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Zapatero se queda con el vivo, con Castro

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Rajoy vuelve a perder

Cagadero nacional

Rajoy es bueno para Zapatero

Tranquilo, amigo

Olvidarlo es un error

Quieren un poco de aire limpio

No tengas miedo a ganar, Mariano

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                       Bitácora "LAR"      Por Lorenzo de Ara Rodríguez

 

 

Nos ordenan aguantar, por buena educación

Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista

Lunes, 22 de febrero de 2010

El rey lo aguanta todo. Y más. La Corona no está para poner mala cara. Se come el plato que le pongan en la mesa. Ni siquiera se queja ante una comida fría, demasiado fría. Los gritos, los insultos, las amenazas, aunque estén lideradas por muchachos sin inteligencia, se reciben con protocolaria naturalidad. El himno español es ninguneado y la bandera no se quema porque no hoy gasolina a mano.

La final de la Copa del Rey de baloncesto significó otro paso hacia el descalabro. La marabunta se adueña del graderío y hasta los padres acompañando a sus hijos se desgañitan para que les escuchen insultar al supuestamente todopoderoso. Es la realidad. El Rey y la reina saludan, igual que si fueran dirigidos por la mano de un prestidigitador con mucho glamour. Pero los padres de la Constitución se van retirando de la escena, así que no queda una mano prodigiosa ni una boca turulata que articule una palabra con sentido.

El Rey no le tiene miedo a la jubilación. Teme por el futuro de su vástago. El príncipe no ha hecho gran cosa. Lo que pasó en la noche del 23-F sirvió para ganar un trono, el suyo, el nuestro, pero no supuso la coronación de Felipe y doña.

El crédito de Juan Carlos es finito. Lo normal. Es un prestigio que se disipará con su retirada. A todos los efectos. El sucesor no tiene en el cuerpo, tampoco en la cabeza y menos aún en el alma, la bendición que nace de una acción memorable, heroica, institucional.

Los gritos, alaridos, las imprecaciones y los gestos chabacanos seguirán acaparando las noticias. También las reflexiones. El vocerío de las bestias se convertirá en algo normal, genuino, democrático, repulsivamente democrático.

La sucesión de Juan Carlos no es un problema. La escenificación del mal gusto tampoco. Todo se da por bueno. Natural. El nuevo milenio nos regala una maravillosa visión de las cosas. Nos admiramos porque somos tolerantes. Nos pisotean, pero tolerantemente decimos no a la acción.

El Rey nos sirve de ejemplo. La cara del insultado no es la cara de un rey pasmado, es la cara de un rey haciendo su trabajo. Aguantar.

 

 

 

Zapatero se queda con el vivo, con Castro

Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista

Lunes, 22 de febrero de 2010

Ya está muerto. Ahora toca enterrarlo. El dolor de la madre es natural. Pasará con el tiempo. A lo mejor no. El bueno de Orlando Zapata ya está en el infierno. Descansado en paz. Digo infierno porque todo el que muere y en vida ha estado en contra de la bondadosa tiranía castrista, va derechito al infierno, a quemarse por los siglos de los siglos.

Los Castro son inmortales. No esperen su muerte. Ni la deseen. Es pecado. Ellos se mantienen con vida porque tienen la verdad en la sangre. Corre la verdad por sus venas, e inyectan con suma generosidad esa verdad en otros países. España es uno de ellos.

Aquí, en hacienda de socialistas de pura radicalidad, la Cuba castrista es el paraíso en la tierra. ¿Condenar? No se condena lo que empíricamente se ha demostrado que es muy bueno. También para la salud. Física y mental.

Zapatero es el más cuerdo de todos los radicales. No le pidan a ZP que condene, por lo menos en caliente. A lo más que puede llegar el socialismo devorador de niños es a lamentar la muerte de un pobre negrito, obrero y respondón. Más allá no se va. Es inapropiado. El alma del radical, como el alma del perro rabioso, expulsa todo sentimiento noble.

La cárcel cubana es una bendición. Zapatero, Moratinos, De la Vega, Pajín, Bibiana, los titiriteros, todos juntitos apoyando un poquito más de tortura, un poquito más de cárcel, un poquito más de mordaza en la boca. Es el socialismo que en Ferraz no pueden implantar en España. ¡Qué pena!

