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Corrupción

¡Sonríe, pueblo!

Mala izquierda, mala gente

Mentira, verdad, o lo que sea

El espectáculo que no cesa

Masticando vaguedades

Pesadilla, sueño, ¿realidad?

Si cerramos Guantánamo, cerremos aquí la fullería

La realidad es bien distinta

¿Nuestros políticos están por hacer?

La daba por muerta

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                       Bitácora "LAR"      Por Lorenzo de Ara Rodríguez

 

 

Democracia, bufonada, carnaval

Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista

Lunes, 16 de febrero de 2009

Que después de publicadas esas fotos, las de la cacería en nombre de la paz mundial, todo siga sin moverse en este país de mierda, es como para volverse loco y tirar la toalla.

La verdad es que la toalla democrática la tiré hace ya demasiado tiempo, pero en el presente, las únicas toallas que yacen el suelo más corrupto de Europa siguen siendo todavía muy pocas. Insignificantes.

Esos animales aparecen muertos, bien muertos, como en un relato de Poe. Pero también están como a punto de levantarse y echarse a correr. Como si no quisieran estar en la noble fotito que es también la radiografía de la democracia que nos ha tocado vivir.

Los protagonistas de la matanza sonríen. Los perdedores están inmóviles y los heridos de muerte no saben a ciencia cierta qué coño hacer.

Mariano está herido de muerte. Y lo está el PP. La mayestática separación de poderes es una quimera. La hedionda política lo infecta todo. Llega hasta el tuétano del sistema y en ese proceso de enganche, todo y todos bailan al mismo compás. “El baile de los vampiros” en un salón decrépito, sin espejos, sobre todo sin espejos. Al aire libre.

La corrupción está ahí, siempre presente, latiendo. Esa corrupción emergerá algún día de las profundidades de las alfombras versallescas. Gobierno, oposición y, sobre todo, autonomías, enseñarán a regañadientes los desperdicios con los que se ha edificado un sistema vomitivo.

Aunque la economía no ha resistido el mordisco de los avaros, todavía queda por gritar la justicia, la prensa. A ellas se unirá la política es el estertor final de un invento diabólico que no ha servido más que para alimentar a depredadores insaciables.

Mientras tanto el aquelarre prosigue bajo la sombra protectora de la Constitución mancillada. Los civiles, inmensamente parados y desangelados, se tragan la serie televisiva sobre unos malos y unos buenos que defienden la democracia que hoy, ¿como aquella?, es solo un espejismo del anhelo del pueblo.

La cacería fue un éxito. Cayeron muchas presas. El alcalde de Las Palmas de Gran Canaria, otrora ministro en varias ocasiones bajo gobiernos del régimen felipista, pide la dimisión de Bermejo. Pero el carnaval continúa en las Islas Afortunadas. La cacería también.

Carnaval, por cierto, es lo que mejor define esta mojiganga llamada democracia.

                        

 

 

A sangre fría

Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista

Miércoles, 11 de Febrero de 2009

No, claro que no. Esta no es la democracia que yo quiero. ¿Tú sí? Pues quédatela. Toda tuya. Para ti y para los que son como tú, que serán mayoría. Pero esta no es la democracia que trabaja con algodón y no engaña. No, qué va.

Lo que hay produce asco, latigazos en el bajo vientre, irritación en la piel, pesadillas sin fin.

Hace bien, muy bien el Partido Popular con su jefe al frente, anunciando que rompe en mil pedazos el Pacto por la Justicia.

Si no se fían del Ministro, lo más ventajoso es quedar a la intemperie, bajo el puente, pobres pero honrados.

Todos saben que esta izquierda, experta en alcantarillas, es capaz de hundir en el fango o en el abismo oceánico, la paciencia y la sobriedad de cualquier organismo con vida.

La caza en España, cuando la practicaba Francisco Franco, era el ejemplo de la negrura del sistema.

La misma caza, la misma pesca, o el amoroso cultivo del bonsái, son ahora ejemplos de lucidez, apaciguamiento, hermandad y sana convivencia.

¡Mucho ha tardado el Partido Popular en romper!

Pero, ojo, si hay corrupción en ese partido, o la hay en personas afines que se aprovechan del poder para enriquecerse, lo que tiene que hacer Mariano es, amén de perpetuar ese rompimiento mientras el Ministro de Justicia continúe en su cargo, condenar y ejecutar a los culpables de inmediato, sin dilación, sin tibieza, a sangre fría.

