Bitácoras de Rebelión digital 

 

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I have a dream

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Recordemos: aislacionismo de Stalin

ARTÍCULOS ANTERIORES

                       Bitácora "Fora"         Por Rafael Foradada

El autor de esta bitácora colabora en Libertad Digital con su blog "El mar y yo"

 

Casi nada nuevo

Por Rafael Foradada

Domingo, 4 de octubre de 2009

 Estos intentos a los que estamos asistiendo, de un tiempo a ésta parte, de tergiversar, trastocar y hasta derrumbar las sólidas columnas sobre la que se ha venido sosteniendo, se sostiene y creo se seguirá sosteniendo, a pesar de esos intentos, las sociedades enraizadas en la civilización cristiana, no son nadas nuevos. Esas coordenadas y guías de comportamiento que, al parecer, tanto preocupan a minoritarios sectores que pretenden defender sus particulares intereses a costa de lo que sea, representan un serio obstáculo para el logro y consolidación de esos obscuros y sombríos intereses que van, incluso, en contra de la antropología del ser humano.

Se intenta de nuevo, una vez más, difuminar y trastocar esas sólidas referencias de raíz cristiana para convertir nuestras sociedades en entidades amorfas, despersonalizadas, carentes de esas sólidas referencias que les han servido de guía durante tantos siglos para manipularlas, manipularnos, y hacer de nosotros simples y tristes monigotes que sigan borreguilmente las viciadas doctrinas de esos sectores minoritarios que, curiosamente, también forman parte de la sociedad con una única finalidad: destruirla desde dentro. Pero insisto, no hay nada nuevo bajo el Sol.

No es nuevo, por ejemplo, el intento de querer hundir el concepto de la familia cristiana, pretendiéndolo substituir con aberraciones de otro tipo de uniones distinto al de un hombre y una mujer, que es el que puede dar origen a nuevas familias que dan fundamento y desarrollo a la sociedad. Tampoco es nuevo el penoso y nefasto intento de convencernos, como en parte ocurre desgraciadamente, de que el aborto voluntario no representa matar a ningún ser humano; y ya estamos viendo a que extremos tan lamentables y graves se está llegando en éste tema. Si además se consigue un respaldo legal, como acaba de suceder en nuestro país, entonces nos encontraremos de nuevo ante el  peligroso intento de substituir la moralidad por la legalidad; olvidándose de que no siempre lo legal puede ser moral. Y en nuestra pobre España, cada vez menos; la legalidad vigente acoge entre sus normas determinadas leyes, como esta del aborto libre, que la rebaja y prostituye hasta tal extremo que hace de ella, entre otras cosas, una legalidad obsoleta, drásticamente partidista y muy poco fiable.

Los fundamentos de la civilización cristiana tienen una existencia de 2009 años y, en tan largo periodo de tiempo, han pasado por muchas y variadas vicisitudes, pero ahí continúan, por mucho que a algunos les pese. Y confío que seguirán, a pesar de estos nuevos intentos de confundir y confundirnos. Nada nuevo bajo el Sol, amigos míos. Lo que si puede ser novedoso son los ataques planificados y bien dirigidos por esas minorías hacia quienes seguimos sosteniendo que, esos valores de raíz cristiana, siguen siendo validos para las sociedades actuales. Su orquestada planificación y difusión, pueden dar a entender que corresponden a las aspiraciones de amplios sectores sociales, lo que no es cierto; pero aún no siendo cierto, se abren camino en determinados momentos ante nuestra pasividad y tibieza, y hasta ausencia de una creencia real en lo que decimos creer.

Nuestros temores de ser tildados de anti-progresistas, falsa progresía, y la egoísta primacía -entre otra cosas-de defender nuestra comodidad, lo que nos puede pasar factura, deja el campo abierto a esa minorías que intentan presentarnos como avances sociales lo que son, en realidad, la destrucción de la misma; aunque ya digo que no creo que lo consigan, algún día reaccionaremos debidamente -mejor más pronto que tarde- ya que nos jugamos nuestra propia existencia como sociedad. Pero mientras tanto, casi nada nuevo bajo el Sol.

 

 

 

Huir de huir

Por Rafael Foradada

Jueves, 24 de septiembre de 2008

Hay ocasiones que uno se encuentra como acorralado, o más agobiado que nunca por los problemas cotidianos, siendo en estos momentos cuándo surge la tentación de huir. Huir hacia posiciones más cómodas y, quizá, más fructíferas. Escaparse de las posturas e ideas que, con mayor o menor acierto y fortuna, se han ido manteniendo hasta ahora. Refugiarse en todo aquello que simplifique las dificultades y sea moneda de fácil cambio para conseguir todo aquello que se quiera conseguir. En definitiva, dan ganas de huir de uno mismo.

Huir, sí, surgiendo al mismo tiempo una sensación de desanimo y desaliento al ver pasar un día tras otro siguiendo todo igual, y sin poder apreciar una racional perspectiva de que ciertas cosas se te puedan solucionar a corto o medio plazo. Te encuentras cansado de esperar y esperar; una espera que, si Dios no lo remedia, se puede convertir en eterna.

Tal vez sea éste el precio de actuar según se piensa, de intentar ser coherente con uno mismo, de no querer entrar en esa especie de competencia desleal que parece imperar en nuestros días; donde se valora más la recomendación acomodaticia, la politización y el hacer la pelota que los valores propios de la persona. Te dan ganas de huir de tantas sandeces sin sentido y hasta de esta crisis económica, que no se sabe muy bien lo qué es en realidad. Más no se muy bien cómo, pero al final de lo que tienes ganas es de huir de huir, es decir; seguir pensando y actuando como siempre. Y no por una cabezonada o chulería personal, o por creerme poseedor de la verdad absoluta, no, nada de esto. Sino simple y llanamente por creer en una serie de valores e ideas; ideas y valores en los que hay que sustentarse ya soplen los vientos a favor o en contra. Porque si no, ¿en qué nos convertimos?

Así pues, no tengo remedio, porque lo mío, para bien o para mal y con la complicidad del mar que casi siempre me acompaña y consuela, parece ser huir de huir. Al menos así consigo dormir muy tranquilamente casi todas las noches. Aunque últimamente no puedo evitar que Zapatero y todo su circo irreflexivo y desvergonzado, que se está convirtiendo en un barco pirata para asaltar el poder como sea, u otras sandeces -ojala fueran solo sandeces- de nuestro decadente sistema, me quiten en ocasiones el sueño. Pero aún así, cuando duermo, creo que lo hago mejor que todos esos personajillos  patológicamente ansiosos de protagonismo, que olvidan la función que deberían desempeñar en aras de la continua contradicción consigo mismo. Pero esa ya es otra historia; porque estos no son capaces de reencontrarse ni por equivocación. Están totalmente huidos y ausentes de si mismos.

