Bitácoras de Rebelión digital | |
Últimas anotaciones ¿Qué ocurre en el Valle de los Caídos? La desvergüenza sostenible ya es insostenible La endogamia social y política La derecha que no quiere serlo Las soluciones no vendrán de la izquierda Un mamarracho llamado Willy Toledo Entre la honestidad y la verborrea De indigencias y otras carencias Cuatrocientos noventa y ocho mártires: las hermanas Ferragutcasas
| Bitácora "Fora" Por Rafael Foradada |
El autor de esta bitácora colabora en Libertad Digital con su blog "El mar y yo"
Entre la honestidad y la verborrea Por Rafael Foradada Martes, 16 de febrero de 2010 Leire Pajín, dicen que secretaria -entre otras prebendas- de organización del partido socialista, utiliza, y cada vez estoy más convencido de ello, un temerario, irreflexivo e incendiario discurso que resulta más agresivo que conciliador, más distante que cercano y, entre otras cosas, más estupido que coherente e integrador. Lo que en tiempos aún cercanos, ha podido resultar y tener cierta eficacia, para aquellos que piensen con los pies, en la actualidad sólo demuestra la desorientación y el mal momento por el que están pasando ciertas portavocías y el partido al que pertenecen, al insistir y permitir tan burda estrategia. El echar la culpa al que está en frente, puede valer, si es que vale, cuando se está recién llegado al poder, pero insistir en ello tras seis años de nefasto gobierno, demuestra la más absoluta carencia de ideas y soluciones que puedan canalizar y mejorar la pésima situación a la que nos ha conducido el partido al que pertenece está especie de marioneta parlanchina que, como fiel marioneta, sólo obedece las directrices que le transmiten, a través de esos hilos casi invisibles, su amo y señor, que no es otro que José Luis Rodríguez Zapatero: el máximo responsable de nuestra dificilísima y preocupante actual situación. La servidumbre, al igual que en otros casos, tiene un fiel reflejo en Leire Pajín. La servidumbre, junto a la cautividad de ideas y pensamientos, producen lo que producen y a la vista está, para quienes quieran verlo: un lamentable y ridículo busto parlante, cuya incontinente verborrea sólo puede mover a la tristeza, a la risa, al desprecio o una minima consideración humana que conduce a la compasión, intentando comprender lo incomprensible. Y en ese intento, sólo creo que puede haber una explicación: poner en venta, renunciando a ello voluntariamente, lo más digno y valorable del ser humano, cual es su capacidad cognoscitiva e intelectual, para lograr lo que, por si mismo, probablemente no se consiga nunca. Aunque pensándolo mejor, es muy posible que estos pobres diablos tengan tan disminuidas su capacidad cognoscitiva e intelectual, que su única solución sea, precisamente, la de ponerse en venta para poder alcanzar sus particulares afanes. En la descontrolada verborrea de Leire Pajín, al igual que en otras, todo esto y más confluye sobrada y abrumadoramente. Y también confluyen, como no podía ser menos, la hipérbole desmedida, la descarada tergiversación y la mentira huidiza que intenta evadir responsabilidades personales y de partido. Ante esto, el ser humano no creo que pueda caer más bajo, ni más esclavo de sus aspiraciones personales que le hacen renunciar de si mismo, para convertirse en otro u otros que, algún día, les harán recordar lo que pudieron pero no quisieron ser: una honesta persona.
Jornada de oración Por Rafael Foradada Viernes, 5 de febrero de 2010 Ya decía Santa Teresa aquello de que "Dios también se encuentra entre los pucheros" y, a raíz de esto, es posible que también se encuentre en los lugares más inimaginables; aunque sea en medio del más profundo dolor, como el de estos días en Haití, infundiendo esperanza a los desesperanzados y manteniendo una fe que, en ocasiones, puede resultar difícil de mantener. Al menos así lo creemos los creyentes que, a pesar de nuestras posibles dudas, seguimos creyendo en la existencia de un ser superior: Dios, para nosotros los católicos. Y como así lo creemos, ¿por qué no va a estar entre Obama y Zapatero?. En ese encuentro que se va a celebrar, sino se ha celebrado ya, uno de estos días y que se ha denominado desayuno o jornada de oración entre Rodríguez Zapatero y Barack Obama, sin olvidar a otras personalidades de renombre, puede haber una actitud sincera por parte de todos los asistentes, incluido ZP, para elevar sus plegarias a ese ser superior en demanda de ayuda y ser guiados por el camino correcto, para encontrar solución a los muchos y variados problemas que aquejan al mundo y, como no, también a España; que bien sabemos cuales son al padecerlos. La conversión de corazón existe. Los textos bíblicos dan numerosos y variados ejemplos de ello. A personas de un vivir desordenado y repleto de malas obras, les llegó ese momento en el que son "tocados" en sus corazones, gracias al cual su erróneo vivir cambia totalmente, y de tal manera que algunos, con posterioridad, alcanzaron la santidad. A nivel personal, salvando las distancias, muchos de nosotros creo que hemos pasado también por esa enriquecedora experiencia de ser capaces de reconocer nuestros errores y malas obras, procurando corregirlas y consiguiéndolo, al menos, en una parte de ellas. Ahora bien, para ello creo que es necesario sinceridad, o cuanto menos una especie de catarsis personal que lleve a interpelarte sobre lo que estas haciendo: que estas haciendo con tu vida y con la de los demás. Por lo que si ese encuentro de "lumbreras" internacionales, entre ellos nuestro Zapatero, en la llamada jornada de oración es tan sólo una pose y una simulación, será inútil esperar algo positivo. Y aún menos cuando a orar se dedica sólo una jornada y, además, compartiéndolo con un sabroso desayuno que, tratándose de quienes se trata, será copioso y abundante, lo que no parece muy compatible con una oración sincera y serena para que pueda dar sus frutos. Pero en fin, nunca se sabe. Aunque orar, rezar es otra cosa. Es reconocer nuestra pequeñez y nuestras limitaciones, es tener necesidad de Dios y buscarle con limpieza de corazón todos y cada uno de los días de nuestra existencia, confiando en Él, adorándole y esperando su ayuda. ¿Están en esta línea Obama y Zapatero...?
