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Bitácoras de
Rebelión digital
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Últimas anotaciones Nos ordenan aguantar, por buena educación Zapatero se queda con el vivo, con Castro Quieren un poco de aire limpio No tengas miedo a ganar, Mariano A lo mejor ni siquiera queremos Es la España que pisamos y queremos No hay democracia, pero no está Ibarreche El nuevo amanecer en las vascongadas Perdón, que nos quedamos, ¿vale? Democracia en permanente cacería Democracia, bufonada, carnaval Si cerramos Guantánamo, cerremos aquí la fullería
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Bitácora "LAR" Por Lorenzo de Ara Rodríguez |
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Europa tan cerca Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista Domingo, 24 de mayo de 2009 Elecciones europeas de andar por casa. Por una casa puesta en venta y en la que nadie, o casi nadie, quiere vivir. Se pide el voto pero sin que se escuche decir una palabra del viejo continente. Los candidatos de las dos fuerzas políticas mayoritarias están más a gusto repartiendo estopa con argumentos caseros, y quien dice caseros, dice argumentos mediocres. España es Europa, pero ni PSOE ni PP están por la labor de perder el tiempo explicando en pabellones, plazas de toros y cualquier esquina, que el Parlamento Europeo es el lugar donde se decidirá nuestro futuro. Los votantes de esta patria abocada al fracaso, escuchan boquiabiertos las palabras de sus líderes. Este es un pueblo que se reconforta quedando a la vera de los sempiternos salvadores de la patria. Ni siquiera la democracia ha servido para borrar del mapa las ancestrales costumbres de una tribu que detesta tomar decisiones, prefiriendo que los charlatanes de feria sigan haciendo su agosto. España es una feria ambulante con más de 45 millones de curiosos. Las elecciones a Europa ya comenzaron. Y lo hicieron como estaba previsto. El PSOE estrenando el nuevo vídeo del miedo. El PP con la necesidad de seguir avanzado siempre a tientas, pidiendo disculpas por existir y, poco a poco, acostumbrándose a practicar la chabacana pleitesía a los mal llamados nacionalismos moderados de la iberia vieja. Unos y otros, con más del 80 por ciento de la representatividad de la nación, han salido de maniobras. Abren fuego con armamento vetusto, y las consigas son siempre las mismas. Por supuesto que hablar de Europa, de inmigración, de seguridad, de acuerdos bilaterales, de educación y de Estrasburgo, queda prohibido. Y es que los dos partidos: socialistas y populares, temen aburrir al electorado. Sin embargo, la abstención será alta. Quizá se instale por debajo del 45 por ciento. Y no pasará nada. Europa ya ha entrado en España. Desde 1986 somos europeos, y como europeos normalitos, nos quedamos en casa a la hora de votar, porque simplemente pensamos que la nomenclatura europea es algo que nos pilla muy lejos. Algo que está más allá de los Pirineos. ¿Se acuerdan?
Sábado por la mañanita Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista Sábado , 23 de mayo de 2009Ayer, (qué rápido y hambriento pasa el tiempo), compré dos libros. “Cartas de un sexagenario voluptuoso”, de Miguel Delibes, y “Los Jefes”, “Los Cachorros”, (dos en uno), de Mario Vargas Llosa. Llevaba también bajo el brazo el ABC de ese día, y más tarde, como hago siempre, o casi siempre, gasté más dinero en un periódico regional. Y me puse a leer. Gratamente. Sentado en un banco de una plaza cercana a mi casa. Niños y madres todavía en los hogares, a lo mejor durmiendo, a lo mejor soñando. A lo mejor sin estar haciendo ninguna de esas dos cosas. Mario viene acompañándome desde hace muchos años. Muchos. Entro sin avisar en sus libros, descubro maravillas, apaciento mi necesidad de sabiduría y relamo mis heridas. Un escritor frustrado pierde la carne cada vez que descubre que su valle es estéril. Les prometo que ayer pasé de leer las informaciones relacionadas con el cara a cara de la política hecha en Génova y Ferraz. El periódico me ofreció la posibilidad, como siempre de lunes a domingo, de leer a Ignacio Camacho, y también, como todos lo sábados -creo- de encontrarme una vez más con Ignacio Ruiz Quintano. Los editoriales, dos, y la lectura de los otros colaboradores. Edurne Uriarte, de vez en cuando, me acerca a la pasividad del párrafo. Entiéndase como algo positivo. Delibes ha sido un hombre agraciado. En tele, en las entrevistas; su voz, su regazo y su caminar ambiental, han provocado en mí las ganas de leer sus trabajos. Ahora que el otro ya está muerto lo puedo decir. Una vez tuve que decidir entre Cela y Delibes, y me quedé con Cela. Me arrepiento. Leer un sábado por la mañanita, cerca de mi casa, con la familia bien, gracias, y un servidor deslumbrado por el límpido cielo, es la constatación de que la política no lo abarca todo. Qué va. La política es una pequeñez, una oquedad infinitesimal, una voluptuosidad que el ser humano practica, votando y ejerciendo de político, en una sociedad que, cuanto más se aleja de los libros y de los periódicos, más se doblega ante el poder de Ferraz y Génova. O sea, que leer no nos hace libres, ¿o sí?, pero de lo que estoy convencido, es que no nos hace políticos. Y mucho menos nacionalistas.
