Están muy
claras las posibles combinaciones para la gobernabilidad de la Comunidad
Autónoma Vasca. E incluso “parecen” muy factibles algunas de ellas si
nos atenemos a las declaraciones de los protagonistas. Proclamó Pachi
López su disposición “irrenunciable” a ser lehendakari. Aseguró
Zapatero: "Corresponde […] a Patxi López, tomar las decisiones
oportunas". "Conozco bien a Patxi López y va a ser coherente con su
compromiso expresado con los ciudadanos". Antonio Basagoiti, se ha
declarado "dispuesto" a apoyar a Pachi López, y aseguró que confía en
que PP y PSOE se puedan "poner de acuerdo"...
Las
combinaciones serían las siguientes:
La opción
más probable atendiendo a lo que dicen los políticos sería un gobierno
del PSE-EE con apoyo externo del PP y de UPyD si hiciera falta. Con
Pachi López como presidente.
A
continuación tendríamos una coalición del PSE-EE con el PNV. Con Pachi
López de nuevo llevándose la presidencia.
En tercer
lugar situaría una coalición del PNV con el PSE-EE, con un miembro del
partido jeltzale* como presidente (descarto a Ibarreche).
La
penúltima posibilidad sería una coalición del PSE-EE con el PP,
asumiendo éste último las consejerías de Interior, Educación y Cultura
como condición sine qua non. Pachi López ejercería como presidente.
Y por
último el PNV en coalición con el PP, con las mismas condiciones citadas
en la opción anterior. El PNV decidiría el presidente, que como digo
nunca sería Ibarreche.
Estas son
las opciones de la quiniela política vasca, unas bastante realistas,
otras que pertenecen al género de la ciencia ficción. No tengo en cuenta
como posible opción política ―sino como corrupción y estafa a los
electores― el transfuguismo que pudiera darse desde el PSE-EE hacia el
PNV. Tampoco considero la posibilidad de que el PSE-EE comience la
legislatura con unos apoyos externos condicionados, teniendo la decisión
ya tomada de traicionarlos y cambiar esos apoyos en un corto plazo de
tiempo, puesto que lo que aquí se analiza son los posibles pactos de
investidura. Los cambios de gobierno futuros además de no seguros, son
en todo caso legítimos y se responde de ellos en las urnas.
Dicho esto
y dado que los políticos en general, y los socialistas en particular,
mienten más que hablan, tenemos que hacer nuestro análisis sin contar
con una sola de las palabras pronunciadas o de las promesas hechas en
campaña por los profesionales del enredo.
La primera
opción lleva implícito un cambio de política en el PSOE a nivel
nacional, amén de sus correspondientes consecuencias a nivel autonómico.
Ruptura con los nacionalismos, legitimación del PP y pactos de estado
ante la crisis. De todo ello lo único creíble sería que llegaran a algún
tipo de melifluo acuerdo con el PP (¡esos grandes estadistas!) más para
compartir responsabilidades ante el desastre económico que se avecina
(todavía no ha llegado lo peor) que para poner soluciones. Descarto esta
opción por las dos primeras condiciones. El PSOE no quiere romper con
los nacionalistas (recuerden que de hecho ya son ellos mismos
nacionalistas en muchas partes de España) ni pretende legitimar a su
principal enemigo político, como hemos podido comprobar en los días
previos a las últimas elecciones autonómicas en los que se fueron de
“cacería”.
Considero
que el que el PSE-EE aparente dejarse apoyar por el PP (por supuesto
desde fuera, ¡puaj!, ¡qué asco!) sólo es la forma que tienen los
socialistas de hacer ver al PNV que han perdido y de que acepten un
acuerdo beneficioso para ambos pero liderado por Patxilendakari.
Cuanto más creíble parezca la primera opción de la quiniela, el pacto
PSE-EE/PP, más cerca estará de realizarse la segunda que sin ninguna
duda es mi apuesta: la coalición PSE-EE con el PNV. Por otro lado la
segunda y la tercera opción son la misma, simplemente variando quién se
lleva el gato al agua en la pugna, regateo, chantaje, amenaza… por la
presidencia, y como digo pienso que será Patxi.
La cuarta
combinación queda eliminada como tal en cuanto he descartado incluso la
primera que va en la misma línea y es mucho más suave y asimilable por
parte del PSOE.
La quinta
tampoco tiene muchas posibilidades de salir adelante, por razones
obvias. Más bien ninguna. Simplemente es posible matemáticamente.
Ahora bien,
estas dos últimas opciones, la cuarta y la quinta, deberían ser
planteadas por el PP. Porque ¿cuáles son las opciones reales del PP de
influir en la política vasca de la próxima legislatura? En mi opinión
ninguna. No pasan de ser como ya he dicho una excusa para que el PSE-EE
logre el apoyo del PNV. El PSOE no va a dar ninguna oportunidad de
resurgir al PP nacional. No logrará el PP ningún cambio aceptable en la
política vasca por parte del PSE-EE, ni tan siquiera siendo el PP mismo
el que rebaje sus exigencias de cambio, o sea que pisotee sus principios
(entonces empezaríamos a explicarnos la defenestración de María San
Gil). Y en todo caso esa humillación no serviría para el objetivo
previsto de variar la política nacionalista sino precisamente para
apoyarla, beneficiando de paso a otro partido político, quedándose de
igual manera fuera del gobierno y acabando de perder los pocos votos que
todavía les quedan. Ante esta perspectiva debería el PP, en lugar de
humillarse ante sus rivales al estilo Piqué, ofrecer sus escaños para
formar gobierno, tanto al PSE-EE como al PNV, siempre a cambio de las
Consejerías de Interior, Educación y Cultura, y que se peguen entre
ellos. Nada de pedir que otros hagan determinadas políticas, sin ninguna
garantía, sino hacerlas ellos mismos con sus propios ministrines.
Parece descabellado, por supuesto. Pero recuerden a Arzallus con Álvarez
Cascos y entusiasmado con el PP. Al PSOE siempre le quedará la duda de
si el PNV aceptará ese ofrecimiento con tal de no perder la presidencia
y sobre todo el poder que ha ido tejiendo durante treinta años. Perder
el poder es muy duro… sobre todo para los que no conocen otra cosa. El
que quiera el apoyo del PP que vuelva al redil constitucional. Y ninguna
prueba de sinceridad mejor que permitiéndoles gestionar las citadas
consejerías. ¡Qué no aceptarán!, por supuesto que no. Pero el PP
mantendrá su dignidad y el PSOE la perderá yéndose una vez más con los
nacionalistas.
Ya sólo nos
queda la gran decisión. Tras las últimas elecciones me sorprendió
desagradablemente Rajoy, aunque él se defina como perfectamente
previsible, y el PSOE me ha sorprendido en innumerables ocasiones, pero
de hecho siempre, siempre para peor. Por lo tanto espero con pesimismo.
Mi apuesta, repito, es la segunda. Ojalá me equivoque.
Coda
(para los ilusos de la primera opción):
¡Oh! Un
gran pacto de estado. Un pacto contra la crisis, un pacto contra los
nacionalismos, un pacto por España en definitiva. ¡Qué bonito! Estoy a
punto de llorar. Pienso en Zapatero y me emociono, también en Garzón, y
en Conde Pumpido, y en Rubalcaba. Todos unidos de la mano con Rajoy, y
Soraya, y Arriola. ¡De repente! Noto una picadura, me despierto, es el
aguijón socialista que lleva en su naturaleza la ruptura de lo español,
el cambio de régimen que comenzó en el mejor de los casos un 13-M y en
el peor un 11-M. Han clavado su aguijón en los ingenuos peperos y se
hunden en el abismo… Cuando más confiados estaban... ¡Ahhhhhh…!