Para pensar Por Rafael Foradada Lunes, 1 de febrero de 2010 El deterioro de todo el tinglado zapateril es más que evidente. Tanto es así que, mejor sería que convocase ya elecciones generales anticipadas, ya que al final, más tarde o más temprano, deberla ser así. Rodríguez Zapatero, dada la actual situación, no podrá afrontar en condiciones la legislatura que le queda por delante. Aunque claro es que, una cosa es lo que debería ser, y otra bien distinta lo que ZP se proponga. Y lo que se propone es evidente: aferrarse al poder como sea y a costa de lo que sea, aunque sea hundiendo y arruinando a España. Ante semejante irresponsabilidad, ineptitud y tergiversación de los hechos, Mariano Rajoy -porque ni a Fernando VII se lo ponían así de fácil- tendría que estar disparado en las encuestas de sus posibilidades de ser presidente de gobierno, pero no es así; con la que está cayendo, la diferencia, según esas encuestas, es tan sólo de cuatro o cinco puntos. Con este panorama político general que padecemos, no creo que anime mucho para votar. Y sobre todo cuando dentro del partido que aspira a gobernar, se siguen observando disputas, descoordinaciones, ausencia de autoridad unificadora y de liderazgo; todo ello, una vez más, cuando las mencionadas encuestas les dan unas escasas y tímidas posibilidades para gobernar. Pero uno cosa es lo que a cada uno le apetezca y otra bien diferente es el actual momento en el que estamos: difícil y grave, ante el cual deberíamos actuar con la mayor responsabilidad posible, o con la responsabilidad que las neuronas de cada cual le permitan e induzcan. Insisto, ante tan paupérrimo panorama, gracias a ZP y su club de la ceja -que no se escondan ahora-, don Mariano aún no despega como debería, lo que da que pensar. Puede ser un problema de comunicación del propio Mariano Rajoy y lo que representa, o intenta representar, o un problema mental e ideológico de los llamados a votar que, ocurra lo que ocurra, siguen prefiriendo a los "suyos" aunque les conduzcan a la ruina; con lo que el componente masoquista del votante sería digno de un interesante estudio sociológico. Ya les digo que, a mi, lo que me apetece es abstenerme, dado los confusos giros que ha dado Rajoy últimamente y no tan últimamente; dejando, por ejemplo, en la estacada a compañeros/as de partido que lo han sido casi todo en la historia reciente del mismo o incumpliendo lo prometido hace unos meses, lo que me otorga muy poca fiabilidad por parte de Don Mariano, que ejerce de gallego con quien no debería y en momentos inoportunos. Pero ante la actual situación y por culpa del bipartidismo que nos atenaza, una cosa es lo que a uno le pueda apetecer y otra bien distinta lo que la responsabilidad nos puede estar dictando. Pero aún así, como no gane ahora..., el propio Fernando VII se puede volver a morir de risa. Y nosotros de llanto.
Mal gestionado Por Rafael Foradada Viernes, 22 de enero de 2010 El del "conceto", ya saben, esa "lumbrera" de nuestra política nacional, Don Pepiño Blanco, ha declarado hace unos días que el PP perdió las elecciones generales de 2004 por su mala gestión del atentado del 11-M. Ante semejante declaración, uno no sabe muy bien si reír o llorar, pero la desfachatez de este caballerete continua siendo más que evidente. Parece que se apresuran a aplicar esa nefasta ley de la memoria histórica incluso ha hechos muy recientes, como el del atentado del 11-M, con la pestilente intencionalidad de tergiversarla y hacernos olvidar lo que en realidad fue. Casi seis años ya del trágico atentado del once de marzo del año 2004. En él fueron asesinadas doscientas personas y más de mil quinientas heridas; con secuelas físicas y psicológicas. Ocurrió, que casualidad, a tres días de celebrarse las elecciones generales de aquel año, lo que supuso, se quiera reconocer o no, un cambio de gobierno que no era previsible antes de que ocurriera el atentado; por mucho que ahora se empeñen en querer hacernos ver lo contrario Con la perspectiva de estos casi seis años, no sé muy bien lo que fue peor; si el atentado en si, que lo fue y mucho, o lo que aconteció en aquellos tres días que transcurrieron entre el atentado y la celebración de las elecciones. La vileza de los asesinos -¿quienes fueron?- quedó plenamente de manifiesto con las consecuencias del atentado. Pero la otra vileza de la ambición desmedida, la de aprovechar partidistamente las consecuencias de aquel suceso tan execrable y la de la absoluta ausencia de lealtad y moral por parte del partido, con sus imprescindibles colaboradores de toda índole, que aún continua en el gobierno desde entonces, también se puso de manifiesto. Se puso tan de manifiesto que, aún hoy, no se lo que me puede producir más temor; si los terroristas en si, o la podrida actuación de aquellos que tenia por civilizados, pero que los hechos posteriores han demostrado lo contrario. La oscuridad, la mentira y la tergiversación, junto al acoso y derribo al precio que fuera, se apoderó ―porque así lo quisieron― de unas supuestas personas que dejaron el comportamiento humano a la altura de las más bajas pasiones, en el más absoluto de los descréditos y con un canallesco estilo antes nunca visto. Y lo que puede ser peor; todo ese empobrecido fango y escandalosas complicidades, tuvo éxito y llevó al gobierno a quienes nunca lo habían esperado; y esto si que es "saber gestionar". Y aún peor ; las investigaciones oficiales que se realizaron con posterioridad, fueron tan escasas como ausentes. Las únicas que se llevaron con cierta seriedad y efectividad, fueron la de unos pocos medios de comunicación que aún siguen en ellas; cual quijotes contra imaginarios gigantes con forma de molinos de viento. Hubo un juicio, por llamarlo así, que determinó, en alguna de sus conclusiones, el desconocimiento sobre los autores "intelectuales" del atentado; con lo que la imaginación de cada uno puede seguir volando sin rumbo: ¿quienes fueron?, ¿por qué?, ¿para qué?... Casi seis años ya y aún quedan aspectos por aclarar, quizá demasiados ante la magnitud de la tragedia y ante sus imprevisibles consecuencias. Pronto seis años de opacidad, de dificultades ante las investigaciones, de poner palos en las ruedas del carro del esclarecimiento de los hechos. Cinco años de silencios y de posturas acomodaticias, excepto las de una minoría que, como acabo de mencionar, mantienen una postura tan digna como quijotesca. Ante esta ejemplar minoría, una sociedad mayoritaria casi indolente, idiotizada, tan bizcochable como manipulable que parece darle todo igual mientras no lo toquen su esfera más directa y personal; parecen pensar como votan, o viceversa. Seis años de nuestra cercana historia. Una historia que, de seguir así las cosas, nos puede marcar con el estigma de la vergüenza si no somos capaces de aclarar todos los aspectos oscuros que aún están por aclarar. Esta debería ser una labor de una mayoría y no de minorías casi heroicas. Aquel atentado nos afectó a todos, y no sólo a los más directamente afectados y familiares. Como sociedad y cada cual en su ámbito, nos afectó a todos y en aspectos muy esenciales; si no somos capaces de comprender esto, la sociedad española dejará mucho que desear. Casi seis años del 11-M, con interrogantes aún por responder y con una sociedad que, si se quiere seguir considerando como tal, debería exigirlas con tanta firmeza como solidaridad, porque quizá, algún día, nos pueda tocar a alguno de nosotros. ¿Sabremos gestionar todo esto para que al fin florezca la verdad?
