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Las plumas que no son del Águila

Elementos de cotización fluctuante

Respuesta adecuada

Frases y frases

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Ni dinero ni voluntad ni los ojos abiertos

Tres victorias decisivas, tres venganzas sostenidas

Preguntas en celo

Opiniones sobre Miguel de Cervantes y Don Quijote

Los primos y las primas

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Las Juntas de Defensa Nacional en 1808 (II)

Las Juntas de Defensa Nacional en 1808 (I)

Más vale caer en gracia que ser gracioso

Recordemos (II)

Recordemos (I)

ANTERIORES ARTÍCULOS

 

                      Bitácora "Es un momento"   Por Alcides

 

El autor de esta bitácora es editor de la web cultural

"Es un momento" y de la web "Momentos españoles"

 

 

Ruido ofensivo

Por Alcides

Martes, 2 de junio de 2008

No sé si es el estrépito que más o de los que más molestan. Bulla de corte arrabalero asaltando por los rincones, acosando desde las muchas portavocías avenidas a difundir el extracto del quehacer político.

En campaña político-electoral y a coro de pedigüeños, las proclamas sacuden hasta la sombra a oscuras; las baladronadas menudean de ayer a mañana durante el ocioso, indolente más bien, plazo de quince días; los desafueros en dicho y hecho tercian cual provocaciones —que asolan el paisaje compartido por contendientes al sitial, renglones al margen, y contribuyentes sacrificados a la insidiosa pugna—, de respuesta dictada a medida de la evaluación metódica y sistemática de los sapientes consultivos que suelen jugar a dos o tres cartas de triunfo cada vez.

—¿Usted cree que nos toman por tontos? ¿Acaso por ilusos?

—No le quepa la menor duda. Esto es un negocio.

—Otro negocio, quiere decir.

—Eso mismo.

No suelo seguir los avatares de las confrontaciones políticas ya sea en época de elecciones ya sea la rutinaria a lo largo del curso o demás trámites en las diferentes sedes donde se enaltece la práctica política. Luego debería omitir mis apreciaciones y dejar que los acontecimientos campen por sus trilladas sendas. Con gusto lo haría, ajeno cual me manifiesto a los dimes, diretes, acusaciones y sentencias de tono mitinero. Con mucho gusto y ganas cerraría todos los canales audibles y visibles especialmente en estas épocas de agitación electoral. Ojalá pudiera.

Pero el incordio fluye a través de los filtros humanamente dispuestos hasta colarse en los momentos de solaz radiofónico. Enojosos “resúmenes orales de campaña”, fastidiosos “compendios de frases a jornada vencida”, áridas “estimaciones de voto”, obscenas “puestas en escena con acompañamiento rugidor”.

—Tómelo por el lado del negocio.

—El negocio ajeno, claro.

—Muchos viven de ello.

—Pagado por los todavía más que de ello no vivimos.

Vengo a referirme que sin comerlo ni beberlo, comiendo y bebiendo me asaetean las ocurrencias pintiparadas de los personajillos en liza. Qué malos son algunos; qué peores son los otros. Qué falta de imaginación en unos; qué exceso de soberbia en otros.

La iniquidad enarbolada como mérito. El dominio de las voluntades mediante pago ondeado como triunfo.

Mentiras por doquier.

Aun peor: ausencia de la verdad.

—Esta situación es pasajera, hombre.

—Esta sí, una quincena; la otra no, una eternidad en el limbo y el resto en la inopia.

Esas voces, que son voces peyorativamente hablando, dan voces; y ahí acaba su cometido. Esas voces de portavocías acuciadas por un éxito que las redima de lapsus, deslices, inconveniencias o salidas de tono en mala hora, se acompañan de la procacidad del gesto, reiterado acto de imperio: aquí estoy yo, estos son mis poderes”.

Histrionismo megalómano en el proscenio; gesticulación ida. Cabe preguntarse: ¿catarsis o catalepsia?

La claque autista o frenética según indique el maestro de ceremonias o el piloto que anuncia la conexión radiotelevisada.

Acaba uno por pensar que esta sociedad que nos ha tocado en suerte, de la que participamos de grado o por fuerza, se estructura, siempre a conveniencia de los poderes fácticos de mayor resto, en la dualidad y el maniqueísmo. O este o yo; o yo, bueno, o este, malo. Este mundo que parece tan grande resulta, así contemplado, de una pequeñez asombrosa, insultante, inicua: o con este o con el otro; o conmigo o contra mí.

—Aspectos sustanciales del negocio, diría yo.

—Yo también lo digo.

Será que en la vida no hay tres cosas sino dos; será que las hijas de Elena (o Helena) eran dos y no tres; será que sí hay dos sin tres; será que en vez de tres personas en una son dos, como dos son las caras que muestra Jano bifronte en una sola cabeza.

                            

 

 

Recordemos (VI)

Por Alcides

Jueves, 28 de mayo de 2008

Sigamos recordando lo que fue, lo que pasó y por qué sucedió; ya que la necesidad obliga. En esta entrega se pone de manifiesto el intento unificador de la izquierda en torno al designio de la Komintern (Internacional Comunista); la vesania criminal en la provincia de Málaga durante la dominación frentepopulista (republicana o roja, a voluntad la denominación); la extensión del terror a sus promotores; la ampliación de los datos sobre la organización del asalto armado revolucionario a mediados de 1936; las torturas ideadas y desarrolladas en las checas; y las instrucciones socialistas para la sublevación armada en 1934. 

El objetivo de la unidad en la izquierda

En marzo de 1936, las circunstancias favorecían la política de infiltración comunista dentro del socialismo, siguiendo consignas internacionales. El ala radical del PSOE encabezada por Francisco Largo Caballero, era un magnífico campo de cultivo.

El 4 de marzo, el Comité Central del Partido Comunista fue muy claro al proponer la ruptura con el Frente Popular y “la instauración de la dictadura del proletariado en la forma de soviets (o sóviets)”, según carta publicada al día siguiente en el órgano de comunicación comunista Mundo Obrero.

Como respuesta, el 19 de marzo, Claridad, diario de Largo Caballero y los bolcheviques del PSOE, publicaba un “Proyecto de reforma del Partido Socialista Obrero Español”. Se rechazaba en él la “ilusión” de que la revolución proletaria socialista pudiera llevarse a cabo  “reformando el estado social vigente”, por lo que el único camino posible era el de “destruirlo de raíz”. ¿Cómo? “Por cualesquiera medios que fuesen posibles”, entre los que figuraba la “supresión de los Ejércitos permanente y el armamento general del pueblo”. El documento terminaba pidiendo la unificación del proletariado, y consecuentemente del Partido Socialista y  el Comunista, con el que a tal fin ya se habían iniciado conversaciones.

Este camino de la unificación ya estaba logrado en el mundo sindical y ahora procedía allanarlo en el de las respetivas Juventudes. El proceso de fusión lo patrocinaban, principalmente, el caballerista Julio Álvarez del Vayo y el agente de la Komintern Vittorio Codovila, alias “Medina”; actores subordinados serán el secretario de la Federación de Juventudes Socialistas, Santiago Carrillo, y el de la Unión de Juventudes Comunistas, Trifón Medrano.

El dirigente socialista Luis Araquistáin escribiría posteriormente, en referencia a las reuniones que se celebraban en el domicilio de Álvarez del Vayo: “Fue allí donde se organizó el viaje a la Meca moscovita; y allí donde quedó convenido entregar al comunismo la Juventud Socialista, la nueva generación trabajadora de España”.

El 4 de abril se firmaban las bases generales para la unión de las dos Juventudes, documento que publicaría Mundo Obrero. Al día siguiente se celebraría un gigantesco mitin en la Plaza de Toros de Madrid, donde una inmensa multitud protegida por milicianos uniformados aplaudió frenética las más delirantes exaltaciones de la violencia. Largo caballero, en su tono habitual, afirmó: “La clase obrera marcha a la dictadura del proletariado a pasos de gigante”; si puede “lo hará pacíficamente”; si no, “por encima de todos los obstáculos”.

(Luis Araquistáin, El comunismo y la guerra de España, p. 9, Imprenta de Travailleurs Reunís, Carmaux, 1935.  Juan Simeón Vidarte, Todos fuimos culpables, pp. 56 y 57, Tezontle, Méjico, 1973. José Manuel Martínez Bande, Los años críticos, pp. 160 y 161, Ediciones Encuentro, Madrid, 2007. Diario Claridad en las fechas citadas y posteriores).


