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La pesadilla

Colaboración del blog Aplicación española

Miércoles, 29 de abril de 2009

 

En 1963, el 28 de agosto para ser exactos, Martin Luther King pronunció el celebérrimo discurso que fue bautizado como “I have a dream”. Era una época propicia para soñar. Muy parecida a los ’80 de Reagan. El mundo estaba en las manos de los ciudadanos y se respiraba una incontenible libertad, que luego algunos pervirtieron en el libertinaje de sus sanguinarias utopías. Lo importante es que ese vendaval de libertad terminaría abatiendo los muros tras los que se protegía la miseria momificada del comunismo, aún hoy no erradicada del planeta para vergüenza del género humano. Incluso se atreve a amenazarnos bajo nuevas y sonrientes caretas. Caretas que ocultan su horrible semblante, pero no su hedor. Hedor de muerte.

He tenido una pesadilla. Es lo propio de este inicio de siglo. Para dar la razón a los que últimamente me dicen que estoy muy musical, recordaré a un grupo de rock sinfónico denominado “King Crimson”. Compusieron una canción cuyo nombre era premonitorio, “21st Century Schizoid Man” (“Hombre esquizofrénico del siglo XXI”). Su última estrofa dice “Death seed blind man's greed / Poets' starving children bleed / Nothing he's got he really needs / Twenty first century schizoid man”. Lo dejo en inglés para no alterar su verdadero sentido y ritmo. Habla de símbolos, ¿o quizás no? En esas estamos.

He tenido una pesadilla. Es lo propio de este inicio de siglo. No tenía sentido aparente. Las pesadillas tienen esa licencia. La realidad, envidiosa ella, también se comporta así. La gente vive y no sabe porqué vive; y cuando muere lo hace sin tener conciencia de haber vivido, menos todavía de porqué muere. Maldita madrugada que deja la puerta abierta a todos los demonios del infierno. Mas los peores son los que nos rondan…

He tenido una pesadilla. Es lo propio de este inicio de siglo. Uno se acuesta para descansar, no para desasosegarse. Deberían prohibir las pesadillas, al menos en noches anteriores a jornadas laborales. No sé el motivo que impide a nuestros “egregios líderes” legislar en ese sentido. Ellos lo saben todo, poseedores de la omnisciencia que hace palidecer de temor a todos los mortales que caminamos sobre la vieja Tierra. ¿Quién necesita a la Libertad cuando “ellos” están en el puente de mando y saben lo que necesitamos?

He tenido una pesadilla. Es lo propio de este inicio de siglo. Lo más inquietante de ellas es su parecido con la realidad. Una pesadilla que se precie ha de pasar por cierta, no por una ficción de nuestro inconsciente, y debe ser terrorífica para dejarnos maltrechos y removidos el resto del día. Recuerdo pesadillas que tuve hace años, son las que encabezan esa dudosamente honorífica relación del horror onírico. Algunas tienen el mal hábito de repetirse, como plato mal condimentado. Y desfilan por nuestro cerebro, noche tras noche, seres queridos que han muerto, discusiones, luces mortecinas, sombras, ausencias, carreras sin avance y demás miedos en fantástico aquelarre. Aquelarre creado por nosotros mismos para mortificarnos por algo que no hicimos o que hicimos mal…

He tenido una pesadilla. Es lo propio de este inicio de siglo. Soñé que estaba en un andén desierto. Soñé que esperaba un tren que nunca llegaría. Soñé que la iluminación apenas podía descorrer el tupido manto de la oscuridad, una oscuridad que parecía devorar todo a su alrededor, una oscuridad capaz de asesinar hasta la tenue luz de la esperanza. Soñé que todo se hallaba en silencio clamoroso y que hasta mis pensamientos levantaban un nervioso e irritado rumor en torno a mí. Soñé que el viento que soplaba parecía animar las figuras de los carteles mal pegados sobre la pared, sus sonrisas se me antojaban amenazantes, como las miradas cargadas de maldad. Alguien viene andando…

He tenido una pesadilla. Es lo propio de este inicio de siglo. Los pasos forman un eco que se multiplica por mil. Al principio es una pequeña figura a contraluz, desaparece cuando atraviesa alguna zona en tinieblas para volver a aparecer caprichosamente bajo la luz. No le veo la cara. Me habla…

― Señor, tiene que abonar el pasaje…

― ¿Por qué he de pagar algo que no voy a utilizar?

― Eso es secundario. Hay que pagar porque lo ordena el reglamento. Si pasa o no el tren es cosa del gobierno y de los que saben, que lo saben mejor que usted y yo.

― Bien, pues me iré…

― Aún así tiene que pagar, señor, hay que pagar por todo lo que se disfruta. Disfrutar en un derecho, pero los derechos se pagan. Como todo. Y nadie da duros a tres pesetas, ¿entiende? Usted ha disfrutado de este maravilloso andén y tiene que pagar por ello, es lo justo, para que la Administración pueda dedicar estos recursos que se recaudan a los menesteres que nos hacen progresar.

― ¿Y cuál es su labor en esa maquinaria de progreso?

― Yo era un parado, señor, pero renuncié a mi libertad a cambio de un puestecito que me permite vivir. Me reconocieron ese derecho, es una maravilla la protección social. Al fin y al cabo, la libertad no se come, ¿sabe? Mírese, usted es de los que proclaman la libertad y está perdido en un andén, en plena madrugada ¿de qué le sirve la libertad?

Mejor estar perdido y libre que errado siendo esclavo.

Ya. Eso es muy bonito, pero me da igual. Mire, me cae bien y le voy a contar algo. La mejor manera de quitarle todo a alguien es hacerle creer que se le ha dado todo antes. Hará lo que sea para no “perderlo”. Venderá su alma al diablo antes que permitir eso. Inunde de dinero fácil el Mercado durante un lustro, ponga unos cuantos gestores “receptivos” al frente de las corporaciones financieras, sin olvidarse de los políticos, mejor si están “iluminados” y, de repente, extienda el convencimiento de que hay tanto dinero circulando que ni siquiera vale el papel en el que ha sido impreso. Y tanta deuda que resulta imposible resarcirla. Se quemarán las manos con tal de deshacerse de ella, de pasársela como dinamita a punto de explotar mientras otros harán su agosto. A río revuelto… ¿Comprende? Permitirán intervenciones y nacionalizaciones con tal de no ser insolventes. Dejarán que el estado fiscalice todo con la devoción de quien se aferra a un madero en medio de un océano tempestuoso. Sociedades enteras se arrodillarán ante el becerro de oro antes que perder su parte alícuota de bienestar, aunque este no sea más que un engaño. Créame, venderán a sus hijos, destruirán su futuro, mantendrán en la poltrona a los responsables de sus desdichas, se sacarán los ojos para no ver la realidad, lo que sea, “como sea” para que el espejismo no se deshaga, para que las malas noticias no les estropeen sus “derechos”. Son una monumental mentira, pero ¿no lo intuye?... tienen que pagar por ellos. Pagarán ellos, sus hijos y los hijos de sus hijos, y estarán tan agradecidos por las migajas de esa “protección social” tan pomposa como embustera que matarán al que ose cuestionarla. Es mentira. Pero a nadie le importa que sea así porque están amordazados. Y con mordaza no resulta tarea fácil hablar, claro que, ¿para qué hablar si nadie escucha lo que hay que decir?...

Entonces despierto sobresaltado, con la opresiva sensación de no poder articular sonido alguno, tosiendo. Nunca olviden las palabras finales de Martin Luther King en ese discurso: "¡Por fin somos libres! ¡Por fin somos libres! Gracias a Dios todopoderoso, ¡por fin somos libres!".