*Soy consciente de que no
todos los lectores conocen el palabro. Los jeltzales son los “seguidores
de JEL” y éste es el acrónimo de Jaungoikoa eta Legi Zarra, es decir,
"el Señor de lo Alto [Dios] y leyes viejas [Fueros]. En definitiva son
los peneuvistas y su lema.
¿La dictadura del mercado?
Por
Joel
Serrano
(editor de Rebelión Digital)
Lunes, 27 de octubre de 2008
En
este mundo occidental carcomido hasta las entrañas por un cáncer
interno llamado ONU, en este teóricamente mundo libre tan teórico como
la perfección de la democracia, en definitiva, en este nuestro mundo
―nos guste o no su evolución― de nuevo nos situamos a remolque de los
herederos del colectivismo y de la planificación central. Estos
“pobrecitos” huérfanos, sin una tutela clara, vagaron durante años
compungidos y desorientados por el hundimiento de su barco nodriza, pero
se recuperaron, como nos demostró Revel en “La gran mascarada”, y
de nuevo pretenden coger el timón y marcar el rumbo del mundo, máxime en
estos momentos de zozobra. Para asegurarse de que seguimos su camino nos
han colocado dos peligrosos acompañantes: el relativismo cultural y el
estatalismo económico. Relanzado este último por la crisis económica
actual e incluso
antes por un ecologismo politizado y radicalizado que es su cómplice, su
estímulo y su excusa. Y todo ello aderezado, por supuesto, con un
control a nivel mundial de los medios de comunicación y de las
universidades que resulta
sobrecogedor.
No es
objeto de análisis en este artículo el citado relativismo cultural, auténtico caballo de Troya introducido en nuestras sociedades,
centrándose exclusivamente en el creciente estatalismoo neosocialismo.
Ya lo detectábamos claramente en la explotación
de las apocalípticas y falsas
predicciones sobre el cambio climático con medidas que pretenden
obligar a cumplir a todos los países, desde Kyoto hasta las más
recientes, medidas que suponen una auténtica planificación mundial de la
economía. Y actualmente vemos este estatalismo a nuestro alrededor engordando y
fortaleciéndose con la carroña que ocasiona la crisis económica.
Disfrutan los defensores
del intervencionismo y del control estatal puesto que imponen sus
“soluciones” para “salvarnos” y ante semejante demagogia hasta muchos de
los que defendían el libre mercado las aplauden, al grito de ¡sehundeelsistema-hayqueintervenir! Repentinamente la gran solución a la crisis que
han descubierto los países más prósperos del mundo es la intervención
total o nacionalización. ¿Habría sospechado alguien hace uno o dos años
que pudieran nacionalizarse empresas de las magnitudes que estamos
viendo en nuestro suntuoso primer mundo? Observábamos estas actitudes
gubernamentales en el tercermundismo voluntario de algunos países
de Hispanoamérica como Venezuela o Bolivia con lástima y compasión por
los inocentes ciudadanos. Las criticábamos con dureza y por supuesto con
argumentos que sólo pueden desconocer o desoír los dirigentes
malintencionados. Pero verlo en Estados Unidos o en Gran Bretaña, en
Bélgica o en Alemania es bastante sorprendente e impactante. Tanto que
ahora los groguis, los que deambulemos aturdidos ante lo que se nos
viene encima, podemos ser los defensores de la libertad. Agradezcámoselo
a esos dirigentes políticos cortoplacistas y faltos de ideas. Ni en
nuestras peores pesadillas podríamos haber previsto que se reaccionara a
la actual crisis económica de la manera en que se ha hecho. La peor
posible, pagando todos los ciudadanos los errores de unos pocos. Y
además debemos estar agradecidos pues, como
siempre, lo hacen “por nuestro bien” ―eso nunca cambia en el socialismo mesiánico.
Pero
fíjense en un pequeño detalle, como se puede observar y ya he apuntado
en los anteriores párrafos, no sólo los socialistas ―en el sentido más
amplio de la palabra― sino que también los conservadores han apoyado
estas medidas. A pesar de que la gran mayoría de conservadores de todo
el mundo se reconocen ya como liberales ―en cuanto a economía se
refiere― está claro que en este momento ha pesado más la naturaleza
irracional de su conservadurismo que se opone a todo cambio súbito, que
teme lo desconocido, esa mentalidad que sólo siente tranquilidad y
sosiego si hay alguien que por encima de todos controla que los cambios
se lleven a cabo ordenadamente. Saben perfectamente que el mercado es
más sabio que los dirigentes políticos pero no pueden evitar apoyar este
dirigismo que estamos viendo actualmente. Algún día estos conservadores
(muchos ya lo han hecho) se darán cuenta de que si el libre mercado es
lo que produce el mayor bienestar para los ciudadanos, será siempre
preferible a la intervención, al igual que la democracia es mejor que
cualquier otro sistema de gobierno conocido, aunque no sea perfecta.
Además estos defensores del libre mercado a tiempo parcial no deberían
olvidar que su enemigo está siempre al acecho y que, al igual que las
bestias, ataca cuando ve débil e indefensa a su presa. Y la causa de la
libertad ―no sólo económica sino también política― está ahora
muy débil, en uno de
sus peores momentos de las últimas décadas. Porque libertad sólo hay
una. Y no se puede dividir, como no se puede dividir la Verdad de Parménides. La libertad política es inseparable de la libertad
económica. ¿O qué se pensaban? Si están manejados los recursos por el
estado arbitrariamente ¿quién nos asegura que no los utilizarán para
forzar nuestra voluntad, para violentar nuestras libertades? ¿Quién nos
garantiza que no recorreremos el tortuoso camino de servidumbre descrito
por Hayek?
El mercado debe permitir enriquecerse si se hacen
bien las cosas al igual que debe permitir arruinarse si se hacen
rematadamente mal. Los organismos económicos internacionales llevados
por su propio interés y por el de los gobiernos que tienen detrás no han
querido resolver a lo largo de las últimas décadas loserrores de regulación del sistema, no se
han atrevido a enfrentarse a los problemas ―ese conservadurismo del que
les hablaba, madrecita madrecita que me quede como estoy― por lo
que en lugar de intentar solucionarlos tomando medidas drásticas
profundizaron en los errores inyectando dinero artificialmente, una vez
tras otra, creando para los ciudadanos un aparente presente de riqueza y
prosperidad, trasladando la crisis hacia un futuro mucho más negro pero
que en todo caso le tocaría lidiar a otros…En definitiva no han dejado que el mercado
purgara sus errores y excesos, la mayoría causados por las instituciones
públicas, y
esa crisis futura ya está aquí. Es el triste presente.
Llegados a este punto, con una crisis financiera mundial en su apogeo,
los organismos internacionales han recomendado a
los países que intervengan para evitar, según dicen, la muerte del
enfermo, el sistema. Muchos países ya lo han hecho, algunos gobernantes
a regañadientes y otros felices como nuestro risueño iluminado que está
encantado de poder manejar discrecionalmente al menos el quince por
ciento del PIB. A Zapatero no le importa lo que opinemos los
paganinis y por el momento no nos deja otra opción que aceptar los
hechos consumados de las intervenciones masivas y que continuemos
“disfrutando” del espectáculo.