El dolor de Haití Por Rafael Foradada Jueves, 14 de enero de 2010 Esta madrugada, cuando en España nos disponíamos a iniciar un merecido descanso, a miles de kilómetros, la naturaleza desató toda su descontrolada fuerza y violencia contra un país, Haití, merecedor de mejor suerte. Un país ya empobrecido y enfrentado por el equivocado designio del hombre, por la descontrolada y mal encauzada rivalidad entre las distintas etnias y tribus, por el despotismo egoísta de unos pocos y el cobarde desinterés de unos muchos..., por Dios sabe qué. Y por si faltaba poco, esa naturaleza se ceba también en ellos con un desolador terremoto de siete grados de intensidad que casi los borra del mapa. Según los expertos sísmicos, un sismo de tal intensidad entra ya en lo que ellos califican de catastrófico, con lo que, a la catástrofe de la mano el hombre, hay que unir ahora la complicidad catastrófica de la desatada naturaleza. Las primeras cifras hablan de centenares de miles de victimas y las primeras dantescas imágenes que nos llegan, así lo confirman: no ha podido resistir ni la Catedral de Puerto Príncipe que ha quedado prácticamente demolida. Da la desconcertante y dolorosa impresión de que hasta Dios ―y que Dios me perdone― se ha querido ausentar, dejando a los haitianos a merced de su triste y doloroso destino. Dolor, miedo, llanto, desorientación, descontrol y tímidas esperanzas difíciles de mantener, son las escenas que esas primeras imágenes nos ofrecían. Las comunicaciones fallan, los escasos hospitales de los que podían disponer ya no existen, los precarios medios se han volatizado..., en fin, a la pobreza ya existente se ha unido la que ha provocado este despiadado terremoto. Es ahora el momento de la solidaridad para procurar mitigar ese infierno sobrevenido a la población. Solidaridad y ayuda vigilantes para que este movimiento mundial que ahora se inicia, llegue a los que realmente lo necesitan y no se pierda por lo sinuosos caminos de la corrupción y la desvergüenza que ha postrado a Haití en una constante y casi insalvable pobreza, agravada por este terrible movimiento sísmico. Y es también, como no, el momento de musitar alguna oración, aunque pueda costar, para que Dios vuelva, si es que se marchó, a Haití. Esa seria la mejor ayuda y colaboración, fortaleciendo esperanzas, sanando corazones, curando heridas ―tanto las del cuerpo como las del alma― y estableciendo la concordia entre todos para que Haití pueda resurgir: de los efectos del terremoto y de los del hombre. Que así sea.
Cartas a SS. MM. Por Rafael Foradada Martes, 5 de enero de 2010 Queridos Reyes Magos: un año más, se acerca esa noche mágica, no sólo para niños creo yo, en la que todo o casi todo puede ser posible. Esa noche única, de este recién estrenado año 2010, puede colmar muchas ilusiones y expectativas que, si no se materializan en esa misma noche, si que lo podrían hacer a lo largo de esas otras 364 noches con sus correspondientes días, es decir; a lo largo de este nuevo año. Por tanto, entrañables Majestades del lejano Oriente, me apresuro a dirigiros esta carta, que confío que aún pueda llegar a tiempo, para solicitaros algunos de mis deseos. Tendría tantas cosas que pediros, vista la situación general y también particular, que no sé muy bien por dónde empezar. Pero por empezar, empezaría por lo más importante, por la situación de mi país, por España. Fijaos bien en él, por favor. Desconozco la situación de los países de los cuales procedéis y que, por unos días, tenéis la generosidad de abandonar para intentar dar cumplimiento a algunas de nuestras peticiones. Lo que no puedo, ni debo desconocer, es la situación del mío, y no quisiera abrumaros con la pesadumbre de excesivos datos negativos, pero os ruego tengáis en cuenta lo que a continuación os voy a pedir con la mayor brevedad posible. Lo primero que os pido, si así me lo permitís, es la anticipación de elecciones generales. Quien nos gobierna ―por no decir desgobierna―, al que supongo ya conoceréis por aquello de la "alianza de civilizaciones", nos está destrozando como país y como sociedad; nos está conduciendo a la ruina económica y moral, la primera como probable consecuencia de la segunda, intencionada y conscientemente, algunos creen que por ineptitud e indigencia intelectual, para hacer de este viejo y querido país una penosa caricatura de si mismo y de su sociedad, de nosotros, personas amorfas y despersonalizadas para convertirnos en autómatas instrumentos de sus descabelladas y cuasi suicidas decisiones. Por tanto Majestades, espero comprendáis la urgencia de este primer deseo, porque si hay que esperar hasta el año 2012, me temo que ya no quedará ni España ni españoles.El segundo deseo que me atrevo a solicitaros, estimados Reyes Magos, es consecuencia del primero. Os pido que iluminéis las mentes de ciertos sectores de nuestra sociedad para que, si me concedéis el primero entre otra cosas, acierten con su voto y elijan a quienes nos puedan sacar, si es que los hay, de esta ya peligrosa situación que nos puede conducir a una quiebra generalizada. Así que, Reales Majestades, mentes capaces de pensar por si mismas, libres de cualquier cautividad que es la mejor forma de saber y poder tomar decisiones. Un tercer deseo, Majestades. No permitáis nunca que los españoles nos volvamos a enfrentar en luchas fraticidas, como parece que algunos desean. Un poco de prudencia y sabiduría para todos, incluido para vuestro colega de aquí que falta le hace. Y para mi lo de siempre, ya sabéis..., incluido ese intimo deseo que aún espero me concedáis en alguna ocasión; esa ocasión en que todavía llegue a tiempo. Gracias Majestades de Oriente y hasta el próximo año. Si es que el próximo año aún podemos celebrar la Epifanía.
Acuerdos y desacuerdos Por Rafael Foradada Martes, 29 de diciembre de 2009 Que duda cabe que llegar a acuerdos, siempre será mejor que no llegar a ellos. El acuerdo puede ser la finalización de una serie de problemas y desencuentros que, una vez superados, puede ser la solución de una serie de problemas que se hubieran podido tener. Pero para ello, es preciso e imprescindible una minima buena voluntad por todas las partes llamadas a tener esos acuerdos o consenso. Buena voluntad que urge cuando, los problemas a solventar, alcanzan ya una dimensión general que afecta a un gran numero de personas. Pero cuando unas de las partes en conflicto, por decirlo así, se cree poseedora de la verdad absoluta e intenta imponer la misma contra "viento y marea", sin respetar los criterios de las otras partes y, sobre todo, cuando lo que se pretende imponer se ve a todas luces que no soluciona, sino más bien empeora, lo que se tendría que solucionar, no hay acuerdo posible; a no ser que se quiera tener la suicida actitud de ser cómplice de un desastre casi colectivo, ante lo que el desacuerdo surge espontáneamente. Pretender a estas alturas que, los erróneos planteamientos del actual gobierno, puedan ser punto de encuentro para conseguir solucionar los problemas que nos aquejan, es desconocer la actual situación, o por mejor decir; demuestra ignorar el origen y la causa de la actual situación. Esa causa y origen tienen un nombre: José Luis Rodríguez Zapatero y sus sucesivos gobiernos, quienes han preferido ―no debe ni puede olvidarse― pactar con cualquiera menos con el principal partido de la oposición; incluso con aquellos, a la vista está, que pretenden descuartizar a España. O el equivocado cambia de actitud, reconociendo, por ser suaves, sus errores, o no podrá haber acuerdo; a no ser que nos queramos suicidar todos. O los responsables de la actual situación, saben admitir la inviabilidad de su planteamientos, ya que nos han conducido a dónde estamos, o la gravedad de la situación ira en aumento. No pueden tener razón quienes, de la sin razón, han hecho su norma de gobierno; persistiendo en esa sin razón para embaucar a cómplices, que no a leales colaboradores que ayuden a solucionar los problemas pensando en la generalidad de la sociedad. Que no se equivoque, pues, ni se confunda el pretendido arbitro de, en principio, esos deseados acuerdos para la solución de los problemas. No confundamos tampoco nuestro texto constitucional y aplíquese objetivamente las veces que sea necesario, porque, ciertamente, respetado por todos puede ser también un positivo punto de encuentro. No se confunda ni confundamos, porque la diferencia, fundamental, estriba en ser cómplice con la deslealtad a todo aquello que se juró, o se prometió, respetar y defender. No nos confundamos, porque nos jugamos mucho. A no ser que, en el fondo, pueda haber un "desacuerdo" para hundir a España.
