la impotencia no de poder revelar, quizá podrían añadir —ya un poco hartos de ver que la mayoría no entiende y sigue equivocándose— lo siguiente:

El que pueda comprender que comprenda; y el que no pueda que no se cabree, porque no es culpa nuestra, ojalá pudiéramos…

                         

  

 

 

Respecto de la nueva ley que regula la eliminación de fetos humanos y otros asuntos

Por Feriva Cármor

Sábado, 21 de marzo de 2009

Abortos, eutanasia, guerras, atentados… todos factores de insensibilización. Cada uno en su casa mirando la caja tonta y pensando que eso nunca le va a pasar a él; nos hemos acostumbrado a ello.

Noticias en las que vemos a otros hombres, a otros seres humanos, muriendo o sufriendo como si fueran personajes ficticios de maquinitas electrónicas. Todos al igual que reses, camino de un matadero, sin enterarnos de nada; hasta el día en que estamos con el cuchillo al cuello.

Bernardo Soria, el ministro, decía que la Iglesia va por un lado y la sociedad por otro; refiriéndose al tema del aborto. Una parte de la sociedad sí que va por otro lado en cuanto al tema que se trata y otros parecidos, o no es que vaya por otro lado, sino que no ve. No ve porque el señor que llega al hospital y lo eliminan antes de tiempo, no es de su familia (o en su ingenuidad, a veces, no se entera de que lo han eliminado antes de tiempo, aunque sea familiar). Y la niña que aborta, tampoco es de su familia, o pasa algo parecido a lo del ejemplo anterior.

El mundo ha perdido mucha sensibilidad, ve los muertos como si ve muebles, ya no llora; antes estas cosas nos causaban una gran turbación si os acordáis. Pero ya no, ya no.

Pues, observando toda la coyuntura, es de agradecer la defensa de la vida en general que hace la Iglesia, es de agradecer el cristianismo; yo creo que, si se piensa despacio, debería agradecerlo todo el mundo. Que te quedas en la calle, sin poder comer, pobre… te ayuda la Iglesia, te da de comer, ropa para que te abrigues, refugio. No te preguntan si eres cristiano o musulmán —aquí, donde yo vivo, las colas de Cáritas están llenas de musulmanes— o si has pecado mucho. Sólo tienes que ser un ser humano. Porque en otros sitios también te ayudan; pero si llevas el carné de la asociación y pagas la cuota. A la Iglesia le importa la vida de verdad, le importan las personas. Los pobres no pagan con nada, ni tampoco esos fetos que defienden; se esté de acuerdo o no con ella, se debería reconocer esto por parte de esos políticos y otras gentes y entidades que chocan con la Iglesia.

A los hombres del poder sí que les interesa, en cambio, hacer sus leyes populistas; para mantenerse arriba mediante el voto de los que obtienen sus caprichos (ya sean éstos drogadictos, delincuentes, terroristas o lo que sean, porque les da igual con tal de que les den el voto).

La Iglesia es un gran alivio para los hombres indefensos que están fuera de ella, para los pecadores y descreídos, seguramente tanto o más que para los que están dentro.

Dijo Jesús que no vino a buscar hombres virtuosos sino pecadores; hoy viene a buscar a los que están en peligro ante la insensibilidad inhumana que ha invadido a la especie; y a los que no tienen moneda de cambio en esta jungla que sólo respeta la existencia de quien puede dar algo a modo de trueque.

Dime a quién ayudas, a quién defiendes, y te diré quién eres. Y, vosotros, quién decís que era Él.

Se me ha ocurrido pensar en todo esto y también me he acordado de Herodes; a qué vienen ahora todas esas facilidades para abortar, ahora precisamente, cuando más abortos hay; ¿no resulta raro, contradictorio? Lo mismo es que se han enterado de que va a nacer un niño especial, lo mismo han sabido de alguna profecía, digo yo, porque, entre otras cosas, no me parece lógico, sinceramente.

Al final, el hombre estará siempre al lado de quien proteja su vida; sólo le falta comprender que el ser humano no es sólo él como individuo. 

                         

  

 

 

Los mudos lo tienen crudo

Por Feriva Cármor

Sábado, 24 de enero de 2009

Ciertas ideas y ciertas tendencias han ido quedando sin representación política visible, sin una representación política oficial, digamos. Es el caso de la pena de muerte —al menos en muchos países— por poner solamente un ejemplo.