 

 

 

 

Libertad de expresión o algo así

Por Rafael Foradada

Domingo, 20 de septiembre de 2008

En democracia se supone que la libre expresión de las ideas debe circular sin ningún tipo de cortapisas, sin pagar tributo a nadie y sin temores de ninguna clase. En democracia, yo tenía entendido que el libre pensamiento tenia total acogida, respaldo y consideración, e incluso se valoraba. También en democracia, el respeto entre unas ideas y otras, por muy diferentes que estas fueran, se supone que debe estar garantizado; siempre y cuando discurran por los caminos normales de la convivencia y de la legalidad vigente. Pero me temo que estas, y otras consideraciones, es como soñar despierto, en una noche de este verano que ya fenece, ante la actual situación por la que viene pasando España.

Creo que se ha perdido una gran oportunidad de normalizar éste tema. En lugar de fomentar la difusión de los medios de comunicación, de toda índole, dónde esa libre circulación de las ideas estuviera garantizada y  respetada, cada reducto ideológico del pensamiento, bajo variadas etiquetas, se ha dedicado a crear su propio medio de comunicación en la que únicamente su forma de pensar puede tener cabida; e incluso intentando imponerla mediante el monopolio de los medios, con lo que la deseable expresión y circulación de las ideas se convierte, frustradamente, en un pensamiento único que nada tiene que ver con la libertad a la hora de pensar y de expresarnos.

El panorama actual en éste terreno, es bastante triste y desolador. Los escasos medios de comunicación que no han sucumbido a tan burda estrategia, impuesta por la colaboración de unos y el absurdo silencio de otros (junto al camaleónico e incomprensible cambio de estilo -que es casi un suicidio- de los "judas" de turno), se han tenido que batir en mil y una batallas para defender su posición y no verse absorbidos por ese demoledor pensamiento único. Son pocos pero buenos, como así lo demuestra su trayectoria y la de los profesionales que trabajan en ellos, siendo capaces en breve tiempo de poner en pie un medio de difusión nuevo, para contrarrestar la "amigable" invitación de abandonar en el que estaban y al que, probablemente, pondrán en jaque en breve tiempo. Pero que no se engañen, ni nos engañemos, porque los que ahora se acercan a ellos para poder expresar su línea de pensamiento siendo acogidos generosamente, mañana, si logran formar gobierno o su propia plataforma informativa, seguramente se olvidarán de ellos e intentaran utilizarlos para canalizar sus planteamientos, pensamientos e ideologías. Y si no se doblegan, incluso intentarán enmudecerlos de una y mil maneras, como ya saben bien.

Medios de comunicación, que actúen como tales, tenemos pocos por desgracia; aunque las posibilidades que ofrecen las nuevas vías de expresión, permiten que estos puedan florecer lejos de esos intentos de control y manipulación, a no ser que el "demócrata" de turno tenga la "genial" idea de poner candados a internet. Porque la clase política en general, tenga el color que tenga y ojala me equivoque, no le interesa ni le gusta la libertad de los mismos; por lo que mientras lo que pueda depender de ellos habrá que definirlo como "libertad de expresión o algo asi". Por eso, y mientras podamos, disfrutemos de ellos con permiso del poder de turno; y sobre todo de la capacidad de aguante y resistencia de los verdaderos medios de comunicación que el oyente, lector o televidente, por lo general, sabe detectar y que suelen ser aquellos que respetan la dignidad de quienes los siguen.

 

 

 

 

Los de la romería del puño

Por Rafael Foradada

Lunes, 14 de septiembre de 2009

Era un día aún de verano, de este verano que empieza a despedirse, pero que todavía pretende dejarse sentir con sus penúltimos coletazos de calor. Y no sé muy bien si fue por los efectos del calor, o por otras circunstancias, cuando en la localidad de Rodiezmo (León), entrañable pueblecillo hasta ahora, tuvo lugar hace unos días un espectáculo cachondo-folclorico-politico protagonizado  por ZP, dos de sus ministras y algún otro que fue, pero que ya no es y, para que siga siendo, lo sacan a "pasear" de vez en cuando para que nos comunique su verbo "calido" y "conciliador", intentando con ello disimular la gran "charcutería" que tuvo en su propia casa no hace mucho.

Ciertas fotos que nos han llegado no dejan lugar a dudas. Fin del acto pretendidamente sindical y al final un cántico, que sería la internacional, con el puño en alto por parte de Leire Pajín, la ministra Aido , Alfonso Guerra -el de la "charcutería"- y ZP impasible el ademán, sin puño pero cantando; aunque más le valdría rezar ante la situación de nuestro país. Ya les digo, ante la crisis espectáculo: ante el paro cánticos trasnochados y caducos, ante la falta de ideas y soluciones puños cerrados, como queriendo golpear con rabia a los disidentes y críticos.

Ante tanta mentira, estafa e improvisación, se van de romería con el puño en alto a distraer a la gente -quien se deje distraer- de nuestros reales y graves problemas. Esta es nuestra supuesta izquierda que nos gobierna. Tan supuesta como falsa, recurriendo a los símbolos externos cuando creen conveniente para intentar encubrir el vacío de contenidos y la ausencia de coherencia, junto a la defensa a ultranza de una serie de intereses personales, tanto individual como familiarmente, que es en lo que se ha convertido en realidad el PSOE. Nada que ver con una actual postura de izquierdas y acertada gestión de gobierno.

Atrás, muy atrás quedan ya los gestos vociferantes y los puños amenazadores de otros tiempos lejanos. Mostrarlos hoy, recurrir a esa escenificación en nuestro días es, tal vez, tener nostalgia de lo que no se es pero se pretende ser de cara a los demás para continuar engañando. Puede ser también ganas de rememorar otras épocas de convulsión y confusión en la que la que la izquierda, históricamente, ha tenido casi siempre su mejor momento, su mejor caldo de cultivo debido a la demagogia de sus argumentos. Pero sobre todo es intentar recuperar unas raíces tan perdidas como tergiversadas e irreconocibles, en las que ni ellos mismos ya creen, pero a las que recurren ante momentos de difícil credibilidad por los que están pasando los de la romería del puño. Con puño o sin él, a estos ya no los reconoce ni la madre que los parió. Seria saludable y deseable que las urnas hicieran lo mismo; urnas que esos puños amenazan.