A lo mejor ni siquiera queremos Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista Viernes , 22 de mayo de 2009Vengo dando la vara desde hace algún tiempo con el asunto de la mediocridad instalada en la sociedad. La nuestra, claro. La mediocridad en estado puro. La mediocridad que se ramifica hasta conseguir llenar cualquier intersticio. Esa mediocridad que, sobre todo se alimenta del alma de los políticos. Mientras tanto, y en el ínterin que nos separa todavía del caos, la España desnutrida se desploma en una sucesión de falsas y crueles realidades. La mediocridad siempre nos ha acompañado. Incluso en los momentos de mayor gloria. Somos un pueblo que desconfiamos del brillo del oro y nos engatusa, como a las hienas, el olor a carroña. Somos capaces de tener vida propia y, cual hienas, otra vez, enseñar momentos tiernos y familiares, pero, a la mínima oportunidad, nuestras mandíbulas se aferran sin piedad contra la carne y el hueso de la presa. Nosotros mismos. España tiene una democracia secuestrada. Zapatero ha ordenado hacer una campaña agresiva para convencer y vencer en las elecciones europeas. Pero no ha inventado nada. Recupera el estilo de su antecesor. Los dos son depredadores. Lo serán siempre. La derecha, tras escuchar las palabras de la ministra, ¿ministra? , asegurando que eso que lleva la mujer en el vientre no es un ser humano pero sí un ser vivo (la resurrección de Kafka está próxima), no es que calle, es que vuelve a navegar en una barcaza hecha de rudimentarios materiales. No es que quiera llegar a la orilla, es que se siente incapaz de poner pie en tierra y domesticar a las fieras. Mediocridad, al fin y al cabo.
Vida, o lo que coño sea Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista Miércoles, 20 de mayo de 2009 Trece semanas. Ni un minuto antes. Trece semanas. ¿Tiene trece semanas? Insuficiente. Merece morir. Sin rechistar. Bueno, no puede rechistar porque no es un ser humano. La ministra, que sabe de ciencia un montón, más que Zapatero, lo deja expedito. También pone sobre la mesa las herramientas necesarias para que los matarifes lleven a cabo el gran trabajo. La ejecución. Y con luz, mucha luz, y con una infinita libertad. ¡Viva la libertad! El aborto es un bien. Tiene que serlo. Ya está. Un bien que hace a la mujer el único ser vivo en este país capaz de provocar un asesinato y salir de rositas. No ser condenada. Si usted se opone, jodido lector, que lo sepa, yo advierto para que lo tenga claro: usted entonces es un facha, una antigualla, una imagen distorsionada de la España en penumbra y alejada de los parámetros de la libertad. ¡Bendita libertad! Se acuerdan de aquel general que, ya comenzada la Guerra Civil exclamó ante Unamuno: ¡Viva la muerte! Pues eso. Chitón. ETA merece vivir. La alianza de civilizaciones merece la vida. Los osos polares, las focas, las orcas, las ballenas, los murciélagos, los gatitos y perros que cruzan las autopistas. Todos merecen la vida. Pero esa COSA de trece semanas no. No. Y no hay más que hablar. Lo ha dicho la ministra. Amén.
Alianza en peligro Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista Martes, 19 de mayo de 2009
Netanyahu mira a Obama con cara de estar escuchando a un hombre que
habla en otro idioma, en otra lengua. Benjamín lo mira esperando que por
lo menos no rompa lo que ha sido durante decenios, una amistad
imprescindible para la consolidación de la paz en el mundo. Por lo menos
en el mundo libre.
Obama
prometió mucho. Los palestinos tienen la esperanza de que por fin vea la
luz ese estado anexo al del pueblo judío. Pero hay otros factores que
hacen poco menos que inviable el anhelo de la población de Gaza y
Cisjordania.
