Bitácoras de Rebelión digital | |
Últimas anotaciones El largo y cálido verano de 2010 Mejor solos que mal acompañados De la nación-estado al estado-rapiña Donde hay poca justicia es peligroso tener razón Mejor rebeldía que inconformismo Comodidades para algunos, infierno para otros Libertad para combatir al desempleo El coronel sí tiene quien le escriba
| Bitácora "Aplicación Española" |
Agradecimiento y breve presentación
Colaboración del blog Aplicación españolaMiércoles, 11 de noviembre de 2009 Éramos muchos los que pensábamos, hace veinte años, que el socialismo había sido herido de muerte y que tras el oprobioso muro de Berlín, otros irían cayendo, en efecto “dominó”. Es lo que tiene ser joven, que se crean expectativas demasiado altas, incluso de sí mismos: luego viene la vida a ponernos a todos en nuestro sitio. Sólo somos supervivientes. Sí, el muro fue derribado, pero las larvas del comunismo siguen enquistadas en Cuba, en Corea del Norte, qué decir de China. Incluso ganan terreno, como su versión indigenista, seguro que estéril pero muy agresiva en Venezuela, Bolivia y otros países de la América Española. El muro que partía la cara de Berlín fue destruido, pero otros muchos se han mantenido y aun surgido donde no existían. El peor muro es el que está delante del entendimiento del ser humano. Es granítico, inamovible. Inconmovible. Las ideologías relacionadas con el comunismo han sido (y son) la epidemia más salvaje que ha sufrido el ser humano, llenando fosas con la escalofriante cifra de decenas de millones de muertos. Y la antediluviana siniestra española, cretácica, contemporánea de los últimos grandes saurios sigue sin derribar ese muro al que aludo. No se disculpan, eso no figura en el manual del marxismo, porque no se equivocan: la pobreza y el gulag en una sociedad envilecida, habituada a dejarse la vida en interminables colas para comprar una barra de pan que ni siquiera estaba asegurada. Calladas, grises, tristes, vestidas con su resignada miseria, tres y cuatro familias conviviendo, hacinadas, en el mismo piso. La igualdad. El hambre. El nuevo hombre proletario soportando que los piojos le chupen la sangre: en esto se resume el socialismo. Y el embrutecimiento de toda una sociedad que más merece el calificativo de “rebaño”, y que con cómplice pasividad traga con todo. Con mentiras, con corrupción, con impuestos salvajes. Que le toque a otro y ahí me las den todas porque se lo habrá “buscado” (magnífico Luis del Pino en http://blogs.libertaddigital.com/enigmas-del-11-m/jubilados-sin-techo-5375/ y http://blogs.libertaddigital.com/enigmas-del-11-m/premiar-la-imprudencia-5378/). Los demás a seguir viendo el fútbol. O lo que sea. Lo bueno de los muros que ciegan las entendederas es que no se ve lo que se quiere ignorar. Siempre encontrarán a jauja de perfil, vendrán a buscarla para llevarla al matadero y todavía seguirá creyendo que la “cosa” van con otros y que nada le afecta. Uno ha visto muertos con más coraje. Claro que no estaban infectados por el socialismo. Como esto es una “democracia”, no hay que quejarse porque los muros no se ven... hasta que nos estrellamos en ellos. Por cierto, la alemania oriental también se denominaba “democrática”... Honor y Patria, por la Refundación de España.
Genio e ingenio Colaboración del blog Aplicación españolaMiércoles, 4 de noviembre de 2009 El espíritu del español ha sido forjado a lo largo de los siglos. Con dos constantes permanentes: Rebeldía y amor por la Libertad. Ha habido pueblos levantiscos, pero como el español, pocos. Y que hayan mezclado el individualismo más exacerbado con el espíritu de sacrificio colectivo llevado al límite, ninguno. Los que hemos visto una unidad militar española en acción lo sabemos. El espíritu del español se ha forjado en el crisol de la escasez y en la lucha continua, secular, contra un enemigo. Las guerras de los españoles han sido largas, sangrientas, totales y nos han marcado de manera indeleble. Como a nuestros contrarios, que renegaron de la hora en que osaron agraviarnos, desde el moro hasta napoleón. Una de las peores cosas que nos ha pasado como Nación es encontrárnoslo “fácil”. Cuando la abundancia ha sobrevenido lo ha hecho en forma de presagio de la miseria, porque lo nuestro es la austeridad midiendo los tiempos. Una buena cosecha cada dos malogradas. Siempre mirando al cielo y al horizonte. Para que el primero nos asista, y para que el segundo no nos escupa gente dispuesta a robarnos lo poco que nuestro esforzado trabajo nos da; la casa, la familia, la vida y aun el honor. Arado y Espada. Esto es España. Si es otra cosa será para empeorar. Como jauja. Y si vienen brujos para contarnos otra cosa lo harán para buscar su provecho en nuestros males. Es natural que la más grande Nación de Occidente haya parido los más grandes traidores del orbe. No tenemos término medio: o Gloria, o infierno. “España y yo somos así, señora,” como magníficamente retrató Marquina en su obra “En Flandes se ha puesto el sol”. Sólo que el sol puede volver a asomar. Porque no existe la noche eterna. Tenemos cien mil dramas más. Cien mil desempleados que se suman a los que ya había mientras el hedor a corrupción lo invade todo. Y si lo invade todo, es que todo está podrido. Estando corrompido, no valen medias tintas, se impone el bisturí. Se impone la decisión. No se curará a un enfermo de cáncer con aspirinas como no se curará nuestra Patria con comisiones, recursos, estudios, investigaciones, sumarios y demás cancaneos. Puede que sean necesarios buenos gestores, pero más precisos son los héroes. Buenos tiempos para la épica. Si seguimos atendiendo a los cantos de sirena nada nos salvará. Una vez más habrá que apelar a nuestra grandeza: Genio e ingenio. Honor y Patria, por la Refundación de España.
