Diferencias entre la España que dejaron los socialistas en el año 1995 y
el PP en el año 2004
El PNV sobrepasa
todos los límites
Por Joel Serrano (editor de Rebelión digital)
No
estoy de acuerdo con la necesidad de la unidad de los demócratas, tan
repetida por los políticos. Para la casta de los políticos esta unidad
no significa nada, simplemente una foto o la frasecita de rigor después
de cada atentado. Para unirse de verdad es necesario tener claras las
líneas que no se pueden sobrepasar. Unas líneas lógicas
—esas normas de
conducta comúnmente aceptadas de las que hablaba Hayek— que son las que
aceptan los ciudadanos con toda normalidad y naturalidad.
Tras
las palabras del Rey en Nochebuena en las que habló claramente de acabar
con los terroristas por la vía policial y judicial y contando siempre
con las víctimas del terrorismo, aparecieron los políticos de PP y PSOE
en total conformidad con dichas palabras pero sacando como única conclusión que
los demócratas tenemos que estar unidos para luchar contra el
terrorismo. Siempre lo mismo, pura palabrería.
Tengo
que recordar que el Gobierno ha metido en el saco de los demócratas a
los proetarras de ANV y PCTV. ¿Debemos hacer esfuerzos para estar unidos
con estos grupos, o con el radical PNV? También tengo que recordar que
los partidos mayoritarios ya estaban unidos en el Pacto por las
Libertades y contra el Terrorismo y que fue de nuevo el Gobierno el que
rompió la unidad, tal vez por que echaba en falta a estos grupos y
alguno más para seguir “dialogando”.
La
democracia se tiene que defender de sus enemigos sin complejos. Con
mayor energía y claridad de ideas si los enemigos están dentro del
sistema puesto que son más peligrosos aún al conocer sus debilidades con
detalle.
Decía
Karl Popper "La tolerancia no debe llegar hasta los intolerantes, porque
termina negándose a sí misma como posibilidad real de existencia."
No
cabe duda de que hay que ilegalizar a los grupos políticos próximos a
los terroristas pero… ¿Qué hacer con los nacionalistas supuestamente
moderados? ¿Se debe seguir buscando su comodidad, su integración,
cediéndoles poder mientras ellos lo utilizan para seguir avanzando en su
proyecto antisistema?
Hace
años el PNV era la ambigüedad personificada. Era en apariencia educado y
respetuoso con la norma constitucional aunque en realidad —ahora lo
sabemos— estaba sembrando para recoger en el futuro y preparando el
terreno para profundizar en su camino separatista que no autonomista.
Ya
desde el atentado de Miguel Ángel Blanco se le empezó a ver al PNV su
verdadero rostro al unir sus objetivos a los de ETA en el llamado Pacto
de Estella o de Lizarra.
En
estos momentos el PNV ya no cree necesario esconder sus verdaderas
intenciones soberanistas, separatistas, secesionistas, independentistas.
Se ha quitado definitivamente la careta. Utiliza el Parlamento Vasco
para desobedecer las resoluciones judiciales poniendo como excusa a ese
“pueblo vasco” al que representan. A través de sus portavoces cuestiona
incesantemente la legitimidad de los tribunales de justicia —siempre que
no le favorecen las sentencias—. Incumple muchas de sus obligaciones
constitucionales —con hechos consumados en asuntos como la ausencia de
banderas nacionales en los edificios públicos o la casi total
imposibilidad de estudiar en español en algunas zonas—, intentando
trasladar a los ciudadanos vascos que están por encima de la ley…
española. En definitiva que son una nación emergente prácticamente
consolidada. Hay que añadir que la humillación y el desprecio a las
víctimas del terrorismo han sido continuos por parte del PNV desde la
transición. La última bajeza es la equiparación entre las víctimas del
terrorismo y sus verdugos, los terroristas de la ETA, esos con los que
colabora en la recolección de las nueces, esos con los que comparte
objetivos y quien sabe si algo más.
Resumiendo ¿no son intolerantes los que siempre encuentran una
justificación e incluso una subvención para los terroristas y sus
allegados y por el contrario nunca les falta un motivo para atacar a los
ciudadanos que no comparten sus ideas? ¿No habrá llegado el momento de
dejar de mirar para otro lado ante los continuos desplantes del PNV? ¿No
