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      Bitácora "La Torre del Alpechín"  Por  Antonio Pavón Leal

 

Izquierda (III)

Por Antonio Pavón Leal

Jueves, 10 de junio de 2010

Hay que reconocer que chulos son a rabiar. En una entrevista, Carrillo, impertérrito, soltó: “Si quieres hablamos de Paracuellos”. Este simpático vejete era entonces el consejero de Orden Público, pero al parecer no se enteró de las sacas y fusilamientos en los que perdieron la vida entre 5000 y 8000 personas. De todos modos, si supiera algo, tampoco lo iba a decir.

Pero entre los supervivientes del 36 hay uno que, a pesar de sus 85 años, recuerda algunos hechos, de los que habla en una carta dirigida a don Santiago Carrillo Solares. En ella refiere las ejecuciones en las checas que estaban a su mando, de robos de anillos y piedras preciosas a los asesinados, de torturas a monjas. Cuando se cometieron estas atrocidades, el mozo tenía 24 años.

El autor de la carta, que es un documento para incluir en los archivos de la memoria histórica, se identifica sin miramiento pero con honestidad como “el enterrador de Paracuellos del Jarama”.

Pero a ese anciano nicotinómano, con mucha más suerte que su compadre Ceaucescu, le trae al fresco lo que aireen de su pasado. Nadie le va tocar un pelo. A nadie se le va a ocurrir llevarlo ante el tribunal internacional de La Haya. Ni a él ni a su camarada Castro.

De hecho, sigue cargando las culpas sobre los obispos y la derecha que, según él, ha cambiado poco desde 1936.

Cuando, asistido por todos los avances de la ciencia, muera tranquilamente en su cama, es seguro que, con independencia de quien gobierne, le organizarán unos funerales nacionales. Los medios de comunicación le dedicarán programas especiales (ya ha recibido homenajes y le han cantado el cumpleaños feliz en la radio). Uno tiembla sólo de pensar en los obituarios y panegíricos que fraguarán algunos periódicos, consagrándolo héroe y benefactor de la humanidad. Y alegrándose de que se haya ido definitivamente de rositas. Será, sin duda, un buen momento para gastarse los ahorros en un viaje a las Molucas y no regresar hasta que hayan pasado esos días de delirio.

En el lamentable episodio de las brujas de Salem, al cabo de los años, se emitió un veredicto simbólico para resarcir a unas mujeres acusadas y condenadas injustamente. Para reparar el daño causado, el tribunal les dio unas cuantas monedas de oro. Ésta fue la compensación que recibieron. Como La Haya, dependiendo de para quién, es un lugar inaccesible, algún juez nacional podría animarse y arbitrar otra sentencia análoga a la de Salem. La entrega de un saco de carbón por las iniquidades impunes podría servir.

Cuando uno ve la simpatía que despierta un personaje como Carrillo en un sector de la sociedad, cuando uno ve a los faranduleros y sus comparsas apoyando a magistrados prevaricadores y dictaduras hediondas, cuando uno ve a los sindicatos convertidos en correas transmisoras del gobierno socialista, uno no puede menos que preguntarse, parafraseando a Primo Levi, si esto es una democracia.

 

 

 

El continuum

Por Antonio Pavón Leal

Viernes, 4 de junio de 2010

Socialmente hablando, sólo cabe distinguir dos fuerzas políticas: las nacionalistas y el socialismo, dentro del cual se puede establecer grados, pero únicamente eso.

Sin salirse de este movimiento, se puede estar más a la izquierda (sería el caso del PSOE y formaciones afines) o más a la derecha (el PP).

En la España actual, es difícil clasificar netamente a los partidos. Da la impresión de que la derecha (su praxis, sus valores) va siendo erradicada o deglutida por el socialismo, y de que la digestión completa es cuestión de tiempo.   

En este sentido, no hay alternancia política verdaderamente, sino una mayor o menor aceleración en la senda socialista.

El ex Alto Comisionado de Apoyo a las Víctimas del Terrorismo y uno de los padres de la Constitución española fue taxativo al respecto, calificando a los gobiernos de Aznar, que tuvo la osadía de sacar los pies del plato, de paréntesis de la democracia.

El socialismo y los nacionalismos son los auténticos motores de España. Cuando aúnan su empuje, la implantación de su ideario e intereses es aplastante. Pero esta coacción se produce también cuando dichas fuerzas se encuentran en la oposición.

En una de las reuniones para atajar la crisis, en vista de las medidas que había que tomar, Zapatero preguntó a los suyos. “¿Aguantamos?”. Y todos respondieron a una: “Aguantamos”. El episodio parece sacado de una novela de Alejandro Dumas en versión cutre.

Ese colofón grotesco en forma de frase lapidaria que sólo sería motivo para descacharrarse de risa si la situación no fuera tan grave, no es lo preocupante. Lo significativo es la reacción de los medios de izquierda exigiendo responsabilidad a troche y moche. Y lanzando veladas amenazas a quienes no apoyen a los políticos que han llevado a España a la postración económica, y que han degradado la convivencia deliberada y sistemáticamente.

El socialismo, aliado con los nacionalismos, supone en la práctica el arrinconamiento de una visión del mundo y su consiguiente forma de vida. Y la imposición de otra cosmovisión, caracterizada, entre otros rasgos, por el ateísmo y un laicismo agresivo.

La Generalidad de Cataluña está preparando una ley de actividades religiosas en la que se establece la necesidad de una licencia para reuniones “con fines religiosos”. De esta forma, el poder político plantará su zarpa sobre la religión católica que o se somete a las directrices ideológicas o es borrada del mapa.