Está
Irán. Está la amenaza nuclear de una teocracia que mantiene en pie su
deseo de borrar del mapa a Israel.
Y
existe otro problema, no menos grave, pero que aumenta a gran velocidad:
el antisemitismo en Occidente.
Con
ello no contaba Benjamín Netanyahu, ni Simón Peres. Conservadores y
progresistas tienen que lidiar con un odio visceral hacia lo que
representa Israel. ¿Y qué representa Israel? Pues representa la
consolidación de la libertad en una zona del mundo en la que prima la
violencia, el radicalismo y el mantenimiento de cualquier sistema
político que nada tiene que ver con al democracia. Entonces, ¿a qué
viene ese odio tan primario?
La
sonrisa de los dos mandatarios me recuerda a la sonrisa de Zapatero
cuando se reúne con el primer ministro turco, Recep Tayyip, y en secreto
hablan horas y más horas de la alianza de civilizaciones.
Netanyahu, hilando fino a la hora de contentar a sus socios de gobierno,
se percata en este preciso momento de que el nuevo inquilino de La alianza verdadera puede estropearse.
¿Cuánto tiempo más? Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista Doming o, 17 de mayo de 2009
Bien
está que la Monarquía se quiera. Que la queramos. Un periódico de Madrid
nos regala una encuesta que pone de manifiesto la extraordinaria salud
de la Corona. Millones de españoles quieren que Don Juan Carlos muera
con las botas puestas. Con el traje de faena. Por cierto, ¿cómo será el
traje de faena de un Rey? El otro día, en la final del partido de copa,
los radicales (y eran muchos, por no decir que la inmensa mayoría de los
presentes en Mestalla) abuchearon el Himno y, al mismo tiempo, le
propinaron un severo mamporro moral al Rey.
Todos
quietos, como haciendo que no escuchaban el rugir de las bestias. Pero
las bestias estaban allí: dominadoras, alegres, fuertes, protegidas por
un absurdo y cobarde derecho a la libertad de expresión. O sea, el todo
vale. Eso todo vale que tanto daño ha hecho y sigue haciendo a la
democracia.
La
expresión en otros países verdaderamente democráticos está sujeta a unas
reglas. Así se garantiza que la boca no se infecte. En España, los
hombres libres, pueden entrar a un campo de fútbol y abuchear al Jefe
del Estado.
Claro,
ahora recuerdo que ETA viene matando desde la década de los cincuenta
del pasado siglo.
Se
abuchea, se grita, se maldice, se pide la independencia de tres
regiones, las autoridades se hacen las despistadas, los dos grandes
partidos juegan a alargar el tiempo, esperando que todo se olvide hasta
la próxima final, en la que a lo mejor jugará el Sevilla, el Madrid o el
Coruña. Menos quebraderos de cabeza.
Y todo
ello es el síntoma más claro de que la democracia no aguanta un periodo
de derrumbe tan prolongado. Porque la democracia, con Corona o sin
Corona, con Rey o sin Rey, es por encima de todo la unidad de leyes, la
consagración del orden, la fortaleza de las instituciones y la debilidad
de sus enemigos.
Hoy,
mientras usted pierde el tiempo leyendo esta opinión, la democracia
española es cualquier cosa menos eso. Es democracia en papel. Papel
mojado. Y ya se sabe para lo que sirve el papel.
Es la España que pisamos y queremos Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista Viernes , 15 de mayo de 2009
El debate sobre el
estado de El socialismo se mantiene impertérrito ante el estropicio que ha creado. A lo hecho pecho.
La derecha se acomoda en su cobardía, diciendo
medias verdades para que no se enfaden en demasía los posibles socios
nacionalistas de un gobierno cuasi de concentración. Los que no creen en
España, pero se aprovechan de ella, salvándola otra vez de la quema. Así
nos va.
Zapatero es un artista. Hace malabares con la
ceja. Una de ellas en concreto. Sube a la tribuna de oradores (en esa
tribuna se han dicho muchas atrocidades) y reparte mentiras a diestro y
siniestro. Y, lo más importante, deja contenta a
Rajoy es el hombre que podría ocupar ese cargo que
hoy ostenta el inquilino de
Mientras tanto, la prensa, todavía libre, sigue
haciendo su trabajo sucio y de adoctrinamiento.