será ya la hora de dejar de ser tolerante siguiendo la sabia
recomendación de Popper?
Ante
la ofensiva nacionalista que estamos viviendo ¿no será más efectivo
plantarse y recuperar parte de lo perdido que por el contrario pensar
que los nacionalistas alguna vez se van a contentar con lo que se les
da? ¿Es que no sabemos todavía, después de treinta años, que son
insaciables?
Ya es
hora no solo de que aprendamos la lección sino de que además actuemos en
consecuencia.
S.O.N.A.D.O.S.
Por Joel Serrano (editor de Rebelión digital)
España
es un país en el que existen regiones dominadas por los nacionalistas
separatistas en las que se tienen tremendas dificultades si quiere que
sus hijos reciban la educación en el idioma oficial, el español, a
pesar de que sea su lengua materna. El Gobierno no hace nada.
España es un país en el que no es posible hacer cumplir la ley de
banderas en las regiones citadas. Esta ley únicamente obliga a poner la
enseña nacional en los edificios oficiales por lo que resulta grotesco
que no se tomen las medidas necesarias para que las instituciones
autonómicas o locales cumplan el mandato que ha dictado el Tribunal
Supremo. El Gobierno no hace nada.
España es un país en el que los terroristas y sus adláteres son mimados
y tildados de hombres de paz, mientras se persigue afanosamente a las
víctimas del terrorismo que no se resignan a ser traicionadas. El
Gobierno desgraciadamente en este caso hace demasiadas cosas y ninguna
buena.
España
es un país en el que el presidente del gobierno deja en evidencia al Rey
al no acompañarle cuando se retira de la cumbre iberoamericana
visiblemente enojado por las provocaciones del presidente-dictador
venezolano Hugo Chávez; y todavía peor, no es capaz de tomar medida
diplomática alguna, cuando en los días posteriores al suceso no cesa en
sus insultos al Rey y en las amenazas a las empresas españolas. El
Gobierno no hace nada.
España es un país en el que se cierra en falso el mayor atentado de su
historia sin conocer los responsables de su organización y se pretende
que quede zanjado definitivamente sin mas investigaciones. El partido de
la oposición como casi siempre flojea en tablas. El Gobierno no
hace nada (es el que quiere zanjarlo).
España, eso sí, es un país en el que nos rasgamos las vestiduras si
alguien tira la basura en el contenedor del color equivocado. En
este asunto el Gobierno se desvive.
España en definitiva está dominada por los SONADOS (socialistas o
nacionalistas abyectos, demagogos, oscurantistas y sectarios), es
necesario por lo tanto recuperar la cordura.
Antiprogresismo
Por Joel Serrano (editor de Rebelión digital)
¡Qué
tristes nacionalismos el catalán y el vasco! ¡Qué tristes y deprimidas
regiones catalana y vasca a causa de los nacionalismos! Eso sí, todo hay
que decirlo, tolerados y votados más o menos por la mitad de los que
ejercen ese derecho.
En
lugar de trabajar por sus conciudadanos, los dirigentes políticos de las
citadas comunidades autónomas trabajan por esa entelequia que llaman
nación catalana y vasca que lo único que les ocasiona son grandes
perjuicios y muchos dolores de cabeza.
En este
punto hay que aclarar que los perjuicios y los dolores de cabeza se los
llevan para casa los ciudadanos, mientras los dirigentes consiguen
sacarle al asunto "nacional" grandes rendimientos. Tanto es así que les
llega la cartera para mantener a su alrededor una nueva "nomenklatura"
al soviético modo
—en
los medios de comunicación, en la educación, en las empresas—
y que le
proporciona, artificialmente, una apariencia de solidez moral al
sistema, que en realidad durará mientras dure la solidez
económica, o sea, las prebendas.
En
estas regiones sólo aceptan al extraño si firma “el contrato
nacionalista”. Al que no pone la rúbrica en el imaginario formulario le
hacen la vida imposible, le amargan la existencia, intentando que no lo
soporte y se tenga que ir. Así les va. Según transcurren los años
degenera la situación, cada vez huyen más familias, más empresas, cada
vez atraen menos en el exterior. Los que huyen lo hacen de la falta de
libertad, del apabullante intervencionismo que los nacionalistas