¿Persecución? Sí. ¿Corrupción? Quítese la duda de encima y sin alfombras en el suelo.

                        

 

 

Basta

Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista

Miércoles, 11 de Febrero de 2009

Basta, por favor. No mienta más. Y si no puede dejar de mentir, haga el esfuerzo de no mostrarse altanero, superior al resto de los mortales.

Intente –no sé si con ayuda profesional- evitar que esa sonrisa despótica le acompañe cuando escucha que el paro se come la confianza de los españoles en la democracia.

Después de muchas horas escuchando su intervención, y después de volver a arrepentirme por perder una tarde entera esperando un toque de sinceridad de su parte, le rogaría que no explicara otra vez cómo este gobierno trabaja para que España recupere la senda de la normalidad.

No puede ser que el hombre que ayer negaba la crisis y acusaba de antipatriota a la persona que sí la veía llegar, esté ahora en posición preeminente para dar consejo en un periodo de nuestra historia que ya figura en la enciclopedia como un tiempo triste y miserable.

Zapatero es capaz de lo que ha hecho y de mucho más. Es el hombre –el único hombre- que miente y espera que, aunque se sepa que miente, las otras personas acepten sus mentiras como un bien divino que nos hace más libres y más ricos.

Ante un hombre así, los partidos políticos con dignidad estarían pidiendo elecciones anticipadas. Por esa razón resulta deprimente que Rosa Díez pida en solitario ese adelanto electoral, y la principal fuerza de la oposición, con un Rajoy entonado pero repetitivo, se aleje de esa petición que ya es la única solución posible para que España recupere un ligero pulso que la mantenga con vida.

El inquilino de la Moncloa dice ahora que hay que tener confianza en la economía española. Acusa a todos de no tener la misma confianza que él regala sin esfuerzo. El socialista que apadrina la alianza de civilizaciones quiere a Rajoy arrodillado ante sus pies, pidiendo disculpas porque enseña papeles que tiran por tierra las aseveraciones del presidente.

Mentiras, bravuconadas, altanería y chulería política. Esa es la herencia política que nos deja un hombre que, en ocho años, ha malgastado una herencia magnífica.

Aunque diga que estamos en recesión, la verdad es que no se lo cree. Si por él fuera, seguiría diciendo que España está mejor que nunca, que vivimos en un paraíso, que la desconfianza es cosa de enemigos internos y que los parados, al fin y al cabo, no pasarán a la historia con nombre y apellidos. Él sí.

                        

 

 

Corrupción

Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista

Lunes, 9 de febrero de 2009

Siempre ha habido corrupción.

La rabia no se fue después de que Felipe González dejara la Moncloa.

El anterior régimen socialista generó la peor y más repugnante etapa de corrupción vivida en España.

Será mejor que no olvidemos aquellos años de pelotazos, de hermanos poderosos y de un país donde usted o yo podíamos convertirnos en hombres ricos, más rápidamente que en ningún otro lugar del mundo. ¡No olvidemos!

Que ahora broten otros casos de corrupción que afectan directamente al Partido Popular no debe sorprender a los hombres libres que todavía se mueven por esta España enferma y desnutrida.

A los corruptos hay que perseguirlos y meterlos entre rejas. Como a los terroristas y otros criminales.

Los partidos políticos son terriblemente negativos. Antagónicos a los deseos de libertad del pueblo.

Pero el PSOE sabrá mejor que nadie sacar provecho de una etapa nuevamente oscura, fría e inhumana. Los socialistas maniobran los hilos del embuste con notable precisión.

Si hay paro, nada mejor para el sistema, -su sistema-, que el hallazgo milagroso de corrupción en los aledaños de los peperos.

La derecha no acierta a la hora de atacar democráticamente (jajaja) a la izquierda todopoderosa.

El mentiroso que vive en la Moncloa se frota las manos y los suyos hacen lo mismo.

Aunque la economía desgarre la convivencia, el socialismo heredero de los turbios manejos del felipismo sabrá cómo salir del atolladero.

El corrupto tiene que acabar con sus huesos en la cárcel.

La historia pondrá en su sitio a los partidos políticos más pronto que tarde. Esas siglas infectan la democracia.

¿Corrupción? ¿Democracia? ¿Votos? ¿Justicia? ¿Sindicatos? ¿Empresarios? ¿Partidos políticos? ¿Cuarto Poder? ¿Estamos hablando de lo mismo? ¡Pues claro que sí!