Según este proyecto elaborado por la Dirección de Asuntos Religiosos que depende de la vicepresidencia de Carod (ERC), las procesiones y las romerías que no dispongan de la licencia correspondiente, incurrirán en un delito y deberán atenerse a las consecuencias.

Este proceso, en el que el individuo pasa a un segundo término, y que excluye experimentar otras alternativas y modos de convivencia, no tiene vuelta de hoja. Como mucho, se puede ralentizar pero no detener.

 

 

 

Los nacionalismos periféricos

Por Antonio Pavón Leal

Sábado, 29 de mayo de 2010

Uno de los objetivos de Zapatero es acentuar el estado de las satrapías hasta convertirlas en planetas con sus propias órbitas, cada una girando a su antojo, de forma que, irremisiblemente, acaben produciéndose colisiones.

Se han creado muchos centros de poder y es sabido que el poder no parte peras con nadie. Fea se tiene que poner la situación para ceder no ya su parcela de mangoneo, sino algunos y simbólicos metros cuadrados.

Tras la histórica invitación al café colectivo, las satrapías no perdieron un minuto en subirse a la parra. Algunas descubrieron a continuación su vocación imperial y hubo que sufrir sus ambiciones expansionistas. Y cómo se ponen cuando se les recuerda que son meras provincias. Cuando alguien dice una verdad que no es de su gusto, su extraordinaria sensibilidad herida se apresura a calificarla de “barbaritat”. Sin embargo, cuando ellas prohíben referirse a España como nación o que se utilice la lengua castellana, lo encuentran justificado y por encima de toda crítica.

Una de las primeras cosas que hacen los sátrapas es crear una burocracia a su servicio. El volumen de esta administración, que puede ser doble, es aplastante. De hecho, la gente emprendedora se plantea crear empresas en otros países para evitar la paralizante superposición de burocracias.

Bajo el peso de las leyes municipales, regionales, nacionales y europeas, la iniciativa personal queda asfixiada. En este marco sólo prevalecen las propuestas oficiales; es decir, aquellas que crean una dependencia al ciudadano. Sólo estos engendros gozan de facilidades, que tampoco salen gratis.

La factura hay que pagarla y, en cualquier caso, dichas empresas promocionadas oficialmente, a menudo de dudosa eficacia, serán utilizadas a mayor gloria del gobierno correspondiente.

La proliferación de leyes y la hipertrofia burocrática son los pilares en los que los sátrapas asientan su dominio. No hace falta ser un lince para percatarse de que esta política va en detrimento del individuo, que es quien crea riqueza con su trabajo, así como de la libertad y de la justicia.

Personajes cuyos nombres no merecería la pena conocer, poseen una popularidad e influencia desproporcionadas. Éste es el resultado de que la insensatez se haya convertido en moneda corriente, y de que el surrealismo campe por sus respetos en la piel de toro.

 

 

 

La satrapía (VII)

Por Antonio Pavón Leal

Martes, 25 de mayo de 2010

La buena señora se puso hecha una fiera cuando escuchó el inocente comentario de uno de los presentes. Según esta persona, lo que hay en Andalucía es un régimen como lo prueba el hecho de que no se haya cambiado de partido durante treinta años.

Dijo una obviedad, algo patente. Como ocurre en México con el PRI o en Argentina con el peronismo.

Pues ni siquiera esta observación objetiva se merece un mínimo de respeto. La señora se revolvió como un tigre de Bengala y replicó que un régimen era el franquista (acusando implícitamente de eso al autor del comentario). Y volvió a la carga con el único argumento que, al parecer, les queda.

A los creadores de un blog liberal en un pueblo, esa misma gente los calificó de inmediato de “fachas, franquistas y fusiladores”. En Andalucía, en cuanto abres la boca y esos mastuerzos comprueban que no piensas como ellos, expectoran un insulto. Liberales, conservadores, católicos, críticos, escépticos y hasta el sursum cordam son fascistas irredentos.

Del parlamento andaluz se fueron, más asqueados que ofendidos, los diputados del PP al oír una vez más que su partido era identificado con el franquismo por un representante socialista. Lo cual no deja de tener su gracia puesto que son cada vez más numerosos los andaluces que consideran al PSOE como el legítimo heredero.

Si se mirasen en un espejo, tal vez se les caería la cara de vergüenza. Pero los espejos les importan un comino. En cuanto a la vergüenza, es un tema delicado.

Resulta que  lo quiera esa señora o no, y como ella tantos otros, eso es lo que hay en las satrapías del sur: regímenes que se han institucionalizado valiéndose de la manipulación mediática, de las subvenciones, de los subsidios y de todos los recursos a su alcance para comprar voluntades.

De hecho, más que de perpetuación en el poder hay que hablar de enquistamiento. La guinda del pastel la ponen periódicos como El País que denuncian “el virus y el odio irracional” de los que disienten. E incluso tienen la osadía de hablar de “adoctrinamiento”, ellos que son sus inventores o reinventores.

La pregunta que se hacen los ciudadanos demócratas, respetuosos y sensatos es ésta: ¿cambiará esta situación algún día? Y si cambia ¿aceptarán el cambio?

A juzgar por la reacción de esa mujer y por las visiones apocalípticas que tienen los medios progres, es lícito abrigar serias dudas al respecto.

 

 

 

Sindicatos (II)

Por Antonio Pavón Leal

Miércoles, 19 de mayo de 2010

UGT y CCOO van a organizar una juerga al Impúdico, al mismo que hasta ayer negaba que hubiese crisis. Seguramente la montan porque saben que ese día de jarana le hace ilusión al jefe. El cual lo añadirá a su currículo junto con el desayuno nacional de oración al que fue invitado por el gran Obama, y cuatro cosas más por el estilo.

