|
Bitácoras de
Rebelión digital
|
||
|
Últimas anotaciones Andanzas de De la Vega por el mundo El PSOE va a meter mano en la Ley de Libertad Religiosa En defensa de la Monarquía española
|
Bitácora "Conceptos esparcidos" Por Carlos Muñoz-Caravaca |
|
|
El PSOE va a meter mano en la Ley de Libertad Religiosa
Don Eduardo Zaplana
El embrutecimiento del varón
Me tomo la libertad de robar a don Pío Moa
el título que encabeza el presente escrito con el cual él tituló él uno de los mejores y mejor hilvanados suyos y que publicó en fecha tan temprana como noviembre del 2002.
Venía yo en estos días intentando soltar mi cuarto a espadas acerca de lo que considero la imagen paradigmática de la constitución del actual gobierno Zapatero. Me refiero, claro, a la de doña Carme Chacón, investida ministra de Defensa y pasando revista a unas tropas militares.
Andaba intentando sacar tiempo de debajo de las piedras, inspiración suficiente en la Ilíada —más en concreto, en la escena de Héctor despidiéndose de Andrómaca ante las Puertas Esceas de Troya— y, sobre todo, ponderación y delicadeza suficientes para comentar con la mesura debida, el disgusto que me había producido semejante imagen de asunto tan delicado cuando, hete aquí que, de repente, salta a la palestra un cerdo, un tal Daniel Anido, director, por lo visto, de la SER, con un artículo, —mejor diríamos, una bazofia— titulado La baba en la pluma y publicado en la página web de esa cadena SER.
En ese artículo, el marrano este de Anido, no dice nada. Se limita a insultar a los señores Burgos, Anson, Losantos, Ramírez y Ussía, en términos groseros y soeces, tildándolos de “pajilleros,” “reprimidos,” “puteros,” “siniestros” y “cobardes,” y, a la señora doña Cristina L. Schlichting —algo más reprimido ha estado con ella el cobarde Anido— de “una tal schlichting” y todo porque estos señores y esta señora han tenido el valor de criticar la oportunidad del nombramiento de la señora Chacón como ministra de defensa.
Como yo andaba intentando escribir algo —por supuesto, con menos numen que ellos— en el mismo sentido que estos señores y esta señora, me siento tan insultado como ellos por el cerdo de Anido y de ahí el tono de mi respuesta.
Comenzaré, para no ser injusto y para que cada cual que lea estas líneas juzgue por sí mismo, citando de manera completa el texto de este degenerado que la página web de la SER quitó de ella, en principio, para volver a colocarlo después cuando ya andaba circulando por todas partes.
Dice así La baba en la pluma de Anido:
Cuando fluye la baba y el periodismo se acojona la tiniebla va cubriendo el espacio vacío; un territorio abandonado que ocupan pajilleros, reprimidos, grasientos, puteros, siniestros, cobardes y acomplejados, con nombres y apellidos.
Son de ilustres burgos, ansones, losantos, pejotas, usias y alguna que otra schlichting, pero segregan ese líquido viscoso y corrompido por la comisura de sus parpados, acentuando el asco que desprende su mirada.
Tenemos que mirar sus caras, seguir con atención el recorrido; ver como avanza ese residuo pútrido que desciende por los pliegues hasta la boca, como carcome gota a gota su lengua relamida; como la inunda y luego la desborda, para proseguir su camino hasta la mano pegajosa que sostiene la pluma y derramar allí toda su miseria.
Cuando fluye toda esta baba compartida y el periodismo se acojona, estos mirones clandestinos, estos fetichistas de la mugre, se proclaman profetas con derecho de pernada, levantan púlpitos con barrocos tornavoces, apoyan sus falanges en el antepecho, despliegan su abyección más tenebrosa y corrompen el espacio compartido.
Cuando el periodismo se acojona delante de estos usurpadores del oficio, la cloaca extiende su dominio, se adueña de la plaza pública y construye allí su pasatiempo favorito: el juego delictivo del insulto, donde prevalece y se premia la discriminación por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social, como pueden ser la orientación sexual, la fe o falta de ella, la ideología, la gestación, la edad, el nombre o el apellido.
Cuando el periodismo se acojona delante de estos mediocres, que confunden la baba con el intelecto, nuestra profesión pierde el futuro; los ciudadanos, su libertad, y la democracia, el sentido.
El periodismo tiene que hacer frente a la contaminación que desprenden estos exhibicionistas de la baba en la pluma, a la perversión que esconden bajo el necesario paraguas de la libertad de expresión.
Son previsibles. Se plantan delante de sus víctimas y abren con rapidez sus gabardinas, dejando ver su desnudez intelectual. Pero, son cobardes. Si les plantamos cara, mirando fijamente sus despojos orgánicos, señalando con el dedo su minusvalía y mostrando nuestro desprecio con una sonora carcajada, que al tiempo alerte al resto de la ciudadanía, salen corriendo a esconder sus complejos y sus colgajos... en el fango.
Hasta aquí Anido vomitando La baba en la pluma, artículo que este, a más de guarro, majadero, acaba dedicando
“a ellas, que sufren estos días el maltrato de quienes quieren robarnos el oficio.”
¿Qué oficio, Anido? ¿Qué oficio tienes tú, imbécil?
¿El oficio obsceno de eyacular insultos groseros, haciendo como que los escribes, a mayor velocidad que la fontana de Trevi mana agua limpia y cristalina, para acogerte luego, cobarde y canallamente, —porque, Anido, tú eres un cobarde y un canalla— a ese brindis de “a ellas...” porque eres tan cobarde y tan canalla que tiras la piedra, desahogas tus rabias y tus rencores vomitando obscenidades y, luego, te vas a esconder debajo de las faldas de “ellas”?
¿Te crees de verdad que ninguna de las personas que mencionas ni te quiere quitar ese tu marrano oficio ni quiere siquiera llegar a parecerse a ti, cerdo?