Estamos hablando de corrupción.

                        

 

 

¡Sonríe, pueblo!

Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista

Miércoles, 4 de febrero de 2009

Zapatero volverá a colarse en la foto de los hombres  más poderosos del mundo. En un mundo pobre, en paro y sumido en la quiebra financiera, Zapatero vuelve a sonreír porque su objetivo se ha cumplido.

Mientras tanto, en la España, todavía España, de progres y antisemitas, titiriteros y amantes del pacifismo (te vendo armas pero de esas que no matan ni escupen), los parados se multiplican como los abortos, la eutanasia y el odio a la iglesia. Hay parados para regalar a los países amigos del viejo continente.

Si en España ya superamos el 14 por ciento (y lo que te rondaré morena), en las otras naciones que también sufren esta lacra social, la tasa no alcanza el 8 por ciento. ¡Y están hasta el cuello!

Así que Zapatero no podía faltar a esta segunda cita y a las que sucederán a lo largo y ancho del mundo mundial. El hombre que preside un gobierno que negó la crisis y prometió pleno empleo, no podía faltar a una reunión en la que, a lo mejor, si se empeña, podrá sacar algo en claro, amén de que Bush tiene la culpa de la crisis y Aznar la culpa de que Messi juegue en el Real Madrid si aterriza (como puedas) un tal Florentino.

El paro es un Apocalipsis que se puede tocar. Afecta a millones de españolitos que un día, a lo mejor, se tragaron las patrañas de unos candidatos socialistas que, por un puñado gordo de votos, ocultaron el maremoto económico que estaba a punto de llegar a las costas del paraíso terrenal.

Todos en paro, o casi. Todos viviendo en precario, o casi. Y todos escuchando majaderías de unos ministros que ponen de relieve que adolecen de talla intelectual para ocupar esos cargos. Y cualquier otro cargo público.

En verano llegaremos (Dios no lo quiera) a los cuatro millones de tíos y tías, votantes y no votantes sin empleo. Y como siempre, en la vieja Europa, esta España taciturna y desproporcionada seguirá liderando las cifras más negativas.

Es lo que hay. Pero siempre nos quedará la sonrisa de Z. ¡Sonríe, pueblo!

                        

 

 

Mala izquierda, mala gente

Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista

Lunes, 2 de febrero de 2009

La mala izquierda y la mala gente. Así de simple. Es mala nuestra izquierda. Roñosa. Tiene la fealdad del ser vivo que regurgita sus propias mentiras y las regala para que puedan vivir los miserables.

Nuestra izquierda también es grotesca. Ya no necesita condenar dictaduras como la cubana. Ni siquiera precisa enseñar cierto respeto hacia Israel. Lo suyo es estar con los “oprimidos”, con los “descarriados”.

Es la izquierda que todavía bebe de los albores de la revolución rusa y no cambia, aunque viva y se fortifique en el sistema que odia a muerte. Así lo deja demostrado todos los días.

Mientras en Cuba, la cárcel de Castro, la gente es asesinada, encarcelada, humillada y silenciada por una dictadura sanguinaria y atroz, aquí, en el régimen de Zapatero, los rojos se manifiestan apoyando lo indefendible. Y no ocurre nada. Ellos pueden hacer lo que les plazca. Narices tiene la democracia y sobre todo la izquierda para eso y para mucho más.

Se ponen los pañuelitos palestinos y acuden a concentraciones donde se acusa a Israel de practicar el genocidio. Y no pasa nada. ¿Qué va a pasar? Es la democracia de la pancarta, la cochambre del sistema que no ha tocado fondo y sigue muriendo, dejado de la mano de Dios.

Por eso los valientes de ayer en Madrid merecen el respeto. Ellos y todos los españoles que amamos la libertad sin ambages, sin distorsionar las formas, sin abrazar fanáticos y gangrenosos ideales que son los culpables de haber producido más dolor y muerte que ninguna otra atrocidad humana.

La izquierda es mala. Y en España esa izquierda gobierna, nos mete en crisis, nos despoja de nuestra identidad, nos arrebata nuestros valores, nos aplasta los sueños y siempre está defendiendo la dictadura cubana.

Esa izquierda es la que recibe millones y millones de votos. Es la izquierda de Zapatero. Es la izquierda que tú, sí, tú, has querido imponernos.