 

 

 

El Crucifijo

Por Rafael Foradada

Viernes, 4 de septiembre de 2009

Nunca he entendido como la imagen de un crucifijo puede molestar a ciertos sectores de la sociedad. El debate, o la discusión, no es nuevo. Se invoca el respeto a todos para retirarlo de ciertos lugares públicos; y por el camino que vamos serán también privados.

Respeto a todos menos a los que creemos en El, a quienes nos intentan suprimir la presencia de uno de los mayores símbolos de nuestra fe. Con solo mirarlo, debería entenderse que esta Cruz, con Cristo en ella por todos nosotros, está ahí por todos; creyentes y hasta no creyentes.

Representa una de las máximas expresiones de la fe cristiana, de una de la más amplias culturas existentes como es la occidental. Desde el punto de vista de la fe, significa la entrega de Jesús para salvarnos; nos amaba tanto que quiso y supo dar su vida por todos nosotros, cumpliendo la voluntad del Padre. Y esto, los que decimos creer, deberíamos sabérselo explicar a los no creyentes, hasta tenemos la obligación de saberlo explicar.

Explicarles que esta Cruz, es una Cruz de la que nace una vida nueva, que nos salva y nos renueva. Representa la máxima prueba de entrega y amor. De Su muerte por nosotros, nace nuestra nueva vida y, al igual que Él, algún día resucitaremos para estar por siempre en su Reino prometido. Esto debemos explicarlo, sobre todo con nuestra vida que es el mejor ejemplo, ofrecerlo y presentarlo de la mejor forma posible; y desde luego con palabras mejores que las torpes mías. Para ello, creo que antes hemos tenido que tener un encuentro con El, en algún momento de nuestra vida, que nos ilumina y nos cambia nuestra forma de vivir. Un encuentro que nos ayuda a seguir la senda que Él nos dejó trazada, que transforma nuestro vivir cotidiano, en un vivir plenamente cristiano con lo que ello implica, representa y significa. Sabiendo que en ese nuevo caminar caeremos, tropezaremos y habrá momentos de deserción, pero Él siempre estará a nuestro lado ayudándonos a levantarnos para retomar sus pasos. Sólo con mirar la Cruz con la suficiente limpieza de corazón, ya nos basta.

Pues esta Cruz, el Crucifijo, se nos quiere hurtar, se la quiere esconder y suprimir de la presencia en la vida pública, "olvidándose" entre otra cosas, que somos un país mayoritariamente católico, incluso con la colaboración de algunos que se autodefinen como creyentes -que repasen sus esquemas- y de cuyos nombres mejor no acordarse. Es el imperio del laicismo radical e intolerante, que solo parece permitir la supremacía de sus propias ideas. Es también, creo yo, el imperio del miedo de la intolerancia laicista, no vaya a ser que este Crucifijo que intentan suprimir como sea, desvele y ponga en evidencia las verdaderas intenciones de quienes piden tolerancia y respeto, siendo ellos los máximos intolerantes. Porque el Crucifijo también es como una denuncia silenciosa a todo la maldad, falsedad e hipocresía que hay en este mundo y, desde luego, en nuestro país; quizá por eso moleste tanto a algunos gobernantes y políticos. Pero frente a esto, la Cruz seguirá abierta a todos; incluso para los que quieran esconderla, renegar de ella y tergiversar su gran significado. Significado que he intentado exponer con más voluntad que acierto.

 

 

 

 

"I have a dream"

Por Rafael Foradada

Viernes, 28 de agosto de 2009

Frase célebre, entre otras, de Martin Luther King, el primer negro que supo defender a su raza con el arma más eficaz: la no violencia. "I have a dream" (yo tengo un sueño), un sueño que le costó la vida. Aunque antes consiguió que las personas negras se uniesen ante el injusto y racista trato que recibían por parte de los blancos en el Sur de los Estados Unidos. Consiguió que se uniesen en multitudinarias manifestaciones pacificas, que lograron que aflorase la verdad. Una verdad repleta de prohibiciones ilegales, saqueos, incendios y muertes, que habían venido contando, lamentablemente, con el cómplice apoyo de ciertos sectores de la justicia y de la policía.

Cuando el país entero conoció la crueldad con la que el hombre blanco trataba al hombre negro, en lugar de reconocer su grave error, volvió a utilizar la porra, el agua a presión, los perros, las bombas lacrimógenas, las detenciones indiscriminadas..., para reducir a un numeroso grupo de personas inocentes, cuyo unico "delito" era el de ser negros y manifestarse exigiendo sus derechos.

Mientras tanto, Martin Luther King, era encarcelado tan reiterada como injustamente, se lanzaban bombas contra su casa, se amenazaba de muerte a toda su familia, sometiéndole a un acoso permanente; en un calvario que supo sobrellevar con la entereza del hombre que se sabe portador de la verdad con mayúsculas. Gracias a su coraje e inteligencia de líder indiscutible, fue derribando barreras segregacionistas: sus hermanos negros pudieron compartir asientos con los blancos en los autobuses, locales públicos e infinidad de lugares donde antes eran expulsados. También se les concedió el derecho a votar en todas las ciudades y pueblos del país.

Por lo mucho que consiguió, y como lo consiguió, en 1964 se le concedió el Premio Nobel de la Paz; cuando aún estos premios tenían cierta credibilidad y respetabilidad. Prosiguió su enfrentamiento no violento, totalmente pacifico, contra la pobreza y las guerras. Su sueño lo consiguió en gran parte; el de la igualdad entre todos los seres humanos, fuesen del color que fuesen. Pero había algunos sectores que no estaban dispuestos a que ese sueño continuase consiguiendo objetivos. En 1968 fue asesinado en la ciudad de Memphis, un asesinato triste y oscuro, como casi todos los asesinatos, que no llegó a esclarecerse en sus aspectos más importantes y, que por el tiempo ya transcurrido, nunca se conseguirá ya esclarecer.