No. Te contemplará, te contemplaremos, nos taparemos las narices y nos darás pena, Anido, como nos apenan tantos espectáculos penosos que, con resignación, vemos en nuestros días. Nada más, Anido. Quitarte no queremos quitarte nada. Rebózate en la mierda que te rodea que, descuida, no te la vamos a robar.
Ya don Marcelino Menéndez Pelayo, en su Historia de los heterodoxos españoles, notó la curiosa pero constante relación que existe entre lo que ahora llamamos pijoprogres y él llamaba heterodoxos y la obsesión que estos tenían por lo
estrictamente genital. Esta obsesión genital pervive en seres como Anido y se manifiesta en los garabatos que escribe.
Es él el que no debe acojonarnos a los demás aunque sea lo que de manera tan penosa, burda grosera intenta.
Ni al señor Burgos, ni al señor Anson, ni al señor Losantos, ni al señor Ussía, ni a la señora Schlichting se les pasó por la imaginación, a la hora de redactar sus escritos, disconformes con el que la señora Chacón sea ministra de Defensa, el vicio polutorio que obsesiona a Anido, ni precisaron apelar a él para justificar sus reflexiones.
A ti sí, Anido, marrano. ¿Por qué será?
¿Será, acaso, porque tú sí eres víctima de tal vicio y eres tú en vez de ellos, en vez de nosotros, el que confundes el culo con las témporas y la crítica lícita a la enésima patochada de Zapatero con tus obsesiones genitales?
***
Lo que vinieron a hacer estos escritores fue a criticar el gesto de Zapatero de nombrar para titular del Ministerio de Defensa a la señora Chacón, no por su condición de mujer sino por sus antecedentes pacifistas, antimilitaristas y falsificadores de su curriculum vitae para hacernos creer que era doctora cuando no es sino licenciada. No es necesario explicar a nadie sensato que esto, muchos, lo podemos entender como una muestra más de desprecio y de provocación por parte de Zapatero a la institución militar en particular y al sector conservador de la ciudadanía en general, ni que podemos entender que semejante desprecio y provocación no son un mero divertimento pueril del señor Presidente para chincharnos, sino una táctica más en su labor de zapa, tanto del orden constitucional como de los valores tradicionales que desprecia.
Podremos estar equivocados pero tal interpretación es más que lícita y verosímil y sobre ella fue sobre la que reflexionaron en sus artículos, en general ingeniosos y mordaces pero jamás indecentes ni obscenos, ni de lejos, como el que inspiraron el de Anido.
El artículo del señor Losantos, en su línea de lenguaje contundente pero nunca grosero, marrano ni ofensivo como el de Anido, deploraba la creación de un Ministerio de la Igualdad, más por lo que tiene de orwelliano que por el hecho de haber sido encomendado a una mujer y deploraba la designación de Chacón como ministra de Defensa, no por ser mujer, sino por su ideología, sus antecedentes personales y sus mentiras.
Por lo que respecta al señor Ussía, si bien muestra su disgusto por el nombramiento, lo trata con una pulcritud exquisita y hasta, en su final, intenta rebuscar en él algo positivo y hasta desea suerte a la ministra:
Por otro lado, es muy probable que este nombramiento no derive en un desastre. Carmen Chacón es inteligente, y si ha sido capaz de enamorarse de Miguel Barroso, debe tener una sensibilidad heroica. Trabajará entre personas entregadas y decentes. Conocerá a los militares. Sabrá de cerca lo que significa la vocación de servicio y el amor a España. Tendrá noticia de los problemas económicos de la gran familia militar y de la aceptación de su situación. Mandará sobre personas que, en ocasiones y con mucha más experiencia en la materia, le expondrán sus desacuerdos con sinceridad para terminar cumpliendo a rajatabla las órdenes recibidas. Y vivirá en un ambiente de lealtad, generosidad y cortesía que echará de menos cuando su responsabilidad se extinga. La Carmen Chacón que saldrá en nada se parecerá a la que entró. Y dentro de lo preocupante, ésta es una buena noticia. Suerte.
El que quiero traer aquí completo, es el de la señora Schlichting a la que Anido, llama “una tal schlichting” y a la que hemos de agradecer que sea ella, una mujer, la que haya hablado con mayor claridad sobre estas cosas que los varones siempre tratamos con el miedo de ser tachados de machistas y ahora también, según se desprende de las palabras de Anido, de maltratadores y que no sabemos por cuanto tiempo vamos a poder seguir hablando, con o sin miedo, de ellas, pues las palabras de Anido, las de Ángela Sanromá, a la que luego me referiré, y la mera creación de un Ministerio de la Igualdad, son hechos lo suficientemente ominosos y elocuentes de que lo persiguen es penalizar y prohibir estos pensamientos: es decir: censurarnos.
El artículo de doña Cristina L. Schlichting, titulado La Mujer-Burka, dice así:
Me niego a ser mujer para esto. Este presidente va a conseguir lo que parecía imposible: que las más orgullosas de ser mujeres abominemos de nuestra condición. Y es que nos utiliza para todo, para ganar elecciones, justificar lo injustificable (leyes contra el maltrato que penalizan el doble a los hombres que a las mujeres) o tapar desaguisados políticos. La última es el chachi-gobierno. Para empezar repite cartera la más inútil de las ministras, Magdalena Álvarez, que es sinónimo de desastre en obras públicas… y hay que callarse porque es mujer. En segundo lugar entra en un cosmético Ministerio de Igualdad una chica de 31 años cuyo mayor mérito es haber fomentado el flamenco en Andalucía… y hay que callarse porque es mujer. Finalmente se nombra ministra de Defensa a una señora que se reconoce pacifista, que ha repetido que el Ejército tiene que dedicarse a labores de asistencia social y que, tras una carrera catalanista, ha declarado a La Vanguardia que «mi hijo verá la República», y eso sí, que se atreva ni un solo militar a quejarse de tener un superior alejado de los principios de la Corona o la unidad nacional… ¡Hay que callarse porque es mujer! Zapatero ha descubierto la mujer-burka, la mejor manera de tapar injusticias, chulerías y bobadas y asegurarse de que nadie levante la voz. La amenaza es, simplemente, la incorrección política y el consiguiente ostracismo. La mujer-burka permite los más absurdos movimientos políticos, protege de la reacción social y asegura una excelente prensa, sobre todo en el extranjero. ¿Cómo han denominado a este Gobierno en los rotativos internacionales? ¡El Gobierno rosa! ¡Aplaudido por tirios y troyanos y presentado como una revolución pacífica! Ojalá probasen estos egregios periodistas en carne propia una ministra de Fomento cuya especialidad son los socavones o tuviesen que arriesgarse a padecer las decisiones sociales de una ministra ignara o las bélicas de una titular antibelicista. Mil ministras como Maleni les regalaba yo, eso sí, mujeres todas. ¿A que me llaman machista por esta columna después de una vida luchando por mis derechos?
