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En Israel serías historia

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Mucho tardaste

Tejero, Guillermina y sin piojos

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El valor de decir la verdad

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Muchos miles de votos para perder

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Vota por la libertad, vota sin miedo

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Ganó Rajoy; ¡peligro! perdió ZP

Fuerafascistasdelauni-

sidad o lo bien que le sienta a la democracia la derrota de la derecha

Perdón, señor Zapatero, perdón

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Todos somos Rosa Díez

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Liderazgo

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Bardem y los demás rojillos

El socialismo del siglo XXI y la cordura ideológica

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¿Unidad? ¿Y entonces por qué no fueron?

Unidad si, olvidar, no

Álvaro Uribe, un presidente

Zapatero aspira y España ¿respira?

El Gobierno se pone nervioso

Rajoy toma una decisión respetable

Muerte, vida, indefensión

Mi libertad puede con tu dictadura (a Chávez)

Impuestos y ETA

Con claridad

                       Bitácora "LAR"      Por Lorenzo de Ara Rodríguez

 

 

 

¡A la basura!

Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista

Sábado, 17 de enero de 2009

Ay, hermano. Cuánta desolación. Cobardes e ignorantes dando lecciones de democracia y de paz. Así están las cosas. Los hombres tenemos que dejar paso a los miserables que se arrastran por una democracia pusilánime y retorcida.

Los que matan se manifiestan a favor de la paz. El antisemitismo vuelve con toda su virulencia, agazapado, disfrazado de pacifismo, simple y alegre.

¿No hueles? Es la inmundicia. La caterva tomando posiciones. Vienen a por ti y a por mí. Se comen la democracia mientras pareciera que en verdad la cuidan con esmero. ¿No te duele? Es la mutilación sin piedad de los miembros que conforman el cuerpo del sistema.

Poderes que ya no se encuentran, no se entienden, que ya no quieren depender de otro poder más poderoso, más tenebroso, menos uniforme. Los poderes del Estado, cuales placas tectónicas, se deslizan causando destrucción.

Hermano, ya vamos quedando pocos. Los Gabilondo, Bardem, Echanove; los que defienden a Hamás, los que odian a Israel y los que viven aquí porque no son tontos y no se atreven a veranear en el gulag cubano, ellos son los que ganan, ellos los fuertes, ellos los que dominan y se alzan sobre nuestros cuerpos inertes.

La democracia los alimenta. Ofrece cobijo la democracia a los que llaman asesino al todavía presidente de los Estados Unidos y vociferan con odio contra el pueblo judío.

La democracia, puta y barata a la hora de cobrar, protege a las hienas y enseña las tetas para anunciar que todavía queda leche para amamantar a las fieras.

Ay, hermano. La luz de la tarde muere a las seis y cuarto. La calle vacía por la que paseaba estaba mojada y limpia. Silenciosa. Con mis pensamientos ligeros el frío me rondaba. Llegué a casa; televisión apagada. Libros en la mesa. Henry Rider Haggard. Jack London, Mary Shelley, Alejandro Dumas, Robert Louis Stevenson, Walter Scott. ¿Para qué otra cosa?

La democracia es una gran aventura, hermano. La democracia en España es un presidente que dice no al Parlamento y se apunta a los blogs y a las preguntas de los ciudadanos en la tele. ¿Democracia? Por mí la puedes tirar a la basura. A lo mejor si te desprendes de esta democracia eres libre. ¿Te imaginas? Volver a ser libres.

                        

 

 

En Israel serías historia

Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista

Lunes, 12 de enero de 2009

Ciertamente, De Juana Chaos en Israel no tendría futuro.

De Juana Chaos en una marcha por la paz. A favor de la paz. De Juana pidiendo paz. Esa palabra en la boca de  un asesino que se mueve libre por el mundo y sin pedir perdón. Paz en la boca de un hijo de puta que merecería estar entre rejas, sin ver el sol, martirizado por sus recuerdos, por los fantasmas de sus víctimas, secándose el sudor frío con la bandera de su jodida y ficticia patria vasca. Ese chacal en una marcha a favor de la paz en Oriente Próximo.

Las personas que con buen fin convocaron la marcha seguramente ignoraban la presencia del destroza vidas. Pero su sola presencia basta para pensar qué clase de alimañas se juntan cuando se convoca una manifestación de la que pueden sacar provecho.

De Juana, queda claro que es así, estaría muy a gusto ordenando la colocación de bombas en suelo de Israel. A él le va la movida, la sangre de inocentes recorriendo las arterias de una sociedad convulsionada.

De Juana y los pancarteros unidos en el odio hacia Israel. Todos juntos después de la humillación del gobiernito español ante ETA.

De Juana pasó a convertirse en un hombre con alma de cántaro. Todos los etarras pasaron a ser seguidores del movimiento pacifista en esta Nación de botarates que dejan que un mentiroso gobierne y su séquito de ineptos dirija los ministerios.

Después de aquella genuflexión llegaron las imágenes que certificaban el todo vale.

Mientras aguardamos que el angelito de De Juana regrese a España, mientras ansiamos que de una vez por todas se borre a ETA de las instituciones vascas, y mientras rogamos a Dios para que una vez más la victoria de Israel nos defienda de la barbarie y de la sinrazón, aquí todavía tenemos que vivir con la tomadura de pelo que llevan a cabo los asesinos que nunca pedirán perdón.