La formación de un Ejército Rojo

El PSOE dirigido por los bolcheviques, con la figura relevante de Francisco Largo Caballero al frente, aspiraba a contar con un ejército revolucionario. Para alcanzar sus objetivos, el PSOE y sus aliados precisaban una fuerza equiparable a un verdadero Ejército, por supuesto revolucionario o “rojo”, ya constantemente invocado durante las jornadas bélicas de la Revolución en Asturias.

Iniciado el mes de abril de 1936, el afán de poseer esa milicia eficaz, aguerrida, bien armada y disciplinada, se hacía acuciante. El 2 de abril, Claridad, órgano de comunicación socialista al servicio de la facción bolchevique de Largo Caballero, había pedido la urgente constitución de las “milicias del pueblo”, que deberían organizarse “hasta la última aldea de España”. Se invocaba su necesidad: “Sólo si nos ven fuertes y resueltos nos respetarán”.

El 10 de abril el comunista José Díaz puntualizaría: “Queremos una sola milicia. Ni camisas rojas ni camisas azules; una sola milicia que sea embrión del Ejército rojo de España”.

Pero las milicias no se unificarían como los sindicatos y las Juventudes, aunque proliferasen. Los socialistas continuarían con sus milicias y su “Motorizada” y los comunistas con sus MAOC. Ni unos ni otros estaban dispuestos a debilitar sus grupos.

(José Manuel Martínez Bande, Los años críticos, pp. 161 y 162, Ediciones Encuentro, Madrid, 2007. Diario Claridad en las fechas citadas y posteriores).


La CNT no quiere unirse al pacto PSOE-PCE-UGT

En Zaragoza, el 1 de mayo de 1936, se inauguró un Congreso extraordinario de la CNT, dentro de cuyo temario figuraba el examen de la Revolución de Octubre (de 1934).

El juicio emitido sobre aquella Revolución fue contundente: los socialistas la planearon como fruto de “su iracundia por haber sido arrojados del poder” (en las elecciones de 1933; detrás de ellos, al acecho y a la espera de recoger futuros beneficios, estaban Manuel Azaña y Lluís Companys. Si la UGT deseaba marchar unida con la CNT debería aceptar la doctrina de ésta, anarquista; es decir, “destruir completamente el régimen político y social que regulaba la vida del país”, y, en definitiva, establecer Comunas Autónomas Libertarias (el comunismo libertario), que administrasen la riqueza tras “la abolición de la propiedad privada, del Estado, del principio de autoridad y de las clases sociales”.

Era el sueño por la unidad proletaria, deseo máximo de Largo Caballero, pero de imposible cumplimiento. El 13 de mayo, forzando la realidad al estilo socialista, en un discurso pronunciado en Madrid, Largo Caballero declaraba que costaría trabajo la unificación con la CNT pero que había que lograrla a toda costa: “Entonces no habrá en España ninguna fuerza, por muy armada que esté, que pueda con nosotros”. Días atrás se le había dado la respuesta: el 24 de abril Solidaridad Obrera, órgano anarquista, había escrito que el bolchevique Largo Caballero era “un dictador en embrión, que favorecería la hegemonía absoluta del Partido Socialista en el caso de una insurrección triunfante de la clase obrera”.

(Las sesiones de este Congreso de la CNT figuran en los números de Solidaridad Obrera, hasta el del 9 de mayo inclusive. José Peirats, La CNT en la Revolución Española, tomo I, pp. 117 a 133, Ed. Ruedo Ibérico, Paris, 1971. José Manuel Martínez Bande, Los años críticos, p. 162, Ediciones Encuentro, Madrid, 2007).


La Málaga del Frente Popular

Triunfante la revolución en Málaga, con los elementos más extremistas y sanguinarios del Frente Popular y añadidos excarcelados por delitos comunes adueñados de la situación y el destino de personas y bienes, en la capital y su provincia se cometieron toda clase de desmanes. Como prólogo, la famosa calle Marqués de Larios, en la capital malagueña, fue quemada por las turbas de un extremo a otro. A continuación y durante casi siete meses, hasta el 8 de febrero de 1937, la misma turba protagonizó el masivo asesinato de civiles (imposible de cuantificar el número exacto de víctimas debido a la desaparición de los cadáveres arrojados al mar y otros descuartizados o devorados por animales hambrientos), seleccionados por el mero hecho de ser consideradas “de orden”.

Con todo, los crímenes más terribles se produjeron en los pueblos de la sierra. Todos los sacerdotes y monjas cayeron muertos sin piedad con los métodos empleados por los “monfíes”  —bandoleros moriscos que solían actuar en cuadrillas; salteadores y criminales para los cristianos— de la guerra de las Alpujarras, que describe el cronista Luis del Mármol Carvajal en su famoso libro sobre el tema. Les quitaban la piel de las rodillas y les mantenían arrodillados antes de darles muerte arrojándolos a los pozos de cal viva.

Llegado el Ejército Nacional a las puertas de Málaga la huida de dichos elementos y de parte de la población civil, engañada —que al cabo retornó al estar exenta de delitos de sangre— o cómplice con la barbarie, fue a la desbandada.

* * *

El entonces alférez de navío Enrique Manera, comandante del submarino B-4 de la autodenominada Flota Roja, ha dejado escrito lo siguiente sobre los últimos días vividos por él en Málaga (hospitalizado), previos a la entrada de las tropas nacionales.

“Uno de los hechos más trágicos de la conquista de Málaga fue la columna de fugitivos civiles que marchaban por la carretera hacia Motril. El capitán de navío don Pedro Recacho, que entonces era teniente de navío y mandaba parte de las baterías de 120 mm. del crucero Canarias, me contó hace tiempo que hicieron algún disparo a vehículos sospechosos pero que no dispararon sobre la columna de fugitivos.

”Estos llegaron destrozados a Almería y desde allí fueron trasladados en camiones a las poblaciones marítimas más cercanas. Yo estaba en aquellos días en Alicante y contemplé la llegada de los fugitivos de Málaga. Constituía un terrible espectáculo. Llegaban todos sucios y destrozados en verdaderos harapos; las mujeres con los niños en brazos. Los pequeños, como no habían sido lavados, llevaban la poco ropa pegada a la piel despidiendo un mal olor terrible. El aspecto del conjunto era de gitanería.

”La gente de la ciudad los contemplaba con horror. Fueron tratados al principio con humanidad, pero con miedo, pues sus aspectos no eran nada tranquilizantes, pues tenían fama de haber cometido toda clase de tropelías. La verdad que, al poco tiempo de estar allí, los que se quedaron refugiados en la zona se comportaban desvergonzadamente y, como ladronzuelos y abusones, desaparecieron poco a poco, negándose los alicantinos a admitirlos. Su presencia no era de fugitivos de guerra sino de malhechores huidos, en contraste con los tranquilos, trabajadores y limpios alicantinos.

”Recuerdo que al mismo tiempo que vi a estos desgraciados, pasó con dirección a  Almería una columna de camiones llevando una Brigada Internacional con muy buen aspecto militar, limpios y aseados, y que contemplaban a los fugitivos con verdadero horror.

”Esta huida masiva estaba justificada por el temor a que los nacionales tomaran represalias por los horrores cometidos en Málaga con increíble salvajismo.

”Yo estuve allí en los días que precedieron a la conquista de Málaga, hospitalizado por las heridas recibidas en un bombardeo, y unas enfermeras —que eran unas buenas chicas— me contaban los “paseos” que se habían llevado a cabo aquella noche. Algunas de ellas habían tropezado con más de 20 cadáveres, muchos de mujeres a las que se perseguía con verdadera saña. Recuerdo que una vez oí gritar por los pasillos: ¡Hemos cogido a la marquesita! No sé de quién se trataba, pero la desgraciada, que estaba escondida, cayó en poder de sus asesinos que la trataron como puede suponerse.

”Los crímenes cometidos en Málaga y su provincia y la saña demostrada por los asesinos justifican la enorme columna de fugitivos, entre los que figuraban muchos de aquellos energúmenos de ambos sexos. Nada semejante ocurrió en otras ciudades liberadas donde las columnas nacionales eran recibidas como tales liberadoras y, en general, los habitantes se quedaban en sus casas.

”Por todo ello, los que románticamente y de buena fe se quejan de las represalias y juicios llevados a cabo por los nacionales después de la toma de Málaga, desconocen u olvidan el cúmulo de hechos delictivos y los salvajes horrores a que fue sometida Málaga en los meses de dominio anarquista y marxista”.

(Testimonio de Enrique Manera Regueyra, citado en La guerra silenciosa y silenciada, Fernando y Salvador Moreno de Alborán y de Reyna, Volumen III, pp. 1547-1548, Madrid, 1998. Archivo Histórico de la Armada. Expediente Colomina. Fernando y Salvador Moreno de Alborán y de Reyna, La guerra silenciosa y silenciada, Volumen III, pp. 1478-1479, Madrid, 1998).