Demasiados curas vascos Por Rafael Foradada Lunes, 21 de diciembre de 2009 En tiempo de Adviento, época de esperanza e inusitada confianza, un sector del clero vasco ha vuelto, una vez más, a poner de manifiesto su ya conocida y errónea actitud de posicionarse a favor del llamado nacionalismo político de aquel rincón de España. Desgraciadamente, en época de Adviento, han puesto de manifiesto el olvido o abandono de aquello que, supuestamente, eligieron vocacionalmente para sembrar -mala siembra- el equivoco, la confusión y hasta cierta actitud provocativa al oponerse a la elección de un nuevo obispo guipuzcoano al que le acusan de no ser nacionalista; lo que ya era hora. Por ser tiempo de Adviento, ante tan lamentables hechos como este, la esperanza se puede tornar en desesperanza, la gozosa espera en confusa tristeza y el mensaje de Jesús, al que esperamos, en un penoso panfleto partidista por parte de aquellos 130 sacerdotes que, al parecer, han firmado su rechazo al nuevo obispo. Y todo ello capitaneado, promovido y alentado por el nefasto Setién, al que creíamos, por el bien de la propia Iglesia, fuera ya de la circulación, envejeciendo placidamente en cualquier casa hogar de esa Iglesia, nuestra Iglesia al ser miembros de la misma, a la que tan flaco servicio ha prestado y a la que continua dañando con su contradictoria y vehemente conducta. Incidentes como este, te hacen recordar los de otros tiempos en los que era bastante difícil encontrar sacerdotes que quisieran celebrar funerales por las victimas de los asesinos etarras, tan difícil como encontrar la ayuda y comprensión que los familiares de los asesinados necesitaban en aquellos momentos. También te hace recordar, inevitablemente, ciertas cartas pastorales en las que se ponían en el mismo plano de igualdad a los asesinados y a los asesinos, en aras de una pretendida búsqueda de la justicia que, con semejante planteamiento, era la negación de si misma. Sin olvidar el amparo, tanto protección física como justificación verbal, que los asesinos etarras tuvieron en determinadas parroquias y por parte de ciertos párrocos; que aún pudiendo ser pocos, siempre resultaban demasiados. Todo esto y más, parecía ya superado y olvidado, pero se ve que no es así. El destemplado, paleto, politizado y anti fraternal rechazo de monseñor Munilla, ha vuelto a resurgir la actitud y comportamiento de un sector del clero vasco, que puede ser cualquier cosa menos sacerdotal, con lo que ello representa y significa. Algo positivo puede tener este grave y desagradable incidente: semejante reacción nos puede indicar que, por fin, han nombrado a un obispo como "Dios manda". Ojala pueda llevarles la esperanza del Adviento y hacerles comprender lo que representa realmente la llegada de Jesús. A esos demasiados, aunque parezca lo contrario, curas vascos, les deseo desde aquí una feliz y cristiana Navidad; si su militancia político-nacionalista, que no sacerdotal, se lo permite. Ojala encuentren la verdadera Luz. Y por supuesto, a todos vosotros, amigos y compañeros de RD, a nuestro editor Joel y a cuantos puedan leer estas líneas, les deseo una muy FELIZ NAVIDAD CON JESÚS. Que su llegada ilumine todo lo oscuro y fortalezca lo ya iluminado. Gracias.
Un país apuntalado Por Rafael Foradada Viernes , 11 de diciembre de 2009Cuando pasen estas fiestas de Navidad que, un año más, ya se aproximan, volveremos a sentir la fuerte presencia de todos los problemas que, en mayor o menor medida, nos acucian. Los que aún las podemos celebrar con más o menos calma y sosiego y, sobre todo, sin perder su verdadero sentido ―para lo que no hace falta mucha riqueza y ostentación―, nos podremos tomar un breve paréntesis que nos ayude, si es que nos ayuda, a enfrentarnos con el ya inminente año 2010 que, según todos los análisis y pronósticos objetivos, nos puede tumbar de espaldas. Lo de la economía sostenida, que no sostiene ni a quien la inventó, puede ser una simple anécdota si esos pronósticos para el próximo año se cumplen: de sostenidos podemos pasar a apuntalados, y de ahí a que nos den la puntilla, un paso. Esta demencial mezcla entre kamikazes, masones y apátridas descerebrados que nos desgobiernan, creen que la deuda publica puede ser infinita y que en nada puede hipotecar nuestro futuro; el cual está cada vez más complicado y de muy difícil arreglo. Y ellos, en el fondo ―aunque sea desde el pozo en el que están―, lo saben bien, pero su constante huida hacia adelante y su suicida aspiración de perpetuarse en el poder, les obliga a rehuir la realidad que ya no es posible sostener ni que sea sostenible, por lo que acuden a apuntalarla aceleradamente. Cuando en España pasen las fiestas navideñas, que bastantes compatriotas ya no podrán celebrar como quisieran, se volverá a imponer la cruda realidad. Un país prácticamente a la deriva, camino de los cinco millones de parados. Un gobierno, por llamarlo así, incapaz, repleto de ineptos y capitaneado por una especie de visionario, nostálgico de tiempos pasados que quisiera reinventar a su capricho y placer, aunque para ello tenga que prostituir la propia historia, suscitando temas y confrontaciones irreales para evadirse, y evadirnos, de la autentica realidad que nos incumbe y preocupa a todos. Una oposición que fluye entre dos aguas, entre el "si" y el "no", entre el perfil paupérrimamente bajo y se nos estará viendo el plumero en demasía, entre el deber ser y el ahí me las den todas, entre el valiente y coherente "ahora" o el cobarde y decepcionante "después". Una sociedad, o una buena parte de la misma, indolente, sumisa, incapaz de reaccionar, casi renunciando a pensar y a importantes valores que son el norte de una sociedad occidental, como es la nuestra; más que apuntalarla, parece que quieren acorralar y aborregar a ese sector de nuestra sociedad y, en cierto modo, lo están consiguiendo. Así, pues, por estos y otros motivos, de la falsa etapa de la sostenibilidad, podemos pasar en breve tiempo a una etapa de apuntalamiento. Lo que implica extrema gravedad, periodo crítico y peligroso; como el de aquellos edificios que, en su pre-agónica existencia, se recurre, como último intento, a apuntalarlos para tratar evitar lo inevitable: su derrumbamiento. El edificio de nuestro país, de España, ha sido sometido por aquellos que llegaron al gobierno gracias al atentado del 11-M, a incomprensibles tensiones, y continúan, en casi toda su estructura, lo que ha provocado el grave deterioro del mismo. De seguir así, nuestro querido país será como un país apuntalado; y ya sabemos, o deberíamos saber, lo que ello anuncia, representa y significa.
