Bitácoras de Rebelión digital | |
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| Bitácora "F.R.B." Por Francisco Rodríguez Barragán |
Los mayores Por Francisco Rodríguez BarragánMiércoles, 5 de abril de 2010 El Boletín monográfico nº 7 del Instituto de Política Familiar está dedicado a los Mayores en España. Lo he leído con atención pues, aparte de aportar datos interesantes, me afecta como viejo, pues dedica su capítulo tres al Futuro de la Población Mayor y es interesante conocer lo que nos aguarda, aunque sea por vía de proyecciones estadísticas. El capítulo primero describe, como marco general, la situación de la Población Española hoy, que ha tenido un aumento notable de casi cuatro millones de personas en los últimos cinco años, crecimiento debido a la llegada de extranjeros y no al aumento de la natalidad de los españoles. Señala que en la actualidad la esperanza de vida al nacer alcanza los 81 años, mientras que la esperanza de vida de los que tienen 65 años es de casi 20 años, es decir que llegarán a los 85. Uno de cada 6 españoles es hoy mayor de 65 años con casi ocho millones de personas y los mayores de 80 años superan ya los 2,2 millones de personas. Aunque Italia, Alemania y Grecia tienen mayor proporción de personas mayores, es nuestro país el que está envejeciendo con más rapidez, convirtiéndose en una nación vieja con más mayores que jóvenes, con un déficit de natalidad creciente a pesar del aumento de población y de la inyección de natalidad de las madres extranjeras. Hace en el capítulo dos un análisis de la población mayor por Comunidades Autónomas. Andalucía, Cataluña, Madrid y Valencia son las comunidades con mayor población de personas mayores, pero son Castilla y León, Galicia y Asturias las que tienen el porcentaje más alto de mayores. El capítulo tres habla del futuro de la Población Mayor, que está creciendo de forma vertiginosa, con un crecimiento de más de un 60 por ciento respecto al resto de la población. Con las tendencias actuales para el año 2050 supone que la población española alcanzará más de 53 millones de personas de los que un tercio aproximadamente, 17 millones, serán mayores de 65 años y de ellos nada menos 6 millones serán mayores de 80 años. La pirámide de población estará absolutamente invertida. El sistema público de pensiones y protección social estará en riesgo de resultar insostenible. Para los que somos mayores hoy, el año 2050 nos cae un poco lejos, pero no así para nuestros hijos y nuestros nietos que se podrán encontrar con una situación difícil. No obstante estas anticipaciones a largo plazo, basadas sólo en tendencias estadísticas, en un mundo que se globaliza, sometido a crisis, migraciones y cambios de todas clases, pueden resultar erróneas. De todas maneras se está produciendo ante nuestros ojos un desequilibrio demográfico en el que aumenta la esperanza de vida de los mayores y disminuye la esperanza de vida de los niños concebidos y abortados o se propagan medidas anticonceptivas que están lastrando la natalidad de los países de Occidente. En el capítulo cuatro se analizan las características de las personas mayores. El 41 por ciento viven en matrimonio, el 31 en casa de sus hijos o en su propia casa con ellos, el 22 por ciento viven solos y unos 300.000 mayores en residencias. A medida que avanza la edad y se ven afectados por discapacidad los mayores prefieren vivir con sus hijos. Los mayores se consideran viejos por el deterioro de su salud y no por su edad. El 25 por ciento de los mayores de 65 años tiene algún tipo de discapacidad. A la mitad de los mayores de 85 su discapacidad les impide realizar las tareas básicas diarias. La mayoría de los mayores con discapacidad no recibe ninguna ayuda o la recibe parcialmente de forma insuficiente e insatisfactoria. Pero los mayores no sólo causan problemas sino que aportan su experiencia a la sociedad y ayudan a sus hijos o cuidan a sus nietos. Tienen una gran preocupación social y participan activamente en tareas de voluntariado, aunque “pasan” de la política partidaria y sindical. Los mayores en su mayoría se declaran religiosos. La Protección social de los mayores ocupa el capítulo quinto. Es interesante conocer que el número de pensionistas es de 8,5 millones y que en los últimos diez años han aumentado en un millón. El importe medio de la pensión que estaba en el 1999 en 446€ ha pasado a 748€ en el 2009. Es un aumento considerable, por encima del crecimiento de la inflación, pero en términos de Producto Interior Bruto ha bajado del 10,1% en el 1995 al 8,9% en 2005. El gasto de las prestaciones españolas a la vejez (7,9% PIB) es muy inferior al 11% de la media europea. Esta falta de esfuerzo presupuestario provoca para las personas perceptoras de pensiones mínimas el riesgo de pobreza, que ha pasado del 15% en 1998 al 28% en 2008. Las Conclusiones ocupan el capítulo 6 y recogen de forma sucinta lo que he ido destacando de los capítulos anteriores. Con respecto a la importancia de la familia señala que no existe una política de ayuda a las que cuidan a sus mayores. En la asistencia a los mayores discapacitados se limita a pedir mejores y mayores ayudas, aunque no indica el fracaso de la Ley de Asistencia y por último recalca el riesgo de pobreza que se ha duplicado en 10 años.