De Juana Chaos es Hamás. Es la cara de Hamás. Es el rostro del terrorismo árabe y global. La democracia está en guerra contra esas organizaciones y contra esas gentes.

Ciertamente, De Juana en Israel no tendría futuro.

                        

 

 

Los tiene bien puestos

Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista

Jueves, 8 de enero de 2009

El presi es un tío que los tiene bien puestos. No se esconde. Va por medio mundo y por la todavía llamada España, diciendo lo que quiere y sonriendo a diestro y siniestro. Su sonrisa es un arma destructiva. La crisis y la sonrisa de Zapatero son los ingredientes perfectos para hacer de España un territorio a punto de explotar.

No se pone a temblar. Le echan parados encima de su mesa de trabajo (jajaja), y él sigue como si nada. Parado viene, parado va. Ya son más de tres millones, y el presi como si con él no fuera la cosa. Sonrisa al canto y la foto a color prometiendo que en marzo el empleo irá mejor.

Es el presi de once millones de españoles que votaron al PSOE porque, claro, votar al PP era muy malo. La derecha en España es la sombra alargada del Caudillo.

De aquellos once millones seguro que son muy pocos los que hoy se arrepienten de votar a un hombre que mintió, engañó, y aún hoy es capaz de pasear su palmito enseñando la sonrisa más encantadora, si es que puede ser encantadora la sonrisa del responsable de un desaguisado social de incalculables consecuencias.

En España se destruye empleo como en China se fabrican cosas que mejor sería tirar a la basura.

En España no hay políticos capaces de ilusionar. La ilusión la encontramos fuera, más allá de nuestras fronteras.

En España lo que hay son mandarines, prestidigitadores, charlatanes, depredadores y edificadores de reinos de taifas.

El paro no es un problema real para Zapatero. Puede ser un problema Ibarreche, Otegi, De Juana. En esa gente puede tener un problema el inquilino de la Moncloa si los pobres salen mal parados al presentarse ante la justicia. O puede ser un problema el tal López, aspirante a Lehendakari, si no consigue alzarse con la victoria electoral en una tierra donde no hay democracia pero se vota.

¿Los parados? Bah, cuantos más parados, más votantes para la izquierda. ¿O es que un parado con dos dedos de frente votaría al PP? ¡Ni pensarlo! En España todavía hay “clases”.

Hasta de la desgracia más absoluta saca provecho Zapatero.

Del PP diré que, en la oposición, nunca la derecha había hecho tanto el ridículo.

Esta es la realidad: mucho paro, más que vendrá, y sin oposición. Somos un pueblo al que le ha mirado un tuerto.

                        

 

 

Más de Madrid

Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista

Miércoles, 7 de enero de 2009

No sé por qué me han entrado ganas de escribir de un pasado que casi siempre se vivió en blanco y negro. No  busco amigos. Detesto la lástima. El escritor frustrado –mi caso- siempre encuentra algún motivo para aferrarse a la esperanza. Inventa y rememora. Confunde. Se confunde.

Madrid, en los primeros años de la década de los ochenta me atraía, me asustaba, me arruinaba, me follaba, me cultivaba.

Si algún día regreso a Madrid será para confesar en una calle de la que todavía no dejaré escrito su nombre, que en aquellos tiempos un canario uniformado, luego de paisano y más tarde casi desnudo, se encontró a sí mismo y desde entonces vaga por las esquinas de un mundo a color pero insípido.

Una noche, ya no recuerdo si habían dado la una o las dos de la madrugada, me follaba a una gachí en la salita de un apartamento. Y ella me follaba. Naturalmente. Con el estómago vacío el sexo es una proeza.

Ella, buena persona, había leído uno de mis cuentos. Le gustó. A mí me gustó que le gustara. En la radio (no teníamos televisión) ponían buena música. En la penumbra los valientes escalan sin cuerdas.

La gachí (ni siquiera en aquel instante juraría que sabía su nombre) me la recomendó aquel petulante escritor y periodista ya muerto. Si juré que no me sabía su nombre, también juro que ha sido la mujer con la dentadura más perfecta que he visto en Madrid.

Le entusiasmaba hablar de cine. Y le entusiasmaba hablar de ella. Y eso a mí me entusiasmaba. Echado boca arriba en la cama o en el sofá me pasaba las horas escuchando sus narraciones de infancia en el pueblo de Galicia donde había nacido. Las penalidades y luego la huída. Madrid es como el puerto de Nápoles: todo llega y todo está por llegar.

Su apartamentito era acogedor.

A la mañana siguiente, cuando me despedí, le prometí que la volvería a ver esa misma tarde. Ella se puso contenta y yo me puse contento a pesar de que sabía que era una mentira. Ella cerró la puerta y por fin respiró tranquila. El escritor (jajaja) desaparecía de su vida y regresaba a la puta calle.

Manolo (un viejo maricón que me ayudó bastante) me recibió en su piso lleno de libros y de fotos de otros maricones después de terminada la guerra civil. Todos tenían cara de asustados.

Leí a Melville. Buenas noches. Al despertar: yo seguía muerto y el viejo cabrón más vivo que Ahab.

                        

 

 

 

Mucho tardaste

Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista

Martes, 6 de enero de 2009

Mucho tardaste. Larga ha sido la subida al Gólgota. Pero tú sabías que no había otro hombre. Mayor Oreja representa lo que millones de españoles queremos del Partido Popular. Es un dirigente sin ataduras. No arrastra complejos. Se ha hecho político en territorio de guerra. La paz claudicante no le complace. Oreja llevará una vez más a Europa la esencia del pueblo español. En sus discursos prevalecen las ideas de la cultura occidental. Los valores que han hecho posible que nuestra civilización sea hoy refugio de libertad, dignidad humana y justicia. Mi voto, pues, para Jaime Mayor Oreja.