El
siguiente paso que se va a producir es una reunión para, según dicen, “refundar el capitalismo”. Es lo que se pretende hacer en la
próxima cumbre internacional de Washington, el 15 de noviembre. ¡Ay! Me
temo lo peor. No cabe duda de que el Capitalismo es el único sistema que
ha hecho progresar a la humanidad y ha reducido la pobreza. Sin embargo,
como a la Libertad, es necesario defenderlo cada día. En lugar de eso lo
que han hecho las autoridades ―con sus actitudes simplistas y demagógicas―
es que aumenten los que creen en “las bondades de la intervención estatal
que nos salva del capitalismo salvaje” poniéndole en bandeja la
victoria ideológica a sus enemigos. Que los tiene, y muchos, y
poderosos. Y nos ponen en dificultades a sus defensores... en realidad a
todos los ciudadanos, sean conscientes o no de ello.
Pero el espectáculo continúa. Vemos a Zapatero (tras dos tardes de clases
de economía extraordinarias) deseando entrar en el selecto grupo de los
elegidos para decidir el nuevo rumbo de la economía mundial. Zapatero al
parecer tiene mucho que decir en la refundación del capitalismo. Pepiño,
su escudero, o Blanquito que parece que le gusta más, ha aclarado que van a señalar el camino correcto a los
“causantes” del estropicio económico… ¡Qué poderío! ¡Qué grandes
estadistas! Votémosles para el próximo Nobel de economía.
Ahora
en serio. Nos toca
esperar las múltiples posibilidades que se abren una vez “salvado” o
rematado el sistema: una de ellas es la que defienden los partidarios de
la socialdemocracia metomentodo e intervencionista, sistema económico
fracasado pero al que no le faltan seguidores, ¿de qué iban a vivir si
no? En este grupo también están agazapados los amigos de ZP ―los del ¡socialismo
o muerte!―y algunosderechistas acomplejados o demasiado
conservadores. Otra posibilidad es implantar de nuevo la libertad de
mercado pero esta vez sin el lastre que se arrastra desde Roosevelt y el
New Deal y que sólo mitigó ligeramente la política liberal de Ronald
Reagan.
Espero, muchos lo esperamos, que se imponga la Libertad en lugar de la
tutela de Papá Estado pero mucho me temo que no podemos ser optimistas
después de oír las últimas declaraciones de un desconocido Sarkozy: “se
ha acabado la dictadura del mercado”. ¿De qué dictadura está hablando?
¿Se ha vuelto loco? En fin, esperemos y veamos si la locura es contagiosa.
Otra estampa de la vida en Euskadi
Por
Joel
Serrano
(editor de Rebelión Digital)
Miércoles, 23 de julio de 2008
Los
fragmentos de la “adivinanza” planteada en el artículo anterior
corresponden a “Historia de un Alemán. Memorias 1914-1933”. Leyendo este
libro autobiográfico de Sebastian Haffner se queda uno impresionado con
las descripciones de la sociedad alemana ―previa a la llegada del
nazismo y durante sus comienzos― que nos legó su autor. Y utilizo
“legar” porque no sólo nos transmitió sus ideas sino que también nos lo
dejó en “testamento” ya que el libro escrito en 1939 no fue publicado
hasta después de su muerte en 1999, cincuenta años más tarde. Detalles
aparte, uno de los motivos de la gran impresión que causa en los
lectores, sobre todo en los que vivimos en el País Vasco, es que vemos
muchas similitudes entre la sociedad alemana pre-nazi y la sociedad
vasca de finales del siglo XX y principios del XXI. Lo triste de esta
adivinanza que les he planteado ―hayan acertado o no― es que sea posible
el intercambio de situaciones. Y lo es en muchos casos, más de los que
nos gustaría.
Podría en
este artículo ―una vez más― establecer paralelismos entre las dos
sociedades citadas, o hablarles de la sensación que tiene un ciudadano
que se manifiesta contra la ETA en el País Vasco mientras la gente está
sentada a su alrededor en las terrazas o tomando el sol ―como si no
fuera con ellos― mirándole como a un bicho raro que les provoca
crispación y altera su “paz” y su “tranquilidad”. Pero en este caso voy
a relatarles algo más trivial ―una anécdota sin importancia por lo que
tiene de habitual pero importante por el mismo motivo― que me sucedió
con un amigo de Bilbao.
Este amigo
es militar.
Curiosamente al decir que es militar tengo una extraña sensación, como
si fuera un amigo judío en los tiempos que nos describe Haffner en su
gran libro. Este amigo me confió que había conocido a una chica
(candidata a novia) con la que llevaba saliendo unos dos meses.
Hablando, hablando, me dijo que era de Hernani.
―¿De
Hernani, Guipúzcoa? Le dije sorprendido.
―Si de ahí.
¿Por qué lo dices? ¿Por qué pones esa cara?
―No… por
nada. ¿Sabe que eres militar?
―No,
todavía no se lo he dicho.
―Bueno… ya
me contarás cuando se lo digas. Es que… creo que es un pueblo muy “batasuno”.
Pero bueno, eso no quiere decir nada. Ella no tiene por qué serlo. Pero
da la casualidad de que Hernani es uno de los primeros pueblos del País
Vasco que conocí, en el año 1991, y todavía recuerdo lo que me impactó
ver cuadros con la foto de etarras y su “historia” colgados por las
paredes de todo el casco viejo.
Dejamos la
conversación y me fui pensando. ¿Tendrá suerte mi amigo o estará esa
chica inoculada por el virus del nacionalismo? Si no lo está ¿será capaz
de superar los tabúes de la sociedad cerrada en la que vive?, ¿”podrá”
continuar esa chica la relación sin plantearse abandonar su pueblo?
Desde el primer momento di por hecho que si era nacionalista le dejaría,
aunque también cabía la posibilidad de que comenzara una lucha en su
interior en la que se impusiera el razonamiento y la mesura en lugar de
la exaltación. Llegué a
casa, me puse a escribir un artículo sobre el tema y acabé dándole
vueltas a la cita de Ortega:
Yo soy
yo y mi circunstancia, si no la salvo a ella no me salvo yo
Algunos han
querido interpretar, interesadamente, este pensamiento de forma similar
a como utilizan la cita de Rousseau “el hombre es bueno por naturaleza,
es la sociedad quien lo corrompe” para justificar cualquier atropello
del sentido común echándole la culpa a los demás, a la sociedad. En ello
se basa la reinserción “obligatoria” del código penal español, pues un
condenado a 3000 años como el terrorista De Juana no llega a cumplir 20,
gracias a que “la culpa no es suya sino de la sociedad”, y como además
el Estado es infalible y ha decidido que la cárcel tienecomo
fin primordial la reeducación y la reinserción social, pues dicho y
hecho, ahí nos devuelven al angelito reeducado, reinsertado y
rehabilitado, no hay más que verlo…
Pero
―recupero el hilo― no era precisamente la idea rousseauniana lo
que quería transmitir Ortega cuando hablaba de la circunstancia. Ésta
para Ortega no equivale a las circunstancias que nos rodean, la
sociedad, sino algo más profundo, por eso no habla de “las
circunstancias” sino de “mi circunstancia”. Cada uno está formado por sí
mismo y por la realidad circundante que forma la otra mitad de su
persona, y en esos dos ámbitos tiene que actuar, decidir…, tanto en lo
social ―que es lo que uno se encuentra irremediablemente a su alrededor―
como en lo físico y mental ―que también en parte le es dado, ya sea el
cuerpo, las habilidades, la inteligencia, y que también pueden favorecer
u obstaculizar su progreso del mismo modo que las cosas mundanas―.En “La Rebelión de las Masas” Ortega
nos aporta algo de luz: “…es falso decir que en la vida 'deciden las
circunstancias'. Al contrario: las circunstancias son el dilema, siempre
nuevo, ante el cual tenemos que decidirnos. Pero el que decide es
nuestro carácter”. Parece que empezamos a perfilar la manera de “salvar”
nuestra circunstancia, de hecho, vivir verdaderamente, consiste en eso.