Preocupados Por Francisco Rodríguez BarragánViernes, 30 de abril de 2010 Me preocupa la situación que atravesamos: el paro que afecta a tantas familias, la difícil situación económica, la deuda creciente, la falta de medidas que terminen con el despilfarro y la corrupción, con la ineficiencia y endeudamiento de nuestro sistema autonómico y municipal, con la falta de competitividad de nuestras empresas y un largo etcétera. Pero también me preocupa y desazona que el Gobierno, en lugar de aprestarse a resolver los problemas, se dedique a crear otros: deslegitimar la transición y destruir las bases de nuestra convivencia, desenterrar los fantasmas del pasado y tratar de reescribir la historia, imponer la ideología de género y la sexualidad libre, destruir la familia y reivindicar para el Estado el derecho exclusivo de educar a las nuevas generaciones en sus disolventes postulados; inventar la alianza de civilizaciones para abrir las puertas al Islam, mientras nos amenaza con una próxima ley de libertad religiosa que, sin duda, será restrictiva y contraria a la Iglesia Católica. Hay quien dice que el Gobierno trata con estas cosas de distraer la atención de los verdaderos problemas de la nación. No lo creo, ya que su tarea demoledora empezó en tiempos de bonanza económica, cuando solo unos pocos alertaban de los peligros de nuestra economía. Pienso que el designio de Rodríguez Zapatero, desde que llegó al poder, es el de mantenerse en él a toda costa. Para él solo la izquierda tiene derecho a gobernar, por lo que no acepta, aunque no lo diga, que en la democracia ha de darse necesariamente la alternancia de partidos. El camino que le resulta más fácil para su designio es la eliminación del adversario, para eso busca la vuelta al pasado, al más negro pasado de nuestra historia, del que espera sacar el provecho de una revancha en la que hacer cargar a la derecha con todas las maldades, reales o inventadas, del franquismo y a la izquierda con todos los méritos, y hacer una segunda transición a su gusto, cambiando el régimen que nació con la Constitución del 78. Las manifestaciones callejeras de la izquierda, con el pretexto de apoyar al Juez Garzón, frente al Tribunal Supremo, no les preocupa la justicia, han mostrado su verdadero motivo: la deslegitimación de las instituciones como paso previo a una solapada acción revolucionaria. Frente a una derecha acomplejada y vituperada por sus propias corrupciones, se va alzando una izquierda envalentonada y rencorosa que se dice “progresista” pero que vuelve a los años treinta del siglo pasado, para agitar las aguas del odio. La debacle económica puede ser el caldo de cultivo adecuado para sus designios. Decía Rodríguez Zapatero a Gabilondo, en las pasadas elecciones, que le favorecería que hubiera tensión, pues bien, ésta ya ha empezado. Creer, como creen el Sr. Rajoy y sus consejeros, que el desgaste por los problemas económicos de este Gobierno le va a servir en bandeja la victoria en las próximas elecciones, me parece arriesgado. Hay por delante dos años en los que se atizará la tensión todo lo posible. ¿Qué podemos hacer? ¿Quién logrará poner algo de cordura? El antifranquismo militante, ¡después de casi cuarenta años de muerto Franco!, sólo busca establecer un peligroso razonamiento: la amnistía, la transición, la constitución la hicieron los franquistas y la izquierda tuvo que aceptarla a la fuerza, por tanto las instituciones que de allí nacieron, incluida la Corona, hay que destruirlas, ahora que la izquierda está fuerte. Los que vivimos con ilusión aquellos años, sabemos que todo aquello se hizo para superar y enterrar un pasado de enfrentamientos, aunque la organización autonómica que se plasmó en la Constitución no haya conseguido resolver el problema catalán y vasco, sino que lo ha radicalizado y extendido a todas las regiones de España, pero no parece que a nadie le interese poner fin a la costosa e insolidaria deriva autonómica y en cambio hay demasiada gente interesada en acabar con la misma Constitución. ¿Qué nos espera? Creo que hay motivos suficientes para estar preocupados.
Contra la dictadura del conformismo Por Francisco Rodríguez BarragánMiércoles, 21 de abril de 2010 Ha recordado el Papa que padecemos la sutil dictadura del conformismo, que nos obliga a pensar como piensan todos y a actuar como actúan todos. Que se trata de una verdadera dictadura, salta a la vista cuando se busca silenciar y agredir a la Iglesia porque no comparte la propaganda de quienes quieren imponer su pensamiento único sobre lo políticamente correcto, sobre los “nuevos derechos”, sobre el lenguaje manipulado, sobre la ideología de género, sobre la sexualidad como placer sin restricciones, sobre la naturaleza por encima del hombre, sobre la indisponibilidad de la vida. Si los cristianos nos resistimos a esta dictadura del progresismo, seremos excluidos de todos los foros, motejados de inmovilistas, hasta de enemigos de la humanidad, carcas, fascistas, meapilas y otros insultos al uso. Pero lo más grave es que muchos cristianos se asustan, quieren aparecer también como “progresistas”, de no se qué progreso, y quisieran que la Iglesia llegara a algún tipo de compromiso con el mundo, pensando que así nos aceptarían en los más altos y manipulados organismos. Por eso dice el Papa que "hoy tenemos miedo de hablar de la vida eterna. Hablamos de las cosas que son útiles para el mundo, mostramos que el cristianismo ayuda también a mejorar el mundo, pero no nos atrevemos a decir que su meta es la vida eterna y que de la meta vienen luego los criterios de la vida”. Efectivamente, apenas si se habla de la vida eterna a no ser en las homilías de las misas de los entierros. Hay cristianos que se esfuerzan en demostrar que trabajan por hacer un mundo mejor, pero no aclaran que su meta es la vida eterna y que la única forma de alcanzarla es amando a los demás como Dios nos ama, buscando activamente el bien de todo hombre y de todos los hombres y que este amor que recibimos de Dios para vivir en el mundo es el criterio que inspira nuestras vidas. Es la vida eterna con Dios la que se ofrece a quienes vivieron amando a los demás y trabajando por la verdad y la justicia y es la vida eterna sin Dios, la que espera a quienes hicieron lo contrario. Esto es más serio que el Código Penal. Desgraciados quienes piensen que no se les pedirá cuenta de su vida. No es posible para un cristiano, que quiera vivir como tal, el conformismo con el mundo cuyos valores son el placer y el tener, que cree que puede decidir sobre todo: el bien y el mal, la naturaleza y el hombre, con plena autonomía, para lo cual tienen que borrar a Dios del horizonte y elevar a instancia última y definitiva, el consenso de la inconstante mayoría y este consenso puede ser consenso para el mal, como dice el Papa. El voto de la mayoría entrega el poder a un partido y el elegido se cree en posesión de la verdad para conseguir aprobar leyes que deciden quién debe vivir y quién no, cómo deben ser educadas las nuevas generaciones, cómo debe vivirse la sexualidad, en qué lengua tiene que hablar, cuál es su historia, cómo expresar sus sentimientos religiosos, etc. Todo apoyado por un enorme aparato de agitación y propaganda. Por desgracia, no tenemos la seguridad de que si el voto de la mayoría entrega el poder a un partido distinto la situación cambie sustancialmente. Ahora más que nunca los cristianos tenemos que hablar de la vida eterna, de que hay que obedecer a Dios antes que a los hombres, de que no se puede construir un mundo fraterno sobre el egoísmo sino sobre el amor. No hay que colaborar con la dictadura del conformismo, sino proclamar en cualquier tiempo y lugar el mensaje de Jesús, cuya muerte y resurrección, es la única realidad que puede salvar al mundo. ¡No tengáis miedo!
