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                      Bitácora "Es un momento"   Por Miguel Ángel Olmedo

 

El autor de esta bitácora es editor de la web cultural

"Es un momento" y de la web "Momentos españoles"

 

 

Recordemos (VIII)

Por Miguel Ángel Olmedo

Miércoles, 24 de febrero de 2010

Recordemos aquello que fue y por qué sucedió. En esta entrega se publican sendas cartas, de José Ortega y Gasset y Francisco Franco Bahamonde, advirtiendo en diferentes momentos a las autoridades de la República de la equivocada y peligrosa deriva que tomaba; y  la revuelta anarquista y el asunto de Casas Viejas.

 

¡No es esto, no es esto!

Carta de José Ortega y Gasset publicada en el diario Crisol, el 9 de septiembre de 1931.

“Desde que sobrevino el nuevo régimen no he escrito una sola palabra que no fuese para decir directa o indirectamente esto: ¡No falsifiquéis la República! ¡guardad su originalidad! ¡No olvidéis ni un instante cómo y por qué advino! En suma: autenticidad, autenticidad...

Con esta predicación no proponía yo a los republicanos ninguna virtud superflua y de ornamento. Es decir, que no se trata de dos Repúblicas igualmente posibles -una, la auténtica española, otra, imaginaria y falsificada- entre las cuales cupiese elegir. No: la República en España, o es la que triunfó, la auténtica, o no será. Así, sin duda ni remisión.

¿Cuál es la República auténtica y cuál la falsificada? ¿La de ‘derecha’, la de ‘izquierda’? Siempre he protestado contra la vaguedad esterilizadora de estas palabras, que no responden al estilo vital del presente —ni en España ni fuera de España. (....) No es cuestión de ‘derecha’ ni de ‘izquierda’ la autenticidad de nuestra República, porque no es cuestión de contenido en los programas. El tiempo presente, y muy especialmente en España, tolera el programa más avanzado. Todo depende del modo y del tono. Lo que España no tolera ni ha tolerado nunca es el «radicalismo» —es decir, el modo tajante de imponer un programa. Por muchas razones, pero entre ellas una que las resume todas. El radicalismo sólo es posible cuando hay un absoluto vencedor y un absoluto vencido. Sólo entonces puede aquél proceder perentoriamente y sin miramiento a operar sobre el cuerpo de éste. Pero es el caso que España —compárese su historia con cualquier otra— no acepta que haya ni absoluto vencedor ni absoluto vencido.

(... ) Pero en esta hora de nuestro destino acontece, además, que ni siquiera ha habido vencedores ni vencidos en sentido propio, por la sencilla razón de que no ha habido lucha, sino sólo conato de ella. Y es grotesco el aire triunfal de algunas gentes cuando pretenden fundar la ejecutividad de sus propósitos en la revolución. Mientras no se destierre de discursos y artículos esa «revolución» de que tanto se reclaman y que, como los impuestos en Roma, ha comenzado por no existir, la República, no habrá recobrado su tono limpio, su son de buena ley. Nada más ridículo que querer cobrar cómodamente una revolución que no nos ha hecho padecer ni nos ha costado duros y largos esfuerzos. Son muy pocos los que, de verdad, han sufrido por ella, y la escasez de su número subraya la inasistencia de los demás. Una cosa es respetar y venerar la noble energía con que algunos prepararon una revolución y otra suponer que ésta se ha ejecutado. Llamar revolución al cambio de régimen acontecido en España es la tergiversación más grave y desorientadora que puede cometerse. Lo digo así, taxativamente, porque es ya excesiva la tardanza de muchas gentes en reconocer su error, y no es cosa de que sigan confundidos lo ciegos con los que ven claro. Se hace urgentísima una división de actitudes para que cada cual lleve sobre sus hombros la responsabilidad que le corresponde y no se le cargue la ajena.

Las Cortes constituyentes deben ir sin vacilación a una reforma, pero sin radicalismo —esto es, sin violencia y arbitrariedad partidista. En un Estado sólidamente constituido pueden, sin riesgo último, comportarse los grupos con cierta dosis de espíritu propagandista; pero en una hora constituyente eso sería mortal. Significaría prisa por aprovechar el resquicio de una situación inestable, y el pueblo español acaba por escupir de sí a todo el que ‘se aprovecha’. Lo que ha desprestigiado más a la Monarquía fue que se «aprovechase» de los resortes del Poder público puestos en su mano. Una jornada magnífica como ésta, en que puede colocarse holgadamente y sin dejar la deuda de graves heridas y hondas acritudes, al pueblo español frente a su destino claro y abierto, puede ser anulada por la torpeza del propagandismo.

Yo confío en que los partidos (...) no pretenderán hacer triunfar a quemarropa, sin lentas y sólidas propagandas en el país, lo peculiar de sus programas. La falsa victoria que hoy, por un azar parlamentario, pudieran conseguir caería sobre la propia cabeza. La historia no se deja fácilmente sorprender. A veces lo finge, pero es para tragarse más absolutamente a los estupradores.

Una cantidad inmensa de españoles que colaboraron con el advenimiento de la República con su acción, con su voto o con lo que es más eficaz que todo esto, con su esperanza, se dicen ahora entre desasosegados y descontentos: ‘¡No es esto, no es esto!’

La República es una cosa. El ‘radicalismo’ es otra. Si no, al tiempo.

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El comunismo libertario. La utopía anarquista. Casas Viejas

En el mes de octubre de 1932 se había creado el Instituto de Reforma Agraria, más los créditos afectados eran mínimos y mínimo también el empuje reformista. Y, sin embargo, nadie desapasionado podía negar que el campo español necesitaba una sustancial reforma, bien planeada y potenciada económicamente.

La utopía del anarquismo crecía en España, contagiándose en algunas regiones, Andalucía y Extremadura principalmente, a las masas socialistas. El sueño delirante pedía el triunfo inmediato de una libertad sin límites, una libertad que repudiaba “el comunismo de convento, de cuartel, el montón o el rebaño, como en Rusia”.

El mes de Agosto de 1932 registraría algunos hechos revolucionarios, que se recrudecerían en los meses sucesivos con incendios de templos, quema de cosechas, asaltos sangrientos y huelgas, singularmente violentas en noviembre y diciembre, destacando por su gravedad la de los mineros en Asturias orquestada por los socialistas afectos al Sindicato respectivo. El paro creaba más paro y el Gobierno, en particular el ministro de Trabajo, Largo Caballero, veía como no se acataban sus órdenes y directrices y como sus obreros de la UGT amenazaban con pasarse a otros sectores proletarios.

En la Navidad de 1932, el número de obreros parados en toda España rebasaba el medio millón, mientras la depresión económica hacía sentir sus efectos en un terreno hasta entonces inmune: la popular lotería de Navidad, que registró el mayor número de devoluciones en su reciente historia.

El año 1933 comienza con la amenaza de un movimiento ácrata de carácter general. La revuelta estalla al atardecer del 8 de enero y en Madrid, Lérida y Barcelona se intenta asaltar los cuarteles, mientras que en otras localidades catalanas se producen choques violentos. Los desórdenes se correrán a Levante, Aragón, Asturias y Andalucía, encontrándose por todas partes depósitos de armas y explosivos.