Los sindicatos han decidido también que es hora de que los periódicos les dediquen algunos titulares y portadas. Pero que nadie se equivoque: todo esto no es más que una performance, como dicen los progres cursis, lo cual tal vez sea una redundancia. Un número en la línea de Rodiezmo, donde los vimos tocando el ukelele y bailando el hula-hula.

Toxo y Méndez sólo pretenden crear problemas de mentirijillas. En cuanto el Impúdico marque un poco más el acento circunflejo de sus cejas y los llame con el índice, acudirán presurosos, desconvocando lo que pensasen convocar y apoyando lo que haya que apoyar. Es lo que llevan haciendo varios años, ¿por qué iban a cambiar de la noche a la mañana?

Lo de una huelga de verdad ni ellos mismos lo creen, pero habrá quien engulla esa bola por tener las tragaderas muy anchas. O bien, consciente de que todo es un juego, se prestará gustoso. Una especie de pelea de enamorados. Hoy nos enfadamos, pero mañana nos queremos mucho más.

Ha quedado claro además, con los dieciséis millones recibidos en concepto de subvenciones para “actividades de carácter político” (y no sindical, como se dice por error en el BOE), que ellos no van a extralimitarse un pelo.

Lo han declarado sus propios líderes: si no convocan una huelga general es para no beneficiar al PP, aunque sea de rebote. Lo que a ellos les importa no son los trabajadores sino los partidos.

No hay motivo alguno para secundar un día de paro fijado por ellos y regalarles esa condecoración para que la luzcan en la solapa.

Esos sindicatos, con sus miles de liberados, constituyen un hándicap para la sociedad española. Son una de las causas de la crisis. La undécima plaga de Egipto. Que los compren quienes no los conozcan. Y a lo mejor ni siquiera ésos.

 

 

 

Burocratización e ideologización

Por Antonio Pavón Leal

Viernes, 14 de mayo de 2010

Los progres son los herederos de una izquierda rancia, cuyos remedios conducen con frecuencia al totalitarismo. En España, llevan años aplicando ese ungüento amarillo a la enseñanza, que está siendo sustituida por la burocracia y la ideología. Es decir, en lugar de enseñar se adoctrina (educación para la ciudadanía, para la paz, para la salud, medioambiental, vial, etc.) y se rellenan papeles.

La reeducación ciudadana, en particular, se ha convertido en un coladero donde cabe desde la apología de la zoofilia hasta el cuestionamiento de Cenicienta y Blancanieves (ni Perrault ni los hermanos Grimm se salvan del revisionismo feminista). Y, ni que decir tiene, esta supuesta asignatura es un espacio privilegiado para aporrear a la Iglesia Católica  y para promocionar el marxismo.

A veces ocurre que esos bumeranes lanzados con saña regresan y les dan en pleno rostro. Así ha pasado con la demonización de los límites y las normas, que son indispensables tanto para el crecimiento como para la convivencia. Lo que era y es una necesidad lo convirtieron en un monstruo represivo.

La manipulación pedagógica es particularmente insidiosa porque, una vez alcanzada la edad adulta, el individuo queda a merced del poder, sin capacidad crítica para contrarrestar su influencia y reaccionar a su tendencia a la coacción.

Esta situación lleva a preguntarse si tras las gaitas de los métodos educativos y las experimentaciones docentes lo que se esconde es una mera cuestión de dominio.

Se respira un aire viciado y un empeño en poner al profesorado al servicio de ese designio. Para ello cuentan con dos recursos fundamentales.

Uno de ellos es la ideologización. El otro es la burocratización que es la responsable directa de que un elevado porcentaje de docentes contemple la jubilación como la única salida.

Porque ésa es la otra bestia negra de los profesores: los papeles, las reuniones y los continuos cambios de programas con vistas, por lo general, a desarreglar un poco más el sistema. A lo que hay que sumar el desprestigio de que goza la profesión, fomentado por los medios de comunicación y también por las propias autoridades educativas (éstas últimas con el presumible objetivo de salvar su propio pellejo).

Nada de esto es nuevo, aunque la tendencia se haya agudizado. Transcribo la declaración de un catedrático de hebreo de la Universidad de Madrid que parece de hoy mismo, pero que fue realizada en el siglo XIX:

“Me jubilé no por cansancio ni por aversión a la enseñanza sino harto del gobierno y de su prurito reglamentista, harto de sus intromisiones, harto de las circulares de ministros imbéciles, de la incompetencia de los burócratas, del lamentable espectáculo de los políticos. Harto, en definitiva, de tantas imposiciones ridículas”.

 

 

 

Carta de amor

Por Antonio Pavón Leal

Sábado, 8 de mayo de 2010

De algunos profesores de la vieja escuela se decía: “Son un pozo de ciencia, pero no saben explicar” (de hecho, ni lo intentaban). Actualmente, vamos camino de que ocurra lo contrario, y se escuche: “No saben dónde tienen la cabeza, pero se explica a las mil maravillas”.

Ahora toca jugar a ser fabuloso. Incluso a competir para ver quién lo es más. Sustentar la enseñanza en esta premisa da una idea de la deriva impuesta. Lo que mola es ser guay. Más aún, esta actitud es el expediente más eficaz para sobrevivir en esta profesión.

