La
democracia, esa gran mentira
Por Antonio Florido Lozano
Martes,
13 de octubre de 2009
La
mayoría de los que confiesan con orgullo e hinchando el pecho ser
demócratas son unos verdaderos radicales que no ven más allá de sus
propias narices. Cuando hay gente delante lucen su “amor a la libertad”
defendiendo a capa y espada este sistema de gobierno, pero cuando se
quedan solos, ellos mismos son incapaces de mirarse al espejo y decirse
en voz bajita aquello que instantes antes vociferaban en medio del
pasillo.
La
democracia que tenemos es perversa. Han hecho de ella un sistema
hermético e inquebrantable impidiendo que las personas ejerzan su
libertad de opinión con plena confianza. Porque todos saben que quien se
atreva a proclamar en público que no es demócrata es rechazado por los
que afirman lo contrario. La diferencia es que quien así lo reconoce
expone abiertamente no sólo su sentir sino también su valentía y su
templanza, enfrentándose a un conjunto de papanatas a quienes el sistema
les ha comido el coco con la idea de que ser demócrata es algo
verdaderamente incuestionable.
Confieso que cuando algo es o lo califican de incuestionable,
irrefutable o axiomático, se me encienden las alarmas.
Un
poné. Los que por dentro defienden las políticas acertadas de Franco, se
acojonan cuando en público han de hablar de estos temas. Y los que (si
los hay) rumian por dentro en otra posibilidad que no sea la democracia,
miran para abajo, tragan saliva y se amilanan de tal manera que de sus
bocas apenas brota un leve sonido vergonzoso.
Un
comunista puede decir en este país lo que le venga en ganas aunque
defienda, sin saberlo, las atrocidades que los de su misma ideología
cometieron y cometen en todo el mundo. Pero, como es comunista, de
izquierdas, tiene carta de libertad. Un chaquetero de izquierdas igual.
De un anarquista (aún hay alguno) ni hablemos. Un liberal dice lo mismo
y es crucificado. (Deseo aclarar que estúpidos e imbéciles los hay en
todas las ideologías).
Recordemos que “El gobierno del pueblo” ignoraba a los esclavos y a las
mujeres. Esto en la Grecia de hace mucho tiempo, cuando las
ciudades-estado. Sin embargo, ¿cuándo había más esclavos, en aquella
época o ahora? Si la esclavitud “es la situación en la cual un
individuo está bajo el
dominio de otro, perdiendo la
capacidad de disponer
libremente de sí mismo”, me pregunto, ¿no persiste ésta aún? ¿O es
que la gente de a pie piensa de verdad libremente? ¿O es que no
tenemos metidos en el coco un montón de gilipolleces -las que los
poderes quieren-, que modifican nuestros valores, democratizándolos?
Quienes argumentan la
tontería, la estupidez y la necedad de que los derechos humanos son
incompatibles con los grupos o clases sociales (así viene recogido en la
Declaración Universal de los Derechos Humanos), ¿es que no
pertenecen a una determinada clase, con unos privilegios, con unas
prerrogativas, y no son los mismos que cuando ven a un gitano o a un
negro se echan para un lado?
Todos aquellos con
quienes he pretendido hablar de esto salen con lo mismo: que es el mejor
de los sistemas posibles. Pero yo no me resigno. Siempre que haya
ladrones que se queden con lo de los demás, como muchísimos políticos;
siempre que haya caraduras, descarados y desvergonzados que, so pretexto
de defender unos valores, nos engañen y nos estafen y siempre que
haya desigualdad de oportunidades para todos pensaré que vivimos en un
sistema perverso. No perverso por sí sino pervertido, depravado y
desmoralizado por la mano de los chorizos que medran en este país.
Defiendo la libertad de
pensamiento y de expresión. Deseo que cada uno lo cuestione todo,
absolutamente todo. Para cuestionar, para dudar, hay que hacerse
preguntas y desconfiar de los que aparentan saberlo todo de pe a pa.
Desconfiar también, por qué no, del propio sistema de gobierno que nos
hemos dado. Ver y apreciar sus fallas, que son múltiples, y tratar de
crear otro sistema más justo. Voy en contra de los que afirman que todo
está inventado. No es cierto. Lo contrario sería un ejercicio de vanidad
bochornoso. Y menos en política, donde las piezas a encajar y los
mecanismos a mover no son de acero precisamente, sino formados por una
materia rara, extraña, una mezcla de egoísmo, hipocresía, vanidad, afán
de protagonismo, perfidia, doblez…
El que desea dar un gran
impulso hacia delante no tiene más remedio que echar primero un pie
atrás para tomar distancia y fuerza. Quizás deberíamos hacer lo mismo y
recordar las palabras de un viejo sabio de hace mucho mucho tiempo quien
afirmaba que el fin del ser humano debería ser perseguir con afán el
altruismo, la sinceridad y el bien.