Jaque al Papa Por Francisco Rodríguez BarragánJueves, 8 de abril de 2010 La feroz campaña contra Benedicto XVI, en base a determinadas conductas reprobables de clérigos pederastas, tiene como objetivo, no tanto que se haga justicia, sino ajustar cuentas con la Iglesia, única voz que se levanta en el mundo para refutar las arteras maquinaciones de quienes desde la ONU, sus organismos y conferencias, pretenden establecer una nueva ética mundial en la que el bien y el mal no sean valores permanentes y universales, sino inventos de “los expertos” que han ido poniendo en circulación “nuevos derechos”, bajo eufemismos engañosos, que buscan, entre otras cosas, legalizar el aborto, la eutanasia y el placer sin límites, sustituir el sexo por el género, la familia por cualquier modelo de convivencia, difundir la ecología como reducción de la población para “salvar el planeta”, etc. Benedicto XVI ha tenido el valor de señalar en su encíclica Caritas in veritate todas y cada una de las falacias que pretenden imponernos desde los altos organismos internacionales, a los que le habrá sido especialmente molesta la indicación del Papa de que deberían preguntarse sobre la eficacia real de sus aparatos burocráticos y administrativos en orden al desarrollo de los pueblos, afirmando seguidamente que el destinatario de las ayudas resulta útil para quien lo ayuda y, así, los pobres sirven para mantener esos costosos organismos, que destinan a su propia conservación un porcentaje demasiado elevado de los recursos que deberían ser destinados al desarrollo. Por ello pide, tanto a estos organismos internacionales como a las organizaciones no gubernamentales, que rindan información sobre el destino de los recursos que reciban, con indicación expresa de lo que se destina a los programas de cooperación y a gastos de administración. Sobre la ecología y el cambio climático, que parece ser la bandera de las influyentes minorías de “expertos” que controlan los altos organismos internacionales, el Papa afirma que la Iglesia tiene una responsabilidad respecto a la creación y la debe hacer valer en público. No solo debe defender la tierra, el agua y el aire como dones que pertenecen a todos, sino que debe proteger al hombre contra la destrucción de sí mismo, pues como subraya en otro lugar es contrario al verdadero desarrollo considerar la naturaleza como más importante que la persona humana misma. Frente a la exitosa marcha de las minorías influyentes que pretenden construir el mundo a su antojo, la figura y la voz de Benedicto XVI, hablando como cabeza de la Iglesia y recordando que hay valores eternos e irrenunciables como la caridad y la verdad, representa un obstáculo a eliminar y han encontrado en la pederastia de algunos clérigos una munición utilizable. Lo más triste y lamentable es que haya quienes, diciéndose cristianos y dentro de la Iglesia, busquen notoriedad atizando la campaña en nombre de un estrafalario progresismo que quiere imponer sus teorías sobre el celibato, la ordenación de mujeres o la democratización en la elección de obispos, incluso algún teólogo cuestiona la figura del Papa, sin duda por estar convencido de que el infalible es él. Pero la Iglesia fue fundada sobre la roca de Pedro por Jesucristo y estoy seguro de que resistirá todos los embates y saldrá purificada de cada una de las situaciones que tenga que enfrentar.
Las razones del catalán Por Francisco Rodríguez BarragánMiércoles, 7 de abril de 2010 Entrevistaron hace unos días en una cadena de televisión, a un alcalde catalán y le preguntaron sobre las dificultades que encuentran las personas que residen en Cataluña para que sus hijos reciban educación en castellano. Contestó este alcalde que no hay ningún problema con el castellano porque todo el mundo sabe hablarlo, pero que Cataluña tiene una legua propia, que es el catalán a la que tienen que cuidar y defender para que no desaparezca, por lo que es imprescindible conseguir que todos los niños la aprendan desde pequeños. Le vi tan convencido de lo correcto de su postura, que es la del nacionalismo catalán, que no creo que pueda llegar a admitir ningún razonamiento en contra. Pienso que su rotunda afirmación de que “Cataluña tiene una lengua propia” es una falacia que por mucho que la repitan no se convierte en verdad, por la sencilla razón de que los territorios no hablan, no tienen lengua, son solo el soporte físico donde viven y se comunican las personas, únicos seres que han sido dotados de la maravillosa facultad de hablar, inicialmente en la lengua de sus padres, ya sea catalán, castellano, árabe o senegalés. De los territorios puede predicarse que tienen extensión, límites, clima o accidentes geográficos, pero en ningún caso que hablan, razón por la cual no pueden tener una lengua propia. Los que allí vivan están en su perfecto derecho de hablar en la lengua que prefieran, siempre que les sirva para comunicarse con los demás. Si la lengua que se habla mayoritariamente es el castellano, no hay razón para que la minoría que habla catalán se empeñe en imponerla a los demás, utilizando la facultad coactiva de su gobierno. La democracia es el gobierno de la mayoría y el respeto de las minorías. Hacer lo contrario es claramente tiranía. El nacionalismo, al identificarse esencialmente con la tierra y lengua catalana, vulnera los derechos de todos los que viven en esa tierra, salvo que traten de clasificar a los que no sean nacionalistas ni catalano-hablantes con vecinos de segunda categoría y que aprender a hablar catalán sea el requisito necesario para que les sea otorgada la plenitud de la ciudadanía por los próceres de pura sangre que detentan el gobierno. Pensemos en el futurible de que la minoría musulmana consiga, paso a paso, el control creciente de pueblos y ciudades y decida que todos tienen que aprender el árabe clásico. ¿Una tontería? Quizás. Pero ya tenemos a una minoría que impone a la mayoría hablar en catalán, aunque eso no aporte ninguna ventaja a la gente, pero satisfaga a lo políticos que hoy controlan Cataluña.