La situación ha cambiado tanto que ocurren incidentes como éste:

Un profesor corrigió a un alumno de 3º ESO que había escrito “lo vi” en lugar de “los vi”. “Los” porque se refería a ellos y no a él, explicó pacientemente el profesor aunque el contexto no se prestaba a confusión. El alumno, un zagal mal encarado, le lanzó una mirada atravesada y replicó: “Aquí se dice “lo vi”. Las eses no se pronuncian”, haciendo gala de una expresión zarrapastrosa y de mala educación.

“No me interesa cómo se dice aquí, ni tampoco lo que tú pienses al respecto” “Po (=pues) menos me importa a mí lo que pienses tú” fue la contestación del angelito.

Y se obtienen resultados como éste:

“Jonatan haber por que ha cortado conmigo por que yo quiero ser tu novia cariño y aber yo no edicho que esta mos salien do anadie sabes guapeton que hijo cuando telabantastes la camiseta padre me bajo la tensiony los cuadra os que tienes hay me esta bajando la tensión haora Jonatan y te acuerda cuando me estabas tocando la pierna Jonatan tenia ganas de darte un beso honbreton y hayer en el patio tanbien meha bajao la tensión de verte Jonatan siempre que te beo Jonatan me baja la tensión Hijo i es que yo quiero borbel contigo Jonatan por favor Jonatan por favor Jonatan por favor telo suprico Jonatan guapeton honmvreton Hijo que siempre que te beo mebaja la tensión Jonatan Jonatan por favor no me agas esto Jonatan por favor vuelve con migo que estoy por ti que no cago asta melo dice la Leti Hija Jeni que esta por el que no cagas me dice la Leti y sabes por donde bibo Jonatan donde me bistes en el chino em el broque que esta pegao pues hay bibo y todos los dias a las 9:00 estoy rondando con mis primas Jonatan paque sepas donde bebo guapo”

El manuscrito de esta carta fue interceptado en clase por una profesora.

 

 

 

Sindicatos

Por Antonio Pavón Leal

Martes, 4 de mayo de 2010

Los sindicatos son una casta que mira, en primer lugar, por sus propios intereses. De tarde en tarde, por aquello de guardar las formas, resucitan y dan un toque a la administración socialista, de la que son sus alguaciles.

Sólo en Andalucía hay más de ocho mil liberados, que cuestan al erario 229 millones de euros. Son una gangrena, pero sin su cooperación otros gallos cantarían.

En lo que respecta a la enseñanza, no es exagerado afirmar que un elevado número de estos sedicentes representantes laborales han olvidado el color de la tiza. Otra cosa es el mantenimiento de sus privilegios.

Ante el ROC (Reglamento Orgánico de Centros), UGT y CCOO han optado por callar o arrimar el hombro. O ambas cosas a la vez. Pero el ROC, como la finiquitada Ley de Incentivos, es rechazado mayoritariamente por los profesores.

La estrategia sindical consiste en aliarse con la patronal socialista que es, a fin de cuentas, quien afloja la mosca. En 2009, UGT recibió 52 millones de euros en Andalucía.

Con la Ley de Incentivos, que tanta repulsa suscitó, esos sindicatos se vieron en el compromiso de hacer algo. Tras sopesar los pros y los contras, consideraron que una hora de paro era suficiente. Total, no era más que un paripé.

Estas asociaciones colaboracionistas que amagan con dar, cuando gobierne el PP, si tal hecho acaece, despertarán de golpe y montarán un cirio a las primeras de cambio.

Ciertamente, estos sindicatos rojos con el PP y amarillos con el PSOE, a los que el gobierno central y algunos regionales mantienen bien untados para que no alcen la voz más de lo debido y sólo creen, por el qué dirán, simulacros de problemas; estos sindicatos que abdican de sus funciones cuando en el poder hay un partido afín, deberían pagar una cuantiosa factura por su dejación y su conchabamiento.

Como es seguro que no van a recibir ningún varapalo, un colega sugiere que al menos habría que administrarles una dosis de su propia medicina y dedicarles un prolongado “repique de nalgas”. Por supuesto, si la chabacanería fuese una tentación.

“¿Tras estos años de inacción sindical –me pregunta-, con qué cara se van a presentar ante los ciudadanos?” “Con la que tienen, naturalmente, que no es poca”.

 

 

 

La satrapía (VI)

Por Antonio Pavón Leal

Miércoles, 28 de abril de 2010

Dicen que el PSOE anda de capa caída en Andalucía. Así parece confirmarlo la maniobra realizada por este partido de cara a las próximas elecciones autonómicas.

La hasta hace poco consejera de Educación ha pasado a ser la segunda de a bordo de un presidente gris, al que acaban de montar un tinglado publicitario bajo el lema “Cambiamos con Andalucía”. En la parte inferior del cartel, debajo del retrato del nuevo timonel, se lee: “Sí, quiero”, fórmula que remite al amor y a las bodas.

Pero el desconocido sesentón que se encuentra al frente de la Junta, tiene pocas posibilidades de casarse. Por su edad, por su escaso tirón y por ser el hombre de Chaves. Por estas razones, seguramente, contribuiría a la derrota del PSOE.

Así que han nombrado a una mujer en segundo lugar, más joven y respaldada por Zapatero. La señora Moreno cuenta con buenos argumentos para ser la candidata a la presidencia del gobierno andaluz.

El PSOE, que más que un partido es una empresa de marketing, sabe que tiene en la mano una matraca implacable. Basta comparar superficialmente sus campañas con las del PP, tan blanditas, o si se prefiere, tan didácticas y respetuosas, para saber a qué nos referimos y con qué bueyes aramos.

