|
Bitácoras de
Rebelión digital
|
|
|
Últimas anotaciones Votaré al partido de Rosa Díez
|
Bitácora "El ruido de la libertad" Por José Augusto Domínguez |
|
Ni se muere padre ni cenamos Por José Augusto DomínguezLunes, 8 de junio de 2009El peor de los escenarios posibles. Ni Rajoy se llevó un palo que le hubiera obligado a largarse de Génova 13 y a convocar un congreso extraordinario; ni consiguió una victoria aplastante que hubiera permitido pensar en la posibilidad de un cambio de gobierno en 2012. Rajoy llegará a las generales, así lo han querido los votantes del PP. Y volverá a perder, por supuesto, ante un Zapatero que de nuevo echará mano de la extrema izquierda y de los nacionalistas. Un drama. El PP rajoyesco es un partido sin ilusión, sin esperanza, anodino, acomplejado, sumiso y perdedor. Con cuatro millones de parados, con una crisis social brutal, en una situación en la que toda la izquierda europea se ha pegado una buena, apenas le ha sacado dos diputados al PSOE, apenas ha subido el porcentaje de votos respecto a las anteriores elecciones al Parlamento europeo. Un desastre. A nada que la economía mundial se empiece a recuperar de aquí a dos años y el Gobierno maquille un poco las cifras del desempleo, ¿quién pone en duda la tercera victoria de Zapatero? Ganará sin bajarse del autobús. En cualquier caso conviene no olvidar que, a pesar de que Rajoy se atribuya la victoria, la persona que ayer triunfó, entre comillas, se llama Jaime Mayor Oreja, un viejo pretoriano de Aznar que defiende cosas, tan extrañas a la actual dirección del PP, como la unidad de España, la libertad lingüística, la obligación de combatir políticamente al nacionalismo y la necesidad de oponerse a la nueva ley del aborto. De hecho, el PSOE ninguneó durante la campaña a Rajoy y se centró en atacar a Aznar, que, al parecer, se presentaba a través de Mayor Oreja. Desde estas líneas seguiremos insistiendo en lo fundamental: el peor enemigo del PP es Rajoy. Nunca ganará a Zapatero unas generales, y si lo hiciera, suceso harto improbable, de poco serviría, Casi nada iba a cambiar. Malos tiempos para la política.
Votaré al partido de Rosa Díez Por José Augusto DomínguezDomingo, 7 de junio de 2009Desde las generales de 2000, pasando por las municipales y autonómicas de 2003, las generales de 2004, las europeas de 2005, las municipales de 2007 y las generales de 2008, siempre he votado al PP. Ahora el cuerpo me pide abstenerme, pero creo que hoy se nos presenta una buena ocasión de hacer algo por España: votaré a UPyD, a las listas que encabeza Sosa Wagner, el que fuera profesor de Administrativo de Zapatero. No es que la formación patrocinada en lo intelectual por Fernando Savater me entusiasme, pero considero que votar a UPyD es la mejor manera de hacer daño al PP. Y ahora se trata de hacer daño al PP, el partido que ha renunciado a ser alternativa al socialismo para convertirse en estático heredero del régimen de ZP; el partido que con tal de no hacer ruido prefiere confundirse con el paisaje antes que defender unos principios que pudieran ofender a la progresía; el partido que lo fía todo a la economía, lo único importante, como si de marxistas se tratara; el partido político apolítico, no se meta usted en política, no dé la batalla de las ideas, no vaya a ser que le tachen de neoliberal, de conspiranoico y/o de pertenecer a la derecha extrema. Peor que el gobierno de Zapatero es la no oposición de Rajoy. España puede sobrevivir a un gobierno maligno e incompetente, pero difícilmente subsistirá a una oposición que no aparece como algo distinto que va a cambiarlo todo. Antes que echar al actual inquilino de La Moncloa se nos presenta una cuestión de previo pronunciamiento: expulsar a Rajoy de Génova para que los españoles, de cara a las próximas elecciones generales, puedan elegir entre dos partidos distintos, no como ahora. ¿Es acaso el PP actual una alternativa respecto al 11-M, a la cuestión de los derechos de libertad lingüística o al nuevo modelo sociedad en el que el nasciturus no es un ser humano o en el que abortar equivale a ponerse tetas? Termino con una frase lapidaria de Fernando Sánchez Dragó: "Votar a Rosa es hacerlo por el bien del PP, porque ese partido necesita librarse de Rajoy, convocar primarias entre sus militantes y dar paso a la esperanza que Esperanza representa".