Éstos son los artículos y éstas las palabras que han sacado a Anido de sus cabales y a estos escritores, por decir estas cosas, los ha insultado Anido llamándolos “pajilleros,” “reprimidos,” “puteros,” “siniestros” y “cobardes” y “una tal schlichting.”
Leyendo las palabras de doña Cristina y comparándolas con los berridos de Anido me reafirmo en mi convicción antigua de que el presentar al mundo como un enfrentamiento entre hombres y mujeres es falso y es un trampa. El verdadero enfrentamiento es el que existe entre personas sensatas, educadas, cultas, reflexivas y ponderadas y animales de bellota, indecentes y sinvergüenzas, como Anido.
La imagen que dio Anido fue tan asquerosa que hasta la propia página web de la SER retiró el artículo de su alojamiento en ella aunque, habiendo ya saltado y circulado por todas partes, hizo de la necesidad virtud y ha tenido que volver a publicarlo.
El asunto Anido es tan asqueroso y repugnante que, aunque ya había expresado mi opinión somera acerca de él en el foro de Liberad Digital, me resistía a tratarlo con amplitud en este blog.
Y
Ya expliqué allí cómo están, efectivamente, cada vez más crispados. Cada vez están más descompuestos. Cada vez son menos capaces de disimular ni el odio que llevan dentro, ni la bilis que les sube hasta la garganta, ni la estupefacción que debe causarles la contradicción que entraña el que ellos, adalides de la libertad, anden en la cruzada de acallar voces disonantes y que, ante las afirmaciones de estas voces, ellos, carentes de argumentación, tengan que ceñirse al insulto o al exabrupto y no puedan ir más allá de ellos.
Me recuerdan, en mucho más vil y miserable, los tiempos de la infancia en los que, cuando un niño hacía una perrería a otro y éste se quedaba, bien sin contestación, bien sin fuerza para soltarle un guantazo al otro, salía con la retahíla aquella de “cochino, marrano, sucio, asqueroso...” que le servía de desahogo.
Pero, hasta los niños, antes de recurrir a este último extremo, buscábamos, en nuestras mentes infantiles alguna razón que mostrara al universo mundo la injusticia de la que habíamos sido objeto, la sinrazón de nuestro adversario y, en fin, una salida del trance más airosa que la susodicha retahíla.
Estos indeseables de la progresía intelectual, no. Quizá, al principio, atónitos, desde su convicción de superioridad moral e intelectual, de que se les contestara, alguno intentara hacer melindre de reflexión intelectual.
Ahora ya ni siquiera eso. Ahora están instalados en el “cochino, marrano, sucio, asqueroso...” y detrás de ello no hay nada. Nada.
Los insultos de Anido son, precisamente, eso a lo que me referí hace unos meses.
El exabrupto puede tener su justificación y su utilidad dialécticas cuando envuelve y enfatiza un pensamiento. En las palabras de Anido ni envuelve ni enfatiza nada que no sean puras visceralidad y rabia.
Por eso me resistí a tratar el asunto Anido en este blog. Es cierto que, al verte insultado, lo que te pide el cuerpo es responder en los mismos términos pero, una segunda reflexión más calmada, te hace ver lo vano de bajar a ensuciarte en la pocilga en la que se mueve este hombre. Anido, como digo, no dice nada. Está, meramente, instalado en el “cochino, marrano, sucio, asqueroso...” y lo mejor es dejarle que se desahogue solo.
Si, al final, he entrado al trapo y estoy comentando tan desagradable asunto expresándome en estos términos que deploro ha sido porque la tal Ángela Sanromá, —otra que tal, tío Pascual— a la que antes me referí y a la que no conoce ni la madre que la parió pero que, por lo visto, es la delegada del Instituto de la Mujer en Castilla-La Mancha, ha entrado a rematar de cabeza las palabras de Anido diciendo que “los que criticamos a las ministras somos culpables de los malos tratos.”
Y hasta ahí podíamos llegar.
Ni podemos considerar mera anécdota la berrea de Anido ni podemos hacer como que no nos hemos enterado de lo que dice esta señora pues ambos hechos son una clara indicación de su, al menos por ahora, deseo de criminalizar el pensamiento contrario a su concepto de la mujer y de su papel en el mundo de hoy.
Y no podemos ignorar este deseo suyo porque las muestras de que de deseo anda transformándose en intención son evidentes y el peligro de que tal intención acabe por ser plasmada en el Código Penal de manera que no podamos opinar sobre los asuntos femeninos sin correr el peligro de delinquir no es una neura. Que lo consigan o no, es una cosa. Que en ello andan lo evidencia Anido y lo evidencia Sanromá.
Y lo amenaza el recién creado Ministerio de la Igualdad.
Si prescindimos de la anécdota de los insultos, podemos darnos cuenta, con claridad meridiana, de que ambos, Anido y Sanromá, están asumiendo como dogma que la crítica, por ejemplo, a la composición por cuota femenina del gobierno, es uno de los factores que causan el maltrato femenino.
Y esto ya sí que es peligroso porque, evidentemente, si el hacer tales críticas y expresar esas opiniones son una de las causas de problema tan grave como el maltrato femenino, el corolario de tal aserto ha de ser que, de alguna forma, habrá que poner coto y acallar tal crítica y tal opinión.