Tenemos en perspectiva a la primera mujer que aspira a presidir la región andaluza. La primera en España en esos menesteres no. Eso no lo pueden pregonar, porque ya hubo una en Murcia y actualmente Esperanza Aguirre gobierna en Madrid. Pero, aun así, en Andalucía venderá mucho esa circunstancia, que será presentada como un gran avance.

La opondrán a Javier Arenas, hombre y de derecha. Dos valores a la baja en nuestra sociedad. Quien no vote a la señora Moreno será tratado de retrógrado, cavernícola, carca y, no hace falta decirlo, machista impenitente.

La mayoría de los medios de comunicación se plegará y colaborará en este despliegue de populismo. Esta mujer, que tiene el mismo atractivo que Griñán, será transformada en un icono del progreso. Unos y otros promoverán tal expectativa a su alrededor que el inconsciente colectivo de los andaluces quedará hechizado.

Una vez introyectada la pulsión, los votantes se prestarán al juego espontáneamente, convirtiéndose en sus principales valedores y propagadores.

Aderezada con los eslóganes apropiados, la figura átona de esta mujer inundará las calles. Una mujer de izquierda frente a un hombre de derecha. Este binomio simplista puede ser el planteamiento básico.

Hasta The New York Times, el periódico progre internacional por excelencia, tiene calada a Andalucía, resignada y rendida al paro. Y a las riadas cuyas pérdidas ascendieron a más de mil millones de euros. Y a los incendios forestales ya olvidados.

Ni las catástrofes ni sus secuelas de negligencias e improvisaciones pueden con el PSOE. Este partido sabe que en poco tiempo las aguas vuelven a su cauce. Luego da unos cuantos pases mágicos, pone sobre la mesa la carta de la demagogia y la baza vuelve a ser suya.

 

 

El ultrafeminismo

Por Antonio Pavón Leal

Martes, 20 de abril de 2010

En este nuevo orden que se está constituyendo, en el que quedarían borradas las diferencias culturales e identitarias, salvo las que por su carácter inocuo no pongan en peligro el establishment, el ultrafeminismo ocupa un lugar por derecho propio.

Esta plaga posbíblica que se ha abatido sobre las sociedades supuestamente avanzadas, clama por la expulsión del Estado Vaticano de la ONU y calla ante las declaraciones de los clérigos musulmanes justificando el matrimonio entre niñas de nueve años y ancianos, y despreciando los derechos humanos, que consideran “cosa de cristianos, ateos y fornicadores”.

Las feministas progres saben que con la Sharia no se juega, así como también dónde, cuándo y ante quién pueden alzar la voz. Entre sus desatinos, en este caso de la sección norteamericana, se puede citar la propuesta de eliminar el man de woman y reducir la palabra a wo. De esta forma el vocablo quedaría impoluto. “Mujer” en inglés debería decirse “wo” (en plural “wos”).

Esta corriente ideológica se está convirtiendo en un núcleo duro de poder que hace valer sus prerrogativas y deja sentir sus imposiciones tiránicamente.

La cuestión del aborto es intocable. La mujer tiene ese derecho que puede ejercer sin dar explicaciones a nadie. También es obligatorio obviar el tema (es decir, no utilizarlo como argumento) de la vida que se está formando en el vientre materno.

Sin embargo, las ultrafeministas y la milicia progre no admiten el derecho a respetar la propia conciencia. Al lema “Yo soy dueña de mi cuerpo” no se puede oponer “Yo soy dueño de mi conciencia”.

¿Por qué una mujer puede hacer con su cuerpo lo que quiera, y a otras personas se les impide legalmente asumir los contenidos que su conciencia considera fundamentales?

Se han promulgado leyes destinadas a sojuzgar las conciencias que se niegan a dar su plácet a determinados comportamientos. Leyes que fuerzan a los individuos a perpetrar actos de violencia contra sí mismos, o a situarse al margen de la legalidad, como Antígona.

¿Por qué este gobierno permite ser dueño del cuerpo pero no de la conciencia? ¿Le resulta más amenazante la segunda y por eso debe legislar para doblegarla? ¿Es la clave para someter al individuo? ¿La trampa no consiste en hacer creer que no podemos prescindir del cuerpo, pero sí de la conciencia? ¿Que el cuerpo es la única realidad y la conciencia un producto secundario de las reacciones químicas orgánicas, una excrecencia sin vida propia, un burbujeo frívolo?

El nombre elegido por un colectivo de feministas así parece sugerirlo. Se llama, haciendo gala de finura, “Olé mi koño”. Hay motivo para preguntarse con espanto cuáles serán sus reivindicaciones o chaladuras, que deben estar a la altura del patronímico.

O para pasmarse ante estas declaraciones sobre el aborto de la actual ministra de Cultura. (pulse play)

 

 

 

 

Hipatia

Por Antonio Pavón Leal

Viernes, 16 de abril de 2010

Diecisiete siglos después de su muerte, la protomártir progre causa estragos. Aunque sería más exacto decir que no es ella, sino el clero laico quien está realizando esta hazaña.

En institutos de enseñanza secundaria, profesores hechizados por la película de Amenábar se hacen lenguas de ésta y la recomiendan vivamente a sus alumnos. Según ellos, es el súmmum que hoy en día se puede ofrecer en cuanto a análisis histórico y filosófico.

Estos profesores con fama de personas serias e inteligentes, incluso un poco estiradas, se han rendido ante esta superproducción bien comercializada, y aprovechan la coyuntura para lanzar algunas paladas de estiércol sobre el cristianismo.