De la nación-estado al estado-rapiña Colaboración del blog Aplicación españolaMiércoles, 28 de octubre de 2009 Es paradójico que las naciones-estado más antiguas, las de Occidente, estén inmersas en un proceso de descomposición social y nacional que amenace su viabilidad a medio plazo, mientras que su voracidad fiscal aumenta sin cesar para alimentar un aparato burocrático tan gigantesco como inoperante. Y dentro de esa paradoja aberrante que perjudica al ciudadano, existe un paradigma, que es jauja (antaño España). Los progres suelen decir que los servicios que presta el estado son más eficientes y gratuitos. Mentira. El estado no es más eficiente que la empresa privada porque no tiene porqué preocuparse por optimizar sus recursos: siempre tendrá más “madera” que echar al fuego ya que considera que los frutos de sus exacciones son casi ilimitados, como si los contribuyentes fuéramos una suerte de nueva gallina de los huevos de oro. Y no son gratuitos, sino muy onerosos. Esto quiere decir que a una familia de cuatro miembros (padre, madre y dos hijos), las distintas administraciones le cuestan más que sus ingresos totales. Una ruina. Con unas “políticas sociales” que causarían hilaridad a un alemán, por poner un ejemplo “de nuestro entorno”. Vuelvo a insistir en que sufragamos el sostenimiento de tres administraciones (central, autonómica y municipal) claramente definidas y dos más (la red de diputaciones y la de Bruselas) que son fantasmales pero a las que hay que allegar recursos igualmente: no es de extrañar que el norteamericano medio, podría ser de Montana, considere que somos ricos a tenor de los excesos estatales que permitimos sin rechistar, si tuviéramos las carteras exangües seguro que protestaríamos, pero como atamos a los perros con longaniza, pues eso, que nada. De nada. Y como no pasa nada de nada, los políticos se ponen a la tarea de que si hay crisis, que no les afecte a ellos. Nosotros vivimos por encima de nuestras posibilidades, como ha llegado a decir bobaliconamente alguno, pero ellos no. Si escasea su liquidez, a recaudar más y se acabó, pero eso de apretarse el cinturón es para los mortales, no para los “elegidos”. Así incluso pueden disponer de líneas de financiación impensables para empresas y autónomos, seguramente porque somos los culpables de esta crisis económica, por nuestra codicia pecaminosa y deseos de que prosperen nuestras familias. Si es que somos insaciables. Aparte de vivir, que eso ya es un exceso en estos tiempos en los que se mata a bebés en el útero de sus madres. Si un estado auspicia eso, que no hará con los que ya hemos nacido. Nos sablean para que ciertos funcionarios (como en el caso “Faisán”, por ilustrarlo) otorguen prioridad a los intereses de un partido político, de seguro superfluo y de siniestra trayectoria en la historia de España; antes que la seguridad de los que les pagamos sus emolumentos. Y ese estado lo consiente implícitamente porque, al día de hoy, no se atreve a tomar medidas contra ellos. Dejen de pagar impuestos, verán qué medidas toman contra ustedes... Honor y Patria, por la Refundación de España.
Tangentópolis Colaboración del blog Aplicación españolaMiércoles, 21 de octubre de 2009 El término que encabeza el “Comentario” de hoy se acuñó en la última década del pasado siglo. Se refería a la corrupción en una ciudad italiana (Milán), tan generalizada que alumbró una nueva denominación para la romana “Mediolanum”: “tangentópolis”, de “tangente” (“comisión” en italiano), sumando el sufijo “polis” (“ciudad”, en griego). En esa ciudad transalpina nació la investigación en 1992, pero la red abarcaba a toda la querida Italia, generando un colosal proceso judicial que se llamó “Mani Pulite”. Fue tan gigantesco que se llevó por delante a los partidos tradicionales de la escena política italiana por la imputación de políticos, empresarios, funcionarios, magistrados, ediles, etcétera. Supuso el cambio del sistema electoral del país hermano, del proporcional al mayoritario, que favorecía los posibles personalismos de los candidatos pero castigaba a los “culiparlantes” que se colaban en las listas electorales con la pretensión de medrar a costa de un cargo público o, directamente, metiendo la mano en la caja del erario. Se puede hablar de “refundación”, parcial pero valiente, lo que Italia acometió durante esos años. Está claro que la corrupción es inherente al ser humano, como inherente debe ser su voluntad de combatirla, según demostró la sana sociedad civil que protagonizó ese cambio. Ya he dicho en alguno de los “Comentarios” precedentes que la crisis económica propicia que se tornen locuaces los que antes recibían dinero por callar y dejarse prostituir. Los velos que ocultan turbios secretos se vuelven más livianos faltando el vil metal, y por doquier comienzan a saltar los escándalos con un elemento común: manzanas podridas hay en todos lados, tanto, que hace falta una cirugía drástica y en profundidad. No sirve titubear o mirar para otro lado: hay que actuar con contundencia si no se quiere incurrir en lo que tanto criticamos a la siniestra, su hipocresía y relativismo moral (o ausencia de moralidad). Si los partidos están configurados de forma federal, habiendo dado ese salto en el vacío de la desintegración nacional, y resulta imposible que una dirección pueda establecer un discurso homogéneo e inequívoco, además de dirigir el comportamiento de sus “teóricos” subordinados; es que entonces es imprescindible un cambio radical. Tampoco es de utilidad el victimismo, si bien es cierto que los medios de manipulación ponderan bastante más los casos que afectan a la “oposición” (usaré esta palabra pese a que no sea la apropiada), que a los del partido preferido de los progres, que pasan de puntillas por los titulares, cuando no se silencian dolosamente. Ejemplo: lo de “Gürtel” lo ha oído casi todo el mundo, hasta que se demuestre si los hilos de la madeja llegan hasta la moncloa; mientras que lo de “MercaSevilla” es materia de iniciados. No hay que olvidar que la corrupción crece a la sombra del que detenta el Poder, no del que aspira a “heredarlo”. Y en jauja (antaño España), lo que más hay son “centros” de Poder: comunidades autónomas, ayuntamientos, diputaciones, aparte del propio estado, todos con sus gestores politizados y legiones de funcionarios, entre los cuales, por muy honrados que sean, alguno habrá que sea más “receptivo” a generosos óbolos de “desinteresados” ciudadanos a cambio de “fruslerías”. Sobre todo teniendo en cuenta la calamitosa ley de suelo que sufrimos, sí, todos sin excepción porque es la causa de que el precio de un derecho constitucional como es la vivienda, sea prohibitivo. Así que fíjense si la corrupción puede salpicar su bolsillo. Lo peor es que también puede hurtar el alma... Honor y Patria, por la Refundación de España.