El terror también alcanza a los que lo fomentan y practican

Los anarquistas habían comenzado a denunciar los métodos brutales (el terror) utilizados por el Frente Popular desde el verano de 1936 (aunque ellos tardaron un año en protestar). La misma palabra e idéntico concepto, “terror”, pasará de boca en boca de los socialistas a partir de 1938. En el Archivo Largo Caballero se guarda la denuncia del comisario político de la Zona Centro, el socialista Piñuela: “Una organización caciquil que maneja los ascensos y los castigos. Un sistema de terror que no se detiene ni ante la eliminación de los elementos disconformes, que después figuran en los partes como culpables de haber intentado pasarse a las filas enemigas”. Piñuela se refería al Partido Comunista, evidentemente. La presión comunista sobre el conjunto de fuerzas del Frente Popular era brutal; aunque consentida y quizá potenciada por elementos socialistas de relieve como Largo Caballero y Negrín.

A finales de marzo de 1938 varios líderes socialistas se reúnen en casa de Juan Negrín, presidente del Gobierno. Julián Zugazagoitia, ministro de Gobernación, le espeta: “¡Basta de comedia, don Juan! Nuestros camaradas en el frente están siendo asesinados porque se niegan a aceptar mandos comunistas”. Negrín contesta con el convencional pero terriblemente cierto argumento de la necesidad: el concurso soviético es imprescindible para sostener la guerra. Y Negrín desea por encima de todo mantener viva la guerra prolongándola hasta que se tornen favorables las circunstancias, pese a quien pese, suceda lo que suceda en su propio bando. Sucede esta declaración de sumisión al poder comunista a la vez que los comunistas han emprendido una campaña de aniquilación política contra Indalecio prieto, a la sazón ministro de Defensa, para destituirlo acusándole de derrotismo. Lo consiguen en breve.

El 5 de abril de 1938 se constituye el segundo gabinete Negrín. El cambio sustancial es que el propio presidente del Gobierno, Juan Negrín, toma el control de la cartera de Defensa, que incluye también al SIM (servicio de información militar). Las carteras claves de la represión, Gobernación y Justicia, fueron asignadas a dos socialistas de tendencia pro soviética: Paulino Gómez y Ramón González Peña.

Paulino Gómez había sido delegado de Orden Público en Cataluña tras los sucesos de mayo de 1937. Ramón González Peña, significado opositor a Largo Caballero en la UGT. Otro destacado socialista, bolchevique y hombre de confianza de Moscú, Julio Álvarez del Vayo, ocupa el ministerio de Estado (asuntos exteriores), al que vuelve. Los comunistas siguen reservándose las carteras de captación entre la clase obrera, Agricultura y Trabajo. Forma parte de este segundo gabinete Negrín un anarquista y se mantiene a varios republicanos, entre ellos y en Hacienda a Méndez Aspe, elemento de absoluta confianza de Negrín y, según todos los testimonios, pieza clave de los manejos financieros del presidente del Consejo de Ministros. Es el gobierno que Negrín elige para afrontar el epílogo de la guerra, resguardado de las críticas y las adversidades en su delirio resistente, expoliador y de obediencia al poder comunista.

(Julián Zugazagoitia, Guerra y vicisitudes de los españoles, Librería española, París, 1968. Indalecio Prieto, Yo y Moscú, p. 38, Madrid, 1955. Indalecio Prieto, Convulsiones de España, pp. 27 y ss. Oasis, México, 1968.  José Javier Esparza, El terror rojo en España. Epílogo: el terror blanco, pp. 329-331, Áltera, 2007).


Ampliación del contenido de las informaciones confidenciales (circulares secretas) números 3 y 22, previamente publicados en la cuarta entrega

Informe confidencial n.º 3.

Instrucciones y contraseñas

 

Con objeto de controlar debidamente los últimos detalles del movimiento, desde el próximo tres de Mayo sólo podrán cursar órdenes los agentes de enlace, que se entenderán entre sí por medio del cifrado “E.M.M. – 54 – 22”.

 

Los jefes locales deberán dar verbalmente las órdenes al Comité. La contraseña general es:

1-2 en 1:Orden de comenzar la movilización.

2-1 en 2: Orden de comenzar el movimiento.

2-2 en 1: Orden de comenzar el asalto a los puntos determinados.

2-3 en 5: Apresamiento general de contrarrevolucionarios.

2-3 en 3: Movilización sindical.

2-5 en 4: Huelga general.

2-6 en 5: Actos de sabotaje, voladuras de líneas férreas.

1-3 en 2: Aplazamiento del movimiento.

Del 1 al 10: Orden de aprovisionamiento.

10-0: La organización está a punto.

0-0: Cierre de fronteras y puertos.

1-1: Ejecución de los que figuren en las listas negras.

Todas estas órdenes se darán en días víspera del movimiento 10 de Mayo o 29 de Junio a las doce de la noche desde la estación emisora instalada en la Casa del Pueblo de Madrid, cuya longitud de onda es casi igual a la de Unión Radio de Madrid.

 

Organización de Madrid. Se divide en los siguientes radios:

A-B- Chamartín de la Rosa, depósito de la Casa del Pueblo de este punto.
C y D- Cuatro Caminos: Depósito en el Círculo Socialista de la barriada.
E y F- Distrito de Palacio: Depósito en la imprenta de Mundo Obrero.
G y H- Distrito de la Universidad: Depósito en la redacción de El Socialista.
I y J- Distrito de la Latina: Depósito en el Círculo Socialista del distrito.
K y L- Distrito del Hospicio: Depósito en la Casa del Pueblo Secretaría 1, 2, 5, 7.
M y N- Distrito de la Inclusa: Depósito en la Agrupación Socialista.
Ñ y O- Distrito de Pardiñas: Depósito en Castelló n.º 19, Garaje.
P y Q- Distrito del Sur: Depósito en Asociación Socialista de Vallecas.
R y S- Carabancheles: Depósito en los Círculos Socialistas.
T, U, V, X, Y, Z: Centro de Madrid: Depósito en la Casa del Pueblo, Secretarías números 2, 4, 6, 8 y del 10 al 20 y el salón terraza.

 

Plan a seguir en Madrid: El comienzo del movimiento lo señalarán cinco petardos que estallarán al anochecer. Inmediatamente se simulará una agresión fascista al centro de la C.N.T. declarándose la huelga general y sublevándose en el interior de los cuarteles los soldados comprometidos. Los radios comenzarán a actuar, encargándose los T, U, V de la toma del palacio de comunicaciones, Presidencia y Guerra. Los distritos asaltarán las comisarías y los X, Y, Z la Dirección General de Seguridad. Un radio especial compuesto exclusivamente de ametralladoras y bombas de mano irá al Ministerio de la Gobernación atacándolo por los itinerarios siguientes: Carretas, Montera, Mayor, Correos, Paz, Alcalá, Arenal, Preciados, Carmen, San Jerónimo. Los radios actuarán con 50 células de 10 hombres cada una y en las calles de segundo y tercer orden y con dos células solamente en las calles de primer  orden y paseos.

Las órdenes son de ejecución inmediata de los detenidos antirrevolucionarios. Lo revolucionarios del F.P. serán invitados a secundar el movimiento y en caso de negarse a ello los expulsarán de España.

* * *

Informe confidencial n.º 22

 

Se confirman las fechas 11 de Mayo o 29 de Junio para la iniciación del movimiento subversivo según el resultado de las elecciones de Presidente de la República, según se indica en el informe anterior.

SOVIET NACIONAL.- Presidente = Largo Caballero. Comisario del Interior = Hernández Zancajo, socialista. Id. Exterior = Luis Araquistáin, socialista. Id. Trabajo = Pascual Tomás, socialista. Id. Instrucción = Eduardo Ortega Gasset, del Socorro Rojo Internacional. Id. Agricultura = Zabalza, socialista. Id. Hacienda = Julio Álvarez del Bayo, socialista. Id. Guerra = Teniente Coronel Mangada. Id. Marina = Jerónimo Bujeda, socialista. Id. Ejército Rojo = Francisco Galán, comunista. Id. Ferrocarriles = Álvarez Angulo, socialista. Id. Industria = Baraibar. Id. Comercio = Vega, del Socorro Rojo Internacional. Id. O.P. = José Díaz, comunista. Id. Propaganda y Prensa = Javier Bueno, socialista. Id. Justicia = Luis Jiménez Asúa, socialista. Asesor de la Presidencia = Ventura, delegado de la III Internacional.