El tuvo un sueño al que supo darle vida y reconocimiento. Hubo otros que intentaron recoger su legado, pero que no fueron capaces de conseguir lo que Martin Luther King consiguió con su "I have a dream". Quizás un heredero de ese sueño, sin buscarlo ni merecerlo, sea el actual presidente de los EEUU Barack Obama. Aunque él no ha tenido que pasar por el calvario que Luther King tuvo que pasar. Obama se ha curtido en círculos de elevados ámbitos universitarios y sociales donde el negro ya es admitido sin ninguna dificultad; aunque ciertos detractores alegan que es mestizo y que, por tanto, no es un autentico representante de la raza negra. Tal vez sea este otro tipo de racismo.

Aún no lleva un año en la presidencia de los Estados Unidos y ciertas encuestas, si es que son fiables, presentan a Barack Obama con una importante perdida de esa popularidad y carisma que le llevó, en parte, a alcanzar la presidencia de  su país; lo que nos demuestra, una vez más, que una cosa es "predicar y otra dar trigo". A lo mejor se trata de sueños diferentes y distantes; de alcanzar el poder para recrearse y gozar de él por mera satisfacción personal, en lugar de alcanzarlo para realizar el mayor bien posible, dando cumplimiento a todas aquellas promesas que se realizaron. O tal vez se trate de intentar seguir la senda de otros presidentes, como la de John F. Kennedy cuyo último eslabón -Ted- ha fallecido recientemente, con lo que la ausencia de ideas y estilo personal se pone en evidencia; lo que en política, y en países con una amplia y sólida tradición democrática, se suele pagar.

El tiempo lo dirá, pero a lo mejor con el presidente Obama nos encontramos ante un sueño roto; nada que ver con aquel "I have a dream" que supo poner en pie Martin Luther King. Aunque para sueños rotos la de nuestra querida, postrada y anestesiada España. Pero esta ya es otra historia.

 

 

 

 

Las ausencias de agosto

Por Rafael Foradada

Lunes, 24 de agosto de 2009

Agosto, mes típico y tradicionalmente vacacional, este año me está resultando, aún a pesar de la crisis, más veraniego que nunca; quizá para olvidar lo que nos puede esperar cuando volvamos de estos días de necesario sosiego. Pero algunas actitudes y declaraciones nos hacen presagiar con lo que nos vamos a encontrar: lo mismo que al partir, pretendiendo estar ausentes, pero aumentado y agravado.

En estos días, además de sentir la ausencia de los seres queridos que nos acompañaron en otros años, siento la grave ausencia de un mínimo de responsabilidad y seriedad ante los graves problemas que nos aquejan, junto a la cínica actitud de los de casi siempre, las hipócritas declaraciones de los que tan sólo pueden tener como argumento la mentira y la contradictoria actitud de quienes, llamados a ser alternativa de este desastre que nos gobierna, se limitan a continuar esperando a que ese desastre caiga por si sólo, arrastrándonos a todos los demás; incluso a aquellos que se limitan a esperar a recoger no sé qué. De todo esto estamos más que sobrados; siendo probablemente proporcional a la ausencia de rigor y acertada gestión.

Julián Marías nos dejó sabiamente escrita la siguiente idea: "lo que me inquieta es que en España todos se preguntan ¿qué va a pasar?, y nadie se pregunta ¿qué vamos a hacer?. Esta frase me recuerda a aquella otra, con matices diferentes, del presidente estadounidense John F. Kennedy, que durante un acertado discurso interpeló a su pueblo en los siguientes términos: "no preguntes lo que la nación puede hacer por ti, pregúntate lo que tú puedes hacer por ella". Hermosas y acertadas frases, pero expresadas ante realidades bien distintas. La del presidente Kennedy dichas a una nación orgullosa de serlo y sin ningún tipo de complejos. La de nuestro querido Julián Marías dirigidas a una sociedad confusa, fácilmente manipulable, despersonalizada, idiotizada y, por tanto, con el concepto de nación en el baúl de los recuerdos; para alegría y satisfacción de los enemigos de España.

Y esto ya es responsabilidad nuestra, de todos y cada uno de los que formamos lo que aún queda de sociedad española. O somos capaces de reaccionar, si es que aún es tiempo, contra este estado de cosas, o la propia historia nos pasará factura. Reaccionar ante un gobierno que no para de mentirnos, de jugar con temas tan importantes y graves como el paro y el terrorismo, de manipular a una sociedad en sus valores más básicos y esenciales y de, en definitiva, descuartizar y romper el noble sentimiento de nación española; destruyendo a la propia España.

Para que seguir, estamos en agosto y parece que hasta no pensamos; aprovechándose de ello los de siempre que intentan colarnos, por ejemplo, la prohibición de la objeción de conciencia o la presencia de un diminuto crucifijo. Pero insisto: o somos capaces de reaccionar o el próximo mes de agosto los ausentes podemos ser nosotros mismos.

 

 

 

 

La anormal normalidad

Por Rafael Foradada

Miércoles, 12 de agosto de 2009

Los españoles, de un tiempo a esta parte, creo que nos estamos acostumbrando a percibir e interiorizar una serie de hechos y acontecimientos como si fueran de lo más normal. Tal vez sea por la frecuencia con la que se suelen dar, por la campaña tanto publicitaria como mediática en favor de esa forzada normalidad, o tal vez por el excesivo relajamiento de nuestras propias señales de alarma y espíritu critico. Parece como si hubiéramos renunciado a pensar por nosotros mismos, dejando tan importante función cognoscitiva en manos del azar, del capricho del viento o de los interesados planteamientos de los mandamases de turno; y si ello ocurre en pleno verano, entonces nos pueden colar lo que se propongan y nosotros tan "felices".

Aceptamos ya como casi normal, el que hayan desaparecido, en buena parte, los resortes  de control que todo sistema democrático suele tener; como consecuencia, en gran medida, de la nula separación de poderes que casi no se puede reconocer a consecuencia, en mayor o menor grado, del excesivo e irresponsable afán de los gobernantes de querer controlar y politizarlo todo. Toleramos pretendidos derechos que son la negación  de la vida misma. Admitimos la subversión de una serie de básicos principios en aras de un nuevo "paraíso", una nueva sociedad que es -en realidad- la negación de ella misma. Nos preguntamos sobre el origen y el por qué sobre ciertas crisis económicas, ignorando -al renunciar a pensar- que la causa está, en buena parte, en el abandono y olvido de una serie de creencias éticas, morales y religiosas que han sido el fundamento y guía de las sociedades. En fin, hasta nos parece normal tener que pasear con una veintena de escoltas, quienes puedan disponer de ellos, en el seno de una ciudad, cuando esa normalidad ha sido rota, una vez más, por los insaciables asesinos etarras a los que permitimos -y esto también nos parece normal- que continúen desenvolviéndose en su habitual "normalidad": matar por matar.