Reglas de juego Por Rafael Foradada Domingo, 29 de noviembre de 2009 Oír hablar de "las reglas de juego" a los miembros de nuestra casta política, es una prueba de la frivolidad irresponsable en la que se suelen mover. Nuestro pasado, presente y futuro, no creo que sean el resultado de la mera y simple observancia de unas reglas de juego; como si de una jugada de póker o de un partido de futbol se tratase. Nosotros, los españoles, y el país que nos acoge, España, somos y es algo más. Algo bastante más importante y trascendente y, a la vez, complejo y vital para el vivir cotidiano de todos nosotros. Posiblemente, de esta frivolización e insustancialidad de todas aquellas normas por las que nos regimos, o deberíamos regirnos, surjan los actuales conflictos existentes con ciertas autonomías y la confusión, o tergiversación, de determinados derechos que deberían o no deberían ser considerados como tales, la supremacía de unos sobre otros y la constante confusión que, en gran medida, nos ha llevado a la actual situación, para preocupación de unos y regocijo de otros. La Constitución, las leyes y decretos de distinto rango y orden jerárquico, junto a los variados códigos y reglamentos de diversos contenidos, son o deberían ser considerados como algo bien distinto de unas simples reglas de juego. Considerarlas como el norte y la guía fundamental de un país, llenándolas de contenidos en consonancia con la importancia que tienen, sin vaciarlas de contenido al querer regular temas que no son merecedores de tal regulación, o rebajándolas al considerar como derechos lo que son la negación de si mismos. Esta absurda y casi suicida frivolización en la que estamos, con bastantes dosis de manipulación, nos lleva a la actual disgregación, degradación y politización, igualmente frívola y suicida, del llamado orden jurídico que pierde su relevancia, importancia e implantación en todo el territorio nacional; entendiéndose como tal a España, aclaración que hay que mencionar debido a la chulesca actitud de ciertas autonomías, cuyas ansias separatistas, que ya son más que evidentes, les lleva a considerarse más que nadie y a estar por encima del mal y del bien. Y así, ciertos editoriales de prensa, pretenden ser y estar más allá de la propia Constitución y del tribunal que la debe interpretar y aplicar; aunque este pobre tribunal ya perdió su credibilidad hace tiempo. Permitiéndose incluso el "lujo" de amenazar si, esa aplicación de la norma fundamental, no es del gusto de los separatistas que pretenden romper la unidad de España. Y ante tan grave agresión, se pasa pagina, por parte de la incompetente casta política, ya sea por acción u omisión, definiéndola como una mera "libertad de expresión"; criticando tibiamente en aras a un respeto de no se qué "reglas de juego". Pues nada, sigamos así, que semejantes libertades de expresión impedirán, en un futuro bastante cercano -ya ocurre prácticamente-, la libertad de poder expresarte en español en un pedazo de tierra española como es Cataluña, o pretenden coaccionar la libertad de decisión de determinados tribunales. Sigamos rebajando lo que queda de la normativa jurídica, por ejemplo a una cotidiana normatividad de comunidad de vecinos, y así España toda, lo que pueda quedar de ella, se convertirá en un caótico patio de vecinos. Aunque todo esto, bromas aparte, es el fruto de la politización de la esfera jurídica y de las constantes claudicaciones ante nacionalismos incipientes que, dichas claudicaciones, las agranda y radicaliza. Que cada cual sepa afrontar sus respectivas responsabilidades.
Matar cuesta barato Por Rafael Foradada Jueves, 19 de noviembre de 2009 Matar en España sale barato, económico y rentable. No creo conocer ningún otro país en el que, el asesinato, tenga tal rentabilidad. Y es aún más barato, si el asesinato lo cometen grupos terroristas con ínfulas pseudo-patrióticas nacionalistas e independentis-tas; como ha sido, es y serán los asesinos etarras. No creo estar descubriendo nada nuevo porque a la vista está; dolor y vergüenza ajena me da el recordarlo. En el pasado, por salir de una dictadura y estrenar una incipiente democracia, los gobernantes de aquel entonces cometieron el lamentable y grave error de poner a todos los asesinos en la calle, aunque se nos dijo lo contrario ―mentira piadosa llamaría a eso―. Tal vez tenían la inconfesable idea de que, en una llamada dictadura, los asesinatos tenían una cierta justificación, lo que no ocurriría en una democracia. Se propusieron olvidar, y olvidaron, que el asesinato siempre será asesinato gobierne quién gobierne. Y semejante olvido les costó, y nos costó, muy caro, porque los criminales continuaron asesinando, aún estando ya en democracia, con mayor ferocidad que antes; porque tan sanguinarios asesinos percibieron la debilidad y descontrol que tenían delante. A partir de entonces, les empezó a salir "rentable" asesinar. Las estructuras del nuevo sistema democrático resultaban, y continúan resultando, insuficientes y blandas, temerosas y contradictorias para acabar con los terroristas. Como bien sabemos, a los que caen en manos de la justicia, recaen sobre ellos penas elevadas, en consonancia con la gravedad de los hechos cometidos, pero luego resulta que, en bastantes y demasiados casos, no llegan a cumplir ni la mitad de la elevada condena. Les sigue saliendo barato el asesinar. Y si necesitan de un podólogo extranjero, pues se les concede el permiso correspondiente para que sus "sufridos" pies puedan tener tratamiento; lo que suena a tomadura de pelo. Y que decir cuando, el actual gobierno de un modo inconsciente ―intento pensarlo así―, añade aún mas rebaja sobre lo ya rebajado ―no olvidemos lo de un tal De Juana―, abandonando incomprensiblemente la línea de actuación que, con el anterior gobierno de Aznar, pudo acabar con ellos; con tanta chulería y desprecio por la vida de las gentes de bien. Asesinos de la peor especie que han causado mucha sangre, dolor y lágrimas y que, el sólo hecho de recordarlos, lo sigue produciendo; sobre todo para los familiares y amigos de los asesinados. Por tanto, se tendría que tener mas acierto, responsabilidad, cautela y sensibilidad sobre las decisiones que se toman sobre estas alimañas sanguinolentas que permanecen enjauladas. Porque de las decisiones actuales, de su acierto o desatino, nos harán recordar o no, lo barato que ha sido asesinar. Y lo que puede ser peor: si lo seguirá siendo en el futuro. Las decisiones del presente, creo que son como un baremo indicativo de como, el actual gobierno, piensa tratar tan grave tema en días venideros y si es, como lamentablemente parece, lo dicho; matar cuesta barato en España, casi gratuito.