Y al proclamar que mi voto irá para él, obviamente eso significa que no irá para ti, Mariano. Ya no. Después de tanto titubeo, después de un silencio incomprensible y feo, mi voto te beneficiará indirectamente. Irá a parar a las manos del PP porque Mayor Oreja representará a la formación que hoy, liderada (¿liderada?) por el presidente de los populares, defenderá mejor que nadie la dignidad de España en una Europa competitiva y en guerra contra los bárbaros.

El silencio se convirtió en un insulto. La mediocridad de las intervenciones a lo largo de las últimas semanas y meses, sólo ha provocado que se agrande aún más mi distanciamiento hacia una figura que ya, de manera natural, se ha quemado y no genera ilusión.

Cuesta retirarse, y cuesta mucho más hacerlo cuando todavía el partido que representa a más de diez millones de españoles tiene oportunidad de buscar y encontrar un recambio fiable.

Si la derrota se produce en las elecciones gallegas y vascas, cosa muy probable, tal como apuntan los sesudos analistas bien pagados, el sillón de Génova 13 no correrá peligro. El culo del gallego se mantendrá pétreo.

Pero las europeas son otra cosa. Mayor Oreja deberá enfrentarse al socialista Juan Fernando, con toda la maquinaria del poder a pleno rendimiento y, también, a las apariciones de un hombre: usted, que no ayuda en nada.

Mi voto, pues, para Oreja. Indirectamente para usted. Siempre para España.

                        

 

 

Tejero, Guillermina y sin piojos

Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista

Martes, 6 de enero de 2009

Recuerdo que cuando Tejero hizo el paripé en el Congreso y la sonada quedó en bufonada, un servidor, joven e inexperto, todavía militando en la izquierda, se dejó cagar y pidió auxilio a su papá: “Págame un pasaje para marcharme de aquí”. Recuerdo que mi padre, buen hombre, dijo: “A toda la juventud se la cargan”. Menudo alivio. Como no  había dinero para pagar el viaje, me tuve que quedar en la ciudad de ciudades. Allí, pasando frío, mucho miedo y diarrea tras diarrea, más que nada por los nervios y la escasa o mala alimentación.

Ahora me río de todo lo sucedido. ¡Juan carlista hasta la muerte! ¿Monárquico? Yo creo que sí, sobre todo por culpa de mis admirados Anson y Ussía.

A los dos o tres meses después del intento de sublevación, ya con Leopoldo Calvo Sotelo ejerciendo de Presidente, o sea, más o menos entre abril y mayo, conocí a una joven que quería triunfar en el mundillo de la interpretación.

Era guapa, muy guapa, también inteligente, pero sobre todo guapa. Yo, como de costumbre, apestaba y llevaba el pelo largo y una barba al estilo Fidel Castro. No sé lo que vio (yo sí sé lo que vi en ella), pero mantuvimos lo que se decía por entonces una relación sentimental, y hoy se cataloga como rollo sexual y poco más.

Nunca llegó a triunfar en el teatro, aunque hizo sus pinitos. Cuando no tenía dinero yo sabía que se dedicaba a la prostitución. Llegaba cansada a la pensión y apenas tenía ganas de beber agua. Se duchaba y dormía hasta tarde.

Cuando regresé de Madrid le perdí la pista. Algún tiempo antes se había enamorado de un hombre que trabajaba en una agencia de seguros. Yo seguía en paro y escribiendo, lo que, según he comprobado a lo largo de mi vida, es lo mismo.

Madrid en 1981 y 1982 era la ciudad más hermosa del mundo. La primera vez que entré al Santiago Bernabéu, el Madrid se enfrentaba al Santander. Juanito, Santilla, Shuster. En el video marcador anunciaban el empate de la Unión Deportiva Las Palmas en El Molinón. El Tenerife, por aquella época, ni sonaba.

Gracias al dinero de mi padre, al dinero de uno de mis tíos y al dinero que ganaba trabajando en cositas que mejor es seguir manteniendo arrinconadas en la memoria, podía ir tirando en una ciudad que, un día sí y otro también, me pegaba patadas en el culo y me invitaba a marcharme.

Aunque sé que muchos no lo creerán: nunca tuve piojos y siempre llevaba conmigo, con mucho orgullo, el carné del PSOE.

La amiga de la que hablé al principio tenía un bello nombre: Guillermina. Si hubiera triunfado como actriz seguro que se lo habría cambiado; el nombre, digo. Ella admiraba a la Pasionaria. A mí aquella mujer embadurnada de  negro siempre me pareció fea. Carrillo no tanto. Y Alberti un poeta cojonudo.

Ya digo: nunca tuve piojos.

                        

 

 

Madrid, hace muchos años

Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista

Sábado, 3 de enero de 2009

Cumpliendo con el servicio militar obligatorio en la Academia de Infantería de Toledo y con un frío del carajo, una noche, en la garita, haciendo la última guardia, me quedé dormido siquiera un ratito. Yo creo que media hora, no más. Bastaron los treinta minutos o algo así para soñar con una actriz de cine muy famosa. No diré su nombre. Amanecía y corría un aire gélido, turbador. Cuando vinieron a recogerme (salvarme), los ojos aún seguían inmersos en el sueño. Aquel día podía haber desertado, pero no lo hice.