He tenido una pesadilla. Es lo propio de este inicio de siglo…

Por la Refundación de España

 

 

 

Unidad e independencia

Colaboración del blog Aplicación española

Miércoles, 22 de abril de 2009

Cuando alguien se da de bruces con estas dos palabras, asociadas por la conjunción copulativa “y”, salen a relucir las virtudes o los prejuicios, según se esté orillado ideológicamente. Si a algunos nos entusiasman, a los otros les puede salir un sarpullido. Los casos más graves, dentro de este último segmento, se ponen puño en alto entonando (para desgracia auditiva) la “internacional, que ni es canción, ni es internacional, aunque lenin y otros viles “tovarich” estuviesen en esa dinámica. Obvio es decir que requieren ingreso hospitalario. Se ponen muy malitos (o lo son) con ciertas imágenes o ideas. Y luego el ataque “internacionalero”, con el puñito en la posición descrita. Son tan pesados que algunos ha habido que enterrarlos así, porque el rigor mortis ya lo tenían desde el otoño de 1989…

Más que nunca España necesita claridad de ideas. Y estas se pueden articular en torno a estos dos conceptos: “Unidad” porque la regeneración moral nacional, la defensa de la Vida, de la Libertad, de la honestidad y de la Patria deben ser elementos incuestionables y aglutinantes, compartidos por todos los que nos hemos sumado a la Rebelión Cívica; e “independencia” porque las siglas pasan pero los Principios permanecen y son estos los que nos mantienen en pié. Es lo que hace más valioso este movimiento ciudadano. Que es independiente de estrategias políticas, que es espontáneo, que no se subordina a gabinetes de asesores cuyos nombres ignoramos o conocemos sobradamente. Es independiente porque es libre. Porque está formado por todos y cada uno de los ciudadanos que se han sumado para elevar su voz y decir “basta”. Basta de componendas. Basta de derrochar. Basta de engañarnos. Basta de insultarnos. Basta porque el hartazgo es indescriptible. Basta porque la Nación no lo soportará mucho más. Basta porque si no mostramos esta “unidad e independencia”, perderemos la unidad e independencia de la Patria. Es así de terrible. Es así de cierto.

Ante todo es un toque de generala a toda la sociedad. Es la expresión de que todos los límites tolerables han sido superados y de que la situación será difícilmente reversible. Nuestra Nación no está a la deriva. Se va a pique. Unos van a lo “suyo”, otros no saben a lo que van y los demás se encogen de hombros, pero todos se llenan los bolsillos con nuestro dinero. Dicen que “el que paga, manda”, por lo que deberíamos exigirles cuentas con luz y taquígrafos. Y auditorías de infarto, como decía un infausto correligionario suyo. Los demás asistimos espantados a esta descomposición. Una auténtica riada de oro va a parar a sindicatos (de clase), a la patronal (se le supone “clase”), y a partidos políticos que como un nuevo rey Midas, convierten en dinero cada sufragio que han recibido (para que luego sus señorías hagan “pellas”, con mucha “clase” eso sí, como se deduce del espectáculo de dudoso gusto al ver los escaños vacíos en las sesiones, igualito que se le permitiría a un trabajador normal). A algunos hasta les condonan créditos, igual que a los españoles hipotecados, que día sí, día también, reciben la visita del gestor bancario para convencerles de que el banco de turno está empeñado en perdonarles su préstamo hipotecario. Son más insistentes…

Sarcasmos aparte, todo ese ingente caudal sale del mismo bolsillo: El del contribuyente.

Y sale de ahí porque el estado, ningún estado es capaz de generar un solo céntimo de riqueza. El estado administra, incluso podría hacer eso bien, pero no es generador de prosperidad. Lo que el estado da doblemente quitará, porque además ha de pagar a unos funcionarios. De cuatro administraciones, cuatro (municipal, autonómica, central y la de Bruselas; no incluyo una “virtual” quinta, pero que también cuesta, adscrita a las “diputaciones”). No hay trucos de prestidigitación con los cuartos. Aunque se nos vaya de las manos como por arte de magia.

Hay que tener cautela. Habrá cantos de sirena, interesados para atraerse a esta vigorosa Rebelión, o para hacerla encallar; para que su unidad se quiebre, para prostituir su independencia y/o ensuciar su creciente buena reputación. Ya ha pasado en otros momentos. Sé que el enemigo es poderoso, pero sólo tiene un búnker donde guarecerse. Un búnker que se resquebraja porque los que están dentro han comenzado a tirarse los trastos a la cabeza. Nos puede condenar al silencio mediático, los medios de manipulación habituales, secundados por algunos que me han sorprendido negativamente por su desdén, más propio de corderos que de los oropeles con los que gustan de adornarse. Dirán que lo hacen porque somos pocos pero bien que pregonan lo que les interesa habiendo menos, muchos menos, afectados por otras “noticias”. Puede que no seamos muchos, pero estamos bien avenidos porque nos interesa el futuro de España, que no es nuestro sino de nuestros hijos.

Con unidad e independencia. Como dicen algunos componentes de esta Rebelión, “les tenemos rodeados”, en el búnker, porque vamos con la verdad por delante.

Ellos sólo están vestidos con la miseria de sus mentiras. El mismo tejido que el traje del emperador del cuento.

Por la Refundación de España

 

 

 

Individualismo

Colaboración del blog Aplicación española

Miércoles, 15 de abril de 2009

Dicen que el español es individualista por naturaleza. No dicen el porqué, ni siquiera cavilan sobre las razones de dicho comportamiento, que, en general, es una descripción bastante correcta.

No dicen que el español se ha visto obligado a buscarse la vida por su cuenta porque sus dirigentes siempre han estado pendientes de otras “cuestiones” o “proyectos” y le han abandonado a su suerte…

No dicen que el español desconfía de todo cuanto le rodea porque ha visto como los compatriotas que deberían de haberle protegido la espalda se han revuelto contra él sólo porque detestaban ser lo que eran. Y queriendo ser otra cosa traicionaban al que confiaba en ellos. El amigo o vecino de hoy se convertía en el terrible enemigo de mañana. Compartir chistes en una taberna no evitaba que ese mismo “amigo” (o vecino) te encañonase al día siguiente…

No dicen que el español ha vivido en medio de ningún sitio, con caminos intransitables, sin otros límites que el firmamento y la sufrida tierra que le daba sustento y acogía amorosamente su sueño eterno; mientras veía como familiares y amigos marchaban al otro lado del mundo para engrandecer su Patria en pos del sueño de prosperar, quedando tan solo como los muertos del poema de Bécquer…

No dicen que el español únicamente ha podido contar con sus propias fuerzas y conocimiento, con los suyos más cercanos como mucho, (y frecuentemente ni con estos) para llevar el pan a su mesa. Un pan que nunca ha sido seguro y por el que se han rezado incontables Padrenuestros…

No dicen que el español ha tenido que lidiar contra los elementos, contra la rapiña de los gobiernos que esta Nación ha soportado, contra la envidia de sus paisanos, contra el bandidaje, que ha sido tradicional en España hasta entrado el siglo XX (en algunas “esferas” ahí sigue); para legar a sus hijos algo más que el ingrato trabajo en un pedazo de terruño y un país que sólo se acuerda de Santa Bárbara cuando truena.

No dicen que el español ha tenido que superar todo eso haciendo uso exclusivo de una inquebrantable Fé en Cristo para que le conservase la salud y en sí mismo para no dejarse caer por los tenebrosos abismos que cercan el espíritu, limitándolo con el miedo y la desesperación. Si no ha caído en ellos ha sido porque se ha aferrado con frenesí a la Cruz y a la espada y ha arremetido con valor contra todo lo que se le oponía. Si en este planeta hay hijos de la Cruz y de la espada, sin duda estos somos los españoles.

No dicen nada de esto porque es más esnob afirmar que “el español es individualista” sin más, como un insulto. Como una humillación. Pero están de suerte: quedan españoles, porque somos casi imposibles de exterminar, pero hay una multitud lanar, ovina, cómoda en el anonimato del rebaño. Muy distintos de nuestros padres, se dejan llevar a donde haga falta. Si les decimos que van al matadero nos llamarán “exagerados”, los borregos dirán que todo es relativo y del color del cristal con que se mire y patatín y patatán.