Salvar la circunstancia de cada uno por lo tanto sería no sólo salvarse
de lo que le rodea sino salvarse uno mismo.
Somos, en
definitiva, los protagonistas de “nuestra película” ―nuestra vida―. Pero
no es nada fácil el trabajo de actor principal. Muchos a mitad del
rodaje se convierten en actores secundarios, incluso en extras sin papel
alguno que pasan por la película ―como por la vida― sin decir esta boca
es mía, completamente mimetizados con el decorado. Decía Ortega: “¿Puede
hoy un hombre de veinte años formarse un proyecto de vida que tenga
figura individual y que por lo tanto necesitaría realizarse mediante sus
iniciativas independientes, mediante sus esfuerzos particulares? Al
intentar el despliegue de esta imagen en su fantasía ¿no notará que es,
si no imposible, casi improbable, porque no hay a su disposición espacio
en que poder arrojarla y en que poder moverse según su propio
dictamen?... El desánimo le llevará, con la facilidad de adaptación
propia de su edad, a renunciar no sólo a todo acto, sino hasta a todo
deseo personal, y buscará para sí una vida estándar, compuesta de
desiderata comunes a todos,...”
Acertó
Ortega en este último mensaje pesimista-realista. Pasado un tiempo, le
pregunté a mi amigo por su relación con la hernaniarra. Me confesó que
cuando le dijo que era militar le dejó. No quiso entrar en los
pormenores, por lo que me faltan datos para hacer un análisis más
detallado. Pero su decisión de romper, por esa razón, una relación con
una persona que le gustaba y con la que se encontraba a gusto, puede ser
causada por dos motivos diferentes. En primer lugar podría ser que sus
odios y sus prejuicios le impidan continuar la relación, por lo que
sería muy coherente lo que ha hecho, tanto como repugnantes las ideas
que los causan. El segundo motivo podría ser que el miedo a enfrentarse
a la sociedad tribal en la que vive, donde sabe perfectamente que no
estaría bien visto su novio, le lleve a desistir antes de que la
relación se consolide, no teniendo ella particularmente ningún problema
con el asunto.
El primer
caso está relacionado con una enfermedad que padece gran parte de la
sociedad vasca, enfermedad que también se encuentra en otras regiones de
España y que está contagiando peligrosamente a zonas de nuestro país que
nunca la padecieron. Se llama nacionalismo como todo el mundo sabe.
El miedo a
enfrentarse a la sociedad, citado en el segundo caso, es causado por la
falta de valentía y de dignidad personal, por la pereza que produce el
salirse de lo consuetudinario, por la comodidad de dejarse llevar
arropado por el grupo, por la abundancia de indolencia y la ausencia de
sana rebeldía. En resumen tenemos en este supuesto ante nosotros a una
chica ―y traslado todas las características que le he adjudicado a ella,
a la mayoría de los ciudadanos que viven en el País Vasco―, que tiene el
perfil del antihéroe, por contraposición al héroe definido por Ortega:
“Existen hombres decididos a no contentarse con la realidad. Aspiran los
tales que las cosas lleven un curso distinto: se niegan a repetir los
gestos que la costumbre, la tradición, y en resumen, los instintos
biológicos les fuerzan a hacer. A estos hombres los llamamos héroes.
Porque ser héroe consiste en ser uno, uno mismo. Si nos resistimos a que
la herencia, a que lo circunstante nos impongan unas acciones
determinadas, es que buscamos asentar en nosotros, y sólo en nosotros,
el origen de nuestros actos. Cuando el héroe quiere, no son los
antepasados en él o los usos del presente quienes quieren, sino él
mismo. Y este querer ser él mismo es la heroicidad. No creo que exista
especie de originalidad más profunda que esta originalidad 'práctica',
activa del héroe. Su vida es una perpetua resistencia a lo habitual y
consueto.”
Pero ya
saben ―y si no, se lo cuento yo― que en el País Vasco la valentía y la
dignidad no abundan, mucho menos la heroicidad. Parecen reservadas
exclusivamente para las víctimas del terrorismo y unas pocas de personas
más que tristemente son la excepción en esta sociedad cobarde en la que
vivimos. Los demás se refugian en el no pasa nada…
Silencio
cómplice. Como en la Alemania nazi.
Adivina, adivinanza... sobre la huida
del totalitarismo
Por
Joel
Serrano
(editor de Rebelión Digital)
Lunes, 21 de julio de 2008
A
continuación pueden leer fragmentos de un libro ―de momento les oculto
cual― en el que se han modificado las palabras-clave necesarias para
identificar de qué lugar trata. Les ofrezco dos opciones del mismo
texto, una de ellas falsa y les propongo que adivinen cual de las dos es
la versión original, tienen el cincuenta por ciento de posibilidades de
acertar. Diré la solución ―libro y autor, amén de algunos comentarios―
en el siguiente artículo. Pueden enviar la respuesta a través de los
comentarios.
SOLUCIÓN A
“Casi
todos mis lectores conocerán de antaño a algún que otro vasco, y la
mayoría pensará que estos conocidos vascos son gente normal, amable y
civilizada, unas personas como cualquier otra, a excepción de las
peculiaridades nacionales que todos tenemos. Al oír el tono de los
discursos que hoy día resuenan desde el País Vasco (y percibir el aroma
de los acontecimientos que allí suceden), casi todos pensarán en sus
conocidos y se preguntarán estupefactos: ¿Y qué pasa con ellos? ¿De
veras forman parte de esa casa de locos? ¿Es que no se dan cuenta de lo
que les está ocurriendo ni de lo que se está perpetrando en su nombre?
¿Acaso lo aprueban? ¿Qué tipo de personas son? ¿Qué debemos pensar de
ellos?
En
efecto, tras esta falta de explicaciones se esconden experiencias y
procesos emocionales insólitos sumamente extraños y reveladores, cuyas
consecuencias históricas son aún impredecibles. Yo me ocupo de ello. Y
no es posible acercarse a estos procesos sin seguirlos hasta el lugar
donde se desarrollan: en la vida privada, en los sentimientos y las
ideas propias de cada vasco. Es ahí donde se producen, tanto más cuanto
que, desde hace ya tiempo, una vez despejado el campo de la política, el
Estado voraz y conquistador ha ido avanzando hasta penetrar en el que
fuera el ámbito privado, del que también está tratando de expulsar a su
enemigo, al hombre obstinado, para después someterlo, es ahí, en la
máxima intimidad, donde hoy está teniendo lugar en el País Vasco el
combate que buscan en vano quienes quieren poner su mira en el terreno
político. Lo que uno come y bebe, la persona a la que uno ama, las
aficiones a las que dedica su tiempo libre, la gente con la que trata,
si sonríe o tiene un aspecto siniestro, lo que lee y los cuadros que
cuelga en la pared… en eso consiste la lucha política en el País Vasco.