La nuestra es una democracia imperfecta. La de Cuba ―porque aquella sí es una democracia real― es la más perfecta herramienta que tiene el pobre para no sentirse pobre. Podrá ser pisoteado, encarcelado, fusilado, pero no será pobre. Todos iguales, blancos, negros, homosexuales. Todos iguales en la fila que lleva a la muerte.

Y Zapatero no sabe qué responder. Tarda demasiado. Es un suplicio. ¿Por qué preguntan por Cuba? ¿Por qué preguntan por Orlando? Ese negro ya es pasado. Ya es comida de gusanos. Era un problema. Ya no lo es.

Zapatero trabaja por la paz. Trabaja por Cuba. A su manera. Besando el rostro asesino del dictador, acariciando su barba, añorando su bota. Es el socialismo que tenemos, el socialismo que gana elecciones, el socialismo que convence al pueblo, bendito pueblo, democrático pueblo.

 

 

Gustave, buen cocodrilo

Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista

Lunes, 22 de febrero de 2010

Lo mejor para usted es que no haga lo que yo. No pierda el tiempo pidiendo justicia. Por ejemplo, no malgaste la vida escribiendo. Ni siquiera salga a la calle para manifestarse a favor de la vida junto a otros locos. Olvide a De Juana Chaos. Convierta a “El Rafita” en un mal sueño. Deje que la política lo invada todo, que se apodere de los intersticios vitales.

Pero yo no puedo hacerlo. Quisiera, pero no puedo. Leo lo que le pasa al asesino etarra y me quemo en el odio más visceral hacia ese cabrón que después de tantos crímenes, tanto dolor y tanta tragedia, sigue sin pedir perdón.

Vive en Irlanda del Norte. Recibe subvenciones para no pasar hambre, y aspira a trabajar en un taxi turístico. No sabe inglés, pero tiene memoria, así que, con recordar cómo apretaba el gatillo y ordenaba poner bombas, es más que suficiente para contentar el capricho del usuario y las consignas del IRA.

A De Juana Chaos le perdonó la vida esta democracia en decadencia. El asesino recuperó la salud, alimentándose de la sangre de sus víctimas.

“El Rafita” roba y se burla de la calle. La niña está muerta y sus padres pasan la lengua por el asfalto que pisa el lobo. La sociedad recuerda, ya vagamente, que el muchacho se llevó por delante el latido de una niña que soñaba con tener futuro.

La Ley del Menor es una mierda. Eso dice el padre de la muerta. Porque muerta está la que no pasea, no ríe, no sueña, no respira. Bien muerta. “El Rafita” es el que está vivo, medio aburrido, pobrecito, pero vivo.

Y luego nos comemos el coco ante la brutal existencia de un cocodrilo al que llamamos Gustave, vive en Burundi y se ha tragado a muchos tíos y tías que pasaban cerquita de sus fauces.

Dicen los entendidos en cocodrilos y en los bolsos hechos con la piel del pobre animalito, que el tal Gustave mide más de 7 metros, tiene 65 años y pesa una tonelada.

Pues ese Gustave es un inocente si lo comparamos con De Juana Chaos. Es un angelito si lo emparentamos con “El Rafita”.

En esta España progresista y pedorra hay cocodrilos nacidos en las urnas. Se mueven con total impunidad, y se ríen de sus presas.

Por ese motivo, la peineta de Aznar a los borregos que le insultaron merecería la admiración de un pueblo sano, pero lo que recibe es el desprecio del gobierno de turno y la reprimenda de los comeculos que se multiplican como conejos enfermos después de tanto follar.

 

 

 

Sin trabajar

Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista

Sábado, 20 de febrero de 2010

Nuestros políticos en las Cortes lo tienen muy fácil. Lo tienen todo hecho con ser mediocres actores. En esta mala película ellos copan los principales papeles. Nosotros, ácaros con documento nacional de identidad, pasamos de un lado a otro, sin rostro.

Así, lo vivido hace unos días en el Congreso de los Diputados es la demostración más clara de que existimos en un lodazal. ¿Qué otra cosa puede ser el escenario que deja un gobierno radical de izquierdas? No hay inocentes en la bancada madrileña. No busque en la derecha. En ese lugar se pierde la inocencia porque hay demasiado apego a los dimes y diretes.