Cifran su felicidad en la ausencia de compromiso y se equivocan: El compromiso es imprescindible para salir adelante. El tronco que es arrastrado por el torrente de agua puede que flote, pero no es dueño de sí mismo aunque esté instalado en ese espejismo. Acabará hecho pedazos tras golpearse una vez tras otra contra las piedras. El árbol que se agarra al suelo con las raíces podrá sobrevivir cuando se agote el ímpetu de la riada. Son los compromisos los que nos hacen echar raíces en la vida, y ellos son los que hacen que merezca la pena vivirla, en lugar de vegetar sin ton ni son, esperando nuestro turno camino del matarife, encargado por la parca para acabar con nuestros días.

Dicen que el español es individualista y ha sido cierto hasta que se ha vuelto gregario, más por indolencia que por entusiasmo. Fuera del rebaño nos hemos quedado los que seguimos predicando en el desierto, que no lo es tanto porque somos más de los que les gustaría que fuéramos, pero menos de los necesarios para cambiar la situación, de ahí que sea necesaria una vertebración de este prometedor movimiento cívico para regenerar la Nación. Ya dije en esta querida Tribuna (http://bitacoras.rebeliondigital.es/Aplicacion_espanola_5.htm#7) cuales eran nuestras señas de identidad. Ese debe ser el aglutinante de esta milicia civil, y es “milicia” porque no nos van a arrojar flores ni agua bendita. Tampoco cabría esperar otra cosa de aquellos que lo único destacable de sus pobres vidas es el odio que albergan, a imagen y semejanza del que finalizaba sus misivas con la frase “écrasez l’infâme”.

Los movimientos son posibles cuando congregan férreas voluntades en una misma dirección. Ser como una brisa está muy bien porque puedes alcanzar a muchas personas, pero si se quiere llegar a la sociedad entera para devolverle su condición de ciudadanía es necesario convertirse en galerna. Tan viva y libre como española.

 

 

 

Lo malo y lo peor

Colaboración del blog Aplicación española

Miércoles, 8 de abril de 2009

Es notoria la confusión interesada y nada casual que la izquierda presenta entre lo público (el estado) y lo privado (el partido). De ese modo, el primero tiende a convertirse en un mero apéndice del segundo, y este es el que verdaderamente ostenta el Poder a costa de los recursos públicos, que terminan siendo fagocitados por el partido, objeto de mayor devoción, para los siniestros, que el estado (mejor cuánto más reducido), que debiera de simbolizar lo “nacional”…

Esa confusión, ya habitual, va a adquirir tintes aún más esperpénticos. Lo malo no es que el gobierno sea del psoe, trocándolo en “malgobierno”, es que el gobierno “es” el mismísimo partido porque toda su jerarquía operativa está en él. El lenguaje no es inocente, como ya he dicho en alguna ocasión, y esto no es un juego de palabras, piénsenlo con detenimiento.

El malgobierno seguirá siendo “malgobierno” porque no me atrevo con neologismos superlativos. A uno le gusta innovar el lenguaje hasta cierto punto, mas no lo haré con cacofonías. Otra cosa es que lo merezcan, que eso sí. El “gran timonel” ha escenificado que pasa a la defensiva, y si lo hace, es porque se siente amenazado.

Este (mal)gobierno es político. Renuncia a la gestión de los problemas de los ciudadanos. Cercado por los acontecimientos, ha decidido echarse al monte para acabar su “proyecto” y de paso acabar con la Nación, tal como reclaman las logias. Un día, el españolito se levantará de la cama y se encontrará con que no tiene país. Puede que ni tenga cama ya. No conozco ningún hurto que haya tenido como objeto robado el lecho de la víctima mientras dormía, pero siempre hay una primera vez para todo. El ovino súbdito español puede serlo. Ánimo que queda menos.

Los nuevos “fichajes” provocan muchas sensaciones. Ninguna buena. Siguen elementos de traca en “asuntos exteriores”, (para chiste y chirigota de aliados y enemigos), en “defensa” (no sé para quién o qué, acaso algún bolso o abrigo), en “igualdad” (sí, la igualdad del “todos muertos”), “vivienda” (todos hipotecados hasta la “ceja”, siendo un derecho constitucional), “interior” (para que todo siga bien atado, según convenga), “justicia” (para que no pierda el “compás” ni el “cuadrante”) y la vicepresidencia de los modelitos “divinos”, por no seguir hurgando en la herida. Pero todo es susceptible de empeorar.

Entra en el malgobierno una amiga de los titiriteros para recordarles quien paga las subvenciones a las películas que nadie ve y, a través de cierta sociedad gestora, las canciones que sólo aguantan sus incondicionales.

Entra en el malgobierno un sujeto que edifica, “presuntamente”, de manera irregular (http://www.libertaddigital.com/nacional/de-maleni-a-pepino-1276355677/), ¿habría alguien más apropiado para dirigir las infraestructuras?, ahora veremos el significado práctico del prefijo “infra”, ya muy definido por su predecesora.

Entra en el malgobierno el hermano de un “insigne” comunicador, acaso para que temple sus enconados ánimos en la cadena “amiga”, también para “darnos” a todos con la aborrecible epc, a modo de verdugo, lo que no deja de ser lógico en alguien que “doctoró” a un individuo que se examinó en la localidad de Paracuellos del Jarama.

Entra en el malgobierno un jefe taifeño porque en esa taifa ya están hasta el gorro de él y de sus “historias”. Además ya se sabe que la mejor manera de controlar al “presunto” adversario es tenerle en el mismo barco que en el que se navega.

Entra en el malgobierno una persona cuyos más destacados méritos es haber lucido con cierta gracia (discutible) una cazadora de cuero, haber perdido unas elecciones municipales ante un candidato “faraónico” y quedarse con cara de póker cuando el rey de España mandó callar al eslabón perdido (por desgracia para su país, no “perdido” del todo) en alguna cumbre que no recordaré.

Y entra en el malgobierno alguien que ha permitido, con su ley antitabaco, que el trabajador no fumador esté discriminado y tenga que trabajar más horas que el que fuma en la puerta de su empresa, para desdoro de su imagen corporativa, no mencionaré lo que amagó con el vino pero profetizaré lo que hará en su nuevo puesto: dirá que sí a todo lo que se le antoje a uno que aprendió Economía en dos tardes. Así nos va. Así quieren que nos vaya.

A todo esto, ¿qué dice la oposición “colaboradora”? Debe de estar preparando una “buena”, alguna moción de censura, alguna movilización contra esta situación, o como mínimo, el mismo despliegue “didáctico” que han realizado para silenciar a los “críticos”, que, por cierto, le han prestado su apoyo durante mucho tiempo. No hay nada como la gratitud.

No, están de vacaciones. Desde marzo de 2008. Algunos desde antes. Dicen que volverán cuando les “toque”, y todavía no “toca”…

Por la Refundación de España.

 

 

 

La rebelión cívica

Colaboración del blog Aplicación española

Miércoles, 1 de abril de 2009

En esta impaciente primavera, que primero nos sofoca y luego nos hiela, están floreciendo por toda España pequeñas avanzadillas ciudadanas que reclaman un cambio real, no retórico, en la forma de hacer política. Sus señas de identidad son la defensa de la Vida, la integridad, la afirmación de lo nacional frente a la felonía, la salvación de la economía real y unas infinitas ansias de libertad para España, donde lo católico y lo laico se complementan armónicamente.

Ya dije en mi último “Comentario” que ser español es un sentimiento, más que una nacionalidad. Basta con tener este componente emotivo para ser uno más de nosotros, independientemente de lo que pueda expresar un frío pasaporte. Nuestra Patria, a diferencia de otras, es sentida, no razonada. Es curiosa nuestra Nación. Cuando está más acosada, más despreciada por sus detractores y demás traidores, surgen los patriotas como flores tras lluvia de mayo. En un dos de mayo, por recordar un ejemplo. Es un misterio, aunque la clase política viva en una realidad multicolor (sálvese quien pueda), aunque su corrupción amenace con necrosar el poco tejido social sano que nos resta, aunque casi no haya estado por desvertebración, aunque las instituciones deserten, aunque la crisis económica esté dejando en el drama a un sinnúmero de familias, aunque la Constitución de la Concordia sea un venerable espectro que nadie se cree, aunque los Principios brillan por su ausencia y el grosero relativismo campe a sus anchas, he aquí que las movilizaciones que convocan unos ciudadanos sin más aval que su entusiasmo y bonhomía están comenzando a calar en la sociedad. Y debemos felicitarnos porque ello tiene un mérito monumental.