En los trece meses de servicio militar caminé muchas tardes por Madrid, sobre todo los fines de semana. Siempre me quedaba en la misma pensión. Mataba los ratos muertos escribiendo historias, relatos, cuentos, la primera novela que todavía sigue escondida en la misma gaveta.

En cierta ocasión, visitando el Museo del Prado, compré una copia (¿se dice así?) del Guernica. Al igual que Losantos, yo también fui un mamarracho de izquierdas. Con la copia bajo el brazo entré a ver una película. Al salir, y ya muy lejos de la sala de proyección, me percaté de que había dejado el Guernica en la butaca. ¿Dejé de ser de izquierdas en aquel preciso instante? Creo que no. Pero algo dejé, sin duda, que no me convenía.

En la pensión de aquella desagradable mujer, me duchaba con agua tibia, nunca fría. Llegaba cenado de la calle y en la humilde habitación me sentaba a escribir y a leer. Una reflexión sobre la primera guerra mundial de Hesse me acompañó durante 1981. Hacia atrás y hacia delante. No quería terminar el libro. En 1981 ya había estallado la “movida” de Almodóvar y otros rojillos de tres al cuarto. El jovencito uniformado era carne de cañón, y tampoco hizo demasiado para evitar caer en el pecado. Rastrero, sin duros y siempre con el uniforme para intentar ligar, los tipos de la movida nunca se fijaron en mí.

Lo que recuerdo con admiración y cariño fue una conversación que mantuve con un celebérrimo periodista de la capital. Con el paso del tiempo todavía creció más su poder y su elocuencia. Al igual que pasó con la actriz norteamericana, tampoco dejaré escrito su nombre. Ya murió.

En un bar de mala muerte, sucio, lleno, eso creí, de putas y maricones, el periodista me aconsejó que dejara de soñar con el éxito y que me tirara a una de aquellas hermosuras. Pero yo insistía en que quería ser escritor, a toda costa. Su risa, sonora y mercenaria se hacía oír en todo el establecimiento.

Siempre llevaba conmigo los escritos. Le entregué un relato. Muy breve. La vieja “Carita” y su marido el pescador, muerto de hambre, con una hija muriéndose por culpa de una tos mortificadora. De repente dejó de reír y rompió el original.

“Aquí el periodista y el escritor soy yo, ¿te enteras?”

Madrid fue la ciudad done me hice hombre y desgraciado. Madrid, que no he visitado desde 1983, es la ciudad que más me gusta del mundo. ¿Seré gilipollas?

                        

 

 

Afortunadamente era ladrón de libros

Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista

Jueves, 1 de enero de 2009

Las ensoñaciones son necesarias. Cuando en la niñez perdí a mi madre, encontré refugio en la lectura. Robé mi primer libro cuando tenía trece años. Gabriel García Márquez era el autor de aquel librito. Luego robé unos cuantos más. En mi casa no había costumbre de comprar libros y mucho menos de leerlos. Me había convertido en un ladrón de libros. Neorrealismo portuense. Al estilo del excelente neorrealismo italiano. Un miserable condenado al fracaso robaba libros para leer y, mientras tanto, recibía palos y más palos en la educación obligatoria. Lo que soy en el presente: ¿qué soy?, se lo debo a los libros que robé al principio y a los otros que compré y compro todavía.

Mis seres queridos dicen que he gastado una fortuna en libros. Para los que ganamos poco y tememos ser engullidos por paro, eso de ir gastando dinero en librerías chicharreras, laguneras y villeras, es un peligro empírico cuando se llega a final de mes.

Pero no he cambiado un ápice. Siempre encuentro algo suelto (jajaja) que destino a la compra (religiosa) de mi ABC todos los días, y los fines de semana: ABC, El País y Expansión.

Levantarme a las 7 y tomarme un café a las 7.30 con esos tres periódicos, es uno de los pocos placeres que aún me quedan en esta vida.

El otro día extraje de mi librería, algunos libros de mi viejo amigo Vargas Llosa. D. Mario. “Pantaleón”. Esa “Madrastra” que me pone caliente. Esos “Cachorros”. Releer a los maestros está bien para saber que ya todo está escrito. Cortázar, Borges, Galdós, Malaparte. No sé, pero dejé de ansiar publicar mis historias cuando las obras completas de esos autores invadieron mi alma. Miller insiste en llevarme de viaje a los más variados trópicos.

Kafka murió queriendo que no se publicara uno solo de sus trabajos. Se jodió y ahora su obra nos confiere calidad como personas. “El Proceso” se abre todos los días.

Hesse no debió recibir el Nobel, porque nosotros desde siempre le tenemos a él: nuestro querido lobo, solitario y gris. Ah, sus cuentos: siempre me abrazo a ellos en las tardes otoñales.

Robar para leer debería ser una noble acción. Igual que cuando aquel ladrón de un bosque británico robaba a los ricos para dar luego el dinero y las joyas a los más pobres.

Las palabras no me han hecho rico. Pero me han hecho libre. Nunca dejo de leer ante el temor de que la oscuridad que siempre hay en las calles y en las grandes ciudades se apodere de mis ojos.

Me gustaría ser inmortal para leer poquito a poco, susurrando, las obras que tú, siempre tú, vas a escribir y que, bajo tierra, el empedernido lector que ahora escribe no podrá siquiera oler. 