Un pilar del estado Colaboración del blog Aplicación españolaMartes, 13 de octubre de 2009 El pasado día doce se celebró la festividad de la Virgen del Pilar. Todavía es la Patrona de la Hispanidad, pero no sabemos por cuanto tiempo, en estos mezquinos días en que algunos se molestan hasta por el lema de “todo por la Patria”. Y se congregaron las personalidades que dirigen ese estado jaujeño, (antaño llamado “España”) para ver desfilar una representación de sus Fuerzas Armadas. Estoy seguro de que muchos de ellos se aburrieron y aprovecharon para ventilar “lo suyo” con otros, los doce de octubre siempre dan mucho juego, entre broncas de vicepresidentes a presidentes del tribunales y sopor mal disimulado de líderes de la colaboración (antaño, como “España”, “oposición”); sin olvidar los abucheos al insigne timonel que nos lleva a pique y que tanto enojan al alcalde que admira a un individuo (“moe boeno”) cuya principal actividad es el insulto, sin ninguna gracia, por cierto. Estaba yo en estas ideas, parecidas a la presentación de un telefilme americano de hace muchos años, “Enredo” se llamaba (“Soap” en inglés), y hasta recordaba la musiquilla de fondo que acompañaba el resumen; cuando me vino a la memoria una frase de Solzhenitsyn, que decía algo así como que “en nuestro país la mentira es un pilar del estado, además de una categoría moral”. Claro que él se refería a la unión soviética, pero la cita encaja perfectamente en jauja. Así es como tres palabras (“pilar”, “estado” y “mentira”) alumbran un diagnóstico y el “Comentario” de esta semana para mis buenos amigos de “Rebelión Digital”. Curiosos los mecanismos de la asociación de conceptos. El autor de “Archipiélago Gulag”, encarcelado por el comunismo, sabía de lo que hablaba. Acaso por eso fue maltratado cuando visitó España: su clase política ya apuntaba maneras y unos por simpatía hacia el totalitarismo (juan benet, por ejemplo) y otros por su maricomplejinismo bobalicón y claudicante; cooperaron para hacer “inolvidable” la estancia del premio Nobel de Literatura (cuando eso significaba algo) en nuestro país. Es muy recomendable su testimonio de aquellos días donde comparaba, para ilustrar, las diferencias más llamativas entre la dictadura de Franco y la de los soviets. Como las comparaciones son odiosas dejo el enlace (http://www.elmundo.es/2002/09/06/cultura/1222847.html) donde las bondades de la dictadura del proletariado brillan por su ausencia. Volviendo a la cuestión que abordo hoy, las mentiras son las que sostienen el estado. Incluso cabe hablar de un estado “virtual” dentro del estado, que le fagocita y maneja como un demonio a su poseso. Y funcionarios que se ponen a su servicio, de buen grado, dejando a un lado su fidelidad a la sociedad que le paga su sueldo. Sólo de esta forma se puede comprender que se graben conversaciones a según qué imputados y se filtren a los medios que ya sabemos, mientras que esa práctica no se lleva a cabo con, por ejemplo, terroristas de la serpiente. Claro que estos son “intocables”, hasta se les telefonea para que puedan eludir la acción policial porque lo que mande el “partido” y sus conveniencias está por encima del interés general de los españoles. La mentira es un pilar del estado porque toda la situación que vivimos está sólidamente asentada sobre ella. La Constitución de la Concordia ya no existe, en algunas regiones de España quedó inédita, como su espectral “derecho a la vivienda” y el etéreo “derecho al trabajo”. La mentira reiterada de los traidores, que utilizan Cataluña como rehén para hacer otro tanto con España y que se consagre su derecho de pernada, más importante que la libertad de los ciudadanos para hablar y rotular en la lengua que les plazca. Se miente sobre la situación económica, sobre las otras crisis nacionales como el drama de la enseñanza, entre otras; sobre el Derecho a la Vida que es preponderante frente a cualquier otro; sobre la guerra de Afganistán de la que se “desinforma” a conciencia, como bien sabemos los que hemos estado en el ejército; se miente sobre cualquier asunto, da igual porque todo le sale gratis a la siniestra que nos malgobierna: la opinión pública no le pasa factura por nada. Y ellos lo saben. Con lo terrible que es todo lo mencionado, hay algo que es definitivamente esclarecedor: Seguimos sin saber quien planeó y perpetró los atentados del 11 de marzo de 2004. El objetivo está claro, no tenemos más que mirar a nuestro alrededor. Los beneficiados, también: no tenemos más que mirar quiénes van en coche oficial. Para ver damnificados basta con asomarnos al espejo. Honor y Patria, por la Refundación de España.
Ser es defenderse Colaboración del blog Aplicación españolaMiércoles, 30 de septiembre de 2009 La frase, de Ramiro de Maeztu (1875-1936), es más larga y reza así: “lo característico de la conciencia es la inquietud, la vigilancia constante, la perenne disposición a la defensa. Ser es defenderse”. Autor de grandes citas, venía a decir que valerse es inherente a la propia vida, siendo esta cualidad, acaso, lo que mejor puede definirla. La vida es lucha permanente porque es una exigencia, porque es un privilegio que hay que ganarse a cada instante. Aquellos que de forma suicida no se defienden, terminarán perdiendo ese privilegio. Cristo dijo que había que poner la otra mejilla, pero no dejó indicación de qué hacer después. Sólo hay dos mejillas. Los militares, por definición también, están para proteger y defenderse en el marco de la disciplina castrense. Siguiendo con perogrulladas, lo normal es que porten armas para que puedan llevar a cabo su cometido de la mejor manera, casi siempre con muchísimo esfuerzo y sacrificio por su parte. Es difícil que encuentren a alguien más desprendido que un soldado porque todo su entrenamiento está orientado a servir a los demás, incluso entregando su vida si es preciso, para cumplir su misión, misión de la que se beneficia toda la Nación. Por ello es incalificable que se dé la orden de no utilizar el armamento si la situación se pone fea, o que un buque de la Armada no pueda actuar por “no tener autorización” de la superioridad si están en peligro unos españoles, aquí o en el otro lado del mundo. Yo he recibido esa orden en alguna ocasión cuando estaba en el ejército y recuerdo las carcajadas del enemigo (porque es “enemigo” el que te está hostilizando) al no responder a su ataque, tomándonos por cobardes. Claro que no son cobardes los que aguantan en primera línea. Los cobardes suelen estar en despachos con lujosas alfombras intrigando con ascensos o jugando a los soldaditos sobre una gran mesa. Los cobardes son los que imparten órdenes a precio de sangre mientras siguen adulando a los políticos y riéndoles las ocurrencias a sabiendas del deshonor que suponen. Esos son los cobardes. Y luego están, por encima en escalafón operativo que no humano, los traidores. Los que prefieren enterrar a sus soldados o a sus compatriotas antes que molestar a los que los disparan y/o los secuestran, faltaría más. Todo se arregla con una condecoración, a título póstumo, que no implique el reconocimiento de una acción de guerra. Porque ellos son muy pacifistas y ni siquiera pueden ver la sangre sin que se sofoquen. Porque prefieren amigarse y echar unas risas con aquellos que sí mandan tirotear y/o raptar españoles. Cuando no meten dinero del erario, nuestro dinero, en su cartera para consumar el ultraje. Con las carcajadas del enemigo como vergonzoso fondo sonoro. Esos son los traidores. Honor y Patria, por la Refundación de España.