 

La Plana Mayor del movimiento estará constituida por Largo Caballero, Hernández Zancajo y Francisco Galán. Los enlaces de la forma siguiente: (citados en la 4.ª entrega).

 

MILICIAS.- Se dividen en tres clases, según la misión que tienen asignada:

Las de Asalto.- Cuya función es ofensiva.

Las de Resistencia.- Cuya función son los servicios complementarios.

Las Sindicales.- Cuyo motivo es la huelga general.

El número aproximado de estas fuerzas en toda España es: (citado en la 4.ª entrega. El número de las fuerzas sindicales se desconoce).

El número aproximado de armas que tienen son:

Armas largas de todas clases: 250.000.

Pistolas ametralladoras: 30.000.

Ametralladoras: 250.

Dinamita para equipar a 20.000 hombres.

La organización de resistencia tiene solamente armas cortas.

 

MANDO GENERAL DE LAS MILICIAS.- Jefe Superior = Santiago Carrillo. Jefe Euzkadi = Fulgencio Mateos, de Bilbao. Id. Castilla = Luis Azcázaga y Bruno Alonso. Id. Extremadura = Nicolás de Pablo. Id. Andalucía = Fernando Bolaños. Id. Asturias = Graciano Antura. Id. Cataluña = Miguel Valdés. Id. Levante = Sapia. Id. Galicia = Fernando Osorio. Id. Aragón = Castillejos. Id. Baleares y canarias = No tienen.

 

RADIOS Y CÉLULAS.- Las Radios se componen de mil hombres y las Células de 10 y el Jefe.

 

ZONAS DE ASALTO.- Son: Madrid, Asturias, Extremadura, Cataluña, Andalucía, Galicia, Alicante, Santander, Zona Minera y Fabril de Vitoria, Pasajes y Mondragón en Guipúzcoa, Murcia, Barruelo, Reinosa y Logroño. El resto de España es zona de resistencia.

(La ampliación de las instrucciones es meritoria tarea del historiador don Francisco Pilo, quien ha investigado en archivos nacionales y extranjeros, particulares y públicos, la memoria confidencial de los dirigentes socialistas y comunistas del periodo expuesto. Página: http://franciscopilo.blogspot.com).


Algunos métodos de tortura en las checas

Nos referimos a las torturas bajo techo, a cubierto, al margen de miradas curiosas, casuales, incómodas, testificales o acusadoras; sin ser exhaustiva su enumeración.

Las checas eran centros de detención, retención y aislamiento (en menor medida directamente el asesinato), presididos por la violencia y la codicia. En ellos se practicaba la represión física, intelectual y moral, estando el preso completamente indefenso ante la arbitrariedad de su captura, trato vejatorio y cruel, la rapiña de los objetos que portara encima y el encierro indefinido e incomunicado.

Las checas contaban con diferentes celdas ideadas para la tortura física tanto como psicológica; a lo que se unía la falta de higiene, el frío y la escasez de alimentos. Veamos significativos ejemplos de celdas.

—Las celdas armario consistían en tres estructuras de madera de aproximadamente 50 centímetros de ancho por 40 de profundidad; el techo era de madera corrediza, regulable en altura para obligar al preso a permanecer encogido y con la cabeza inclinada; en el fondo había un saliente inclinado de 13 centímetros y a una altura de 65, para que el preso se pudiera apoyar pero no sentarse.

—Las celdas confesionario consistían en una serie de pequeños departamentos sin techo ni puertas y con una cortina a la entrada; con un potente reflector se enfocaba al prisionero para interrogarle.

—En la celda nevera, o la nevera, el detenido era sometido periódicamente a duchas de agua helada.

—En la celda de castigo las paredes y el mobiliario estaban inclinados; el preso era sometido a un juego de luces con la finalidad de trastornarlo psíquicamente.

—El huevo era una celda ovalada o circular de un metro y veinte centímetros de diámetro.

—La celda diabólica tenía el suelo estaba cubierto de ladrillos verticales, colocados en forma de la letra T, que impedían arrodillarse, sentarse o pasear, obligando al prisionero a permanecer en pie o apoyado contra la pared o a desplazarse dando pequeños saltos con los pies torcidos; no había cama, únicamente un asiento de un metro de altura adosado a la pared, también inutilizable (salvo a fuerza de flexionar los brazos mientras se aguantara) porque estaba inclinado y era liso. Una variante de esta celda tenía las paredes pintadas con figuras geométricas de colores muy vivos. Otra variante presentaba una cama inclinada en tal grado que el agotado caía a un suelo de cemento rallado, resquebrajado y lleno de aristas destinado a herir el cuerpo.

—Se construyeron celdas con tejados de vuelta que producían eco o resonancias; se instalaba un metrónomo que funcionaba constantemente ocasionando trastornos mentales.

—En otras celdas se aplicaba la luz como tortura principal; al prisionero se le sentaba y ataba adaptándole un mecanismo metálico alrededor de los ojos que le impedía parpadear; a continuación se encendía una luz durante el tiempo de permanencia de la víctima provocándole alteraciones visuales entre otras relacionadas con la tortura.

Todas las celdas eran de dimensiones inhumanamente reducidas.

Además de las celdas propiamente dichas, existían unas salas de tortura especializada.

—La silla eléctrica consistía en el armazón metálico del asiento de un coche conectado a unos hilos conductores, por vía subterránea, del fluido eléctrico. Los torturados eran sometidos a lentas quemaduras. Una variante empleada era la del casco eléctrico, donde dos electrodos instalados en un secador de cabello producían convulsiones. Además de los padecimientos imaginables, se añadía el provocado por un foco potente que durante todo el proceso iluminaba a la víctima.

—Otra tortura física habitual consistía en colgar al detenido por los pies de una argolla, de manera que la cabeza se sumergía dentro de un recipiente con agua; las víctimas tenían que mantenerse flexionadas para evitar ahogarse. Las porras de perdigones y los látigos solían acompañar la puesta en escena del tormento.

(Indagaciones del periodista e historiador César Alcalá en diversas obras: Las checas del terror, Ed. LibrosLibres, Madrid, 2007. Las checas de Barcelona, Ed. Belacqua, Barcelona, 2005. Persecución en la retaguardia, Ed. Actas, Madrid, 2001. Causa General: Testimonios, Akrón, Astorga (León), 2008.  Ilustraciones del periodista gráfico boliviano Reque Meruvia “Kemer”. Cualquier fuente de la época, nacional o frentepopulista (republicana), que por un motivo u otro, denunciador o burlesco, informaba al respecto. César Vidal: Checas de Madrid, Ed. Carroggio-Ed. Belacqua, Barcelona, 2003. José Javier Esparza, El terror rojo en España. Epílogo: el terror blanco, ED. Áltera, Barcelona, 2007.  César Vidal, Paracuellos-Katyn, Ed. LibrosLibres, Madrid, 2005. Félix Schlayer, Matanzas en el Madrid republicano, Éd. Áltera, Barcelona, 2005. José María Fontana, Los catalanes en la guerra de España, Grafite Ediciones, Baracaldo (Vizcaya), 2005. Entre otras, numerosas y bien documentadas, fuentes.


El trato en las checas

Se afirma que donde más brutalmente actuaron los chequistas fue en Barcelona. Es cierto en cuanto al refinamiento criminal empleado en las checas del SIM (Servicio de Información Militar, creado por el socialista Indalecio Prieto, sobre el que se explicitará en próximas entregas). No obstante, en las checas madrileñas comunistas y socialistas se emplearon también procedimientos que en barbarie y saña en nada desmerecían a las de Barcelona y las de Valencia.

Por ejemplo, en la madrileña checa de la calle Alonso Heredia, número 9, en la Guindalera, se dispusieron técnicas siniestras perfeccionadas tales como aplicaciones de hierros candentes y arrancamiento de uñas de las manos y los pies; en esta checa se llegó a asesinar a los detenidos disparándoles en una habitación destinada al efecto.

En numerosas checas madrileñas, principalmente en las comunistas y socialistas, compitiendo entre ellas, inferían a las detenidas ultrajes a su honor; muchos de los cadáveres de las muchachas y mujeres que fueron conducidas a las checas y posteriormente fusiladas (algo habitual) presentaban signos de violación. El procedimiento era tan simple como salvaje: si la detenida, más joven o menos joven, no respondía como esperaban sus captores o no confesaba de plano lo que ellos dictaban o no entregaba sus joyas o no delataba a familiares, allegados o conocidos, se las golpeaba bárbaramente a medida que eran despojadas de sus prendas; una vez desnudas, hecha o no la confesión a gusto del “tribunal”, si apetecía, uno tras otros los milicianos abusaban de ellas en presencia de la propia familia, el marido o el novio si habían sido igualmente detenidos.