Comprometido Por José Augusto DomínguezViernes , 22 de mayo de 2009Hace unos días murió Mario Benedetti, un poeta comprometido. Con las peores causas, por supuesto. Comprometido con la tiranía, con la intolerancia, con la homofobia, con la represión. En eso consistió el compromiso político del poeta uruguayo, en abrazar regímenes abominables como la Cuba de Fidel Castro o ideologías tan liberticidas como la comunista. Un compromiso que glorificó los cien millones de muertos, la cárcel y la pobreza (para los demás), aunque los asquerosos ditirambos con que se ha recibido su fenecimiento recuerden únicamente que fue un hombre bueno e insobornable, un ejemplo de ética y coherencia, el vate del amor y la alegría. En la asignatura de Democracia merecería un suspenso sin paliativos, aunque en EpC habría sacado matrícula de honor. Que tanta paz tenga en su descanso como odio destiló su miserable compromiso político. Murió Mario Benedetti, el poeta totalitario.
Mestalla fuimos nosotros Por José Augusto DomínguezViernes , 15 de mayo de 2009Nada debemos reprochar a los aficionados del Athletic y del Barcelona que, sin apenas excepciones, abuchearon el himno nacional antes de comenzar la final de la Copa del Rey en Mestalla. Nada. Son nacionalistas y es su obligación atacar todo aquello que tenga que ver con España. Los nacionalistas, desde la extrema izquierda a la extrema derecha, son odiosos. Merecen el desprecio más absoluto, ser apartados de la vida pública. Son un mal para la Nación. Pero el problema no es ese. La cuestión es cómo hemos llegado a esto. ¿Por qué en España decenas de miles de indeseables pueden agredir de tal manera uno de los símbolos nacionales sin que nada ocurra? No era Zapatero el que estaba azuzando a esos mostrencos, ni tampoco Montilla, ni Ibarretxe. Éramos todos nosotros los que silbábamos. Los españoles, salvo unas pocas voces que han clamado en el desierto, hemos consentido que se haya llegado a una situación de tal putrefacción moral que hace difícilmente sostenible la pervivencia de la Nación. Si es que todavía existe. El Rey, que inaugura el curso escolar en un colegio donde se prohíbe hablar en español, y el PSOE y sus votantes, que se jactan, por ejemplo, de multar a las personas por rotular en español, desde luego, son culpables por acción. Pero no menos grave ha sido el comportamiento del PP a lo largo de estos años. ¿Qué hizo Aznar durante sus ocho años en La Moncloa para revertir una realidad ya emponzoñada? Pactar con los nacionalistas vascos y catalanes y defenestrar a Vidal Quadras; consentir que en Baleares, a través del infausto Matas, comenzase la persecución a los castellanohablantes; copiar en Galicia, por medio de Fraga, el modelo lingüístico de Pujol; negar libertad de elección de lengua en muchas zonas de la Comunidad Valenciana. ¿Y Rajoy? Un cómplice de Zapatero incapaz de pronunciar una sola palabra sobre la nueva Ley de Educación de Cataluña en el Debate sobre el Estado de la Nación o de criticar la conculcación de derechos humanos en materia lingüística que se está produciendo en numerosas partes de nuestro país. En ningún rincón del mundo cabe imaginar un hecho como el que tuvo lugar en Mestalla. Sarkozy amenazó con suspender todo partido en el que se oyera un leve abucheo a La Marsellesa. Lo que no resulta novedoso es la censura de TVE. Lo hemos visto más veces. En Cuba. O en Venezuela.
|
|
All rights reserved © 2006
rebeliondigital.es rebeliondigital.com