El despotismo democrático Por Francisco Rodríguez BarragánJueves, 2 de abril de 2010 No fue Nostradamus quien profetizó sobre nuestra situación actual en una cuarteta apócrifa que anda circulando por el correo electrónico, fue Alexis de Tocqueville quien, en 1840, anticipó la deriva de las democracias hacia el despotismo. Merece la pena leer su obra La democracia en América II, en cuya parte cuarta reflexiona sobre la influencia que ejercen las ideas y los sentimientos democráticos sobre la sociedad política. Dice Tocqueville que las opiniones de los pueblos democráticos en materia de gobierno favorecen la concentración de poderes. El sentimiento igualitario hace que los individuos aparezcan cada vez más pequeños, más perdidos en la masa, y al mismo tiempo más inclinados a invocar a un poder único y providencial que intervenga y resuelva todos los problemas. Esto es lo que estamos viviendo. La soberanía del pueblo se reduce a que la masa de los individuos es llamada cada cierto tiempo a emitir un voto, pero esa misma masa espera que el gobierno lo resuelva todo: relaciones de trabajo, salarios, vivienda, sanidad, educación, industrialización, finanzas, justicia… El Gobierno lo es todo, aunque se fraccione en un gobierno central y diecisiete gobiernos autonómicos, el poder total esta concentrado en cada uno de ellos a través de un intervencionismo creciente. Los ciudadanos son nada más que un voto, que cada vez utilizan menos. Entre gobierno y gobernados la distancia es inmensa. Los poderes intermedios desaparecen absorbidos o controlados por el poder. También advirtió Tocqueville que en los estados democráticos aumenta el número de tribunales, pero el gobierno escapa de legitimar su poder con otro poder que le sirviera de contrapeso, escogiendo él mismo a los jueces. No hay duda de que acertó. En la misma medida que crece el poder del gobierno los ciudadanos van siendo despojados de sus derechos. Sin ninguna revolución sangrienta, de forma paulatina, se va imponiendo el despotismo. El gobierno legitima sus acciones proclamando que lo hace en beneficio del pueblo, pero realmente actúa sin el pueblo. Pensemos que invocando la seguridad se intervienen conversaciones telefónicas, o hay que someterse a registros crecientes en los aeropuertos, o a ser filmados sin nuestro consentimiento. Invocando el derecho a la educación se priva a los padres de elegir la educación que desea para sus hijos mientras se imponen asignaturas adoctrinadoras, etc. El gobierno presume de extensión de derechos y de nuevos derechos, pero en realidad se recortan los derechos de los padres, de la familia, de las instituciones no dependientes del Estado. El despotismo, escribió Tocqueville, me parece el mayor peligro que amenaza a los tiempos democráticos, pues por encima de los ciudadanos se alza un poder inmenso y tutelar que vela por nuestra felicidad y nuestra suerte, pero que en lugar de preparar a las nuevas generaciones para la responsabilidad y la independencia, los fija irrevocablemente en la infancia; este poder quiere que los ciudadanos gocen, con tal de que no piensen en otra cosa que en gozar. Tocqueville quizás no imaginó las acciones de nuestro gobierno para difundir el hedonismo de una sexualidad promiscua e irresponsable y el reparto masivo de preservativos, pero acertó plenamente en su diagnóstico. En esta tarea de hacer felices a los ciudadanos, añade Tocqueville, el poder quiere ser el único agente y juez exclusivo; provee a su seguridad, atiende a sus necesidades, pone a su alcance los placeres, conduce sus asuntos y se pregunta si no podría librarles por entero de la molestia de pensar y del derecho de pensar y del trabajo de vivir. ¿No es acaso todo ello lo que está ocurriendo aquí y ahora? El camino de servidumbre hacia el despotismo está bien avanzado, pero los ciudadanos no parecen percatarse de que están siendo despojados de sus derechos fundamentales a cambio de que se le asegure la vida desde la cuna a la tumba. Cuando el llamado estado del bienestar hace aguas por la crisis, quizás es el momento de despertar para tomar cada cual la responsabilidad de su propia vida, rechazando la intromisión asfixiante del poder y sus designios de cambiar a su antojo nuestras vidas. El aviso de Tocqueville no debemos ignorarlo.
Querer a quien no te quiera Por Francisco Rodríguez BarragánJueves, 25 de marzo de 2010 Querer a quien no te quiera a eso se llama querer, pues querer a quien te quiera se llama corresponder y eso, lo hace cualquiera. Escuché esta vieja copla hace unos días en un Festival de Flamenco y medité que, más allá de hablar de amores no correspondidos, lo que expresa tiene un claro paralelismo con las palabras de Jesús, que podemos leer en el Evangelio, cuando nos dice amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persiguen pues si amáis a quienes os aman o hacéis el bien a los que os lo hacen a vosotros ¿qué mérito tenéis? Eso lo hacen los pecadores, los publicanos, ―¡eso lo hace cualquiera! Pero ¿es posible amar a los enemigos, a los que nos persiguen, a los que nos combaten porque pensamos de forma diferente? Nuestros sentimientos nos llevan a sentir antipatía, aversión, incluso odio a nuestros enemigos por lo que hacen y aquí es necesario que distingamos entre las acciones que consideramos malas y quienes las ejecutan. Amar al enemigo no significa que aceptemos como bueno lo que hace, ni que cambiemos nuestra aversión en simpatía, ni que tengamos que sentir cariño, sino una decisión consciente por la cual queremos buscar su bien en la medida en que podamos. Amar al prójimo como a nosotros mismos significa que el bien que deseamos y buscamos para nosotros, tenemos que desearlo y buscarlo para los demás, amigos o enemigos. El problema se plantea cuando lo que deseamos para nosotros no es nuestro propio bien, sino la satisfacción de nuestro egoísmo, de nuestra codicia, de nuestra vanidad o de nuestra soberbia. Todo esto no es el bien y nos enfrenta con los demás. Pero si entendemos que nuestro propio bien es el pleno desarrollo de todas las potencialidades que Alguien puso en nosotros, podemos desear y buscar lo mismo para los demás, incluidos nuestros enemigos. Lograr nuestro pleno desarrollo como personas exige dominar nuestra naturaleza, que tenderá a satisfacer los bajos instintos, en una lucha en la que a menudo resultaremos derrotados. Tomar conciencia de nuestras caídas, de nuestros errores, de nuestros pecados nos llevara a ser humildes y necesitados de perdón. Creernos buenos y perfectos es la mayor de las equivocaciones. ¿Si nos descubrimos frágiles y pecadores, cómo condenamos a los demás? La oración del Padre nuestro incluye una petición de perdón, que estamos seguros de obtener en la misma medida que perdonemos a los demás. Por otro lado Jesús nos advierte de que no debemos juzgar a los demás. Pero ello no nos impide juzgar los hechos y rechazar los que consideremos malos. Nos resulta difícil condenar un hecho o una situación, sin condenar al mismo tiempo a sus causantes, pero eso es lo que se nos pide. Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen y estaban clavándolo en la cruz. Amar a los enemigos, sin juzgarlos ni condenarlos, no significa que dejemos de luchar por la verdad, el bien y la justicia, pero sin olvidar nunca nuestra íntima relación con ellos: todos pecadores, todos necesitados de perdón. Es difícil, no cabe duda, pero el amor de Dios, que es don y regalo, vendrá en nuestra ayuda si aceptamos las palabras de Jesús y lo seguimos.