¿O no?
¿Peco de suspicaz o son así las cosas?
La pijoporogresía, representada en este asunto por Anido y Sanromá, nos está diciendo que no debemos de hablar en los términos en los que han hablado Anson, Ussía, Burgos, Schlichting... porque, hablar así, es fomentar el mal trato a las mujeres.
Estrictamente hablando no sabemos qué parte de razón pueden tener. Yo creo que ninguna sino, más bien, todo lo contrario: creo que es, precisamente, el empeño de estos pijoprogres
en querer hacer lo masculino y lo femenino absolutamente idénticos lo que está haciendo que esta plaga del maltrato a las mujeres esté protagonizando una escalada como nunca se ha visto en la Historia de la Humanidad.
Lo he dicho otras veces: no se puede forzar la naturaleza del ser humano desde el convencimiento de lo que no son sino aberraciones intelectuales, y si, desde ellas y a golpe de Ley, se fuerza la naturaleza del Hombre (cuando digo Hombre, con mayúscula, quiero decir hombres y mujeres) lo único que se va a conseguir es un desajuste que sólo puede generar infelicidad y, de paso, fomentar tal maltrato.
Zapatero opina de manera diametralmente opuesta: él piensa
que la Naturaleza del ser humano es una zarandaja que se han inventado los curas y, por ello, anda en la labor de redefinirla
a imagen y semejanza de sus divagaciones intelectuales
acerca del asunto. Recordemos cómo, al comienzo de su legislatura anterior, le faltó tiempo para definirse como rojo
y como feminista.
Todas estas reflexiones me han traído a la memoria un soberbio artículo que publicó don Pío Moa, hace ya más de un lustro, titulado El embrutecimiento del varón, cuyo título, como dije al principio de este escrito, me he tomado la libertad de robar a don Pío para encabezar estas líneas.
Como la capacidad de análisis, la lucidez de la mente y la clarividencia de don Pío —quien ya vio en el 2002 por donde iban las cosas— son infinitamente superiores a las mías, me voy a callar ya, por hoy, y a reproducir, también íntegro, su El embrutecimiento del varón, que publicó en Libertad Digital el día 26 de noviembre del 2002. Decía entonces don Pío:
Un anuncio de la televisión presenta a un padre “progre” educando –es un decir– a un hijo obligándole a jugar con muñecas, a fin de hacer de él un hombrecito sensible, pacífico y todo eso, mientras a la niña la hace jugar al fútbol para que supere las ancestrales tendencias alienantes que la esclavizan al hogar. La niña resulta una marimacho, y el niño, aparentemente, un poco mariquita. Pero enseguida vemos a éste cortando las cabezas de las muñecas para usarlas como balones.
El anuncio da en el clavo en varios sentidos: los papeles y actitudes de mujeres y varones no son fácilmente intercambiables, forzarlos demasiado tiene un alto coste emocional, y las tendencias naturales, no educadas convenientemente, tienden a reaparecer en formas groseras o grotescas. La conducta del niño pateando las muñecas tiene algo de triunfo de un instinto deformado, falto de carácter. Por lo demás, la conducta de los jóvenes educados –es un decir– en los valores de igualdad de sexos, pacifismo, solidaridad etc., entendidos a la manera peculiar sociata-progre, se revela cada vez más brutal, como demuestran las cifras de delincuencia y agresividad juvenil, o el consumo de drogas, alcohol, etc. O los meros atuendos y actitudes cotidianas.
Un cantamañanas escribió un libro de mucho éxito, El florido pensil creo que se llamaba, donde, en plan de chunga, repasaba las orientaciones educativas de la España de los años cincuenta. Un objetivo de la escuela de entonces era formar “caballeros cristianos”, fomentando las cualidades de esfuerzo, templanza, valor, sentido de la justicia, etc.; es decir, encauzando tendencias del varón que, descuidadas, suelen decaer en agresividad brutal. A la vista de la gran cantidad de cantamañanas salidos de aquella escuela, salta a la vista que el objetivo sólo fue logrado muy parcialmente, y seguramente el éxito nunca será muy grande, aunque los métodos mejoren. Pero incluso así, aquellos valores son auténticos, y siempre serán superiores a la mezcolanza contradictoria hoy predominante, cuyos malos efectos palpamos a diario.
Otra muestra del embrutecimiento del varón –también de la mujer, en su terreno– la encontramos en la creciente violencia doméstica, con cifras espeluznantes de crímenes que son sólo la cima del iceberg de una degradación extendidísima. Ante ello, una señora sociata, candidata, creo, a la alcaldía de Madrid (incidentalmente, la carrera por la alcaldía se produce entre dos candidaturas sociatas, pues la de Gallardón viene a serlo también), propone intensificar todavía más eso de la “educación en la igualdad”. Todos los utópicos atribuyen el fracaso de sus recetas a que éstas no son aplicadas con suficiente intensidad. La experiencia, con ellos, nunca sirve de nada.
Fijémonos bien en lo que dice don Pío: “un objetivo de la escuela de entonces era formar 'caballeros cristianos', fomentando las cualidades de esfuerzo, templanza, valor, sentido de la justicia, etc.; es decir, encauzando tendencias del varón que, descuidadas, suelen decaer en agresividad brutal.”
Y fijémonos, sobre todo, en sus últimas palabras: “Todos los utópicos atribuyen el fracaso de sus recetas a que éstas no son aplicadas con suficiente intensidad. La experiencia, con ellos, nunca sirve de nada.”
Es, exacta y precisamente, como dice don Pío: equivocados de medicamento pero siendo lo suficientemente soberbios los unos, imbéciles los otros, y todos igualmente iluminados, en vez de cambiar la medicina, su soberbia intelectual, incapaz de reconocer su yerro, lo que va a hacer es a aumentar la dosis. La imagen de Chacón revistando tropas no es sino, como dice don Pío, aumento en la dosis de la medicina equivocada.