La película es un ataque frontal a la religión cristiana y esto es festejado como un gran logro por parte de estas lumbreras. Tan perspicaces como son no se dan cuenta, o no quieren darse cuenta, de que están tirando piedras sobre su propio tejado.

Estos izquierdistas de salón prefieren arrear unas cuantas patadas al catolicismo, que es un deporte a la moda y muy bien visto en determinados ambientes, antes que evaluar la realidad española. Sus prejuicios tienen prioridad sobre las agresiones a la libertad y a la justicia.

A pesar de ser conscientes de la crisis general, optan por callarse o por hacer un chiste. Atrapados en su complejo progre y aferrados a una idea del socialismo que sus representantes oficiales desmienten día tras día, son incapaces de alzar la voz.

Es desolador comprobar cómo estos sesudos profesores tragan quina con toda naturalidad y abrazan un entreguismo suicida. Todo lo cual, en razón de su lucidez, conlleva mayor responsabilidad.

Con su silencio e inhibiciones, aunque no se declaren como tales, se han convertido en colaboradores y afianzadores de este sistema que hace agua. Es más que probable que, si la situación política cambiase de signo, estos mismos individuos recuperasen con prontitud su espíritu crítico y secundasen las movidas contra el nuevo estamento.

Ciertamente, sobre la sociedad española se ha abatido un tsunami ideológico, que obliga en ocasiones a situarse de modo que no nos arrastre y acabe estrellándonos contra un arrecife. Pero éste no es el caso de estas personas que aplauden todos los barrenos colocados en los cimientos de nuestra cultura. Un síntoma más de la morbosidad imperante.

Para corregir esta deriva, estos profesores, en lugar de esa tergiversación histórica trufada de sectarismo que es “Ágora”, deberían recomendar a sus alumnos “Katyn”, la última e impresionante película de Andrzej Wajda. Y así contribuir a la vacunación contra los totalitarismos de alta o de baja intensidad. Pero, como las habas para los pitagóricos, la película polaca es un tabú para ellos. De eso ni se come ni se incita a comer a nadie.

 

 

 

El ROC

Por Antonio Pavón Leal

Lunes, 12 de abril de 2010

Así se llama el nuevo artefacto ideológico que quieren hacer pasar por pedagógico, y que está provocando huelgas (el 8 de abril una y el 14 de este mismo mes otra), concentraciones y manifestaciones, de las que no se ocuparán los medios de comunicación oficiales ni sus compadres progres.

El ROC supone, entre otros desafueros, una mayor politización de los centros de enseñanza, un mayor descenso del nivel académico (éste dependerá además de la zona en que se encuentre el instituto), un incremento de los aprobados al precio que sea, una centralización del poder académico y administrativo en la figura del director, la obligación de impartir materias afines y engendros didácticos “ad hoc”, una abolición del derecho constitucional de cátedra. Resumiendo, una pavorosa involución democrática.

El análisis de todas estas cuestiones sería prolijo. No obstante, vale la pena comentar algunos aspectos. El incremento de aprobados es uno de los caballos de batalla del gobierno andaluz. Con este fin, sacó la denominada Ley de Incentivos, que se podría sintetizar así: cobrar más por aprobar más.

Si este invento se le ocurre al PP, es seguro que se organiza la de San Quintín. Pero como fue el PSOE, tocaba sonreír y colaborar. Salieron artículos a favor en los periódicos (particularmente en El Correo de Andalucía) y este tema fue tratado con paños calientes en la televisión y en la radio.

Uno de los objetivos de esta ley, como también del ROC, era descoyuntar al profesorado y ponerlo al servicio de unos designios partidistas. Esto pensaban conseguirlo con dinero (los famosos 7000 euros del soborno).

La administración educativa en Andalucía vive de hacer leyes y aplicarlas. Así justifican su sueldo y probablemente combaten el aburrimiento. Pero en esta tarea, y para todo lo que haga falta, cuentan también con la ayuda de los numerosos liberados de los sindicatos mayoritarios (UGT y CCOO); los cuales, al parecer, también lo están del sentido común y de la responsabilidad contraída con los que están dando el callo.

La Junta y sus sindicatos daban por descontado que, tarde o temprano, los profesores acabarían humillándose ante el Poderoso Caballero.  Acabarían pasando por el aro.

Pero se equivocaron. Durante tres años consecutivos, a ver si colaba, han obligado a votar en los claustros esta ley, que ha sido rechazada mayoritariamente. O sea, que esa indignidad no ha colado.

Una de las razones de esta reprobación abrumadora radicaba en una cuestión crucial: la libertad de cátedra. Al igual que ocurre actualmente con el ROC. En la práctica, dicha libertad es anulada. Entonces como ahora, la administración socialista no sólo indica los contenidos de las materias, sino lo que se puede o no se puede decir en clase, a quien ensalzar y a quien denostar. Lo correcto y lo incorrecto.

La libertad en la enseñanza debe ejercerse en las circunstancias que ella marque, más con el propósito de mantener un barniz de democracia que por amor a ese sistema que tan fastidioso puede resultarle.

En este video para remover conciencias se presentan otras facetas de esta fúnebre historia del ROC.

 

 

 

 

La memoria bizca

Por Antonio Pavón Leal

Miércoles, 7 de abril de 2010

Hace muchos años, en señal de concordia, se quitó la lápida de mármol que había al pie de una cruz de granito, en el atrio de la iglesia parroquial. En esa lápida figuraban los nombres de los caídos “por Dios y por la patria”. Recientemente, gracias a la Ley de la Memoria Histórica, se han colocado en el cementerio, con escasa repercusión popular, todo sea dicho, dos estelas con los nombres de los caídos en el otro bando.