—incluido ya de lleno el PSOE— imponen en todas las facetas de la vida.
Desde la educación hasta el deporte, desde las instituciones públicas
hasta las empresas privadas. Sólo se puede respirar si se forma parte
del sistema. Los foráneos, a los que no les une con estas regiones
ningún lazo sentimental, o vienen por dinero (subvenciones, rebajas
fiscales) o ya no vienen. Han dejado de ser un polo de atracción como lo
fueron durante siglos. Lo siguiente será la recesión, no puede ser de
otro modo.
En
otras regiones de España —pero de forma destacada en Madrid— se dedican
a la difícil y ardua tarea de mejorar las condiciones de vida, las
oportunidades, de todos los que en ellas residen, procedan de donde
procedan, hablen la lengua que hablen. Y curiosamente —¡esas cosas para
muchos incomprensibles del liberalismo!— trabajando para y por los
individuos se mejora la situación colectiva y nunca al contrario,
convirtiéndose así esta comunidad en el auténtico motor económico y
referente moral (en lo que a libertades toca) de nuestra desvencijada
nación.
Como
digo, mientras en algunas regiones progresan, en aquellas desgraciadas
regiones de España dominadas por los "nacional-socialismos" están
demasiado entretenidos en hacer desaparecer los símbolos nacionales de
sus territorios, desde las banderas en los ayuntamientos y en las
instituciones autonómicas hasta los simpáticos “Toros de Osborne” que
popular y espontáneamente han sido adoptados como símbolos de unión de
todos los españoles. Demasiado entretenidos en imponernos su lengua y
hacer desaparecer “la otra”, “la del estado”. Demasiado entretenidos en
inventar símbolos de separación, de confrontación, véase lo grotesco del
burro catalán o el borrego vasco, que lucen ya orgullosos en infinidad
de vehículos, como muestra de su única actividad conocida que es ser “anti-loquesea”,
en este caso "anti-español". En realidad nunca han hecho nada
constructivo en su vida, no saben ser "pro-algo", no saben trabajar en
clave de progreso para los ciudadanos sino que su única misión es
convencernos de que esas colectividades que representan están por encima
de los individuos y por lo tanto aunque con sus políticas nos
perjudiquen en realidad debemos estar agradecidos y contentos por el
bien de “la causa”. Si en algún caso, no llegan a convencernos con sus
explicaciones, cambian el rumbo sin ningún pudor y acusan de cualquier
mal a "Madrid" o a la falta de transferencias estatutarias, a pesar de
que tengan ya todas y alguna mas.
Esos
que se autodefinen como progresistas, los que firman los pactos del “progrés”,
“progresoak” (o como quiera decirse), son paradójicamente los que están
llevando poco a poco, con su ceguera y cerrazón, a sus comunidades
autónomas a la indigencia económica y cultural.
El último y más claro ejemplo de
ofuscamiento y obcecación ha sido el de Ibarreche la semana pasada. Un
día después de la intervención del Ejército —con ciento cincuenta
generadores— en Cataluña para restaurar la electricidad en las zonas
afectadas por el apagón, se permite el lujo de asegurar que no
permitiría la intervención, en su comunidad autónoma, de las unidades de
emergencias que existen a nivel nacional en caso de catástrofe.
¿Se
puede ser más irresponsable?
En
Vizcaya todos los ciudadanos de cierta edad todavía recuerdan las
increíbles inundaciones de agosto de 1983, que arrasaron 101 municipios
vascos, causaron pérdidas por más de 200.000 millones de las antiguas
pesetas y acabaron con la vida de 35 personas además de 5 desaparecidos.
Y por supuesto no olvidan la fundamental intervención del Ejército en
aquella ocasión.
Para
Ibarreche, y para los que no lo vivieron o no lo recuerdan,
aquí les
mostramos un pequeño bosquejo de lo que sucedió.
Vean
el reportaje y después pregúntense que pasaría si se repitiera una
situación tan dantesca, 25 años después, ya en el siglo XXI y con todas
las transferencias recibidas por el gobierno regional. ¿Creen de verdad
que no necesitaríamos ayuda de ámbito nacional? Yo creo que pasaría
exactamente lo mismo o aún peor, pero ahora le echarían la culpa al
cambio climático. Esperemos que nunca suceda de nuevo.
Reportaje sobre las
inundaciones de Bilbao en 1983