Ésta es la explicación profunda de la berrea de Anido quien, a estas luces, se nos presenta como muestra supina de varón embrutecido, y esta es la muestra de que los que aseguran
que criticar a las ministras de Zapatero es causa de los malos tratos necesitarían explicarnos su tesis, al menos, con la mitad de la brillantez con la que se explica don Pío.
Vínculos:
La baba en la pluma, artículo original de Anido en la
web de la SER.
El embrutecimiento del varón, artículo de don Pío Moa en
Libertad Digital.
La anécdota en
Periodista Digital.
Editorial en
Libertad Digital.
Comentarios a la noticia en
Libertad Digital.
Más
En defensa de la Monarquía española Señor: era costumbre de los antiguos persas pasar cinco días en anarquía después del fallecimiento de su Rey a fin de que la experiencia de los asesinatos, robos y otras desgracias les obligasen a ser más fieles a su sucesor. (Manifiesto de los Persas.)
En octubre del pasado año publiqué en mi blog, Conceptos esparcidos, un escrito que titulé, quizá con alguna arrogancia y atrevimiento, En defensa de la Monarquía española y al que no me resistí a subtitular, con alguna ironía, Manifiesto de los Persas. Lo hice ya, no porque fueran unos momentos en los que los retratos de los Reyes de España estaban siendo quemados o colocados boca abajo en diversos puntos del territorio nacional, sino porque, desde hace mucho, pensaba y me maravillaba lo poco que se ha reflexionado acerca de la conveniencia o inconveniencia de la institución monárquica en España. Y cuando el propio Rey don Juan Carlos, salió por aquellas fechas y ante tales insultos defendiendo a la Corona española con el pobre argumento de que ésta había deparado treinta años de prosperidad a la nación, me maravillé aún más y no pude resistir la tentación de plasmar en aquel escrito mis reflexiones de muchos años. La defensa parecida que ha hecho recientemente don Pedro Schwartz en Libertad Digital y el reciente ataque subrepticio (o puñalada trapera) que El País ha dirigido contra la persona de don Juan Carlos por no sé qué asunto de caza, me han animado a reescribir aquella entrada de blog para esta bitácora de Rebelión Digital, página que con tanta amabilidad me ha acogido. El escrito es el que sigue:
«Propiamente hablando yo nunca me he sentido liberal en lo político. Mi cariño hacia la Historia nació al arrullo de muchas lecturas pero, en mi convencimiento de lo que es España y de lo que ella significa, figura como insigne director espiritual don Marcelino Menéndez Pelayo. »Nunca me he sentido, pues, liberal en lo político ni, nunca, he de decirlo con claridad al empezar este texto, me ha gustado la Constitución del 78. »No obstante lo anterior la he acatado (como se dice ahora) y me siento tan defensor de ella como cualquiera de los pocos que, de manera heroica, van quedando. Y ello por varios motivos: »En primer lugar porque hoy no es concebible en el mundo occidental otro orden político que no sea la democracia liberal. »En segundo lugar porque esta Constitución significó, en el momento de su aparición y hasta la llegada de Zapatero al poder una reconciliación entre los españoles y una base para la convivencia de personas y banderías políticas de muy distintas ideologías. »Y, en tercer lugar, porque los fascistas, digan lo que digan, somos bastante más demócratas que los rojos y, aunque no nos gusten, aceptamos las reglas del juego democrático. »Disiento de la Constitución en tres puntos: »El primero es el que hace referencia al papel de la Monarquía en el Estado español. Ya sé que en nuestro tiempo las palabras no significan lo que dice el diccionario pero esto de llamar Monarquía que, propiamente hablando, es el gobierno de uno sobre todos los demás, a un régimen donde todos pueden gobernar excepto el monarca, me ha parecido siempre un sinsentido. »El segundo, claro es, es el que hace referencia a la partición de España en comunidades autónomas y no porque disienta de ello en abstracto sino porque, desde el principio intuíamos a lo que eso nos iba a conducir, intuición que hoy, año 2007, vemos sobradamente justificada. »El tercero es la tibieza con la que la Constitución trata a la religión católica pues, en la práctica, la viene a considerar una religión más desconociendo la Constitución lo que ha significado esta religión en la esencia de la idea de España y desconociendo, también, que, siendo la religión algo fundamental en la cultura de cualquier pueblo, su destrucción mata a la cultura de ese pueblo. La Constitución, pues, a mi modo de ver, debería de haber afirmado que la religión católica es la religión oficial del Estado español, independientemente del respeto a las ideas religiosas de los individuos. »Así pues, sin ser la Constitución española del 78 algo que me entusiasme ni que colme el deseo del ordenamiento político que yo quisiera para mi patria, ni a mí, con todas estas rarezas mías antediluvianas, ni a nadie que estuviera en su sano juicio, se le habría ocurrido hace apenas tres años que personas como yo, ni especialmente afectas a la Constitución, ni entendidas en materia jurídica ni constitucional, íbamos a vernos en la necesidad moral de escribir, hoy, unas pobres líneas en su defensa y, quién sabe, tal como están las cosas, en el trance penoso de vernos, mañana o pasado mañana, colgados de un pino por los mismos que en estos mismos momentos no se cortan ni un pelo en quemar ejemplares de ella o en hacer mascaradas en las que queman la efigie del Rey y de la Reina y que, precisamente, son los mismos que colocan amenazadores pasquines en los que se figura la efigie de un ciudadano con un tiro en mitad de la frente. Ciudadano éste que lo único que ha hecho es pensar de manera distinta a la de estas bestias y tener el valor (porque en la España de hoy hay que tener valor para decir que uno piensa de manera distinta a como piensa la izquierda) de expresar públicamente ese pensamiento. »No pretendo aquí hacer una defensa pormenorizada de la Constitución. Por un lado, sería labor demasiado extensa y que escapa a mis capacidades. Por otro, sería repetir obviedades para cualquier persona con sentido común y, al mismo tiempo, hablar a la pared de enfrente para los que ya están, francamente, en la labor de cargársela. Por un tercer lado, y gracias a Dios, aun permanecen bastantes voces y bastantes plumas mucho más autorizadas y brillantes que la mía que, desde el lado del liberalismo (he de confesarlo) están haciendo el esfuerzo titánico diario de dicha defensa. »Sí quiero, sin embargo, y ése es el propósito del presente escrito, hacer una reflexión sobre el Rey y la Monarquía porque, a mi modo de ver, la defensa que se está haciendo de esta institución es equivocada, aún la que recientemente ha hecho el mismo Rey. »Defender la Monarquía apelando a que, coyunturalmente, los últimos treinta años, que los hemos vivido bajo ese régimen, han sido los más prósperos de nuestra historia, ni es entender lo que es la Monarquía ni es un argumento convincente. »¿Que sucede? ¿Que, si en los siguientes treinta años, esa prosperidad se va a hacer gárgaras la Monarquía ya no nos va a valer? ¿Ha de ser ése el argumento que justifica su existencia? »No. Es verdad que los pensadores que han filosofado sobre el poder, sobre su origen y sobre su legitimidad, han hecho mucho hincapié en que la finalidad de éste es la felicidad de los gobernados. Se entiende: el mayor grado de felicidad posible. Por eso, en nuestra monarquía tradicional, nuestros reyes, en la época borbónica, se dirigían en sus exhortaciones a sus entonces vasallos con expresiones como la que podemos ver, por ejemplo, en la renuncia al trono de Carlos IV:
“He tenido a bien dar a mis amados vasallos la última prueba de mi paternal amor. Su felicidad, la tranquilidad, prosperidad, conservación e integridad de los dominios que la Divina Providencia tenía puestos bajo mi gobierno han sido durante mi reinado los únicos objetos de mis constantes desvelos...”