Estas, y otras, anormales normalidades, me temo que están haciendo mella, y ojala me equivoque, en nuestra actual sociedad que por anodina, insustancial, entreguista y claudicante, se encuentra indefensa e inerme ante una serie de manipulaciones y tergiversaciones que asimila, en parte, ese viaje a ninguna parte de la creación de una  nueva sociedad y búsqueda de nuevos principios, como si se tratase de la regeneración de si misma; cuando en realidad es su propia autodestrucción al renunciar, en cierto modo voluntariamente, de una serie de principios y creencias que le han permitido distinguir, hasta ahora, lo anormal de  lo normal. Sin poder, o saber, apreciar estas y otras diferencias tan básicas, necesarias e imprescindibles, no podremos hablar de una sociedad, sino de una manada de borregos. ¿Qué queremos ser en realidad?

 

 

 

 

Pactando lo impactable

Por Rafael Foradada

Viernes, 7 de agosto de 2009

Tengo la impresión de que vivimos unos momentos donde el pacto y el acuerdo, hasta el desacuerdo, imperan en la mayoría de las situaciones. El pacto intenta sustituir éticas, creencias, conciencias y hasta credos.

Pactan los políticos de distintas ideologías para que el decorado donde suelen desenvolverse, no reciba excesivas convulsiones y se derrumbe. Así, vemos cómo algunos políticos pasan de puntillas sobre determinados temas, o como ciertos sectores de la política se pueden convertir en un reparto de cargos que beneficia a aquellos que se prestan a formar parte de semejante escenario; escenario que, contradictoriamente, pueden hundir ellos mismos por esa forma de proceder. Y que decir de esos reiterados intentos de pactos, que por reiterados son casi suicidas, o  negociaciones con quienes asesinan una y otra vez; con quienes tal vil como canallescamente asesinan a adultos, mujeres y niños en aras de no se qué caóticas libertades que, por tantos crímenes, son la negación misma de la más mínima y elemental libertad.

También pacta, hasta con el diablo, el banquero que, con razón o sin ella, se ve amenazado en su particular imperio. Acuerda una cierta protesta o discrepancia, pero sin que sea excesiva, no vayan a enfadarse quienes no sería recomendable que se enfadasen: se puede perder un "imperio", pero se salva el tipo. Incluso pactan ciertos jueces, para adulterar la justicia, con sentencias y decisiones escalofriantes; convirtiendo su deseada y profesional ceguera objetiva, en cúmulo de arribismos partidistas e intereses personales inconfesables.

Pactamos hasta para engañarnos a nosotros mismos, convirtiendo -lamentable error- la amistad y el amor en un negocio intercambiable, sobrestimando nuestras propias posibilidades hasta tal limite, que llega un momento en el que no sabemos distinguir lo bien hecho de lo zafio, de lo ridículo, de la chapuza y de la negación de nuestros valores más estimables.

Abundando en nuestro propio engaño, mediante desoladores pactos, confundimos la verdad con la mentira, intentamos adormecer nuestra propia conciencia para no percibir lo que no nos interesa, acomodándonos a la situación que más nos convenga en un determinado momento. Pactamos los casi impenetrables círculos de viciados intereses, rechazando tajantemente a quienes no están dispuestos a aceptar determinados requisitos, pues pueden representar un serio peligro para el entramado de tan penosa estructura; siendo aun más penoso comprobar que estos círculos te los encuentras en los ámbitos más insospechados. Hemos podido hasta jurar defender a España y en realidad, mediante denigrantes y bochornos pactos, la estamos troceando, humillando y vilipendiando; contribuyendo con todo ello a su desaparición.

Malos pactos son estos que nos pueden hacer creer que podemos pactar, incluso, con la muerte para que no nos visite nunca. En fin, hasta es posible que yo haya pactado conmigo mismo para creerme que puedo escribir, en la forma y en el fondo, a lo largo y tendido de estos años.

 

 

 

Los años perdidos

Por Rafael Foradada

Viernes, 31 de julio de 2009

Cuando me dispongo a iniciar estas líneas, oigo por la radio la dramática noticia de que ha estallado una mochila bomba, o bomba lapa instalada en un coche, en Palma de Mallorca (Palmanova), en las proximidades, como no, de un cuartel de la Guardia Civil. Por desgracia, en este caso, no hubo ni el milagro, ni la suerte que hubo tan recientemente  en Burgos. Las noticias nos dicen, que en esta ocasión, hay dos victimas: dos guardias civiles han resultado muertos, han sido asesinados. 

Lamentable noticia ante la idea que pretendía desarrollar en estas líneas: la de los años perdidos ante los asesinos etarras. Pero aún con el corazón encogido por la frustrada, gracias a Dios, masacre de Burgos y por la actual noticia de esos dos guardias civiles asesinados, hace tan sólo unos minutos, en Palma de Mallorca, sigo pensando lo mismo: qué pena de tiempo perdido para quitar de en medio a esa gentuza criminal y su circulo cómplice y traidor.

Cuanto tiempo se perdió cuando se quiso justificar lo injustificable: matar por matar gobernase quien gobernase. Que desgracia de años invalidados cuando, tan absurda como reiteradamente, se quiso negociar con quien en realidad nunca ha querido negociar; tan sólo implantar su macabra ideología con el tenebroso tiro en la nuca. Que vergüenza para el tiempo inermemente transcurrido, cuando a estos asesinos y su entorno, no hace mucho se les definía como "hombres de paz" y sus criminales acciones como "accidentes". Cuantos silencios, cuantas complicidades y traiciones, cuanta bochornosa confraternización con los asesinos para intentar sacar la mayor tajada política, cuantos olvidos intencionados, cuantas palabras vacías a fuerza de reiterarlas tanto, cuanto cinismo e hipocresía ante tanta sangre derramada en estos años perdidos.