[…]
No,
eso de replegarse en la vida privada no funcionó en absoluto. Daba igual
dónde intentara aislarse uno, pues en todas partes volvía a encontrarse
con aquello de lo que pretendía huir.
Me di
cuenta de que la revolución vasca había suprimido la antigua división
entre política y vida privada, y de que era imposible tomársela como un
simple “acontecimiento político”. La revolución no sólo se produjo en la
esfera política, sino también en cada vida privada, actuando como un gas
tóxico que penetra a través de todas las paredes. Si de verdad se quería
escapar a sus efectos, sólo había una solución posible: el
distanciamiento físico, la emigración, despedirse del país al que uno
pertenece por nacimiento.
[…]
Mientras la caída en el fango tenía lugar ante mis ojos acompañada de un
júbilo patriótico y de alaridos de triunfo “nacionalista”, yo ya había
manifestado mediante varios ataques de ira mi intención de emigrar, de
no querer tener nada que ver con “este país”; prefería abrir un estanco
en Cuenca antes que ser Diputado en el Parlamento Vasco. Pero aquello
habían sido ataques tras los cuales había poca reflexión y poca
realidad. Otra cosa muy distinta era proponerse en serio y de una vez
por todas abandonar mi país entonces, en mitad del frío estremecedor y
vacuo de aquellos meses de despedida.
El
caso es que yo en modo alguno me consideraba nacionalista. El
nacionalismo de club deportivo que imperó durante la Transición y que
hoy alimenta el espíritu de los nacionalistas, la alegría ávida e
infantil que supone el hecho de ver el propio país representado en el
mapa como una mancha cada vez más y más grande, la sensación de triunfo
por las “victorias” conseguidas, el placer ante la humillación y el
sometimiento ajenos, el gozoso paladeo del temor que uno inspira, el
autobombo nacional al estilo de los “bertsolaris”, la manipulación
onanista en torno al pensamiento “vasco“, al sentimiento “vasco”, a la
lealtad “vasca”, al hombre “vasco”, “¡sé vasco!”… hacía tiempo que todo
eso me parecía simplemente asqueroso y repugnante, no había nada a lo
que me viese obligado a renunciar.
[…]
El
sometimiento voluntario a éste proceso de desvinculación íntima del
propio país es un acto de radicalismo bíblico: “Si tu ojo es para ti
ocasión de pecado, sácatelo”. Muchísimos de los que estuvieron tan a
punto como yo de hacerlo no fueron capaces de llevarlo a término y,
desde entonces, su emoción y su razón van por ahí a trancas y barrancas,
sin posibilidad de avanzar, estremeciéndose ante los crímenes cometidos
en su nombre, siendo más bien incapaces de rechazar abiertamente esta
responsabilidad y viéndose atrapados en una red de conflictos sin
solución aparente: ¿acaso no deben sacrificarse por su país y por una
visión más correcta de las cosas, por la moral, por la dignidad humana,
y por su conciencia?, ¿es que eso que ellos denominan “el imparable
ascenso de Euskalherría ” no demuestra que merece la pena sacrificarse y
que las cuentas resultarán bien?
[…]
Pues,
-y esto fue lo que finalmente hizo de mi despedida algo casi inevitable-
el País Vasco dejó de ser el País Vasco. Los propios nacionalistas lo
habían destruido.”
SOLUCIÓN B
“Casi
todos mis lectores conocerán de antaño a algún que otro alemán, y la
mayoría pensará que estos conocidos alemanes son gente normal, amable y
civilizada, unas personas como cualquier otra, a excepción de las
peculiaridades nacionales que todos tenemos. Al oír el tono de los
discursos que hoy día resuenan desde Alemania (y percibir el aroma de
los acontecimientos que allí suceden), casi todos pensarán en sus
conocidos y se preguntarán estupefactos: ¿Y qué pasa con ellos? ¿De
veras forman parte de esa casa de locos? ¿Es que no se dan cuenta de lo
que les está ocurriendo ni de lo que se está perpetrando en su nombre?
¿Acaso lo aprueban? ¿Qué tipo de personas son? ¿Qué debemos pensar de
ellos?
En
efecto, tras esta falta de explicaciones se esconden experiencias y
procesos emocionales insólitos sumamente extraños y reveladores, cuyas
consecuencias históricas son aún impredecibles. Yo me ocupo de ello. Y
no es posible acercarse a estos procesos sin seguirlos hasta el lugar
donde se desarrollan: en la vida privada, en los sentimientos y las
ideas propias de cada alemán. Es ahí donde se producen, tanto más cuanto
que, desde hace ya tiempo, una vez despejado el campo de la política, el
Estado voraz y conquistador ha ido avanzando hasta penetrar en el que
fuera el ámbito privado, del que también está tratando de expulsar a su
enemigo, al hombre obstinado, para después someterlo, es ahí, en la
máxima intimidad, donde hoy está teniendo lugar en Alemania el combate
que buscan en vano quienes quieren poner su mira en el terreno político.
Lo que uno come y bebe, la persona a la que uno ama, las aficiones a las
que dedica su tiempo libre, la gente con la que trata, si sonríe o tiene
un aspecto siniestro, lo que lee y los cuadros que cuelga en la pared…
en eso consiste la lucha política en Alemania.
[…]
No,
eso de replegarse en la vida privada no funcionó en absoluto. Daba igual
dónde intentara aislarse uno, pues en todas partes volvía a encontrarse
con aquello de lo que pretendía huir.
Me di
cuenta de que la revolución nazi había suprimido la antigua división
entre política y vida privada, y de que era imposible tomársela como un
simple “acontecimiento político”. La revolución no sólo se produjo en la
esfera política, sino también en cada vida privada, actuando como un gas
tóxico que penetra a través de todas las paredes. Si de verdad se quería
escapar a sus efectos, sólo había una solución posible: el
distanciamiento físico, la emigración, despedirse del país al que uno
pertenece por nacimiento
[…]
Mientras la caída en el fango tenía lugar ante mis ojos acompañada de un
júbilo patriótico y de alaridos de triunfo “nacionalista”, yo ya había
manifestado mediante varios ataques de ira mi intención de emigrar, de
no querer tener nada que ver con “este país”; prefería abrir un estanco
en Chicago antes que ser Secretario de Estado en Alemania. Pero aquello
habían sido ataques tras los cuales había poca reflexión y poca
realidad. Otra cosa muy distinta era proponerse en serio y de una vez
por todas abandonar mi país entonces, en mitad del frío estremecedor y
vacuo de aquellos meses de despedida.
