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                  "La encrucijada"    Por Joel Serrano

Este dibujo está relacionado con el artículo "El último puente"

 

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La quiniela vasca

Por Joel Serrano (editor de Rebelión Digital)

Jueves, 5 de marzo de 2008

Están muy claras las posibles combinaciones para la gobernabilidad de la Comunidad Autónoma Vasca. E incluso “parecen” muy factibles algunas de ellas si nos atenemos a las declaraciones de los protagonistas. Proclamó Pachi López su disposición “irrenunciable” a ser lehendakari. Aseguró Zapatero: "Corresponde […] a Patxi López, tomar las decisiones oportunas". "Conozco bien a Patxi López y va a ser coherente con su compromiso expresado con los ciudadanos". Antonio Basagoiti, se ha declarado "dispuesto" a apoyar a Pachi López, y aseguró que confía en que PP y PSOE se puedan "poner de acuerdo"...

Las combinaciones serían las siguientes:

La opción más probable atendiendo a lo que dicen los políticos sería un gobierno del PSE-EE con apoyo externo del PP y de UPyD si hiciera falta. Con Pachi López como presidente.

A continuación tendríamos una coalición del PSE-EE con el PNV. Con Pachi López de nuevo llevándose la presidencia.

En tercer lugar situaría una coalición del PNV con el PSE-EE, con un miembro del partido jeltzale* como presidente (descarto a Ibarreche).

La penúltima posibilidad sería una coalición del PSE-EE con el PP, asumiendo éste último las consejerías de Interior, Educación y Cultura como condición sine qua non. Pachi López ejercería como presidente.

Y por último el PNV en coalición con el PP, con las mismas condiciones citadas en la opción anterior. El PNV decidiría el presidente, que como digo nunca sería Ibarreche.

Estas son las opciones de la quiniela política vasca, unas bastante realistas, otras que pertenecen al género de la ciencia ficción. No tengo en cuenta como posible opción política ―sino como corrupción y estafa a los electores― el transfuguismo que pudiera darse desde el PSE-EE hacia el PNV. Tampoco considero la posibilidad de que el PSE-EE comience la legislatura con unos apoyos externos condicionados, teniendo la decisión ya tomada de traicionarlos y cambiar esos apoyos en un corto plazo de tiempo, puesto que lo que aquí se analiza son los posibles pactos de investidura. Los cambios de gobierno futuros además de no seguros, son en todo caso legítimos y se responde de ellos en las urnas.

Dicho esto y dado que los políticos en general, y los socialistas en particular, mienten más que hablan, tenemos que hacer nuestro análisis sin contar con una sola de las palabras pronunciadas o de las promesas hechas en campaña por los profesionales del enredo.

La primera opción lleva implícito un cambio de política en el PSOE a nivel nacional, amén de sus correspondientes consecuencias a nivel autonómico. Ruptura con los nacionalismos, legitimación del PP y pactos de estado ante la crisis. De todo ello lo único creíble sería que llegaran a algún tipo de melifluo acuerdo con el PP (¡esos grandes estadistas!) más para compartir responsabilidades ante el desastre económico que se avecina (todavía no ha llegado lo peor) que para poner soluciones. Descarto esta opción por las dos primeras condiciones. El PSOE no quiere romper con los nacionalistas (recuerden que de hecho ya son ellos mismos nacionalistas en muchas partes de España) ni pretende legitimar a su principal enemigo político, como hemos podido comprobar en los días previos a las últimas elecciones autonómicas en los que se fueron de “cacería”.

Considero que el que el PSE-EE aparente dejarse apoyar por el PP (por supuesto desde fuera, ¡puaj!, ¡qué asco!) sólo es la forma que tienen los socialistas de hacer ver al PNV que han perdido y de que acepten un acuerdo beneficioso para ambos pero liderado por Patxilendakari. Cuanto más creíble parezca la primera opción de la quiniela, el pacto PSE-EE/PP, más cerca estará de realizarse la segunda que sin ninguna duda es mi apuesta: la coalición PSE-EE con el PNV. Por otro lado la segunda y la tercera opción son la misma, simplemente variando quién se lleva el gato al agua en la pugna, regateo, chantaje, amenaza… por la presidencia, y como digo pienso que será Patxi.

La cuarta combinación queda eliminada como tal en cuanto he descartado incluso la primera que va en la misma línea y es mucho más suave y asimilable por parte del PSOE.

La quinta tampoco tiene muchas posibilidades de salir adelante, por razones obvias. Más bien ninguna. Simplemente es posible matemáticamente.

Ahora bien, estas dos últimas opciones, la cuarta y la quinta, deberían ser planteadas por el PP. Porque ¿cuáles son las opciones reales del PP de influir en la política vasca de la próxima legislatura? En mi opinión ninguna. No pasan de ser como ya he dicho una excusa para que el PSE-EE logre el apoyo del PNV. El PSOE no va a dar ninguna oportunidad de resurgir al PP nacional. No logrará el PP ningún cambio aceptable en la política vasca por parte del PSE-EE, ni tan siquiera siendo el PP mismo el que rebaje sus exigencias de cambio, o sea que pisotee sus principios (entonces empezaríamos a explicarnos la defenestración de María San Gil). Y en todo caso esa humillación no serviría para el objetivo previsto de variar la política nacionalista sino precisamente para apoyarla, beneficiando de paso a otro partido político, quedándose de igual manera fuera del gobierno y acabando de perder los pocos votos que todavía les quedan. Ante esta perspectiva debería el PP, en lugar de humillarse ante sus rivales al estilo Piqué, ofrecer sus escaños para formar gobierno, tanto al PSE-EE como al PNV, siempre a cambio de las Consejerías de Interior, Educación y Cultura, y que se peguen entre ellos. Nada de pedir que otros hagan determinadas políticas, sin ninguna garantía,  sino hacerlas ellos mismos con sus propios ministrines. Parece descabellado, por supuesto. Pero recuerden a Arzallus con Álvarez Cascos y entusiasmado con el PP. Al PSOE siempre le quedará la duda de si el PNV aceptará ese ofrecimiento con tal de no perder la presidencia y sobre todo el poder que ha ido tejiendo durante treinta años. Perder el poder es muy duro… sobre todo para los que no conocen otra cosa. El que quiera el apoyo del PP que vuelva al redil constitucional. Y ninguna prueba de sinceridad mejor que permitiéndoles gestionar las citadas consejerías. ¡Qué no aceptarán!, por supuesto que no. Pero el PP mantendrá su dignidad y el PSOE la perderá yéndose una vez más con los nacionalistas.

Ya sólo nos queda la gran decisión. Tras las últimas elecciones me sorprendió desagradablemente Rajoy, aunque él se defina como perfectamente previsible, y el PSOE me ha sorprendido en innumerables ocasiones, pero de hecho siempre, siempre para peor. Por lo tanto espero con pesimismo. Mi apuesta, repito, es la segunda. Ojalá me equivoque.