No contentos con esto, parece que incluso preferimos autoengañarnos y creernos que, estos atentados, son los últimos coletazos de los criminales etarras, cuando en realidad son el resultado de tanto tiempo desperdiciado que les vuelve a permitir "actuar" como, cuando y donde quieran. Ante, a mi modo de ver, semejante panorama, me pregunto si seremos capaces de ir en busca de ese tiempo perdido, lo que nos costará mucha sangre, dolor y lágrimas; amén de una necesaria e imprescindible determinación de querer acabar con los asesinos, lo que hasta ahora y salvo contadas excepciones, no se ha tenido. Que lamentable y gravísimo error, o algo así, la de estos años perdidos.

 

 

 

Comodines

Por Rafael Foradada

Viernes, 24 de julio de 2009

Quien los busca, los encuentra, quien los pretende tener, los suele tener. Se ponen a la vente lo mismo con unos que con otros. Quien vende, ya sabe lo que vende y quien compra también sabe lo que compra: docilidad, servidumbre y arribismo a costa de lo que sea. Les da lo mismo trabajar con unos o con otros y, quien los contrata, le da también lo mismo que hayan trabajado con los otros ―¿eso los hace fiables?―, la cuestión es que se adapten a la nueva situación para que propaguen las innovadoras consignas de una nueva estrategia, ya sea política ―generalmente política― o de otra índole. Más que comodines, yo diría que son como mercenarios sin armas; siempre al servicio del mejor postor, y el mejor postor suele estar en el gobierno de turno. Lo triste es que ese gobierno de turno no es capaz de crear sus propios comodines, recurriendo ―que gran torpeza― a una buena parte de los ya existentes. Y lo que puede ser aún más triste es que, sin utilizar armas, sus palabras gestos y actitudes pueden hacer más daño que las propias armas.

Así las cosas, por lo visto esa estrategia de una nueva gestión, la presentación de una serie de principios innovadores y una buena parte de los nuevos planteamientos debe depender de esa gente, los comodines. Pero con ellos por medio todo se distorsiona y tergiversa; la verdad es menos verdad y la mentira mayor mentira. Lo cual me  induce a preguntarme que si los que los contratan buscan la verdad, o prefieren jugar con ella hasta convertirla en la peor de las mentiras.

Otra pregunta surge espontáneamente: ¿quién utiliza a quien?. El más tonto se cree el más listo e intenta obtener la mayor tajada posible, mientras que el realmente listo observa y espera. Pero mientras tanto, en esa pugna, el deterioro de la credibilidad de unos y de otros se pone de manifiesto con el consiguiente daño que ello puede ocasionar y, al final, creo que nadie gana porque todos pierden. Pierde quien se malvende de tan penosa manera, quien contrata tan errónea como descaradamente y el ámbito en el que se desarrolla tan cínica relación: la de quien engaña a quien.

Y el deterioro del escenario en el que se desenvuelve ese engaño puede ser aún mayor. Sin ir más lejos, el deterioro de la escena política y gubernamental que está consiguiendo Rodríguez Zapatero, puede ser mayúsculo y casi irrecuperable. Instituciones, principios y hasta la propia ideología, al servicio de los trastornados esquemas personales que nada respetan y solo admiten el "si" por el "si", perdiéndose la más minima y necesaria credibilidad que se difumina en el más turbio de los fangos, lo que puede ser nefasto; consiguiendo tan sólo una cohorte de comodines de un pésimo estilo, convirtiéndose él mismo, ZP, en el peor de ellos.

En fin, este suele ser el efecto de los comodines humanos, tan lejos y distantes de los respetuosos y distinguidos comodines de una elegante baraja de cartas. Un buen y coherente proyecto no tendría que necesitar a este tipo de gentes; porque si lo necesitase, ese proyecto no merecerá la pena por inviable, ausente de credibilidad y peligroso para el conjunto de la sociedad.

 

 

 

No son viables

Por Rafael Foradada

Viernes, 17 de julio de 2009

El planteamiento autonómico de nuestro país no es viable y el decirlo ahora, al cabo de los años, es como jugar con ventaja a la vista de los resultados. Pero esa inviabilidad, en mi opinión, no es de ahora, sino que el germen de la misma ya estaba desde el origen de su creación.

En aquel periodo de nuestra transición, tan mitificada pero tan carente de revisión y autocrítica, se cedió incomprensiblemente en muchas cosas, me temo que en demasiadas. En lo referente a las autonomías, que es lo que nos ocupa, también se cedió ante un fenómeno, en aquel tiempo, incipiente y creo que de escasa representatividad como era el de los nacionalismos; a no ser que se creyera ingenuamente que al ceder en demasía en algunas regiones de España, se acabaría, por ejemplo, con el terrorismo de los asesinos etarras. El fruto de esa posible ingenuidad a la vista está :los etarras continúan asesinando.

La inviabilidad de nuestras diecisiete autonomías no es solo económica, que también, sino  principalmente de la ética y moralidad de quienes las dirigen y de quienes deben controlarlas. El germen de la deslealtad, de la disgregación y la desunión, ya anidó en ellas desde un principio; camufladas y camaleónicamente, pero ya estaba en ellas. Esos anhelos destructores de la unidad de España, han ido creciendo ante tanta absurda concesión y debilidad, por una parte, y por otra parte necesaria utilización y concesión para mantenerse en el, como se dice ahora, gobierno central. Algunos hasta ofrecieron en bandeja de plata la cabeza de algún compañero ejemplar a un tal Pujol. Exigencias del sistema que se destruye a si mismo y, por tanto, el que este libre de culpa...

Entre unas cosas y otras, creo que el actual estado del sistema autonómico, en la mayoría de ellas, ha llegado a tal grado de degeneración, que las hace inviables; y las que aún se ajustan a la legalidad, son como de segunda división. Las de "primera", que suelen ser los dictatoriales excluyentes, ponen en serio peligro esa unidad de España que quiso acogerlas, intentando imponer unas endebles reglas de juego que, a la primera oportunidad, han saltado por los aires ante la constante presión de quienes solo reconocen su propia y excluyente nacionalidad, menospreciando la que debería unirnos a todos: la española. A los excluyentes, España y su universal idioma, les resulta una rémora para sus insolidarios intereses; lo que tiene su tenebrosa lógica. Lógica fomentada por los sucesivos gobiernos españoles, que han ido creando, en mayor o menor medida, una bestia casi incontrolable; y esto ya es para llorar.