El otro día Por Rafael Foradada Martes, 10 de noviembre de 2009 Fue el otro día, cuando estaba sentado en la terraza de un bar, tras dar una vuelta por el centro de la ciudad y encontrarme, de nuevo, con esa Málaga que me suele gustar; de calles tranquilas y semidesiertas, pero acogedoras. Me encontraba tomando un café y pensando en mis cosas, cuando apareció por allí un joven de unos dieciocho o veinte años. Su rostro y vestimenta, reflejaban la miseria más paupérrima, la pobreza y desengaños más profundos, la impotencia, la indefensión, la más absoluta desorientación, el no saber que hacer para poder ganarse la vida, la carencia de horizontes e ilusiones. Esto y mucho más reflejaba el rostro de aquel muchacho. Y éste joven, me temo que envejecido muy prematuramente, empezó a cantar para conseguir algún dinero de los que allí estábamos. Su cante, por llamarlo de alguna manera, más que un cante era un 'quejio', era una suplica y un lamento, era un desahogo de su pena y tristeza. Sus cuerdas vocales se hincharon estridentemente, intentando lanzar al aire el sonido de su enronquecida voz. Terminó de cantar y empezó, de un modo tímido y vergonzoso, a pedir entre las mesas de aquella terraza. Cual no sería su sorpresa, al llamarle la gente para ofrecerle unas monedas. Al final, aquel joven marchó algo animado ya que, al menos, parecía haber solucionado el problema de su cena. Y el otro día fue cuando aquel café se me agrió más de la cuenta, cuando volví a pensar en la situación, que olvidamos con demasiada frecuencia, de que muy cerca de nosotros hay personas necesitadas. Cuando sentí vergüenza de mi mismo al quejarme de mis posibles malos momentos, ya que viendo aquello, y otra cosas que no se ven, comprende uno lo que es pasarlo verdaderamente mal. Cuando volví a pensar en nuestra casta política, de lo alejados que cada vez estamos de ellos y ellos de nosotros; aunque se ve, con honrosas excepciones, que les importa poco tal distanciamiento, lo que acentúa aún más el concepto de casta. Más de cuatro millones de parados, camino de los cinco, y la inoperancia de unos junto a la cretinez de otros, aleja posibles soluciones. Las descaradas mentiras y frescura de un gobierno, junto a una oposición que parece renegar de si misma, incapaz de imponer un mínimo de orden en los problemas de su propio casa, hacen imposible que sean capaces de afrontar los problemas generales de todos. Pero seguro que ninguno de ellos/as, los de la casta que una buena parte disfruta de varios sueldos, se verán algún día en la necesidad de tener que pedir por las calles. El otro día, me encontré con una muestra de la pobreza callejera y me hizo pensar en aquellos otros que, aún pudiendo disfrutar del amparo familiar, lo pasan también mal al no poder disponer de si mimos como quisieran y se merecen. El otro día, encontré unos ojos que pedían ayuda, pues su voz quebrada, casi en carne viva, se lo impedía. El otro día sentí vergüenza, desolación y hasta algo de miedo, volviéndome a refugiar en el mar para poder pensar un poco más en Dios; Él nunca falla. Todo esto me ocurrió el otro día: un día tan aciago como enriquecedor.
Quiero ser Quijote Por Rafael Foradada Jueves, 5 de noviembre de 2009 No teman vuestras mercedes, o tal vez si, que no creo haber perdido la cabeza, pero hoy quisiera ser como Don Quijote y vivir en un lugar de la Mancha -aunque vivo en la "costa del sol"- cuyo nombre me da igual recordar o no, ser hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, que eso si que es ir bien armado, rocín flaco y galgo corredor; y que se quite lo demás para el transporte. De comer con una olla de algo, más vaca que carnero, salpicón por las noches y algún palomino de añadidura para los domingos me conformo yo; pero a fe mía que, tal y como nos lo está poniendo un tal Zapatero, tan ricos y suculentos manjares resultan ya casi inalcanzables, resultando ese algo más incierto que realidad cotidiana. En mi casa ni ama, ni sobrina, ni mozo tengo; tan sólo un buen hermano que, por el mero hecho de soportarme, bien ganado tiene el cielo ya. Rondo la edad de la cincuentena un tanto pasada, mi complexión es más bien obesa, más no mucho, madrugador cuando no tengo más remedio y amigo de cualquier cosa menos de la caza. Escasos libros de caballería leo, por no decir ninguno; más mi lectura se dirige hacia las noticias del día que, tal y como van las cosas, pueden ser tanto, o más, enloquecedoras que el contenido de aquellos libros. Y como no enloquecer ante la crisis, la mentira reiterada adornada con la falsa verosimilitud, la amoralidad ganando terreno a la moral y, en suma, la inconsciente indiferencia de las gentes de mi tierra toda ante tanta podredumbre y desvergüenza. Con estas y otras razones, los Quijotes de hoy en día también podemos perder el juicio, y no por fantasías mal digeridas, sino por pretender arremeter contra peligrosos molinos de viento que son los de la insolidaridad, el antiespañolismo y la hipocresía de ciertos gobernantes. No se si habrá rocín recio para semejante acometida, ni señora bella y hermosa, llámese Aldonza, Dulcinea o como quiera llamarse, que quiera acompañarme en tal empeño; más mucho dudo yo que encontrar pueda a esa bella y generosa mujer, que quiera compartir las venturas y desventuras de esta aventura que me dispongo a iniciar, aunque en solitario sea. Porque lo que si sé, es que ya es menester plantar cara a estos y otros molinos que ponen en peligro nuestra convivencia, nuestro futuro y nuestra patria; porque patria es esta noble tierra que aún nos acoge, y si debo ponerle nombre la llamare España. Aunque por no tener, no tengo amigo fiel y leal ―si lo tuviera Sancho le llamaría― que me aconseje y me advierta sobre si aquello que diviso son molinos, palacios de malas gentes, la sede de algún partido político, brotes verdes, el castillo de ZP, la tómbola de Rajoy dónde rifan pitos y pelotas, por no decir peloteras, o vayan ustedes a saber. Más en cualquier caso, yo quiero ser Quijote y reiniciar la ilusionante aventura de querer, ser y sentirse orgullosamente español. ¿Se unen a esta apasionante aventura?. Ya me echo al camino y en él les espero, porque urgente es iniciar este noble empeño de librar a esta querida tierra de tanta suciedad e inmundicia. Espero no esperar eternamente y, por tanto, continuar desesperando.
Indigencias y otras carencias Por Rafael Foradada Domingo, 25 de octubre de 2009 Desde luego que, las democracias, es uno de lo sistemas en los que el poder lo puede alcanzar cualquiera y no siempre, por desgracia, el más adecuado. Pero en un principio, y suele ser así a deferencia de otros sistemas, los que llegan a gobernar un país a través del sistema democrático, tienen el aval y el respaldo de un sistema que es garante, si su proceso se desarrolla normalmente, de que los votantes que en él participan, han podido expresar su elección, mediante su voto, libremente y sin ningún tipo de cortapisas o "presiones", que puedan enrarecer y condicionar la libertad de ese voto; lo que no ocurrió en nuestro país con el 11-M. Pero esta es la teoría que, como casi todas ellas, suele ser atrayente y convincente, pero luego, como bien sabemos y es lo importante, viene la práctica. Y en la práctica, como la realidad impone, nos solemos encontrar con una serie de carencias e irregularidades que nos obligan a poner los pies sobre la tierra: el bonito sueño se puede difuminar para dejar paso a la cruda realidad, aunque algunos prefieran seguir soñando y rehuir esa realidad. Pero los hechos son tozudos y, de la constancia de los mismos ―que no deberíamos eludir― tendríamos que saber obtener aleccionadoras conse-cuencias y conclusiones. Por tanto, y desde mi óptica, permítaseme cuestionar lo siguiente: * Si la división de poderes, como aprendimos en primero o segundo de facultad, es uno de los pilares básicos de los sistemas democráticos, en nuestro país esa división de poderes es ya casi nula. Recordemos como, algunos indigentes dedicados a la política, se han vanagloriado ―y se quedaron tan panchos― de haber enterrado a Montesquieu, que fue quien creo la teoría de la división de poderes (para esos indigentes) .Recordemos también como, la mayoría de los partidos de nuestro espectro político, en su momento contribuyeron ―en mayor o menor medida― a la politización, cambiando la forma de elección de sus integrantes, de los principales órganos judiciales (Poder Judicial) y, sigamos recordando, del Tribunal Constítucional. Con lo que el pobre Montesquieu, y nuestra zarandeada Constitución, tiene asegurado/a la puntilla. * Si el origen de las mayorías parlamentarias son, por lo general, de origen democrático, ciertos partidos, una vez en el poder, las utilizan anti-democraticamente; como un rodillo, sin respetar a la oposición, imponiendo reglas de juego que, a la larga, van en contra del propio esquema en el que se desenvuelven, intentando anular y adulterar los sistemas de control y de alarma que el sistema en sí posee. Incluso utilizando esas mayorías extra-parlamentariamente, para intentar adueñarse y controlar otros ámbitos como el de los medios de comunicación. * Si mentir es faltar a la verdad, esa verdad se falsea reiteradamente al decirnos "gobernaré para todos", cuando en realidad se gobierna para su "camarilla" ignorando a casi diez millones de personas, o al comentarnos que "no nos merecemos un gobierno que nos miente", cuando esa mentira suele ser el principal instrumento de trabajo a la hora de gobernar. Y para que seguir. Como comentaba antes, los hechos son tozudos y de nosotros depende el valorarlos y analizarlos con nuestra capacidad de critica e intelectiva, que espero no hayamos dejado en la indigencia; como andan los que en la actualidad nos gobiernan e incluso en la oposición, tal vez porque se estén contagiando de la misma, lo que es muy lamentable. Me temo que todos, tanto actores como espectadores de la vida política, padecemos ―en general― de notables carencias que nos pueden conducir a una indigencia colectiva de imprevisibles resultados. Alguien dijo, me parece que fue Tennesse Williams, que "para adquirir una posición elevada en la vida, hay que sobrevivir con gallardía a las experiencias aterradoras". Esta pobre experiencia de nuestras indigencias y carencias, empieza a ser aterradora. Ojala seamos capaces de superarla juntos, porque si no el aterrador empobrecimiento como seres humanos, será nuestra norma habitual. Y sálvese quien pueda.