Coda (para los ilusos de la primera opción):

¡Oh! Un gran pacto de estado. Un pacto contra la crisis, un pacto contra los nacionalismos, un pacto por España en definitiva. ¡Qué bonito! Estoy a punto de llorar. Pienso en Zapatero y me emociono, también en Garzón, y en Conde Pumpido, y en Rubalcaba. Todos unidos de la mano con Rajoy, y Soraya, y Arriola. ¡De repente! Noto una picadura, me despierto, es el aguijón socialista que lleva en su naturaleza la ruptura de lo español, el cambio de régimen que comenzó en el mejor de los casos un 13-M y en el peor un 11-M. Han clavado su aguijón en los ingenuos peperos y se hunden en el abismo… Cuando más confiados estaban... ¡Ahhhhhh…!

*Soy consciente de que no todos los lectores conocen el palabro. Los jeltzales son los “seguidores de JEL” y éste es el acrónimo de Jaungoikoa eta Legi Zarra, es decir, "el Señor de lo Alto [Dios] y leyes viejas [Fueros]. En definitiva son los peneuvistas y su lema.

                              

 

 

¿La dictadura del mercado?

Por Joel Serrano (editor de Rebelión Digital)

Lunes, 27 de octubre de 2008

En este mundo occidental carcomido hasta las entrañas por un cáncer interno llamado ONU, en este teóricamente mundo libre tan teórico como la perfección de la democracia, en definitiva, en este nuestro mundo ―nos guste o no su evolución― de nuevo nos situamos a remolque de los herederos del colectivismo y de la planificación central. Estos “pobrecitos” huérfanos, sin una tutela clara, vagaron durante años compungidos y desorientados por el hundimiento de su barco nodriza, pero se recuperaron, como nos demostró Revel en “La gran mascarada”, y de nuevo pretenden coger el timón y marcar el rumbo del mundo, máxime en estos momentos de zozobra. Para asegurarse de que seguimos su camino nos han colocado dos peligrosos acompañantes: el relativismo cultural y el estatalismo económico. Relanzado este último por la crisis económica actual e incluso antes por un ecologismo politizado y radicalizado que es su cómplice, su estímulo y su excusa. Y todo ello aderezado, por supuesto, con un control a nivel mundial de los medios de comunicación y de las universidades que resulta sobrecogedor.

No es objeto de análisis en este artículo el citado relativismo cultural, auténtico caballo de Troya introducido en nuestras sociedades, centrándose exclusivamente en el creciente estatalismo o neosocialismo. Ya lo detectábamos claramente en la explotación de las apocalípticas y falsas predicciones sobre el cambio climático con medidas que pretenden obligar a cumplir a todos los países, desde Kyoto hasta las más recientes, medidas que suponen una auténtica planificación mundial de la economía. Y actualmente vemos este estatalismo a nuestro alrededor engordando y fortaleciéndose con la carroña que ocasiona la crisis económica.

Disfrutan los defensores del intervencionismo y del control estatal puesto que imponen sus “soluciones” para “salvarnos” y ante semejante demagogia hasta muchos de los que defendían el libre mercado las aplauden, al grito de ¡sehundeelsistema-hayqueintervenir! Repentinamente la gran solución a la crisis que han descubierto los países más prósperos del mundo es la intervención total o nacionalización. ¿Habría sospechado alguien hace uno o dos años que pudieran nacionalizarse empresas de las magnitudes que estamos viendo en nuestro suntuoso primer mundo? Observábamos estas actitudes gubernamentales en el tercermundismo voluntario de algunos países de Hispanoamérica como Venezuela o Bolivia con lástima y compasión por los inocentes ciudadanos. Las criticábamos con dureza y por supuesto con argumentos que sólo pueden desconocer o desoír los dirigentes malintencionados. Pero verlo en Estados Unidos o en Gran Bretaña, en Bélgica o en Alemania es bastante sorprendente e impactante. Tanto que ahora los groguis, los que deambulemos aturdidos ante lo que se nos viene encima, podemos ser los defensores de la libertad. Agradezcámoselo a esos dirigentes políticos cortoplacistas y faltos de ideas. Ni en nuestras peores pesadillas podríamos haber previsto que se reaccionara a la actual crisis económica de la manera en que se ha hecho. La peor posible, pagando todos los ciudadanos los errores de unos pocos. Y además debemos estar agradecidos pues, como siempre, lo hacen “por nuestro bien” ―eso nunca cambia en el socialismo mesiánico.

Pero fíjense en un pequeño detalle, como se puede observar y ya he apuntado en los anteriores párrafos, no sólo los socialistas ―en el sentido más amplio de la palabra― sino que también los conservadores han apoyado estas medidas. A pesar de que la gran mayoría de conservadores de todo el mundo se reconocen ya como liberales ―en cuanto a economía se refiere― está claro que en este momento ha pesado más la naturaleza irracional de su conservadurismo que se opone a todo cambio súbito, que teme lo desconocido, esa mentalidad que sólo siente tranquilidad y sosiego si hay alguien que por encima de todos controla que los cambios se lleven a cabo ordenadamente. Saben perfectamente que el mercado es más sabio que los dirigentes políticos pero no pueden evitar apoyar este dirigismo que estamos viendo actualmente. Algún día estos conservadores (muchos ya lo han hecho) se darán cuenta de que si el libre mercado es lo que produce el mayor bienestar para los ciudadanos, será siempre preferible a la intervención, al igual que la democracia es mejor que cualquier otro sistema de gobierno conocido, aunque no sea perfecta. Además estos defensores del libre mercado a tiempo parcial no deberían olvidar que su enemigo está siempre al acecho y que, al igual que las bestias, ataca cuando ve débil e indefensa a su presa. Y la causa de la libertad ―no sólo económica sino también política― está ahora muy débil, en uno de sus peores momentos de las últimas décadas. Porque libertad sólo hay una. Y no se puede dividir, como no se puede dividir la Verdad de Parménides. La libertad política es inseparable de la libertad económica. ¿O qué se pensaban? Si están manejados los recursos por el estado arbitrariamente ¿quién nos asegura que no los utilizarán para forzar nuestra voluntad, para violentar nuestras libertades? ¿Quién nos garantiza que no recorreremos el tortuoso camino de servidumbre descrito por Hayek?

El mercado debe permitir enriquecerse si se hacen bien las cosas al igual que debe permitir arruinarse si se hacen rematadamente mal. Los organismos económicos internacionales llevados por su propio interés y por el de los gobiernos que tienen detrás no han querido resolver a lo largo de las últimas décadas los errores de regulación del sistema, no se han atrevido a enfrentarse a los problemas ese conservadurismo del que les hablaba, madrecita madrecita que me quede como estoy por lo que en lugar de intentar solucionarlos tomando medidas drásticas profundizaron en los errores inyectando dinero artificialmente, una vez tras otra, creando para los ciudadanos un aparente presente de riqueza y prosperidad, trasladando la crisis hacia un futuro mucho más negro pero que en todo caso le tocaría lidiar a otros… En definitiva no han dejado que el mercado purgara sus errores y excesos, la mayoría causados por las instituciones públicas, y esa crisis futura ya está aquí. Es el triste presente.