¿Hay algo de cierto en
lo que me pregunto y en lo que escribo? No sé.
Vale.
Andalucía,
a la cola de Europa
Por Antonio Florido Lozano
Lunes, 5 de octubre de 2009
Una de las regiones
españolas que más ha aportado al acervo cultural y antropológico de
España es, sin duda, la andaluza. Situada al sur de España, por ella han
pasado pueblos y culturas que con el paso de los siglos han conformado
un saber hacer y un saber estar a las gentes que hoy la habitan.
Pero todas las culturas
nacen, florecen y mueren, en un camino trágico y eviterno dirigiendo sus
destinos a no se sabe bien dónde.
Andalucía no podía ser
menos. Con el dolor y el sufrimiento que costó lograr la autonomía
política por la vía rápida, hoy se encuentra a la cola de
Europa en casi todos sus parámetros macroeconómicos.
Andalucía comenzó siendo
la del PER (Plan de Empleo Rural), Plan que pagaba sueldos por la sola
presencia de los trabajadores en las cunetas viendo pasar el tiempo y
esperando la llegada del fin de mes para poner la mano. Ahora, después
de muchos años Andalucía ha crecido. Ha crecido enormemente. Podríamos
decir sin faltar a la verdad que los andaluces nos hemos convertido en
un Estado dentro del Estado español.
No hay Administración más
engordada que la andaluza, ni más funcionarios tratando de aparentar que
este invento funciona. No hay en toda Europa, se dice pronto, más altos
cargos con sueldos suculentos, con coche oficial que, dicho sea de paso,
pagamos entre todos.
El milagro lo ha
conseguido el socialismo. Las socialistas y los socialistos
engañan a los andaluces con el todo gratis. Revientan a la región
con subvenciones, regalías, mercedes, cargos a dedo, pago de favores
políticos e inflan las cuentas de gastos hasta crear una situación
insoportable. Cuentan para ello con una inmensa maquinaria de propaganda
(pagada también por todos) donde lo que dicen no es lo que pasa sino lo
que a ellos les interesa en cada momento. El coladero de dineros es
escandaloso. El control del ciudadano, chantajeado con moralismos falsos
e hipócritas es insultante.
Hablaba Chaves de la
segunda modernización, utilizando lo de modernización como concepto a
alcanzar en el corto plazo. Pero no sabe Chaves que los andaluces
estamos aún esperando no la primera modernización, sino el expurgo de la
clase política anclada en un discurso lamentable en el que prostituyen
palabras como solidaridad, progreso, igualdad, género…
El andaluz es duro,
paciente, acostumbrado a la faena, pero le falta educación. Y es ahí, en
la Educación, donde los socialistas aprietan y donde más engañan a la
gente de a pie. Saben que deben adoctrinar para crear correligionarios
aunque sea vaciando las mentes de los chavales que hoy van a “estudiar”
eso que ellos llaman la ESO (Educación Secundaria Obligatoria).
En los institutos de
educación secundaria (IES) tratan de disminuir el fracaso escolar como
sea, presionando a los profesores con el llamado Plan de Calidad, plan
que otorga incentivos económicos a cambio de seguir haciendo lo que
hasta ahora están haciendo los profesores, es decir, trabajar al máximo,
o a cambio de conseguir que las cifras de aprobados aumenten
milagrosamente.
“Plan de Calidad” que no
cubre bajas laborales (y estamos ya a principios de octubre) y hay
clases enteras que todavía no han recibido ni la primera lección de
Lengua, por poner sólo un ejemplo. “Plan de Calidad” que nombra a una
persona para una sustitución de pocos días a más de cuatrocientos
kilómetros de su casa y a la que avisan el día antes para que se
incorpore a su puesto de trabajo al siguiente, sin saber si tiene hijos,
marido, esposa, personas mayores a su cargo o mil inconvenientes que
resolver. “Plan de Calidad” cuando ningún centro escolar, que yo sepa,
tiene hecho un Plan de Riesgos Laborales en condiciones. “Plan de
Calidad” que sigue contando con treinta y más de treinta alumnos por
aula y donde el profesional debe atender de forma personalizada a un
grupo de alumnos con niveles muy distintos. En fin…
Y con todas, seguimos a
la cola de Europa. Ni segunda modernización ni leche frita. Menos
cargos, menos inútiles en la Administración, menos enchufados que viven
del cuento, menos políticos profesionales que llevan en la vida pública
la tira de años…
Y ya me callo. Vale.