Es enorme porque están (estamos) lidiando con una auténtica conspiración que nos condena al ostracismo en los medios de manipulación, que son los más poderosos, y que pugnan por serlo más todavía con el aval de siniestros y oposiciones colaboradoras. Los medios de comunicación, que estos sí que se hacen eco, no tienen fuerza al día de hoy, pero Internet, paulatinamente, está agrietando el monolítico pensamiento único, el cinismo de lo políticamente correcto, el absolutismo de lo relativo. Hay una marea ciudadana harta de todo ello y anhelante por lanzarse a la calle para elevar su clamor exigiendo dignidad mientras hacen ondear la rojigualda. La bandera que nos une a todos. La bandera que les mete el miedo en el cuerpo a los siniestros.

Esta Rebelión no se podría entender sin la red de redes que es Internet, ya citada en el párrafo precedente. Seguramente no existiría sin esta tierra “virtual” de promisión. Articulada en torno a páginas muy señeras (entre las que se haya esta distinguida Tribuna, a la que estoy muy agradecido), nacieron los blogs que poco a poco hemos ido calando en la opinión ciudadana. Los súbditos siguen enganchados a sus cadenas televisivas, numeradas para que no se pierdan, y a los periódicos que ya sabemos. Los traidores tienen su dosis de ponzoña en cadenas regionales que son ruinosas, pero como pagamos los españoles… El español libre, ciudadano por esencia, se conecta a la red para enterarse de lo que está pasando de verdad, para expresarse, para enfurecerse, para reaccionar.

Porque esto es una reacción, término que desagrada mucho a los progres, tanto como su ciega filia por “revolución”, precisamente porque surge como respuesta a una revolución silenciosa pero implacable. Mientras “su” realidad era sostenida por el espejismo de una economía prendida con alfileres, fueron aguantando con su “proyecto” (revolucionario) por delante, el de arrebatarnos España para convertirla en un monigote irreconocible, lobotomizado y castrado, fiel servidor del cortijo en el que ellos son los caciques. Ahora están despertando muchos ciudadanos, acaso no sean suficientes todavía, pero este es el sendero: “su” fiesta se ha acabado porque ha irrumpido una conciencia cívica que pocos esperábamos pero todos los patriotas reclamábamos sin excepción. La más larga caminata empieza en un humilde paso.

El domingo dijimos alto y claro que el aborto es un asesinato por mucho que lo disfracen de la palabrería que suelen usar. Es lo que tiene el sentido común, que el cielo despejado de mediodía, y más si es domingo, es de un azul resplandeciente, pese (o “pesoe”) a que esté nublado. Siempre hace sol cuando se lucha por la Verdad.

Tengo la intuición de que aunque truene, el sol brillará en un espectacular cielo azul. Y los vampiros habrán de correr para esconderse en sus lóbregas criptas. Donde rumiarán su odio…

Por la Refundación de España.

 

 

 

Autónomos

Colaboración del blog Aplicación española

Jueves, 26 de marzo de 2009

Si hay un colectivo sobre el que recae de manera apabullante la responsabilidad de sacar adelante el país, ese es el de los autónomos. También se les denomina “freelance”, “profesionales independientes”, o el más pedante de “trabajadores por cuenta propia”, para definir a esa persona cuyo patrimonio más preciado es su trabajo.

Este que les escribe ya confesó hace tiempo, en algún pasado “Comentario”, su pertenencia actual a este segmento. Por lo que se puede inferir que tengo conocimiento de primera mano sobre lo que estoy abordando. Es así en todos los “Comentarios”, en este caso además es experiencia vivida y padecida.

Este colectivo es muy sufrido. Aguantamos lo que nos echen, hasta que nos hablen alto, con tal de ver cómo mantenemos nuestras familias. Todo se da por bien empleado bajo ese criterio. Pagamos a la seguridad social unas cuotas propias de países escandinavos para recibir unas prestaciones tercermundistas. Si un trabajador por cuenta ajena acaba en la calle, habiendo cotizado lo suficiente puede contar con la prestación por desempleo, y según los casos, acaso tenga después derecho a un subsidio. Si un autónomo se queda sin trabajo, perderá hasta la camisa y acabará en la calle, no es una imagen, es literal. No es que seamos ciudadanos de segunda, es que nos conformaríamos con ser de tercera.

Para las administraciones estamos bajo sospecha. Con nosotros no hay presunción de inocencia sino certeza de culpabilidad, como espada de Damocles amenazando con caer sobre nosotros para llevarse de un soplido (sanción) gran parte de lo conseguido con mucho esfuerzo y sacrificio. Hasta tenemos que tolerar las envidias de nuestros semejantes escuchando frases como “es que ganáis mucho dinero”, o “¡qué bien vivís!”. Pues no. La mayoría vamos tirando con el fruto de nuestro trabajo. Sin horarios, sin ninguna seguridad más que seguir pagando al estado, lo normal es que estemos dándole vueltas a la cabeza con preocupaciones todo el tiempo de vigilia, y si se padece de insomnio, más aún.

No estamos en consejos de administración de bancos, ni de cajas. No recibimos subvenciones generalmente, y cuando se nos ocurre solicitar alguna, el gestor bancario se nos ríe en nuestras barbas. Últimamente más, que las entidades financieras se embolsan los regalos del malgobierno para que nosotros regresemos al trueque, no arqueen las cejas como otro que yo me sé, es cierto: sin acceso a crédito y a líneas de descuento no nos está quedando más remedio que volver al intercambio.

Colbert ha sido superado en este enloquecido “progreso” hacia el paleolítico. Puestos a preferir males, casi sería más adecuada una nacionalización del sector financiero con la idea de sustituir a todos los gestores que nos han llevado a esto, para depurar responsabilidades y que nos digan de una santa vez donde están las provisiones cuando tenían beneficios de nueve (o más) cifras, no ha mucho de eso, como diría el bueno de Cervantes. Y privatizarlas lo antes posible. Cómo debe hallarse la situación, para que un liberal (libertarian) diga esto a pesar del sarpullido que le provoca la sola idea.

Estamos completamente abandonados a nuestra suerte. Vemos que empresas que generan mucho menos empleo son cuidadosamente mimadas, pero nuestro colectivo es despreciado y marginado. Hasta los gestores de la angustia del trabajador, como son los sindicatos, reciben dineros sin cuento. Si “montan” una promotora de viviendas que acaba en un escándalo, las siglas se escabullen de “rositas” (nunca mejor dicho) y no pasa nada. Con los años cae en el olvido, que es la prescripción más absoluta. Nosotros, que sólo sabemos trabajar calladamente para vivir, estamos fiscalizados hasta que damos en quiebra o nos da algo. Cuando eso sucede, el interés de las administraciones expira, no teniendo nada más que esquilmar, hacen como los carroñeros cuando han acabado con el festín: se dan media vuelta y a seguir con lo “suyo”.

Nadie crea tanto empleo como los autónomos. Ninguna empresa de campanillas, que echará el cierre sin pestañear si la cuenta de resultados se ruboriza. Por el contrario, los autónomos aguantamos estoicamente porque nuestro negocio es nuestra vida: no estamos “con” ello, sino “en” ello porque es una prolongación de nosotros. Otros ganarán dinero y se irán cuando ya no sea así, el autónomo seguirá con sus tareas porque es lo que le da de comer. Como dicen los castizos, no hace falta ir a Salamanca para entenderlo, ni a ninguna facultad de Economía. Es la universidad del sentido común, en la que algunos son permanentes “repetidores”.