                        

 

 

Mentira, verdad, o lo que sea

Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista

Viernes, 30 de enero de 2009

...Y es verdad, Cristina Losada; los españoles no quieren tener presidente. Tampoco quieren saber de política. Y no quieren tener oposición. Y se aburren cuando les regalan cifras y más cifras para que sepan a ciencia cierta que hay un gobierno que miente.

Los españoles están a otra bola. Fútbol, gambas frescas, carnaval.

España, su pueblo, el pueblo español, se entretiene como ningún otro.

El presidente de los once millones de votantes socialistas no admitirá jamás que ha mentido. Ni él ni su generalato. Aquí mienten los condenados a galeras.

Mienten los parados, los hambrientos, los empresarios arruinados, las familias. Esos mienten y seguirán mintiendo. ¡Delincuentes!

Aunque más allá de nuestras discutibles fronteras se hable de una recesión del tamaño de un leviatán marino, Zapatero ignora y se mofa de esas predicciones apocalípticas.

Aunque nos sitúen en el averno de la recesión, y por mucho tiempo, Zapatero lo niega y, cual franquito recluido en el Pardo, asevera que ellos, los extranjeros, los enemigos de España, son los que están equivocados. Y además se equivocan a sabiendas de que nos quieren hacer daño.

Cristina Losada y otros plumillas (me incluyo) ya hemos sido condenados a sufrir el escarmiento público. El azote del pueblo libre. Más libre que nunca.  

Gracias a ese pueblo que piensa y se alegra de la victoria de Obama (Zapatero de espaldas), todas las mentiras que proceden desde el exterior y todas esas otras calumnias engordadas y hacinadas en el estercolero de las mentes de unos pocos, acabarán por ser enterradas en fosas comunes. Fosas comunes que, obviamente, no necesitarán de luz y taquígrafos.

¡Viva la verdad! Sin presidente.

                        

 

 

El espectáculo que no cesa

Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista

Miércoles, 28 de enero de 2009

La derecha se descompone. Como se descompone la democracia.

La izquierda no tiene cuerpo, es una ficción que tristemente se vuelve real en la cabeza y los corazones de los ilusos.

La derecha española, caníbal, se muestra en toda su hediondez terrenal.

Unos y otros, unas y otras, enseñan sus mejores armas en la avanzadilla por controlar el partido y los entresijos del poder orgánico, inorgánico y marianista.

El PSOE hace muy bien frotándose las manos.

Mientras la democracia avanza en su proceso de putrefacción, la derecha, ayer oposición con principios, actualmente gruñe y culebrea.

La cosa del espionaje se torna en un capítulo más de la casposa manía de nuestros políticos por querer controlar todo lo que a la vera suya existe o pudiera existir.

De espionaje sabe mucho el PSOE. La izquierda sabe muchas cosas cuando llega la hora de las tinieblas. Judas por doquier.

Pero la derecha, que hasta para espiarse a sí misma es torpe y ruidosa, cae enfangada en la mierda que su discurso ha prodigado desde que el PSOE derrotó a Rajoy por segunda vez, y este, taciturno, dijo adiós desde un balcón. Cualquier balcón. Cualquier adiós valía.

PSOE y PP, cuales agujeros negros, se tragan la democracia. Ya no hay resquicio para tener esperanza. Todo se resume en un sinfín de calamidades que atrofian el sentido y depravan la mirada de los pocos inocentes.

Corrupción, espionaje, silencio, intereses mediáticos y económicos. De la democracia queda lo que un día soñó un pueblo cuando la niebla en la calle impedía atisbar algo de un futuro mejor. ¿El futuro era esto?

                        

 

 

Masticando vaguedades

Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista

Miércoles, 28 de enero de 2009

La tele pública española está hecha para que los inquilinos de la Moncloa disfruten con ella. Ya lo hacía Franco. Los socialistas son maestros en el manejo de la mentira mediática. No dejan de ser mentiras, pero el pueblo, que nunca ha tenido manos para abrir libros y leer, se las traga como verdades.

José Luis Rodríguez Zapatero es un hombre mentiroso que vive de la política y no se ruboriza ante la demostración palmaria de que ha mentido para ganar votos y seguir mandando más que gobernando.

Mentir es cosa segura y positiva cuando el pueblo no distingue entre mentira y verdad.