El
caso es que yo en modo alguno me consideraba nacionalista. El
nacionalismo de club deportivo que imperó durante la segunda guerra
mundial y que hoy alimenta el espíritu de los nazis, la alegría ávida e
infantil que supone el hecho de ver el propio país representado en el
mapa como una mancha cada vez más y más grande, la sensación de triunfo
por las “victorias” conseguidas, el placer ante la humillación y el
sometimiento ajenos, el gozoso paladeo del temor que uno inspira, el
autobombo nacional al estilo de los “maestros cantores”, la manipulación
onanista en torno al pensamiento “alemán“, al sentimiento “alemán”, a la
lealtad “alemana”, al hombre “alemán”, “¡sé alemán!”… hacía tiempo que
todo eso me parecía simplemente asqueroso y repugnante, no había nada a
lo que me viese obligado a renunciar
[…]
El
sometimiento voluntario a éste proceso de desvinculación íntima del
propio país es un acto de radicalismo bíblico: “Si tu ojo es para ti
ocasión de pecado, sácatelo”. Muchísimos de los que estuvieron tan a
punto como yo de hacerlo no fueron capaces de llevarlo a término y,
desde entonces, su emoción y su razón van por ahí a trancas y barrancas,
sin posibilidad de avanzar, estremeciéndose ante los crímenes cometidos
en su nombre, siendo más bien incapaces de rechazar abiertamente esta
responsabilidad y viéndose atrapados en una red de conflictos sin
solución aparente: ¿acaso no deben sacrificarse por su país y por una
visión más correcta de las cosas, por la moral, por la dignidad humana,
y por su conciencia?, ¿es que eso que ellos denominan “el imparable
ascenso de Alemania” no demuestra que merece la pena sacrificarse y que
las cuentas resultarán bien?
[…]
Pues,
-y esto fue lo que finalmente hizo de mi despedida algo casi inevitable-
Alemania dejó de ser Alemania. Los propios nacionalistas la habían
destruido.”
Hagan juego señores…
en dos días la solución. ¿Solución A o solución B? ¿Libro y autor?
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Por Joel Serrano (editor de Rebelión digital)
En
una democracia todos –individualmente- somos libres para elegir. En
cualquier ámbito. En teoría. Ahora bien, somos responsables de nuestros
actos y no podemos rehuir la responsabilidad de lo que estos actos
provoquen. Para bien y para mal.
Sin
embargo es más que dudoso que Rajoy –el político no el individuo- sea
libre para hacer con nuestros votos lo contrario de lo que prometió en
su programa electoral o para variar las líneas maestras de su partido
con métodos autocráticos o para rendirse al enemigo con armas y bagajes.
Como pienso
que eso es exactamente lo que está haciendo,
le pediría que me devolviera mi voto, pero ya sé que no es
posible. Busco soluciones y se me ocurre en este momento instaurar el
carnet por puntos para los políticos. Nuestro voto valdría diez puntos y
se los podríamos ir quitando en tiempo real según fueran cometiendo
fechorías. En estos tiempos que corren los políticos sólo cometen
fechorías... aunque a algunos ciudadanos que todavía creemos en la política
como una digna actividad del ser humano que conlleva un servicio hacia
los demás aún nos quede alguna Esperanza de regeneración.
Rajoy
es responsable de la marcha de Acebes y Zaplana. De María San Gil y
Ortega Lara. Y lo que vendrá. “El que quiera irse al partido liberal o
conservador que se vaya” dijo muy chulito aquella tarde de Elche. Y se
está quedando solo. Por mi parte ya dije en mi anterior artículo que no
volvería a votar al PP mientras siga al frente este señor de
convicciones tan volátiles. Ha perdido todos los puntos y en política no
hay posibilidad de sacarse de nuevo el carnet.
Debería
conocer un poco mejor a la derecha sociológica y no creerse que –como si
fueran un socialista cualquiera- tiene conseguido su apoyo de por vida,
haga lo que haga, aún cuando aplique la conocida frase marxista “estos
son mis principios, si no le gustan, tengo otros”. De Groucho claro.
Cuanto más tiempo continúe al frente del PP más lo perjudica. Es el
enemigo. El enemigo de las ideas que defienden los que le votaron. Rajoy
cual afrancesado de otra época que precisamente conmemoramos se rinde al
enemigo de la patria –Zapatero y los separatistas-. El pueblo no se
rinde. Una pequeña parte de la sociedad civil está en lucha. En los
blogs, en la calle. Los últimos patriotas están movilizados, luchando
por sus convicciones que pasan por encima de ideologías políticas, pues
son previas, se trata de la Nación y la Libertad, se trata de la
subsistencia de la primera como única garantía de la segunda. Aquel rey
felón acabó con los liberales, acabó con los que lucharon con él y por
él –por la nación-. Este nuevo monarca absoluto que reina en el PP, ya
ha acabado con los que mantuvieron la dura lucha política de los últimos
cuatro años, con los que lucharon por su éxito. También está acabando
con los principios.
Curioso paralelismo histórico.
Pero
la cruda realidad es que Rajoy ya no existe. En el futuro. Desde Elche es un
cadáver político.
Rajoy
ya no existe. En el presente. Desde María y Ortega Lara.
Este mismo presente nos deparaba más sorpresas. El Rey también le rinde
pleitesía al enemigo de la patria –a Zapatero-, cual antepasados suyos a
Napoleón:
«Sí. Es un hombre muy
honesto. Muy recto. Que no divaga. O sea, la gente cree que hace cosas
así... como divagando». La periodista describe entonces cómo el Monarca
«levanta la mano y la hace oscilar de un lado a otro». «Pero no hay nada
de eso», continuó Don Juan Carlos, para a continuación remachar: «El
sabe muy bien hacia qué dirección va y por qué y para qué hace las
cosas. Tiene profundas convicciones. Es un ser humano íntegro».
La reportera todavía
tuvo tiempo de insistir: «Y, sin embargo, le siguen considerando un
enigma». «Bueno, quizá por la forma de las cejas, el gesto, los ojos,
esa sonrisa particular... Pero lo importante es el valor de lo que hay
detrás de todo eso: un hombre recto», respondió el Rey.
Gracias
Majestad, ha sido un gran apoyo por su parte.
Al
rey no se le puede votar. Tampoco existe un carnet de rey por puntos. Es
un sentimiento de aceptación o de rechazo que queda para uno. Aunque los
sentimientos cambian. Para mí queda.
¿Existe el Rey? En el presente. En el futuro.
No me gustan las
mordazas
Por Joel Serrano (editor de Rebelión digital)
He
dejado pasar unos días para reflexionar sobre las palabras de Rajoy, salir de la estupefacción
inicial y que de esa forma mi
reacción no fuera demasiado
impulsiva. Mi asombro e indignación se mantienen. Las componendas y los
falsos desmentidos posteriores no hacen más que empeorar mi opinión
sobre algunos personajes de la vida pública.
Todo empezó
en la localidad levantina de Elche. En una reunión de partido en la que
el peloteo
fue la nota más característica no es extraño que el
máximo dirigente del Partido Popular estuviera ebrio de poder. Y ya se
sabe que los niños y los borrachos dicen siempre la verdad por lo que el
sr. Rajoy tuvo un peligroso arrebato de sinceridad durante la reunión.
Siempre se agradece saber con quién te juegas los cuartos, aunque en
este caso resultara a la vez doloroso
puesto
que se puso de manifiesto la
traición de Rajoy a muchos de sus votantes ―liberales y conservadores― y
a los principales medios de comunicación que han hecho posible su buen
resultado electoral ―El Mundo y la COPE―. ¡Qué desfachatez! Primero
servirse de ellos como fuerza de choque (ciudadanos y medios que
estábamos convencidos de lo que hacíamos) para al instante siguiente de
las elecciones olvidarse o incluso renegar de ellos ―por supuesto hasta
las próximas―. Me parece imperdonable.