Llegados a este punto, con una crisis financiera mundial en su apogeo, los organismos internacionales han recomendado a los países que intervengan para evitar, según dicen, la muerte del enfermo, el sistema. Muchos países ya lo han hecho, algunos gobernantes a regañadientes y otros felices como nuestro risueño iluminado que está encantado de poder manejar discrecionalmente al menos el quince por ciento del PIB. A Zapatero no le importa lo que opinemos los paganinis y por el momento no nos deja otra opción que aceptar los hechos consumados de las intervenciones masivas y que continuemos “disfrutando” del espectáculo.

El siguiente paso que se va a producir es una reunión para, según dicen, “refundar el capitalismo”. Es lo que se pretende hacer en la próxima cumbre internacional de Washington, el 15 de noviembre. ¡Ay! Me temo lo peor. No cabe duda de que el Capitalismo es el único sistema que ha hecho progresar a la humanidad y ha reducido la pobreza. Sin embargo, como a la Libertad, es necesario defenderlo cada día. En lugar de eso lo que han hecho las autoridades ―con sus actitudes simplistas y demagógicas― es que aumenten los que creen en “las bondades de la intervención estatal que nos salva del capitalismo salvaje” poniéndole en bandeja la victoria ideológica a sus enemigos. Que los tiene, y muchos, y poderosos. Y nos ponen en dificultades a sus defensores... en realidad a todos los ciudadanos, sean conscientes o no de ello.

Pero el espectáculo continúa. Vemos a Zapatero (tras dos tardes de clases de economía extraordinarias) deseando entrar en el selecto grupo de los elegidos para decidir el nuevo rumbo de la economía mundial. Zapatero al parecer tiene mucho que decir en la refundación del capitalismo. Pepiño, su escudero, o Blanquito que parece que le gusta más, ha aclarado que van a señalar el camino correcto a los “causantes” del estropicio económico… ¡Qué poderío! ¡Qué grandes estadistas! Votémosles para el próximo Nobel de economía.

Ahora en serio. Nos toca esperar las múltiples posibilidades que se abren una vez “salvado” o rematado el sistema: una de ellas es la que defienden los partidarios de la socialdemocracia metomentodo e intervencionista, sistema económico fracasado pero al que no le faltan seguidores, ¿de qué iban a vivir si no? En este grupo también están agazapados los amigos de ZP los del ¡socialismo o muerte! y algunos derechistas acomplejados o demasiado conservadores. Otra posibilidad es implantar de nuevo la libertad de mercado pero esta vez sin el lastre que se arrastra desde Roosevelt y el New Deal y que sólo mitigó ligeramente la política liberal de Ronald Reagan. Espero, muchos lo esperamos, que se imponga la Libertad en lugar de la tutela de Papá Estado pero mucho me temo que no podemos ser optimistas después de oír las últimas declaraciones de un desconocido Sarkozy: “se ha acabado la dictadura del mercado”. ¿De qué dictadura está hablando? ¿Se ha vuelto loco? En fin, esperemos y veamos si la locura es contagiosa.

                                  

 

 

Otra estampa de la vida en Euskadi

Por Joel Serrano (editor de Rebelión Digital)

Miércoles, 23 de julio de 2008

Los fragmentos de la “adivinanza” planteada en el artículo anterior corresponden a “Historia de un Alemán. Memorias 1914-1933”. Leyendo este libro autobiográfico de Sebastian Haffner se queda uno impresionado con las descripciones de la sociedad alemana ―previa a la llegada del nazismo y durante sus comienzos― que nos legó su autor. Y utilizo “legar” porque no sólo nos transmitió sus ideas sino que también nos lo dejó en “testamento” ya que el libro escrito en 1939 no fue publicado hasta después de su muerte en 1999, cincuenta años más tarde. Detalles aparte, uno de los motivos de la gran impresión que causa en los lectores, sobre todo en los que vivimos en el País Vasco, es que vemos muchas similitudes entre la sociedad alemana pre-nazi y la sociedad vasca de finales del siglo XX y principios del XXI. Lo triste de esta adivinanza que les he planteado ―hayan acertado o no― es que sea posible el intercambio de situaciones. Y lo es en muchos casos, más de los que nos gustaría.

Podría en este artículo ―una vez más― establecer paralelismos entre las dos sociedades citadas, o hablarles de la sensación que tiene un ciudadano que se manifiesta contra la ETA en el País Vasco mientras la gente está sentada a su alrededor en las terrazas o tomando el sol ―como si no fuera con ellos― mirándole como a un bicho raro que les provoca crispación y altera su “paz” y su “tranquilidad”. Pero en este caso voy a relatarles algo más trivial ―una anécdota sin importancia por lo que tiene de habitual pero importante por el mismo motivo― que me sucedió con un amigo de Bilbao.

Este amigo es militar.

Curiosamente al decir que es militar tengo una extraña sensación, como si fuera un amigo judío en los tiempos que nos describe Haffner en su gran libro. Este amigo me confió que había conocido a una chica (candidata a novia) con la que llevaba saliendo unos dos meses. Hablando, hablando, me dijo que era de Hernani.

―¿De Hernani, Guipúzcoa? Le dije sorprendido.

―Si de ahí. ¿Por qué lo dices? ¿Por qué pones esa cara?

―No… por nada. ¿Sabe que eres militar?

―No, todavía no se lo he dicho.

―Bueno… ya me contarás cuando se lo digas. Es que… creo que es un pueblo muy “batasuno”.  Pero bueno, eso no quiere decir nada. Ella no tiene por qué serlo. Pero da la casualidad de que Hernani es uno de los primeros pueblos del País Vasco que conocí, en el año 1991, y todavía recuerdo lo que me impactó ver cuadros con la foto de etarras y su “historia” colgados por las paredes de todo el casco viejo.

Dejamos la conversación y me fui pensando. ¿Tendrá suerte mi amigo o estará esa chica inoculada por el virus del nacionalismo? Si no lo está ¿será capaz de superar los tabúes de la sociedad cerrada en la que vive?, ¿”podrá” continuar esa chica la relación sin plantearse abandonar su pueblo? Desde el primer momento di por hecho que si era nacionalista le dejaría, aunque también cabía la posibilidad de que comenzara una lucha en su interior en la que se impusiera el razonamiento y la mesura en lugar de la exaltación. Llegué a casa, me puse a escribir un artículo sobre el tema y acabé dándole vueltas a la cita de Ortega:

Yo soy yo y mi circunstancia, si no la salvo a ella no me salvo yo

Algunos han querido interpretar, interesadamente, este pensamiento de forma similar a como utilizan la cita de Rousseau “el hombre es bueno por naturaleza, es la sociedad quien lo corrompe” para justificar cualquier atropello del sentido común echándole la culpa a los demás, a la sociedad. En ello se basa la reinserción “obligatoria” del código penal español, pues un condenado a 3000 años como el terrorista De Juana no llega a cumplir 20, gracias a que “la culpa no es suya sino de la sociedad”, y como además el Estado es infalible y ha decidido que la cárcel tiene como fin primordial la reeducación y la reinserción social, pues dicho y hecho, ahí nos devuelven al angelito reeducado, reinsertado y rehabilitado, no hay más que verlo…