Donde hay poca justicia es peligroso tener razón Colaboración del blog Aplicación españolaMiércoles, 30 de septiembre de 2009 La característica más destacada de las frases lapidarias es que fueron creadas por personas que sabían de lo hablaban. El conocimiento empírico es insuperable porque no existe causa, o consecuencia, que no pueda ser explicada cuando es sufrida. Dolorosamente. Francisco de Quevedo fue el autor de la frase que corona como título el “Comentario” de hoy, en esta apreciada tribuna de mis queridos amigos de “Rebelión Digital”. Quevedo fue un hombre de su siglo, y en esa época señaló los males que acuciaban a la Monarquía Hispánica, conociéndolos mejor que muchos de sus contemporáneos por hallarse en la trastienda del Poder. Una trastienda en la que suelen menudear puñaladas entre otras ilustrativas muestras de lo peor del ser humano. Amistades peligrosas, breves por tornadizas sin más lealtad que la del interés personal… y partidista. Muy lejos de cualquier fervor patriota. No sé cuantas veces he dicho que no habrá regeneración de ninguna clase en tanto que no se conozca la autoría de lo sucedido en la trágica mañana del 11 de marzo de 2004. Para que España deje de ser jauja y recupere su glorioso nombre es preciso, perentorio, apremiante e indispensable que se encuentre a los que están detrás de esa conspiración para encerrarlos. Cuando se asesina a casi 200 personas en una mañana sangrienta, es porque se pretendía “cambiar” algo que molestaba a “alguien”: entonces se puede y se debe hablar de “conspiración”. Es lamentable que seamos tan pocos ciudadanos, miembros de esa “Rebelión Cívica” de la que me honro de pertenecer, los que estemos empeñados en no dar por cerrada esa cuestión. No hay iniciativa judicial alguna que investigue de oficio, centrándose en las responsabilidades de cierto mando aquel fatídico día. La sociedad, encastillada en su habitual silencio ovino, prefiere mirar a otro lado porque lo que se intuye es tan terrible que opta por no querer saberlo haciendo la competencia a las avestruces, que ciertamente, no esconden su cabeza. Porque cuando se conoce la verdad hay que comportarse como persona de honor, si resta un punto de dignidad nacional. No sabemos quienes lo hicieron. Lo que sí es notorio es que la denominada “versión oficial” no se sostiene y es un insulto a la inteligencia. Como no quiero ser prolijo, les remito al blog de Luis del Pino (http://blogs.libertaddigital.com/enigmas-del-11-m/la-comparecencia-5249/) que ha dejado al descubierto los boquetes que ofrece esa “versión”. La Patria nunca agradecerá lo suficiente la labor de este periodista. Si la versión “oficial”, (defendida a capa y espada por el malgobierno, los jaujeños que les votan y algunos más que preferirían “pasar página”) fuera un guión cinematográfico, o una novela, se le habría devuelto al autor para que considerase su permanencia en la profesión. Por chapuza. Lo malo es que esto no es ficción. Es algo que ambicionaba, y lo ha conseguido en gran medida, imprimir un giro copernicano en el rumbo de la Nación, un cambio de régimen a espaldas del ciudadano, que sólo puede esperar hechos consumados dirigidos contra él. Como vienen sucediéndose desde esa malhadada fecha. También sabemos quienes fueron los “favorecidos”. Eso es algo que se tiene muy presente en cualquier investigación policial, pero que en esta ocasión ha sido clamorosamente silenciado. Como si esos “beneficiados” estuvieran por encima de la menor sospecha simplemente por su condición de progres como insuperable coartada, lo que se contradice con el testimonio que ofrece la historia de España. En la literatura policíaca, el que “hereda” es mirado con lupa. Aquí, como es siniestro, se le adula. Aún más, se intenta atraer su simpatía haciéndoles los recados. Lo que ya es servilismo. Ahora se desempolva una denuncia que estaba “durmiente”. Algunos hasta confían, ingenuamente, en que se reactiven otras investigaciones que se hallan en el limbo, a mano izquierda, pero dudo que esta se muestre tan diligente como para hacerlo. Uno está metido en una edad en la que se sabe lo que es puro azar y lo que no con un golpe de vista. Es lo que tiene haber encajado unos cuantos golpes a lo largo de la vida, que uno distingue la piedra caída de la arrojada, más que nada porque esta última suele mostrar una puntería muy depurada. Tanta como mala sombra. Un personaje de cierta película dijo que “cuando alguien está en el centro del escenario, es intocable”, con el fin de no suscitar más escándalo. Buen filme, a excepción de su director, muy amigo de totalitarismos caribeños y de un rosario de falsedades sobre las que se apoya todo el argumento. Con todo, la moraleja es óptima: hay que buscar siempre la verdad, caiga quien caiga, sin miedo, porque el miedo nos convierte en esclavos y los asesinos conseguirán su objetivo por partida doble. “No hay que tocar al que está en el punto de mira de la opinión pública, sino esperar a que se aquiete la cuestión”, venía a decir ese personaje. Salvo que se quiera ofender intencionadamente para advertir, bien porque se está muy cerca del desenlace, bien porque se quiera ajustar cuentas o por Dios sabrá qué razones. Pero ese tipo de actuaciones pueden tener el efecto de un bumerán. Como dije en el último “Comentario”, hay jugadores de ajedrez que buscan una serie de jaques seguidos, poco sensatos, para evitar el mate decisivo. Sólo que acosar una pieza en particular implica que otras piezas tienen espacio para desenvolverse mejor. En esas están, después de tanta intoxicación, de tanta mentira, de tanta obstrucción, de tantos faroles y burlas que se han marcado (como con la “deducción de testimonios”); de tanto humo que no sería extraño tener cerca alguna sucursal del infierno, después de todo esto se tiene que recurrir una denuncia de hace dos años para llegar a la conclusión de que nadie escarmienta en cabeza ajena porque seguiremos exigiendo la verdad hasta que se enjuicie a los responsables de las masacres. Porque el honor de España no quedará restablecido hasta entonces. Porque todo lo que está sucediendo no se explica sin los hechos de ese día. No hay el menor espacio para la casualidad como ya no queda para la libertad. No hay libertad sin verdad. Y cuando llegue se abrirán los cielos dando paso a la luz… Honor y Patria, por la Refundación de España.