Pero sobre todo a los que ha
ofendido de verdad e irresponsablemente el Sr. Rajoy es a la parte de
sus votantes que nos sentimos liberales, y lo ha hecho de la peor forma
posible puesto que ha utilizado el argumento que utilizan los progres.
Ha identificado al liberalismo con esa elucubración progre del
capitalismo salvaje para ricos que perjudica a los pobres y deja tirados
a los más débiles. Y por si fuera poco de forma insolente y chulesca ha
venido a decir que el que no esté a gusto se puede ir al Partido Liberal
o al Partido Conservador. ¿Qué ha conseguido con ello? Lo único que ha
conseguido el Sr. Rajoy es ofender tan gravemente a una parte de sus
votantes que hace prácticamente imposible que su partido gane unas
elecciones con él al frente. ¡Flaco favor!
No muchos analistas políticos
acertaron a descubrir con antelación esta faceta desconocida de Rajoy. Hay
que reconocer que uno de los pocos que no ha sido engañado en ningún
momento ha sido Pío Moa que en su blog dejaba claro día tras día lo que
pensaba de él. Tal vez porque llevaba a la práctica eso tan conocido y repetido
por todos, pero que no siempre aplicamos, de fijarnos en los hechos y no
en las palabras. Precisamente en esta buena costumbre se basa su forma
de analizar la historia y el éxito de sus libros. En el caso de Federico
J. Losantos era obvio que no estaba engañado del todo pero por la
gravedad de la situación y por la responsabilidad de ser el primer
micrófono de España frente al
peor gobierno de su historia mantuvo el apoyo a Rajoy hasta el
final. Ahora que desde algunos frentes se ataca duramente a Federico por
ser crítico ―lo ha sido siempre― y por
no estar al servicio del aparato del Partido, desde esta bitácora de Rebelión Digital le mando mi
total apoyo, comprensión y ánimos para seguir adelante.
Personalmente no le perdono a Rajoy estas ofensas gratuitas y el
habernos mentido antes de las elecciones cuando se definió varias veces
como liberal.
¿Quiere esto decir que los liberales somos doctrinarios como dijo el Sr.
Rajoy? ―Otra ofensa gratuita―. ¿Quiere esto decir que los liberales
deberíamos irnos del Partido Popular o dejar de votarle? No. Lo
único que quiere decir es que, como a todo el mundo, no nos gusta que
nos
ofendan y nos mientan, para ofensas y mentiras nos sobra con ZP,
Rubalcaba, Blanco y compañía. Quiere decir que nos gustaría saber, como
a todo el mundo, lo que podemos esperar del partido al que hemos votado
―¿no decía y se hartaba de repetir Rajoy que llevaría a cabo una
política transparente
y previsible?―
en lugar de volverse oscurantista como
el PSOE. Quiere decir que nos gustaría saber con qué lista se
presentará al próximo congreso de su partido en lugar de esperar hasta el último día
para hacerla pública,
porque a lo mejor la mayoría preferimos a Esperanza Aguirre, Vidal-Quadras,
Pizarro, Zaplana, Mayor Oreja, etc. antes que a las Sorayas y a los
Gallardones para gestionar la gran crisis nacional que se nos avecina y
para luchar contra la conculcación de libertades individuales que
traerá consigo.
Por
todo lo dicho y porque desde estas líneas he apoyado y defendido al
principal partido de la oposición y a su líder en
unos momentos muy difíciles para ellos, reconozco que me siento engañado
y ofendido y como tal digo que nunca más votaré a Mariano Rajoy. Al PP
volveré a votarlo, pero sólo cuando tenga un líder ―tanto a nivel
nacional, regional o local― que de verdad crea en
lo que hace y dice y defienda los valores comunes de la inmensa mayoría
de sus votantes ―que no son socialdemócratas―.
Se que
estas palabras molestarán a mucha gente pero
es lo que
pienso y prefiero decirlo que callarme. No me gustan las mordazas.
El último puente
Pulse el play y escúchelo leído por su autor
Por Joel Serrano (editor de Rebelión digital)
Esta
bitácora denominada “La encrucijada” nació y recibió su nombre, en el
año 2006, por mi convencimiento personal de que estábamos viviendo un
momento crítico en la historia de España, momento en el que los
SONADOSpresentaban a los ciudadanos unos
proyectos tan atrayentes para muchos -por su contenido demagógico- como
irresponsables, temerarios y basados en falsificaciones históricas y
engaños groseros. Los españoles se debatían en la duda de la terrible
elección ¿qué camino seguir? Nos encontrábamos en una nueva encrucijada
en el devenir histórico de nuestro país y existían dos sendas posibles:
luchar por la continuidad de España como una gran nación plural o elegir
un estado plurinacional.
Pero…
¿no estábamos ya metidos de lleno en la primera opción? ¿No llevábamos
treinta años desarrollando esa España plural? Ahora en el año 2008 me
doy cuenta del error cometido en el análisis. No estábamos en una
encrucijada, no estábamos en una bifurcación a la que todos llegamos,
vemos las opciones y decidimos qué camino seguir. La realidad -conocida
aunque miráramos para otro lado con la esperanza de que no fuera así-
era que creíamos ir todos juntos en una dirección, por un camino recto
aunque con algunos baches, cuando de repente descubrimos que había un
camino paralelo que fueron construyendo deslealmente los
nacionalistas, un camino bien asfaltado y urbanizado con instituciones
“nacionales” que nosotros mismos hemos subvencionado aunque tampoco
quisiéramos verlo, un camino al que se accede gracias al puente
construido por los socialistas desde el gobierno y que sorprendentemente
han cruzado ellos también. Pero… ese camino cambia de dirección, deja de
ser paralelo y cada vez se aleja más del camino original y legítimo en
que nos quedamos la mitad de los españoles. Ese camino y ese puente
creados gracias a nuestra generosidad, a nuestros complejos y a las
debilidades de nuestra democracia que, aun con normas claras al respecto
no sabe o no quiere defenderse, es una gran traición a nuestro país y a
los ciudadanos.
Los
nacionalistas abandonan definitivamente su autonomismo para enseñarnos
su verdadero rostro separatista. Los socialistas recuperan su posición
de la transición en la que abogaron por la ruptura -en lugar de la
reforma que fue la elegida por el 94% de los españoles mediante
referéndum- y su forma de volver a la ruptura es unirse a las tesis
nacionalistas, es al fin y al cabo romper el gran pacto de la
transición. En esta grave situación sólo los ciudadanos, sólo la
sociedad civil organizada pueden sacar a España del atolladero y
acabamos de perder una gran oportunidad. A diferencia de lo que sucedió
en aquellos años ejemplares, ahora, ni los socialistas ni los
nacionalistas van a cometer el error de preguntar a los ciudadanos a
través de otro referéndum si están de acuerdo o no con el cambio de
régimen que se está llevando a cabo en nuestro país, no sea que los
españoles no lo aprueben. Por ese motivo el camino paralelo fue
asfaltado a escondidas y sin explicarnos que luego se separaba, antes al
contrario diciéndonos los nacionalistas que era la forma de acomodarse
en el camino principal o sea en España.