De faisanes y otras miserias Por Rafael Foradada Domingo, 25 de octubre de 2009 A veces creemos que lo tenemos todo visto y oído. Consideramos que nuestra capacidad de sorpresa ya está colmada y repleta, pues no puede haber ya nada que pueda acelerar nuestro pulso e incrementar los latidos de nuestro corazón; nada ya puede ocasionarnos ningún sobresalto, tan sólo la ficción que no la realidad, olvidando con excesiva frecuencia que la realidad, en determinadas ocasiones, puede dejar en pañales a la ficción. De la ficción podemos extraer argumentos novelescos, o guiones cinematográficos, en los que la maldad y la corrupción, aún siendo elevadas, suele tener unos limites en los que los "buenos" y los "malos" están más o menos definidos, concretando su perversa o benefactora acción a un terreno, puede que en ocasiones desdibujado, pero delimitado por lo general con meridiana claridad para, entre otras cosas, saber quien es quien y para que, esa novela o película, no se convierta en un bodrio indigerible. Pero la realidad, en el caso "faisán", quiere ser más e ir a más que la ficción. Esto de que unos policías avisen a unos terroristas para que no sean detenidos me ha dejado, aunque bien se que no debería con el actual gobierno, como estupefacto e incrédulo hasta que, al final, no te queda más remedio que creértelo ante las abrumadoras pruebas que determinados medios de comunicación, como siempre escasos pero eficaces, van ofreciendo sacándolas a la luz pública que, por si los implicados fuera, las mandarían al fondo del mar de tal forma que no salieran nunca a la superficie y, probablemente, también a esos medios que han sido capaces de destapar el caso. Y todo ello, con la más que probable implicación ministerial y judicial, lo que suele ser desoladoramente habitual, con lo que las ganas de vomitar son casi irrefrenables aunque, insisto, no puede cogernos muy de sorpresa cuando este gobierno, por poner un sólo ejemplo, ha puesto en la calle a un asesino etarra que, en su momento, asesinó a veinticinco personas. Ahora resulta que unos policías, olvidando su deber y la memoria de tantos compañeros asesinados, se prestan a este sucio juego de avisar a unos terroristas para impedir su detención. Y todo ello, al parecer, recompensado con unas medallas y ascensos profesionales, que jamás han podido caer tan bajo tanto las medallas como esos ascensos. Se ha recompensado, me temo, una traición; una alta traición, independientemente de las consideraciones morales y éticas, cosa que a mi, como familiar del cuerpo, me duele y hasta me avergüenza. Esta y otras corrupciones, son consecuencia de la perdida de esos valores, junto a los de estricta y objetiva profesionalidad que, los gobiernos de turno, deberían dejar desarrollar para una mayor independencia y eficacia. Alguien dijo, entre otras cosas, que si no hubiera personas que se dejen corromper, la corrupción no existiría. Más bien creo que la corrupción es connatural a la naturaleza humana. Lo que puede y debe frenarla, son las consideraciones personales razonadas entre unos parámetros de los ya mencionados valores de la ética y la moral que, si no se pierden o tergiversan, son la mejor vacuna para no prestarse a esa corrupción que otros "venden" maliciosamente. Estamos, pues, ante algo de mayor calado que no se centra sólo en un caso aislado. Nos encontramos ante una miseria generalizada y relajación de la moralidad que va aflorando en casos concretos; ya se llame caso "Gürtel" o, como en esta ocasión que ocupa mis líneas, caso "faisán". Sin olvidar los que hubo y los que pueden estar por venir. Sospecho que la realidad seguirá superando a la ficción, con lo que las miserias humanas seguirán aireándose y aumentando.
Cuatrocientos noventa y ocho mártires: las hermanas Ferragutcasas Por Rafael Foradada Jueves, 22 de octubre de 2009 En mis anteriores líneas que espero recuerden, lo que suele ser más un deseo personal que una realidad, me referí al libro editado por la Conferencia Episcopal Española "Quienes son y de dónde vienen. 498 mártires del siglo XX en España", con motivo de la canonización en Roma de estos 498 mártires el 28 de octubre de 2007. Despedí aquellas líneas con el intimo deseo de que aquellos sucesos ―cuya relectura me continúa emocionando― no se repitan nunca más. Hoy tengo la intención, no sé muy bien si acertada o no y con el permiso de nuestro editor, de mostrarles uno de los casos de martirio que recoge este libro: el de las tres hermanas Ferragutcasas. No sé muy bien si es acertado el recordar estos dramáticos hechos al cabo de los años, por lo que pueda tener de abrir viejas heridas. Pero, por otra parte, viendo el sectarismo partidista del actual gobierno al querer manipular ―en esto y en todo― la llamada memoria histórica, me parece injusto olvidar intencionadamente estos otros sucesos de nuestra reciente historia. En cualquier caso, y no sé si continuaré con esta tarea, la narración concreta de este caso es la siguiente: María del Carmen, María Rosa y Magdalena Ferragutcasas, hijas de Pedro y Clara, nacieron y crecieron en Riudarenes (Girona), en el seno de una familia sencilla y cristiana, junto a Francisca, Francisco, Pedro, Ramón y Loreto. Toda la familia recibió la misma formación cimentada en los valores cristianos, desarrollando su fe y adhesión a Jesucristo. Desde muy jóvenes estuvieron atentas a la llamada del Señor y fueron ingresando en la Congregación de Misioneras del Corazón de María. Ante la situación de inseguridad que se produjo en julio de 1936, la Congregación de Misioneras del Corazón de María dispuso que las religiosas regresaran a sus casas paternas o de familiares. Las hermanas Carmen, Rosa y Magdalena fueron recibidas en casa de sus padres. El día 25 de septiembre la casa fue sometida a un registro, lo que hizo presagiar a las hermanas que su martirio podía ser cuestión de horas. En efecto, en la madrugada del 27 de septiembre, llegó un grupo de milicianos a buscarlas. En medio del desconcierto familiar, las tres religiosas, con serenidad y valentía, transmitían paz diciendo: "Si vienen por nosotras, abridles, estamos dispuestas a morir por Cristo". Se despidieron de sus familiares y salieron de casa presentándose a los perseguidores: "No nos engañéis, vamos contentas a dar la sangre por nuestro Dios". Conducidas a un bosque de encinas llamado Els Hostalets, en el termino municipal de Lloret de Mar (Girona), después de numerosas vejaciones, flagelos y brutalidades, testimoniando ellas hasta el final su fidelidad a Dios y a su virginidad consagrada, fueron asesinadas esa misma madrugada del 27 de septiembre de 1936. Los familiares iniciaron tenaz e incansable búsqueda, hasta que lograron que se realizase la excavación en una fosa común, donde se encontraron los cadáveres de las tres hermanas. Sus restos fueron exhumados el 28 de agosto de 1937 y descansan hoy en Olot, en la Iglesia de la Casa-Madre de la Congregación , junto a la tumba de su Fundador, el sacerdote y Siervo de Dios Joaquín Masmitjá. (Paginas 143,144 y 145 del libro "Quiénes son y de dónde vienen.498 mártires del siglo XX en España" / Editorial EDICE - Madrid 2007)