En el turno de Valencia, y dentro de este sumarísimo repaso, “una de las especialidades” era la de introducir al detenido en una habitación inundada de agua, donde debía mantener flexionado el cuerpo, durante un prolongado periodo de tiempo; hasta treinta y seis días, martirio suficiente para provocar la muerte o lesiones de por vida en la columna vertebral y el aparato excretor.

A los chequistas de Valencia les gustaba cometer sus atrocidades, su infinidad de crímenes parejos a los de sus “hermanos frentepopulistas” en la playa, dejando luego de consumadas las acciones los cadáveres sobre la arena, o bien trasladando a las víctimas mar adentro en una lancha en la que los asesinaban a balazos o los arrojaban directamente al agua tras herirlos con arma blanca. Fueron numerosos los cadáveres devueltos por el mar a las playas de la capital valenciana y a los pueblos cercanos.

Las checas de Barcelona fueron montadas por elementos rusos, para seguir ejercitando lo aprendido desde 1917 a todos cuantos fueron “seleccionados” para la tortura. En realidad, las checas son una invención soviética exportada a la sometida España del Frente Popular.

Tan rápida, despavorida ciertamente, fue la huida de los chequistas barceloneses que no les dio tiempo a desmontar los aparatos de tortura, quedando expuestos al conocimiento público de la ciudadanía y los periodistas extranjeros que seguían la retaguardia de los frentepopulistas (republicanos o rojos, la denominación que se prefiera) y la vanguardia de los nacionales.

(Mismas fuentes que en el capítulo anterior)


Instrucciones socialistas para iniciar la sublevación armada contra la república en 1934. Instrucciones preliminares.

Dada la extensión de estas instrucciones, y porque quiero agradecer y destacar el ímprobo esfuerzo histórico de don Francisco Pilo, remito al lector a la siguiente dirección que corresponde, genéricamente, a su espacio y, en concreto, al citado documento.

Instrucciones


(Seguirá)

                              

 

 

A cada cual lo suyo

Por Alcides

Sábado, 23 de mayo de 2009

Podemos acusar a la sociedad —con relación a los individuos que la componen— de cobarde, de rendida a la demagogia, la agitación y la propaganda; de, en general, poco dada al esfuerzo, vulgo gandula; de colocarse de perfil y de andar encorvada para que los efectos perniciosos a la vanidad, al egoísmo, al acomodo y a la envidia afecten apenas; y ande yo caliente —a resguardo de turbulencias— y ríase la gente —que otra cosa no le queda.

En un arrebato idealista, de dudosa eficacia pese a la voluntariosa divulgación, pudiera creerse que hasta el mayor desajuste tiene arreglo y que hasta el más asolador desbordamiento podrá ser encauzado en un plazo —o por una generación— razonable.

Como fuere —quién soy yo para desvanecer ilusiones ni para abocar a desesperos—, a la sociedad que compartimos se la podrá acusar de cuantas perfidias o bondades apetezca, pero nunca, creo yo, de ineptitud.

Cada cual, en esta sociedad, persigue un objetivo, su objetivo. Un objetivo singular aunque codiciado por un número considerable de congéneres. Ilustraría este concepto con la tan familiar frase: ¡Sálvese quien pueda!, y su aparejada: ¡El último que cierre la puerta!; y una postrera que redunda en el demérito: ¡Lo hecho, hecho está!

Frases asumidas como propias, como si el certificado de paternidad obrara en el bolsillo de quien las esgrime en toda ocasión, venga o no a cuento; sea o no un cuento lo que se cuenta.

Lo que se cuenta, por ejemplo, es que unos terroristas de aspecto islámico decidieron qué siglas iban a gobernar España. Me opongo a tal afirmación. La decisión fue de la sociedad (la parte que vota y la que no acude a las urnas por igual); con su refrendo al objetivo de los atentados del 11 de marzo de 2004 y sus secuelas entre esa fecha y la jornada electoral, el día 14, la sociedad, genéricamente considerada, hace suya la idea, la ejecución y el resultado. Escudada en el miedo o en la mentira, o en el engaño y la cobardía, la sociedad dio su visto bueno aceptando lo que viniera en adelante.

Dado que los políticos no surgen por generación espontánea sino de la sociedad que los cultiva, cualquier actitud y toma de posición de los mismos es la de la sociedad que los produce, sustenta y endiosa. De ahí que otras dos frases-conceptos-máximas-sentencias figuren destacadas en el imaginario popular: Pasar página y Versión oficial; exponentes de la voluntaria resignación a lo que depare la política de los políticos al uso; con la apostilla, en voz queda: pobre del que le toca.

Al que le toca lo sufre y es posible, en un rapto de sinceridad, que se acuerde de Santa Bárbara al cernerse la tormenta; y ruegue a Dios para que escampe pronto y cale a otro.

Cunde en mí la aterradora certeza de que no habrá vía abierta para el esclarecimiento público y notorio de lo acaecido entre el 11 y el 14 de marzo de 2004 (gestado años atrás, explotado años después) que no sea fulminantemente cegada y clausurada como una fosa séptica por el poder único y sus reconocibles ramificaciones; con la aquiescencia e incluso aplauso de la sociedad citada. Qué pocas voces, libres y exigentes, claman contra la imposición y el sometimiento de una casta política dispuesta a lo que sea —a lo que sea, repito— para afianzarse en el poder único.

Una sociedad libre, madura, inteligente y valiente, negaría legitimidad y legalidad a la casta política esparcida convenientemente en todas las Instancias y Órganos del Estado que ordenó la destrucción de pruebas, que se sirve de la mentira para prosperar en su abyecto negocio, que utiliza la agitación y la propaganda para subvertir la moral, los principios y el curso de la historia. Luego, la sociedad es la culpable de su ominoso presente y su vendido futuro.

Nunca medraron los bueyes en los páramos de España, versificó un poeta que avaló la tiranía desde una perversa ingenuidad. No siempre ha florecido la inteligencia y el valor en las tierras de España y sí la peor picaresca, la de la mala hierba. No son los políticos de una época determinada los que deciden el porvenir de una Nación o un Estado o un indefinido estepaís; es la gente, es la sociedad con su postura, su voto en urna y su disposición día tras día a ser o a dejarse llevar.

Poder sólo hay uno: el poder político. La política al uso, la de los políticos adjudicados por la acción y la omisión social, ha fagocitado el Estado de Derecho y es la sociedad la responsable por las razones expuestas. Cada cual ha de cargar con su culpa. Estudiábamos en Psicología y Psiquiatría forense, que es imposible ayudar a alguien que decide encastillarse en su patología.

                    

 

 

 

Desprecio institucionalizado

Por Alcides

Martes, 19 de mayo de 2009

A estas alturas de la tragicomedia nacional, por adjetivarla honrosamente aunque tal calificativo sea anacrónico, nadie puesto en cordura, objetividad o sensatez, ignora que el efecto deriva de la causa.

La causa lleva al efecto y éste al desenlace.

El desprecio —no sólo falta de aprecio— que impera en la relación a todos los niveles entre considerables y numerosos segmentos sociales y los símbolos de la Nación española —los reconocibles símbolos de España— es una constante y el signo distintivo de quienes —particulares, organismos, grupos, firmas e instituciones— impunemente se posicionan enfrentados a la legalidad (digámoslo así), a la Historia, al poder (citémoslo así, para no meternos en honduras), a los poderes del Estado, consiguiendo audiencia, comprensión, respaldo y favor a partes iguales.

Hay patente de corso —implícita y explícita aquiescencia— para difamar y burlarse de los símbolos de España; a un nivel impensable e intolerable en naciones que conservan su orgullo y dignidad. Abucheos al Himno, quema de Banderas, ultrajes al Jefe del Estado (aunque ello a mí me traiga sin cuidado pues no considero al rey merecedor de la Jefatura; aún así está protegido por ley como las especies en extinción); vilipendio organizado en deshonra y descrédito de España.

La respuesta oficial (por no decir la versión oficial de tan repulsivo eco) es “el silencio administrativo”, la omisión del deber de actuación, una vez más la componenda. La respuesta del poder político, generalizado, es esa. La de una parte de la sociedad es la contraria.

La Asociación para la Defensa de la Nación Española quiere incriminar a los delincuentes. Cosa que obvia la Fiscalía General del Estado, el ministerio del Interior, el ministerio de Defensa, la Presidencia del Gobierno y la Institución monárquica por citar a quienes en primera y máxima instancia debieran velar por España, sus símbolos y sentimientos. Andan en otros cometidos los señalados por mi modesta pero incisiva denuncia.