España no se hunde Colaboración del blog Aplicación españolaMiércoles, 23 de septiembre de 2009 Con el desparpajo que da la suma de ignorancia y maldad, se nos dice que “España no se hunde, basta con salir a la calle para comprobarlo”. Aunque si se sale en algunas zonas, damnificadas por el plan “e” o por la megalomanía de cierto alcalde, se puede pensar que hemos sufrido un movimiento sísmico de gran envergadura. La pista americana se queda pequeña al lado de la colección de zanjas y desniveles en muchas localidades españolas. O jaujeñas. También decían que “España no se rompe” por la misma graciosa razón. Maldita la gracia, pero cuando ya nada hay que decir, salvo las mentiras de costumbre, se recurre al chiste. Hoy la política jaujeña (antaño española), con representación parlamentaria, es un escenario donde se compite duramente por ver quien dice la parida más sonora. Pero sólo les salen chistes sangrantes, ni siquiera el chispeante y tradicional humor negro hispánico. Decía Calvo Sotelo, un patriota, que prefería una España “roja antes que rota”. Lo malo es que cuando nuestra Nación se ruboriza, más temprano que tarde asoman los renegados para recordarnos lo mucho que les “debemos” y meternos la zarpa en la cartera, chuleándonos con “su” independencia, ni mucho menos anhelada por muchos españoles de esas regiones. Al final logramos tener una España que es jauja, roja hasta la congestión y rota porque no se la defiende con la verdad para contrarrestar tanta ponzoña antiespañola. Y Calvo Sotelo murió asesinado por los de la revolución, que no está de más recordarlo. Lo cierto es que España no se hunde. Ya está hundida a conciencia. Entre lo que no se hizo, por provecho o por pereza, en las dos legislaturas de Aznar; y lo que se ha devastado desde el aciago 11 de marzo de 2004, efectivamente se puede decir, al día de hoy, que España es una ficción aceptada por todos, más o menos según la conveniencia de cada cual, para no asumir que estamos en tinieblas. Como el muerto que se niega a admitir su defunción y sigue con sus hábitos para susto y zozobra de sus deudos, sólo que en este baile de vampiros organizado por las distintas administraciones que acosan a ciudadanos y súbditos (para ver quien logra más exacciones), todos están interesados en utilizar el fantasma como pretexto de sus manejos y seguir viviendo del erario. Lo cierto es que España no se rompe. Ya está fracturada de todas las maneras posibles. En sus regiones y socialmente. Desde la manipulación y la falsedad reiterada, hay una generación larga que siente España como algo tangencial, en el mejor de los casos. En los peores se la contempla como el enemigo, lo que es tan absurdo como si esos felones quisieran amputarse alguna de sus extremidades por no considerarla como propia. Hay una generación larga que sólo siente su Nación para arremolinarse delante de un televisor y contemplar los partidos de la selección, en una modalidad de “patriotismo deportivo” que termina cuando acaba la competición, sin más consecuencias ni mayor compromiso que el lúdico. Con cinco millones de desempleados y muchísimos más en la cuerda floja de la incertidumbre (no todos tenemos la fortuna de ser funcionarios, liberados sindicales o de trabajar para bancos, e incluso estos últimos pueden acabar en la calle), es una burla lacerante que se diga que las empresas que están desmoronándose son “de cartón piedra”. Entonces es de cartón piedra el país más antiguo de Europa, que es incapaz de soportar este temporal siniestro, que como una maldición, padecemos día tras día. Hay frases que descalifican plenamente a sus autores, y estos que malgobiernan tienen suficientes para colmar toda una enciclopedia dedicada al esperpento. Hay quienes dicen que lo “peor de lo peor ya ha pasado”. Les aseguro que me gustaría que así fuera porque no me regocijo en absoluto de que estemos metidos en esto. Pero no creo que mejore por la sencilla razón de que el malgobierno sigue a lo suyo y está aprovechando las crisis para acelerar lo “suyo” mientras proliferan los negocios que cuelgan carteles de “compro oro”, que no veía desde hace muchos años, tradicional excepción hecha del centro de Madrid. Y en otros países la diferencia que es su propio patriotismo, ausente en jauja, no les impide cometer errores intervencionistas con cargo a una monstruosa deuda. Puede que veamos el día en que el dinero “real” tenga el mismo crédito que el del “Monopoly”. Les recomiendo este artículo (http://www.libertaddigital.com/opinion/autores-invitados/ensayo-general-para-el-ultimo-contango-de-oro-50947/), breve, escrito por el profesor Fekete de forma muy descriptiva y amena, no hace falta ser economista para comprenderlo y extraer la conclusión de que lo que hemos penado no es más que un aperitivo si se cumple el pronóstico. Negro y funesto pronóstico. En tanto, tenemos a uno haciendo chistes sobre terremotos y al otro haciéndolos sobre la “cabeza” que hay que tener cuando “atacas”. Será por eso que no hay una sola manifestación o movilización contra el malgobierno. La moción de censura, aunque sea simplemente para que se retraten sus señorías, ni está ni se le espera. Jauja es hoy un inmenso chiste. Tan malo que traerá llanto y crujir de dientes. Honor y Patria, por la Refundación de España.