España como una gran nación nos ofrece la posibilidad de defender un
proyecto, un origen, una matriz cultural y una historia comunes,
compatibilizándolos con la pluralidad cultural y lingüística existente
en las diferentes regiones, garantizada en la Constitución y
desarrollada mediante la implantación del sistema de comunidades
autónomas. Como consecuencia de este ejemplo de generosidad, de
descentralización, de confianza en las diferentes regiones de España que
tuvo lugar en la transición y se plasmó en nuestra Ley de Leyes tenemos
la prosperidad, la libertad y el progreso de nuestro país, que se puede
observar en cada comunidad, en cada provincia y en cada municipio en
cualquiera de los campos que queramos analizar.
Sólo
hay que hacer una salvedad a esa transformación y desarrollo tan grande
que ha tenido lugar en España y es que esas comunidades autónomas que se
dedicaron a construir y urbanizar el camino paralelo –País Vasco
y Cataluña- han perdido gran parte de la superioridad económica inicial
con la que partían con respecto al resto de comunidades -incluso algunas
las han superado-. Por supuesto siguen siendo regiones ricas ¡cómo no!
si cuentan año tras año con dinero extra arañado a los presupuestos, o
sea al resto de españoles. Sobre la vida en estas comunidades autónomas
hablaré más adelante, pero adelanto que la ausencia de libertades no se
paga con dinero.
Hay
quien considera esa evolución, ese progreso como algo natural que nada
tiene que ver con la actividad que los dirigentes y los ciudadanos de
otras épocas pretéritas llevaron a cabo, pero hay que decirles que no
hay progreso natural, para recoger hay que sembrar, lo único natural es
el cambio -hasta sin hacer nada se retrocede- y ese cambio también puede
encaminarse hacia una clara y rotunda involución debida a los errores
cometidos. Si así fuera y, como pienso, los actuales dirigentes de
nuestro país estuvieran cometiendo gravísimos errores esa involución la
sufriríamos en mayor o menor medida todos los españoles y el retroceso
nos podría llevar a los niveles de la crisis económica de Argentina o a
la ruptura política y social de la antigua Yugoslavia.
La
deslealtad de determinados grupos políticos –principalmente del PSOE
puesto que de los nacionalistas era de esperar- cuya ansia de poder es
infinita y parece estar por encima de cualquier otra consideración hacen
que esta tarea de desarrollo de nuestra España como nación plural, en la
que ya estábamos inmersos con indudable éxito, se vaya desmoronando,
arrastrando con ellos a una gran cantidad de ciudadanos desinformados
que cruzan ese puente metafórico y llegan a ese camino
paralelo tan deseado por los separatistas y ahora también
incomprensiblemente por los socialistas y que tiene una difícil si no
imposible vuelta atrás.
El
estado plurinacional defendido a ultranza por los nacionalistas y
veladamente por los socialistas sólo ofrece incertidumbres. Detrás del
estado plurinacional, de los nacionalismos, del socialismo mesiánico e
intervencionista que pretende dirigir nuestras vidas, del pacto de una
mitad de España -representada por el PSOE y los nacionalistas- contra la
otra –representada por el PP- en lugar de pactos de Estado entre las dos
grandes formaciones nacionales que representan al 85% de la población,
detrás como digo de todo esto no hay nada más que desunión, ruptura,
improvisación y caos además de mucho interés. Si el ejemplo que tenemos
que seguir en España es el catalán y el vasco apañados vamos. Final de
la democracia liberal tal y como la entendemos los que queremos
entenderla. Radical intervencionismo económico que por supuesto va
acompañado siempre de corrupción generalizada. Dictatorial recorte de
nuestras libertades individuales en aras de la -creación primero,
consolidación después y expansionismo más adelante- gran nación.
Imposición de la lengua local y prohibición de la nacional. Implantación
de una historia, mitología y simbología ficticia de su nueva nación y
borrado de toda referencia y presencia en los tres ámbitos citados de
esa “nación impuesta que nunca existió ni se sintió” llamada España.
Dictadura encubierta. Ataque frontal a quien se oponga...
Ni
que decir tiene que el estado plurinacional no cabe en la Constitución.
Para llevarlo a cabo o lo que es lo mismo para comenzar la divergencia
de ese camino que en principio era paralelo y disimulado debe
partirse indudablemente de un cambio de régimen que supere e invalide la
actual constitución de 1978. Así lo han hecho los estatutos de las
diferentes comunidades autónomas que sobrepasan con mucho a los
anteriores y están claramente por encima de lo legitimado por nuestra
Carta Magna.
Ahora
que parece que nos dirigimos indefectiblemente hacia esa ruptura de la
España plural y estando ya cerca la llegada del estado plurinacional
deberíamos preguntarnos si los españoles han elegido esa opción
consciente o inconscientemente. Personalmente creo más en la
inconsciencia de muchos de nuestros conciudadanos y por supuesto en la
mala fe del partido socialista que teniendo clara la
inconstitucionalidad de sus pretensiones no hace otra cosa que negarlas
y esconderlas. Observen como se burlan de los que denuncian la posible
ruptura de España –pretendiendo que no existe, que es falsa- mientras
rompen el espíritu y la letra de la transición sin ningún recato. Pero
nosotros, ciudadanos informados, tenemos claro que el cambio de régimen,
la ruptura, ha comenzado ya y para llevarlo a cabo son imprescindibles
varias cosas pero una de las principales, y en las que más empeño están
poniendo, es controlar y anular el único poder del estado que podría
pararles los pies y ponerles en su sitio: la Justicia, como de hecho
hizo en los años del GAL. Hay otro poder con mucho prestigio en España y
fuera de ella que si quisiera también podría detener este golpe
silencioso como paró otro más bien folklórico allá por el año 81, pero
pareciera que este poder estuviese de alguna manera atado de pies y
manos, no sé de qué modo pero imagino lo peor pues nos sobran ejemplos
que desde luego no invitan al optimismo, baste recordar el
video-chantaje a Pedro J. Ramírez por todos conocido.
Resumiendo el futuro no es halagüeño. Seguimos en un momento crítico.
Hemos creído a nuestros dirigentes nacionalistas y socialistas y
hemos cruzado el puente con ellos, dirigiéndonos inexorablemente hacia
el abismo. Lo ya conseguido por los traidores es mucho. Lo pagarán y lo
pagaremos tanto si tienen éxito como si es un intento fallido. Estamos
cerca del punto de no retorno. La sociedad reacciona pero no lo
suficiente. Cuando llegue la crisis los ciudadanos en muchos casos no
reconocerán su responsabilidad o echarán la culpa a los demás, pero en
su fuero interno se darán cuenta del grave error cometido, a veces por
acción y en la mayoría por omisión, por no haber hecho nada para
defender su país, su nación, esa añorada España en la que tan bien se
vivía, aquella libertad…
Todavía
estamos a tiempo. Nos quedan dos años para romper esta tendencia
disgregadora o no habrá marcha atrás. Dos años para crear un puente de
retorno al camino que heredamos de nuestros antepasados y que fue
forjado durante siglos. Dos años para que despierte esa herencia
temperamental recibida y resurja de nuevo con fuerza en la sociedad
devolviéndonos al lugar que nos corresponde en la historia y en el
mundo.