La fama de la justicia Por Francisco Rodríguez BarragánViernes, 19 de marzo de 2010 No ha tenido nunca buena fama la justicia en España y no sólo por el Tribunal de la Inquisición, del que tanto se ha escrito y exagerado. Ha sido la gente común la que siempre ha percibido desfavorablemente a la justicia. La maldición que dice: pleitos tengas y los ganes, representa una desconfianza absoluta. Aun en el caso de que ganes un pleito, te costará problemas, dinero, preocupaciones y la enemistad de tu oponente, del que tendrás que guardarte de por vida. También se dice que es preferible un mal acuerdo a una buena sentencia, lo que es el mejor consejo que se puede dar a un amigo. Se esperan con temor las sentencias, pues nunca saben los litigantes la arcana interpretación de los jueces. Con los mismos hechos y fundamentos de derecho pueden darse, y se dan, sentencias opuestas. Pensemos en los pleitos frente a la imposición y contenidos de la asignatura de Educación para la ciudadanía y la diversidad de sentencias contradictorias. Desde que se inicia un proceso hasta que recae sentencia firme, puede pasar un tiempo larguísimo. Además se han multiplicado las posibilidades de apelación con Tribunales Superiores, Tribunal Supremo, Tribunal Constitucional, Tribunal Europeo, lo que hace aún más incierto el resultado. Los tribunales españoles tienen una acumulación de casos pendientes escandaloso. Hace unos días leí que un profesor expedientado y sancionado por la Junta de Andalucía había fallecido, posiblemente de los malos ratos, antes de que se dictara la sentencia en la que se reconoce su inocencia y el injusto expediente al que fue sometido. He leído la sentencia y no se dice nada de condenar, de oficio, a los autores de la tropelía. Por otro lado, el principio de que todos somos iguales ante la ley, gracias al cual no puede haber privilegios para nadie, pues no sé si esta vigente, ya que vemos como los que tienen poder político o económico consiguen un trato diferente al común de los ciudadanos. Tengo la sospecha de que poder equivale a impunidad, en muchas ocasiones. Sin duda hay casos de corrupción en los que han sido condenados los corruptos, pero no sé de muchos que hayan devuelto el dinero mal adquirido y del que seguramente van a disfrutar después de cumplir su condena. Los casos de Rumasa, Filesa, GAL, Marbella, entre otros muchos, y ¡hasta el atentado del 11-M!, que podían haber sido ejemplarizantes, no han significado una mayor confianza en la justicia para buena parte de los ciudadanos. El caso del juez Garzón, que según Gustavo Bueno, tiene complejo de Jesucristo por querer juzgar a los vivos y a los muertos, tampoco resulta ejemplar. El Consejo General del Poder Judicial y el Tribunal Supremo van demorando sospechosamente resolver su situación. Pero en el caso del juez Ferrin Calamita, se resolvió rápidamente: le fue impuesta la máxima sanción, acusándolo de discriminar a una pareja de lesbianas, victoria conseguida por el mismo abogado, según he leído, que quiere quitar la imagen del Corazón de Jesús de un pueblo de Murcia. Y qué decir de la independencia de los órganos de gobierno de los jueces, que deben su apetecible plaza al partido que se la otorgó. Así sigue atascado el Estatuto de Cataluña, esperando que pueda ser fichado el magistrado que deshaga el empate. Jacinto Benavente, en su obra Los intereses creados, sacó a escena, como representante de la justicia a un doctor en leyes, que busca los intereses que le benefician y tiene una coma perfecta, un signo ortográfico, que utilizado hábilmente en el proceso, puede determinar un resultado u otro. Es seguro que hay jueces que no salen en los telediarios, justos, imparciales y trabajadores, por toda España. Ojala fueran suficientes para cambiar la mala fama de la justicia.
El aborto y la nueva ética mundial Por Francisco Rodríguez BarragánDomingo, 14 de marzo de 2010 A pesar de todas las protestas y movilizaciones la Ley del Aborto ha sido aprobada, lo mismo que pasó con la que equiparaba las uniones homosexuales al matrimonio o la imposición de la asignatura de Educación para la Ciudadanía. Pero no se trata sólo de una ocurrencia de nuestro Gobierno, pues son bastantes los países que han aprobado o tratan de aprobar leyes similares. Tenemos que apuntar más arriba. La cuestión tiene un calado mucho más amplio y se encuadra en la ofensiva para establecer una nueva ética mundial, sin referencia a ningunos valores universales preexistentes, incluida la Declaración de los Derechos Humanos y, por supuesto, los cristianos. Basta leer la exposición de motivos de la Ley del Aborto para comprobarlo. Los principios que se invocan y la engañosa terminología que utiliza, es la acuñada en la sucesivas Conferencias que patrocinó la Organización de las Naciones Unidas entre los años 1990 y 1996, sobre educación, infancia, medio ambiente, derechos humanos, población, desarrollo social, mujer, hábitat y seguridad alimenticia, concebidas en su conjunto como los paradigmas de una nueva cultura y ética global. Aunque la ONU es una organización intergubernamental, aquellas conferencias no reflejaron la voluntad de los gobiernos ni de sus pueblos, sino la de los “expertos” que habían ido ocupando posiciones claves, desde los años 60, en su inmenso complejo burocrático y administrativo y allí continúan, velando para que los resultados de aquellas conferencias no se vuelvan a poner en cuestión. Hay que tener en cuenta que estas conferencias comienzan inmediatamente después de la caída del muro de Berlín y el hundimiento de los regímenes comunistas. Termina la guerra fría y se proclama el fin de las ideologías. Los “expertos” se presentan con una apariencia de neutralidad ante un mundo que se va globalizando y le ofrecen sus ideas, revestidas de gran aparato científico y el respaldo de la ONU. Cuidadosamente excluyeron a quienes no compartían su ideología. En la Conferencia de Beijing sobre la mujer, introdujeron las ideologías radicales del feminismo y del género. Se proclamó el derecho de la mujer a decidir, sin interferencias, sobre su propia sexualidad y sus consecuencias, y para garantizar su salud sexual y reproductiva se exigió que, si lo decide, pueda abortar con la mayor garantía y seguridad sanitaria. El derecho a abortar que se reconoce a las mujeres significa la muerte de millones de niños, pero eso no inquieta a los “expertos” ya que la Conferencia sobre población viene impulsando la idea de que es necesario reducir el crecimiento demográfico para que la vida en el planeta Tierra sea sostenible. El objetivo del milenio sobre disminuir el hambre en el mundo no pasa por producir más alimentos y distribuirlos mejor, sino por disminuir el número de comensales. Expresiones ambiguas como derecho a decidir, lucha contra la discriminación, ampliación de derechos, esclarecimiento de los mismos, defensa de la tierra, ecología medio-ambiental, igualdad de géneros, democracia participativa, etc. van siendo interpretadas de nuevo sustituyendo los valores universales sobre los que se estableció el orden internacional en 1945 y que ahora se consideran obsoletos. Aunque las conclusiones de las conferencias no tengan fuerza vinculante para los Estados, poco a poco se ha ido introduciendo la idea de que hay que seguirlas porque son la esencia del progresismo, el camino del futuro. Estos “expertos” han contado con la colaboración de poderosas ONGs, generosamente subvencionadas por aquellos países y empresas multinacionales que pueden beneficiarse de la promiscuidad sexual, de la ecología antinuclear, del aborto o de las trabas al desarrollo de determinados pueblos en nombre del calentamiento global. Estas ONGs se presentan como representantes de la sociedad civil ocultando sus verdaderas vinculaciones. Últimamente este tinglado “onusiano” ha tenido un par de tropiezos: Uno al demostrarse la falsedad de los informes sobre el calentamiento global y otro con el escándalo de la vacuna de la gripe A que ha puesto al descubierto la vinculación de algunos de sus dirigentes con el fabuloso negocio de la vacuna que era urgente adquirir. Un último apunte: la subvención de la ministra Aído a una organización feminista que pide la exclusión del Vaticano de la ONU porque no comparte ni puede compartir esta nueva ética.