La huelga revolucionaria organizada por la FAI estalló en muchos lugares el 8 de enero de 1933, pero el jefe del Gobierno, Manuel Azaña, y el ministro de la Gobernación, Santiago Casares Quiroga, habían comunicado órdenes de represión muy enérgicas al director general de Seguridad, Arturo Menéndez y la rebelión anarquista fue sofocada con docenas de muertos y heridos entre los revoltosos y la fuerza pública.

El día 11 de enero se proclama el comunismo libertario en la aldea-pedanía gaditana de Casas Viejas, perteneciente al municipio de Medina Sidonia, habitada por gentes míseras. Se aglutinaba, bajo una propaganda de odios, la desesperación y cólera de los braceros andaluces de vida miserable. Como es de rigor, los revolucionarios atacan a los guardias civiles locales, hiriendo a uno. Llegan en dos tandas más fuerzas de la Guardia Civil, doce números, y, además, de Asalto conjuntamente a las órdenes del teniente Gregorio Fernández Artal y se sofoca la sublevación, quedando insumisa, resistiendo a vida o muerte, una única vivienda, la de Curro Cruz, apodado Seisdedos. Un guardia de asalto se adelante y trata de parlamentar, siendo herido y arrastrado al interior de aquélla, donde queda prisionero. Durante la noche se incrementa la fuerza, entrando en Casas Viejas a las dos de la madrugada, completa, una compañía de Asalto, al mando del capitán Manuel Rojas. Nuevo parlamento sin resultado y al final el incendio de la choza con sus ocupantes dentro, resultando muertos el Seisdedos, Curro Cruz, y todo su clan salvo un nieto y una nieta que lograron escapar. Ya de día se detiene a todos los sospechosos del pueblo, siendo llevados ante los cadáveres calcinados entre los que figura el guardia de asalto que fue hecho prisionero. Hay noticias de que en los montes próximos se encuentran, al parecer esperando, hasta 400 ó 500 hombres armados y decidios a todo, y que se proyecta una marcha sobre Jerez de la Frontera. El nerviosismo y un gesto insólito de uno de los detenidos ocasiona el fusilamiento inmediato y a quemarropa, entre las ruinas, de catorce extremistas. Habían sido heridos cuatro guardias de asalto.

El Gobierno reconoce un total de diecinueve revoltosos muertos, un guardia de asalto muerto y varios heridos entre la fuerza pública. Azaña justifica posteriormente la represión para impedir u levantamiento general de la región, pero no asume el dictado de las órdenes.

Es el drama anarquista de Casas Viejas que traerá incalculables consecuencias para Azaña y su gabinete. La sentencia que se firma el 28 de mayo de 1934 y que pone fin a la causa correspondiente da por probada la orden verbal, venida de algún escalón del Gobierno, de que nos e hiciesen ni heridos ni prisioneros y que se matase a cuantos habían hecho fuego contra la fuerza pública.

* * *

Casas Viejas descubrió lo que muchos negaban o ignoraban. Para ocultarlo el Gobierno republicano-socialista trató de envolver el suceso en una espesa niebla de ambigüedad, pero en el Parlamento se vio atacado por la fuerte oposición de grupos y personalidades republicanas que pronunciaron algunos discursos demoledores.

Así, el del radical-socialista Eduardo Ortega y Gasset, señalando que después de dos años “la República había dejado a los campesinos sin campo y a  los jornaleros sin jornal, en situación de hambre y desesperación.” O el de Alejandro Lerroux señalando que el fracaso gubernamental había sido “económico, social y político”, y como consecuencia de ello el Partido Radical se veía en el doloroso trance de anunciar la decisión inquebrantable de “acudir a todos los medios reglamentarios para imposibilitar la obra de Gobierno”.

Frente a los opositores, Azaña se mostró desdeñoso: “En Casas Viejas no ha ocurrido sino lo que tenía que ocurrir”.

Calmado momentáneamente el vendaval, la visita de una comisión de parlamentarios a la aldea trágica avivó el fuego de modo espectacular, con renovados ataques al Gobierno. “No es posible que la República siga con esta mancha encima” (Salvador Sediles, sindicalista); “Para mí, un pequeño espacio del banco azul está manchado de sangre” (José Algora, socialista); “Casas Viejas es un Annual político; es el fracaso del sistema” (general Manuel Fanjul); “Creo que hay algo peor que el que el régimen se pierda, y es que caiga enlodado, maldecido de la Historia, entre vergüenza y lágrimas de sangre” (Diego Martínez Barrio, radical, maestro en la iniciación masónica de Manuel Azaña). Y desde la literatura, con la obra de Ramón J. Sender Viaje a la aldea del crimen.

El 16 de marzo podía darse por terminado el largo y violento debate. Azaña remarcó ese día que no había para el Gobierno “ni asomo de responsabilidad criminal” y que en lo tocante a la responsabilidad política se negaba a aceptar cualquier debate. Pero no bastaba con negarlo todo para borrar lo que ya era imborrable.

El terrible y gubernamentalmente encubierto episodio de Casas Viejas, al sumarse al informe del Fiscal General de la República, que señalaba una espiral creciente de delitos y a las protestas de las asociaciones de empresarios revelando las listas de asesinatos, produjo el desprestigio de la República.

La situación general haría escribir a Miguel de Unamuno: “Nos han tupido de rencores el lecho de la Patria”.

(Boletín de Información CNT-FAI, número 193. Joaquín Arrarás, Historia de la Segunda República Española, tomo II, pp. 81 y ss., pp. 87 y ss. José María García Escudero, Historia política de las dos Españas, tomo II, pp. 1082 y ss. Josep Pla, Historia de la Segunda República Española, tomo II, pp. 188 y ss. Ricardo de la Cierva, Historia de la Guerra Civil Española, p.241 e Historia actualizada de la Segunda República y la Guerra de España (1931-1939), pp. 57 y 58. Manuel Azaña, Obras Completas, tomo IV, pp. 448 y ss. Luis Suárez Fernández, Franco, crónica de un tiempo, p. 210. Diario Ahora, Madrid, número de 28-IV-33.

En el libro de Joaquín Arrarás, Historia de la Segunda República Española, figura el acta redactada por los cinco capitanes de asalto y la declaración del capitán Rojas, responsable directo de lo ocurrido en Casas Viejas).

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Casas Viejas y el Gobierno republicano-socialista en la memoria de Manuel Azaña

(Manuel Azaña, Diarios 1932-1933).

“Por la mañana también, y antes de salir yo al despacho, había venido Casares [Santiago Casares Quiroga], que me contó la conclusión de la rebeldía en Casas Viejas, de Cádiz. Han hecho una carnicería, con bajas en los dos bandos.” Página 134.

“Leo al Consejo [de ministros] cartas poco tranquilizadoras sobre la situación de los campesinos en la provincia de Cáceres. Coinciden con lo que Casares ha dicho repetidas veces al Consejo. Domingo dice que ha enviado más ingenieros agrónomos a Cáceres para el laboreo forzoso de tierras y reparto de fincas. Tengo la impresión de que también por aquí va a fallar la actividad de su ministerio.

”Casares nos habla del orden público. Todo está ya tranquilo. Algunos periódicos empiezan a decir que el Gobierno se excede (¿) en la represión. El Socialista [periódico, uno de los órganos de comunicación del PSOE] trae un artículo, en el galimatías que usa Zugazagoitia, tomando posiciones sobre el particular. No piensan lo mismo sus ministros, en particular Prieto.

