Bitácoras de Rebelión digital 

Bitácora "La encrucijada"   Por Joel Serrano            website stats              

 

El autor de

esta bitácora

Serie:

Liberales

 Vs.

Totalitarios

Capítulo 1

La gran ignominia / Locke

Capítulo 2

Paz o libertad / Reagan

Capítulo 3

La máquina del tiempo / Hayek

Capítulo 4

Calentamiento global, ecologismo y socialismo / Lomborg

Capítulo 5

La ignorancia es la fuerza / Orwell

 

              Liberales

                                  Vs.

           Totalitarios

 

 

 

 

 

 

 

                                 Capítulo 1

                     La gran ignominia / Locke

 

Hace ya muchos años, en el año 1690 para ser exactos, John Locke escribió el “Segundo Tratado sobre el gobierno civil”, pensamiento que sigue siendo hoy en día una de las bases sobre la que se asientan las democracias modernas. Leerlo nos lleva a reflexionar sobre el origen de la legitimidad de los gobiernos, que está situado en el interés particular del individuo. Es fundamental  entender este origen de los gobiernos para aprender a resistir frente a sus abusos, para darnos cuenta de que es legítimo cuestionarlos cuando tienen pretensiones totalitarias. Es necesario por lo tanto explicar ese origen, para lo que seguiremos el pensamiento de Locke 1.

En la naturaleza el hombre no es súbdito de nadie, es libre, totalmente libre, dueño absoluto de sus actos y de sus posesiones. Sin embargo, en ese estado natural de libertad está expuesto a la incertidumbre y a la amenaza de ser invadido por otros hombres, que al ser igualmente libres no respetan más que su propia ley, la de su interés. Esto hace que los hombres decidan someterse al dominio de un poder superior al suyo, organizados en una sociedad, con el fin de proteger sus vidas, sus libertades y sus posesiones (a todo esto Locke le da el nombre genérico de “propiedad”).

  

Por lo tanto el fin que lleva a los hombres a unirse en estados y a ponerse bajo un gobierno, es la preservación de su “propiedad” que no tienen garantizada en el estado de naturaleza al no existir en él una ley fija y conocida, aceptada por todos, como norma de lo bueno y de lo malo, y como criterio para decidir entre las controversias que surgieran entre los hombres. Tampoco existe en la ley de la naturaleza, y es necesario, un juez público e imparcial, con autoridad para resolver los pleitos que surjan entre los hombres, puesto que en la libertad natural, siendo cada hombre juez y parte, la pasión y la venganza pueden llevarle a cometer excesos cuando juzga su propia causa y a tratar con negligencia y despreocupación las causas de los demás. Así mismo se echa en falta un poder que respalde y dé fuerza a la sentencia, a fin de que se ejecute debidamente, ya que sería peligroso, en el estado de libertad, imponer un castigo a la injusticia puesto que pudiera haber quien hiciera que su injusticia imperara por la fuerza.

Así los hombres, a pesar de todos los privilegios de la ley de la naturaleza a los que renuncian como la libertad y el poder ejecutivo, se inclinan a entrar en sociedad, a entregarle el poder a una comunidad para que lo ejerza mediante las personas y las reglas que acuerde, a las que se someterán. Es aquí donde tenemos el derecho original de los gobiernos, del poder legislativo y del ejecutivo. Pero esa renuncia del hombre a favor de la sociedad es hecha con la exclusiva intención de preservarse a sí mismo, de preservar su libertad y su propiedad de una manera mejor, ya que no puede suponerse que criatura racional alguna cambie su situación con el deseo de ir a peor.

Por eso, el poder de la sociedad constituida por el hombre, no puede suponerse que vaya más allá de lo que pide el bien común, sino que ha de obligarse a asegurar la “propiedad” de cada uno —recuerden, sus vidas, sus libertades y sus posesiones—. Y así, el que ostente el poder en un Estado está obligado a gobernar según lo que dicten las leyes establecidas, promulgadas y conocidas del pueblo y no mediante decisiones imprevisibles; ha de resolver los pleitos mediante jueces neutrales y honestos y de acuerdo con dichas leyes, y todo esto no debe estar dirigido a otro fin que no sea el de lograr la paz, la seguridad y el bien del pueblo.