Como arreglar esto Por Francisco Rodríguez BarragánDomingo, 7 de marzo de 2010 Veo por la calle el anuncio de una página web que dice que “esto solo lo arreglamos entre todos” y empiezo a cavilar sobre el contenido del pronombre demostrativo “esto” que comienza la frase. No sé si se trata de que entre todos arreglemos el mundo o la crisis o los problemas de España o que nos apliquemos cada uno a solucionar nuestra propia vida sin esperar a que los políticos la arreglen o la sigan estropeando. Si el “esto” a arreglar es todo, me parece un objetivo tan inabarcable como imposible. Quizás habría que parcelar el “esto” en objetivos más pequeños y bien definidos y distribuir el trabajo a realizar entre las personas más capaces, siempre que además llegarán a un acuerdo entre ellas sobre cómo hacerlo. No parece tarea fácil. Tratar cada cual de arreglar su propia vida sin esperar milagros de los que nos gobiernan es necesario y urgente, pero si cada uno lucha para sí mismo frente a los demás, si el motor de nuestras acciones es el egoísmo y la codicia, si lo entendemos como un ¡sálvese el que pueda!, “esto” cada vez tendrá menos arreglo. Entre todos tendríamos que arreglar “esto” pero todos necesitaríamos asumir los valores contrarios de los que nos han llevado a esta situación. El egoísmo es un mal que no puede producir ningún fruto bueno. Solo la búsqueda del bien común puede sacarnos de la crisis. El bien común, el bien para todos, frente a la búsqueda de la ganancia para mí solo, es la clave. Si el Gobierno, los financieros, los políticos, los sindicatos, las empresas, los medios de comunicación, examinaran sus decisiones y sus actuaciones preguntándose si favorecen o perjudican el bien común, “esto” podría tener arreglo. Pero si el Gobierno piensa antes en mantenerse en el poder que en servir al bien común “esto” no tiene arreglo. Si los financieros piensan sus actuaciones sólo en términos de poder y de ganancia y no de servicio al bien común “esto” no tiene arreglo. Si los políticos buscan hundir a los contrarios, gozar de privilegios y ascender en la carrera política, sometiéndose al que manda, en lugar de buscar el bien común de los ciudadanos que dicen representar, “esto” no tiene arreglo. Si los empresarios buscan exclusivamente la ganancia sin atender al bien común, el de sus trabajadores y el de sus clientes, “esto” no tiene arreglo. Si queremos vivir del cuento, de la subvención o del trapicheo, en lugar de aportar nuestro trabajo bien hecho al servicio del bien común, “esto no tiene arreglo. Por eso yo diría que “esto” solo lo arreglamos si nos preocupamos seriamente por el bien común y colaboramos en echar fuera de todos los campos a los codiciosos, a los egoístas, a los embusteros, a los que viven del cuento, a los corruptos, a los vagos, a los ansiosos de poder, a los que dictan leyes inicuas y a los que por acción y omisión nos han llevado a esta situación.
Juego sucio Por Francisco Rodríguez BarragánLunes, 1 de marzo de 2010 Cuando Aznar consiguió su segunda victoria electoral y esta vez por mayoría absoluta, se encendieron todas las alarmas en el partido socialista. Para este partido que se cree, falsamente, la quintaesencia de la democracia no podía aceptar que la derecha se afianzara y gobernara. Por ello se emplearon a fondo en desgastar al Gobierno de Aznar, movilizando a la gente a constantes manifestaciones de protesta, ayudados por sus potentes máquinas de agit-prop. Recordemos el caso del Prestige o el “decretazo”, que después no se atrevió a aplicar el Gobierno o la que se armó por el apoyo de Aznar a Estados Unidos en la guerra de Irak, en pago de su ayuda cuando el incidente del islote de Perejil, del que Europa no quiso saber nada. Acoso permanente al Gobierno del PP que culminó en aquel desgraciado y aún confuso 11 de marzo y días posteriores, en los que el Gobierno quedó superado por los acontecimientos y el PSOE supo aprovecharlo a fondo para conseguir su victoria al grito de “España no merece un Gobierno que mienta”, eslogan que no deja de resultar irónico, después de todo lo que hemos visto y oído. Pero si la derecha había conseguido ganar dos veces, podría hacerlo otra vez, razón por la cual había que eliminarla del juego político objetivo que puso en marcha el Presidente Zapatero desde el momento mismo de su toma de posesión. No podían esperar a la siguiente confrontación electoral sino que tenían que quebrantarlo de forma permanente. También se alarmaron de las dos victorias seguidas de la derecha los partidos nacionalistas, comunistas, ecologistas y afines. Un Gobierno de derecha con mayoría absoluta podía dar al traste con el lucrativo negocio de ser necesarios para gobernar. Por eso se firmó el llamado Pacto del Tinell en el cual todos se conjuraban para no apoyar nunca al Partido Popular. Curiosamente más que un Gobierno y una oposición lo que tenemos es un Gobierno de oposición a la oposición. A pesar de la crisis que estaba a la vista, pero que el Gobierno negaba con firme tozudez, Rodríguez Zapatero obtiene una segunda victoria aunque necesitada también de otros apoyos, fáciles de conseguir en el consabido toma y daca, en el que lo que da no sale de su bolsillo sino del resto de España. Gracias a este perverso sistema ha conseguido sacar adelante leyes tan estrambóticas e inicuas como el matrimonio homosexual, la educación para la ciudadanía, el aborto convertido en derecho, la memoria histórica y otras lindezas sobre salud sexual y reproductiva e incluso unos presupuestos descabellados. También consiguió que se aprobara el Estatuto de Cataluña o la autorización, no revocada, para negociar con ETA, que puede desempolvar cualquier día. Ahora, cuando el paro, la deuda y el desastre económico pueden dejarle con sus vergüenzas al aire echa mano del truco de vocear la necesidad de un pacto con todos los partidos, incluido el PP. Hasta el más tonto puede ver que con los apoyos que viene teniendo puede gobernar sin necesidad del PP, pero como ahora la cosa es más difícil quiere tener además una red para sus piruetas. Si el PP no pacta y las cosas salen mal, será por culpa de Rajoy que no quiso “arrimar el hombro”. Si pacta o por mejor decir el PP apoya al Gobierno, se hace solidario de los fracasos o será señalado, con el desparpajo que caracteriza al Presidente, como único culpable. De cualquier manera el astuto y fullero jugador que nos gobierna saldrá ganando con vista a las próximas elecciones. Es curioso que mucha gente no quiera ver esta trampa, avalada por la doblez permanente de Rodríguez Zapatero, y pida que haya un pacto de Gobierno entre los dos grandes partidos para sacar a España de la crisis. Para un pacto de verdad se necesitan dos estadistas honestos que vean más allá de las próximas elecciones, pero no los veo. Lo único que veo es un permanente juego sucio que nos va deteriorando cada vez más. Hay quien dice que “cuanto peor, mejor” para Rodríguez Zapatero, que sueña con parecerse a sus admirados amigos de Venezuela, Cuba o Bolivia, que quieren mantenerse en el poder de por vida. ¡Dios nos asista!
