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Bitácora "PMM" Por Pedro Morales Moya |
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No es una cuestión menor Por Pedro Morales Moya Domingo, 14 de marzo de 2010 Desde los tiempos de la Reconquista los pueblos romanizados del norte de la Península participaron en la defensa de sus territorios y de sus costumbres, ante la avasalladora invasión de los árabes. También Vasconia soportó la presencia de Roma en sus zonas más urbanas y luchó, ante la llegada de los árabes a parte de sus territorios, de la misma forma que sus vecinos, sin que por ello se perdiera el arraigo de los buenos usos y costumbres heredados de sus ancestros. Entre estas herencias estaba la institución del mayorazgo, que permitía mantener indiviso el patrimonio familiar dejándoselo a un solo heredero, el primogénito. Los restantes hermanos podían permanecer en la casa sin otro derecho que el de manutención y cobijo a cambio de prestar los servicios que demandara el heredero. Se comprende que bajo ese régimen familiar, los hermanos menores se buscaran la vida en otros lares. Esto explica las numerosas vocaciones religiosas que, desde tiempos remotos, se dieron en Vascongadas. Y de ahí nace, también, que muchos vascos nutrieran puestos de cierto rango en la marina, el ejército y en la administración del Reino, cuyo acceso se facilitaba por aquello de la hidalguía reconocida a gran número de familias de oriundez vascongada. Estas cosas no se recogen en las asignaturas de historia que cursan en la actualidad los escolares vascos. Flaco servicio el que se les presta, total para nada. Estos honrosos destinos aceptados por los segundones, facilitaban el entendimiento entre las gentes vascongadas con las del resto de España y, a lo largo de los tiempos, contribuyeron a la presencia en el país de un selecto grupo de expertos, que sabían administrar sus instituciones y compaginar esta autonomía con los servicios, que daban en unos casos y recibían en otros, a la Corona. Era gente lista, hay que reconocerlo así, como no lo son ahora bastantes de sus sucesores; no parecen herederos de aquellos avispados vascos que, siglos atrás, prosperaron mediante sutilezas finísimas, buscando en las entretelas legales, aquello que más les convenía sin faltar a la lealtad prometida a la Corona; conjugaban a las mil maravillas esa lealtad, con sus propósitos de sacarle el máximo provecho. A diferencia de aquella tenaz defensa de los fueros, los vascos que hoy se sienten iluminados por el patriotismo nacionalista, no son leales al sistema. Han aceptado unas normas, dicen que las acatan, pero en cuanto pueden se valen del poder que les otorga ese sistema que denigran, para promover su derribo desde dentro. Viene esto a cuento de la proposición no de ley presentada en el Parlamento Vasco por el PP para expulsar al partido ANV, declarado ilegal por sus connotaciones etarras, de los Ayuntamientos donde gobierna en el País Vasco. Los argumentos que para oponerse a esta proposición esgrime el PSOE, son inconsistentes y demuestran sus temores a ser tildado de “frentista” por todos los nacionalismos vascos. Digan lo que digan, desde el PSOE, pese a la alianza concertada con el PP para gobernar en el País Vasco, siempre mantuvieron un inexplicable temor a ese sentir patrio nacionalista. Ahora se sacuden cualquier responsabilidad pasando la patata caliente a los jueces. Los nacionalistas “buenos” argumentan de otra forma: no podemos dejar sin representación electoral a un amplio sector de vascos; no es democrático. Como puede advertirse, este nacionalismo “bueno” que se considera un paladín de la democracia, no tiene temor alguno a valerse de un sofisma para defender la presencia electoral de un sector que no duda, no ya en estar contra, sino en proclamarse enemigo del sistema democrático, incluso por medio de la violencia. Se podrá decir que el régimen vigente en España no es democrático, en cuanto no admite la autodeterminación del País Vasco, de Cataluña, etc., pero la propia Constitución tiene abiertos los cauces para su reforma. Y eso, es democrático. Al menos ha de reconocerse que como tal se les propuso a los electores y que como tal fue aceptado por una mayoría cualificada de votantes que hicieron posible esta ley de leyes. Pero es que además, esta legalidad democrática se acepta incluso por los que no la votaron, desde el momento en que como partidos legales están dispuestos a participar en las elecciones que les dan paso a las distintas instituciones del sistema, tal como los Ayuntamientos, las Diputaciones Forales, el Gobierno Vasco… ¿Quién excluye a los partidos filoetarras de esta participación? ¿Quién les impide tener acceso a las concejalías y demás cargos? Sencillamente se auto excluyen por no estar dispuestos a cumplir las leyes. Esto no lo quieren ver los nacionalistas que argumentan: no hay derecho a dejar fuera de juego a un amplio sector del pueblo vasco. No es una cuestión menor. A estos nacionalistas les falta un mínimo de sinceridad, un poco de vergüenza. Si no quieren ser leales al sistema, tomen entre manos el libreto y vean la forma de cambiarlo. Lo quiso hacer Ibarretxe y no salió bien parado en el intento. Lo desean los catalanes del tripartito y ahí está el Tribunal Constitucional: Veremos lo que decide. Son dos modelos de abordar el afán de una mayor autonomía, casi independencia. Cómo puede advertirse no estamos ante un imposible democrático. Puede a uno no gustarle lo que pasa, incluso renegar de una Constitución que para unos se queda corta y para otros está desmembrando España. Lo que no puede decirse es que hay electores que no están representados políticamente, cuando ellos mismos se colocan fuera de la ley. ¿Y esos miedos del PSOE? Ese es otro cantar que además produce vergüenza.
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