Sin embargo, de vez en cuando el pueblo hace preguntas que incomodan. No son suficientes para borrar la sonrisa, ni siquiera para hacer temblar los cimientos del poder, pero, tal como están las cosas, a lo mejor el presi de más de once millones de españoles decide en otra ocasión enfrentarse a Mariano Rajoy en plan jefecillo de la oposición.

España se cae de rodillas. Desnuda. Desnutrida ante el vigoroso sistema de partidos políticos que amasan poder y cercenan las libertades. La genuflexión de la nación ante Ferraz y Génova es un hecho.

Por un motivo muy especial, la fotogenia, Zapatero sigue prefiriendo la tele pública y la privada para anunciar mentiras. Negar lo dicho y lo hecho es tarea fácil en el nuevo siglo XXI. Da lo mismo que te vean millones de ciudadanos. Ver no es lo mismo que leer.

La tele, por tanto, ciega al pobrecito hijo de buena madre que españolea por los siglos de los siglos y no sale del agujero donde apacienta sus pecados masticando vaguedades.

                        

 

 

Pesadilla, sueño, ¿realidad?

Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista

Lunes, 26 de enero de 2009

Ignacio Camacho tuvo un sueño. El PP no despierta de su pesadilla. Mientras el brillante columnista sueña con Obama, el PP se mortifica y enseña sus heridas. Flagelantes ante el PSOE. El sueño del hombre libre choca frontalmente contra la mediocridad del partido que debería hacer oposición, pero sólo hace teatro, teatro del malo. Títeres con vida prestada, con hilo prestado, sin espectadores, aburridos, fragmentados, sin diálogo, sin coraje, desmotivados y medrosos. El hombre libre, todavía libre, sueña y se despierta rodeado por los fantasmas del presente y por los cobardes del futuro.

En España vivimos bajo la dictadura de la partitocracia. Esta democracia descafeinada y militante se encuentra al servicio de los mediocres dirigentes de unas máquinas que sirven para triturar la libertad. ¿Qué otra cosa es un partido político nacional o nacionalista en España? Si a la democracia le quedase algo de verdad, con seguridad no necesitaría de la bendición de los partidos políticos. Pero esa dependencia es la prueba de que la democracia española es un espejismo.

Yo también sueño con hombres de Estado. Hombres sin ataduras capaces de pensar en el conjunto. Sueño con hombres que hablan con verdad, que rechazan la mentira y los miedos. Sueño con un país unido. Sin embargo, ya con los ojos abiertos, la realidad me atropella. Los hombres grandes, grandes hombres, se  han esfumado. Quedan en la calle y en los despachos los mediocres, los soberbios, los que quieren el voto para prosperar, para amasar fortunas, para humillar al discrepante, para ablandar el pensamiento y matar el espíritu.

Obama está lejos. Muy lejos. Aquí los autobuses se pasean por ciudades proclamando la fe en el ateísmo. El cristiano está perseguido y los valores se pudren. La izquierda puede vivir sin ellos, gobernar sin ellos. La derecha, cobarde y por ende con más culpa, ha decidido avanzar desprovista de lo que, otrora, era la raíz misma de la unidad. Aunque el mediocre apela a la unidad, esa unidad nace envuelta entre mentiras y oquedades.

A la democracia le sucede lo mismo que a los vampiros. No se refleja en los espejos. La democracia española es lo que los partidos políticos quieren que sea.

Soñar es lo único que le queda al hombre libre para no admitir que la dictadura sigue. Soñar y, no obstante, despertar.

                        

 

 

Si cerramos Guantánamo, cerremos aquí la fullería

Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista

Viernes, 23 de enero de 2009

La izquierda española es muchas cosas, por ejemplo; es lista, traviesa, dicharachera, provocadora y fullera. Así se ha mantenido ante el paso del tiempo. La izquierda en España nunca ha pedido perdón por nada. Y no lo pedirá. Es inocente.  Los horrores y los errores crecen y se multiplican en el otro lado de la balanza. La izquierda se asemeja a las medusas, que sin corazón ni cerebro se multiplican por doquier e invaden los océanos. Hasta los tiburones blancos se apartan cuando llegan las temidas medusas con sus temidos tentáculos. Veneno. Pero al no tener corazón, al no tener cerebro, las medusas no son culpables. Ellas no se sienten culpables. Son inocentes.

Obama, el nuevo presidente de la nación más poderosa del mundo, no es de izquierdas.