Debe de ser que no nos publicitamos o que no manejamos correctamente las técnicas que el Marketing nos ofrece. Es como si en España sólo existiesen las empresas que todo el mundo conoce, susceptibles de apoyo público, y el resto no valiesen una higa. Puede que sea una cuestión de “glamour” y que las ayudas para ellas tengan algún adicional valor que el resto de los mortales desconozcamos. Ya se sabe que la corrupción es como un iceberg, sólo sale a la luz la octava parte. Lo cierto es que el autónomo es un gestor nato y aprovechará hasta su último céntimo en generar riqueza, más que nada por la cuenta que le trae. Por esa razón es suicida, además de cruel, cerrarle el paso a cualquier forma de financiación. Un autónomo es un trapecista sin red. El menor fallo en sus previsiones le puede estrellar contra el suelo. Pero eso les trae sin cuidado a los funcionarios vocacionales que menudean en la política nacional, y con especial profusión en el malgobierno: tantos asesores para que todo vaya mal, precisamente para asegurarse de que realmente así sea porque están en “su” proyecto.

El jueves 26 tendrá lugar una Concentración de autónomos frente al congreso de los diputados (http://www.minutodigital.com/actualidad2/2009/03/19/zapatero-cabrea-a-los-autonomos/). Es una llamada de atención que ignorarán porque no les duele. Quizás serían más receptivos con otras “iniciativas” más coercitivas como dejar de pagar las cuotas a la seguridad social y/o la insumisión fiscal, por poner dos ejemplos. Esas serían buenas formas de despertar la sensibilidad de la casta política, pero soy pesimista: el español entona antes el “sálvese quien pueda”, que el “estamos unidos contra esta gente”.

Será así mientras sea posible salvación alguna… pero, ¿y cuando ya no lo sea?

Por la Refundación de España.

 

 

 

Judicaricatura

Colaboración del blog Aplicación española

Miércoles, 18 de marzo de 2009

Seguramente, la medida más exacta de la descomposición de una sociedad venga dada por su desastre educativo y por el espectáculo judicial. En jauja, (antaño España, ya saben), se pueden verificar las dos. Mejores conspiradores que gobernantes, una vez que han conseguido llegar al Poder, se diluyen en medio de sus propias incongruencias: es la historia siniestra de siempre desde la malhadada revolución francesa.

El desastre educativo ha sido abordado repetidamente en estos “Comentarios”. Tarda en actuar, pero cuando lo hace sus efectos son devastadores y reducen a la inutilidad a una generación entera, si no más, que podían haber enfocado sus vidas de otro modo sin tanta ponzoña inoculada en el “sagrado” (debería serlo) recinto de las aulas. Siendo grave, no toca hoy hablar de ello.

Es mucho más terrible una judicatura incalificable, por la indefensión que provoca y por las consecuencias que tiene de manera inmediata. La enseñanza nefasta puede ser paliada con buenas dosis de esfuerzo paterno diario e inquietud autodidacta para el resto de la vida del damnificado. Los jueces que prefieren ser comisarios políticos perjudican de forma irreparable porque desacreditan el sistema entero. No siendo sus banderas la virtud y una vida austera y ejemplar sino todo lo contrario, la sombra de la sospecha sustituye al pesar de la certeza, que se puede deducir sobradamente de todos y cada uno de los actos que presiden sus actividades. No hay legitimidad en un magistrado alejado de la Justicia que debería representar. Incluso se podría decir que es más peligroso que un maleante, del mismo modo que es peor un general traidor que un soldado enemigo.

Hay ejemplos en la Historia que muestran lo alarmante que es un sistema jurídico “ambiguo”. La Constitución de la Concordia lo es, inspirada por el positivismo jurídico y distante de las fuentes del Derecho Natural, el tradicional en España. Versión jurídica del atroz relativismo moral, el legislador es el depositario de lo que debe perseguirse o no, según la conveniencia, como sustituto de la conciencia, del sentido común o de la Fé. La Ley es una extensión de los Principios morales y no es independiente de ellos. No es casual porque se pretendía que la ley estuviera dominada por el poder político de turno, y lo han logrado. Espantoso error, porque es al contrario. Todos, sin excepción deben estar sometidos al Imperio de la Ley, esa es la garantía de que verdaderamente existe equidad. La cacareada igualdad siniestra es una pantomima además de una imposibilidad física, como bien se ilustra en la leyenda de Procrustres: unos mutilados y otros descoyuntados. Todos fastidiados.

La humillada y vejada Alemania, derrotada en la I guerra mundial, la que se denominó “república de Weimar”, fue un experimento de ese iuspositivismo jurídico. El resto se puede encontrar en las crónicas históricas. Cuando un sistema jurídico ofrece resquicios e interpretaciones relativistas, sujetas a “ingeniosos” sofismas, es tan absurdo como iluso pensar que no habrá personas que se sirvan de ellos. Lo seguro es que se aprovecharán. El Hombre no es bueno por naturaleza, que eso no se lo creen ni los siniestros admiradores de rousseau. Culpan a la sociedad de su corrupción, pero esta no es más que un reflejo de las personas que la componen. Como siempre, el problema procede de las personas que ostentan el Poder. Cuanto más concentren, más vigilados deben estar y más exigentes debemos ser con ellos. Por desgracia el roto ya está hecho, y los que deberían pilotar la regeneración de la Nación están tan desprestigiados como los que la han ahogado en el fango.

Lo hicieron deliberadamente. Castraron al Poder judicial para que no osase actuar independientemente, sino con docilidad al que administra el gobierno y podemos examinar los resultados: unos que amenazan con hablar y otros que miran para otro lado, mientras la corrupción enorme de unos e incipiente de otros aflora por doquier, que esta mala hierba sólo crece al abrigo de la sombra del que ejerce el Poder. Ya lo decía el “doblemente” difunto Montesquieu: el Poder corrompe y el Poder absoluto corrompe absolutamente, porque sus agentes piensan que la igualdad ante la ley es para los demás y que ellos están por encima de esos conceptos tan “difusos” y “molestos”, cuando no es así. Me conformo con que la ley “iguale” a todos tratándonos de la misma forma, por eso se presenta la alegoría de la Justicia como una señora con balanza y los ojos vendados. Las demás desigualdades acompañarán a la Humanidad hasta su final por la misma razón que no encontraremos a dos personas “iguales”. Afortunadamente…

En las facultades de Derecho de Occidente se murmura sobre el espectáculo jaujeño. Me consta. No pueden dar crédito, lo normal en estos tiempos “sólidos” por la escasez de liquidez. No saben para qué sirve un Tribunal Constitucional habiendo un Tribunal Supremo, ni que pinta una “audiencia nacional”, un “ministro de justicia”, o un “consejo general del poder judicial”, aparte del objetivo cumplido de despilfarrar recursos del erario. Competencias superpuestas, confusión jurisdiccional y una Constitución muerta. Eso sin mencionar los posibles tribunales vinculados a las autonomías y que los jueces puedan ser escogidos “a dedo”, como ya presumía un ex ministro aficionado a irse de caza. Pero, ¿no estábamos hablando de la judicatura?...

¿O era la caza? Claro. Con ello hemos dado. ¿Quién prefiere un aburrido juicio justo a una buena montería?, donde los que llevan escopeta siempre tienen más argumentos que los que no llevan. Salvo que uno sea conejo y se llame Bugs Bunny. Judicaricatura…

Y aún hay personas que me dicen que España no precisa ser refundada…

Por la Refundación de España.

 

 

 

11m

Colaboración del blog Aplicación española

Jueves, 12 de marzo de 2009

Hay algunos que están empeñados en esa carrera de ciegos que es “mirar al futuro”. Es más provechoso mirar la quietud de un estanque o las nubes del cielo. Al menos podrá extraerse alguna conclusión en forma de percepción de la belleza. Acaso de la paz. Mirar al futuro es como mirar a una cripta en tinieblas: por “iluminado” que pueda ser, el desconocimiento que tenemos de ello lo vela por completo. Es absurdo mirar al futuro, no veremos nada por mucho que escudriñemos, y es un pretexto para escurrir el bulto de un presente que sí es oscuro, tanto como la cripta que mencionaba antes.