Zapatero es un privilegiado del siglo XXI. Sin trabajar, consigue que le crezcan las ojeras. La culpabilidad es aterradora. El alma consigue cosas que el cuerpo ni siquiera se atreve a emprender. Es el alma de Zapatero ―porque la tiene, aunque cueste creerlo― la que empequeñece sus ojos, llena de blanco el pelo de su testa, y encorva la espalda. Pero Zapatero no ha trabajado jamás. Y culminará su andar por este andamiaje sin saber lo que significa un mal mes, un sueldo de miseria y una crisis sin fin.

Ese hombre inventa cabriolas. Convoca reuniones a las que acuden raudos todos los grupos que quieren una migaja de alimento para yacer en el paraíso. El PP se lo piensa pero está condenado a responder que sí. Rajoy lo sabe. Y con la puntual asistencia se produce lo inexplicable. Otra victoria del tirano.

En la antigüedad, los tiranos apostaban por el absolutismo más brutal. En el siglo XXI, los nuevos tiranos consolidan su tronío con mucha dosis de simpatía, elocuencia, marketing, subvenciones y entreguismo. Prefieren dar, antes que recibir. Contentar, antes que enfangar.

Zapatero fabrica su leyenda mejor que ningún otro tirano del pasado. No necesita escribas, trileros, comeculos, asesores o ministros. Su leyenda dista mucho de la que se encontró Carlos II el Hechizado, el último rey de la dinastía de los Austria. Ahora se comienza a escarbar un poco en la verdad. No era bueno, pero tampoco fue el depredador de la corte de una potencia global que se volvía liliputiense.

Zapatero pasará a la historia como un tío guay. Superguay. Pero hay en esta España entubada algunos pocos que conocen su verdadera fachada. Incluso tienen la desgracia de conocer su gélido abismo.

Zapatero es como todos los políticos. Sin embargo, al ostentar el poder, se ha convertido en una máquina más próxima a la farándula que a la calle que pisa el españolito sin trabajo, aunque trabajador al fin y al cabo. Es el parado que no será ministro, presidente de Gobierno, asesor, concejal o consejero. Ese español no se mueve por el andamiaje. Él es el andamiaje que pisa Zapatero.

 

 

 

Rajoy vuelve a perder

Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista

Jueves, 18 de febrero de 2010

Lo dijo Heródoto: “De todos los infortunios que aluden a la humanidad, el más amargo es que hemos de tener conciencia de mucho y control de nada”.

También sentenció: “El más acerbo dolor entre los hombres es el de aspirar mucho y no poder nada”.

José Luis Rodríguez Zapatero es un aventurero. No le tiene miedo a nadie. Menos aún a Rajoy. El gallego no le incomoda. Es un débil aspirante al título de presidente de España. Pelea, no se cansa, aguanta los golpes del campeón, pero sigue sin levantar pasiones. Nadie le acompaña en la derrota.

Rajoy no es descendiente de aquel general griego que se enfrentó al temido ejército del imperio Persa.

En la llanura de Maratón se ganó una batalla que cambió el rumbo de la historia para occidente. La infantería y los inmortales del emperador Darío I perdían una vez más a manos de una ciudad estado minúscula, orgullosa y arrogante.

Filípides corrió más de 41 kilómetro para anunciar la victoria. Luego murió. Rajoy ni siquiera tiene un soldado tan aguerrido. La derecha española sabe jugar en una mesa, pero es incapaz de bajar al campo de batalla.

No piense el sapientísimo lector que Rajoy es peor que Zapatero. No, nada más lejos de la realidad.

Zapatero es el todopoderoso que ha negado la crisis y ha prometido la salida del túnel en muchas ocasiones. Tantas como las veces que ha mentido al electorado. Es pues Zapatero el enemigo. Rajoy es un aspirante. Un mal aspirante.

Zapatero dijo: “Si tiene valentía y coraje, presente una moción de censura”. Rajoy respondió: “Es la primera vez que un presidente nos invita a una moción”.

En esa pelea cuerpo a cuerpo, en ese abrazo mortal, Zapatero siempre gana a Rajoy. Y ya estamos cansados de ver la derrota. Porque es la victoria de Oriente contra Occidente. Lo contrario que en Maratón. Zapatero es Darío I.

De Heródoto sólo debemos fiarnos un poco. Es muy hipérbole. Pero la historia nos dice que la gloria acompañó a Atenas y a las otras ciudades estado, incluida Esparta.