Pero ―recupero el hilo― no era precisamente la idea rousseauniana lo que quería transmitir Ortega cuando hablaba de la circunstancia. Ésta para Ortega no equivale a las circunstancias que nos rodean, la sociedad, sino algo más profundo, por eso no habla de “las circunstancias” sino de “mi circunstancia”. Cada uno está formado por sí mismo y por la realidad circundante que forma la otra mitad de su persona, y en esos dos ámbitos tiene que actuar, decidir…, tanto en lo social ―que es lo que uno se encuentra irremediablemente a su alrededor― como en lo físico y mental ―que también en parte le es dado, ya sea el cuerpo, las habilidades, la inteligencia, y que también pueden favorecer u obstaculizar su progreso del mismo modo que las cosas mundanas―. En “La Rebelión de las Masas” Ortega nos aporta algo de luz: “…es falso decir que en la vida 'deciden las circunstancias'. Al contrario: las circunstancias son el dilema, siempre nuevo, ante el cual tenemos que decidirnos. Pero el que decide es nuestro carácter”. Parece que empezamos a perfilar la manera de “salvar” nuestra circunstancia, de hecho, vivir verdaderamente, consiste en eso. Salvar la circunstancia de cada uno por lo tanto sería no sólo salvarse de lo que le rodea sino salvarse uno mismo.

Somos, en definitiva, los protagonistas de “nuestra película” ―nuestra vida―. Pero no es nada fácil el trabajo de actor principal. Muchos a mitad del rodaje se convierten en actores secundarios, incluso en extras sin papel alguno que pasan por la película ―como por la vida― sin decir esta boca es mía, completamente mimetizados con el decorado. Decía Ortega: “¿Puede hoy un hombre de veinte años formarse un proyecto de vida que tenga figura individual y que por lo tanto necesitaría realizarse mediante sus iniciativas independientes, mediante sus esfuerzos particulares? Al intentar el despliegue de esta imagen en su fantasía ¿no notará que es, si no imposible, casi improbable, porque no hay a su disposición espacio en que poder arrojarla y en que poder moverse según su propio dictamen?... El desánimo le llevará, con la facilidad de adaptación propia de su edad, a renunciar no sólo a todo acto, sino hasta a todo deseo personal, y buscará para sí una vida estándar, compuesta de desiderata comunes a todos,...”

Acertó Ortega en este último mensaje pesimista-realista. Pasado un tiempo, le pregunté a mi amigo por su relación con la hernaniarra. Me confesó que cuando le dijo que era militar le dejó. No quiso entrar en los pormenores, por lo que me faltan datos para hacer un análisis más detallado. Pero su decisión de romper, por esa razón, una relación con una persona que le gustaba y con la que se encontraba a gusto, puede ser causada por dos motivos diferentes. En primer lugar podría ser que sus odios y sus prejuicios le impidan continuar la relación, por lo que sería muy coherente lo que ha hecho, tanto como repugnantes las ideas que los causan. El segundo motivo podría ser que el miedo a enfrentarse a la sociedad tribal en la que vive, donde sabe perfectamente que no estaría bien visto su novio, le lleve a desistir antes de que la relación se consolide, no teniendo ella particularmente ningún problema con el asunto.

El primer caso está relacionado con una enfermedad que padece gran parte de la sociedad vasca, enfermedad que también se encuentra en otras regiones de España y que está contagiando peligrosamente a zonas de nuestro país que nunca la padecieron. Se llama nacionalismo como todo el mundo sabe.

El miedo a enfrentarse a la sociedad, citado en el segundo caso, es causado por la falta de valentía y de dignidad personal, por la pereza que produce el salirse de lo consuetudinario, por la comodidad de dejarse llevar arropado por el grupo, por la abundancia de indolencia y la ausencia de sana rebeldía. En resumen tenemos en este supuesto ante nosotros a una chica ―y traslado todas las características que le he adjudicado a ella, a la mayoría de los ciudadanos que viven en el País Vasco―, que tiene el perfil del antihéroe, por contraposición al héroe definido por Ortega: “Existen hombres decididos a no contentarse con la realidad. Aspiran los tales que las cosas lleven un curso distinto: se niegan a repetir los gestos que la costumbre, la tradición, y en resumen, los instintos biológicos les fuerzan a hacer. A estos hombres los llamamos héroes. Porque ser héroe consiste en ser uno, uno mismo. Si nos resistimos a que la herencia, a que lo circunstante nos impongan unas acciones determinadas, es que buscamos asentar en nosotros, y sólo en nosotros, el origen de nuestros actos. Cuando el héroe quiere, no son los antepasados en él o los usos del presente quienes quieren, sino él mismo. Y este querer ser él mismo es la heroicidad. No creo que exista especie de originalidad más profunda que esta originalidad 'práctica', activa del héroe. Su vida es una perpetua resistencia a lo habitual y consueto.”

Pero ya saben ―y si no, se lo cuento yo― que en el País Vasco la valentía y la dignidad no abundan, mucho menos la heroicidad.  Parecen reservadas exclusivamente para las víctimas del terrorismo y unas pocas de personas más que tristemente son la excepción en esta sociedad cobarde en la que vivimos. Los demás se refugian en el no pasa nada

Silencio cómplice. Como en la Alemania nazi.

                                    

 

 

Adivina, adivinanza... sobre la huida del totalitarismo

Por Joel Serrano (editor de Rebelión Digital)

Lunes, 21 de julio de 2008

A continuación pueden leer fragmentos de un libro ―de momento les oculto cual― en el que se han modificado las palabras-clave necesarias para identificar de qué lugar trata. Les ofrezco dos opciones del mismo texto, una de ellas falsa y les propongo que adivinen cual de las dos es la versión original, tienen el cincuenta por ciento de posibilidades de acertar. Diré la solución ―libro y autor, amén de algunos comentarios― en el siguiente artículo. Pueden enviar la respuesta a través de los comentarios.

SOLUCIÓN A

“Casi todos mis lectores conocerán de antaño a algún que otro vasco, y la mayoría pensará que estos conocidos vascos son gente normal, amable y civilizada, unas personas como cualquier otra, a excepción de las peculiaridades nacionales que todos tenemos. Al oír el tono de los discursos que hoy día resuenan desde el País Vasco (y percibir el aroma de los acontecimientos que allí suceden), casi todos pensarán en sus conocidos y se preguntarán estupefactos: ¿Y qué pasa con ellos? ¿De veras forman parte de esa casa de locos? ¿Es que no se dan cuenta de lo que les está ocurriendo ni de lo que se está perpetrando en su nombre? ¿Acaso lo aprueban? ¿Qué tipo de personas son? ¿Qué debemos pensar de ellos?