La muerte, ya lo sabes, no lee. La muerte, al fin y al cabo, es un libro más.

                        

 

 

Recesión

Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista

Miércoles, 31 de diciembre de 2008

Se ponen de acuerdo para decirnos que entramos en crisis. Que nos desangramos económicamente. Lo dice Solbes, el peor ministro de economía que ha padecido la democracia, y lo anuncia también el Banco de España. ¿Les creemos? Los españolitos que votaron al PSOE sí deberían creer. Nosotros, los otros diez millones que no votamos a un presidente (aspirante) que nos mentía, simplemente observamos cómo el andamiaje de la gran comedia bufa se viene abajo.

Aunque la situación se torna borrascosa, casi llegando a tormenta tropical, el gobiernito de una parte de los españoles sigue tirando de la chequera. Aquí hay dinero para las comunidades autónomas; ¡que España se joda! ¿O no? Porque claro, decir autonomías en España es negar la existencia de la misma España; y si el dinero del Estado se destina a salvarle la vida a los grandes derrochadores, ya me dirán ustedes lo que le queda a la patria.

Digo patria, y pido perdón. Digo patria de parias y no pido perdón. Digo democracia pobre, inerte y pacata, y no pido perdón. La economía española, tan falsa y desarmada como los nuevos ricos que ahora vuelven a ser pobres, es presa de una clase política avara y ociosa.

Cuando ya todo se agrieta el ministro de Economía confiesa que sí, que la recesión es un hecho. Antes no. Cuando tocaba ganar las elecciones en nombre de los descamisados, la consigna era negar la llegada de las bajas presiones. Por el Cantábrico no entraba ningún frente frío. El anticiclón económico se había enamorado de España y en ella permanecería por los siglos de los siglos. Mil años de paz. ¿Les suena?

Los que han dejado de ganar dinero pero no pierden, y por esa razón se tornan hambrientos, predican en las calles que hay que ser optimistas. Ellos.

Recesión es la palabra maldita que nadie quería escuchar. Ha llegado. ¿Volvemos a votar? ¿PSOE o PP? ¿PSOE? ¿Más de once millones acurrucados bajo la sonrisa de Z? Pues vale. Recesión.

                        

 

 

Defensa de Israel

Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista

Martes, 30 de diciembre de 2008

Israel se defiende. Se defiende como tienen que defenderse los países libres de los terroristas. Emplea su fuerza legal para cambiar una situación que ponía al pueblo judío contra las cuerdas.

Mientras tanto, en España, la opinión pública, sacudida y aborregada, cree que los inocentes son los hombres uniformados que pertenecen a Hamas.

Es la cultura de la progresía. Se ha impuesto. Ya casi es imposible deshacerse de ella. La democracia española es así de cobarde y así de miserable.

Israel, que lleva en estado de guerra desde su fundación en 1948, destina más del 17 por ciento de su PIB al Ministerio de Defensa. Y lo hace con gusto, porque la sociedad israelí sabe y es consciente de que teniendo un buen ejército, sus fronteras están a salvo y, sobre todo, la democracia prevalece.

En España se olvida, siempre con facilidad y asquerosa simpleza, que si cae Israel, pronto caerá Turquía, y entonces se colaría la barbarie por el viejo continente; lo dramáticamente antagónico a nuestra civilización.

Y hay que recordarlo para que se terminen los despistes; sólo hay una civilización: la nuestra. Lo otro, lo que está más allá de Israel, está hecho para los que no creen en la democracia, para que los que no creen en la separación de los poderes, para los que no creen que la mujer es igual que el hombre, para los que ahorcan y torturan a los homosexuales. Israel lucha contra ese enemigo.

Los inocentes que mueren provocan espanto. Dolor. Y también angustia. El deseo de que pronto termine lo que ya ha comenzado por culpa de la intransigencia de los terroristas, es un deseo por todos compartido.

Israel se defiende porque tiene derecho a hacerlo y porque sabe identificar a sus enemigos. Siria, Irán y otras muchas naciones árabes quieren hacer desaparecer del mapa a Israel. La frágil paz con Egipto y Jordania no tranquiliza al pueblo judío. Lo único que le queda a ese gran Estado es el apoyo riguroso de los Estados Unidos.

Leer la prensa, escuchar la radio o ver la televisión durante estos días provoca la náusea y el vómito. El desapego hacia todo lo que suponga reconocer los derechos del pueblo judío a vivir en paz, resulta estremecedor.

En muchas ocasiones me he mostrado favorable a que los palestinos tengan su propio estado y puedan también en vivir en paz. Mantengo firme ese anhelo.

Lo que no acepto es la arrogancia, la ignorancia y la odiosa manía de tener que defender siempre al árabe y no al judío. Israel es lo que nos separa del abismo.

Su guerra es nuestra guerra. ¡Viva Israel!

                        

 

 

Perdón, presidente, pero no le creo

Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista

Domingo, 28 de Diciembre de 2008

Tajante. Enérgico. Contundente. Mirando a las cámaras y sin parpadear. Qué tipo más duro. El hombre que puso a huevo que ETA se envalentonara, y con ella su entorno, proclama que no habrá más oportunidades para los etarras.

Oh, alivio. Oh, amanecer de amaneceres. Oh, sapientísimo valedor de los inocentes. Pues yo, claro, no te creo. Y digo que no te creo porque estimo (a lo mejor estoy equivocado) que no creerte todavía no es delito.