Si alguien con veracidad y ponderación le susurra al oído lo que es ser de izquierdas en la patria discutida y discutible donde manda más que gobierna José Luis Rodríguez Zapatero, al Barak Housein (como ya lo llama Zapatero) se le caerían los ojos.

El presi de los yanquis no es un conservador. Si me apuran, a lo mejor ni siquiera es un liberal. Pero lo que no es, es un socialdemócrata. Ni de coña.

Su apelación a las Sagradas Escrituras, la oración del Padrenuestro, la solemnidad al pedir la asistencia de Dios, el fervor patriótico y su amor hacia los símbolos de la nación que ya preside, le distancian infinitamente de lo que hoy es el mundo según el inquilino de la Moncloa.

La izquierda utilizará todas sus artimañas para hacer prevalecer la gran mentira. Una más. Harán que los pobres diablos vean en Obama al nuevo Zapatero de los yanquis. Y los que no somos pobres diablos nos reiremos pero al mismo tiempo nos entristeceremos. Dejaremos escapar un suspiro, tal vez un quejido; y nuestros pensamientos sobrevolarán los Pirineos y alcanzarán París, Berlín, Roma, Londres, ciudades todas ellas donde Obama es Obama y sus principales mandatarios no tienen que recurrir a la mentira, a la eterna y ya cansina panoplia que esconde un vacío ideológico que no se sostiene cuando queda expuesto ante el juicio de la historia.

Después de la orden de cerrar Guantánamo, sería muy bueno para los españoles que también se propusiera cerrar, clausurar o caducar en la política nacional la listeza y la fullería. ¿Cerramos? ¿Clausuramos? ¿Caducamos? ¡Pobres diablos!

                        

 

 

La realidad es bien distinta

Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista

Jueves, 22 de enero de 2009

Los progres españoles son así de talentosos. Ellos querían a Bush hijo fuera de la Casa Blanca. Lo querían y el sueño se ha cumplido. El presidente con un índice de popularidad por los suelos, ha dejado de ser el tormento de la progresía más radicalizada del viejo continente. Ya tienen al negro. A su negro. ¿Es su negro?

Obama se ha convertido en el hombre más poderoso del mundo. Es negro y eso se nota en un escenario poco acostumbrado a los cambios radicales. El nuevo inquilino de la Casa Blanca nada tiene que ver con el nefasto, calamitoso y viciado poder rojo que habita y manda en España.

En primer lugar, su referencia a Dios es impensable en la boca de Zapatero. El secretario general de los socialistas es incapaz de nombrar a Dios Todopoderoso sin que antes no le tiemblen las manos, las piernas, las orejas y hasta las dos tetillas. Dios en España es tabú para los rojos. Y rojo es Zapatero porque así se declaró hace algún tiempito.

Obama es patriota. Zapatero no. Obama cree firmemente en los valores tradicionales del pueblo Norteamericano. No pide perdón por lo que representa su país en el mundo, ni tampoco por los valores que emanan y se mantienen vivos en el espíritu de los fundadores de una nación con poco más de doscientos años de historia.

Para Obama ser americano es lo más importante. Las banderas al viento. Negros, blancos, amarillos, hispanos, todos sin excepción unidos bajo una misma esperanza.

El frío no fue suficiente para que el hacedor de discursos de Obama cayera en una locura pasajera y dejara escrito para el orador: “América es un asunto discutido y discutible”.

Por toda esa serie de razones produce asco y bochorno contemplar a los rojillos de tres al cuarto aceptando como hijo pródigo al nuevo presidente de la nación más poderosa de la Tierra.

Pero el hijo no se reconoce en estos padres, es más, los ignora, no los quiere. En su agenda no existen.

Obama no es de izquierdas. Obama es norteamericano y ocupa ya el Despacho Oval. Tiene miles de bombas atómicas a un palmo de cualquiera de sus dedos de las dos manos.  Arriba está Canadá y por debajo México. La primera Europa sigue estando representada por el Reino Unido, Francia y Alemania. Australia ocupa otro lugar importante y Japón sigue siendo ese aliado que perdió la segunda guerra mundial pero venció con rotundidad en la guerra de la tecnificación. Y surgen las nuevas naciones que no quieren permanecer callas.

¿En ese mapamundi qué papel desempeña España? ¿Dónde colocamos a Zapatero? Indudablemente, España se localiza en Europa, pero no es parte de esa Europa que influye y posee una política exterior de primer orden.