Escuchada la noticia en la radio y leído en diarios digitales, he conocido que muchos diputados europeos del PP han votado a favor de la eutanasia, el aborto y no sé qué más. Son diputados del Partido Popular que coinciden en sus ideas, prácticamente, con todos los otros grupos políticos que tienen una representación visible o con peso suficiente para influir a la hora de hacer leyes y tomar medidas.

Lo que me preocupa más de esto no es en sí que se tengan esas ideas u otras, no es ésa la polémica que quiero suscitar, sino que haya ciertos ideales cuyas representaciones parecen estar en peligro de extinción.

Se piense una cosa u otra sobre estos temas, yo creo que debería preocupar a todo el mundo que estas ideas dejen de defenderse cada vez más desde el punto de vista parlamentario.

No es lo mismo que se extinga la defensa de la pena de muerte que la defensa de la vida humana fetal, por señalar uno de estos casos traídos a colación; creo que es algo que se debe reconocer, ya digo, independientemente de las opiniones que tenga cada uno. No es lo mismo.

Y puestos ya a llegar más al fondo, lo que me preocupa sobremanera es el significado de fondo, de fondo profundo, en todo esto: quien no llora, no mama. En este mundo el que no se queja no existe, ya sea un feto o un hombre que, harto de ser pateado y no ser escuchado, ha perdido la capacidad de protestar, de manifestarse. Me viene a la cabeza esa típica noticia de las páginas de sucesos —al menos de las páginas de sucesos de antaño— en las que se relataba como una persona había sido encontrada muerta, en su casa o donde fuera, en estado de descomposición, ya que, ni su familia ni nadie sabía nada de ella y la persona en cuestión tampoco se ponía en contacto con nadie. Nada más peligroso que el hecho de que una persona con problemas no dé señales de vida, que no se queje de nada, que no llame por teléfono; quiere decir que ya ni lo intenta, que ha perdido la esperanza (nada más peligroso para ella misma, quiero decir).

Si la defensa, oficial, política, de todo eso que apunto queda desierta, también quedará desierta la defensa de los que no se quejan; se hará caso a los terroristas, porque si no se les hace caso ponen bombas, se hará caso a los manifestantes de cualquier tipo, porque influyen en la buena o mala fama de los mandatarios, se hará caso a todo el que le queden fuerzas para protestar, para salir de una situación; y se quedarán sin ayuda los que más socorro necesitan, los que no pueden hablar o han perdido las ganas de hacerlo, los fetos con días de existencia y los fetos adultos con más o menos años a sus espaldas.

Pero aún puedo profundizar más; ¿por qué debe preocuparnos esto? Porque mañana cualquiera de nosotros puede ser ese anciano muerto de asco, putrefacto, al que todos han olvidado; y, si no nos acordamos, cuando estamos en buena situación, de los que no tienen ahora fuerza para hablar, ¿tendremos derecho moral, aunque sólo sea de pensamiento por no tener fuerzas para decir nada, a afear la conducta de los que dejen de acordarse de nosotros entonces?

Al fin y al cabo se trata de lo que siempre se ha dicho: arrieritos somos…

                         

  

 

 

Esas imágenes que dicen tanto

Por Feriva Cármor

Lunes, 12 de enero de 2009

En una escena de la película Amanece que no es poco, se ve tendidos en la cama a un padre con su hijo; han salido de viaje, una especie de viaje sin rumbo y han acabado en un pueblo donde la gente hace cosas muy raras; ellos son igual de raros, como todos los personajes, surrealistas. El hijo, que trabaja en Estados Unidos, donde es profesor en una Universidad, ha regresado a España porque tiene todo un año sabático por delante. Cuando llega, entre otras cosas, se encuentra con que su padre ha matado a su madre porque, según su propia y natural declaración, era muy mala. La policía de Madrid no le detuvo, ya que, aunque un inspector siempre es un inspector y éste le regañó por su actitud, comprendió que era un caso claro, no punible; al decirle el hombre… pues eso, la razón justificada por la que acabó con la vida de su mujer: porque era muy mala.

Esa cara de contrariedad del padre, diciendo no, pero… ¿no te gusta la moto que te he comprado?, es en lo que quiero incidir.