No está en esta derecha política un Milcíades con sabiduría y coraje. Muchas cosas han cambiado desde que en el 490 a. C. unos pocos hombres vencieron al imperio más grande y atronador que la historia había conocido hasta ese instante.

El PP es un ejército derrotado. No tiene un general que lo lidere. La izquierda puede seguir con su ambiciosa y calculada destrucción.

 

 

 

Cagadero nacional

Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista

Lunes, 15 de febrero de 2010

No lo sabía. La historia está ahí para enseñarnos. Jesús Cacho, en elconfidencial.com nos deleita con un brillante artículo. Léalo

España siempre ha sido un país de comeculos. Se pervierte el populacho, se engolosinan los sabios de la corte. Pervertidos todos para alegrar la existencia del generoso de turno. En el siglo XXI, los políticos tienen demasiado poder. El votante, materia inerte, le entrega con la papeleta una suerte de gracia galáctica. El país se hunde. Apocalíptica la vuelta de la esquina. El político acusa a otro, a todos, pero él se salva, incomprendido, acorralado por enemigos internos y externos. Los últimos en una posición más enjabonada y acorazada.

La crisis económica, también institucional, empezando por la que está más arriba, se lleva por delante a los comeculos. De eso me alegro. Sucias las bocas, contaminada el alma. Engrosan una fila de cadáveres libres, ridículamente libres. Han votado para consolidar la mentira, la zafiedad, la nulidad, la oratoria de los fuegos de artificio.

La historia es límpida. Está, por ejemplo, ese fusilamiento de Lorca. El asesinato. Mal día, jodida guerra. Y con el devenir de los segundos, un gobierno entero se moviliza para remover los huesos del fiambre ya inmortal y siempre vivo. No encuentran la carabela, pero sí la suciedad del oprobio cometido. Hay más oscuridad, más gusanos, más dolor.

En esa despiadada búsqueda del poeta, no hay un rayo de esperanza. No se busca la libertad. El gobierno, los comeculos, la arenisca intelectual,  todos aspiran a consolidar la destrucción del espíritu de la transición. No hay más. Con azulejo de primera calidad se construye un cagadero para la historia nacional.

Con la crisis económica se desnuda Zapatero ante los ojos de un pueblo que huele el hambre. No se ve la desnudez, ni siquiera hay retroceso ante el hedor insoportable que se descuelga de la flácida carne de un engendro ideológico. Todo se ha cumplido. El culmen de la degradación.

 

 

 

Rajoy es bueno para Zapatero

Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista

Miércoles, 10 de febrero de 2010

Que sí, que tenemos un líder de la oposición bastante apagado. O sea, lento de cojones. Es Mariano lo poco bueno que le puede estar ocurriendo a Zapatero. David Gistau lo sentencia en El Mundo:

“Rajoy recuerda a aquel espermatozoide de Woody Allen que tenía pavor a la luz verde del salto”.

La política del PP tiene desencantados a millones de votantes que ni de coña han pensado votar al socialista. Pero la inactividad del PP está provocando que esos millones de votantes, futuros votantes, piensen que a lo mejor es más conveniente votar en blanco, pasar del PP, pasar de Rajoy, y ejecutar una sentencia capital hacia los dos partidos mayoritarios.

Rajoy lo tiene muy fácil. Pero también es complicado aceptar la simplicidad de la situación. Lo que tiene que hacer es proponer una alternativa a la debacle zapateresca. Necesitamos escuchar de su boca una serie de medidas eficaces para salir del actual atolladero. Lo que no admitimos como juego limpio es la presencia mayestática de un opositor que aguarda con la baba en los labios a que la desgracia con guadaña caiga desprevenida sobre el cráneo del mortal monclovita.

Zapatero es el culpable. Fetén. Zapatero es el personaje ya histórico que ensuciará los libros sapienciales. España está sufriendo las consecuencias de una arremetida ideológica. Como la pertinaz sequía y la conspiración internacional proclamada en la plaza de Oriente por el general derrotado. Paradoja. Y Rajoy, si quiere entrar a la casa del otrora guapito de cara, debe hacer cuanto antes los deberes.