»A nuestros oídos modernos, estas palabras del Rey pueden sonar falsas y melodramáticas. Pero no es así. El Rey, en este ejemplo (los hay infinitos) está expresando, con el lenguaje de la época, ésta finalidad del poder: la felicidad de los gobernados. Cita, como vemos, la prosperidad como uno de los elementos para alcanzar ese fin pero es evidente que esa prosperidad material no puede, por sí sola justificarlo. Es el error moderno de confundir felicidad con bienestar material. »Se equivoca, pues, don Juan Carlos I cuando apela a la prosperidad económica como justificación de su reinado. »La justificación de la Monarquía tiene mayor calado: »La Monarquía, hablando en términos generales e históricos, se justifica en el hecho de que, al estar clarísimamente establecido, por el orden sucesorio en ella, quien ocupa el poder en cada momento los gobernados se evitan los males que ocasiona la lucha por el poder, males que, en tiempos más rudos que los nuestros conllevaban guerras, asesinatos, hambre y desolación y que, en los nuestros, incluso, en los países de mayor tradición democrática, dígase la Gran Bretaña, díganse los Estados Unidos conllevan la anteposición de los intereses de partido a los intereses generales: lo estamos viendo ante nuestras mismas narices y de ello el PSOE es ejemplo elevado al cubo: la utilización miserable del 11-M y toda la perturbación que ha traído la legislatura Zapatero ¿qué son sino anteposición del interés socialista al interés general? »Así pues, siendo impensable en el mundo moderno una Monarquía tradicional, la institución no deja de justificarse en el sentido de que, gracias a ella, la suprema representación del poder queda libre de luchas mezquinas e intereses partidistas que, de esta forma, quedan (es inevitable) reservados para el brazo legislativo de ese poder y, en menor o mayor medida (mucha medida, en el caso Zapatero) para el ejecutivo. »Siguiendo esta línea de pensamiento podemos responder con contundencia a los que critican al régimen monárquico diciendo “que no es democrático porque al Rey no lo elije nadie.” Pues, precisamente por eso es bueno que haya Rey, porque para espectáculos nauseabundos como el que estamos viendo en España en estos últimos años ya tenemos bastante con las elecciones legislativas y autonómicas. »Por otro lado (y esto es algo que ya he expresado otras veces) la España que conocemos, la España que resulta del matrimonio de Isabel de Castilla con Fernando de Aragón y de la consumación de la Reconquista es un ente político y espiritual que construyeron dos instituciones: una, la Monarquía tradicional; otra, la religión católica. Si nos cargamos a cualquiera de ellas, la España que conocemos deja de existir. »Hace ya bastantes años, hablando del problema vasco con un colega mío, hombre de derechas que se mostraba satisfecho por esa reconciliación de los españoles que significó la Constitución del 78 y que me señalaba como anécdota significativa el hecho de que un familiar suyo que, habiendo ocupado no recuerdo qué puesto en el régimen del general Franco, cuando coincidía en el AVE con Alfonso Guerra confraternizaba con él de manera campechana, yo le respondí: “Desengáñate, José Ramón, ante la reivindicación de soberanía de los catalanes y de los vascos, la España liberal no tiene argumentos que oponer.” »Sigo diciendo lo mismo: si hemos abandonado el principio filosófico de que el poder deriva de Dios y creemos hoy que el poder nace de la voluntad popular, la España liberal no tiene argumento sólido que oponer, en lo estrictamente filosófico, a la reivindicación de soberanía de ninguno de los pueblos que la conforman. Si los catalanes nos dicen que ellos, para expresar su voluntad y gobernarse no tienen que pasar por Madrid no tenemos argumento filosófico que contraponer. »En este sentido, el único cemento de unión que puede mantener unidos a los pueblos de España es la Monarquía en lo político y la religión católica en lo espiritual. »El liberalismo moderado de los últimos doscientos años, dándose cuenta de ello, ha intentado conciliar el encaje de estas dos instituciones en la modernidad. Pero el liberalismo moderado, en España, viene a ser lo mismo que un caramelo a la puerta de un colegio y poco tarda en verse desbordado, por la izquierda, por sus hijos espurios: el liberalismo radical, el socialismo y las bestias incendiarias a las que antes me refería. »Se equivoca, pues el Rey, al apelar al bienestar económico, y se equivoca el señor Jiménez Losantos al tontear con la idea de una Tercera República española y parece mentira que él piense semejante cosa. La República, en España, sólo puede abocar a su desintegración territorial. A los antecedentes históricos (Primera y Segunda Repúblicas) me remito para aquellos a los que no haya resultado convincente el argumento anterior. »Hay (o había) otro argumento que, si bien no defiende a la Monarquía, transige magnánimamente con el actual sistema de gobierno de España. Es el de los que andan por ahí diciendo que ellos no son monárquicos pero son juancarlistas. Casi no merece la pena reflexionar sobre esta postura pues no es sino expresión de pensamiento débil y nada aporta al razonamiento sobre qué sistema de gobierno debemos preferir: el preferir la Monarquía en función de que el Rey de turno nos caiga más o menos simpático es, simplemente, un argumento grotesco apto sólo para mentes que, o bien quieren eludir el problema o bien, no queriéndose apear del burro de su republicanismo sentimental, no dejan de intuir el bien que aporta la Monarquía a la nación española.