Amor frente a intercambio Por Francisco Rodríguez BarragánJueves, 25 de febrero de 2010 Piensa, es gratis, su autor Joaquín Lorente. Me llamó la atención el título de este libro que reúne 84 ideas o principios prácticos para potenciar el talento y que está dirigido a quienes quieran triunfar y tener éxito en la empresa y ganar dinero, con trabajo y esfuerzo. Pero quedé sorprendido con el principio número doce que dice que al menos el 51% de la vida es puro intercambio, “salvo el amor profundo y en mayúsculas, aquel que es muy fácil vislumbrar porque es el único que no reclama compensaciones ni devoluciones”. Creo que es una profunda consideración sobre la verdadera esencia del amor: su absoluta gratuidad. Estamos empapados de la ley del intercambio y no sólo del intercambio equitativo sino del fraudulento, en el que consideramos una prueba de sagacidad y talento la especulación y el pelotazo, el enriquecimiento rápido, el soborno, el cohecho y la corrupción. También el amor lo hemos convertido en objeto de intercambio. Te amo para que me ames. Mi felicidad no nace de mi amor por ti sino de que tú me ames, de recibir de ti tanto o más de lo que yo estoy dispuesto a darte. Por eso las parejas son tan frágiles, al borde de la ruptura, para volver a intentar lo mismo otra vez. Los problemas empiezan en el momento en que uno o los dos, empiezan a hacer el balance de lo que creen que dan y de lo que reciben a cambio en tiempo, dinero, placer, atención, regalos o sumisión. El amor no pasa de ser una inversión de la que se esperan beneficios. Entender el amor como absoluta gratuidad que no reclama compensaciones, choca contra la mentalidad de nuestra sociedad. Quien ama por el puro gozo de amar, que se complace en el bien de la persona amada, como no espera ni exige compensaciones, si recibe su amor lo estima como don, como regalo, y se produce la maravilla que conocen y paladean los que se arriesgaron a amar con fidelidad para siempre. Pero no solamente en las relaciones de pareja puede producirse el amor que no reclama compensaciones. También se puede dar y se da, entre padres e hijos y entre familiares y amigos. Darlo todo por los hijos sin cálculos egoístas, ayudar al amigo o al familiar cuando lo necesita, con generosidad, simplemente por ser amigo, por ser pariente. Ser voluntario de cualquier organización de ayuda al prójimo, también es una ocasión de amar sin compensaciones, ni siquiera la compensación de que reconozcan tu labor y la agradezcan. Agradezco al autor del libro, que su principio número doce me haya dado la oportunidad de reflexionar sobre el amor. También le agradezco que proponga ideas para triunfar en la empresa desde el esfuerzo y el trabajo cuando tantos ofrecen el triunfo sin esfuerzo.
Cultivar el interior Por Francisco Rodríguez BarragánSábado, 20 de febrero de 2010 Para estar en forma queremos adelgazar y se nos ofrecen multitud de recetas y consejos: abstenerse de grasas, de dulces, de alcohol y hacer ejercicio, mucho ejercicio, gimnasio, senderismo, natación, pilates, etc. Si somos constantes en todo ello se nos promete una mejor silueta y un mayor bienestar corporal. También en esta época la Iglesia habla a los cristianos de ayuno y abstinencia, no grandes ayunos ni prolongadas abstinencias, sólo un par de días de ayuno y unos cuantos viernes de abstinencia, más bien testimoniales. Pero la Iglesia no tiene como objetivo que sus miembros consigan la esbeltez y agilidad de sus cuerpos. Para eso ya hay bastantes clínicas de estética, gimnasios y recetas. A la Iglesia le preocupa más el interior de cada persona, el alma, aunque sea ésta una palabra poco utilizada hoy. Pero cada uno tenemos un interior que cuidar con tanto esmero o más que nuestro aspecto externo. Ahí, dentro de nosotros nacen entremezclados buenos y malos sentimientos, altruismo y codicia, inseguridades y soberbia, pasión amorosa y lujuria, deseo de justicia y aprovechar las ocasiones, caiga quien caiga. Un revoltijo impresionante, una selva intrincada, que es necesario someter a examen si queremos salvar nuestra vida. De qué le sirve al hombre ganar al mundo entero si pierde su alma. Lo mismo que hace falta hacer ejercicio físico para mantener en forma nuestro cuerpo, es imprescindible otra clase de ejercicios, que antes se llamaban espirituales, pero que hoy, al parecer, tienen poca demanda. El ejercicio de hacernos las viejas preguntas acerca de quién soy, qué hago aquí, dónde voy y descubrir que somos criaturas dependientes de Alguien que nos ha creado libres pero responsables de nuestros actos, resulta más exigente y fatigoso que la lectura de tantos libros de autoayuda que nos ofrecen relajación y bienestar sin esfuerzo y una religiosidad de abismarse en la nada o unirse a la madre tierra divinizada, que exige la reducción de la población o cosas por el estilo. Quizás nuestro interior necesita del ayuno de tanta basura como se nos ofrece a través de los medios de comunicación para entretenernos y no dejarnos pensar en lo fundamental de nuestra vida, quizás necesita de la abstinencia de tanto sexo, de tanto placer, que nos impide descubrir la maravilla del amor único y definitivo, quizás necesita abrirse a la contemplación de lo eterno en un ejercicio humilde de oración, quizás necesite revisar su vida y sus relaciones con los demás para ver si están dañadas de injusticia, de avaricia, de explotación para poder aceptar al otro como un hermano a quien amar y con quien compartir. Todos necesitamos tiempo de reflexión, tanto los que creen en Dios, como los que no creen. Lo peor que puede pasarnos es desentendernos de nuestro interior, derramados en las cosas, arruinando nuestra vida.