En primer lugar, tiene que hablar y pensar, mejor pensar antes de hablar. Es menester que se desprenda del miedo al qué dirán. Necesitamos un Rajoy transparente, enfadado, provocador, inteligente pero infante de marina en plena ebullición. La moción de censura es una herramienta. Y si hay que perderla, que se pierda, a pecho descubierto, dando la cara, en el centro del ruedo, a las cinco de la tarde. Peor lo pasa el parado que depende de la prolongación del PER nacional para poder aguantar hasta las próximas elecciones. ¿Votar? Cuánta pérdida de tiempo.

 

 

 

Tranquilo, amigo

Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista

Domingo, 21 de junio de 2009

Un buen amigo de Bilbao, con el que hablo de política y de buena comida, estaba ayer sábado muy enfadado. Tenía ganas de hacer una locura. Tenía ganas de salir a la calle en busca de los criminales que quemaron vivo al buen policía, al buen servidor.

Todavía sigue inmerso en la desesperación. No quiere pensar en frío. Está harto de la sangre y de la insufrible cobardía de cientos de políticos que se dejan fotografiar para luego volver a las andadas de un juego estratégico que mantiene con vida a ETA.

Está bien decir que lo importante es ir a por ellos. Que la unidad de las fuerzas democráticas vencerá a los matarifes. Que la sociedad civilizada está mejor preparada. Pero dentro de esa sociedad ―la vasca― hay soplones, topos, ojos, oídos, bocas susurrantes, colaboradores de una organización criminal que sólo merece sufrir el golpe más severo por parte del Estado de derecho.

Mi amigo se acuerda de las conversaciones, de la paz prometida por el  presidente del Gobierno, de la osadía socialista cuando buscaba trabajadores por la paz dentro de ETA y en los alrededores de la radicalidad independentista. Se acuerda del grave retroceso y de la escasa memoria que tiene el pueblo.

Quiere ver en Patxi López al Lendakari que, con el apoyo del PP acabe para siempre con los asesinos. Pero al mismo tiempo no quiere oír hablar de falsas unidades, no quiere que se pierda el tiempo intentando recuperar elementos irrecuperables y engordados con la sangre de inocentes.

Me despido hasta el lunes convencido de que para entonces la calma habrá anidado en su cabeza. Mientras tanto, le dejo en compañía de su mujer y de sus dos hijas. Me promete que volverá a reencontrarse con Julio Cortázar, con el excelente cine de Garci, con la música sublime de Falla, con los poemas de Antonio Machado, con la comida de su madre y con el paseo vespertino al lado de su compañera. Yo haré lo mismo, porque no podemos vivir buscando permanentemente el ojo por ojo. Dicen que eso es malo.

 

 

 

Olvidarlo es un error

Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista

Sábado, 20 de junio de 2009

En caliente, cuando ETA mata, no se debería opinar.

Cuando los soldaditos de la jodida y ficticia patria vasca hacen estallar una bomba lapa, sería muy recomendable que las personas de bien se mantuvieran en silencio, haciendo la vida normal, tal vez mirando la realidad con los ojos entornados, pero nada más.

En caliente, a poco que a un hombre le hierva la sangre, lo que puede soltar por la boca o dejar escrito en un  sucio papel es peligroso, provocador.

Al fin y al cabo, cuando pasen dos o tres días, del muerto se acordarán sus familiares y, quizás, si al político de turno le conviene, también su partido. El dolor yacerá en ese hogar, hoy roto.

Mientras tanto, la democracia, secuestrada –olvidarlo es un error- por los políticos y sus voceros, no tendrá más remedio que volver a enterrar la realidad; no le quedará otro camino que el de la rendición permanente; la constante y nauseabunda búsqueda de un acuerdo dialogado, ahora en la luz de la calle, después, en las tinieblas de las alcantarillas.

El hombre que trabajaba para acabar con ETA, con los valientes hijos de puta que en nombre de esa tierra matan y se alimentan de la sangre derramada, gritó mientras era consumido por el fuego. Su vida acabó porque así lo quiso la dictadura de esos miserables.

Y ahora viene algo que también duele. Algo que nos humilla como nación. Viene el desfile de los rostros acartonados. Se atisba ya la parafernalia protocolaria de estos acontecimientos. Las palabras huecas, los gestos grandilocuentes, la superflua firmeza de un sistema que, siempre que ETA mata, está un poco más deslegitimado.