Es ominoso el silencio de algunos en este aniversario. Se cumple un lustro. Otros hechos no han cumplido en este año una cifra tan redonda y han sido recordados larga y malintencionadamente sin haber muerto nadie en ellos. Se cumplen cinco años de los atentados más sangrientos de España y es como si molestasen las víctimas. Quedan las cicatrices y los surcos del llanto. Sin embargo, lo más terrible de la ausencia de los que fueron masacrados en esos atentados es la certeza de que los culpables no han sido castigados. Traición, cobardía e iniquidad, en ese orden, en otro cualquiera o mezclado. Todo ello contra España.

Hay un antes y un después de ese día. Desde entonces nada es igual porque muchos tenemos el convencimiento de que España ha sido ultrajada. Una felonía aún inconclusa, pero muy avanzada. Desde ese día nuestra Patria agoniza: la Constitución de la Concordia hace tiempo que murió, ni siquiera llegó a existir en algunas regiones españolas y parte de sus artículos eran un brindis al sol. La Transición entera saltó por los aires junto a esos trenes, desguazado todo ello con mucha “prisa”. España es hoy una doncella desvalida (como describió Sánchez Dragó) o “algo” prendido con alfileres. A punto de descoserse irremediablemente.

Vuelvan la cabeza y miren lo que ha pasado en estos cinco años. Este ejercicio sí que se puede hacer, se llama “recordar” y es muy sano porque se puede aprender de ello. La sociedad (es un decir) está dividida y enfrentada. Por un lado estamos los ciudadanos, patriotas, en plena rebelión cívica, con muchas simpatías, y por otro el búnker progre, encastillado en sus subvenciones, privilegios y demás trapicheos (ya he dicho en algún “Comentario” pasado que todos los progres que conozco están forrados), reclamando a gritos un veloz progreso hacia el paleolítico inferior, época donde todo era tan relativo que llegaba el más fuerte e imponía su punto de vista. Relativo también pero era el que valía si no se quería acabar mal. Los de la serpiente fueron reconocidos como interlocutores, al mismo nivel que el estado de derecho surgido de la fenecida Transición, y se legitimó la bomba y el tiro en la nuca como formas de reivindicación política porque fueron aceptadas en el proceso de rendición, en el que se humilló largamente a las víctimas (de nuevo). Fue la contestación ciudadana la que evitó algo peor. Sin perjuicio de que lo retomen cuando lo crean pertinente para ellos. Y sus fines.

La Nación se desangra acosada por las crisis (familiar, social, judicial, política e institucional, ahondando la gravedad de la económico-financiera), que es donde la han puesto los siniestros deliberadamente, porque su “proyecto” es más importante que la herencia de nuestros mayores. España sólo cuenta en la política internacional para que se hagan chistes a nuestra costa, para sufragar dictaduras totalitarias en nombre de una malentendida “solidaridad” (la caridad comienza por uno mismo), y promover la entrega de nuestras mejores empresas a entramados públicos extranjeros (Endesa a enel, por ejemplo, y Repsol a una rusa, al tiempo). Hay que remontarse mucho, pero muchísimo, para encontrarnos con semejante descrédito y vergüenza. Pagarán los españoles.

Las taifas son tan soberanas que el resto de España parece su colonia. Corruptas, endeudadas e inoperantes, atesoran más prebendas que nunca soñaron, y son refugio de multitud de funcionarios que no saben cuales son sus funciones en la era en que la Informática ha simplificado todos los procedimientos administrativos. Eso sí, cobrando. Pagan los españoles, que tragan con todo. Hay españoles de segunda, de tercera, de cuarta incluso, pero los que mejor viven, a cargo de todos nosotros, son los que escupen, reniegan y traicionan a la Patria porque no se consideran españoles. Ignorancia, maldad y deslealtad, ¿esperan algo bueno de esa mixtura?

Los ejércitos son fantasmones venerables (por la gloria de su pasado) divididos entre su cúpula, pendiente de halagar a quien detenta el Poder, mejor si es siniestro; y su oficialidad, suboficialidad y tropa, arrastrándose entre la angustia y el calendario (para marcharse). Las unidades operativas son enviadas en misión de paz o desmanteladas. Y ciudades españolas quedan a merced del zarpazo del enemigo, que sabemos quién es, lo que tarde en propinarlo es una cuestión de oportunidad geopolítica, amigado como está con los Estados Unidos y Francia, estos últimos son los adversarios habituales en nuestra historia. Por eso todas las sociedades “discretas” se miran en ese espejo, no es casual.

Odian tanto a los españoles que empiezan por exterminar a los más indefensos, vendiéndolo como “derecho”. Pura propaganda leninista. Emplazo a los gesticulantes defensores de los Derechos Humanos a que abandonen su hipócrita doble rasero y denuncien el auténtico genocidio que se está llevando a cabo con los que no han nacido y con los enfermos. Esto ya sucede en España. Parafraseando a Goya, “a esto le llaman progreso”.

A la vista de todo ello, y de más cosas que ustedes recordarán pero que se quedan en el tintero por falta de espacio, convendrán conmigo en que los autores de esos atentados sabían lo que perseguían al perpetrarlos y con la escenificación de las fechas posteriores. Algunas muy posteriores. Todo les ha salido bien.

Pero no hay crimen perfecto y este tipo de actos precisan de muchas bocas cerradas. El ser humano es muy bocazas y alguno de ellos dirá o hará algo que le dejará más en evidencia, si cabe. Los muertos exigen Justicia serenamente, porque disponen de toda la Eternidad y saben que los escapados de la humana no podrán hacerlo de la Divina.

Ese día se abrirán los cielos y podremos hacer Justicia. Entonces y sólo entonces se cerrarán los sepulcros de los asesinados para descansar en paz, y España merecerá volver a llamarse “Nación”. Nuestras lágrimas se convertirán en sus cadenas.

Es lo que tiene la redención de los pecados, que se puede aguardar el futuro como un resplandeciente amanecer. Mejor eso que la cripta tenebrosa que hoy es nuestro país.

Por la Refundación de España.

 

 

 

Tribalsocialismo

Colaboración del blog Aplicación española

Miércoles, 4 de marzo de 2009

El blindaje teórico del marxismo, que les daba cierta “respetabilidad” filosófica, se vino abajo con la caída del muro que la vergüenza había construido en Berlín. El leninismo y el estalinismo fueron derribados junto con las estatuas de sus fundadores, y los más optimistas pensábamos que el maoísmo, no menos sanguinario, les seguiría tras la masacre de Tian’anmen, acaecida ese mismo año de 1989. El socialismo de cuño marxista se quedaba ideológicamente huérfano, y lo lógico hubiera sido que los socialistas hubieran regresado a los postulados de Babeuf, Owen, Saint-Simon y Fourier (con mayúsculas, sí) para revisarlos de cara al siglo que se avecinaba.

No fue así. Exceptuando la Gran Bretaña, que ha visto renovado el laborismo por la actividad de la sociedad fabiana, renacida tras el hundimiento de la “experiencia soviética”; lo que hemos comprobado en estos casi 20 años, es que la descomposición de la izquierda marxista ha sido el fermento que le hace engancharse a cualquier “corriente” que tenga el prefijo “anti”. Es una vuelta a la horda como brazo armado de la tribu. La individualidad, no digamos la iniciativa personal, queda anulada. Son grupos que actúan siguiendo los patrones con que actuaban las bandas de cazadores y guerreros en el paleolítico. No hay ideología sino una confusa amalgama de filias y fobias en manos de los jefes, que nunca son cuestionados “porque son los que saben”. La obediencia ciega es la nueva arma revolucionaria, de toda la vida, ya que el “nuevo hombre” al que aspiraban los totalitarismos era un ejecutor sin remordimientos, ni sentimientos, ni pensamiento. Como el ser de la película “Alien”. Un robot de carne y hueso. Programado por el que manda.