El barrio bilbaíno de
Recalde se convirtió en un auténtico río que arrastraba vehículos,
árboles y todo lo que encontraba a su paso.

El tren estaba demasiado
cerca del Nervión y cuando el agua bajó de nivel, la imágen de fango,
lodo y raíles destrozados era desoladora.

En el Arriaga, el agua
alcanzó la segunda planta. Para el Teatro acabó de este modo tan trágico
la temporada

La estación de Achuri
quedó convertida en un cementerio de escombros y de todo tipo de objetos
que traía la ría.

El Ejército colaboró
durante muchos días en las tareas de reconstrucción de Bilbao y
alrededores. Su trabajo fue imprescindible.

Cuando todavía algunas
calles permanecían cubiertas de barro, lodo y grandes charcos, el
despliegue de voluntarios dispuestos a colaborar en lo que fuese era ya
considerable.

En el antiguo campo de
fútbol de Garellano, donde hoy se sitúa la estación de Termibús, el
Ejército estableció un campamento para albergar a los afectados por las
inundaciones.

El famoso casino de Bermeo
no aguantó el empuje del agua y se derrumbó casi en su totalidad

Desde las alturas era la
mejor forma de observar las dimensiones de la catástrofe. Galdácano
ofrecía una imagen desoladora desde un monte cercano al municipio.

El pillaje y los saqueos
también fueron una de las consecuencias de las inundaciones.

El Mercabilbao, en Basauri,
quedó arrasado por el agua. Durante meses su actividad se trasladó a la
Feria de Muestras de Bilbao


En Llodio las
inundaciones fueron especialmente duras. Varias calles se convirtieron
en auténticos ríos.

Cuatro Guardias Civiles
y la joven que intentaban rescatar murieron ahogados en Llodio cuando su
vehículo fue arrastrado por el agua. Sus cadáveres aparecieron poco a
poco en el curso del Nervión

Casas, carreteras,
calles, vehículos... las inundaciones arrasaron con todo; incluso con
este puente de Baquio.

En Arrigorriaga las
inundaciones se cebaron con todo el pueblo. Varios vecinos tuvieron que
ser rescatados en helicóptero tras permanecer refugiados en el tejado de
sus casas

Echebarri se sumó
también a la larga lista de municipios afectados por las inundaciones
del 83.

El puente y la Iglesia
de San Antón aguantaron impasibles a pesar de la fuerza con la que
llegaba el agua.

El Casco Viejo fue una
de las zonas más afectadas por las inundaciones. En algunas calles el
agua llegó hasta el primer piso.

Algunos cadáveres
aparecían muy lejos de sus casas al ser arrastrados por el agua.

34 víctimas mortales y
5 desaparecidos son las tristes cifras que dejaron las inundaciones a su
paso por Vizcaya.

El barrio de Peñascal
quedó literalmente sepultado por un torrente de piedras y barro que
bajaba a gran velocidad por las laderas de los montes cercanos.

No se sabe cuántos
vehículos llegó a arrastrar el agua. Algunos de ellos, convertidos en
amasijos, fueron apilados en una gran montaña frente al Ayuntamiento.

Tras las inundaciones,
muchos zonas se quedaron sin agua potable y las colas frente a los
camiones cisterna a la espera de llenar un cubo o una botella de agua
fue algo común durante varios días.
El editor de
Rebelión digital