Una bestia incontrolable que, como estamos viendo estos días, permite a irresponsables y verdaderamente antipatriotas como Rodríguez Zapatero, el reparto de la financiación de las autonomías a su capricho y placer, dinamitando como nunca principios establecidos en la propia Constitución a la hora de este reparto económico. Si se ha conseguido, aunque sea aparentemente y por un cambio de gobierno, que algunas de esas autonomías que derivaban con más radicalidad hacia esos nacionalismos excluyentes y trasnochados cambiasen de tendencia, ahora viene, una vez más, ese peligroso irresponsable de ZP y, por ganar una estabilidad gubernamental, torpedea irreflexivamente principios como los de proporcionalidad, igualdad y solidaridad, para premiar con el dinero de todos aquellas autonomías que más estén dispuestas a mantenerlo en el poder. Caiga sobre todos ellos la responsabilidad y el oprobio que tan vergonzantes estrategias merecen. Aunque aquellos "polvos traen estos lodos".

Por tanto, no creo que haya en la actualidad lugar para sorprenderse ni para rasgarse las vestiduras en demasía. Como alguien dijo en alguna ocasión, regiones o autonomías de un mismo país que tienden a comportarse también como países, pueden acabar por destruir aquel país al que pertenecen. Y aunque parezca un juego de palabras, es así: España puede desaparecer. Pero y ahora, "¿quien le pone el cascabel al gato?"

 

 

 

Nuevo patriotismo

Por Rafael Foradada

Viernes, 10 de julio de 2009

Creo que pretender reinventar lo que ya está inventado hace mucho tiempo, suena a excusa e impotencia. Ese importante concepto y noble sentimiento del patriotismo, anida en el buen corazón de los bien nacidos, de un modo libre y espontáneo. Querer a la tierra que te vio nacer, o que por diversas circunstancias adoptas como propia, deseándole lo mejor y el mayor bien posible, eso es el patriotismo; probablemente todo un clásico, pero eternamente valido y al que hay que saber tener fidelidad en todo tiempo y lugar. Si se siente realmente, no debe costar mucho trabajo mantener esa fidelidad que puede reportar tanto bien y satisfacción.

La patria, en nuestro caso España ―para los no iniciados―, siempre ha estado ahí , sigue estando y seguirá, a no ser que se continúe metiendo ―por definirlo suavemente― la pata en demasía. Los bellos y nobles sentimientos que ella nos inspira, seguirán en nuestro corazón por mucho que otros se empeñen en trastocarlos y desvirtuarlos. Por tanto, ¿a qué "nuevo patriotismo" se refieren algunos políticos y otras castas de similar cariz?

Si acaso, habría que rescatarlo de tenebrosos olvidos, del oscuro pozo de la incultura y de la tergiversación de los verdaderamente antipatriotas. Y todo ello para recordar su verdadero sentido y significado, que son casi tan antiguos como la existencia humana; o desde que el hombre empezó a tener un sentido gregario y social. Pero esto de "nuevo patriotismo" suena a quita y pon, a según convenga, a si pero no, a te quiero pero no te quiero, a que hay elecciones cercanas..., en fin.

Ante semejante planteamiento, creo que la confusión y desconfianza siguen en aumento, junto a la ya necesaria e imperiosa posibilidad de encontrar rápidas soluciones a los problemas que nos aquejan que, así, cada vez se nos alejan más. Hace tan sólo unos días, mantuve una "suave" conversación, en el transcurso de la cual, mi confuso  y locuaz interlocutor me definía como de "demasiado españolista". Lo que debería ser normal y habitual, pasa a ser excepcional a los ojos de algunos, cada vez más, en virtud de esa tendenciosa manipulación de los conceptos y sentimientos; en aras de nuevas definiciones de nobles ideas que están definidas y establecidas desde hace tiempo y, cuyos nuevos planteamientos oportunistas, lo único que consiguen es sembrar la confusión y la destrucción de nobles y eternas aspiraciones; sembrando la desunión en algo que, unidos, nos haría fuertes y capaces de encontrar soluciones a una buena parte de nuestros problemas.

 Por ello, creo que quienes se prestan al juego  de la búsqueda de un "nuevo patriotismo" y otros intentos parecidos, saben muy bien lo que hacen: sembrar la confusión sobre ideas básicas para desunirnos y hacer de nosotros lo que esos nuevos "profetas" pretendan. Se puede empezar por acusar de ser "españolista" y acabar a tiros con quien no piense como uno. Ya nos ocurrió no hace mucho y , además, los asesinos etarras no han cesado de practicarlo. Que Dios nos asista.

 

 

 

 

Frivolidades

Por Rafael Foradada

Jueves, 2 de julio de 2009

Parecer ser que somos un país de frívolos y repleto de frivolidades. De ello últimamente tenemos varios ejemplos, tan insustanciales como trágico-cómicos y no sé muy bien por cual empezar, pero me decido a empezar por el más cercano; el de la Junta de Andalucía que, por desgracia, no cesa de atormentarnos con sus "genialidades".

Resulta que la mencionada Junta, como si no tuviéramos otros problemas en nuestra querida pero postrada Andalucía, ha editado unos folletos a todo color y repletos de "riquezas literarias" ―todo ello con dinero público― en el que se intenta concienciarnos de que el aborto no representa ningún problema; los únicos problemas de conciencia los padecen, según estos folletos, algunas mujeres que ya han sufridos trastornos psíquicos anteriores. En ellos se pueden observar ciertas ilustraciones en las que se refleja al "doctor" y "paciente", irradiando una gran felicidad y tranquilidad. Lo que estos folletos no hacen, claro, es recoger alguna foto de esos restos humanos que son asesinados; podría romper la delirante armonía que intentan reflejar.

Ante tan bochornoso y denigrante intento de manipulación, el señor Arenas, el eterno aspirante del PP a presidir la Junta ―a ver cuando aprueba las  "oposiciones"―, se descuelga con unas declaraciones calificando el hecho como de una "frivolidad"; cuando en realidad lo que subyace en el tema del aborto es un gran drama: el de una sociedad deshumanizada y convenientemente desinformada-manipulada que es capaz de asesinar a sus seres más indefensos. Razonando así señor Arenas, puede que alcance pronto la presidencia de la Junta o no la consiga nunca; dependerá de la "frivolidad" de los andaluces.