La defección Colaboración del blog Aplicación españolaJueves, 17 de septiembre de 2009 Fue el Barón de Holbach (1723-1789) el que dijo que “la traición supone una cobardía y una depravación detestable”. También sentenció que “hay hombres cuyo proceder es una mentira permanente”. De las dos tenemos ejemplos sobrados en jauja, (antaño España) y en la América Española. Lo más doloroso de la traición es que se perpetra por aquellos que están en el mismo bando que nosotros. El enemigo no traiciona porque es el enemigo y nada bueno cabe esperar de sí, pero el compatriota que se vale de su cercanía para dañar es peor que aquel: por eso, en tiempos de guerra, se hace prisioneros a los primeros y se fusila a los segundos. El 11 de septiembre de 1714 es la fecha de una derrota. Muchos españoles (entre ellos había antepasados míos), que habían tomado partido por el archiduque Carlos como heredero del rey Carlos II fueron vencidos definitivamente, entre otras cosas porque el pretendiente, ya emperador, se había retirado de la contienda y los británicos se mostraban recelosos ante la eventual renovación del vínculo hispano-imperial. Felipe V ya estaba consolidado como monarca, pero muchos siguieron fieles a la Casa de Austria y no cejaron en su empeño. Barcelona fue sitiada y resistió como sólo los españoles sabemos hacerlo, a sangre y fuego, durante semanas, "por su rey, por su honor, por su patria y la libertad de toda España". La llibertat de tota Espanya, como se diría en catalán, lengua tan española como el castellano, con la diferencia de que esta es perseguida en muchas regiones de España por ser la que compartimos todos los hispánicos para entendernos entre nosotros, particularmente los españoles porque es vehículo de comunicación de toda la Hispanidad, pilar de Occidente. Tras la victoria borbónica, los vencidos fueron perdonados por la Corona y se adaptaron a esos nuevos tiempos. No hay el menor signo independentista en los hechos históricos citados. Fue una guerra entre españoles, con gran contribución extranjera para debilitarnos: ganaron los borbones, España perdió… Gibraltar, Menorca, Sicilia, Cerdeña, el Milanesado, Flandes, Nápoles y otros territorios, si no hubo más sangría fue debido a que el joven Felipe se enfrentó a su anciano abuelo, Luis XIV, para evitarlo. Hasta aquí la Historia. Ahora, el presente. Es tan española una señora de Gerona (no digo “Girona” por el mismo motivo que no digo “London”), como una de Cáceres. Ambas tienen el privilegio de hablarse en la lengua de Cervantes y también de Josep Pla, común a toda la Hispanidad, como ya he dicho. Sólo hay una Nación que es España, Patria de todos los españoles, sean de donde sean, sean lo que sean y vengan de donde vengan, aunque el imposible e insufrible actual sistema electoral otorgue más valor a los votos de unos que a los de otros. Se puede y se debe amar el lugar donde se ha nacido y/o se vive, pero teniendo muy presente que ese sitio forma parte indisoluble de algo mucho más grande y trascendente; como la pieza de un puzzle por sí sola no sirve para nada y su ausencia es un agujero en aquel. Españoles somos todos, incluso aquellos que lo sienten así pese a que su pasaporte diga otra cosa: hasta en eso somos diferentes de los nacionales de otros países. Son españoles también los que dicen ser otra “cosa”, suman su pesar a su deslealtad. Lo acaecido en Arenys de Munt (sí, también en castellano se dice así) es una astracanada, precedente de lo que viene y ya se está gestando. Un órdago que el malgobierno ha permitido como tolera todo lo que es una afrenta al país que debería de dirigir (se supone), porque eso es lo que se dicta en las tenidas. No en vano están los masones detrás del continuo ataque a todo lo español. Y la fantasía vexilológica que es la bandera catalana con la estrella, que muy poco tiene que ver con la española “senyera” (tan española que está en su escudo nacional) o la cruz de San Jorge, está inspirada en la cubana, que fue un invento masón. La pérdida de la América Española, Cuba, Filipinas y Puerto Rico vino de la mano de los “hijos de la viuda”. No contentos, ahora apuntan directamente al núcleo de la Nación sirviéndose de la traición, de la mentira y de una maquinaria propagandística descomunal. Reconozco, agradezco y admiro la gallardía de los falangistas que hicieron ondear la rojigualda en ese maldito aquelarre antiespañol, sabiendo de antemano la cantidad de basura que iban a verter sobre ellos los medios del vómito, de la intoxicación más descarada. Lo lamentable es que estuviesen clamorosamente solos allí, por mucho que les apoyemos desde esta querida Tribuna, desde las tertulias, en las conversaciones cotidianas con amigos y familiares. Escenificaron los poquitos que podemos ser, pero también mostraron el enorme valor que nos mueve. Ya son incongruentes los renegados, pero esa es la pervertida y antinatural característica de estos tiempos: por eso es doblemente admirable que haya españoles que defiendan a su Patria al margen de ideas políticas, porque estas se hallan por debajo de la divisa que nos tendría que unir a todos, “Una, Grande y Libre”. Y el que no desea esa terna en su totalidad para su Patria, la de verdad, es un traidor. Así de claro. Es triste que funcione así. Los partidarios de la defección son muy numerosos y cuentan con que al común, al jaujeño, todo le da igual menos que no retransmitan el partido de su equipo. Estamos asistiendo a la demolición sistemática de España, mientras se la arrastra por el lodo. Personajes que deberían tener la consideración de “enemigo” nos visitan, uno después del otro, para insultarnos con su maldad e ignorancia, y estos que malgobiernan les alientan en su empeño para hostigar y sembrar con sal todo lo español que queda en sus países, hijos de la Madre Patria por cierto. Se consiente una “consulta no vinculante”, como es denominada por los medios de manipulación, para desgajarse de España, pero estoy seguro de que se habría impedido una “consulta” popular, por mínima que fuera, para no pagar impuestos o desatender la letra de la hipoteca. Este malgobierno, el mismo que nos sube la fiscalidad para dejarnos exangües, concede, no sabemos con que potestad, dar por condonada la deuda de dictadores que van a dejar sus naciones como solares (al tiempo). No busquen criterio de estado: no hay más consigna que derruir España sin perder el Poder. Desintegrarla en lo más profundo precisamente para seguir mandando. Eso está por ver… Ya no es un deseo, es que no nos quedará más remedio que refundar la Nación. Honor y Patria, por la Refundación de España.