Zapatero se encuentra en la marginalidad. Yace pastando en un terreno reservado para los populistas. En su agenda política no es primordial España, Dios no existe, la bandera se puede quemar y las fuerzas armadas se entienden como una ONG.  ¿Es lo que quiere Obama  y lo que espera encontrar en su encuentro con Zapatero?

Yo creo que los cambios que propone Obama no van por ese barranco o camino de cabras. Es más, creo que Zapatero será un incordio para Obama. Un problema.

Y al poco tiempo, después de la borrachera, el yanqui se ganará el odio de la progresía española, que lo único que sabe hacer es culpar a los Estados Unidos de todos los males que aquejan al mundo.

El discurso de Obama termino de la siguiente manera: “…Que Dios bendiga a América”.

El final de ese discurso, no hay duda, es el principio de todo.

                        

 

 

¿Nuestros políticos están por hacer?

Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista

Martes, 20 de enero de 2009

¿Solbes cierra los ojos y duerme? ¿Es capaz ese hombre de acostarse en una cama, en un sofá, en el suelo de su despacho, y a los pocos minutos quedarse dormido? ¿Tiene la conciencia tranquila? ¿Son nuestros políticos seres hechos de otra pasta? ¿Están todavía por hacer y por esa razón pueden dormir?

Europa le dice a Solbes que sus datos se quedan muy cortos. Que sus presagios, siendo como son muy negativos, han caducado hace ya tiempo.

Las cifras serán aún peores, mucho peores. El gris pasa a ser negro azabache. La cara de Obama no vale para describir el panorama de la vieja piel de toro.

Habrá desempleo hasta alcanzar el 19 por ciento. Y más endeudamiento. Todo lo ganado, todo lo amasado, todo lo conseguido en poco más de diez años, ha quedado expuesto a la intemperie para que se lo lleven las maquinaciones, las medias verdades, las mentiras más clamorosas y los sueños de pequeños dioses.

La economía española se resquebraja. El arquitecto no sabe qué demonios hacer para aguantar el edificio. Lo que de momento no quiere es que los vecinos desalojen el inmueble. Cree que todo se quedará en un susto.

Cual charlatán de feria, el temerario anuncia que los cimientos aguantarán, que nuestro edificio está mejor construido que los otros.

No sé si Solbes puede conciliar el sueño durante estas noches de largo invierno. Oscurece pronto. Los fantasmas aparecen en cualquier despacho. Mejor no pisar los platós de televisión. Bastó una vez para dejar sentenciado el futuro de la octava economía del mundo.

Me dice un amigo que Solbes sí duerme. Que también duerme, a pierna suelta, el inquilino de la Moncloa, y con él toda la cohorte de genios que asesoran y pronostican que esta plaga mesiánica pasará.

El político duerme tranquilo. Sin guardias pretorianos que vigilen el aposento. No hace falta. La democracia condena al ostracismo, pero no arrebata el sueño que Morfeo envía para reposar el cuerpo y el alma.

La democracia en el siglo XXI permite que los culpables cierren los ojos y que ni siquiera recolecten pesadillas.

La alucinación está en la calle. Parados, jubilados, estudiantes.  Ojos abiertos porque al cerrarlos sobreviene el miedo. También el odio. También la desesperación.

Nosotros estamos hechos de carne y hueso. También tenemos alma. Nuestros políticos no sé. ¿De qué están hechos? ¿Están por hacer?

                        

 

 

La daba por muerta

Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista

Lunes, 19 de enero de 2009

La daba por muerta hacía muchos años. Joven ella, y joven yo. ¿Joven? Jóvenes en unas calles de Santa Cruz de Tenerife que dejaron hace tiempo de ser familiares, coquetas, pobres, tenebrosas.

La madrugada calurosa en un verano desnudo, insomne, hecho para fornicar y poca cosa más.

Éramos dos personas condenadas al fracaso que se juntaban para hacerle un guiño a la vida. Sí; también para burlar a la muerte que deseábamos de vez en cuando.

Sucios, rojos, palideciendo por el hambre y cargando libros robados que leíamos en una peregrinación por el casco y los barrios de la capital.

Follábamos en cualquier parte y en cualquier parte nos mirábamos en silencio para reconocernos después de estar varias horas sin cruzarnos una palabra. Los besos con lengua sabían a pescado podrido.

Cuando regresaba en la guagua hacia el Puerto de la Cruz, también de madrugada, también muchos días después, el conductor me observaba como lo hacen los polis de las novelas de Raymond Chandler: “Adiós, muñeca”.