Otras frivolidades hay, como la de Mariano Rajoy que parece incapaz de poner a su tesorero en la puñetera calle, con el daño de imagen que puede estar causando al partido y a los que seguimos confiando ―que remedio― en él. ¿Qué secretos casi inconfesables podrá estar guardando en su caja fuerte? Y otra frivolidad bien reciente el del ayuntamiento de Madrid, que acaba de retirar a Franco todas aquellas menciones favorables que aún perduraban hacia su persona. Todo ello gracias a una iniciativa de ese gran partido "democrático", Izquierda Unida pantalla de lo que queda del comunismo, que no duda en seguir homenajeando a Fidel Castro, Santiago Carrillo o la "pasionaria"; todos ellos, como ya sabemos, "grandes demócratas". Y ante esta iniciativa, se ha plegado el PP. Que pena y que nueva decepción.

Permítaseme reiterarme en esa pena y tristeza. Pena y tristeza al constatar que, cierta y desgraciadamente, somos un país repleto de frivolidades. Porque que mayor frivolidad que aquella que nos impide defender, con el coraje necesario, todo aquello que merece la pena ser defendido. Que irresponsable renuncia al no mantener valores y criterios propios, dejándolos a merced de  los intereses del momento en que se viva; que es como permitir que otros piensen por uno. Y a todo esto lo llamamos frivolidad. Pero el transcurrir del tiempo, de seguir así, nos dirá lo que en realidad es.

(Es posible que continúe)

 

 

 

 

Palabras

Por Rafael Foradada

Lunes, 22 de junio de 2009

Están bien las palabras ante hechos luctuosos como el que acabamos de vivir, pero llega un momento en que están mejor en un segundo plano. Las palabras, que duda cabe, expresan nuestro sentimiento ante canallescos asesinatos como el de don Eduardo Puelles García, inspector de policía asesinado por los de siempre: los desalmados y criminales etarras. Y ante un nuevo hecho execrable, nuestras palabras comunican indignación, repulsa y condena; lo que puede significar, y significa, que debemos recurrir a las acostumbradas y reiteradas palabras de condena porque tenemos un problema, el del terrorismo etarra, que aún no hemos sido capaces de solucionar, que nos "acompaña" y nos pone en jaque desde hace tiempo, y que con tan sólo palabras no se soluciona, las cuales de tanto usarlas pierden su valor, su expresión y hasta su credibilidad. Aunque siempre serán mejor las palabras de condena, por muy reiteradas que sean, que los silencios cómplices y cobardes, junto a las cínicas palabras que aún intentan justificar tan horribles asesinatos.

Ante el nuevo y lamentable asesinato de Eduardo, creo que hemos podido oír nuevas palabras para condenar lo ya condenado tan repetidas veces, tantas como asesinatos ha habido, que pueden prometer o sugerir que se va a dar ya ese segundo paso tan necesario como incomprensiblemente, por ser benévolo, retenido largo tiempo: pasar a la acción conjunta para acabar de una vez y para siempre con los asesinos etarras. Han sido nuevas formas de expresión verbales, incluso poéticas y llenas de una cierta belleza para condenar la peor bajeza que se puede cometer: asesinar a un ser humano.

Pero procuremos que, una vez más, no nos quedemos en la retórica y el bucle poético. No nos podemos permitir ya quedarnos sólo en las palabras para acabar con el terrorismo. La experiencia que, por desgracia, ya tenemos, nos indica que sólo así no se acaba con los asesinos. Que se sea capaz de reconocer erróneas estrategias, falaces discursos y diálogos inviables con quien nunca ha querido, ni querrá, dialogar; porque lo único que quieren es implantar su dantesco ideario con el tiro en la nuca. Y ante las balas y las bombas las palabras no son suficientes. Ojala que las próximas palabras que podamos escuchar, y sé que soy demasiado optimista, sean aquellas que nos anuncien el fin de eta porque ha sido derrotada; de tanto dolor, sufrimiento y lágrimas, de tanta sangre derramada por los deshumanizados criminales.

Se lo debemos a Eduardo y esa larga lista de asesinados por los etarras. Todos sus familiares así también lo esperan, esperan que sus seres queridos no hayan muerto para ser tan solo nombrados en unas palabras más o menos bellas, sin que seamos capaces de acabar y de vencer a sus asesinos; que fue por lo que ellos/as entregaron sus vidas.

 

 

 

Y una segunda reflexión: tenemos lo que nos merecemos

Por Rafael Foradada

Martes, 16 de junio de 2009

La pasadas elecciones europeas, en lo referente a nuestro país, pudieron haber sido una oportunidad para manifestar la disconformidad con el actual estado de cosas. Hubiera podido ser el establecimiento cierto y rotundo de que, España, está ya cansada de que la continúen tomando el pelo: mintiendo, engañando, alejándola de sus esencias y raíces, confrontándola innecesariamente y de conducirla a una más que posible quiebra económica de imprevisibles y peligrosas consecuencias. Hubiera sido la ocasión de manifestar claramente que, en las próximas elecciones generales, España se podrá librar de ese siniestro personaje y peligroso inepto llamado José Luis Rodríguez Zapatero.

Pero, como ya sabemos, no ha sido así. Ganó quien ganó y quien tuvo que perder merecida y rotundamente, tan sólo lo hizo por la minima; lo que ha sembrado nuestro panorama político y futuro de una serie de especulaciones, incertidumbres, valoraciones partidistas, estudios estadísticos de muy variada opinión y repleto de incógnitas marcado por ese 53 % de abstención. Se podría decir que entre la elevada abstención y el resultado de los comicios, en los que parece que nadie pierde y todos ganan, a los españoles nos gusta que nos continúen tomando el pelo; aunque de seguir así, ni pelo nos va a quedar.

Me temo que tenemos lo que nos merecemos. La irresponsabilidad, si se me permite decirlo así, de una buena parte de nuestros compatriotas es más que evidente. Esa irresponsabilidad creo que abarca varios y diversos campos; en lo referente a la información, valoración y formación, inquietudes y sentimientos hacia nuestro entorno social más cercano y en el que desarrollamos nuestra vida cotidiana. Sin  olvidar el desconocimiento y hasta despreocupación por una serie de temas que, creyéndose que no les influye, nos influye a todos tan directa como  diariamente.

No tengo más remedio que volver a recordar aquellas palabras de Winston Churchill, que en más de una ocasión dijo:

"...las democracias también sirven para darle a los pueblos el gobierno que se merecen...". Lo que quiere decir -en traducción simultanea- que cuando el sistema democrático es utilizado, tanto por unos como por otros, de forma caprichosa, torticera e irreflexiva, se llega a la actual situación que tenemos en la actualidad: tener lo que nos merecemos.

 

 

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