Igual de tajante, igual de enérgico e igual de contundente se mostró el inquilino de la Moncloa cuando apostó por la negociación y la paz. ¿Qué paz? Y además lo hizo mirando a las cámaras. Siempre las jodidas cámaras para que quede constancia de su gran verdad. Su verdad, al fin y al cabo, siempre ha sido una gran mentira. La mentira.

ETA se encontraba acorralada. A un paso del abismo. Gracias a la unidad democrática, los mafiosos que matan en nombre de esa ficticia y jodida patria vasca, por primera vez se veían contra las cuerdas, enterrados en vida, derrotados.

Zapatero tiró por tierra todos y cada uno de los avances. La democracia entró de lleno en una espiral de debilidad, y de esa debilidad se aprovecharon los etarras, sus compinches y, como siempre, el PNV, tan generoso con España y con el estado de Derecho.

Creer a Zapatero es creer al lobo que se acerca a las ovejas ofreciendo un pacto de estabilidad y anunciando también que pasa de la carne porque ha descubierto los maravillosos placeres de la fruta. Ovejas siempre ha habido que mueren por ser tontas, demasiado tontas. Pero nunca ha habido un lobo que se acercara a las ovejas con una mentira, y éstas no echaran a correr dominadas por el miedo, sabiendo que de la boca del lobo sólo salen zafiedades y pestilencias.

ETA es el lobo de la democracia española. Y Zapatero, oveja con relativo poder, quiso iniciar una partida que tenía perdida de antemano. La progresía se sumó al juego porque, en primer lugar, le pareció divertido, sí, divertido, y, en segundo lugar, porque así terminaría para siempre con la derecha.

El optimismo de Zapatero es otro lobo. Nunca acierta en sus predicciones y siempre falla cuando asegura que hay hombres que buscan la paz dentro de ETA.

El optimismo de Zapatero está bien para engañar, para maquillar una realidad que es tozuda y perniciosa para sus intereses. El optimismo del jefe de los socialistas españoles es el contrapunto al rigor y la seriedad que hoy escuchamos y vemos en otros dirigentes europeos.

Zapatero quiere que España, su España, la discutible, se encuentre bien de salud. No quiere una casa o finca en malas condiciones. Y quiere a sus habitantes con la misma sonrisa que él regala incansable. Si hay nubarrones y se oyen truenos, el presi nos dirá que la tormenta pasará de largo.

Hace mucho tiempo que Zapatero aprendió a mentir de una manera eficaz. Eficazmente gana elecciones y eficazmente el pueblo, sabio, acude pronto y libre (jajaja) a las urnas para votar.

No se consultan las hemerotecas. Pero bastaría con mirar a los ojos del protagonista para recordar un pasado en la lucha contra ETA que nos puso de rodillas y nos llenó de vergüenza. ¿Se acuerdan?

                        

 

 

El Gordo de Zapatero

Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista

Lunes, 22 de Diciembre de 2008

Las manos no hacen falta en los albores del siglo XXI. Las manos sobran. También están de más la cabeza y los ojos. Poco valor le doy al hecho de poder escuchar (¿oír?). La boca es un artilugio pergeñado para privilegiados.

Si usted cree tener opinión es que aún no ha despertado de un delicado sueño.

La crisis, tan real como las mentiras del socialismo antes de las elecciones generales, no tiene la virulencia necesaria para poner a temblar al hombre-faro del socialismo español.

La gravedad de los datos provocan, siquiera, una leve acidez, la cual deja de causar molestias abriendo un sobrito de Almax.

Los más de tres millones de parados dejan de ser reales cuando Zapatero se entrevista con Gabilondo. Cuando pacta la financiación autonómica con una sola de las 17 comunidades autónomas y cuando aprueba unos Presupuestos Generales del Estado que han nacido para engordar la avaricia y el desarraigo de los nacionalistas vascos y gallegos.

Zapatero es el hombre más sano de España. ¿Por qué? Sencillamente porque el huésped de la Moncloa no se expone a la intemperie. La calle no pasa por su despacho. No hay ministro en su gobierno con derecho a enviarle una fotografía real de la situación. Zapatero se cargó a W. Bush y eso es más que suficiente para que se pavonee por el jardín.

Zapatero es el hombre perfecto para cantar el Gordo de Navidad. Todos los números serían los ganadores. Ningún español, jugador o no, se quedaría sin el Gordo. El Gordo en su totalidad. Ni segundos, ni terceros, ni cuartos ni quintos premios. Zapatero da el Gordo, no otra cosa.

Gordo fue el proceso de paz. Gordo fue el mensaje mesiánico del pleno empleo. Gordo fue aquello de que la crisis pasaría de largo, y por esa razón no afectaría lo más mínimo a los primogénitos del líder socialista más relumbrante del nuevo orbe. Gordo fue su peregrinaje por medio mundo para obtener una foto en la cumbre de los poderosos. Gordo es, una vez, su entreguismo al nacionalismo.

Zapatero tiene voz para cantar el Gordo y para cantar más cosas. Canta como no lo hace ningún otro político español. Si Franco tenía la voz aflautada, Zapatero la tiene metálica.

El pueblo español no es capaz, todavía, de descifrar los entresijos más oscuros de este hombre. Las palabras de Zapatero llegan a los oídos del hombre libre (ja, ja, ja) como música celestial que acompaña en el éxodo al nuevo pueblo elegido por el dios socialista.