Es
¿Qué himno? ¿Qué España? Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista Jueves , 14 de mayo de 2009¿Y qué? No pasa nada. Lo importante era el partido. Por eso fue el Rey. Y la Reina. Y la corte de afortunados que vieron el encuentro desde el Palco (o lo que sea) de Mestalla. España es eso y poca cosa más. No necesita himno, ni letra, ni unidad, ni silencio respetuoso. No necesita nada. Lo mejor es quedarnos como estamos, en un limbo. La política, el transcurrir de los años y la modorra de la sociedad, han convertido la realidad nacional en una vieja apestosa, arrugada y anticuada. Es la realidad de un pueblo condenado una vez más al ostracismo. El oscuro presente durará años, decenios. No hay espejos para mirarnos. Y los ojos de los vivos añoran la oquedad de los muertos. España es un campito de fútbol en el que dos aficiones, sin patria, se juegan la copa de un Rey que, de pie y serio, llevó a cabo el papel de árbitro de otro partido que ya se ha jugado, y en el que el equipo local, o sea, España (esa jodida España) ha perdido por goleada. Ni siquiera le permitieron marcar el gol de la honra. El griterío de los radicales es la radiografía de una tierra quemada por la soberbia de las ideologías. La copa se la queda el Barcelona, y el subcampeón regresa a la otra casita sin ella, pero con el orgullo de haber jugado una final que, bajo el reino de la lógica, no les pertenecía. Unos y otros eran extranjeros. Y el resto, los que hoy se quejan (nos quejamos) de que el himno fue pitado, no tenemos patria. O tenemos algo que, con tristeza y una náusea inmensa, todavía se llama España. Pero nada más que España.
Hedor Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista Miércoles , 13 de mayo de 2009A duras penas puedo respirar. El aire de la democracia está envenenado. La democracia, secuestrada por políticos mediocres y acomodados, se descompone; nos tumba hacia atrás el hedor que desprende su cuerpo. Se han encargado de romper un terreno de leyes, de consensos, de unidad nacional. Ya no queda nada por lo que merezca la pena salvaguardar un ápice de lo que un día fue, y hoy no es nada. Nada. Los políticos, ejemplo de lo más cutre de este sistema, han hecho gala una vez más de la depravación de la oratoria parlamentaria. Hueco y vacío. Gélido descalabro. La democracia necesita renovarse, pero no puede ni debe dejar que la recuperen los políticos que ayer, que hoy, que mañana, estarán haciendo lo mismo, lo que vienen entretejiendo desde que la dictadura de partido se instaló en una España, que es intelectualmente, pobre, rutinaria y COBARDE.
Simple Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista Domingo, 10 de mayo de 2009
Se
puede ser muy simple. Y vivir. Desde la niñez se pueden preparar futuros
hombres sin espíritu crítico. La educación es la herramienta sutilísima
que el poderoso maneja para enterrar amaneceres. La sociedad cree vivir
en libertad, cuando la libertad, apenas descrita, es prisionera de la
mediocridad ideológica.
Pasa
aquí, en pueblos pequeños y en viejas naciones condenadas a la penumbra
de una existencia anodina. Los niños se hacen hombres vacíos, planos y
adoctrinados. Caminan sin pensar, desenterrando falsos mitos y
maldiciendo al portador de la paz.
Los
cobardes, a millones en esta sucia casa, son capaces de hacer acto en la
escena con ropajes similares a los de un legionario francés. Como si el
mundo fuera poco territorio y la inmensidad del socialismo pudiese
abarcar el todo más complejo.
Se
puede ser simple, eternamente simple. En la liviandad de la nada un
hombre puede dirigir el presente y escribir el futuro de un pueblo.
La
libertad se entrega desnuda a los caprichos del fabulador. Los
personajes, obviamente sin nombre, pero también sin chispa de vergüenza,
deambulan, hacen un bla, bla, bla, absurdo y hediondo, y la tierra que
se pisa se descompone en un arrebato de tiranteces históricas.
Es el simple devenir de una nación.
No hay democracia, pero no está Ibarreche Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista Miércoles , 6 de mayo de 2009
Con
Patxi sentado en ese sitio no llega la democracia a la tierra vasca.
Claro que no ha llegado. Todavía queda mucho trabajo por hacer. Entre
todos. Bueno, entre casi todos. En esa tierra pequeña pero española
siempre ha habido gente y otra clase de gente que no han estado por la
labor de trabajar. Así que la democracia, en plan tangible, aún no ha
abierto los ojos.
El
nacionalismo sigue vivo, muy vivo. El nacionalismo y todas sus
consecuencias.