”Fernando de los Ríos me dice que lo ocurrido en Casas Viejas es muy necesario, dada la situación del campo andaluz y los antecedentes anarquistas de la provincia de Cádiz. Por su parte, Largo Caballero declara que mientras dura la refriega, el rigor es inexcusable.” Página 136.

“Resulta, según he sabido hoy, que al Consejo del otro día se le daba gran importancia política, porque los ‘enterados’ suponían que iba a surgir la crisis. Decían que no todos los ministros estaban de acuerdo con el empleo de la fuerza para sofocar lo de Casas Viejas, y hasta apuntaban una discrepancia con los socialistas. La gente ve visiones.

”Hoy me ha contado Luis Bello que un redactor de Luz, íntimo de don José Ortega, le ha acosado a preguntas, que partían también de aquel supuesto.” Página 137.

“Comida en casa de Margarita Xirgu. Después la llevo a La Quinta. En el camino se pone a nevar furiosamente. En La Quinta, despejada ya la tarde, hace un frío duro; con viento. Vuelvo al ministerio. Esplá me trae el informe reservado hecho por el teniente coronel Romeu sobre lo de Casas Viejas. Negras noticias. Esplá cree que en el informe hay animosidad del guardia civil contra los guardias de asalto. Acordamos enviar al juez los partes que tenemos, y los discursos pronunciados e el Congreso por los diputados de oposición, como base de nuevas investigaciones.” Página 180.

“Por la tarde debate sobre lo de Casas Viejas. Arremetida del grupo extremista (¿) que se ha entretenido en pasear cadáveres por el salón de sesiones. Alianza de Rodrigo Soriano y el general Fanjul; de republicanos que se llaman revolucionarios y de monárquicos.

”Exhiben una larga serie de horrores, y a cada uno que cuentan, Maura [Miguel] hace grandes aspavientos de asombro y de indignación. La pretensión de estos buenos señores es que el Gobierno autorizó los excesos cometidos en Casas Viejas, y que en 1.º de febrero, cuando se habló de ello en las Cortes, yo los conocía, y engañé al Gobierno y a la mayoría.

”La sesión ha sido un espectáculo repugnante. Vorazmente se han arrojado sobre la sangre, la han revuelto, nos han querido manchar con ella. Los radicales, sobre todo, han mostrado una saña terrible. A mí, ha concluido por levantárseme el estómago, descubriendo la podredumbre que hay bajo esta maniobra, y me he marchado del salón, porque no podía más. En los pasillos, en un corro de amigos, he desfogado mi indignación, y estaban muy sorprendidos de verme por primera vez enfadado. Yo no tengo obligación de aguantar, por ningún motivo, que se me acuse en las Cortes de engañar a mis compañeros y a los diputados. Esto no tengo obligación de aguantarlo. La conversación ha contribuido a calmarme. Es odioso tener que estar aguantando impasible en el banco azul los hipócritas clamores de unas gentes que sólo buscan la caza del Gobierno o hacer daño a la República. Si fuesen desinteresados y justos se contentarían con cooperar al restablecimiento de la verdad; y después, castigar al que haya faltado. Pero no es eso lo que les importa.

”Mi primer discurso ha producido buena impresión, y parece que ha convencido a las gentes de la buena fe del Gobierno. Martínez Barrio [Diego] ha cometido la perfidia de argumentar de este modo: ‘El Presidente del Consejo dijo en 1.º de febrero que en Casas Viejas había ocurrido lo que tenía que ocurrir; se demuestra que se ha fusilado a unos prisioneros; luego al Presidente le parece normal esta atrocidad’. (Esta conclusión quedaba sobreentendida, aunque casi patente). He replicado sobreponiéndome a mi asco y al dolor de vernos injuriados de tal modo. No desconozco que el relato de los sucesos nos deprime, y que la depresión nos perjudica.” Página 186.

“Casi todos estos señores [diputados del partido Radical-Socialista], cuando hice el discurso de Santander proponiendo la Federación de izquierdas, aparentaron disgustarse, alegando que la Federación podía ser el camino de la ruptura con los socialistas, de los cuales se creen hermanos entrañables; e hicieron todo lo posible porque la Federación fracasara; y casi lo han conseguido. Pero ahora, estos que ponían el veto a los radicales y se apegaban a los socialistas, censuran mi discurso del Frontón, y entablan negociaciones con los propios radicales. Tal hace el señor Gordón, que pretende presidir un Gobierno. Le secundan Valera y Feced, directores generales, como Gordón, en el ministerio que rige (¿) Domingo. Parece ser que el desgaste causado al Gobierno por los debates sobre lo de Casas Viejas, les brinda la ocasión de consumar sus planes.” Páginas 188 y 189.

“En el Consejo de hoy hemos examinado otra vez la situación. Les digo que yo no puedo ir a una batalla sintiéndome vencido de antemano. Estoy pronto a resistir, si el Gobierno quiere, y no me marcharé ni por lo de Casas Viejas ni por la obstrucción. “ Página 191.

“Continúan las averiguaciones sobre el acta suscrita por unos capitanes de guardias de asalto. Anoche, a las once, tuve aquí a los dos Menéndez. El director de Seguridad me confirma que el acta existía y que la suscriben cinco capitanes. Me dijo que se proponía hacerse con el original y quemarlo. Se lo prohibí.  ‘No haga usted tal disparate. Esa acta comenzaría a ser temible en cuanto la hiciera usted desaparecer.’ Lo ordeno que llame a los firmantes y los interrogue, recogiendo sus declaraciones por escrito, y les pida el documento, para unirlo a las diligencias. Que llame también a declarar a todos los jefes y a los demás oficiales del cuerpo que estén en Madrid, y que de todo ello haga un expediente y me lo traiga.

”También anoche, después de irse Menéndez, vino Saravia, ya tarde, y me contó que el capitán Rojas, cuñado suyo, que es quien mandaba en Casas Viejas, ha ido a decirle que unos capitanes le habían invitado a suscribir el acta y él se había negado. Saravia, discretamente, me insinuó que Rojas se quejaba de que habían querido sobornarle. Esto me produjo alarma, que recaía sobre otra anterior. Hace dos o tres días le dije yo a Saravia que esperaba que el capitán Rojas no perdería la cabeza y tendría serenidad bastante para exculparse, si no tiene culpa, o para sufrir las consecuencias, si la tiene. Saravia me dijo que encontraba a su cuñado absolutamente tranquilo, que negaba siempre lo que se viene diciendo respecto de los fusilamientos de prisioneros, y que estaba pronto (Rojas) a demostrarlo así, y a comparecer ante quien fuese necesario. En esta conversación le pregunté dónde estaba Rojas, y me respondió que en Sevilla, adonde había ido enviado por Menéndez para hablar con el teniente Artal, otro de los que estuvieron en Casas Viejas, que se hallaba muy decaído. Al ver a Menéndez le dije: ‘¿Dónde está Rojas?’. ‘No sé; ha salido de Madrid para asuntos particulares.’

”—¿Pero usted no sabe dónde puede estar? ¿No le encargué a usted que no le perdiera de vista?

”—Creo que debe estar en Sevilla —repuso.

”—Inmediatamente telefonea usted al gobernador para que busque a Rojas y tome el tren esta misma noche, y si el tren ha salido que le ponga en un automóvil.