Uno de mis temas recurrentes es el de las lenguas, que me inspira de forma especial. Habréis leído la noticia de que en Ibiza se ha desatado una campaña —entre las muchas que está habiendo— para que la gente aprenda una lengua e ignore, desprecie y combata otra. Y, después de este lustro dedicado en gran parte a dar razones sobre cómo se debe enfocar este epicentro de peleas y conflictos, me he encontrado hablando solo y con esa misma expresión del actor Luis Ciges: “No… no, pero…”. ¿Es que yo no llevo cinco años, desde el 11-M de 2004, explicando este asunto? En la campaña se pide que se enseñe la lengua a los que no la saben; y yo me pregunto: ¿quién no sabe la lengua a estas alturas de la historia del mundo? ¿No sabe la lengua el señor que va a la oficina? Entonces, ¿cómo podría hacer su trabajo, comentar cosas con sus compañeros, etc., si no la supiera? ¿No sabe la lengua el niño que va al colegio? Entonces, ¿cómo se entera, si no, de lo que explica el profesor y cómo se entiende con los otros alumnos?

Mi expresión confusa, semejante a la del actor, no tiene nada de absurdo; en este caso, al contrario, el absurdo está en la otra parte: "Enseñe a hacer pis a los demás". Pues algo así es esa campaña, no tiene sentido gastar dinero en campañas para enseñar a la gente a respirar o cosas que ya sabe hacer. Todos sabemos español, otros saben español y la lengua o el dialecto de su región, pero, en cualquier caso, todos nos entendemos perfectamente (de lo contrario la vida familiar, comercial, educativa, económica, financiera, etc., se hubiera colapsado en esas regiones).

Quizá esta campaña se refiere sólo al catalán y tiene "vocación cultural" (comillas irónicas).

Cuando la cultura se trata de imponer, aunque sea veladamente como en este caso, deja de ser cultura, deja de ser algo lúdico para convertirse en un elemento de represión (en el caso de las lenguas y otros así, además, muchas veces es una herramienta de adoctrinamiento político que termina en un enfrentamiento antipático y poco conveniente para los días de odio creciente que vivimos en España). Por otra parte, es sangrante y humillante para los que pasan necesidades que aparezcan estas cosas cuando las tasas de paro alcanzan un máximo histórico desde por lo menos hace medio siglo.

A mí me gustan muchos aspectos culturales y artísticos y disfruto con ellos; sin embargo, cuando la humanidad se halla en una crisis profunda en muchos ámbitos, no es momento de que el Estado, Gobierno o Diputaciones Provinciales, pongan el interés en fruslerías; menos aún cuando éstas son conflictivas y llevan a desavenencias o incluso a agresiones debidas a connotaciones separatistas. Cosa que no ocurre con la música o la pintura, por ejemplo (bueno, a veces, como en el asunto de la cúpula de Barceló, sí produce tensiones la pintura, pero por el dinero que se tira —dinero más necesario ahora que nunca— y el mal gusto y la tendenciosidad política que avalan el dispendio, no por ese “arte” en sí mismo).

En sí mismo, un idioma o un dialecto es algo neutro que no tiene por qué hacer daño a nadie; de hecho aquí nadie discute por el alemán, el francés y otros. Son lenguas de países oficiales, por eso no dan problemas; por eso son elementos culturales más neutros, digámoslo así, que las lenguas que confluyen dentro de un mismo país. Aquí basta que en una región se diga falar en vez de hablar, para que el sinvergüenza de turno ya esté reclamando unos privilegios y dinero para promocionar su lengua (lengua con palabras que conocemos la mayoría sin que él nos la venga a enseñar).

Y es que lo que digo es verdad: una lengua u otro aspecto cultural no hace daño mientras se le deja solo, pero basta que se utilice políticamente para que mañana un joven mate a otro tirándole un cóctel molotov a la cabeza; convirtiéndose así en terror lo que no era más que una simple forma de expresión inocua.

Pero como ahora los políticos son más publicistas y personajes mediáticos que personas que gobiernan —desde luego la mayoría no dan para más—, pues se dedican a hacer campañas sobre lenguas, sobre sexo, sobre si la mujer campana debe llevar una falda no sé cómo, sobre la eutanasia, sobre la homosexualidad, sobre las dietas, sobre si hay que comer menos chupachups… Y todo esto se traduce de forma efectiva en un adoctrinamiento activo que no existía ni con Franco; vamos, dónde va a parar, con Franco habría censura, rigidez… pero este nivel de adoctrinamiento por medio de la opinión de cargos dirigentes no la ha habido jamás. Y ¿en qué desemboca? Pues en una alarmante falta de libertad para que las personas piensen por libre y para que los que pensamos por libre nos tengamos que callar, muchas veces, por miedo a las opiniones beligerantes de los abducidos.

Y en esas circunstancias lo más que te atreves a decir, con la contrariedad lógica, es: “No… pero… ¿yo no había explicado?”

                         

  

 

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