La salida de la cueva está abierta para que las bestias de la vocinglería entretengan al populacho que, en la plaza mayor del pueblo disfruta de lo tangible: nubes de algodón y luces de feria.

                        

 

 

Personas en la dictadura del miedo

Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista

Lunes, 22 de Diciembre de 2008

Son muchas miles de personas. Ni se conocen entre ellas. Pero todas están unidas por el mismo miedo. ETA las persigue y, cuando puede y se encuentran a tiro, las mata. ETA mata en nombre de lo mismo que quiere el nacionalismo vasco mal llamado moderado. No hay nacionalismo moderado en una tierra sin libertad. Los inocentes que han muerto eran culpables. Para esos hijos de puta ellos eran los culpables. Ellos eran los que no avanzaban, los que no querían la libertad para la jodida y ficticia patria vasca.

Más de 1.000 personas necesitan vivir bajo la custodia de un hombre o de varios hombres que aseguren su seguridad.

En democracia hay personas que tienen tres sombras: la suya, la de la persona que le protege, y la del asesino que intenta matarlo.

Las Vascongadas son parte de España, por tanto, España está enferma. La violencia que crece y se multiplica en esas tierras es el fanatismo que tiene incubado la democracia que, ahora, en el presente, muestra, cabizbaja, que no todo se hizo bien en la Transición.

Mientras los asesinos rijan ayuntamientos y los gobiernos secesionistas pongan contra las cuerdas la gobernabilidad de España, ni que decir tiene que la democracia es tan poca cosa que no merece ser tenida en cuenta.

La democracia nace y muere en la letra de los libros de historia. Pero las calles no son democráticas. Por ejemplo, las calles en esa parte de España son cualquier cosa menos un espacio con libertad.

Las Vascongadas son un zulo. La democracia una camilla donde reposa la sociedad española a la espera de una intervención quirúrgica que la saque del abismo.

Mientras tanto, 40.000 personas viven con miedo. Son personas anónimas. Y otras 1.000 viven bajo el amparo de un profesional de la seguridad.

Cuando Ibarreche habla, enmudece la democracia. Cuando ETA habla, y lo viene haciendo desde hace más de cuarenta años, España muere. Vulgares soldaditos, mafiosos, han acabado con todo resquicio de esperanza.

                        

 

 

¿Economía?

Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista

Jueves, 18 de Diciembre de 2008

El problema real de la economía es que no hay economía. Es otra cosa. Los pobres, bueno, las personas que están inmersas en el grupo denominado clase media de los países desarrollados, no tienen idea de lo que es la economía. Repito: no hay economía ni cosa que se le parezca.

Todo el sistema se ha ido al limbo. Mejor decir limbo que otra palabra más rudimentaria pero carente de sensibilidad. La falsa economía se ha comido la poca credibilidad de un sistema que está condenado a sufrir una metamorfosis dolorosa y prolongada. ¿Economía? Digamos mejor latrocinio, trampa, añagaza, depauperación de los valores, insaciable necesidad de tener más dinero y a toda costa. Los pobres, repito, clase media, se arrastran por el fango en busca de migajas y, sin notarlo, pobrecitos, son maltratados y esquilmados.

¿Economía? ¿Crisis económica? No se crean ustedes esas afirmaciones grandilocuentes. Lo que hay es una profunda y hedionda oquedad. El capitalismo se ha pervertido, dejando que unos ladrones se movieran libres y altaneros durante años, sin ser vigilados, sin sentirse perseguidos, investigados, acosados por la justicia. El sistema se ha deteriorado hasta límites insoportables.

El pobre, repito, clase media, padecerá las consecuencias de un robo sistemático. El escenario se llena de cadáveres. Las instituciones que nacieron en su día para controlar y garantizar la eficacia del sistema, hoy aparecen desangradas, sin credibilidad.

¿Cómo seguir? A oscuras, a ciegas, a tientas, torpes y asumiendo los encontronazos. ¿Habrá un mañana? Sin economía, sí, pero las cosas ya no será como antes. Afortunadamente. ¿O sí?

                        

 

 

Pesimismo: única esperanza

Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista

Sábado, 14 de Diciembre de 2008

No lo duden. Será el pesimismo lo que nos sacará de esta crisis de valores. No la sonrisa petulante de Zapatero. Ni el trasiego de Sarko. Será el pesimismo de la sociedad lo que pondrá luz en una vida mortecina, podrida y adoradora del becerro de oro.

Todo se desploma ante nuestras propias narices. El ruido es infernal, y aún es más insoportable el sonido despótico de los que lo pierden todo cuando tenían el poder absoluto terrenal. Lo gris da paso a lo negro. Lo negro encierra parajes sin firmeza orográfica. Deambular, en vez de caminar. Es la crisis de valores más grave que se recuerda.

El billete se había convertido en la panacea de todos los males. Pero el billete no existía. Los magos ponían falsos billetes ante los ojos de los falsos poderosos y estos caían en la trampa, tocando incluso el pavoroso fuego del averno sin quemarse.

Desde Estados Unidos, pasando por la fantasmagórica Unión Europea, todo, cual si de un castillo de naipes se tratase, se desploma estrepitosamente. Los gritos se solapan con el silencio de los que nunca han tenido nada.

Por eso el pesimismo nos sacará del lodazal. No hay espacio para la foto protocolaria. Queda tapiada la rendija por donde se podía vislumbrar el ir y venir de los burócratas. La negrura del pensamiento hará libres a los hombres, a los verdaderos hombres.