La sociedad civil española, los que todavía la conformamos, somos quienes ponemos el grito en el cielo exigiendo respuesta proporcionada al agravio; vamos, que demandamos un rotundo desagravio y su aparejada condena penal; y puestos a pedir, la firme y sincera determinación de no permitir ni tolerar tales desmanes en lo sucesivo. Ha de ser la sociedad civil desprendida del infame pragmatismo político: ni izquierdas ni centristas ni, por supuesto, nacionalistas-separatistas acudirán prestos y beligerantes a la defensa de España y sus nacionales; no sea que ello moleste y provoque a la bestia rugidora de fauces flamígeras que es sinónimo de los habituales enemigos de España y los españoles (los que mandan en el pomposo estepaís).

Seamos conscientes de que no hay poder político ni económico que se enfrente a los grupos de presión como PLANETA, VOCENTO, MEDIAPRO, el asimilado PRISA, y las omnímodas entidades financieras de idéntica procedencia. ¿Imagina alguien que se acuse a uno de los principales iconos de la hipócrita progresía, el F. C. Barcelona, de promover delitos y azuzar desmanes (como cuando impide a quienes ostentan el escudo de esa entidad identificarse con los símbolos de España). Como mucho, y ya es decir, los que enarbolan la insignia del Estado como sus legítimos representantes para su defensa y promoción, elevarán una nota de protesta, al estilo diplomático —o sea, nada, un paripé—, para remansar algunas aguas díscolas y ganar tiempo en pos del olvido: de la inefable nave del olvido que surca todos los mares y recala en todos los puertos.

Hubiera sido deseable que los representantes políticos que acudieron a presenciar la final de la Copa del Rey, en un acto de honradez y patriotismo, abandonaran sus asientos preferentes para dirigirse al juzgado de guardia a denunciar los hechos ultrajantes y delictivos, a la vez que sumar a dicha denuncia el comportamiento de la autoridad competente. Pero no; quejas de “boquilla” pase, poner un suave grito en el cielo aún, pero actuar contundentemente asistidos del derecho y la razón, ni hablar. A otro con esa carga.

O el rey, por ejemplo, paladín de lo español, quien en un arrebato nacional hubiera zanjado la afrenta impidiéndola. Claro que en su nómina se hace constar que tales asuntos ha de tramitarlos con ceguera, sordera, mudez y sonrisa; seguro que obra muy a gusto dentro de los estrictos parámetros.

Deduzca el lector, ¿quién le pone el cascabel al gato? ¿Quién, en un rapto heroico, denuncia lo que desde hace décadas se permite, se consiente, se tolera y se disimula con la venia de la izquierda y el centrismo. Le ha correspondido pagar el pato a un “peón de brega” inserto en RTVE; ¿por qué no se reparten la deuda del pato el rey, Rubalcaba o Rodríguez Zapatero?

Miserable política de componendas y traiciones. Institucionalicemos nuestro desprecio a esa política y a esos, muchos, políticos.

                    

 

 

 

Los que mandan

Por Alcides

Miércoles, 13 de mayo de 2009

A partir de los dos años de vida alguna vez hemos escuchado la pregunta: ¿Pero quién manda?

Pregunta que también es afirmación: ¡¿Aquí quién manda?!, dando a entender que se sabe la respuesta aunque se pretenda el refrendo de los semejantes inmediatos. Quizá por aquello de asirse al consuelo.

Con la experiencia, que es la suma de años, conocimientos y vivencias, se comprende e incluso entiende, que siempre hay quien manda —directa o encubiertamente— y siempre quien obedece —voluntaria, resignada, necesaria o sumisamente.

Suele creerse que los que mandan lo hacen a conciencia. Digo yo que a concienzuda satisfacción de sus objetivos —también públicos o velados, según decisión estratégica. Suele creerse, sin que sea descabellado, que las alianzas de poder son más y grandemente extendidas que lo previsible o publicitado, pues han de recorrer dificultades de encaje —y bolillo— que requieren colaboraciones de toda laya. Para eso, para sumar en los objetivos, abunda la participación y el acuerdo, a pesar de las apariencias.

Estos consensos divulgados sin divulgación —político precavido vale por dos... mil— abarcan y aprietan, condicionan y ejercen, son y están. Los poderes fácticos se hacen patentes a la estela, o en vanguardia, de las propuestas diseminadas al principio con tiento, posteriormente en cantarín arroyo de deshielo, finalmente en trepidante cascada de onda omnímoda.

¿Quién manda? Nosotros no; lo expreso rotundamente.

Nosotros (sin cuantificar) somos los de derechas. Somos de derechas porque abominamos de la izquierda sectaria y demoledora de España en toda su gama y del pusilánime centrismo, tan del agrado de los anteriores. Somos de derechas, valga nuevamente la exposición, porque defendemos a España Nación (Historia, sentimiento, símbolos y prolífica raíz), porque abogamos por la libertad de la persona, la propiedad privada, la iniciativa privada y el ordenamiento jurídico que avale y garantice lo precedente. Nosotros los de derechas no mandamos ni cortamos ni pinchamos en el panorama político (anverso y reverso) del Estado Federal Asimétrico, reinopublicano estepaís; no somos porque nuestra voz, todavía audible y unísona, molesta, deja en evidencia, acusa.

Acciones que disgustan a los que, efectivamente, mandan. La izquierda tiene muchas voces potentes; el centrismo tiene voces tomadas; la derecha cuenta en público con poca pero constante y sólida voz. Dos de esas voces, por su inteligencia y veracidad, incomodan y siembran de temor al resto en agobiante mayoría. Dos voces que representan a decenas de esforzados comunicadores, de nombres omitidos y aislados en demarcaciones concretas, y a millones de personas que se reconocen y afirman en esa benemérita e ilustrada comunicación.

Dar a conocer lo que es, lo que pasa, lo que afecta y a lo que se tiende, es tarea de los comunicadores. Una labor de empeño y averiguación que suele enfrentarse a los consabidos objetivos (siempre vamos a parar a lo mismo: los dichosos objetivos). Pues bien, Federico y César, por citarlos a ellos como figuras señeras de la comunicación libre y veraz, molestan, incomodan, desvelan, señalan, divulgan lo que sucede en la trastienda, entre bastidores, sentados los que mandan a las mesas de restringidísimo acceso (ni siquiera admiten el “derecho” a la filtración).

El poder manda y quiere perpetuarse: qué obviedad acabo de señalar. La Iglesia es poder; el poder sociopolítico trasnacional y organizado más antiguo, probablemente. La Iglesia en España presenta varias y bien diferenciadas voces, alternadas en el tiempo por mor de las vicisitudes y las irrenunciables conveniencias. En esta época, larga, infame, hipócrita y cobarde época, la voz cantante es la del clero vasco, el clero catalán y el clero arrimado a ambos. No se desvían los caminos de la Conferencia Episcopal y los citados comunicadores-investigadores por motivos meramente de adaptabilidad al medio (que la izquierda conceda limosna, que rellene el cepillo de las parroquias, que acepte a medias un espacio de culto y didáctica católica); los motivos entroncan con la puesta en evidencia y denuncia de los tejemanejes de los nacionalistas-expoliadores, vulgo separatistas que prefieren las sucesivas e irrefrenables concesiones, daciones gratuitas y entregas abundosas a la despedida real.

¿Quién manda? La coalición vascocatalana y aledaños. Mandan doquiera se abra los ojos y el resto de sentidos no se taponen ni anulen. Cerrada la boca se calla la voz. Sin Federico ni César (ni equipos respectivos), la coalición de poder fáctico campa a sus anchas por el yermo español, quitando y poniendo, sacando y extrayendo, recogiendo haberes y dispensando bulas de recíproco favor. Mandan los coaligados. Mandan, ejercen y ejecutan. Mandan y distribuyen. Mandan y reparten.

Los vascos: Vocento (dueños o partícipes de ABC, Punto radio y las redes dimanadas de las insignias); y las entidades financieras.

Los catalanes: Planeta (Onda Cero, La Razón, Antena 3 e ídem de ídem); y las entidades financieras y deportivas (básicamente el F. C. Barcelona, pues el Español suena a España y no casa).

Únicamente citando los medios que las derechas y el centrismo identifican con sus postulados.

En común vascos y catalanes: la cadena COPE.

Es mi opinión, naturalmente.