”Cuando Menéndez vino a darme cuenta de sus primeras averiguaciones sobre el acta de los capitanes, me dijo además que Rojas ya estaba en camino de Madrid, y que la orden de regreso le había alcanzado en el tren. Esta aparente ignorancia de Menéndez respecto al viaje de Rojas a Sevilla me extrañó mucho, y la extrañeza creció hasta la sospecha cuando Saravia me dijo veladamente lo del intento de soborno de que se quejaba su cuñado.

”Igualmente anoche llamé al gobernador de Cádiz insistiendo en que buscase el rastro de las órdenes que se hubieran circulado entre Madrid y Cádiz y entre Cádiz y Casas Viejas el 11 y el 12 de enero. El gobernador (que tuvo en Casas Viejas un emisario, no sé si delegado u observador, el 11 y el 12 de enero, y que no ha dicho esta boca es mía) me contestó que todas las órdenes se dieron por teléfono, y que acaso alguna haya ido por el telégrafo, de la cual buscara los antecedentes.” Páginas 193 y 194.

”Hoy, después de comer, he hablado con el gobernador de Cádiz. Me ha dictado el texto del recado telegráfico pasado de Cádiz (a Casas Viejas) digo a Medina. No tiene nada de reprensible.

”Cortes. Paz en el salón de sesiones. Hervor en los pasillos. Lo del acta ha trascendido. Dicen que el original lo tiene Guerra del Río, y que se lo ha dado a leer a varios diputados. Unos temen, otros esperan un gran escándalo. El caso tiene todos los requisitos para que esta politiquería gárrula se encrespe y aún se asuste: militares en danza, documentos secretos, amenazas... Les he leído a Largo y a Prieto lo que resulta de la información, que deja reducido a nada el valor del acta, como prueba contra el Gobierno, y descubre su verdadero valor de artería política.

”En esto llegó Galarza. Se han reunido otra vez los radicales-socialistas. Dice Galarza que hay una fuerte reacción contra Gordón Ordás. Gordón quiere unirse a los radicales, y que se forme un Gobierno, ¡presidido por él!, con todos los grupos republicanos y los socialistas. Dice por ahí Gordón, y ha salido en algún periódico, que yo soy un político ‘frívolo y audaz’. He cometido una falta en eso de Casas Viejas, y es preciso imponerme una sanción; pero no tan fuerte como para recluirme en mi casa, y se me consentirá seguir siendo el ministro de la Guerra. Por su parte, otro diputado radical-socialista, Ballester, que fue romanonista, afirma que su partido no está para engordar a ningún personaje.” Página 195.

“En vista del giro que toma lo del acta y de las informaciones raras que me llegan, he resuelto llamar al capitán Rojas, que mandaba las fuerzas en Casas Viejas, e interrogarle personalmente. Este caso es peligroso, por el modo de ser de tales gentes y por la malicia general; cualquiera puede adivinar lo que son capaces de suponer acerca de esta entrevista si se divulgase. Rojas ha venido esta noche a las once. Le he recibido en mi despacho. No le había visto nunca. Su aspecto no predispone a favor suyo; la hechura de la cabeza no delata al hombre inteligente. Yo tengo la copia de la declaración, o más bien informe, dado por Rojas al director general sobre los hechos de Casas Viejas; en su escrito, Rojas niega que recibiese órdenes monstruosas y niega también que se fusilase a nadie. Tengo asimismo la información practicada por lo del acta, que me ha traído Menéndez, aunque no terminada, pero en la cual consta la declaración de Rojas, diciendo que supo lo del acta por referencias, y que estando acuartelado en Pontejos, no recibió ninguna orden especial. Si algo me llamaba la atención, dado el papel que había desempeñado este hombre, era la extrema concisión de su testimonio.

”Basado en tales antecedentes, le pregunté primero el origen del acta y su participación en ella. Me dijo: que el había prometido hacerse responsable de todo lo ocurrido en Casas Viejas, y dado su palabra de honor, y que cuando le piden un favor y lo promete, sacrifica hasta la cabeza, si es preciso.  Que fue a Sevilla hace unos días, por encargo de Menéndez, para hablar con el teniente Artal, que estaba muy decaído; que en el tren, de regreso, un  agente de policía le preguntó quién era y se cercioró de su identidad (probablemente, esto se debió a mi orden de hacer regresar inmediatamente a Rojas); que en la estación de Madrid le esperaba el secretario del director general, que le llevó a un café, y allí le exhortó a ser hombre y le insinuó la conveniencia de que hiciese un viaje y hasta le habló de dinero; que esta gestión del secretario de Menéndez le indignó mucho, y le hizo cambiar de actitud; que no sabe cómo sus compañeros, los capitanes de Madrid, se enteraron de que él estaba dispuesto a hacerse responsable de todo, y fueron a decirle que no lo consentían, que no hiciese el tonto, y que por favorecer a otros no debía manchar el honor del cuerpo; que él se negó al punto a secundarlos; le dijeron también que habían consultado el caso con Lerroux, y les había aconsejado que pusieran sus manifestaciones por escrito; que por esta razón los cinco capitanes suscribieron el documento en que declaran haber recibido de sus jefes la orden de no hacer heridos ni prisioneros; que suscrita el acta, siguió negándose a firmarla; pero que lo intentado por el secretario del director, y el haber pretendido en la dirección que contradijese terminantemente en la información practicada los asertos de los cinco capitanes, le han decidido a cambiar de conducta; que ha resuelto ‘irse con los capitanes’, es decir, declarar que, en efecto, hubo la orden de no hacer heridos ni prisioneros.” Página 195.

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Alternativa entre la revolución del Frente Popular o el restablecimiento del orden con ayuda del Ejército

Carta del Capitán General de Canarias, Francisco Franco Bahamonde al Presidente del Gobierno y ministro de la Guerra, Santiago Casares Quiroga, fechada el 23 de junio de 1936.

Extracto en 10 párrafos:

“Es tan grave el estado de inquietud que, en el ánimo de la oficialidad, parecen producir las últimas medidas militares, que contraería una grave responsabilidad y faltaría a la lealtad debida si no le hiciese presente mis impresiones sobre el momento castrense y los peligros que para la disciplina del Ejército tiene la falta de interior satisfacción y el estado de inquietud moral y material que se percibe, sin palmaria exteriorización, en los cuerpos de oficiales y suboficiales.

”Las recientes disposiciones, que reintegran al Ejército a los jefes y oficiales sentenciados en Cataluña, y la más moderna de destinos, antes de antigüedad y hoy dejados al arbitrio ministerial, que desde el movimiento militar de 1917 no se había alterado, así como los recientes relevos, han despertado la inquietud de la gran mayoría del Ejército.

”Las noticias de los incidentes de Alcalá de Henares, con sus antecedentes de provocaciones y agresiones por parte de elementos extremistas, concatenados con el cambio de guarniciones, que produce, sin duda, un sentimiento de disgusto, desgraciada y torpemente exteriorizado en momentos de ofuscación, que interpretado en forma de delito colectivo tuvo gravísimas consecuencias para los jefes y oficiales que en tales hechos participaron, ocasionando dolor y sentimiento a toda la colectividad militar; todo esto, excelentísimo señor, pone aparentemente de manifiesto la información deficiente que acaso en este aspecto debe llegar a V.E., o el desconocimiento que los elementos colaboradores militares pueden tener de los problemas íntimos y morales de la colectividad militar.