 

 

 

Quieren un poco de aire limpio

Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista

Miércoles, 17 de junio de 2009

…Y seguro que ni están pensando en una democracia a la europea. No piensan en ella porque a lo mejor la tienen olvidada. O porque nunca han disfrutado de nuestro sistema de convivencia. Los manifestantes en Irán que no se tragan los resultados electorales, y que de nuevo colocan en el poder al temible y temido Ahmadineyad, lo único que quieren es que se repitan unos comicios donde su candidato, un reformista dentro de la teocracia, se proclamó vencedor. El reformismo en Irán es aliviar un poco la carga de los habitantes. No más.

A Irán llegó la revolución en la década de los setenta del pasado siglo con el apoyo sin fisuras de la intelectualidad cultural europea. El experimento volvió a salir rematadamente mal, como casi siempre ocurre cuando la democracia occidental provoca cambios en lugares que, ayer estaban muy lejanos y, hoy ―virtud de la globalización― se encuentran a la vuelta de la esquina.

Será que la democracia no está hecha para todo el mundo. Y será también que en democracia no quieren vivir todos los seres humanos. Y será también que la democracia, que carga con infinidad de problemas, es un sistema que nace de un tipo de cultura, la cristiana y la judía.

Todos tenemos que lamentar que se produzcan asesinatos en esas manifestaciones. Las opiniones coinciden en señalar que estamos en un punto de inflexión histórico. Pero lo mismo se atisbó en China, en la plaza de infausto recuerdo. Y después todo quedó en nada. Occidente, yanquis incluidos, miró para otro lado y dejó crecer al gigante chino.

Las revoluciones que buscan renovar el aire están condenadas a sufrir severamente la impostura de los acomodados en el régimen que controla la calidad del oxígeno.

 

 

No tengas miedo a ganar, Mariano

Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista

Lunes, 8 de junio de 2009

Lo esperado. ¿Quién no lo esperaba? Zapatero sigue erre que erre. Ni un paso atrás. ¡A las barricadas mis compañeros de fatigas! Los socialistas dicen que han tomado nota, pero eso de aceptar que han sido derrotados, se deja para otro tiempo, para un futuro más límpido, alejado de la suciedad campante que crece y se multiplica en esta democracia. El inquilino monclovita no está para niñerías. Las urnas podrán hablar alto y claro, podrán ser depositarias de la voz del pueblo, pero de ahí a tener que alejarse del poder y perder el confort de la cutres monclovita, por ahí si es verdad que Z no pasa. ¡Ni loco!

Con igual precariedad intelectual, los voceros del régimen no quieren aceptar lo acaecido el pasado domingo. Cualquier análisis alejado de la realidad es oportuno para calmar el dolor y, por encima de todo, para enviar titulares a la tribu. ¡Aquí no pasa nada! ¡La derecha no alcanzará el poder!

Esos voceros se afanan en vender mentiras. Lo que más procuran es seguir haciendo lo posible para que el votante vea a la derecha como un fantasma del franquismo, o, aún peor, mucho peor, como heredera del nazismo o el fascismo. Y es que para el PSOE el miedo es una herramienta tan eficaz como el voto.

La derecha tiene mucho trabajo por delante. La victoria es clara y contundente, pero los socialistas de Ferraz no se amedrentan cuando los votos no son suficientes. En la sede de la rosa marchita ya maquinan, ya fabrican y ya confabulan para que a Rajoy la victoria se le convierta en desgracia. En una nueva y dolorosa derrota.

Y se puede convertir en derrota si Mariano no aprende a combatir. ¡Sí, combatir! Porque la democracia está siendo sacudida y bombardeada por una ideología que, a poco que se sienta con ganas y bendecida por un voto inaudito, demolerá los cimientos del edificio.

Mariano debe presentar una moción de censura. ¡Sin miedo a perderla! ¡Sin miedo a ganarla! Argumentos de sobra tiene para acribillar en la tribuna al peor presidente que ha sufrido la democracia española.

Si con el paro, la inmigración ilegal, la inseguridad ciudadana, la crisis económica y la soledad internacional, no es suficiente para expulsar del poder a Z, entonces es que, como vengo diciendo desde hace tiempo, algo se corrompe en el interior del sistema y, únicamente algunos pocos nos percatamos del hedor que desprende ese proceso de putrefacción al aire libre.

¡No tengas miedo a ganar, Mariano!