También es mi opinión que la inmensa mayoría de los componentes de la casta política (incluida la Iglesia en dicha vertiente) ni por asomo desean proseguir y aún menos descubrir la terrible verdad de lo sucedido entre el 11 y el 14 de marzo del año 2004. Sin embargo, los que nos definimos de derechas, sí queremos saber. A Federico y César, por situarlos en la cúspide del ejemplo, les gustaría saber de principio a fin ya sabido, como a nosotros los de derechas, el para qué y hartamente reconocibles los beneficiados y los recompensados por la “hazaña liquidadora”.

 

Epílogo

Desaparecen los símbolos nacionales de España en Vascongadas y Cataluña (principalmente, otros imitan a considerable velocidad). Desaparecen las Fuerzas Armadas y Cuerpos de Seguridad de ambas otrora regiones. De hecho, estas hoy Comunidades Autónomas, son Estados Asociados Independientes, nutridos por la munificencia de una sociedad española alienada.

Y la Monarquía respaldando pública y notoriamente a la poderosa izquierda-izquierdas.

A los de derechas que lo proclamamos —rara avis somos, pero explícitamente fuera del corral— nos queda la dignidad, la memoria, el valor, los principios y el orgullo de ser lo que somos y siempre seremos: españoles (de la España que fue).

                    

 

 

 

La libertad es para valientes

Por Alcides

Jueves, 7 de mayo de 2009

Tal y como pinta el presente continuo, sólo hace falta mirar para ver, probablemente la libertad sea patrimonio en exclusiva de los temerarios.

La libertad, entendida como elección, supuesta esencialmente contraria a las onerosas donaciones sociopolíticas de la omnímoda casta ambiciosa, es enormemente gravosa y exigente. Luego, tomar partido por ella significa enfrentarse a casi todo (según las épocas) y a casi todos (según las circunstancias); un riesgo; lo dicho: una temeridad y el pasaporte al aislamiento como castigo menor.

Dado que para algunos, entre los que me cuento, la vida sin constante elección equivale a un adocenado pasar, lánguido y abundante en asistencia de señales de dirección obligatoria, enjabelgado a ratos como las caballerías de fiesta mayor, programado, publicitado y participado alícuotamente por los usuales aledaños del poder único, esos algunos, entre los que me encuentro cómodo y activo, decidimos mantener la cabeza en alto, el pulso firme y la voz modulada para dejar sentir presencia y palabra en adecuada equivalencia.

Claro es que los irreductibles (qué molestos llegamos a ser tanto a propios como a extraños) abominamos de los espejismos y de las corrientes de curso descendente. Siempre hay tiempo para caer y para arrastrarse por el miasma; incluso hay ocasión, de buscarla (no es difícil) para transitar durante años por las cloacas metamorfoseados en alimañas de alcantarilla, tituladas en centro concertado y en centro público, inquebrantable adhesión subvencionada y obediencia no menos remunerada; es una profesión antigua y con futuro.

No tan antigua pero con igual futuro indefinido es la profesión-arte de liberado sindical. Un ejército de sindicalistas liberados de ardua tarea cotidiana (con sueldos que dan vértigo), doscientos mil o trescientos mil succionando las otrora cándido-generosas ubres del flamante reinorepublicano estepaís, ahora y en lo sucesivo agostadas, campan teledirigidos abarcando (y apretando mucho) de núcleo a perímetro aunque su efectiva presencia en el ámbito laboral sea un denunciador 15% del total de los considerados trabajadores.

Tiene gracia (tómese en el sentido sarcástico la “gracia”) que a los profesionales liberales, a los autónomos, a los empresarios, a la suma de emprendedores, afortunadamente millones en España (ignoro el número en estepaís pero intuyo insignificante o exento de dígitos), creadores de riqueza y empleos no se les honre con el título de “trabajadores”.

—Terminologías del economicismo marxista, ya sabe.

—Qué feliz era el mundo sin esa lacra, dese cuenta. Qué cruz, madre, tenemos que soportar los hombres libres.. Cuánta fatiga, cuánta miseria, cuanto crimen, para mantener las castas y para incrementar progresivamente la miseria, la ignorancia y el igualitarismo degradante. Qué pecado sobrevenido, madre.

Claro es: ¿cómo van a permitir los que viven (y bien, dentro de lo que cabe, hechos a chapotear en los residuos) de la miseria y la opresión que se acabe con la miseria y la opresión? ¿Tanto cuesta verlo?

Hace unos días un viejo amigo, un compañero de fatigas intelectuales, me comentaba que pese a los años transcurridos (medio siglo, aproximadamente) aún no había aprendido a adorar el dinero; vamos, que todavía andaba con remilgos a la hora de abarloarse al dispensario de los haberes; vamos, que no congeniaba con el acaparamiento pecuniario ni prácticas por el estilo; vamos, que el dinero no ocupa el sitial de las preferencias.

—Ustedes no son de izquierda-izquierdas.

—Pues no, mire usted; ¿tanto se nota?

Quizá es que hemos invertido en libertad y ganando en una cosa se pierde (o es indiferente) la otra.

—Si no se pasa con más se pasa con menos.

—Eso digo yo.

—Pero que no falte la posibilidad de elegir y las voces libres habladas y escritas.

—Me ha leído el pensamiento.

No es por reincidir en el tema político-sindical, sino más bien por finiquitarlo a la brava, únicamente expresar el deseo que los simbióticos sindicatos de clasismo subvencionado y la aneja patronal desaparezcan del Presupuesto Nacional; y que germine en el solar patrio (o lo que de él quede) la plausible intención de las “manos limpias”.

—Ahí queda la sugerencia.

—Apueste lo que quiera a que de ahí no pasa y el mensajero perseguido a degüello.

—Por tirios y troyanos.

—No lo dude.

A qué dudar que la ingratitud cunde como la mala hierba; como la cobardía y la hipocresía, que es imposible arrancar de raíz. Y lo uno conduce a lo otro: con armas y bagajes los pasados nutren las filas de los objetivos del nuevo-antiguo orden. Qué carga más pesada la de los principios y los valores, qué redundantes sus bardos, qué clasicistas.

Qué libres, qué obstinados, qué valientes.

A medida que uno va sumando experiencia agrega convicciones a su acervo y mira de frente lo que hay que ver. Y emplea la palabra para decir lo que quiere y al que no le guste que no lea o no escuche. Resulta paradójico (no es la primera vez que lo destaco y no será la última) que se critique acerbamente a quien abre las puertas de su casa y en ella da albergue y sustento. Hay libertad para entrar y para salir. Libertad: elección. Es indigno, es obsceno y resalta la estolidez del protagonista, permanecer al amparo de un espacio protegido para vituperar y a ser posible demoler al propietario. Léase el enemigo en casa. Cuánta hipocresía, qué miedo a la libertad.

—Dícese del miedo que es libre.

—Libertad y miedo son incompatibles.

—Pero el miedo guarda la viña.

—Al cercado que contiene una ingente masa domeñada y voluntariamente afín al destino de imposición y sometimiento que le reserva el neomesianismo, se refiere usted.

Es un hermoso atardecer de primavera. El cielo brilla azul y guardo buenos recuerdos. Y me sostiene la fuerza del convencimiento.

—Sonría, hombre, que a más de uno se le ha de indigestar el momio y la ingratitud.

—Para eso habrían de tener escrúpulos.

—Pues les provocará un agudo dolor de testa, con pinchazos y vahídos.

—Para eso habrían de tener racionalidad.

Una espléndida tarde de primavera en la que recrear el espíritu.

                    

 

 

 

La alianza de las mentiras

Por Alcides

Viernes, 17 de abril de 2009

Barajando títulos con los que encabezar —también identificar— este artículo sobre la mentira, me he quedado con tal vez el más explícito para dejar en evidencia —aunque sin recorrido práctico— la trama hipócrita, fraudulenta, obscena, delictiva y procaz que caracteriza los manejos y las informaciones de esta sociedad sometida al imperio de la megalomanía.

La polifacética mentira adopta muchas caras, duras, sonrientes, biliosas, zoomorfas. Estos días andaba buscando el momento para escribir un artículo sobre la mentira, generalizada en todos los ámbitos de esta nuestra sociedad; me falta tiempo y no me sobra voluntad para dedicarle ganas y espacio a asunto tan oscuro, perverso, inicuo y perturbador individual y colectivamente.

Más por obligación que por devoción, asqueado por el abrumador uso y abuso de la mentira —podría decir sin temor a exagerar: asqueado por la institucionalización de la mentira— acudo a mi personal compromiso apuntando más que desglosando; pues necesitaría de más horas de las contenidas en una semana.