Aunque pagaba y no molestaba siempre prevalecía la mirada del jefe, escudriñando hacia atrás, esperando con ansias un mal gesto para detener el vehículo y echarme a patadas en mitad de Tacoronte. "Ala, cabrón, a la puta calle a joder a tu madre!"

Hablo o escribo, yo qué coño sé, de una época sin móviles, sin demasiados artilugios. Un tiempo para el teatro casi gratis y para sueños que estaban condenados al fracaso.

Ahora me río de todo aquello. De la suciedad, del ecosistema que seguramente transportaba en mi cabeza.

La uñas, los pantalones roídos, los ojos enrojecidos después de días sin dormir. La flacidez de todo mi cuerpo.

En el pasado, estoy convencido, el que escribe no tenía alma.

Pues el otro día, de verdad, la vi pasear por una de esas calles céntricas de Santa Cruz de Tenerife. Seria, bien vestida, esbelta, llevando de la mano a una criatura de siete u ocho años. Hablando por el móvil. Riendo. El niño también.

Aunque el coche iba veloz, tuve tiempo para saber que era ella. Me alegré.

Del pasado hay algo que sobrevive y está bien.

Del presente en Santa Cruz de Tenerife poco o nada se salva.

Cuando trabajo en sus instituciones y salgo a la calle a coger un poco de aire, me invaden los recuerdos de un mago del norte que iba y venía en guagua, casi siempre sin dinero, lleno de sueños y románticamente sucio. ¿Se puede estar románticamente conquistado por la mierda? Así éramos. Nada. Poquitos kilos de carne y los huesos haciendo ruido con todas las posturas.

En la quietud de la espera, muy cerca de los bomberos, a finales de los 70, el portuense meaba en una calle, y ella, (de verdad que su nombre pasó a la historia) también de pie, hablándome de una madre que se moría y de un padre que fumaba hasta quedarse dormido.

Todo era pobre, putrefacto, lento, anodino. Pero en la penumbra de este presente sin piel, aquel tiempo era infinitamente más real.

                        

 

 

Tómate una tila

Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista

Domingo, 18 de enero de 2009

16 por ciento de paro. Es para llorar. ¿Frío? Esto es el Polo Norte. No hay sangre en las venas. Las personas se encuentran congeladas. Ni hablan. Ni parpadean. Robotizadas. 16 por ciento de paro y las calles están tranquilas, esperando la resolución de la crisis en el Real Madrid. Aguardan a ver si Calderón para en la cárcel o si regresa un tal Florentino. ¿Crisis? Ya puede Solbes desnudarse en la plaza mayor de Madrid y pedir que le castiguen por sus múltiples mentiras; el pueblo no presta atención a esas cosas. El circo romano pasó de moda. Los políticos pueden seguir destruyendo España y esquilmando las arcas del Estado. Paro, hambre, endeudamiento, nada podrá estropear una buena tarde de fútbol.

El Gobiernito que preside Zapatero corrige una vez más sus previsiones. Y si los datos para el PSOE son los que serán dentro de poco tiempo, atienda usted a su presentimiento y acepte que esas previsiones serán todavía mucho peores. Catastróficas, maldita sea.

La crisis dejará de llamarse crisis para responder al nombre de quiebra total. Ni recesión. Habrá que escarbar más, mucho más. Horadar en el sistema para encontrar el infierno donde Zapatero nos ha conducido. Democráticamente.

Solbes ganó aquel famoso debate en una cadena de televisión privada. El presentador, loro gesticulando, ofrecía el turno de palabra y Solbes, fiel escudero amaestrado por su líder (bastaron dos o tres tardes para dar lecciones de economía), se comió al aspirante de la derecha, hoy derechita, casi centro, casi nada.

Después euforia en las calles; de nuevo rojas de ilusión y de esperanza. Los antipatriotas habían vuelto a perder y la democracia arrinconaba a los viejos fantasmas.

El reloj ha hecho tic-tac. El presente se torna frío. Las mentiras caen del cielo. Las verdades se han olvidado. El PSOE gobierna y la oposición vuela en el avión privado del inquilino de la Moncloa y sale seductora en portada de periódico. Es lo que hay. No hay más. ¿Para qué más?

Con un 16 por ciento de paro las palomas en las plazas serán el objetivo de los cazadores furtivos.

                        

 

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