Se ha
hecho grande, inmenso. Se ha ramificado por esa sociedad como la peste
de Camus. Por eso Patxi no es en sí mismo destello de democracia, en
todo caso, es una atisbo de esperanza. Y ya es.
El PP
pone el listón muy alto. Otorga el poder y, como siempre, permanece en
el centro de la diana de los hijos de puta que matan y no se cansan de
matar. El cementerio está lleno de demócratas y las calles muy sucias.
Ya saben.
Uno se
alegra de que Ibarreche ya no ocupe el poder. Pero el poder no lo es
todo. Y el poder en esa parte irrenunciable de España está en muchos
sitios, escondido, armado hasta los dientes, aguardando el momento
oportuno para salir del escondrijo y hacer daño.
La
unidad entre el PSE-PSOE y PP es tan necesaria, que Ibarreche se ha
quedado sin aire.
Por
algún sitio se empieza.
Festejar derrotas Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista Domingo, 3 de mayo de 2009 La derrota en España es un dulce. Y gusta. La derrota se festeja, se recuerda. Las victorias son casi siempre embestidas con el fragor de la culpa. Así, los grandes pasos de esta España mediocre se oscurecen o se arrinconan. No conviene airear el éxito en una patria con partes insensibles. El 2 de Mayo es un ejemplo más de la grandeza de la derrota de una nación que, en la espera de la muerte, se levanta un instante para exclamar: “¡vivan mis cojones! Y morir, claro. No le concedemos trascendencia al éxito colectivo. Por eso los truhanes, los simples y la democracia panfletaria están de moda. En la moda. España ve en la derrota un dulce, una golosina apetitosa y seductora. Los éxitos no llevan a la gloria. Con el colesterol de la retirada los españoles merodean por el campo de batalla En la historia sólo España se viste de gala para lamerse las heridas. Como las nebulosas. Madrid 2016 es cuestión de Estado, dice el director de un periódico. Y si perdemos, todos apareceremos en la foto para exclamar: "¡vivan mis cojones!" Y morir, claro.
Detesto el gran circo Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista Martes, 28 de abril de 2009 El mundo se va a la mierda, o eso parece, y llega la pareja de Sarko y los rotativos en internet nos deleitan con la cara bonita de esa dama. Todo gira alrededor de los ademanes que regala la virtuosa francesa. La princesa española también aparece en las instantáneas. Y yo me pregunto: ¿merecemos lo que nos está ocurriendo? A lo mejor sí. ¿Por qué no? ¿Qué hemos hecho, o qué coño estamos haciendo para merecer que nos caiga del cielo algo mejor? Nada, absolutamente nada. Ronroneamos, mendigamos, existimos y muy poca cosa más. ¡Mierda! Estoy hasta los cojones de tanto periodista protagonista; hasta los huevos de la miseria que envuelta en seda se pavonea en televisiones. Todo es pura mierda. Los tipos que ayer, ayer mismo, tenían algo de sentido común, decencia, cuerpo y alma, hoy se presentan aliviados de esa terrible carga. Son ligeros como las heces de los simios. Estoy cabreado porque un tipo sale en un magazine diciendo bobadas; estoy cabreado porque las noticias no dicen nada; estoy cabreado porque los pueblos no sirven, y los gobiernos estorban; estoy cabreado porque los valores se han ido al carajo y la inteligencia es un subproducto mal visto. También, como siempre, mal pagado. Gripe porcina, asesinos que cogen un arma de fuego y matan a inocentes; guerras olvidadas, mantenidas por y para el beneficio de unos pocos; hambre, más hambre; fanfarrones con enjuagues milagrosos que todo lo curan; saltimbanquis que en la política son como las pulgas en circos ambulantes; periodistas que, convertidos en noticia, no se cansan de ladrar. La primera dama de Francia ha llegado a España y un periódico asegura que nos ha deslumbrado. A mí gusta esa señora. Y me parece muy bien que Sarkozy esté entre nosotros acompañado por su esposa. Sin embargo, lo que me jode, ¡vaya que si me jode! es que el mundo entero, puerco mundo, esté esperando un gesto, una palabra, un no sé qué. ¿Qué esperáis, coño?