Siendo John Locke el gran defensor del pacto social de los hombres basado en la mayoría, incluso habiéndose adelantado en cierta medida a Montesquieu al defender la separación de los poderes legislativo y judicial, al abordar temas como el origen de la legitimidad de los gobiernos y de la propiedad, llega sin embargo a defender la libertad de cuestionar el poder vigente, el derecho a la resistencia frente a la autoridad abusiva e incluso el derecho, si no quedara otro remedio, a poner fin al pacto social mediante la disolución de ese gobierno civil, al mando y al servicio de la sociedad, que propugnaba.

La gran ignominia de José Luis Rodríguez Zapatero, la mayor vileza moral que puede cometer un gobierno, es la humillación pública a la que ha sometido a las víctimas del terrorismo, esos auténticos héroes de la democracia española a los que en lugar de ayudar y apoyar, amén de darles el tratamiento que se merecen, ha ultrajado, despreciado y abandonado.

A pesar del inmenso sufrimiento de las víctimas del terrorismo durante todos estos años, tenían el minúsculo consuelo de que la humillación que sufrían provenía siempre de los que tenían enfrente, de los nacionalistas y de los propios verdugos y su entorno 2,  lo que por otra parte proporcionaba, al que tuviera fuerzas, un objetivo contra el que luchar, una forma de desahogarse. Sin embargo nunca habían tenido que soportar tener que defenderse de su propio gobierno, del gobierno de España, de los que creían que estaban en su mismo bando, situación que es mucho más dura, que digo dura ¡es una auténtica traición! como nos recordaba ante las cámaras una emocionada Pilar Ruiz 3, madre de Joseba Pagazartundúa, el día que “Patxi” López (PSE) se reunía con los etarras de Batasuna en un hotel de San Sebastián. Traición que incluso ha hecho reaccionar a valientes mujeres —¡qué tendrán estas mujeres!— del propio partido socialista de Euskadi como Gotzone Mora y Rosa Díez que olvidándose de las siglas y de las consignas de partido no se cansan, una vez tras otra, de denunciar la falacia y la infamia, a pesar de que les va a costar casi con toda seguridad la expulsión de su partido y el arrinconamiento civil. La talla moral de estas mujeres, incluyendo entre ellas a la infatigable María San Gil, así como la de las víctimas del terrorismo en general, la podemos medir observando cómo en lugar de ser la sociedad civil la que intenta animarlas a seguir adelante en su lucha diaria, que bastante tienen, son ellas mismas las que animan a la sociedad, las que están tirando de ella y despertándola de su letargo, las que arrastran cada vez a más ciudadanos, las que les convencen de que esa auténtica rebelión cívica que está teniendo lugar en España, esa lucha por la Libertad, al final merecerá la pena.

Como nos demuestra Locke, ya desde los orígenes de las democracias occidentales modernas se cuestiona a los gobiernos que se olvidan de los intereses de sus conciudadanos para dejarse llevar por otros intereses, casi siempre inconfesables e inconfesados, pero que suelen ser causados por el apego al poder, a la influencia y al dinero y de los que sólo salen beneficiados los propios gobernantes y sus allegados. Una vez más este protoliberal nos hace reflexionar y nos lleva a preguntarnos si un gobierno que traiciona a sus gobernados, a los que tiene el deber de garantizar “sus vidas, sus libertades y sus propiedades”, no habrá perdido su legitimidad de origen, no merecerá ser disuelto…

         Escrito por J.S.M. para Rebelión digital el 12 de diciembre de 2006

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1 Puede leer un interesante fragmento de su “Segundo Tratado sobre el gobierno civil” en:

        http://liberalescontratotalitarios.rebeliondigital.es/John_Locke.htm

2 Las víctimas también sufrieron el olvido de los gobiernos de Felipe González, recuerden la colecta pública que hizo el ABC, que fue un éxito,  ante el anuncio de que el gobierno les retiraba cualquier tipo de ayuda mientras concedía subvenciones a todo clase de asociaciones.

3 Vean en el siguiente enlace las desgarradoras imágenes de Pilar Ruiz, madre de Joseba Pagazartundúa y votante socialista, llamando traidor a su partido entre sollozos mientras con gran valentía protesta por la reunión que en ese momento estaba teniendo lugar en un céntrico hotel de San Sebastián entre el PSE de “Patxi” López y los etarras de Batasuna.

        http://rebeldesconcausa.rebeliondigital.es/Las_mentiras_de_ZP_y_su_Gobierno.htm

 

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