”No desearía que esta carta pudiera menoscabar el buen nombre que poseen quienes en el orden militar le informan o aconsejan, que pueden pecar por ignorancia; pero sí me permito asegurar, con la responsabilidad de mi empleo y la seriedad de mi historia, que las disposiciones publicadas permiten apreciar que los informes que las motivaron se apartan de la realidad y son algunas veces contrarias a los intereses patrios presentando al Ejército bajo vuestra vista con unas características y vicios alejados de la realidad.

”Han sido recientemente apartados de sus mandos y destinos jefes en su mayoría de historial brillante y de elevado concepto en el Ejército, otorgándose sus puestos así como aquellos de más distinción y confianza a quienes, en general, están calificados por el noventa por ciento de sus compañeros como más pobres en virtudes.

”No se sienten ni son más leales a las instituciones los que se acercan a adularlas y a cobrar la cuenta de serviles colaboraciones, pues los mismos se destacaron en los años pasados, con Dictadura y Monarquía. Faltan a la verdad quienes le presentan al Ejército como desafecto a la República; le engañan quienes simulan complots a la medida de sus turbias pasiones; prestan un desdichado servicio a la Patria quienes disfrazan la inquietud, dignidad y patriotismo de la oficialidad, haciéndolas aparecer como símbolos de conspiración y desafecto.

”De la falta de ecuanimidad y justicia de los poderes públicos en la administración del Ejército en el año 1917 surgieron las Juntas Militares de Defensa. Hoy pudiera decirse virtualmente, en un plano anímico, que las Juntas Militares están hechas. Los escritos que clandestinamente aparecen con las iniciales UME y UMRA, son síntomas fehacientes de su existencia y heraldo de futuras luchas civiles si no se acude a evitarlo, cosa que considero fácil con medidas de consideración, ecuanimidad y justicia. Aquel movimiento de indisciplina colectiva de 1917, motivado en gran parte por el favoritismo y arbitrariedad en la cuestión de destinos, fue producido en condiciones semejantes, aunque en peor grado que las que hoy se sienten en los Cuerpos de Ejército.

”No le oculto a V.E. el peligro que encierra este estado de conciencia colectiva en los momentos presentes en que se unen las inquietudes profesionales con aquellas otras de todo buen español ante los graves problemas de la Patria. Apartado muchas millas de la Península, no dejan de llegar hasta aquí noticias, por distintos conductos, que acusan que este estado que aquí se aprecia, existe igualmente, tal vez en mayor grado, en las guarniciones peninsulares e incluso entre todas las fuerzas militares de orden público.

”Conocedor de la disciplina, a cuyo estudio me he dedicado muchos años, puedo asegurarle que es tal el espíritu de justicia que impera en los cuadros militares que cualquier medida de violencia no justificada, produce efectos contraproducentes en la masa general de las colectividades al sentirse a merced de actuaciones anónimas y de calumniosas delaciones.

”Considero un deber hacer llegar a su conocimiento lo que creo una gravedad grande para la disciplina militar, que V.E. puede fácilmente comprobar si personalmente se informa de aquellos generales y jefes de cuerpo que, exentos de pasiones políticas, viven en contacto y se preocupan de los problemas íntimos y del sentir de sus subordinados.”

Santiago Casares Quiroga dejó sin respuesta la carta. Consideraba a Francisco Franco Bahamonde como un enemigo y, tras los tormentosos escarceos con Largo Caballero, líder socialista vinculado a la Komintern, había decidido no oponerse a la progresión revolucionaria del socialismo.

(Luis Suárez Fernández, Franco, crónica de un tiempo, pp. 304 y 305. Ricardo de la Cierva y Hoces, Francisco Franco, tomo I, p. 430).

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(Seguirá)

 

 

 

Pugna de legitimidades

Por Miguel Ángel Olmedo

Viernes, 12 de febrero de 2010

Someto a la consideración del lector unas observaciones que tienden a esbozar el panorama que asoma en los medios, en las camarillas y en los cenáculos, todavía indeciso y controvertido por la trascendencia; y por si, de una vez, se sienta un precedente decoroso.

Bajan turbias las aguas subterráneas; pero bajan. En la judicatura, sección Audiencia Nacional, gorjea el canto del cisne. En la judicatura, sección Consejo General del Poder Judicial, zurea el tentarse la ropa; en la judicatura, sección ministerio de Justicia (otrora Gracia y Justicia), salpica la barba remojada. Revueltas bajan las aguas; pero bajan.

¿Conflicto de intereses? Sí. Dicho en romance: conflicto entre legalidad y legitimidad. Afinando la puntería: conflicto entre la dualidad inextricable legalidad-legitimidad socialista (hipócrita-progresista) y la que debiera ser inextricable dualidad legalidad-legitimidad del Estado de Derecho. ¿Conflicto de intereses? Sí, los de la casta, sección socialista, contra los de la ley positiva.

El muñeco de feria es, a todas luces, un político infiltrado en la judicatura cuya estrella fenece en los ámbitos que alumbraba a voluntad y codicia. ¿Se dará el caso de separar de sus funciones, siquiera cautelarmente, a un ejerciente prevaricador? Puede. Algo se mueve en la charca de aguas pestilentes, corrompidas, estancadas. Algo se desliza en descenso bajo la superficie. ¿Ha llegado por fin el momento de ventilar salas, dependencias y togas? Puede.

Ha estallado la contienda. Por una parte los que desean liberarse del influjo recalcitrantemente político; por otra, irreductibles hasta nueva orden política, los que esgrimen corporativismos y temores al precedente, entre otros alegatos proclives a la causa. La legalidad política —qué contradicción en los términos— se resiste a ceder plaza tan suculenta; la legalidad positiva, aunque tímida, expone los argumentos del Derecho acompañados de la orquesta nacional de la seguridad jurídica. ¿Es una guerra declarada? Tal vez.

Pleitos tengas y los ganes, reza una sentencia, incisiva y jocosa pese al realismo, inherente a la acción judicial. Pleitos no le faltan al juez imputado, pruebas en su contra tampoco. ¿Aceptará la cuerda política el desamarrar a quien fuera su icono? ¿Temerá la casta política la presumible venganza: memento los GAL? La venganza cabe, pero los instrumentos para ejecutarla es posible que corran aguas abajo hasta otro destino hoy por hoy ignoto.

A la vista está que la pugna es un hecho; luego, algo se mueve y eso da para una satisfacción en taza. Mi enhorabuena y agradecimiento a los demandantes.

 

 

 

Amigos tengas y lo demuestren

Por Miguel Ángel Olmedo

Jueves, 4 de febrero de 2010

Mal trago el que pasan los mentirosos cuando se descubre el engaño. No obstante pasajero, pues la capacidad de recuperación de los falsarios es directamente proporcional a la ambición que demuestran a diario por asentarse en las poltronas, vanidades adjuntas.

Lo que era un hecho ahora es un desecho (sin hache intercalada, de desechar); el excelso invitado declina asistir a la gala de los serviles ofreciendo el perfil del menosprecio. Otro desaire para los cultivadores de ínfulas. Pero sin apenas repercusión en el componente social, que hasta el mejor escribiente echa un borrón.

El presidente de los Estados Unidos de América tiene asuntos de mayor calado que el pasearse en olor de multitudes —¿cuántas veces van?— por la descompuesta Europa que hiede a podrido. ¿Por qué será? Pues a nadie amarga un dulce, y si es un baño de gloria sobrevenida e imaginada por las mentes calculadoras, medrosas y envidiosas de los “aliados”, mejor que mejor. Al césar redivivo lo que es del césar entronado.