¡Ya! Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista Lunes, 27 de abril de 2009 Los parados no existen para Zapatero. Bueno, a ver si me explico. Los parados son un problema para Zapatero porque distorsionan la realidad de su mundo. Un mundo inmutable, feliz, atrozmente feliz. Zapatero no cree en la crisis económica porque en su mundo la palabra crisis sólo puede entenderse y asumirse si está hecha para algo bueno, buenísimo. Los parados molestan, son moscas cojoneras, pesadillas amontonadas en un despacho. No se callan y ensucian el idílico panorama que él solito se ha creado. Para desgracia nuestra. Zapatero ha mentido cuanto ha querido y lo seguirá haciendo. Tiene estómago para aguantar la hediondez de una acción cobarde y miserable. El gobierno de España es un sequedal. Cuatro millones de hombres que engrosan una lista negra. Cargante para el socialismo oficialista de una nación que siempre padece los mismos males cuando la rosa, ya marchita, retorna al poder. España no aprende. No recuerda sus errores. Cae siempre en el mismo agujero. Los socialistas arruinan, enflaquecen y hacen temblar los cimientos de la nación. O lo que es lo mismo: crean parados, pobreza, desigualdad, atraso, y con el mismo ímpetu, se afanan por fomentar la incultura. Así, ganando elección tras elección, siempre con la legitimidad de las urnas, el socialismo ramplón y sectario se acomoda en el poder. Ha llegado la hora de un cambio real. Efectivo. España está al borde del abismo. Nos encontramos ante una situación de alarma social. No caben las medias verdades. No hay lugar para los timoratos, para los magos de medio pelo. Los españoles tienen que aprender a sacrificarse y a sacar lo mejor de sí mismos. Zapatero no puede gobernar. No puede seguir gobernando una nación que está necesitada de un liderazgo humano, y no de una presencia graciosilla y petulante. O se logra un pacto de estado inmediato, sobre todo entre las dos fuerzas mayoritarias, o urge que el gran timonel convoque elecciones anticipadas. ¡Ya!
Israel no está tan lejos Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista Martes, 21 de abril de 2009 Y con ese sujeto hay que pergeñar una alianza de civilizaciones. Con el presidente iraní y los otros. Ellos y nosotros juntos en un mundo civilizado y rebosante de paz. Espiritual. En Ginebra, ante burócratas de la nada, el supermacho iraní ha dicho lo que quería. El mundo se levantará mañana como si nada hubiese sucedido. Pero una vez más, un parte importante de ese mundo se vuelve rabioso, peligroso y enemigo del pueblo judío, de la democracia, de la bendita democracia; esa democracia que permanece impasible, fría, aturdida y sin ganas de ser protagonista. Israel nos defiende a todos de la barbarie. ¿Eso todavía no queda claro? Nos defiende de la sinrazón. Israel nos tiene protegidos ante el abismo radical de una muchedumbre que desprecia los valores de occidente. Y nosotros, protegidos y alejados del peligro, solo en apariencia, nos desentendemos del asunto. Dejamos hablar al bravucón, a los bravucones, en todas partes. Israel se ve solo. Cada vez más solo. Los mensajes pacifistas de los políticos producen mofa e hilaridad entre los enemigos de la libertad Así no se gana una guerra. No se gana una guerra cerrando los ojos, abriendo las piernas, mirando hacia otro lado, complaciendo los más bajos institutos de nuestros enemigos. En Ginebra, cómodamente sentados, limpios, amancebados y libres (siempre libres), los delegados de las naciones civilizadas han escuchado el insulto y luego, siempre de manera educada y diplomáticamente, han decidido abandonar la sala donde un hombre, al fin y al cabo un hombre, volvió a poner más leña al fuego. El antisemitismo está ahí. El huevo de la serpiente se ha resquebrajado. Europa, la gran Europa, la de la cultura cristiana, tiene que tomar decisiones. Dolorosas tal vez. ¿Habrá miedo en Europa?
Payasos. Miserables payasos Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista Martes, 14 de abril de 2009 Pirritx y Porrotx. Cuán majos se les ve. Risas. Bocas abiertas. Dientes fuera. Similares a los tiburones blancos, que primero hacen como si los leones marinos no encajaran en su dieta, y luego ¡zas!, ¡zas!, ¡zas! A tomar por culo. Pirritx y Porrotx son dos payasos vascos. Libres. Vascos y libres. Sin amenazas. Se mueven y se ganan la vida haciendo reír a los niños del nacionalismo maloliente de esa parte de España. Cuán vivos se les ve. Llenos de vida y protegidos por la democracia que todos votamos y queremos preservar. Vivos, sin peligro alguno de ser secuestrados, asesinados o condenados al exilio. Esos payasos que piden humanidad para los familiares de los presos etarras son el producto bien pagado y subvencionado del dinero público de un sistema grotesco, deforme y deshumanizado. La serpiente etarra (mejor sería decir serpientes etarras) se mueve todavía con vigorosa arrogancia. Los graciosos payasos ponen de manifiesto que la democracia, enferma y remolona, es inexistente, una falacia en tierra vasca. Hay que reír sus gracias. Sólo son payasos. Miserables payasos. Payasos. Los niños se acercan a contemplar los movimientos; escuchan el nítido y pacificador mensaje. La sociedad vasca está llena de esos payasos que, en apariencia se pintan la cara para regalar un arcoíris, más detrás de la pintura se esconde la voracidad de unos asesinos que merecen la cárcel. Para siempre en ellas podrían seguir haciendo sus gracias. Eternamente. Ligeros. Dispersos. Eternamente dispersos.