Quiénes son y de dónde vienen Por Rafael Foradada Viernes , 16 de octubre de 2009Hace ya algo más de dos años tuve la ocasión de adquirir el libro titulado "Quiénes son y de dónde vienen. 498 mártires del siglo XX en España". El libro está editado por la Conferencia Episcopal Española, cuya segunda parte se ha publicado no hace mucho. En él se recoge una breve biografía de los 498 mártires que fueron beatificados en Roma el 28 de octubre del año 2007, pronto se cumplirán dos años. Estos mártires dieron su vida, en diversos lugares de España, a lo largo de la persecución que se desencadenó durante los años 1934, 1936 y 1937. La mayoría de ellos religiosos y religiosas, sacerdotes, seminaristas y laicos, jóvenes, casados, hombres y mujeres; y los obispos de Cuenca y de Ciudad Real. Como comenta la introducción de éste libro, los Postuladores son los encargados de llevar a la práctica lo establecido por la Iglesia para la instrucción y desarrollo de una Causa de Beatificación y Canonización. Su tarea inicial es promover la recogida de la documentación oportuna y localizar a las personas fidedignas y conocedoras de los hechos que pueden aportar un testimonio jurado y cierto sobre lo que vieron u oyeron. En el caso que nos ocupa, se puede hablar de tres generaciones de Postuladores, desde que se comenzaron a recoger los primeros informes a raíz del martirio, a veces hace ya más de setenta años, hasta que se completaron los procesos y fueron examinados en Roma. Continuando con la introducción, en él se describe, o define, el martirio como el signo más autentico de la Iglesia de Jesucristo: una Iglesia formada por personas, frágiles y pecadoras, pero que saben dar testimonio de su fe vigorosa y de su amor incondicional a Jesucristo, anteponiéndolo incluso a la propia vida. Dado que los mártires son personas de todos lo ámbitos sociales, que han pasado su existencia haciendo el bien y que han sufrido y han muerto renunciando a salvar su vida y perdonando a quienes los maltratan, nos sitúan ante una realidad que supera lo humano y que nos invita a reconocer la fuerza y la gracia de Dios actuando en la debilidad de la historia humana. Personalmente puedo comentar que, una buena parte de las biografías, son francamente duras, dramáticas, inhumanas y que demuestran, por desgracia, a que extremos puede llegar la condición humana para con otro ser humano, a la hora de vejarla y proponerse infringirle el máximo daño tanto físico como moral; pero que recogen la realidad, se quiera o no admitir, de lo que sucedió. Ahora que estamos empeñados en recuperar la memoria histórica, suelo coger este libro de mi biblioteca para volver a releerlo y me pregunto, entre otras cosas, porque no hay también determinación y empeño para buscar las tumbas, o los restos, de algunos de estos mártires que aún no se sabe con certeza dónde puedan estar. Permítaseme terminar con unas frases de Benedicto XVI: "Atraídos por el ejemplo de Jesús y sostenidos por su amor, muchos cristianos, ya en los orígenes de la Iglesia, testimoniaron su fe con el derramamiento de su sangre. Tras los primeros mártires han seguidos otros a lo largo de los siglos hasta nuestros días". Y por último, permítaseme también añadir lo siguiente. Como es sabido, o se debería saber, la historia parcial y subjetiva no es la autentica historia; subyace en ello una torpe y partidista intencionalidad de olvidar, o tergiversar, ciertos hechos de la misma y, como nos recuerda un dicho popular, los pueblos que olvidan su propia historia están condenados a repetirla. Pero ojala que los sucesos que recogen este libro, nunca más se vuelvan a repetir. Me sigo emocionando al releerlos.
Breve reflexión Por Rafael Foradada S ábado, 10 de octubre de 2009Cuando las garantías de convivencia por las que toda sociedad debe regirse para su propio bien, no son respetadas por una parte de sus miembros, ni tuteladas por quienes deberían hacerlo, esa sociedad corre el riesgo -aunque algunos lo consideren un "éxito"- de autosuicidarse en un tiempo que dependerá de la velocidad de contagio de esa especie de locura colectiva que conduce a una colectividad, a veces incomprensiblemente, a autodestruirse ante la sorpresa de unos, la tibia tristeza de otros y la satisfacción, frustradamente disimulada, de todos aquellos que intentan sacar una buena tajada ante esa situación de caos y autoaniquilamiento casi colectivo. A semejante situación se puede llegar por diversos caminos, caminos que todos ellos, al final, convergen en lo mismo: torpedear y destruir aquello que se ha venido desenvolviendo entre los parámetros de una razonable normalidad. Pero cuando esa razonable normalidad es invadida, en principio sigilosamente, por seres cuyo comportamientos llevan en si mismo el germen de la discordia y el conflicto, y que ante la incompetente pasividad -o en ocasiones complicidad- de quienes deberían tutelar y regular una pacifica convivencia, permiten que ese germen latente de la discordia se desarrolle con una mayor virulencia encaminada a conseguir sus inconfesables fines. Fines que, si no encuentran una oportuna reacción por los llamados a ello, acabarán enseñoreándose de la situación para dominarla a su capricho y placer; lo que no respetará a nada ni a nadie, ni siquiera a aquellos que contribuyeron cínicamente, de un modo u otro, al desarrollo de tan lamentable germen. Desde luego que una oportuna reacción no es el silencio ni inhibirse. Porque ante tan penoso silencio, surgen otros silencios de decepción, desilusión e interpelación sobre si merece la pena seguir estando dónde se estaba; que es como otra forma de inhibirse, o quitarse de en medio, para que no nos confundan. Porque el silencio, en determinadas ocasiones, convierte en cómplices a aquellos que, torpemente, creen estar desligados de aquella situación cuya mudez los señala acusadoramente. Quienes no estén de acuerdo con este tipo de situaciones, no les queda otra opción, por un simple principio de coherencia y salud mental, que buscar otras latitudes y sociedades dónde el aire no este tan viciado; que aún las hay, porque quienes deben moderar y tutelar así lo hacen para el bien de todos o de una razonable mayoría. Y hasta aquí mi breve reflexión que, al final, no ha sido tan breve. Perdón por el tostón.
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