»Las cosas andan mal. Las Provincias Vascongadas y Cataluña están al borde de la independencia. Los retratos de los Reyes están siendo puestos boca abajo y quemados en diversos lugares del territorio nacional y no sólo por el populacho revolucionario sino, también, por Ayuntamientos gobernados por el PSOE que es el partido en el poder. »Hace mal la derecha liberal abandonándose a divagaciones republicanas y hace mal el Rey en amigachear con la izquierda si es que, como dicen, amigachea: »Hace mal la derecha liberal porque, si el Rey ha de volver a tomar el camino de Francia, la revolución está servida, la España que ella pregona se va a hacer gárgaras de cabeza y, como decía antes, aún tendremos que dar gracias a Dios, los que quedemos diciendo estas cosas, de que no nos cuelguen de un pino: “Queremos pan, queremos vino, queremos a Fraga colgado de un pino” cantaban las izquierdas en los tiempos, conciliadores, de la Transición: ¡imaginemos lo que nos cantarán en ese otro escenario! »Y hace mal el Rey en razonar de este modo y en preterir a la derecha porque, si ha de irse, a la estación del tren que le lleve al exilio no serán ni Zapatero, ni Felipe González, por mucho que compadree con ellos, los que vayan a despedirle. Ni, por supuesto, Carod-Rovira, por muy aragonés e hijo de Guardia Civil que sea ni por mucho que hablando se entienda la gente. »Irá sólo, seguramente, algún espantajo de derechas de los que creemos en España, queremos a España y tenemos idea justa y cabal de lo que es la Monarquía para España. Alguien que, como el conde de Romanones cuando fue a despedir a su abuelo, don Alfonso XIII, quedará sentado, cabizbajo y meditabundo, en un banco de alguna estación de ferrocarril justo después de que el tren de Su Majestad haya partido llevándole al exilio. »Quizá el buenazo de don Mariano Rajoy.
La Reina Victoria Eugenia saliendo hacia El Conde de Romanones en la estación de El Escorial inmediatamente el exilio despedida por unos pocos fieles. después de salido el Rey hacia el exilio.
Si la Iglesia se mundaniza... If the world grows too worldly, it can be rebuked by the Church; but if the Church grows too worldly, it cannot be adequately rebuked for worldliness by the world. G.K. CHESTERTON, St Thomas Aquinas Nos dice Chesterton en su obra Santo Tomás de Aquino: Si el mundo se mundaniza tiene detrás a la Iglesia para advertírselo pero, si es la Iglesia la que también se mundaniza, ya no quedará nadie que se lo pueda advertir al mundo.
He recordado esta frase de Chesterton en su obra Santo Tomás de Aquino a raíz del lamentable linchamiento moral que han tenido que sufrir los obispos a manos de los energúmenos de nuestra izquierda y de las cajas de resonancia suyas que son, en mayor o menor medida, las televisiones públicas y privadas españolas por el grave delito de haberse atrevido a hablar y dar a sus fieles unos motivos de reflexión antes las próximas elecciones del 9 de marzo, recomendaciones que, por otra parte, vienen haciendo, de manera sistemática, ante casi todos los procesos electorales. Efectivamente el mundo se mundaniza. Esto no es cosa que nos deba asustar ni escandalizar pues es tendencia natural del mundo. Lo grave es el intento descarado y desaforado con el que ha reaccionado la izquierda, la tergiversación que han hecho de las palabras de los obispos y la evidencia con que nos han mostrado cómo andan embarcados, no ya en capitanear esa mundanización, sino franca, lisa y llanamente en cargarse la voz de la Iglesia católica. Querrían que ésta se mundanizara. Entonces no les molestaría que hablara. No haciéndolo, no es ya que les moleste su voz: es que les saca de sus cabales, les desquicia y no la toleran. Dicen los señores obispos en su Nota de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española ante las elecciones generales del 2008 “barbaridades” del siguiente calibre:
“Respetamos a quienes ven las cosas de otra manera. Sólo pedimos libertad y respeto para proponer libremente nuestra manera de ver las cosas, sin que nadie se sienta amenazado ni nuestra intervención sea interpretada como una ofensa o como un peligro para la libertad de los demás.” “Si bien es verdad que los católicos pueden apoyar partidos diferentes y militar en ellos, también es cierto que no todos los programas son igualmente compatibles con la fe y las exigencias de la vida cristiana, ni son tampoco igualmente cercanos y proporcionados a los objetivos y valores que los cristianos deben promover en la vida pública.” “Los católicos y los ciudadanos que quieran actuar responsablemente, antes de apoyar con su voto una u otra propuesta, han de valorar las distintas ofertas políticas, teniendo en cuenta el aprecio que cada partido, cada programa y cada dirigente otorga a la dimensión moral de la vida. La calidad y exigencia moral de los ciudadanos en el ejercicio de su voto es el mejor medio para mantener el vigor y la autenticidad de las instituciones democráticas.” “No es justo tratar de construir artificialmente una sociedad sin referencias religiosas, exclusivamente terrena, sin culto a Dios ni aspiración ninguna a la vida eterna. En ese sentido parece que apuntan, entre otras cosas, las dificultades crecientes para incorporar el estudio libre de la religión católica en los currículos de la escuela pública, así como el programa de la nueva asignatura, de carácter obligatorio, denominada ‘Educación para la ciudadanía’.” “El terrorismo es una práctica intrínsecamente perversa, del todo incompatible con una visión moral de la vida justa y razonable. No sólo vulnera gravemente el derecho a la vida y a la libertad, sino que es muestra de la más dura intolerancia y totalitarismo.” “La Iglesia reconoce, en principio, la legitimidad de las posiciones nacionalistas que, sin recurrir a la violencia, por métodos democráticos, pretendan modificar la configuración política de la unidad de España.”