Parece ser que el partido político que ha generado y sustenta al inquilino de la Casa Blanca, ha visto las orejas al lobo al doblar la esquina de la luna de miel; el aclamado mesías de tez mulata y de medio origen islámico, la esperanza universal para la paz perpetua y el bienestar a raudales, pierde elección tras elección desde el 20 de enero de 2009. Precisamente donde fue elegido. Porque donde no fue elegido mantiene la condición de paladín de lo anteriormente señalado. Pero donde fue elegido el impulso ha cesado y cedido terreno al realismo más realista: esto se hunde.

Menos frivolidad, menos alardes y más esfuerzo para satisfacer al votante, proclaman los asesores presidenciales, exclaman los asesores del Partido Demócrata lamiéndose las heridas por las pérdidas constantes y sonantes.

* * *

Queda a los desairados el consuelo de la oración. Frase pintiparada en estos momentos y en estas circunstancias que incitan a la risa, al sarcasmo, a la carcajada, a la burla y a la punzante mordacidad.

Ora et labora, regla benedictina. Convocado el presidente de aquí a un desayuno de oración por el presidente de allá. El adorado reclama la presencia del adorador ajustando el protocolo al escarnio.

No quieres caldo, toma tres tazas; reniegas de Dios, de la familia, de los principios y los valores, toma para el pelo y ríe cuando asomen las cámaras.

Para compadecerse del infeliz arrendatario de la Moncloa. Entre su ejército de asesores, correveidiles, criados y aspirantes a guarecerse a la sombra del poder político, entre la caterva de cargos socialistas, tan bien pagados ellos, tan exentos de devolver los créditos ellos, alguno habrá que le diga, aproximándose a la oreja del embelesado, que con amigos así no hacen falta enemigos.

Vamos, que lo del presidente de los Estados Unidos de América y asesores si es una tarea de oposición y no lo que por estos pagos se aduce como tal.

* * *

Imagino que menudearán los ofrecimientos al de la Casa Blanca por parte del de la Moncloa (y del de la Zarzuela si se lo piden y pagan) para que reconsidere su posición-actitud. Si hace falta se envían tropas de reemplazo a Afganistán; si hace falta no una, sino tres bases aéreas se habilitan en España para la USAF; si es preciso se vacían las arcas de la Seguridad Social para satisfacer el menor capricho del nóbel de la paz disponiendo conferencias, encuentros y alianzas por doquier. Todo por la causa.

Pero de momento a rezar. El acontecimiento-invocación denominado (¿bautizado?) desayuno de oración evoca a nuestros místicos, Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz; personalidades eximias del pensamiento y la espiritualidad. ¿Las traerá a colación el socialista? Ya puestos a integrarse en los hábitos estadounidenses, ya puestos a condescender con sus tradiciones y a admitir la esencia del pueblo anfitrión, lo oportuno e inteligente es aportar lo mejor de cada casa.

Es una sugerencia sin recorrido; en lugar de los citados al desayuno de oración acuden, vaya usted a saber bajo que encomienda, tres elementos de la política mediática, tres: el director del diario El Mundo, el consejero delegado de una organización empresarial desmembrada y en quiebra llamada PRISA y un democristiano portavoz de coalición nacionalista con afanes ministeriales desde la pubertad.

Un cuadro tétrico que firmaría Francisco de Goya y Lucientes.

* * *

Con amigos así no hacen falta enemigos, ¿verdad Manuel Pizarro?

* * *

Doña Esperanza: a los indeseables se les califica de tal, sin necesidad a recurrir a ordinarieces. A ver si aprendemos a expresarnos con propiedad haya o no micrófonos delatores.

 

 

 

Los bandazos a la carta

Por Miguel Ángel Olmedo

Jueves, 28 de enero de 2010

La aventura personal es un concepto que trasciende del ámbito privado para acomodarse, apartando y eliminando sin miramientos o concesiones de régimen interior, en la esfera pública sin solución de continuidad ni frontera en la que distinguir dónde acaba la devoción y dónde empieza la ambición.

La aventura personal es una idealización del espíritu de superación adscrito a la ética, a la dignidad, a la honradez y a la moral; históricamente comprendida en el marco de las legítimas y nobles aspiraciones de la persona.

Sobres las vocaciones políticas he escrito en diversas ocasiones y bajo diferentes prismas, pues ellas son argumento recurrente que consume y provoca a la par cuantos análisis se las destine. La última —tal vez sea la penúltima— me lleva a reflexionar, sin exceso, acerca de la equivalencia entre la vocación, démosle ese calificativo, y la aventura. La una se confunde con la otra y viceversa, en mi modesta opinión, tan a menudo que cabe pensar que en esos abundantes casos, públicos y notorios a poco que se sometan a juicio, la noción es una y la misma para ambas.

Asusta e incluso sobrecoge, de tener esa capacidad sentimental, el repaso, nada exhaustivo, de dimes y diretes en el panorama político. Me refiero al que prolifera en España, aunque pudiera convalidarse allende lo de aquende.

Un amigo de esos que el tiempo lo confirma, me cuenta y no para la enumeración de contradicciones, añagazas semánticas, disimulos o directamente cambios de parecer, de ayer a hoy como quien dice, proliferando en el erial que están dejando tantas vanidades en contienda. No siendo lo peor la vanidad, sino ella originada por la mediocridad y la estulticia institucionalizada. Para sumirse en la desesperanza una vez superado el desconcierto y su pariente el desencanto.

La observación rigurosa y exenta de tonalidades piadosas conduce a un apartamiento voluntario y a la denuncia sin paliativos del mejunje político condimentado en una caldera de nigromante.

Me pregunto, retóricamente: ¿dónde queda la sensatez, incluso la cordura? No me pregunto, por innecesario, dónde moran la decencia y la sinceridad, porque la respuesta la emite una voz afónica.

En una sesera no maleada ni prostituida por el presupuesto estatal, nacional, autonómico, regional o local, ni avenida a esas componendas que logran desvirtuar hasta la virtud del virtuoso, no recalan las intrigas, las maniobras, las avaricias, la infamia o la mentira, pues ya andan completas de relleno humano como para adquirir inercias y tendencias que deben desalojar a los actuales inquilinos, de grado o por fuerza, antes de ocupar el territorio con mando en plaza y carta de naturaleza para extralimitaciones varias.

Parece ser que para actuar como los que gobiernan o aspiran a gobernar en alternancia de roles y poco más, muy poco más, lo principal es no creer en nada, arrimarse al sol que se supone más calienta, adosarse capas de aislante, renunciar a la conciencia si la hubo en alguna época, eludir las explicaciones aclaratorias por razones obvias y no dimitir por nada.

Y que digan los que no cuentan, quién ha de tomarlos en serio, o los que por mor del espectáculo critican las actitudes que ejercen antes y después del intermedio; esos están en el juego.

Triste escenario se contempla desde el patio de butacas. Es un decir, ya que la entrada a la función es discrecional y usted o yo no estamos invitados ni figuramos en lista de privilegiados alguna. Probablemente porque ni usted ni yo comulgamos con ruedas de molino, y eso de aceptar que por la mañana se diga lo que el comunicado vespertino desdice y la madrugada ni afirma ni niega sino todo lo contrario, según la posición geográfica, según la posición jerárquica, según la posición mediática, según la posición ideológica, en suma, según la conveniencia, es cosa que nos repugna y denunciamos a sabiendas de lo estéril de nuestro empeño. 