 

 

 

¡Victoria!

Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista

Lunes, 8 de junio de 2009

Gracias, Jaime. Gracias. Zapatero ya tiene su primera derrota de carácter nacional. Y se la merecía. ¡Le duele! No te dejes engañar cuando enseñe esa sonrisa casposa. Incluso merecía una derrota más amplia, más aplastante. Sin embargo, las urnas han hablado y han puesto al PP al frente de los votos. Basta con mirar el mapa de esta España tan enferma para comprobar que la democracia ha ganado. Y digo que ha ganado la democracia porque otro resultado hubiese significado un tropiezo histórico, una regresión mortal hacia un régimen que en nada se parece al que soñamos en 1978.

Gracias, Jaime. Sobre todo porque no ha sido fácil. Ya sabemos que el PSOE es un experto en el uso del miedo, del resentimiento y el odio. Pero esta vez, la maquinaria socialista ha fracasado. Huele a derrota.

Cuando escribo estas líneas los dirigentes del partido de la rosa (ya marchita) todavía permanecen escondidos, aturdidos, seguramente porque son incapaces de felicitar al Partido Popular. ¡Su cultura democrática es contraria a ese tipo de acciones!

La derecha española, sin complejos, debe ocupar la calle. ¡Basta ya de complejos absurdos que solo agrandan la podredumbre de una ideología caduca y rastrera! La democracia se consolida cuando los ciudadanos se convierten en seres libres.

Europa pega una patada democrática a los socialistas. Pero donde esa patada es más sonora, más dolorosa y más justa, es aquí, en la España que, poco a poco, sin ataduras, va dejando atrás un periodo político que, sin duda, ya figura en los libros como el más nefasto, zafio, pueril y falaz de la democracia.

Gracias, Jaime.

 

 

Así nos va

Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista

Viernes, 5 de junio de 2008

Decir tonterías, imbecilidades, mamarrachadas y cosas por el estilo siempre ha estado de moda en el quehacer político español. La izquierda, como nunca ha pedido perdón por nada (especialmente el PSOE) las sigue soltando como el que suelta valiosas perlas por el camino, y con el firme propósito de que los menesterosos, proletarios o descamisados las recojan para sobrevivir.

La política en España no se entiende sin los disparates que han hecho posible una victoria electoral. Los disparates siempre han estado unidos a las mentiras. Esas mentiras que funcionan muy bien cuando hay que meter el miedo al electorado o hay que despertar a los más radicales, siempre en la izquierda, para evitar que una derrota en las urnas (tan democráticas) aúpe a la derecha al poder.

Esta campaña europea no iba a ser menos. López Aguilar ha evidenciado en sus debates televisivos que no tiene paciencia ni tampoco decencia política. Su estilo es el de un boxeador que salta al ring para ganar aunque sea mordiendo una oreja. ¿Se acuerdan?

Mayor Oreja no puede despegarse de Mariano. Y eso pesa. Pesa muchísimo. El bueno de Jaime hace lo que puede y demuestra que se encuentra mejor preparado que su principal adversario. Y es precisamente esa preparación lo que le convierte en una posible víctima a manos del votante, pues España es un pueblo hecho para no pensar; es un pueblo hecho para masticar las migajas que ofrece el poder. Cualquier poder.

Hay una profesional de la política que en esta ocasión se ha mostrado mucho más altiva y acaparadora de titulares. Ya saben ustedes que me refiero a Leire Pajín. La sucesora de Pepe Blanco al frente de Ferraz es una contumaz apisonadora a la hora de decir majaderías. El cadavérico esqueleto socialista esconde su desnudez con las frases de esa joven virtuosa y privilegiada. ¿Imaginan a Pajín en una empresa privada, con el poder que ahora ostenta, y con la misma libertad que atesora para escupir gilipolleces todos los días? Yo no. ¿Pedirá perdón después de anunciar que algo profético sucederá en todo el planeta con Obama y Zapatero en el trono? ¿Y pedirá perdón Bibiana después de despojar de humanidad al ser vivo que lleva la mujer antes de dar a luz?

La dictadura política de izquierdas es un mal terrible que no deja de ensuciar la realidad española. Las mismas consignas, las mismas soflamas del pasado siglo, la ambición por el poder, la necesidad de dividir la sociedad en buenos y malos y, por encima de todo, el batiburrillo de ideas siempre nacidas o fabricadas para odiar y crispar.