Una semana hace que el calendario señalaba en tono festivo el Jueves Santo. Imagino que como tantísimos españoles y habitantes de España, presté los días anteriores al efectivo inicio de la Semana Santa atención especial al parte meteorológico. Cierto que, como viene sucediendo en los últimos años, la información meteorológica cuando de puentes y periodos vacacionales cortos se trata, tiende a deformar la realidad en aras a conseguir que las iniciativas viajeras no queden trastocadas por unos fríos morbosos o unos puñeteros aguaceros o unos vientos irónicos; vamos, que el mayor número de españoles y habitantes de España se desplacen de un lugar a otro u otros, ocupen y consuman. Siquiera para arreglar la estadística.

Para ayudar a la no siempre dispuesta voluntad, para tentar a los indecisos y a los que calculan cuánto, dónde y cómo, los partes meteorológicos, extensamente relatados con proliferación de mapas y signos, optan por callar lo inconveniente asegurando que mayoritariamente “el tiempo será bueno” (entiéndase, seco y soleado). Cualquier avezado espectador y viajero sabe que de la misa la media o todo lo contrario; y el que quiera salir que salga pero provisto de ropa de abrigo, paraguas y dinero para refugiarse bajo techo. La prognosis, ciencia arriesgada pero respetable, es una excusa de mentirosos para los incitadores a la salida masiva.

Es una mentira, no una mentirijilla ni una piadosa añagaza en pro de la alicaída economía interautonómica. Es una mentira el que reconocibles dirigentes políticos, defendiendo su estatus, sus ambiciones y sus innombrables débitos, nieguen crisis y recesiones porque las elecciones planean en lontananza (suele haber elecciones en lontananza año sí año también). Es una mentira el que para ocultar un hecho se desvirtúen ciento, eludiendo con agitación, alharaca y propaganda lo que a unos cuantos, entre los que me incluyo, nos gustaría saber; porque nos afecta de lleno, porque es dirimente para el presente y el futuro, porque como contribuyentes —financieros, avalistas, deudores al cabo— tenemos el derecho y el deber de reclamar transparencia, sinceridad y buenos oficios a quienes se han situado en la cúspide de la organización social.

La mentira, a qué negarlo, es útil para muchas cosas. Por ejemplo para alcanzar el gobierno en un estepaís; obviamente, en una Nación las maniobras arteras predefinidas en el sumidero no bastan para alterar el voto de un cuerpo electoral consciente, patriota e informado de arriba abajo.

La mentira, por supuesto, sirve para perpetuar la mentira. A una mentira le sigue otra y así sucesivamente; hasta que otra mentira, quizá menor —adscrita al registro del mal menor, vulgo qué remedio—, reemplaza caras y actitudes por un plazo legislativo. Mentira del tipo: Tú dices eso que quieren oír esos (cosa de principios y valores) y yo me enfundo el parapeto centrípeto para satisfacer el ego y los intereses de los poderes fácticos y la tropa.

La mentira llega a ser la verdad de quien reiteradamente la promulga, espléndida en su escenificación, acompañada de séquito, cortejo, fanfarrias, correveidiles y portavocías. “La verdad es nuestra mentira”, lema de acción sociopolítica y campaña electoral. Tal mentira de pompa y circunstancia, engolamiento, portada y editoriales, cunde si es acompañada de dádivas, prebendas y otros intercambios que los más sospechamos y los menos certifican (a fin de cuentas la reciprocidad es reservada, como el fondo de reptiles).

La mentira, como tantos y tantos cargos políticos que sostenemos sin querer ni poder, no tiene títulos; títulos que dignifiquen a su poseedor, me refiero. Para mentir no hace falta ser inteligente, tampoco para ser nombrado ministro o Presidente del gobierno o Jefe del Estado de un estepaís; seguramente los que deciden quién, cuándo y dónde (ninguno de los electores que depositan su voto en las urnas) los prefieren así (dicho en género neutro); moldeables, megalómanos, falsarios, carentes de escrúpulos, barnizados con varias capas.

No tiene títulos la mentira, pero yo barajaba varios para este artículo que se prolonga como el deseo por denunciar a los mentirosos de toda laya, abundantes como la mala hierba, nocivos como las partículas contaminantes de la mina de Zinc del hipócrita progresista Al Gore y sus adeptos. Entre otros títulos tonantes y sonantes: La civilización de la mentira, Los cantos de sirena o La bien pagá (porque me gusta la copla).

Admitamos la facilidad de penetración de la mentira. Gusta escuchar según que mentiras, a sabiendas que lo son, pues halagan o sedan o perjudican a terceros que caen gordos porque saben o tienen; porque la envidia luce todos los colores del arco iris a lo largo del día.

Se necesita la mentira, parece ser, quizá porque la verdad es demoledora; puede que porque en el fondo, y no me refiero a la esperanza que es lo penúltimo que se pierde, ex aequo con el miedo, (lo último es la vida terrenal), se presuma de poder enfrentarse y vencer al mal fario, a los augurios e incluso a los hechos consumados. Una ración de fútbol y unas risas vengan o no a cuento inmunizan un rato. Luego, Dios, la televisión o la casta dirá.

Vamos, hombre, no seas cenizo; que la vida no va a ser tan estricta, tan contabilizada, tan severa con sus hijos. Venga, hombre, que no llovió que no parara.

Dicho por un agremiado al poder político imperante.

No es de extrañar que la mentira forme parte de la cotidianidad. Es preferible imaginar que creer, suponer que constatar, dejarse llevar que nadar contracorriente, estar que ser. La vida bella es ficción, novela o serie televisada con final feliz, resueltos todos los imposibles.

Si el mandamás sonríe es que todo va “razonablemente” bien.

Sea amable —oigo cerca de mí— y cierre ya este artículo antes de que la desazón cubra los pocos resquicios luminosos que otorga la versión oficial. ¿No se da cuenta de que ya transitamos la segunda fase, la de la recuperación? Insiste mi interlocutor desde un convencimiento subvencionado: Haga como millones de habitantes de estepaís cuyo nombre ha desaparecido de la toponimia oficial, siga a pie juntillas las consignas propagadas desde los medios oficiales y rinda pleitesía a las versiones oficiales difundidas por el poder. No sea, añade, que le tiren de las orejas o de otras partes y a otras partes esos que no paran de sacudir estopa a un tal gobernador del Banco de España por decir lo que no debe ni quiere oír la mayoría del cuerpo electoral; en tropel han acudido a taparle la boca los políticos, los sindicatos de siglas memorizadas por la reiteración (que son un apéndice político), la patronal de los que hacen muy lucrativos negocios con el poder político (que es una encubierta facción política) y los medios de comunicación que redactan y no pocas veces inspiran las versiones oficiales (que son en puridad el trasfondo político).

Es que yo soy muy mío, sabe; y no estoy por las componendas ni los silencios retribuidos, recompensados, promocionados al empíreo de la casta. Váyase por donde ha venido que para mí todos los males son mayores y las mentiras de los mentirosos iguales.

                    

 

 

 

Mística, eficacia y valor

Por Alcides

Miércoles, 8 de abril de 2009

A vueltas con los desagravios y merecidos reconocimientos a nuestras Fuerzas Armadas —tan injustamente tratadas desde hace décadas, a las que por iniciativa política se distancia de sus nacionales para recortarlas en paisajes lejanos, desatendidas, obscenamente utilizadas para recabar méritos propagandísticos que hieden a igual distancia, en progresivo e imparable trance de reconversión hacia la nada funcional que persigue denodadamente el izquierdismo progresista, aliados y añadidos según conveniencias—, excluidos los mandos políticos o de asignación política, un valenciano, un malagueño y un servidor han creído oportuno dedicarles memoria y espacio.

Dada la época del año, Semana Santa, y que, afortunadamente todavía, las Unidades del Ejército español son varias y magníficas, hemos optado por refundir nuestro afecto y sentimiento en dos Cuerpos: La Legión y la Infantería de Marina; ambos, como hemos venido denunciando últimamente, castigados por la determinación política a la mengua y el olvido.

Motivos suficientes para que, modestamente, devolvamos a los españoles lo que es de los españoles, envuelto en emoción y documentos, mal que pese a los numerosos enemigos que los españoles padecemos dentro y fuera de España.

Sin más preámbulo, he aquí el enlace a la primera visita:

El Cristo de la Buena Muerte y La Legión

Y aquí el segundo, que desea complementar al anterior incidiendo en el espíritu (la mística, la eficacia y el valor) que ha de caracterizar a un Ejército Nacional. Tras su lectura, puede deducirse por qué la casta política dirigente precisa anular, primero, eliminar, después, una de las dos garantías que mantiene España como Nación; la otra somos nosotros.

Credo Legionario

En un futuro cercano, la gloriosa Infantería de Marina española también contará con su debida memoria y merecido reconocimiento.

                    

 

 

 

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