Nuevo curso político
Por Antonio Florido Lozano
Viernes,
4 de septiembre de 2009
Con el mes de septiembre
comienza un nuevo periodo político que, en otras circunstancias, los
españoles veríamos llegar con ilusión, pues esperaríamos de la clase
dirigente un compromiso firme y resuelto de trabajar por España para
sacarla de esto que muchos llaman crisis. Sin embargo, el español medio,
el que trabaja y paga impuestos, no tiene por delante un paisaje de
esperanzas.
Comienza el curso con
parámetros macroeconómicos totalmente negativos, encabezados por un
déficit estatal descontrolado y apuntando a cifras en constante aumento.
¿Quién pagará esta deuda?
Las cifras del gobierno
indican que el paro ha vuelto de nuevo a subir, precisamente en un mes
en el que normalmente baja, porque el sector servicios en época
veraniega suele ser un poderoso generador de empleo y este año no lo ha
sido. La respuesta de los máximos responsables será posiblemente que,
aunque es cierto que el desempleo aumenta, también lo es que, comparado
con otros años, la subida ha sido manifiestamente más moderada, o que el
paro es sencillamente coyuntural, o puede que digan que es fruto de las
respuestas que el sistema ofrece a una reestructuración del mercado de
trabajo encaminada a flexibilizarlo.
Paparruchas. La verdad es
que día sí y día también cierran grandes empresas, de las pequeñas ni
siquiera nos dan datos, los Eres se multiplican y nos encaminamos sin
remedio por la senda de la pobreza, situación en la que ya se encuentran
muchas familias españolas.
El Gobierno se reúne,
todos con semblante contrito, ellas con los modelitos que pagamos los
demás, ellos rumiando para sí cómo aguantarán una reunión más. Zapatero
alza la vista, abre la boca y sentencia: “queridos, queridas, la
solución se llama… cuatrocientos veinte eurazos de vellón”.
Los españoles oímos la
sentencia con el cuello enjaretado por la presión del nudo que tragamos.
Más impuestos, el tabaco más caro, la gasolina más cara, el IVA, el IBI,
la basura, el teléfono, el gas, la luz, la hipoteca…
Zapatero, sonriente, se
levanta, se va al bar, pide un café de ochenta céntimos y mientras lo
sorbe, el de las noticias dice que la etarra de marras se ha escapado.
El presidente arquea las cejas y exclama: “¡Ay, los franceses, esto no
pasaría en nuestra realidad nacional!"
Pero la etarra se fue
riéndose de todos, a ver quién la coge ahora.
No tenemos nada contra el
socialismo, ni contra la izquierda, nada en absoluto, incluso no nos
importaría que se fuesen a la Conchinchina a experimentar sus ideas
felices, a llevar allí su fastuosa improvisación. Lo único que pedimos
es tener responsables dignos, sensatos, preparados, que sepan de qué
hablan cuando abren la boca, que no se lo lleven calentito, que no
roben, que no estafen al contribuyente. Lo único que pedimos es que por
mor de ayudar al pobre no esquilmen nuestras nóminas. Lo que necesita
España es un cambio radical, dejarse de tonterías y trabajar, porque en
nuestro país, la mayoría de la gente que sabe y está preparada y
dispuesta a gestionar con dos dedos de frente, está arrinconada por una
chusma política más propia de países populistas y chabacanos de otras
latitudes. Vale.
La
moral del Estado
Por Antonio Florido Lozano
Sábado, 16 de mayo de 2009
La izquierda es perversa
en si misma. Dice defender la colectividad frente a la individualidad y
deja a la persona sola e inerme frente al Estado. Frente a un Estado
engordado artificialmente, frente a un Estado todopoderoso. La persona,
así, se siente indefensa e incapaz de llevar a cabo realizaciones
individuales e imaginativas que, en otras circunstancias, enriquecerían
a esa colectividad en la que esta inmersa.
La moral estatal se
impone. Lo bueno, la virtud, solo es aquello que emana del Estado y este
se procura los medios para garantizar que sus idearios lleguen a todos
los rincones del mismo.
España ha pasado en
cuestión de treinta años de un ideario ultra conservador a otro que no
lo es menos. No conocemos los españoles el termino medio, la templanza,
la morigeración. No sabemos nadar mansamente y disfrutar del desarrollo
y del progreso que la sociedad, en pleno, ha alcanzado. Y en parte es
por tener metido en nuestras cabezas un concepto erróneo del termino
progreso.
El Gobierno que tenemos,
encabezado por uno de los mas grandes demagogos e ignorantes que la
Historia ha conocido, se ha empeñado ahora en institucionalizar el
asesinato en masa. Porque la propuesta de reforma de la actual ley del
aborto que Zapatero ha aprobado, por decretazo, no es otra cosa.