En efecto, tras esta falta de explicaciones se esconden experiencias y procesos emocionales insólitos sumamente extraños y reveladores, cuyas consecuencias históricas son aún impredecibles. Yo me ocupo de ello. Y no es posible acercarse a estos procesos sin seguirlos hasta el lugar donde se desarrollan: en la vida privada, en los sentimientos y las ideas propias de cada vasco. Es ahí donde se producen, tanto más cuanto que, desde hace ya tiempo, una vez despejado el campo de la política, el Estado voraz y conquistador ha ido avanzando hasta penetrar en el que fuera el ámbito privado, del que también está tratando de expulsar a su enemigo, al hombre obstinado, para después someterlo, es ahí, en la máxima intimidad, donde hoy está teniendo lugar en el País Vasco el combate que buscan en vano quienes quieren poner su mira en el terreno político. Lo que uno come y bebe, la persona a la que uno ama, las aficiones a las que dedica su tiempo libre, la gente con la que trata, si sonríe o tiene un aspecto siniestro, lo que lee y los cuadros que cuelga en la pared… en eso consiste la lucha política en el País Vasco.

[…]

No, eso de replegarse en la vida privada no funcionó en absoluto. Daba igual dónde intentara aislarse uno, pues en todas partes  volvía a encontrarse con aquello de lo que pretendía huir.

Me di cuenta de que la revolución vasca había suprimido la antigua división entre política y vida privada, y de que era imposible tomársela como un simple “acontecimiento político”. La revolución no sólo se produjo en la esfera política, sino también en cada vida privada, actuando como un gas tóxico que penetra a través de todas las paredes. Si de verdad se quería escapar a sus efectos, sólo había una solución posible: el distanciamiento físico, la emigración, despedirse del país al que uno pertenece por nacimiento.

[…]

Mientras la caída en el fango tenía lugar ante mis ojos acompañada de un júbilo patriótico y de alaridos de triunfo “nacionalista”, yo ya había manifestado mediante varios ataques de ira mi intención de emigrar, de no querer tener nada que ver con “este país”; prefería abrir un estanco en Cuenca antes que ser Diputado en el Parlamento Vasco. Pero aquello habían sido ataques tras los cuales había poca reflexión y poca realidad. Otra cosa muy distinta era proponerse en serio y de una vez por todas abandonar mi país entonces, en mitad del frío estremecedor y vacuo de aquellos meses de despedida.

El caso es que yo en modo alguno me consideraba nacionalista. El nacionalismo de club deportivo que imperó durante la Transición  y que hoy alimenta el espíritu de los nacionalistas, la alegría ávida e infantil que supone el hecho de ver el propio país representado en el mapa como una mancha cada vez más y más grande, la sensación de triunfo por las “victorias” conseguidas, el placer ante la humillación y el sometimiento ajenos, el gozoso paladeo del temor que uno inspira, el autobombo nacional al estilo de los “bertsolaris”, la manipulación onanista en torno al pensamiento “vasco“, al sentimiento “vasco”, a la lealtad “vasca”, al hombre “vasco”, “¡sé vasco!”… hacía tiempo que todo eso me parecía simplemente asqueroso y repugnante, no había nada a lo que me viese obligado a renunciar.

[…]

El sometimiento voluntario a éste proceso de desvinculación íntima del propio país es un acto de radicalismo bíblico: “Si tu ojo es para ti ocasión de pecado, sácatelo”. Muchísimos de los que estuvieron tan a punto como yo de hacerlo no fueron capaces de llevarlo a término y, desde entonces, su emoción y su razón van por ahí a trancas y barrancas, sin posibilidad de avanzar, estremeciéndose ante los crímenes cometidos en su nombre, siendo más bien incapaces de rechazar abiertamente esta responsabilidad y viéndose atrapados en una red de conflictos sin solución aparente: ¿acaso no deben sacrificarse por su país y por una visión más correcta de las cosas, por la moral, por la dignidad humana, y por su conciencia?, ¿es que eso que ellos denominan “el imparable ascenso de Euskalherría ” no demuestra que merece la pena sacrificarse y que las cuentas resultarán bien?

[…]

Pues, -y esto fue lo que finalmente hizo de mi despedida algo casi inevitable- el País Vasco dejó de ser el País Vasco. Los propios nacionalistas lo habían destruido.”

 

SOLUCIÓN B

“Casi todos mis lectores conocerán de antaño a algún que otro alemán, y la mayoría pensará que estos conocidos alemanes son gente normal, amable y civilizada, unas personas como cualquier otra, a excepción de las peculiaridades nacionales que todos tenemos. Al oír el tono de los discursos que hoy día resuenan desde Alemania (y percibir el aroma de los acontecimientos que allí suceden), casi todos pensarán en sus conocidos y se preguntarán estupefactos: ¿Y qué pasa con ellos? ¿De veras forman parte de esa casa de locos? ¿Es que no se dan cuenta de lo que les está ocurriendo ni de lo que se está perpetrando en su nombre? ¿Acaso lo aprueban? ¿Qué tipo de personas son? ¿Qué debemos pensar de ellos?

En efecto, tras esta falta de explicaciones se esconden experiencias y procesos emocionales insólitos sumamente extraños y reveladores, cuyas consecuencias históricas son aún impredecibles. Yo me ocupo de ello. Y no es posible acercarse a estos procesos sin seguirlos hasta el lugar donde se desarrollan: en la vida privada, en los sentimientos y las ideas propias de cada alemán. Es ahí donde se producen, tanto más cuanto que, desde hace ya tiempo, una vez despejado el campo de la política, el Estado voraz y conquistador ha ido avanzando hasta penetrar en el que fuera el ámbito privado, del que también está tratando de expulsar a su enemigo, al hombre obstinado, para después someterlo, es ahí, en la máxima intimidad, donde hoy está teniendo lugar en Alemania el combate que buscan en vano quienes quieren poner su mira en el terreno político. Lo que uno come y bebe, la persona a la que uno ama, las aficiones a las que dedica su tiempo libre, la gente con la que trata, si sonríe o tiene un aspecto siniestro, lo que lee y los cuadros que cuelga en la pared… en eso consiste la lucha política en Alemania.

[…]

No, eso de replegarse en la vida privada no funcionó en absoluto. Daba igual dónde intentara aislarse uno, pues en todas partes  volvía a encontrarse con aquello de lo que pretendía huir.

Me di cuenta de que la revolución nazi había suprimido la antigua división entre política y vida privada, y de que era imposible tomársela como un simple “acontecimiento político”. La revolución no sólo se produjo en la esfera política, sino también en cada vida privada, actuando como un gas tóxico que penetra a través de todas las paredes. Si de verdad se quería escapar a sus efectos, sólo había una solución posible: el distanciamiento físico, la emigración, despedirse del país al que uno pertenece por nacimiento

[…]

Mientras la caída en el fango tenía lugar ante mis ojos acompañada de un júbilo patriótico y de alaridos de triunfo “nacionalista”, yo ya había manifestado mediante varios ataques de ira mi intención de emigrar, de no querer tener nada que ver con “este país”; prefería abrir un estanco en Chicago antes que ser Secretario de Estado en Alemania. Pero aquello habían sido ataques tras los cuales había poca reflexión y poca realidad. Otra cosa muy distinta era proponerse en serio y de una vez por todas abandonar mi país entonces, en mitad del frío estremecedor y vacuo de aquellos meses de despedida.