¿Tienen o no tienen los obispos derecho a decir esto? ¿Tenemos o no tenemos los católicos derecho a hablar así? Pues parece ser que, para la izquierda, no lo tenemos. Esas palabras de los obispos se han interpretado como petición de voto para el Partido Popular. Es falso: con la Nota de la Comisión permanente en la mano, lo mismo podría inferirse una recomendación del voto para el PNV o para CiU o para cualquier partido que no esté embarcado en la tarea de hacer desaparecer la dimensión pública de cualquier religión para relegarla, como paso previo a su total desaparición, a la conciencia individual. De la religión católica, claro, porque, curiosamente, ni estos energúmenos ni sus televisiones ven inconveniente en que la religión musulmana, por boca de don Yusuf Fernández, portavoz de la Junta Islámica, pida, al casi millón de musulmanes que viven en España, el voto para el PSOE e IU y el “rechazo” al PP. Lo pidió don Yusuf en las pasadas elecciones locales y lo pide ahora el presidente de dicha Junta Islámica, don Mansur Escudero. Y uno se pregunta: ¿por qué los musulmanes pueden pedir explícitamente el voto para el PSOE y los obispos católicos no pueden hacer reflexiones como las que han hecho (sin pedir ningún voto explícito)? Y, por qué los medios de comunicación, deforman la noticia sobre la Nota de los obispos y la presentan como una intromisión intolerable suya en la política y callan como muertos ante lo que pide la Junta Islámica. Pues porque son unos cínicos. Porque están en lo que están, en hacer callar al pensamiento católico pero de manera que no nos demos cuenta de su propósito. Para ellos vale todo. Sólo lo católico le es intolerable a estos adalides de la tolerancia. Su Educación para la Ciudadanía va a consistir, precisamente, en esto: en meter en las conciencias de las gentes el convencimiento de que la Iglesia católica no puede hablar de lo público pues eso es una intromisión en la vida política y un atentado a la libertad del pensamiento político cuyo monopolio ostentan ellos. Dejarán hablar al que no moleste mucho. Pero ¡ay del que les ponga el dedo en la llaga! Y, los señores obispos, con una ponderación encomiable, han puesto el dedo en la llaga y ahí tenemos la reacción desaforada del PSOE y sus secuaces. Estos días he andado buscando el libro de Chesterton con cuya cita encabecé este escrito pues quería insertarla en él. Lo tengo (o lo tenía) en una viejísima edición de la fenecida Colección Austral. Dado mi desorden, he sido incapaz de encontrarlo y, al final, no he tenido otro remedio que descargármelo de Internet desde una página en inglés pues, en castellano “ni está ni se le espera” (digo de paso que no es la primera vez que me pasa esto a la hora de buscar un título que me interese: con honrosas excepciones, en las páginas españolas suele abundar la paja tanto como escasear el grano.) Como no lo encontraba, he ido posponiendo esta redacción y, mientras tanto, he debatido sobre ello en diversos foros en los que he podido ver el odio irracional con el que la gente de izquierda ha reaccionado a la Nota. Desde “carcas” y “espantapájaros” a “pederastas”, “depravados”, “folladores de niños”, “rastreros”, “soberbios”, “mentirosos”, “fundamentalistas”, “delincuentes”, “autoritarios”, “cínicos”, “hipócritas”, se les ha dicho de todo. Se ha dicho que “se deben meter en sus agujeros” y “hablar lo justito”... (¡Ésa es la madre del cordero! ¡Los obispos deben hablar “lo justito”!) Un individuo ha interrumpido la celebración de una Misa en Barcelona por este motivo. Un escolapio, don Enric Canet, ha llamado hereje a monseñor Cañizares. Y hasta el habitualmente ponderado don Francesc Puigpelat, de e-noticies, ha saltado como empujado por un resorte y se ha desahogado con una sarta de necedades tales como que lo próximo que hará la Iglesia será fijar el IRPF en un artículo titulado L’Església es integrista. No podemos sorprendernos de esta asonada: si el señorito de toda esta ralea, sr. Zapatero, presidente del Gobierno español, les acusa de “utilizar el terrorismo en campaña” y les advierte que “si no se lo hemos aceptado a Rajoy, tampoco se lo vamos a aceptar a ellos,” creyéndose no sé quién para tener derecho a aceptar ni dejar de aceptar lo que digamos los demás; si Zapatero reacciona así, hablando por la herida ¡que no dirá el populacho! Como canta el cura responde el sacristán. En fin. Me remito, en las notas que apunto al final, a estos foros para no repetirme ni extenderme demasiado y para que se vea el tono de la reacción de la izquierda. Sólo quisiera añadir aquí otra frase de Chesterton que desconocía y que, en esta búsqueda interneteril que he tenido que hacer tras su obra sobre Santo Tomás de Aquino, me he encontrado de paso. Dice así: “La Iglesia no le pide al hombre, para entrar en ella, que se quite la cabeza. Tan sólo le pide que se quite el sombrero.” Genial, Chesterton. Y eso que no estudió Educación para la Ciudadanía.
|
||
All rights reserved © 2006
rebeliondigital.es rebeliondigital.com