 

 

 

Una versión de los reflejos condicionados

Por Miguel Ángel Olmedo

Viernes, 22 de enero de 2010

Están a la que surge la mayoría de los políticos sin distinción de sexo, de siglas, de procedencia o destino. Asoma un instrumento captador de retratos y miméticamente aflora una sonrisa o un esbozo más o menos experimentado de sonrisa en el público objetivo; o un amago de sonrisa que pretende dar a entender que es una sonrisa de proximidad o una mueca que se asemeja a la definición de sonrisa; o a una risa derivada de la protocolaria sonrisa.

—Sonría, ande; no se prive.

—Haga el favor de no darles carrete.

—Si es por seguir el juego; no se lo tome usted en serio.

—Mejor sería aplicarles un correctivo, un purgante.

Cada vez más estos productos de telegenia tienden al ridículo y al fuera de lugar, sin ser conscientes de su aspecto, el continente, ni de su vaciedad en el contenido. Lo importante es la imagen: una imagen cordial, afectuosa, simpática, cercana, dispensadora de confianza. Lo importante es, primero, que haya fotografía; segundo, salir en la fotografía; tercero, transmitir la imagen que supuestamente desea recibir el destinatario.

Antes (que el lector establezca la época), el cargo público que fuera debía ofrecer a la sociedad una imagen sería, digna, laboriosa e inteligente, brotando espontáneamente las cualidades exigibles a los responsables de la política; y de esa manera casi solemne, casi distante, casi paternalista, la sensación de los destinatarios era acorde con la importancia de la misión ejercida por el personaje y, además, producía una impresión de familiaridad. Antes, según los testimonios, el cargo público tenía mayor conciencia de sus obligaciones, de sus atribuciones, de sus condicionantes y de la fuente de su estatus que ahora.

La Administración, al parecer, se ha soltado el pelo, y entre hacer y deshacer, obedientes al reflejo condicionado, dicen una cosa y hacen lo contrario o lo que les conviene para dar satisfacción a la prepotencia mediática.

Con ello, la chispa del individuo —que hay individuos con gracia, con salero, con don de gentes—, es un remedo de caricatura; burda pantomima, zafia escenificación para consumo de una multitud dócil, espectral. Para consumo de una masa tan entregada a la resignación, vulgo conformismo, que acepta sin estupor las normas y las consignas asestadas, jovialmente envueltas en sonrisa, que la conducen al desolladero.

Sin reacción a la vista; con lo que perjudica a la salud, física y mental, la hipocresía.

—Le voy a decir algo que no quiero callarme.

—Suéltelo.

—Una sociedad inteligente no requiere de políticos.

Un aforismo.

—Algo más voy a decirle.

—Soy todo oídos.

Cada vez algunos políticos, harto envanecidos, y esos personajillos públicos, harto estomagantes, se parecen más a sus imitadores y a sus caricaturas.

Una constatación.

 

 

 

Una alternativa racional y efectiva

Por Miguel Ángel Olmedo

Jueves, 14 de enero de 2010

Confundir interesada, perversamente, el sentido de la práctica democrática con la emisión de votos en urnas transparentes según un aleatorio calendario electoral, revela el grado de descomposición sociopolítica que padecemos en esta y en otras latitudes, en este y en otros meridianos.

La aceptación particular de unas siglas, las que sean, para arrendarles el gobierno del conjunto sin más exigencia que dar por bueno lo que venga, es síntoma de muerte prematura y entierro tardío. El diagnóstico resulta fácil hasta para un profano en sociología.

Derivar el concepto de democracia al simple y oportuno, para los convocantes, de votar, explica el indisimulado afán de perpetuación en el estatus de tantos y tantos vividores de la política, siendo esa su única credencial y aspiración, siendo ese su asidero y su norte contra viento, marea, críticas, señalamientos, denuncias, reproches y condenas. Ejemplos sobran, pero aun así, patente la trama, la respuesta social ante el abuso y el despropósito ocupa plaza en la antología de la peor indiferencia. Por lo que continúa el espectáculo de la indigencia intelectual, el arribismo, el abuso de poder, el engaño y la estilizada hipocresía, en aquellos favorecidos por un cuerpo electoral resignado a lo que le echen, sea cual sea el grado de condimentación, los cocineros y los camareros, expresado en género neutro.

Puede que tan sumisa aceptación tenga que ver —demasiado tenga que ver— con el deseo de un número lamentablemente considerable de pretendientes al beneficio político en sus diversas manifestaciones públicas, semipúblicas y también privadas.

Quién le pone el cascabel al gato.

Pues va siendo hora que cualquiera de nosotros se decida a poner tasa y sordina al desvarío político obligando, por determinación popular, que ninguna votación sea válida sin al menos un quórum del 55%. De esta manera, aunque parcial y condicionada a seguir soportando el imperio de los votos sobre el tándem inteligencia-sentido común, los vividores de la política deberían esforzarse en reclutar personal no adscrito a sus componendas para garantizarse el momio.

Es insultante que con participaciones inferiores al cincuenta por ciento del cuerpo electoral se acepte lo que pretenden no esos “buenos ciudadanos entregados a la causa democrática” sino esos “votantes integrados en el mecanismo político de permanencia, control, dispendio y reparto”, otorgando carta de naturaleza a la mediocridad, a la avaricia, a la vanidad, al egoísmo, a la mentira y a la estafa. Porque, además, tales elementos surgidos de las urnas, en un porcentaje que asusta, posteriormente se dedican meticulosamente a situar en lo que debieran ser los Poderes del Estado, independientes y justos, a las piezas adecuadas para “el sostenimiento del sistema”.

* * *

Potenciar la abstención es un medio efectivo y racional para dejar constancia del malestar de los afectados por la manipulación; para evidenciar la inconformidad activa de millones de llamados a votar cuando corresponde; para poner de manifiesto el descrédito de Instituciones, Organismos y políticos ejercientes en esos mismos disconformes con la dinámica establecida para el uso y disfrute de la neonomenclatura; en definitiva, para denunciar el agravio que supone contar con empleados tan indignos, despilfarradores, marrulleros, farfollas, peseteros y falsos.

Pues no olvide el votante que primordialmente es contribuyente, y de su patrimonio, en la mayoría de los casos, se extrae el líquido vital que engrasa la pérfida maquinaria política.

Como dejar de votar o abstenerse o votar en blanco o votar nulo no es suficiente, pues a rey muerto rey puesto, y por cada defección de persona harta de burla y expolio aparece un cuarto de servil votante que nutre la urna con ese mínimo de una papeleta que ya da visto bueno a la función, será conveniente adoptar esa medida reconstituyente de la democracia —aunque sea la democracia enmarcada únicamente en el voto— denominada quórum, con una participación nunca inferior al 55% en todas las consultas, refrendos y votaciones.

No es lo deseable, pero algo es algo y a lo mejor, desde este punto, llegamos más lejos camino de la libertad.