Mediocridad subvencionada Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista Martes, 14 de abril de 2009 El abrazo es todo un símbolo. España está en manos de titiriteros. Y todos quieren seguir chupando de la teta. Si no hay teta no hay apoyo. El abrazo de Pilar Bardem a la Vicepresidenta primera del Gobierno es claro y contundente; la primera manda, la segunda obedece. Está en juego seguir en el poder. La izquierda española se deja fotografiar como es. El cambio de ministros no se hace para transformar el presente. Se hace para contentar al lobby que vive y engorda haciendo un cine subvencionado y parasitario. La nueva ministra de cultura tienen una sola tarea por delante: sacar dinero del contribuyente para seguir haciendo malas y aburridas películas. Y esa es la cultura que viene apoyando Zapatero. Con esa ayuda se garantizan los votos de una casta radical que siempre está más cerca de Castro, de Chávez, de Evo, del fantasma de Guevara y del Gulag soviético. El rojerío se robustece con un Gobierno revolucionario. El abrazo es un: “te quiero quitita, y si te mueves te castigo”. Es el abrazo de la humillación permanente. La pelea cuerpo a cuerpo entre políticos agónicos y unos cineastas que se alimentan del hedor socialista y del inservible ministerio de Cultura. Esa industria que no levanta cabeza y que se arrastra en busca de millones de euros para seguir viviendo del cuento, es la que pide el voto para el socialismo más radical de la Europa civilizada. Y esa caterva de paniaguados es la que decide a quién poner en Cultura, a quién hay que perdonar la vida en esta España con sucia y pestilente cinematografía. Sigamos haciendo lo único que podemos hacer cuando la libertad todavía nos protege de los zarpazos de tales pedigüeños; sigamos sin entrar a una sala de cine para ver una película hecha por tipejos que no saben hacer cine, que pretenden idiotizarnos, y que viven demasiado bien en una tierra que no está para regalar el dinero a los vagos de la cultura descafeinada que aúpa y hace ganar elecciones a un Zapatero, que jamás ha querido dignificar su paso por el Gobierno.
Premios Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista Lunes, 13 de abril de 2009 La política territorial de un gobierno que no cree en España es una verdadera tomadura de pelo. Una chapuza. Aunque Chaves diga que es español, sus años en la Junta de Andalucía han servido para demostrar que el nuevo vicepresidente no tiene una visión certera, solidaria y coherente de España. Que se lo pregunten a los extremeños. Zapatero debería eliminar un ministerio que en realidad entorpece sus planes de convertir España en un mal sueño para los radicales secesionistas. Al fin y al cabo, Z sabe que si quiere seguir en la Moncloa, la única esperanza que queda es que, la radicalidad periférica no siga perdiendo fuelle, o sea, votos, o sea, poder de persuasión, o sea, eficacia en el chantaje. A esa eliminación ministerial, debería unirse la defunción y posterior enterramiento de Defensa, Interior, Sanidad (ya de por sí un cadáver que cuesta dinero) y Economía. La cueva donde se ubica el ministerio de Cultura no puede ni debe ser destruida, pues de ella depende el futuro tranquilo de un socialismo esclavizado por la tribu de los titiriteros. Y viceversa. Todos ellos son ministerios innecesarios, pueriles, cargantes y decorativos. Si España es una quimera para Zapatero, o, por lo menos una realidad discutida y discutible, esos ministerios carecen de legitimidad. Están condenados, en cordura, a dejar de formar parte de la realidad zapateril. Chaves abandona su poltrona dejando la región del sur de la península ibérica con la tasa de paro más elevada de España. Si en Europa se confirman tasas de paro que rondan el 8 y el 9 por ciento, en la finca socialista los desempleados superan ya el 27 por ciento. Andalucía continúa ocupando el último puesto de esas comunidades españolas que, después de muchos años de democracia y de dinero fácil para poder acariciar un progreso europeísta, son incapaces de abandonar el subdesarrollo, la subvención y la adoración al líder. Puede ser verdad que Zapatero haya conseguido eliminar de la periferia a los últimos generales del régimen felipista, pero la desmembración de ese pasado, entregando ministerios a los enemigos de sus planes viscerales, es, por encima de todo, otro insulto al pueblo español. Chaves no merece ser ministro. El suspenso a sus muchos años en el gobierno andaluz, debería significar la jubilación de un político que representa lo peor de ese partido. Pero ya sabemos que la política es la hediondez de la mediocridad. De esta manera, el suspenso se premia, la cobardía conduce al éxito, y el insulto permanente al pueblo español es garantía de larga solvencia. He dejado escrito en muchas oportunidades que el nivel de estulticia de la política española es un cáncer que la democracia debe extirparse, para seguir teniendo validez y algo de solvencia en las generaciones futuras.