La realidad, un Matrix depredador, acaba por devorar las ilusiones, los sueños, las utopías e incluso los pilares del sistema.

Toca darle la vuelta a todo. Es la hora de la floración de las ideas arriesgadas, sinceras y enemigas del pastelazo ideológico. La partitocracia ha muerto. Al igual que ha fenecido, bruscamente, el tragicómico relato de los superhéroes multimillonarios hechos a base de trabajo. Nada ha sido real. Nada es todavía real.

Todo será mucho peor. Afortunadamente. Porque desde el pesimismo ilustrado triunfarán los hombres vacíos de idolatría y apegados a la sencillez.

La farsa ha terminado. Los aplausos se suceden en el teatro. Lo que era no estaba. Lo que está se muere. El pesimismo llega. Él es nuestra única esperanza.

                        

 

 

¡Llegará la hora!

Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista

Jueves, 11 de Diciembre de 2008

Para la señora vicepresidenta del Gobierno, no todo va mal en España.

Que se lo diga, quieta y sin esconderse, a los más de tres millones de parados. Que se lo diga, luciendo nuevo modelito, a los representantes del Fondo Monetario Internacional.

En España, vicepresidenta, todo va mal, porque todo acaba estando muy mal cuando el gobierno de España se encuentra en manos de los socialistas  más radicales de Europa.

La historia reciente nos enseña que ustedes, socialistas, siempre que democráticamente ocupan el poder y se dedican a mandar (una verdadera contradicción), las cosas en la patria de todos (de casi todos) se estropean hasta límites insospechados.

El señor Solbes dejó una cifra de parados cuando el socialismo se marchó por última vez de la Moncloa por encima de los tres millones y medio. Si ustedes no suspenden pronto en las urnas, aquella mancha de desocupados, estremecedora, sobrepasará los cuatro millones.

Pero usted asevera, impertérrita, que todo no marcha mal en España. Y se lo dice al Partido Popular, que, como siempre, es una formación antipatriótica y fundamentalista.

Quisiera verla en la cola del paro, señora vicepresidenta. Y en esa angustiosa espera, verla hablar de las excelencias del gobierno de Zapatero.

A la cara, a los ojos de un desempleado, su verdad, que no es la verdad, terminaría humillada, pisoteada, estremecida por el silencio del hombre que tiene los pies en el suelo. Y usted pediría perdón, pediría perdón a tres millones de españoles que hoy no encuentran trabajo, y a los que usted, acompañada fielmente por los otros ministros, mintió para ganar unas elecciones.

El socialismo es sinónimo de precariedad, paro, desestabilización democrática, embrutecimiento de la convivencia, entreguismo a los separatistas, ceguera económica e inapetencia diplomática. El socialismo es, en sí mismo, una grave crisis.

Si algo va bien en España es que el reloj no deja de marcar las horas. Los segundos pasan. Por lo tanto, más pronto que tarde, -quiero tener esperanza-, ustedes, con la zafiedad ideológica que arrastran, pasarán a la oposición. Estarán en el paro. Nunca lo pasarán tan mal como esos españoles que hoy sienten frío y no ven la luz para salir del túnel. Pero habrán dejado de mover los hilos del poder. Eso bastará para que usted, señora vicepresidenta, aprenda una lección muy sencilla e histórica: ¡La hora llega!

                        

 

 

Hambre

Por Lorenzo de Ara Rodríguez, periodista

Miércoles, 10 de Diciembre de 2008

Hay hambre. Mucha hambre. En el mundo de los ricos también se pasa hambre. Pero el hambre, mientras se encuentre rodeada de luces y regalos navideños, es menos hambre: quizá una mera fatiga.

El dato estremece y si embargo me temo que ya deja indiferente: El hambre afecta a 963 millones de personas en el mundo, 40 millones más que en 2007. La FAO advierte de que la actual crisis económica puede conducir a más gente aún a la pobreza.

Y todos suponemos, queremos imaginar, que los prohombres del quehacer político mundial se reúnen en Londres, París y Madrid para buscar soluciones a ese problema global.

Casi mil millones de anónimos que no comen. Nada que llevarse a la boca. Barriga vacía.  Un día tras otro. Amanece. Todos los muertos de hambre que ha habido a lo largo de la historia de la humanidad siguen sin estar bajo tierra. Están presentes. Deambulan por muchos continentes. Y siguen pasando hambre.

Los políticos salvan la vida de los banqueros, pero dejan morir a los pobres. ¿Pobres? Es que hay pobres más pobres que el pobre de mi calle. Hay pobres de solemnidad. Sin ropa, sin alma, tiernos para la mosca, para las moscas, andrajosos para la muerte, y por eso viven en un infierno con abundancia de cosas intocables.

La crisis nos preocupa. La crisis nos puede mandar a la mierda. Paro, hipotecas sin pagar, el futuro más negro que la noche en la cabeza de ese alcalde de Getafe.

La crisis deja sin comer a mucha gente en el primer mundo. Los bólidos de la economía se paran y los pilotos se bajan para coger aire. No piden perdón, pero ya saben que todo está a punto de romperse.

El hambre, que antes era inmisericorde, ahora se ha vuelto más permeable. Hay muertos de hambre, pero muertos de hambre de verdad en muchas ciudades de la democracia ricachona, insensible, sorda y ciega. Morirse de hambre es la peor de las muertes.

En Navidad, con luces y paquetes envueltos con papel de regalo, el hambre se pasea con más garbo. ¡Olé, guapa!

                        

 

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