La memoria consistiría ahora en volver a poner, donde mismo o en otro parte, la losa que, como acto de reconciliación, se hizo desaparecer. Cosa que, por supuesto, no ocurrirá.

En Sevilla, han retirado el rótulo de la calle Carrero Blanco y han dedicado otra, por estrictos méritos políticos, a la simpática señora Bardem. También han prohibido un homenaje literario a Agustín de Foxá.

Entre otras medidas sectarias, sugieren levantar un monumento en la plaza de toros de Badajoz para conmemorar la matanza del 15 de agosto de 1936. Eso es lo que harían los alemanes, aducen. Cuando se replica que igual había que hacer en el Círculo de Bellas Artes de Madrid y en todos aquellos sitios utilizados como checas, entonces tuercen el morro.

De esta forma, se podría acabar escenificando de nuevo el “Duelo a garrotazos” de Goya.

Este gatuperio trae a la memoria, adónde si no, las palabras de Pérez Reverte a este propósito: “Aquí todos hemos sido igual de hijos de tal”. Y parece que lleva razón, aunque hace una afirmación rotunda, no molestándose en establecer grados de responsabilidad.

El hecho de no tener pelos en la lengua es de agradecer en un país acogotado por la ideología progre. Si bien, como cualquier hijo de vecino, el escritor cartagenero puede decir barbaridades como las referidas a la Revolución Francesa, con sus efusiones de sangre y sus cadáveres no sólo de obispos y nobles, sino también de niños, flotando en el Sena.

En otras naciones, evolucionaron de forma más civilizada. Seguramente, ni él ni nadie en sus cabales estaría dispuesto a ofrecer su cabeza a la guillotina en nombre de ningún avance. Las revoluciones, como es sabido, se hacen rebanando el cuello a otros, al propio todo el mundo le tiene mucho apego.

Lo más sano para la quebrantada democracia española sería sustituir la memoria histórica, que es tarea de historiadores y no de políticos, por la memoria inmediata, que sí incumbe a los políticos. Y a los jueces.

La memoria de un pasado tan reciente que enlaza con la actualidad, con los entresijos de los Mercasevilla, los Matsa y los Poniente, con los tráficos de influencias o coincidencias, con los dineros solidarios que no llegan a su destino, con las prevaricaciones y las corruptelas.

En eso debería consistir la memoria histórica, y no en hacer el caldo gordo a un partido que, en Andalucía, lleva treinta años en el poder, y que está acostumbrado a hacer su santa voluntad.

 

 

 

Retrato de sátrapa

Por Antonio Pavón Leal

Lunes, 29 de marzo de 2010

A más de un conspicuo dirigente socialista le ha dado un infarto, no con Aznar sino con Zapatero. Resulta admirable que candidatos idóneos, por su edad y extracción, a ese accidente cardiorrespiratorio conservan un envidiable estado de salud y siguen impertérritos en la cresta de la ola. Ahí se pone de manifiesto la madera de sátrapa.

Chaves, por ejemplo, ha llevado a cabo varias modernizaciones, de las que nadie se acuerda porque para nada sirvieron. Andalucía era y es una de las regiones que se encuentran a la cola del desarrollo.

Las modernizaciones fueron pregonadas a bombo y platillos, como está mandado. Y los magros logros, de los que muchos dudan, fueron presentados con la alharaca de rigor. En definitiva, de eso  se trata: de hacer mucho ruido y sofocar las voces que se alzan para denunciar tanta mistificación.

La pobreza, tras casi treinta años de gobierno ininterrumpido del partido socialista, afecta a una tercera parte de la población. Éste es un dato esclarecedor de la gestión realizada durante este tiempo. Pero un sátrapa eficaz hace caso omiso y, para contrarrestar la fea realidad, lanza una campaña publicitaria bajo el lema “Diez años de progreso”. Y ahora a cacarear.

“¿En qué se puede ser de verdad el primero?” se pregunta. “¿En posmodernidad?” Pues entonces reeducación, laicismo, medias memorias, cuotas, discriminaciones positivas, ultrafeminismo, aborto, eutanasia (eso sí, evitando cuidadosamente algunas palabras y sustituyéndolas por un largo eufemismo), todo al saco. Y otro eslogan: “Andalucía imparable”. El objetivo expreso de este guirigay es alcanzar la convergencia, que debe de ser una señora la mar de esquiva.

El problema del sátrapa es que acaba creyéndoselo. Tiene lugar un fenómeno de identificación. Y donde hay identificación, según señala Gabriel Albiac, hay estupidez. Y maldad agazapada dispuesta a saltar en cuanto detecte una amenaza.

En relación con la justicia, el sátrapa descubre su verdadera cara. No soporta a los magistrados cuyo fallo chafa sus intereses o deseos. Suele reaccionar con malos modos porque da por sentado que la intención del juez al dictar sentencia es hacerle la pascua.

Un sátrapa no tolera que le enmienden la plana, ni que le paren los pies. Se considera el único referente válido y hay que aceptar cuanto disponga sin rechistar.

Aunque unas veces diga una cosa y al rato otra que deja en cueros vivos a la primera. Chaves reveló que, prácticamente, vivía al día, pues había gastado su peculio en la educación de sus hijos. Unos veinte mil euros le quedaban en el banco. A renglón seguido, tuvo que rectificar porque tenía un sustancioso remanente. La explicación fue que ese dinero procedía de una herencia providencial.