El caso es que yo en modo alguno me consideraba nacionalista. El nacionalismo de club deportivo que imperó durante la segunda guerra mundial y que hoy alimenta el espíritu de los nazis, la alegría ávida e infantil que supone el hecho de ver el propio país representado en el mapa como una mancha cada vez más y más grande, la sensación de triunfo por las “victorias” conseguidas, el placer ante la humillación y el sometimiento ajenos, el gozoso paladeo del temor que uno inspira, el autobombo nacional al estilo de los “maestros cantores”, la manipulación onanista en torno al pensamiento “alemán“, al sentimiento “alemán”, a la lealtad “alemana”, al hombre “alemán”, “¡sé alemán!”… hacía tiempo que todo eso me parecía simplemente asqueroso y repugnante, no había nada a lo que me viese obligado a renunciar

[…]

El sometimiento voluntario a éste proceso de desvinculación íntima del propio país es un acto de radicalismo bíblico: “Si tu ojo es para ti ocasión de pecado, sácatelo”. Muchísimos de los que estuvieron tan a punto como yo de hacerlo no fueron capaces de llevarlo a término y, desde entonces, su emoción y su razón van por ahí a trancas y barrancas, sin posibilidad de avanzar, estremeciéndose ante los crímenes cometidos en su nombre, siendo más bien incapaces de rechazar abiertamente esta responsabilidad y viéndose atrapados en una red de conflictos sin solución aparente: ¿acaso no deben sacrificarse por su país y por una visión más correcta de las cosas, por la moral, por la dignidad humana, y por su conciencia?, ¿es que eso que ellos denominan “el imparable ascenso de Alemania” no demuestra que merece la pena sacrificarse y que las cuentas resultarán bien?

[…]

Pues, -y esto fue lo que finalmente hizo de mi despedida algo casi inevitable- Alemania dejó de ser Alemania. Los propios nacionalistas la habían destruido.”

 

Hagan juego señores…   en dos días la solución. ¿Solución A o solución B? ¿Libro y autor?

 

 

 

           

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Por Joel Serrano (editor de Rebelión digital)

En una democracia todos –individualmente- somos libres para elegir. En cualquier ámbito. En teoría. Ahora bien, somos responsables de nuestros actos y no podemos rehuir la responsabilidad de lo que estos actos provoquen. Para bien y para mal.

Sin embargo es más que dudoso que Rajoy –el político no el individuo- sea libre para hacer con nuestros votos lo contrario de lo que prometió en su programa electoral  o para variar las líneas maestras de su partido con métodos autocráticos o para rendirse al enemigo con armas y bagajes. Como pienso que eso es exactamente lo que está haciendo, le pediría que me devolviera mi voto, pero ya sé que no es posible. Busco soluciones y se me ocurre en este momento instaurar el carnet por puntos para los políticos. Nuestro voto valdría diez puntos y se los podríamos ir quitando en tiempo real según fueran cometiendo fechorías. En estos tiempos que corren los políticos sólo cometen fechorías... aunque a algunos ciudadanos que todavía creemos en la política como una digna actividad del ser humano que conlleva un servicio hacia los demás aún nos quede alguna Esperanza de regeneración.

Rajoy es responsable de la marcha de Acebes y Zaplana. De María San Gil y Ortega Lara. Y lo que vendrá. “El que quiera irse al partido liberal o conservador que se vaya” dijo muy chulito aquella tarde de Elche. Y se está quedando solo. Por mi parte ya dije en mi anterior artículo que no volvería a votar al PP mientras siga al frente este señor de convicciones tan volátiles. Ha perdido todos los puntos y en política no hay posibilidad de sacarse de nuevo el carnet.

Debería conocer un poco mejor a la derecha sociológica y no creerse que –como si fueran un socialista cualquiera- tiene conseguido su apoyo de por vida, haga lo que haga, aún cuando aplique la conocida frase marxista  “estos son mis principios, si no le gustan, tengo otros”. De Groucho claro.

Cuanto más tiempo continúe al frente del PP más lo perjudica. Es el enemigo. El enemigo de las ideas que defienden los que le votaron. Rajoy cual afrancesado de otra época que precisamente conmemoramos se rinde al enemigo de la patria –Zapatero y los separatistas-. El pueblo no se rinde. Una pequeña parte de la sociedad civil está en lucha. En los blogs, en la calle. Los últimos patriotas están movilizados, luchando por sus convicciones que pasan por encima de ideologías políticas, pues son previas, se trata de la Nación y la Libertad, se trata de la subsistencia de la primera como única garantía de la segunda. Aquel rey felón acabó con los liberales, acabó con los que lucharon con él y por él –por la nación-. Este nuevo monarca absoluto que reina en el PP, ya ha acabado con los que mantuvieron la dura lucha política de los últimos cuatro años, con los que lucharon por su éxito. También está acabando con los principios.

Curioso paralelismo histórico.

Pero la cruda realidad es que Rajoy ya no existe. En el futuro. Desde Elche es un cadáver político.

Rajoy ya no existe. En el presente. Desde María y Ortega Lara.

Este mismo presente nos deparaba más sorpresas. El Rey también le rinde pleitesía al enemigo de la patria –a Zapatero-, cual antepasados suyos a Napoleón:

«Sí. Es un hombre muy honesto. Muy recto. Que no divaga. O sea, la gente cree que hace cosas así... como divagando». La periodista describe entonces cómo el Monarca «levanta la mano y la hace oscilar de un lado a otro». «Pero no hay nada de eso», continuó Don Juan Carlos, para a continuación remachar: «El sabe muy bien hacia qué dirección va y por qué y para qué hace las cosas. Tiene profundas convicciones. Es un ser humano íntegro».

La reportera todavía tuvo tiempo de insistir: «Y, sin embargo, le siguen considerando un enigma». «Bueno, quizá por la forma de las cejas, el gesto, los ojos, esa sonrisa particular... Pero lo importante es el valor de lo que hay detrás de todo eso: un hombre recto», respondió el Rey.

Gracias Majestad, ha sido un gran apoyo por su parte.

Al rey no se le puede votar. Tampoco existe un carnet de rey por puntos. Es un sentimiento de aceptación o de rechazo que queda para uno. Aunque los sentimientos cambian. Para mí queda.

¿Existe el Rey? En el presente. En el futuro.

 

 

 

No me gustan las mordazas

Por Joel Serrano (editor de Rebelión digital)

He dejado pasar unos días para reflexionar sobre las palabras de Rajoy, salir de la estupefacción inicial y que de esa forma mi reacción no fuera demasiado impulsiva. Mi asombro e indignación se mantienen. Las componendas y los falsos desmentidos posteriores no hacen más que empeorar mi opinión sobre algunos personajes de la vida pública.

Todo empezó en la localidad levantina de Elche. En una reunión de partido en la que el peloteo fue la nota más característica no es extraño que el máximo dirigente del Partido Popular estuviera ebrio de poder. Y ya se sabe que los niños y los borrachos dicen siempre la verdad por lo que el sr. Rajoy tuvo un peligroso arrebato de sinceridad durante la reunión. Siempre se agradece saber con quién te juegas los cuartos, aunque en este caso resultara a la vez doloroso puesto que se puso de manifiesto la traición de Rajoy a muchos de sus votantes liberales y conservadores y a los principales medios de comunicación que han hecho posible su buen resultado electoral El Mundo y la COPE. ¡Qué desfachatez! Primero servirse de ellos como fuerza de choque (ciudadanos y medios que estábamos convencidos de lo que hacíamos) para al instante siguiente de las elecciones olvidarse o incluso renegar de ellos por supuesto hasta las próximas. Me parece imperdonable.