Esa izquierda, tan cargante y con protagonistas a la patada en el momento de decir chascarrillos, es la que nos manda, (gobernar es otra cosa).

Yo no sé lo que hará usted, pero a mí los cómicos de la izquierda no me hacen ni pizca de gracia. Y votar es algo muy serio. ¿O no?

 

 

 

Pues claro que no te votaré

Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista

Martes, 2 de junio de 2008

No puedo con López Aguilar. Es mucho para el cuerpo. Y también para la mente. Su inteligencia es caricaturesca. Su mensaje, es el eco de Zapatero y, por lo tanto, carece de rigor. Denota que busca un puesto, pero no hace nada por convencer. Además, yo creo que el socialista en la oposición en Canarias, no quiere sino meter miedo, mucho miedo, ese miedo que, bien empleado, siempre otorga buenos dividendos a la izquierda más radical de Europa.

Después de tantas mentiras, el PSOE hubiera acertado pidiendo perdón. Un perdón así de grande, histórico. Si hubieran asumido el fracaso, a lo mejor, con gran esfuerzo, también habrían dejado atrás el rencor, el odio, la demagogia y la pestilente fanfarronería.

El candidato de Ferraz es la viva imagen de un socialismo ramplón. Es la imagen más rutilante de una ideología que vive del recuerdo, ama la confrontación y se alimenta de lo que cobra vida en las trincheras de la historia. La modernidad del socialismo en España reside en un NO-DO cansino.

Lo dicho, yo por lo menos no puedo que ese opositor de la política canaria que lleva tras de sí un enjambre de malas ideas. A su expresión maniquea, con sonrisa petulante y verborrea callejera, hay que sumar la irrisoria puesta en escena de sus ideas. En definitiva, López Aguilar es únicamente una pieza más del engorroso y barriobajero poder que atesora Zapatero.

 

 

 

A jugar con lo público

Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista

Viernes, 29 de mayo de 2009

Si el presidente del Gobierno de España, ridiculizando a la prensa, vuelve a coger el avión militar para desplazarse a otro mitin socialista y en plena campaña electoral, quedará muy claro para los otros presidentes de las pequeñas y ridículas cabezas del reino, diecisiete en total, que la veda se ha abierto; que con la cosa pública se puede hacer lo que se quiera. Todo lo que se quiera. Ni más ni menos. ¡Y a la prensa que le den!

La democracia se hunde un poco más. Esta democracia barriobajera y pusilánime lo aguanta todo porque ya está en las últimas. Se deja morir. Deja que la maten sus propios servidores.

Lo público es de unos pocos y se encuentra al servicio pleno y sumiso de esos privilegiados, que tanto han hecho, hacen y seguirán haciendo por el bienestar de los ciudadanos. ¿Se lo cree?

En cualquier otro país medianamente serio, y ciertamente democrático, las andanzas de muchos políticos habrían costado como mínimo el escarmiento público y, a continuación, la huida hacia una guarida de la que nunca se atreverían a salir. Pero aquí impera el pillaje ideológico, la barbarie intelectual y el desprecio absoluto hacia la moralidad.

Zapatero viaja en el medio de transporte que más le gusta; en el que más rápido le lleve al lugar que desea. Y lo hace figurando en el cartel de la corrida como socialista, no como presidente de todos los españoles, incluso de aquellos que no le votaron ni le votarán jamás.

Cuando el ministro Rubalcaba asegura que los presidentes autonómicos viajan en coches oficiales, no seré yo el que niegue que esa afirmación se atiene a la realidad. No lo haré porque siempre he defendido la necesidad de depurar el estado autonómico, un verdadero agujero negro que despelleja en vida a la democracia que un día nació para servir, pero a la que mancillan y desnutren de utilidad los que, gracias al voto, se emborrachan de privilegios. Y no se ahogan.

Ya no es la mentira, la zafiedad del discurso, ni siquiera la pomposidad de un gobierno que nos trata con salvaje desprecio, porque desprecio es hacernos creer todavía que el optimismo antropológico de la izquierda nos hará libres, menos pobres, más inteligentes. Lo más grave, es que el todo vale es ya una realidad inmutable, una pieza esencial de la maquinaria partidista al servicio del líder. ¿Y esto es democracia?

 

 

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