Aparte del alivio que supuso para los ciudadanos saber que no estaba al borde de la indigencia, esta segunda declaración sirvió para reforzar su fe en el sistema (o su escepticismo, en el caso de los contumaces), pues tuvieron que aceptar esta nueva verdad por la razón alegada por uno de los padres de la Iglesia (Tertuliano o san Agustín): “Credo quia absurdum”.

 

 

 

La satrapía (V)

Por Antonio Pavón Leal

Lunes, 22 de marzo de 2010

En las satrapías, las arbitrariedades, los abusos y la arrogancia están a la orden del día. En uno de los muchos ayuntamientos gobernados por los socialistas, el alcalde se pasa meses y meses sin convocar plenos ordinarios. Prefiere hacerlos extraordinarios, en los que no hay ruegos ni preguntas, y de este modo no tener que dar explicaciones engorrosas relativas a sus actuaciones o las medidas adoptadas.

Otro regidor de la misma cuerda entró en una dependencia del ayuntamiento en la que un vecino de un partido de la oposición estaba de papeleo. Entró y, llamándolos por su nombre, dio los buenos días a los empleados municipales que allí trabajaban.

El vecino, aunque no sorprendido, dijo: “Buenos días  todos, ¿no?”. El alcalde replicó: “A todos menos a uno”. Luego hizo lo que tuviera que hacer y se fue, dejando más o menos corridos a los presentes.

Seguramente, él también se sintió así porque al momento reapareció y, desde la puerta, dijo: “Buenos días a todos menos a uno, que soy yo”. Y con esta ingeniosidad maquilló su ensoberbecimiento.

En la calle, a una mujer que no se caracteriza por su inconformismo, y a la que la vida ha abocado a los trabajos y cursillos que administra el ayuntamiento, harta de mangoneo, expuso su opinión matizadamente reprobadora. Un lacayo que la escuchó, la amonestó de inmediato: “Cállate y no critiques a quien te da de comer”.

En el trabajo, un hombre llegó muy jacarandoso una mañana vendiendo papeletas de una asociación local del PSOE. Otro, escandalizado, le dijo: “Pero ni siquiera las rifas, que son cosa de estudiantes y de hermandades, vais a respetar. Ni siquiera esto se va a salvar de vuestra prepotencia”. Este comentario, en el que su autor se limitaba a constatar un hecho, hizo que el otro se atufara. Con lo contento que venía.

Porque encima, como señalara Blanchard en “La velada de Benicarló”, quieren ser populares a cualquier precio. Pero no lo son.

Se lo impide su desmedido amor al dinero y su propensión a manipular conciencias. Sus escalofriantes declaraciones del tipo: “Yo voto al PSOE pase lo que pase”, “¿Tanto trabajo cuesta votar al PSOE y decir a todo que sí?“ o, en el caso de los menos desvergonzados, “Yo estoy siempre al lado del poder”. Su jactancia de ser de izquierda, como si eso fuese un timbre de gloria.

 

 

 

La satrapía (IV)

Por Antonio Pavón Leal

Miércoles, 17 de marzo de 2010

Sólo se les ocurren disparates y desafueros, porque, entre otras razones, tienen mucho tiempo libre y poco o nada útil que hacer. Como, además, nadie les para los pies (quienes podrían intentarlo han optado por el vasallaje a cambio de las contraprestaciones correspondientes), se han convertido en una tricotadora de insensateces.

Pero una vez que el mecanismo se ha puesto en marcha, ¿quién lo detiene y cómo? La estulticia, al igual que el deseo, no conoce límites. Es, por su propia naturaleza, insaciable. Aspira y quiere cada vez más.

En Andalucía puede suceder que un partido (o tal vez habría que decir el partido) decida, y otros corran a apoyarlo y a pedir más, que hay que hablar con la zeta como seña de identidad y rendir pleitesía al converso Blas Infante, imponiendo la parafernalia que requieran estas medidas. Y si a alguien no le gusta, ancha es Castilla, como ya dijera en su momento un ínclito representante de la casta nacionalista.

Andalucía, que es una región extensa, puede subdividirse en Oriental y Occidental, o la Alta y la Baja, que queda más pintoresco. Y de esta forma dar lugar a una República Federal Andaluza que, a su vez, estaría confederada con el resto de las repúblicas del Estado Español.

Lo anterior no es ninguna boutade. Cuando convenga, se crearán las condiciones necesarias para ese advenimiento.

El partido socialista está pasando por horas bajas a causa de los fracasos y de los escándalos. Así lo pregonan las encuestas (incluida una de El Correo de Andalucía, que es la hoja parroquial del PSOE). Y el PP está subiendo, aunque otra cosa es que gane y otra, si gana, que gobierne.

No obstante, el gris Griñán se ha apresurado a llamar al orden a los alcaldes disidentes, que deben cerrar filas y no abrir la boca más que para decir amén. Por otro lado, la ha emprendido con el PP, calificándolo, para variar, de extrema derecha; esta vez, a cuento de internet, al que están deseando hincarle el diente, por lo que ha invitado a sus huestes a que lo invadan.

Este despotismo, que suele ser el comportamiento habitual, se ha incrementado porque se huelen un varapalo electoral.

Pero, felizmente, todos han reaccionado a una, como ha quedado patente en el congreso a la búlgara convocado para echar pelillos a la mar. Miel sobre hojuelas. Concordia sin fisuras. Ni las moscas se atrevían a revolotear.

En realidad, nada nuevo. Hasta en las guías turísticas está consignado. En la de la Biblioteca Metrópoli se lee lo siguiente: “Tras el franquismo, Andalucía se incorporó con entusiasmo a la democracia y hoy disfruta de una óptima situación social y económica”.

 

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