Pero sobre todo a los que ha ofendido de verdad e irresponsablemente el Sr. Rajoy es a la parte de sus votantes que nos sentimos liberales, y lo ha hecho de la peor forma posible puesto que ha utilizado el argumento que utilizan los progres. Ha identificado al liberalismo con esa elucubración progre del capitalismo salvaje para ricos que perjudica a los pobres y deja tirados a los más débiles. Y por si fuera poco de forma insolente y chulesca ha venido a decir que el que no esté a gusto se puede ir al Partido Liberal o al Partido Conservador. ¿Qué ha conseguido con ello? Lo único que ha conseguido el Sr. Rajoy es ofender tan gravemente a una parte de sus votantes que hace prácticamente imposible que su partido gane unas elecciones con él al frente. ¡Flaco favor!

No muchos analistas políticos acertaron a descubrir con antelación esta faceta desconocida de Rajoy. Hay que reconocer que uno de los pocos que no ha sido engañado en ningún momento ha sido Pío Moa que en su blog dejaba claro día tras día lo que pensaba de él. Tal vez porque llevaba a la práctica eso tan conocido y repetido por todos, pero que no siempre aplicamos, de fijarnos en los hechos y no en las palabras. Precisamente en esta buena costumbre se basa su forma de analizar la historia y el éxito de sus libros. En el caso de Federico J. Losantos era obvio que no estaba engañado del todo pero por la gravedad de la situación y por la responsabilidad de ser el primer micrófono de España frente al peor gobierno de su historia mantuvo el apoyo a Rajoy hasta el final. Ahora que desde algunos frentes se ataca duramente a Federico por ser crítico lo ha sido siempre y por no estar al servicio del aparato del Partido, desde esta bitácora de Rebelión Digital le mando mi total apoyo, comprensión y ánimos para seguir adelante.

Personalmente no le perdono a Rajoy estas ofensas gratuitas y el habernos mentido antes de las elecciones cuando se definió varias veces como liberal. ¿Quiere esto decir que los liberales somos doctrinarios como dijo el Sr. Rajoy? Otra ofensa gratuita. ¿Quiere esto decir que los liberales deberíamos  irnos del Partido Popular o dejar de votarle? No. Lo único que quiere decir es que, como a todo el mundo, no nos gusta que nos ofendan y nos mientan, para ofensas y mentiras nos sobra con ZP, Rubalcaba, Blanco y compañía. Quiere decir que nos gustaría saber, como a todo el mundo, lo que podemos esperar del partido al que hemos votado ¿no decía y se hartaba de repetir Rajoy que llevaría a cabo una política transparente y previsible? en lugar de volverse oscurantista como el PSOE. Quiere decir que nos gustaría saber con qué lista se presentará al próximo congreso de su partido en lugar de esperar hasta el último día para hacerla pública, porque a lo mejor la mayoría preferimos a Esperanza Aguirre, Vidal-Quadras, Pizarro, Zaplana, Mayor Oreja, etc. antes que a las Sorayas y a los Gallardones para gestionar la gran crisis nacional que se nos avecina y para luchar contra la conculcación de libertades individuales que traerá consigo.

Por todo lo dicho y porque desde estas líneas he apoyado y defendido al principal partido de la oposición y a su líder en unos momentos muy difíciles para ellos, reconozco que me siento engañado y ofendido y como tal digo que nunca más votaré a Mariano Rajoy. Al PP volveré a votarlo, pero sólo cuando tenga un líder ―tanto a nivel nacional, regional o local― que de verdad crea en lo que hace y dice y defienda los valores comunes de la inmensa mayoría de sus votantes ―que no son socialdemócratas―.

Se que estas palabras molestarán a mucha gente pero es lo que pienso y prefiero decirlo que callarme. No me gustan las mordazas.

 

 

 

El último puente            

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Por Joel Serrano (editor de Rebelión digital)

Esta bitácora denominada “La encrucijada” nació y recibió su nombre, en el año 2006, por mi convencimiento personal  de que estábamos viviendo un momento crítico en la historia de España, momento  en el que los SONADOS presentaban a los ciudadanos unos proyectos tan atrayentes para muchos -por su contenido demagógico- como irresponsables, temerarios y basados en falsificaciones históricas y engaños groseros. Los españoles se debatían en la duda de la terrible elección ¿qué camino seguir? Nos encontrábamos en una nueva encrucijada en el devenir histórico de nuestro país y existían dos sendas posibles: luchar por la continuidad de España como una gran nación plural o elegir un estado plurinacional.

Pero… ¿no estábamos ya metidos de lleno en la primera opción? ¿No llevábamos treinta años desarrollando esa España plural? Ahora en el año 2008 me doy cuenta del error cometido en el análisis. No estábamos en una encrucijada, no estábamos en una bifurcación a la que todos llegamos, vemos las opciones y decidimos qué camino seguir. La realidad -conocida aunque miráramos para otro lado con la esperanza de que no fuera así- era que creíamos ir todos juntos en una dirección, por un camino recto aunque con algunos baches, cuando de repente descubrimos que había un camino paralelo que fueron construyendo deslealmente los nacionalistas, un camino bien asfaltado y urbanizado con instituciones “nacionales” que nosotros mismos hemos subvencionado aunque tampoco quisiéramos verlo, un camino al que se accede gracias al puente construido por los socialistas desde el gobierno y que sorprendentemente han cruzado ellos también. Pero… ese camino cambia de dirección, deja de ser paralelo y cada vez se aleja más del camino original y legítimo en que nos quedamos la mitad de los españoles. Ese camino y ese puente creados gracias a nuestra generosidad, a nuestros complejos y a las debilidades de nuestra democracia que, aun con normas claras al respecto no sabe o no quiere defenderse, es una gran traición a nuestro país y a los ciudadanos.

Los nacionalistas abandonan definitivamente su autonomismo para enseñarnos su verdadero rostro separatista. Los socialistas recuperan su posición de la transición en la que abogaron por la ruptura -en lugar de la reforma que fue la elegida por el 94% de los españoles mediante referéndum- y su forma de volver a la ruptura es unirse a las tesis nacionalistas, es al fin y al cabo romper el gran pacto de la transición. En esta grave situación sólo los ciudadanos, sólo la sociedad civil organizada pueden sacar a España del atolladero y acabamos de perder una gran oportunidad. A diferencia de lo que sucedió en aquellos años ejemplares, ahora, ni los socialistas ni los nacionalistas van a cometer el error de preguntar a los ciudadanos a través de otro referéndum si están de acuerdo o no con el cambio de régimen que se está llevando a cabo en nuestro país, no sea que los españoles no lo aprueben. Por ese motivo el camino paralelo fue asfaltado a escondidas y sin explicarnos que luego se separaba, antes al contrario diciéndonos los nacionalistas que era la forma de acomodarse en el camino principal o sea en España.