Mejor rebeldía que inconformismo Colaboración del blog Aplicación españolaMiércoles, 9 de septiembre de 2009 Si hay algo que caracteriza a los tiempos que padecemos, es el inconformismo. Hoy parece que nadie está conforme. Más aún: se considera esto como una cualidad socialmente deseable, y la publicidad bombardea a discreción resaltando lo atractivos, simpáticos e irresistibles que podemos ser cuando somos “inconformistas” y “rompemos moldes”. Naturalmente haciendo lo que nos mandan, sutilmente, el colmo del inconformismo, vamos. Está muy bien que la gente haga lo que le parezca dentro de los límites de sus libertades, no voy a referirlos aquí porque cualquier persona que tenga dos dedos de frente los conoce, aunque luego haga de su capa un sayo para mortificación de sus semejantes. Esos límites vienen marcados por la moral, pero como ahora “todo vale”, han convertido a esta en diana de su encono. Tanto es así que ya ni se enseña en las escuelas porque el aprendizaje es “opresor”. Debe de ser que “vale todo” lo que los progres digan, menos la Moral y el Derecho Natural. Con estas les aparecen sarpullidos. Ya dijo el insuperable Chesterton que “los educadores tienen que ser absolutamente dogmáticos y autoritarios. No existe la educación libre, porque si dejáis a un niño libre no le educaréis”. Seguramente porque alguien sin educación y engañado es más fácil de manejar por el que manda. Sálvense aquellos que puedan, pero este es el poco edificante cuadro del “inconformismo”, reducido al absurdo: los que se ven feos quieren ser guapos para ligar más porque esto es un fin en sí mismo y el fuego del infierno es más soportable si se ha “ligado” mucho en vida. Los guapos se jactan de serlo, pero con cautela porque no quieren parecer superficiales. Los que están forrados se dicen progres para hacerse perdonar mientras viven a todo trapo sin importarles su país, ni los menesterosos, más que de boquilla. Los que no tienen un duro se “conformarían” con ganarse la vida en un trabajo. Los viejos quieren ser jóvenes, pero no pueden serlo ya, y pierden su dignidad comportándose como piensan que actúan los adolescentes, sobre todo cuando van en grupo, ofreciendo un espectáculo grotesco (muy agudo Boadella). Los adolescentes quieren ser mayores, porque piensan que es un chollo, y se conducen como creen que harán a esa anhelada edad. A lo bestia. Las mujeres reniegan de las labores (benditas) con que la biología las ha diferenciado, las mienten y manipulan con cuentos sobre derechos y “soberanías” corporales. Afean su vocabulario con expresiones de prostíbulo (he conocido sargentos de la Legión que palidecerían que a su lado) y maneras de carretero para alejarse de la feminidad. Opuestamente, los hombres se avergüenzan de serlo, como si fuera una lacra y exageran sus ademanes de manera histriónica para desmarcarse de lo que hemos sido siempre por imperativo biológico. Sin olvidar también que adornan sus pabellones auditivos con aros, zarcillos y demás bisutería; también pueden proceder como si fueran un hijo más de sus esposas: si la inmadurez es una característica de la pubertad, en un padre es casi un pecado mortal, pero todo es a la mayor gloria de no parecer un “hombre”, que últimamente está muy mal visto por “fascista” y es mejor pasar por “amigo” de los hijos que ejercer de “padre” que es una “interferencia” y una “opresión”, como ya se ha destacado que es la insigne tarea educativa. Lo llaman “inconformismo”. El símbolo de una época que “no renuncia a ninguna de sus aspiraciones”. Por mucho que estas vayan en contra del sentido común. Me parece hilarante que se autodenominen “inconformistas” y “transgresores”, cuando se dejan vender tan tarada mercancía. Lo malo es que la compran, y hoy la sociedad está enferma: afecta a todo Occidente, pero se deja sentir con mayor intensidad en lo que era España (hogaño jauja, precisamente por este tipo de cuestiones). Se escandalizan y/o se sorprenden porque un tumulto “festivo” (en teoría) finalice en una batalla campal y con una comisaría a punto de ser asaltada (http://www.lanacion.es/espana/2009090718152/los-ayuntamientos-son-los-responsables-porque-permiten-el-botellon). Es para lo primero, pero no para lo segundo porque ya se dijo que “a España no la va a reconocer ni la madre que la parió”, y no iban de farol. No busquen culpables en los parques, ni en las tiendas que venden ilegalmente alcohol porque los tienen mucho más cerca. Han destruido con mentiras a una generación entera y van a por la segunda, para asegurarse de que su “labor” no es reversible, y si lo es, que sea a precio de sangre. La factura del “inconformismo” para que sigan sumisos bajo los que nos han metido en esta podredumbre. Los siniestros quieren “inconformistas” porque estos no se plantean cambios: se emborrachan como cubas mientras discuten sobre lo “cool”, destrozan el mobiliario urbano y la emprenden con la policía, pero luego se va a sus casas sin plantearse más. Ahí se las den todas. No quieren rebeldes. Porque la Rebeldía es luchar por un cambio profundo y total y se fundamenta sobre cuatro grandes ideas: la Fé católica como columna vertebral de nuestra Moral (aunque se sea ateo), la Unidad de España como bien, la grandeza de España como Nación y la Libertad como patrimonio intocable e innegociable de nuestra Patria y la de todos los que la defendemos. Esta Rebeldía busca Refundar la Nación más antigua de Occidente. El “inconformismo” solo se preocupa por incrementar las ventas. A cambio de ser un poquito más esclavos cada día. Como dice Benedicto XVI, “Cuando el relativismo moral se convierte en algo absoluto en nombre de la tolerancia, los derechos básicos se relativizan y se abre la puerta al totalitarismo”. Sólo que ignoran que basta un puñado de españoles para fastidiarles la hoja de ruta. Y si les parece gracioso a algunos, les diré que busquen en los (buenos) libros de Historia (no muerden). Seguro que ya no estarán tan tranquilos. La Hispanidad es inabarcable… Mientras quede uno de nosotros tendrán que preocuparse. Honor y Patria, por la Refundación de España
Siete décadas después Colaboración del blog Aplicación españolaMiércoles, 2 de septiembre de 2009 Les confieso que me es difícil sustraerme a esta efeméride. Supongo que es lo malo de estar enamorado de la Historia: las fechas no son mudas, sino que susurran, como el gemido del viento cuando se cuela por los resquicios de una casa para traernos sus malos recuerdos. Si, como en esta ocasión, el aniversario es redondo (curiosa fijación decimal), parece que los fantasmas del pasado salen de sus sepulcros para sentarse a nuestra mesa y narrarnos lo que vivieron, como nuestros abuelos con sus “batallitas”, solo que con una diferencia: aquellos no son tan entrañables y podemos sentir como clavan sus ojos en nuestras espaldas, burlonamente, sabedores de que repetiremos los mismos errores que ellos por no haberlos escuchado, tan engreída es la generación de hoy… pero no menos que las anteriores. Errare humanum est. Nadie escarmienta en cabeza ajena. Convulsa Europa por aquellos días. Tanto se ha escrito para saber tan poco, porque se intuye más probablemente de lo que se ha llegado a conocer. El sanguinario stalin había llegado a un pacto de no agresión con los alemanes, en ese empeño de desviar hacia el Occidente europeo un conflicto que lo desangrase para adueñarse luego de los despojos, como hicieron los bizantinos con las invasiones bárbaras. Ya lo intentó stalin y casi lo logró con la república revolucionaria española y la posterior guerra civil. Todo su afán era debilitar a las democracias liberales en un eventual enfrentamiento con el nazismo… y quedarse después con el lote completo por medio de la komintern. El astuto dictador comunista había asesinado a millones de seres humanos, pero su marketing político era más efectivo que el del líder alemán. Pablo Neruda le elogió en alguna de sus composiciones, como también hizo Rafael Alberti. Es triste comprobar como el genio no es infalible al escoger un objeto de inspiración, quizás para prostituirse. Paradójicamente, stalin había matado más comunistas que cualquier persecución anticomunista, y sin embargo, despertaba un culto a su persona superior al del führer. Este, tras