No deja de ser paradójico que el socialismo marxista, cuya máxima pretensión era la internacionalidad de sus dogmas y que despreciaba, en beneficio del proletariado, el concepto de “nación” por considerarlo “explotador” e “imperialista”; haya demediado, hasta enmascararse, en la exaltación de naciones inventadas. Sin embargo, hay precedentes. Por ejemplo, stalin apeló al patriotismo ruso para que la unión soviética (versión comunista del imperio ruso) pudiera derrotar al nazismo. El magnífico filme de Eisenstein, “Iván el terrible”, fue un reflejo de ese discurso patriótico. Aquel internacionalismo pertenece al pasado y fue instrumentalizado por el kremlin para infiltrarse en las democracias de Occidente. La nueva izquierda radical es nacionalista, (de sentido muy distinto a “patriota”) y se ampara en la ficción de que las viejas naciones han “oprimido” sus ansias de “manumisión”. Que algunas lleven dos siglos siendo independientes es un detalle secundario.

La continuación histórica del marxismo es el tribalsocialismo. Pequeñas regiones completamente integradas en antiguos países que, repentinamente, reclaman la independencia basándose en un pasado remoto que nunca existió más que en leyendas o en la mente enloquecida de un renegado. No se puede obviar la versión americana, indigenista, a la que también le cuadra este neologismo. La América Española, evangelizada que no colonizada, a diferencia de los dominios británicos, holandeses y franceses, también se halla en esa dinámica, acusando a los españoles de un genocidio que no fue tal.

Inspirada por la masonería, toda la América Española se independizó durante el reinado de fernando VII. No es casual que desde ese momento los españoles nos desangráramos en guerras civiles. No es comprensible España sin su querida y añorada América. Y América sin España es una aberración. Lo deseable es que los nuevos países hubieran evolucionado hacia una auténtica democracia, como su poderoso vecino del norte, pero no sucedió tal. Lo que pasó es que los indios fueron perseguidos y diezmados por su lealtad inquebrantable a España y a su rey, que no lo merecía; y los criollos, masones hasta el tuétano, los pasaron a cuchillo. Es entonces cuando cabe hablar de genocidio y no antes. El único lugar donde hubo cohesión por la emancipación fue en México, donde sí que era anhelada por el pueblo. Los criollos, partidarios de una monarquía absoluta, abandonaron su lealtad cuando el rey felón “marchó por la senda constitucional”. Momentáneamente.

Cuando Colón puso su pié en América, las culturas dominantes no sentían el mínimo respeto por la vida humana. Los sacrificios humanos eran muy habituales y los españoles pusimos punto final a aquello. La Hispanidad se cimenta en un crisol de gentes unidas por su Fé y por su sangre española. Observen la inmensa multitud de descendientes de aquellos nativos que poseen apellidos hispánicos. Por otra parte, es completamente inconcebible, desde una perspectiva militar, que pocos centenares de españoles pudieran derrotar a caudillos con miles de fieles dispuestos a todo, incluso a participar en mutilaciones ceremoniales de los guerreros apresados. Si lo hicieron no fue por su sed de oro, como los pinta la leyenda negra antiespañola, sino por su ambición de gloria. La vieja ecuación del alma española: redención y religiosidad. Tomaron a nativas por esposas y comenzó la singladura de la Hispanidad, que no fue consciente de sí misma hasta Vizcarra y Maeztu, ya en el siglo XX, y que resultaba tan repulsiva para algunos, como el mismo Erasmo de Rotterdam (que la consideraba demasiado “integradora” a la vista de la legislación dictada por Isabel “La Católica”).

Con marx muerto y enterrado, bajo el padrinazgo de la dictadura castrista, versión grotesco-caribeña del régimen caciquil anterior a la evangelización española, cierto reyezuelo venezolano ha hecho suyo este subproducto “ideológico”. Demagógicamente, engañando a las masas con un lenguaje tabernario y populista, exporta su ideario tribalsocialista por todas las Américas, denostando la herencia española y ponderando la indígena, siendo esta última una burda invención. Invención que ha alumbrado el neologismo: se remiten a la tribu para argumentar y sostener sus razonamientos (es un decir).

La amenaza del tribalsocialismo no es baladí porque su discurso es agresivo y fanático. No sería de extrañar que tapasen las miserias de sus pueblos con alguna guerra donde los beneficiados serían las oligarquías que prosperan a su sombra. Qué curioso que bajo este igualitarismo de púlpito acechen las peores desigualdades: unos pueden opinar y otros no. Unos pueden comer y otros no. Unos viven y otros mueren.

Por la Refundación de España.

 

 

 

Elecciones "autonómicas"

Colaboración del blog Aplicación española

Miércoles, 25 de febrero de 2009

En el “Comentario” de ayer, en el blog de La Aplicación Española, afirmaba que el español es muy libre de votar a quien le parezca y que un servidor prefiere analizar detenidamente a formular una simple recomendación de voto sin más. Que es lo que hacen algunos desde púlpitos “siniestros”. Eso sí, muy laicos.

Los que hablan de voto útil siempre piensan, en realidad, en los “tontos” útiles que les podrán votar con ese reclamo tan conformista. El mensaje es este: “como no puedes votar lo que te gustaría porque eso sería como tirar tu sufragio a la basura, elígenos a nosotros y conténtate, que podría ser peor”. Si además se acompaña de algún atentado, ya tradicional en el ambiente electoral de jauja (antaño España), el chantaje queda cerrado. El españolito vota por defecto, no premia la excelencia, cosa muy complicada en un sistema electoral donde es imposible sobrevivir al margen del paraguas de unas siglas: se vota a la formación, no al candidato, lo que demuestra una muy deficiente madurez política. Es como si el electorado se viese acosado por una colosal zozobra si no pudiese guiarse por una sopa de letras. El problema es que esas sopas son un lío. Dicen defender una cosa y luego se desmarcan en cuanto lo aconseja algún arriola, siempre en aras de un difuso pragmatismo. Las promesas electorales son menos fiables que las que se prodigan los amantes.

El próximo domingo hay elecciones en Galicia y en las Vascongadas. Estoy en contra del modelo autonómico, así que no incurriré en la contradicción de sugerir sufragios que implícitamente suponen la aceptación de un modelo de estado que se deshace sin remedio porque la Constitución que lo amparaba ha sido desbordada. Siendo esta consideración negativa, no tiene sentido presentarse a unas elecciones para seguir reproduciendo el problema, no se cambiará y encima se “pasará por el aro”. Porque este es uno de los problemas que asfixian a España, que existan regiones que renieguen de ella. Que invoquen a la fenecida Constitución según les conviene para, acto seguido, apuñalarla nuevamente, lo que es reiterativo porque ya está muerta. Si es acuciante y necesario un nuevo proceso constituyente, es absurdo redundar en algo que no funciona, está corrompido y es caro.

Nuestra Patria se fundamentó sobre un régimen de “Consejos” y existían “Cortes” en cada reino. Esta fue característica aglutinadora durante el reinado de Carlos I y Felipe II, siguiendo, un tanto debilitada, bajo los valimientos de los Austrias menores. La vertebración heredada de los Reyes Católicos se mantuvo en un país donde hacer un viaje era una aventura y el poder real, absoluto pero no caprichoso, tenía que alcanzar hasta el último rincón de unos territorios donde no se ponía el sol. Hoy en día es absurdo (y oneroso) soportar una administración adicional entre la municipal y la estatal, máxime cuando se pretende desterrar a la común de todos los españoles, la única con capacidad para ser “justa” con todos ellos, salvo que algún malgobierno la tenga cogida por el cuello.

El invento autonómico fue el propósito de la Transición para integrar a los separatistas. Y los traidores lo aprovecharon para erosionar la integridad de la Nación, la auténtica, no la fingida. Han tenido la ocasión de mentir y llenar la cabeza con falsedades a toda una generación que ha crecido tanto como el odio que encierra en su corazón hacia la auténtica Patria, todo porque unos políticos han preferido entenderse con la felonía antes que combatirla francamente. Hasta han consentido que la Constitución de la Concordia se quedase inédita en los lugares pastoreados por los renegados.