Ordenadores de regalo Por Francisco Rodríguez BarragánViernes, 12 de febrero de 2010 Es difícil que asistan más de una docena de padres a cualquier reunión del colegio de sus hijos, pero el otro día el salón de actos estaba a rebosar pues se iba a entregar un ordenador a cada alumno. Algunos padres preguntaron si tendrían que devolverlo a final de curso y la respuesta fue que eran para ellos, un regalo que había prometido la Junta. Cada alumno con su aparatito y todos los problemas resueltos. La calidad de la enseñanza se resolverá como por ensalmo, el fracaso escolar será desterrado, los profesores y los alumnos van a sintonizar sin ningún roce y la disciplina será innecesaria. Seguramente los que echábamos en falta una educación en valores tales como el respeto, el esfuerzo continuado, el interés por aprender o la retención en la memoria lo aprendido, estábamos en un craso error ya que la implantación de un ordenador por alumno va a resolverlo todo, sin esfuerzo, naturalmente. Para qué hincar los codos y memorizar nada si el sapientísimo Google nos va facilitar todo lo que deseemos en un tiempo record. Tampoco será necesario comprender ni discernir nada por cuenta del alumno: el rincón del vago y otras páginas por el estilo evitarán cualquier peligroso esfuerzo mental que pueda estropear la vida placentera de los jóvenes. No obstante tantas maravillosas ventajas de los ordenadores, pensamos que el regalo de estos aparatos habrá que continuarlo a favor de los nuevos alumnos que se incorporen cada año, con lo que cada vez será más caro mantener el tinglado que se dice educativo, aunque naturalmente no serán solo los alumnos los beneficiarios de este negocio. Haber dotado a cada aula escolar del correspondiente equipo de ordenadores quizás hubiera sido una inversión puntual y adecuada. Ahora cada centro tendrá que hacer además la instalación necesaria para que funcione el invento, lo que también tendrá un coste económico, imagino. Aparte ironías, ¿cree alguien que los problemas de la educación estaban en la falta de ordenadores? Puestos a buscar algo positivo, pienso que a lo mejor algunos profesores enseñan a utilizar las herramientas de Internet a sus alumnos, evitando que solo sea un juguete divertido para perder el tiempo. Desde el ángulo político es muy grave que las personas, mayores y jóvenes, vayan interiorizando que los gobiernos son una especie de reyes magos que regalan cosas. Una vez más hay que insistir en que nada es gratis, ni la educación, ni la sanidad, ni la asistencia social, que todo eso ―incluidos los ordenadores― lo pagan los ciudadanos a través de los impuestos directos e indirectos. Que todos los gastos no salen de los bolsillos de los gobernantes, los políticos, los sindicatos o los partidos y que ahora, cada vez más endeudados, estamos hipotecando el futuro de nuestros hijos y nuestros nietos. Hay que pedirle a los gobernantes que, por favor, no hagan tantos regalos a los ciudadanos para conseguir sus votos, sino que administren con limpieza y honestidad el dinero que nos sacan de la cartera a los que trabajamos, ¡esa cada vez más exigua clase media!, pues no creo que sean los grandes financieros los que nutren las arcas del Estado (quizás al contario). Quedo a la espera de que ofrezcan a su tiempo, sin trampa ni cartón, los resultados de la introducción masiva de ordenadores en los colegios, respecto al nivel de valores, preparación, disciplina y rendimiento de los alumnos.
Adolescentes Por Francisco Rodríguez BarragánJueves, 4 de febrero de 2010 La página de Internet de El Magisterio español publica una extensa información acerca de lo que anunció hace unos meses la Ministra de Sanidad, que el Gobierno, de acuerdo con la Ley de Salud Sexual y Reproductiva y de la Interrupción Voluntaria del Embarazo, proyecta implantar de forma obligatoria, la educación sexual en todo el ámbito escolar, desde los 11 años y por personal ajeno a los centros. El Secretario General de dicho Ministerio afirmó además que esta asignatura tendría por objeto “derribar tabúes”. La Asociación de Bioética de Madrid ha cuestionado la conveniencia de este tipo de educación ya que estas intervenciones, basadas en programas de promoción de preservativos y anticonceptivos, sigue siendo un tema de controversia social y que la base ética para implantarlos a edades tan tempranas como los 11 años, no parece estar aclarada y su efecto puede ser perjudicial alterando el desarrollo emocional de los menores y no debería hacerse de espaldas a los padres, ya que entra en colisión con el derecho que éstos tienen a orientar la educación de sus hijos, como reconoce la Constitución. También afectaría negativamente al ideario de los centros concertados al encargar la asignatura a personal distinto del docente del propio centro. Esta Asociación de Bioética recomienda la realización de campañas para concienciar a los padres que no se implican en esta tarea educativa y desde el punto de vista de la medicina preventiva enfocarla sobre grupos de riesgo. Añade que sería deseable que la Educación sexual se ofertara en el ámbito educativo desde la neutralidad y no desde el enfrentamiento entre dos formas de vivir la sexualidad: educación para compromisos estables o para la independencia sexual. Uno de los objetivos de la Ley de Salud Sexual y Reproductiva y de la Interrupción Voluntaria del Embarazo en la educación, pretende promocionar la igualdad entre los sexos desde la perspectiva de género, visión según la cual ser hombre o mujer es tan solo una construcción social sin base en la naturaleza. Aparte de este informe de El Magisterio, leemos en los medios de comunicación que estas ideas ya están produciendo actuaciones, tan escasamente educativas como en Extremadura, en la que se promueve la masturbación infantil con un lema tan sugerentes como “El placer al alcance de la mano” o la condenable intervención de un profesor de un Instituto de Córdoba que dice a sus alumnos que “la naturaleza nos ha dotado de sexo para disfrutarlo con otro niño, con otra niña o con un animal”. La fuente inspiradora de esta educación sexual, tan contraria al sentir de gran parte de nuestra sociedad, nace en diversos organismos de la ONU dominados por auténticos grupos de presión, como nos viene informando el Instituto de la Familia Católica y Derechos Humanos, única asociación pro-vida presente allí, cuyo último comunicado dice que la Federación Internacional de Planificación de la Familia, (IPPF en inglés), promotora de la anticoncepción, el aborto y la reducción de la población, ha elaborado un nuevo informe en el que solicita que los gobiernos, las instituciones religiosas y la sociedad en su conjunto brinden “educación sexual exhaustiva” a los niños de tan sólo diez años. En el prólogo de este documento se afirma que la “gente joven tiene derecho a recibir información completa sobre la sexualidad y a tener acceso a anticonceptivos y otros servicios. Estos derechos están consagrados en una serie de tratados y derechos humanos internacionalmente acordados, pero lamentablemente, aún no son respetados en todo el mundo”. Estos derechos forman parte de la “extensión de derechos” inventados por estas influyentes minorías, que van logrando implantar en muchas naciones, como por ejemplo, la nuestra. Según la citada IPPF los jóvenes son seres sexuales y debería ser evidente que la educación sexual promueve su bienestar individual y que una educación sexual exhaustiva debe ser obligatoria en las escuelas y que con los jóvenes como compañeros, los actuales dirigentes adultos tienen la oportunidad de redefinir el sexo y la sexualidad, “como fuente de placer, encarnación de los derechos humanos y expresión del ser” (sic) Se refiere además este informe a la religión y a los grupos religiosos como una de las principales barreras que impiden el acceso de los adolescentes a la educación sexual y niegan los aspectos placenteros y positivos del sexo, y sus líneas de actuación generalmente se centran en la abstinencia previa al matrimonio, por lo que pide que las instituciones religiosas, como la Iglesia Católica y las escuelas islámicas, deben reformar sus enseñanzas. También enfatiza el informe que debe garantizarse a los jóvenes el acceso “ilimitado” a la educación y servicios sexuales “sin restricciones administrativas ni obstáculos” tales como el requisito de contar con el permiso de los padres o cónyuges para el suministro de anticonceptivos. Esta es la “hoja de ruta” a la que vienen ateniéndose dócilmente nuestros gobernantes.
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