 

 

 

Donde las dan las toman (a ver si es verdad)

Por Miguel Ángel Olmedo

Martes, 5 de enero de 2010

El nuevo año no me aporta mayor confianza en las Instituciones ni en los cargos públicos que el anterior o los precedentes en meticuloso desglose cronológico. Lo que no obsta, quizá impelido por la atracción del estreno, para que un cierto grado de satisfacción me embargue ante el malestar, el disgusto y el probable desasosiego de algunos elementos nocivos para la libertad muy apegados a sus prebendas y vínculos, muy salvaguardados de inclemencias, hijos predilectos de la impunidad, hijos predilectos de las portavocías dirigentes y con patente de corso hasta ahora —a ver en lo sucesivo— entre agremiados y aquellos favorecidos por las subvenciones de carácter político —la inmensa mayoría.

En especial señalo al político infiltrado en la judicatura de nombre Baltasar y de primer apellido Garzón. Al citado con nombre y primer apellido, encausado en unos cuantos procesos con un denominador común, le descompone la filtración de asuntos a él referidos, relevantes en la instrucción y delatores de su comportamiento allende la aleatoria presunción de inocencia.

Y es que a nadie le gusta que sus trapos sucios, de tenerlos, y este individuo togado los tiene a espuertas, con ilustración de acompañamiento, sean aireados ante la opinión pública por domeñada y alienada, genéricamente considerada, que esté. Vamos, que al sujeto en cuestión no le gusta que obren con él como él obra con aquellos que ha elegido para el sacrificio y el escarnio.

Nada extraño, por otra parte.

El político infiltrado en la judicatura, socialista con marchamo y anclajes, anda quejoso de su sino adverso en estos tiempos que corren en su contra —¿podemos estar seguros de tal afirmación?—; lamentando que el cazador se haya convertido en pieza de caza a cobrar de varios certeros disparos. No sé si solloza por los rincones de la Audiencia Nacional, su feudo y fortín; no sé si sus compañeros de ideología, viajes, esparcimientos y planes filtrados, tienden al socorro del camarada en apuros —¿está en verdaderos apuros?

Inmersos en el juego de especulaciones, lo cierto es que las filtraciones han dañado al infiltrado; o lo que es lo mismo, el quid pro quo, la reciprocidad, es algo que denuesta vivamente la estrella togada que tanto adora el relumbrón como el dinero, que lo uno lleva a lo otro.

La especie garzonaria está en peligro, a punto de caer en las redes de una Justicia que a lo mejor todavía lo es o pretende resucitar de sus cenizas cual una benefactora y añorada Ave Fénix.

¿Tendrá lugar el milagro? ¿Lo verán nuestros ojos mortales?

Parece ser que ya no cabe una reedición transaccional con el banquero Botín; parece ser que el compendio de mauleros proclives a la causa-causas del político infiltrado en la política esconden la mirada, las manos y el cuerpo en evitación de salpicaduras, unos, o contagios, el resto.

Luego, cabe imaginar, no sin suspense, un castigo al frecuente infractor enamorado de los oropeles, la fama y el ensalzamiento mediático.

Recordemos con devoción y un atisbo de esperanza la fábula del cazador cazado.

Hagamos votos por la salud de la Libertad y de la Justicia, tan maltrechas, tan debilitadas ambas, para la reconquista de las parcelas que les son propias e insustituibles.

Lo de la Reconquista es un concepto vetado por el socialismo; también lo es el refrán que tan a cuento viene en el artículo: donde las dan las toman y callar es bueno.

Por cierto, puede que incluso en un futuro cercano, no me atrevería a decir inminente, conozcamos sin presunción la titularidad política del aviso a los criminales de la ETA, vulgo Operación Faisán; el procesamiento de los autores, ejecutores por delegación, cómplices, encubridores y elaboradores de cortinas de humo, juzgados por un magistrado decente, digno, sin causas pendientes con la Justicia, sin débitos políticos  y competente —que alguno habrá, digo yo.

 

 

 

Intervenir con discrecionalidad

Por Miguel Ángel Olmedo

Viernes, 11 de diciembre de 2009

Según la óptica con que se mire, a un resultado le acompañará el fracaso y al otro le coronará el éxito. La victoria es un fin en sí misma, y también un medio para que ella sea mayor al cabo del tiempo y los avatares que le son propios. Podríamos decir que el éxito es la antesala de la victoria o viceversa; el orden de los conceptos no altera el resultado.

A través de esa mirada dividida, hacia el éxito de unos con un ojo y con el otro ojo hacia el fracaso de los oponentes, cuando los hay, se advierte un hecho que no debería pasar desapercibido a la inteligencia: la discrecionalidad. Una discrecionalidad, puestos  a seccionarla, artera, ominosa, asoladora y felona por ser hija, además, de la traición.

Sólo un ejemplo basta, entre tantos a elegir. Un ejemplo desdoblado del intervencionismo socialista, alias gubernamental en la fecha que se escribe este artículo. Sí al intervensionismo socioeconómico; no a intervenir a favor de la soberanía nacional, de la dignidad nacional, de la seguridad nacional, de la razón avalada por la historia y de la Guardia Civil.

Desprecio e ignorancia ejerce el socialismo gobernante de los informes de la Guardia Civil si éstos actúan legítima, concienzuda y decorosamente en contra de los aliados socialistas para la anulación de España en el concierto internacional (una vez conseguido que de puertas adentro el concepto de España sea materia que compete exclusivamente a la nostalgia). Sistemáticamente, con método de actuación asumido, el socialismo gobernante concede en primera instancia el beneficio de la duda al enemigo nacional y al cabo, transcurridas unas horas o pocos días, la confirmación de que las alegaciones, las acusaciones, las demandas o las exigencias del enemigo de la Nación son las que tienen fundamento y han de ser satisfechas antes que después (caso de Gibraltar, ya considerado un Estado soberano; caso de Marruecos con su sultán-comendador de los creyentes; caso de Venezuela con su bolivariano indigenista; caso del Reino Unido de la Gran Bretaña con sus artificiosas pretensiones y su experimentada mentira como embajador volante; caso de cualquiera que decida interponer recurso contra España sea cual sea el asunto en litigio).

Máxima atención, diligencia y celeridad, empeña el socialismo gobernante en todo lo relacionado con el control, el sometimiento y la imposición en todos los ámbitos de la convivencia y más allá. No queda espacio libre de vigilancia, cerco y de ser posible derribo: sociedad, política, economía, ocio, credo, aspiraciones personales, comunicación, relaciones humanas, afectos; hasta la saturación de la nómina. Ejemplo, la economía. Suenan avisos de planificación económica. La sociedad española en su conjunto se aproxima, de no intervenir la libertad, a la planificación quinquenal soviética, o quizá de periodo extendido para que no se diga que las comparaciones son odiosas.

El asedio lo sufrimos todos los que nos damos cuenta y todos los que no nos da la gana aceptarlo ni adaptarnos a la “inspiración del nuevo-viejo orden”. El asedio lo soporta la Guardia Civil, antepenúltimo o penúltimo bastión de la hispanidad, puede que con un estoicismo y con una obediencia debida al imperativo mandato que mejor no; mejor establecer la frontera entre lo tolerable y lo intolerable.

Se mire con lo que se mire la gobernación socialista ajusta desajustando la Historia; ajusta desajustando los Organismos e Instituciones del Estado; ajusta desajustando el papel de España en el mundo, el libre y el tiranizado por los habituales, amigos y aliados; ajusta desajustando los principios, los valores, la tradición, la raíz, el sentimiento y la intimidad. Se mire por donde se mire, cada día queda uno menos para que el común de los censados en España certifique la defunción de la libertad y de la que fue, otrora, Nación.

 

 

 

 

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