Y tenemos “autonomía” hasta en la sopa. De letras. Tanta sopa como deuda van heredar nuestros descendientes, porque los excesos presupuestarios se pagan, no lo duden, si nosotros no, los que vengan detrás. Tenemos tres administraciones manirrotas (sálvese quien pueda), una que no se sabe qué es (las diputaciones) y la “virtual” de Bruselas, que como los huéspedes gorrones, sólo se saben que están porque vacían la nevera. No es de extrañar que los americanos (de los Estados Unidos) digan que nadamos en oro: nos permitimos algunos “lujos” sin pensarlo dos veces, cuales nuevos ricos. Pero sin serlo.

Hay elecciones y volvemos a la eterna cuestión. A quien es menos malo votar, en este caso, en dos regiones, (lo de “autonomía” y “comunidad” me chirría sin remedio). Imagínense una carretera, por la que circula alegóricamente España, y en ella, de arcén a arcén, hay un muro. Cada ladrillo de ese muro imaginario es un voto “autonómico” que corta el paso a la Nación. No voy a propugnar que siga creciendo ese muro cuando lo que deseo es que desaparezca. Que desaparezcan los “cupos”, que desaparezca el montaje separatista de chantajear al que gobierne (o malgobierne) la Nación, que desaparezca una administración mastodóntica que ahoga con su peso la voz del ciudadano, enmudeciéndolo con “normalizaciones” lingüísticas y otras arbitrariedades.

Da igual a quien se vote, porque la trampa es el voto. Es un espaldarazo ciudadano a un modelo fallido. El problema es votar para que unas regiones crean que pueden remar a su aire desentendiéndose de su Patria. Me han pedido que analice la actualidad electoral de sendos comicios, lo he hecho y de repente he reparado en que no es más que un engaño para seguir en lo mismo, cuando lo que queremos muchos españoles es cambiar las cosas, no perpetuarlas. Lo bueno de la abstención, voto en blanco o nulo (poniendo “España” en la papeleta), es que es una elección inadulterable, nadie puede manejarla por lo auténticamente soberana que es. Horroriza a los políticos porque les desautoriza. Es de una coherencia insobornable, es una contundente protesta, más “sensibles” al cortijo al que optan que hacia su Nación. Y es esta la que importa. No son unas elecciones generales, son de unas taifas que derrochan nuestro dinero sin cuento, con el cuento de que son el “gobierno de nuestra tierra”. Señores, es España nuestra tierra, la de todos, incluidos reptiles y otras alimañas; esta fauna, curiosamente, hace todo lo posible para concurrir. Por algo será…

Sé que con lo dicho me acusarán de situarme extramuros del sistema. Muy honrado por hallarme fuera de una coprocracia. Aunque yo más bien creo que es el sistema el que se ha colocado extramuros del sentido común y del interés nacional. A los que viven en aquellas regiones orgullosa y hermosamente españolas, piensen en esto el próximo domingo: vayan a votar a los partidos si prefieren seguir siendo siervos en manos de una casta política que vive a costa de ustedes envenenando a España, la idea de España y todo lo español, luego no se quejen.

O decidan si quieren ser libres como siempre lo ha sido el español, libre para ir y para venir, libre para hablar en el idioma y con el acento que le pareciese, tan libre como para saber que sólo España podrá proteger esa Libertad. Tan libre como para despreciar a esos políticos que nos arruinan. Tan libre como para exigir un proceso constituyente e integrador. Ustedes mismos. Algunos seguiremos esperando serenamente para ver como pasa el cadáver del enemigo…

Por la Refundación de España.

 

 

 

Náufragos

Colaboración del blog Aplicación española

Miércoles, 11 de febrero de 2009

La Palabra “naufragio”, en su segunda acepción, recogida por el DRAE, es “pérdida grande; desgracia o desastre”. “Náufragos”, pues, son las víctimas de ese desastre, quedando inermes, indefensos ante un porvenir muy incierto tirando a negro. Como los que han perdido su barco, se hallan en manos de la Providencia, en medio de las líneas del horizonte no hay donde asirse, acaso allá donde se junta el cielo con la mar.

Cuando el barco de la economía es el que se va a pique, todo es más confuso porque la zozobra es más sutil. Hubo alguno que dijo, en su día, que ese buque era “sólido y estable”. Incluso lo convirtió en un equipo de fútbol invencible que jugaba la Liga de Campeones, o como decimos los veteranos, la Copa de Europa.

Lo cierto es que se ha hundido sin remisión. Si fuera ese equipo, se podría decir que ha bajado a regional preferente en una sola temporada. Eso sí, los “directivos” siguen cobrando sueldos de estrella rutilante y se divierten cazando mientras que los “jugadores” no tienen una triste pelota para entrenarse. Ni pueden sudar la camiseta por haberla empeñado.

Mucho peor que el naufragio en sí mismo es la vivencia de estar atrapado y de no ser dueño de tu vida. Uno se queda a merced del oleaje. Puede acabar estrellado contra los acantilados, languidecer en medio del océano o ser pasto de los tiburones y demás fauna que no tiene criterios gastronómicos y se come lo que sea. Efectivamente, cuando uno pierde las riendas de su vida, pierde su propia estima y en ese momento comienza a plantearse muchas cosas. Es como si dejase de estar hipnotizado por una vida que se mueve en la ecuación “dormir-trabajar-dormir”, con algún instante dedicado a la familia o a divertirse (según la edad), localizado en los fines de semana. Las preocupaciones se comen el sueño y el plato es cambiado por “darle vueltas a la cabeza-preocuparse-darle vueltas a la cabeza”, servida con guarnición de impotencia por no encontrar trabajo. Porque no se puede hacer nada.

Pero se puede hacer algo. Desde rezar, todo un completo abanico. No hay que arrojar la toalla. Cada vez hay más náufragos, y aunque lo normal en estos casos es gritar “sálvese quien pueda”, fruto del instinto de supervivencia, es la unión la que da la fuerza. Los malgobernantes y los sindicatos, sin olvidar otros elementos, se burlan del desempleado. Hablo de “desempleado” para englobar, junto a los parados, a los autónomos, pequeños y medianos empresarios que lo han perdido todo. Se ríen de él en sus barbas con la palabrería insulsa, fatua y vana que suelen usar cuando hablan y hablan sin decir nada. Buenismo sazonado con mentiras. Sí, se ríen de él. Pero no se burlarían si los desempleados se juntasen e hiciesen notar su presencia. Pacíficamente, silenciosamente, implacablemente. Porque ya no sería “él”, sino “ellos”.

A lo mejor es la multitud de desempleados los que están llamados a cambiar las cosas en jauja para recuperar España. A lo mejor todos ellos protagonizan una nueva Reconquista ciudadana, iniciada en la batalla “cívica” de una nueva Covadonga. Es lo que pasa con los que no tienen nada que perder: la desesperación engendra héroes. El hambre es fecunda en generosidad y abnegación. La pobreza ennoblece a quien la padece tanto como denigra a quien la causa, y sabemos de sobra quienes son los que nos han metido en estas crisis: ellos y sus amiguitos llevan años demoliendo la Nación, lenta pero infatigablemente.

Por eso La Aplicación Española secunda el llamamiento a las Concentraciones de Desempleados. Todos los lunes, de 12,00 a 13,00 horas en la plaza Mayor de cada localidad. Sólo se trata de estar allí junto a otros que se hallan en la misma situación. Como no mejorará, al contrario desgraciadamente, este honrado club irá creciendo a medida que se difunda y conozca. Sé que nos envolverá un telón de silencio. Los medios de manipulación lo ningunearán incrementando la dosis de veneno. Pero no hay nada que perder. Mucho que rescatar: la Dignidad de ser español, por ejemplo.

Por la Refundación de España.

 

 

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