El presidente se escuda en
la ministra para hacer tragar a los españoles que esta reforma era
necesaria. Afirma la ministra que esta reforma garantiza el derecho a la
maternidad. Disparate enorme puesto que ignora que esa madre, al matar
al ser que lleva dentro, esta anulando una vida que jamás podrá ejercer
ese tal derecho a la maternidad. La perversión es amplia e inadmisible,
además, porque echa sobre las espaldas de una adolescente la oportunidad
de la libre decisión, sin contar con la de sus padres y sin
asesoramiento alguno.
Conozco a los
adolescentes. Trabajo a diario con ellos. Y se que hay adolescentes con
cierta sesera, no lo dudo, pero también sé que una persona de dieciséis
años es, en la mayor parte de los casos, inmadura. Inmadurez que abarca
lo intelectual y la capacidad de discernir las consecuencias de sus
actos a largo plazo. Hoy, en España, “no permitimos” que una joven de
diecisiete años pueda comprar alcohol para hacer una botellona, pero si
se permite que la misma joven acuda a un hospital a dejar allí una vida
que estorba a su futuro.
Pero la decisión de la
joven, que algunos vemos como equivocada, “es buena”. Y es buena porque
lo dice el Estado. Porque el Estado ha legitimado esa monstruosidad. Y
por si no hubiese bastante con esta tropelía, seremos todos los
españoles los que, con nuestros impuestos, pagaremos estos asesinatos.
No sé hacia donde nos
dirigimos, pero si sé que cuando suceden cosas que a uno le parecen
barbaridades hay que decirlo. No podemos callar. Vale.
El ministro cacique
Por Antonio Florido Lozano
Jueves, 19 de febrero de 2009
La crisis financiera afecta al mundo entero. Los inversores, los grandes inversores, buscan mejorar sus carteras y hasta que esa mejora no se produzca deberemos soportar la caída en picado de las variables macroeconómicas que, en última instancia, pasan a ser variables de andar por casa. Porque quien más quien menos tiene una hipoteca, un préstamo personal, una tarjeta de crédito y otras grietas parecidas que desangran su cuenta de resultados. Salir de esta situación sólo se puede hacer echando mano de lo de siempre: la austeridad. Ahorrar, desplazar gastos superfluos y comprar sólo lo que verdaderamente nos hace falta.
Pero este modo de actuar debe ser general, porque de lo contrario el gasto seguirá aumentando, el déficit se volverá cada vez más insoportable y las ilusiones por salir adelante se esfumarán. Dicho así suena bien, o puede sonar bien, pero una cosa es decirlo y otra hacerlo.
Que se lo digan, si no, al presidente del gobierno de Galicia. Díganle a este señor que ahora es tiempo de ajustarse el cinturón. Díganle todo esto al mismísimo presidente del gobierno español. Háganle ver que malgastar los dineros en levantar carteles propagandísticos para alabar la grandiosa gestión de la izquierda no es ético.
Estos días vemos en la tele al dictador Chávez, el endiosado presidente de la república bolivariana. Vemos cómo engaña y manipula al pueblo de Venezuela para perpetuarse en el poder. Oímos su discurso soez y populista mientras mucha gente de su país no tiene lo básico para salir a flote.
Aquí en España seguimos esa senda tenebrosa donde los discursos políticos se vuelven proclamas leninistas, donde ensalzamos a la izquierda progresista y la atiborramos con los euros de los trabajadores, donde se sataniza a la derecha y decimos de ella que son los malos, los franquistas, los fachas. Y, sin embargo, leyendo aun someramente los manuales más rojos de historia, comprobamos que en España seguimos con la vieja losa del caciquismo. Todavía no hemos sido capaces de desprendernos del señorito que mira por encima del hombro al campesino. Porque las clases siguen existiendo. El que tiene dinero y poder sigue creyéndose dueño de todo, hasta de la moral.
Tenemos en España a un ministro que se cree, el pobre, un señorito. Se va de caza a los montes de Jaén. Allí unos jornaleros le apañan el día, obedecen sus órdenes y entre todos crean el caldo de cultivo para que el señor ministro se vea asimismo importante, imponente, majestuoso, divino. Al ministro le acompaña el juez. ¿Adivinan su nombre? El mismo. Entre disparo y disparo, el ministro y el juez dictan sentencia sobre los pobres jornaleros que van a pie y desde lo alto de sus cabalgaduras deciden la suerte de éste o de aquél.
Al menos Chávez no creemos que engañe a nadie a estas alturas. Todos le conocen y si les votan no es por coincidencias de ideas sino por miedo a represalias. Chávez maneja una dictadura con mano férrea, militar. Lo malo es aquí, donde los más se creen a pies juntillas las necedades de unos rojos que venden la idea del todo vale, del todo gratis, o la idea de que la crisis ¿qué crisis?, no existe. Vale.