España como una gran nación nos ofrece la posibilidad de defender un proyecto, un origen, una matriz cultural y una historia comunes, compatibilizándolos con la pluralidad cultural y lingüística existente en las diferentes regiones, garantizada en la Constitución y desarrollada mediante la implantación del sistema de comunidades autónomas. Como consecuencia de este ejemplo de generosidad, de descentralización, de confianza en las diferentes regiones de España que tuvo lugar en la transición y se plasmó en nuestra Ley de Leyes tenemos la prosperidad, la libertad y el progreso de nuestro país, que se puede observar en cada comunidad, en cada provincia y en cada municipio en cualquiera de los campos que queramos analizar.

Sólo hay que hacer una salvedad a esa transformación y desarrollo tan grande que ha tenido lugar en España y es que esas comunidades autónomas que se dedicaron a construir y urbanizar el camino paralelo –País Vasco y Cataluña- han perdido gran parte de la superioridad económica inicial con la que partían con respecto al resto de comunidades -incluso algunas las han superado-. Por supuesto siguen siendo regiones ricas ¡cómo no! si cuentan año tras año con dinero extra arañado a los presupuestos, o sea al resto de españoles. Sobre la vida en estas comunidades autónomas hablaré más adelante, pero adelanto que la ausencia de libertades no se paga con dinero.

Hay quien considera esa evolución, ese progreso como algo natural que nada tiene que ver con la actividad que los dirigentes y los ciudadanos de otras épocas pretéritas llevaron a cabo, pero hay que decirles que no hay progreso natural, para recoger hay que sembrar, lo único natural es el cambio -hasta sin hacer nada se retrocede- y ese cambio también puede encaminarse hacia una clara y rotunda involución debida a los errores cometidos. Si así fuera y, como pienso, los actuales dirigentes de nuestro país estuvieran cometiendo gravísimos errores esa involución la sufriríamos en mayor o menor medida todos los españoles y el retroceso nos podría llevar a los niveles de la crisis económica de Argentina o a la ruptura política y social de la antigua Yugoslavia.

La deslealtad de determinados grupos políticos –principalmente del PSOE puesto que de los nacionalistas era de esperar- cuya ansia de poder es infinita y parece estar por encima de cualquier otra consideración hacen que esta tarea de desarrollo de nuestra España como nación plural, en la que ya estábamos inmersos con indudable éxito, se vaya desmoronando, arrastrando con ellos a una gran cantidad de ciudadanos desinformados que cruzan ese puente metafórico y llegan a ese camino paralelo tan deseado por los separatistas y ahora también incomprensiblemente por los socialistas y que tiene una difícil si no imposible vuelta atrás.

El estado plurinacional defendido a ultranza por los nacionalistas y veladamente por los socialistas sólo ofrece incertidumbres. Detrás del estado plurinacional, de los nacionalismos, del socialismo mesiánico e intervencionista que pretende dirigir nuestras vidas, del pacto de una mitad de España -representada por el PSOE y los nacionalistas- contra la otra –representada por el PP- en lugar de pactos de Estado entre las dos grandes formaciones nacionales que representan al 85% de la población, detrás como digo de todo esto no hay nada más que desunión, ruptura, improvisación y caos además de mucho interés. Si el ejemplo que tenemos que seguir en España es el catalán y el vasco apañados vamos. Final de la democracia liberal tal y como la entendemos los que queremos entenderla. Radical intervencionismo económico que por supuesto va acompañado siempre de corrupción generalizada. Dictatorial recorte de nuestras libertades individuales en aras de la -creación primero, consolidación después y expansionismo más adelante- gran nación. Imposición de la lengua local y prohibición de la nacional. Implantación de una historia, mitología y simbología ficticia de su nueva nación y borrado de toda referencia y presencia en los tres ámbitos citados de esa “nación impuesta que nunca existió ni se sintió” llamada España. Dictadura encubierta. Ataque frontal a quien se oponga...

Ni que decir tiene que el estado plurinacional no cabe en la Constitución. Para llevarlo a cabo o lo que es lo mismo para comenzar la divergencia de ese camino que en principio era paralelo y disimulado debe partirse indudablemente de un cambio de régimen que supere e invalide la actual constitución de 1978. Así lo han hecho los estatutos de las diferentes comunidades autónomas que sobrepasan con mucho a los anteriores y están claramente por encima de lo legitimado por nuestra Carta Magna.

Ahora que parece que nos dirigimos indefectiblemente hacia esa ruptura de la España plural y estando ya cerca la llegada del estado plurinacional deberíamos preguntarnos si los españoles han elegido esa opción consciente o inconscientemente. Personalmente creo más en la inconsciencia de muchos de nuestros conciudadanos y por supuesto en la mala fe del partido socialista que teniendo clara la inconstitucionalidad de sus pretensiones no hace otra cosa que negarlas y esconderlas. Observen como se burlan de los que denuncian la posible ruptura de España –pretendiendo que no existe, que es falsa- mientras rompen el espíritu y la letra de la transición sin ningún recato. Pero nosotros, ciudadanos informados, tenemos claro que el cambio de régimen, la ruptura, ha comenzado ya y para llevarlo a cabo son imprescindibles varias cosas pero una de las principales, y en las que más empeño están poniendo, es controlar y anular el único poder del estado que podría pararles los pies y ponerles en su sitio: la Justicia, como de hecho hizo en los años del GAL. Hay otro poder con mucho prestigio en España y fuera de ella que si quisiera también podría detener este golpe silencioso como paró otro más bien folklórico allá por el año 81, pero pareciera que este poder estuviese de alguna manera atado de pies y manos, no sé de qué modo pero imagino lo peor pues nos sobran ejemplos que desde luego no invitan al optimismo, baste recordar el video-chantaje a Pedro J. Ramírez por todos conocido.

Resumiendo el futuro no es halagüeño. Seguimos en un momento crítico. Hemos creído a nuestros dirigentes nacionalistas y socialistas  y hemos cruzado el puente con ellos, dirigiéndonos inexorablemente hacia el abismo. Lo ya conseguido por los traidores es mucho. Lo pagarán y lo pagaremos tanto si tienen éxito como si es un intento fallido. Estamos cerca del punto de no retorno. La sociedad reacciona pero no lo suficiente. Cuando llegue la crisis los ciudadanos en muchos casos no reconocerán su responsabilidad o echarán la culpa a los demás, pero en su fuero interno se darán cuenta del grave error cometido, a veces por acción y en la mayoría por omisión, por no haber hecho nada para defender su país, su nación, esa añorada España en la que tan bien se vivía, aquella libertad…

Todavía estamos a tiempo. Nos quedan dos años para romper esta tendencia disgregadora o no habrá marcha atrás. Dos años para crear un puente de retorno al camino que heredamos de nuestros antepasados y que fue forjado durante siglos. Dos años para que despierte esa herencia temperamental recibida y resurja de nuevo con fuerza en la sociedad devolviéndonos al lugar que nos corresponde en la historia y en el mundo.

 

 

 

El editor de Rebelión digital

   

 

 

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