Democracia después del PNV Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista Lunes, 13 de abril de 2009 Asegura Ibarreche que existe una alianza para quitarle de en medio. Es verdad. Una alianza entre PSOE y PP. Una alianza civilizada, democrática y digna. Una estrategia transparente y necesaria para esa parte de España que, durante muchos años ha vivido bajo el yugo del nacionalismo más atroz y anacrónico. El PNV no acepta su paso a la oposición. Piensa, desde el error nauseabundo de una percepción maléfica de la realidad, que esa tierra y sus gentes pertenecen al legado de Sabino Arana. Son así de demócratas. Cuando el PNV abandone el poder, la democracia, por fin, se habrá instalado de manera definitiva en las provincias vascongadas. No se erradicará el odio, la muerte, la acechanza y el atropello; sin embargo, aunque el terrorismo mantenga en su punto de mira a las mismas personas, la sociedad sí podrá observar cómo hay vida después de la retirada del PNV. Después de su derrota. Sorprende que las palabras de Ibarreche lleguen a la opinión pública después del último comunicado de ETA. Nos hemos enterado que el futuro lendakari ya está en el objetivo de esos soldaditos de la jodida y ficticia patria vasca. De unos pocos vascos que han querido y todavía quieren imponen su modo de pensar y su manera de vivir. Populares y socialistas son conscientes de que la violencia extremista no cesará. Pistolas y palabras seguirán haciendo el trabajo sucio. Innumerables obstáculos se pondrán en el camino para que el nuevo gobierno se encuentre con las manos atadas. Echar a un lado a Ibarreche es un bien para la democracia. Es abrir las ventanas de la casa vasca. Destronar al PNV es descubrir que alrededor de ese partido no gira la vida, el futuro, la decencia política. Churchill prometió sangre, sudor y lágrimas a los británicos. El primer telescopio, convertido en realidad gracias a las manos de Galileo, sirvió para poner un leve resquicio de luz en el firmamento. Allá por 1609. Aquiles prefirió la gloria, la vida efímera. Sólo los cobardes prometen un camino de rosas; sólo los gusanos ansían el barro, y únicamente las bestias ignoran que se puede elegir.
Inapetencia Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista Miércoles, 8 de abril de 2009 Y ni siquiera en el momento de la despedida de algunos de sus pretorianos es capaz de dejar a un lado la zafia mezquindad ideológica. Zapatero no tiene arrestos suficientes para contemplar la realidad con los ojos abiertos, extremadamente abiertos, con la mente serena, con la boca cerrada. Su opulencia mediática es superior a la realidad que azota a su pueblo, a sus votantes. Se contenta con contentar. El clientelismo cultural (¿eso es cultura?), y la recuperación de los viejos dinosaurios del sanedrín felipista. Eso es todo. Así se hace un cambio patentado por Lampedusa. Zapatero ya no controla el partido, pero tampoco controla los tiempos de una crisis ejecutiva que ha disparado las alarmas ante su ineficacia como prestidigitador. Porque ayer sí creíamos que era un mago espléndido, pero hoy, hecha la luz del día después, descubrimos al timador que ni siquiera maneja los movimientos de los títeres. La marcha de Solbes no es buena para nadie, como tampoco era buena su presencia en un gobierno mentiroso. La llegada de Manuel, el que perteneció al clan de la tortilla, es sólo el reflejo de una muerte anunciada, la del zapaterismo, pero también la certificación de que los ogros del Gonzalismo no dejan de intervenir en los entresijos del poder. Nada de nada. Todo igual. En una espiral de putrefacta inapetencia.
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