la purga de las SA, no volvió a arremeter contra los suyos, salvo al final de la contienda, donde las conspiraciones, reales o ficticias, comenzaron a rondar su círculo más cercano. Sucedió lo impensable, y sorprendió con el paso cambiado a muchos. El tratado germano-soviético fue realmente un reparto de Polonia. La orden de stalin fue clara: los comunistas no debían resistirse a la invasión alemana. Incluso colaboraron eficazmente, como se deduce del vergonzoso comportamiento del partido comunista francés, que solamente engrosó la resistencia cuando la urss fue invadida. La correa de transmisión que fue la komintern funcionó con precisión en toda Europa, abandonando a su suerte a la república revolucionaria, proyecto de “soviet” español, que ya había perdido la guerra civil. Simultáneamente, tanto nazis como comunistas fueron desmarcándose del conflicto hispano: el tablero de ajedrez se desplazaba a otros lugares. El Reino Unido e Italia no deseaban la conflagración, por lo menos no una directa y las cancillerías se movieron incesantemente. Estados Unidos todavía seguía sin ver la salida a la Gran Depresión, por mucho que hoy se admire inmerecidamente a Roosevelt y a su “New Deal”. Y Francia estaba convencida de que su ejército era el mejor de Europa, parapetada tras la “línea Maginot”, no tenía nada que temer mientras los engullidos por el “lebensraum” fueran austriacos o, checoslovacos de los Sudetes. Fue Alemania la que invadió Polonia para ocupar “su” parte en la madrugada del día 1 de septiembre de 1939, establecida en el pacto de no agresión, también denominado “Molotov-Ribbentrop” y que fue rubricado finalmente un poco antes, el 23 de agosto, para ser preciso. La “entente cordiale” franco-británica se puso en marcha para auxiliar a su aliado polaco, que resistió menos de lo cabía suponer: Varsovia cayó el 8 de septiembre; y el 17, los soviéticos dieron la puntilla a la resistencia polaca para ocupar su parte del botín territorial. Pero los aliados no se atrevieron a declarar la guerra a la unión soviética, lo que supuso un agravio comparativo ya que en ese momento y strictu sensu, ellos estaban aliados a los alemanes. Ese es un oscuro punto más del conflicto que sacudió el mundo, como los salvajes bombardeos sobre la población civil, practicados por los nazis pero superados por las potencias victoriosas (en Dresde, Hamburgo y Tokyo, sin olvidar las bombas atómicas arrojadas sobre Hiroshima y Nagasaki); o la excesiva obsequiosidad occidental hacia stalin en las conferencias de Teherán, Yalta y Postdam, por citar unos ejemplos. Pero este “Comentario” no pretende ser exhaustivo: el lector podrá hallar innumerables obras acerca de este suceso histórico que segó la vida de millones de inocentes y marcó indeleblemente la de los supervivientes. Pretende ser un breve ensayo retrospectivo sobre lo que pasó tras su final. Y lo que pasó es que los Estados Unidos salieron de la Gran Depresión merced a la demanda exponencial que le llevaron los pedidos de guerra, lo que pasó fue que stalin pudo enseñorearse de media Europa y que si no la sojuzgó entera fue gracias a los propios norteamericanos, que se quedaron para protegerla y gracias a un general que ya les venció en la península ibérica. Lo que pasó es que Europa quedó arrasada, mutilada y sin posibilidad de levantar cabeza, partida nuevamente en dos, con el comunismo en expansión por todo el globo. Lo que pasó es que se desató hasta el infinito el intervencionismo keynesiano articulado en instituciones supranacionales (F.M.I., Banco Mundial) y un organismo inoperante para evitar guerras (la ONU), pero sospechosamente activo para obligar a sus estados miembro a aplicar políticas neomaltusianas en favor del aborto, de la eutanasia y ser el embrión de un turbio “gobierno mundial” (¿acaso la “sinarquía”?). Lo que pasó es que los estados fueron hurtando cada vez más espacio al ciudadano para convertirlo en un elemento dócil y obediente. Lo que pasó es que, desde entonces, una buena maquinaria mediática puede disfrazar la impostura para ser objeto de consumo de masas. Lo que pasó es que se acabó el paro que generó la Gran Depresión porque fue absorbido por más de sesenta millones de tumbas, (sin contar las purgas estalinistas en los países que tuvieron la desgracia de caer en el bloque comunista, ni las víctimas del gulag soviético). Obviamente, después se llegó al “pleno” empleo. Procuren no intranquilizarse demasiado… Honor y Patria, por la Refundación de España
Anécdotas Colaboración del blog Aplicación españolaMartes, 28 de julio de 2009 Hay quien considera que el respeto debido a los símbolos nacionales es anecdótico. Es anecdótico si protagoniza un “error” y si ese error es seguido por una versión pitufera de nuestro Himno. Puestos a cavilar sobre “anécdotas” podríamos llegar a la conclusión de que la Vida es una “anécdota”, un fogonazo en la Eternidad, una desviación que iniciativas disfrazadas de derechos como las aberraciones del aborto y de la eutanasia vendrían a “corregir”. Me causa hilaridad ver a jaujeños rasgándose las vestiduras porque alguien se “equivocó” de himno cuando el vencedor del Tour subió al podio. Es cómico porque exigen el respeto que ellos no tienen por nuestras señas de identidad a un extranjero, que además de ser francés, no tiene porqué sentirlo. Otra cosa es que ese individuo haya tenido un acto fallido (algo que está descrito psicológicamente) y el desprecio u odio inconsciente (o no tanto) que siente hacia España haya asomado en forma de “anécdota”. Es característico de la progresía tomar por “anécdota” lo que no le interesa. Si lo agraviado hubiese sido una señera o una icurriña (utilizaré la representación fonética castellana) el mismo que ha soltado la humorada de la “anécdota” lo habría calificado como “intolerable” o “provocación”. Es lo que pasa cuando se es progre: lo español no importa más que para ofenderlo. Pueden imaginar lo que habría sucedido si la “anécdota” hubiese acontecido con la “marsellesa”. Algún siniestro se habría arrastrado hasta París en signo de penitencia, con la cabeza cubierta de ceniza. Con mandil o no, eso sería optativo. Pero como el agravio es hacia la “Marcha Real”, pues eso, que es una “anécdota”. Como es anecdótico su malgobierno, objeto de mofa en todas las cancillerías del mundo; es anecdótico su modelo territorial, visto con máximo interés por nuestros enemigos para enterrarnos; es anecdótica su izquierda, antiespañola, resentida y copada por la masonería; es anecdótico que se colme de dádivas a los felones que quieren destruir la unidad de España; es anecdótico el principal partido de la oposición, ausente y para el que la “economía es lo único que importa”; es anecdótico que nuestro dinero se lo lleven sindicatos de clase, entidades financieras, otras turbias sociedades y las oligarquías corruptas de otros países, (con los que somos muy rumbosos); es anecdótico que la corrupción agusane el tejido productivo de la Nación; es anecdótico que estemos camino de los cinco millones de desempleados, con muchas familias en el abismo; es anecdótico que todo se vaya a pique y que a nadie parezca importarle… Porque hoy jauja (antaño España) es una anécdota. Ya veremos que es a partir de septiembre porque depende de nosotros, de aquellos que aún nos seguimos llamando “españoles”. Hasta entonces… Por la Refundación de España
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